Hola! Lo primero de todo, lo siento, lo siento, lo siento TwT He tardado una eternidad en traer el siguiente capitulo, pero es que entre trabajos y exámenes apenas tenía tiempo de respirar. Mejor tarde que nunca, ¿no? No os entretengo más y os dejo con el cap ;3
Nami despertó con los primeros rayos de sol y el alboroto del campamento, señal de que era hora de levantarse. Se preparó rápidamente y salió de la tienda, buscando con la mirada a su amiga. Miró hacia la tienda de Roronoa, pero estaba silenciosa y las puertas estaban abiertas dejando ver el interior. Se dirigió al centro del campamento, allí ya la esperaba Sanji con su desayuno y Robin y Zoro ya se estaban comiendo el suyo.
- ¿Durmió bien, Nami? –preguntó la morena. Ella sonrió, agradecida de la preocupación que mostraba por ella.
- Sí, muchas gracias por dejarme dormir en tu tienda, era muy cómoda.
Una vez finalizado el desayuno, todos volvieron a sus tareas sin perder un segundo. Nami se vio arrastrada por Robin hasta la tienda del general Roronoa. Solo cuatro personas entraron para aquella reunión, Zoro y Sanji, que nada más llegar empezaron con unas de sus peleas y las dos únicas mujeres del campamento. Se sentaron alrededor de la mesa en la que había un mapa y Nami había conocido a los dos guerreros.
- Nuestros hombres ya están preparados para atacar la fortaleza enemiga –expuso el peliverde.
- Nuestros hombres también están listos y esperando órdenes –añadió Robin. Nami frunció el ceño ante el comentario de la mujer.
- Robin, ¿por qué hablas como si tu ejército fuese diferente al del general Roronoa? –preguntó con curiosidad. La morena sonrió.
- Nuestros reinos aun están separados, mi princesa, hasta que el príncipe Luffy y su majestad no se casen los hombres de Roronoa son del reino de Fucsia y mis hombres son del reino de Kokoyashi –explicó con tranquilidad.
La pelinaranja enmudeció al darse cuenta de aquel pequeño detalle. El reino de Kokoyashi era gobernado por su padre, el reino vecino, Fucsia, era gobernado por el padre de Luffy. Tiempo atrás ambos reinos habían rivalizado mucho debido a la cercanía de sus dominios. Pero por fin había llegado la paz y ambos reyes pensaron que lo mejor sería unir los reinos. La mejor manera de hacerlo era con algo puro como lo era el amor. Nami desde que se había enamorado de Luffy había imaginado un día donde ambos se casarían y los dos reinos serían uno, después de prometerse con el príncipe, aquello había sido una realidad y verdad para ella. Desde entonces ella había considerado ambos reinos como uno y pensar que tal vez esa unión no podría realizarse la llenaba de temor, angustia y sobre todo, tristeza. Porque eso significaría que tal vez no pudiera casarse con Luffy.
- Salvaremos a Luffy y el reino de Fucsia y el reino de Kokoyashi serán solo uno –afirmó la pelinaranja, tras su reflexión. Robin asintió conforme. Zoro continuó como si nadie hubiera interrumpido su conversación.
- Entre Robin, el cocinillas y yo dividiremos los hombres y atacaremos. Cejas de remolino y yo nos encargaremos de atacar y abriros el camino, creando confusión. La princesa se infiltrará como criada y sacará a Luffy por los pasadizos secretos –explicó el general y acto seguido colocó otro mapa en la mesa. Sanji le grito algún insulto pero él los ignoró.- Esto es un mapa de los pasadizos secretos del castillo que conquistaron esos bárbaros, tendrá que entrar y salir por aquí, majestad. Robin se encargará de que nadie la siga y le cubrirá las espaldas –siguió entregándole el mapa a Nami.
- ¿Cómo lo has conseguido? –preguntó observando el mapa.
- Tenemos espías en el castillo –dijo Robin antes de que el peliverde pudiera contestar.
- ¿Y todo este plan se te ha ocurrido a ti solito, marimo? Eso es imposible –se burló en venganza el rubio. Ambos hombres empezaron con otra de sus peleas, pero ninguna de las dos tenían interés en ellos.
Robin ayudó a la princesa con el mapa, indicándole a que correspondía cada lugar y a donde llegaba cada pasillo. Nami no tuvo ningún problema en memorizarlo y estaba segura de no le costaría llegar hasta Luffy. Su Luffy. Era la primera vez después de tanto tiempo que volvía a sentirse más cerca de él. Pronto, todo aquel horror habría acabado y podrían volver juntos a casa.
- ¿Y cuando llevaremos a cabo este plan? –preguntó la pelinaranja interrumpiendo la pelea que se había alargado.
- Esta noche, es mejor trabajar cuando no hay luz y no nos pueden ver. Nosotros conocemos esta zona como la palma de nuestra mano y no tendremos problemas para movernos por el territorio. Nuestros enemigos si –explicó con seriedad Zoro.
- Pero tú seguro que te pierdes aunque te guíen todos tus hombres –se burló el rubio y de nuevo empezaron con otra de sus peleas. Nami tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no poner los ojos en blanco y bufar, a pesar de todo lo que había vivido aun conservaba algunos modales de señorita y estaba segura de que su madre se escandalizaría si la viera hacer aquello.
Las horas pasaron y Nami no sabía que hacer, había estado varias horas con Robin, entrenando, pero si el plan salía bien ella no tendría que pelear en ningún momento. Aun así decidió que sería una buena distracción. Se detuvieron a descansar un rato antes de la comida.
- ¿Sabe que sus padres la están buscando como locos? –preguntó la morena mientras bebía agua. Nami se dio cuenta de que había olvidado que sus padres la buscaban y estaba impresionada porque aun no la habían descubierto.
- He tenido mucho cuidado y me he escondido bien –respondió encogiéndose de hombros. La miró alarmada. –Seguro que mis padres pagaran al que me encuentre y me lleve sana y salva a casa. Tú no me entregarás, ¿verdad, Robin?
- Tranquila, no lo haré, somos amigas –sonrió la morena.- Además te necesitamos aquí para salvar al príncipe.
Nami asintió más tranquila. Sintió que una pequeña parte de su nerviosismo desaparecía. Si estando tan cerca de Luffy la devolvieran al castillo se volvería loca. Y si algo le llegaba a pasar a Luffy… Ni si quiera quería pensar en esa posibilidad. En unas horas el atardecer llegaría y la oscuridad que necesitaban se haría presente. Ella sacaría a Luffy de su cautiverio y todo volvería a la normalidad. Suspiró, conforme con el rápido esquema que había creado en su cabeza.
Cada cierto tiempo miraba al cielo, esperando que el sol se moviera más rápido. Pero para su desesperación parecía que el astro retrocedía por el firmamento en vez de avanzar. La comida trascurrió con normalidad y en seguida todos se estaban ocupando de nuevo de preparar las armas y la estrategia para la batalla. Nami no fue menos y junto con Robin preparó las ropas de sirvienta que iba a llevar.
- No va a poder llevar una espada escondida entre la ropa –comentó Robin tras observarla una vez con el atuendo puesto.
- No importa, si todo va bien no tendré necesidad de usarla –sonrió Nami, en el fondo la aliviaba no tener que pelear porque no se sentía lo suficientemente preparada aun.
- Aun así sería mejor si lleva algo para defenderse –la morena comenzó a rebuscar en el baúl que había en su tienda. Nami la miró curiosa hasta que por fin pudo ver lo que la mujer extraía con cuidado. Una daga con su funda, del tamaño perfecto para esconderla en la ropa. Sin necesidad de ninguna explicación la pelinaranja se aseguró de colocársela en un lugar donde no le molestara y no fuera visible.
Los últimos rayos de sol se ocultaban por el horizonte, el corazón de Nami bombardeaba cada vez más deprisa. Presa del nerviosismo se llevó una mano al pecho intentando calmar su pulso. Los soldados ya estaban todos preparados, divididos en tres grupos, el de Robin siendo el más reducido y los otros dos iguales. Zoro y Sanji se encontraban al frente de sus hombres.
- Princesa, es la hora, según hemos calculado para cuando la noche caiga ya habrá llegado al castillo y nosotros estaremos allí peleando, mucha suerte –dijo Zoro poniendo en marcha a su grupo.
- Mi princesa, Robin, tengan cuidado, seguro que consiguen rescatar al príncipe Luffy, suerte mis damas –se despidió Sanji preocupado sobre todo de la pelinaranja. Dicho esto el rubio también puso en marcha a su grupo.
Nami los miró partir durante unos segundos. Iban a la guerra a pelear, ganar o perder, vivir o morir y ella esperaba que no muriera nadie, aunque aquello era claramente imposible. Centró de nuevo su atención a la entrada del pasadizo que la llevaría junto a su amado. Cogió aire y se adentró en él seguida de Robin y su grupo.
La oscuridad la golpeo y el goteo de algunas gotas de agua, pero aun así el suelo era liso y el pasadizo parecía seco y seguro. Encendieron varias antorchas y comenzaron su marcha alertas de cada sonido que escuchaban. La sensación de claustrofobia aumentaba según avanzaban, aun así, nadie se quejo, todos siguieron caminando con determinación dispuestos a finalizar su misión.
Llegaron a un cruce, con el corazón apunto de salírsele del pecho Nami tomó el camino correcto. Estaba al cien por cien segura de que era el correcto y nadie dudo en seguirla, confiando en su criterio. Nuevamente tuvieron que sortear varios cruces, tomando Nami siempre la decisión acertada. La pelinaranja se sentía agobiada, sabía lo laberinticos que eran aquellos pasadizos pero no pensaba que provocarían tales sensaciones en ella. Caminaba cada vez más deprisa, casi corriendo buscando desesperadamente aire fresco, sentir la brisa sobre el rostro, ver el cielo estrellado. A su espalda los soldado le seguían el paso intentando ser lo más silenciosos posibles, pero con las armaduras era bastante complicado. Alguien la agarró del brazo y tuvo que morderse la lengua para reprimir un grito.
- Más despacio, Nami –susurró Robin. El sonido de la voz de la morena consiguió tranquilizarla un poco.
Continuaron avanzando, esta vez más despacio, hasta que por fin llegaron hasta el final de un pasadizo aparentemente sin salida, ya que la salida se camuflaba perfectamente. Nami prestó atención a los sonidos detrás de la pared. Todo estaba en silencio, esperó un poco más y escuchó un ruido que cada vez aumentaba más hasta llegar a ser casi ensordecedor. Lo reconoció enseguida, gritos de guerra. Suspiró aliviada, aquel sonido era la clara prueba de que Zoro y Sanji ya habían llegado. Miró a Robin algo preocupada.
- Debe continuar sola, pero tranquila, estaremos atentos por si necesita nuestra ayuda –la tranquilizó Robin con una de sus sonrisas.
Más relajada Nami empujó con cuidado la pared, en apariencia solida y dura como el resto de las paredes, pero para su sorpresa estaba hecha de un material más ligero y endeble que la piedra. Cuando tuvo suficiente espacio para salir asomó primero un poco la cabeza, comprobando que realmente no hubiera nadie. Una vez que estuvo completamente segura de que el pasillo estaba vacío salió del pasadizo oscuro y estrello para entrar en otro más grande y espacioso, con ventanas que lo ventilaban. Cogió aire agradecida de la suave brisa que había aquella noche.
Recordando rápidamente su misión, se puso en marcha caminando a paso seguro por el pasillo hasta llegar a una escalera. Sin pensarlo dos veces descendió por ella, con el pulso desenfrenado por la emoción y el miedo. Al llegar a la planta inferior encontró las llaves de las celdas colgadas en un clavo que sobresalía, las cogió pegándoselas al pecho, ya que si era necesario lucharía por ellas con su vida. Caminó por el pasillo largo apenas iluminado por unas cuantas antorchas colocadas en fila, a un lado había un montón de puertas, todas iguales. Nami maldijo por no saber cuál era la puerta correcta y estar perdiendo tiempo. Tuvo que mirar una por una hasta que en una de las centrales lo encontró.
Luffy estaba recargado ajeno a todo lo que ocurría en el exterior de aquella fortaleza, sentado en la esquina que la luna iluminaba mirando el poco cielo nocturno que podía. Escuchó el sonido de las llaves forcejeando con la puerta. Normalmente nadie habría esa puerta y si lo hacían no se equivocaban de llave, miró curioso quien podría ser su nuevo visitante. Por fin aquella persona acertó con la llave correcta, casi creyó escuchar un grito de victoria. La puerta se abrió lentamente dejando ver… ¿a una criada? Luffy la miró confuso unos segundos, después enfocó su visión mejor. Aquel pelo naranja, el tono de piel, los ojos e incluso la sonrisa que le dedicaba.
No había duda, aquella mujer era Nami.
Su Nami.
El pensamiento resonó en su cabeza unos segundos hasta que consiguió mostrar su sorpresa abriendo desmesuradamente los ojos. Intentó decir algo pero las palabras se le atragantaron. Quería decirle tantas cosas…
- ¿Qué haces aquí? –consiguió preguntar una vez salió de su asombro.
- Salvarte –contestó simplemente acercándose a él para liberarlo de la pesada cadena que aun lo privaba de su libertad.- ¿Tanto tiempo sin verme y así me saludas? –comentó con un puchero.
Luffy sonrió. La había echado de menos y mucho, jamás pensó que se podía añorar tanto a una persona. Cada detalle de ella era una maravilla ante sus ojos y ella la más perfecta de las creaciones. Cuando por fin estuvo completamente libre la abrazó con fuerza. Ella ignoró su olor y lo sucio que estaba y se dejó llevar por el abrazo.
- Te he echado mucho de menos… -le susurró Luffy.- Pensé que no volvería a verte…
A Nami se le llenaron los ojos de lágrimas y lo abrazó más deseando poder olvidar todo el sufrimiento por el que habían pasado, sobre todo él. Luffy la abrazó con fuerza como si en cualquier momento pudiera desaparecer como si todo hubiera sido un espejismo, otro de sus sueños porque se estaba volviendo loco allí dentro. Los minutos pasaron hasta que por fin decidieron separarse. El moreno estaba completamente seguro de que lo que ocurría era real.
- ¿Y el guardia? –preguntó Luffy.
- No está, todos se han ido a pelear, ¿no escuchas todo el ruido que hay? –sonrió orgullosa.- Son Zoro y Sanji con su ejército, los están distrayendo para que pueda sacarte de aquí. Robin nos espera en un pasadizo secreto que hay arriba, vamos.
Luffy prestó atención a su alrededor dándose cuenta de que ella llevaba razón, los gritos se escuchaban a la perfección. Antes de la llegada de Nami había estado tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta y tras su llegada había estado demasiado centrado en ella como para poder atender a cualquier otra cosa.
- Venga, vamos, tenemos que darnos prisa –urgió Nami ayudándolo a levantarse. A Luffy le temblaron las piernas, sorprendida Nami comprobó que el estado en el que se encontraba su amado era lamentable, no entendía como podía haber sobrevivido así. Estaba claro que Luffy era un hombre muy fuerte, pero como todo hombre mortal después de todo lo que había pasado estaba delgado y sin fuerzas. Nami no dudaba que con la fuerza de voluntad del moreno en seguida se recuperaría, seguramente lo primero que pediría sería muchísima carne, toda la que pudieran llevarle.
Con pasos cortos y lentos consiguió sacar a Luffy de su celda. Su desesperación creía por momentos, a ella le hubiera gustado huir más rápido. Un ruido en la escalera la hizo detenerse, Luffy intentó ponerla a su espalda para protegerla pero en su estado no sería capaz de proteger a nadie, ni si quiera a él mismo. Nami permaneció a su lado, en silencio, esperando algún sonido más. De repente pareció estallar una pequeña batalla al inicio de las escaleras, Nami no se movió hasta que vio a un soldado de su bando rodando por las escaleras con una herida mortal en el pecho. Rápidamente tiró de Luffy pegándose a la pared cada vez más nerviosa.
La batalla se desplazó rápidamente por la escalera, hasta llegar a donde se encontraban. Podía ver perfectamente a los soldados tanto enemigos como amigos peleando. Buscó entre el caos de la batalla hasta que localizó a Robin, demasiado lejos de ellos como para pedirle ayuda. Miró la escalera e intentó ir hacia ella con Luffy a su espalda. Antes de poder dar dos pasos uno de los barbaros les cortó la salida y pronto otro se unió al primero. Solo con dos hombres era suficiente para rodearlos ya que eran altos y robustos.
Decidida Nami sacó su daga y empezó a pelear, uno de los hombres cayó gracias a la ayuda de uno de los soldados, el otro la tenía completamente ocupada. Sin darse cuenta ya se había unido a la pelea. Concentrada como estaba y con los pocos recursos de los que poseía no fue consciente de que una flecha se dirigía hacia ella hasta que Luffy se puso entre ella y el arma, recibiendo la herida en el centro del pecho.
Nami lanzó un grito horrorizada viendo como Luffy caía lentamente al suelo. Gracias a lo poco que sabía de medicina sabía que su herida era grave, muy grave si es que había suerte y no era mortal. La sangre brotaba de su pecho demasiado rápido, y con cada gota era un segundo menos de vida. Olvidándose de todo lo que la rodeaba corrió hacia Luffy acunándolo entre sus brazos. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas y lo mecía gritando.
- Luffy, tranquilo, todo va a ir bien… vas a salir de esta… -susurraba Nami. En el rostro de Luffy no había rastro alguno de lágrimas, solo una preciosa sonrisa que ella ansiaba ver cada día de su vida.
- No sé Nami… estoy muy cansado… solo quiero… dormir… -susurró sin perder la sonrisa.- Nami, creo que ha llegado mi hora… si es así… te amo… para mí siempre fuiste mi reina…
- ¡No! ¡Quédate conmigo! Quédate… quédate…
A su alrededor la batalla fue menguando hasta desaparecer completamente. Habían ganado, ¿pero a qué precio? pensaba Nami. La respiración de Luffy era cada vez más ligera y dificultosa.
- Nami… dime que me amas… -pidió con sus últimas fuerzas.
- ¡Te amo! No me dejes sola… por favor… por favor…
Luffy solo fue capaz de escuchar que lo amaba, sonrió más y cerró los ojos adentrándose en la oscuridad.
Espero que os haya gustado y que la espera haya merecido la pena. Si, lo sé, lo sé, me vais a matar por lo que le he hecho a Luffy pero aun queda un capitulo, el último ya, y debéis saber que a mí no me gustan los finales tristes así que ya podéis ir imaginando lo que pasará en el siguiente xP Ya sabéis, los reviews se agradecen sobretodo si son críticas constructivas. Muchas gracias a los que comentais me dais fuerzas para querer seguir escribiendo ^w^ Nos vemos en el siguiente, que espero poder traerlo la semana que viene ewe
Besos ;3
