Notas:Un nuevo capi. Me pondré las pilas para traerles la tercera re-edición de "Convirtiéndote en un caballero" y de ahí no sé qué haré con mi vida. Supongo que llorar porque entro a la tercera ronda de certámenes.

Respuestas a los reviews:

Han sido poquitos, así que será una parte algo corta:

Hetaloca2123:Scott con cierto grado de humanidad es más coqueto (¿), en realidad creo que si exagerábamos solo lo malo, lo volvíamos algo demasiado ficticio. Alfred se va a arrepentir, tú debes confiar…

Hana-kitzu: ¡Viva el amor entre primos! :v ¡Viva el amor! ¡Viva Francia y la perversión! Me fue como la mierda en ese test (como a toda mi sección, si eso puede consolarme), pero tengo buenas notas en los certámenes, así que espero repuntar con eso. Scott no sabe que hacer porque es un muchachito lleno de intensas emociones en su corazón. Poco a poco va a tener una luz guía… Alfred no es que sea un idiota… bueno sí, un poquito, pero se comprenderá de a poco por qué. Dos meses… Dos meses… las líneas finales del cap te van a dar una idea sobre qué sucederá con Scott en el futuro.

Azuki Tsukiyomi 2.0:Pensar en Scott como humano… jajajaja que terrible suena, como si fuera más cercano a un ente diabólico. Esta historia es una de las pocas que actualizo con relativa frecuencia (unas cuantas semanas o incluso algo más que un mes) así que espero seguir con ese mismo hilo. Nos vemos pronto!

MyobiXHitachiin:Es que tú eres chica vip, a ti te respondo chorrocientas mil veces si es necesario jeje. Me llama la atención que leas esta historia sabiendo que no es tu ship, pero admiro tu tolerancia. A lot of kisses! Y no es que sea un idiota malo, verás que no ): Creo que lo demás lo hemos hablado por Facebook, pero no dudes que de ti acepto presiones y otras cosas, me has visto en todas mis etapas (¿) mereces mi respeto.

Pd: Reflexionando, estaría muy bien una historia coqueta de Escocia con Nyo!England. Me pensaré algún one-shot.

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El sol quema sus mejillas. La piel de descascara entre el bronceado y el rubor. La arena a lo lejos ondea en un espejismo mientras solo ve edificios destruidos y desierto.

Scott está sentado sobre un auto quemado, mirando el vacío. Hoy es uno de esos días donde todo se puede resumir en una palabra: muerto. La gente se esconde en sus casas, o bien, ha huido a un lugar mejor. La batalla de hace unos días fue bastante agitada y terminó con este silencio tenso y desolador.

Ya se está acostumbrando a este horrendo paisaje repetitivo. Un ciclo. Un horrendo ciclo de destrucción.

Se apoya mejor en el auto, haciendo guardia para los que estaban inspeccionando dentro de las casas.

Solo hay la brisa del desierto.

De repente y entre los escombros aparece una pequeña sombra. Se escabulle entre los espacios, apareciendo y desapareciendo.

Scott se levanta de golpe, yendo rápidamente detrás del auto para llamar refuerzos. Aprieta el arma mientras sus ojos se mueven frenéticamente en busca de algún compañero que haya salido de las casas donde están inspeccionando.

― Aquí Kirkland, hay alguien espiándonos, necesito gente que me cubra ― Repite una y otra vez, apretando el botón del radio. La sombra se escabulle entre los restos de la ciudad, acercándose. El soldado aprieta el gatillo.

Más cerca.

Un tiro. La sombra se esconde en un techo derrumbado. Scott maldice. Otro tiro. La lata cae, descubriendo al espía.

Un niño con las manos alzadas.

Un harapiento niño que está cubierto de hollín. Grita ayuda en su idioma.

Scott se levanta, olvidando que puede ser una trampa.

La radio suena con la respuesta. Van en camino.

El infante se acerca lentamente, con sus ojos grandes y lo que más aterra Scott, es que tiene en ellos un brillo de esperanza.

Un niño. Un mísero niño.

Rodea el auto lentamente, sin protección. El pequeño de no más de seis años le extiende los brazos, con unas lágrimas miserables surcando su rostro sucio.

Otro paso más de Scott.

Una bala. Dos explosiones. El pequeño niño, hijo de alguien, nieto de otro, cae al piso haciéndose un ovillo para resguardarse. Un gemido cuando le llega una bala en la pierna. Scott siente que se desconecta por unos segundos, hasta que comprende que los proyectiles quieren matarle.

Agarra al niño que llora y lo arrastra, escondiéndose de la lluvia de balas y ocurre otra nueva explosión.

Dispara. Dispara con el muchachito llorando tras su espalda. Los gritos de su equipo se escuchan a lo lejos.

Otra explosión, ahora a su lado.

Todo es negro.

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Capítulo 4: "DEVOCIÓN"

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Arthur estaba en la emergencia del hospital, aguardando para que lo atendieran. Había comido algo en casa, mientras contestaba una llamada de su padre, el cual le regañaba por no contestar anoche, antes de que se le descargara el celular y no pudiera insistir más. Arthur no escuchó el tono de llamada, así que le explicó que podía ser un problema de conexión. Y ni se le ocurrió decir que fue acogido por Scott.

La gente se mueve rápidamente de un lado a otro. Son las nueve de la mañana y el lugar está a máxima velocidad, todos trabajando y moviendo camillas ensangrentadas de allá para acá. Está más que seguro que tendrá que esperar varias horas antes de ser tomado en cuenta. Y no los culpa, sabe lo que pasó. Acepta el colapso.

Mira la llave del departamento de Scott. La llave que no devolvió.

Desde el fondo del pasillo se puede ver su mirada fija en aquel diminuto trozo de metal.

Por muchas razones y por nada se siente mal. Vacío. Infeliz. Dieciocho años y fue tragado por la amargura. Quizás fuera algo intrínseco en él, su tendencia a la rebeldía y más todavía a la melancolía, que había terminado con su mente saboreando las espinas de sus pensamientos.

No le ha dicho a Alfred que está aquí. En realidad duda que venga a acompañarlo a un lugar tan poblado. Muchos ojos sobre ellos. Muchas suposiciones de lo que podrían ser. Arthur acepta la idea con un malestar que le hace nudos en el estómago. Odia el rechazo, pero tiene que aceptarlo sin pizca de dignidad.

Aceptar la humillación.

Tiene la sospecha de que sus amigos están demasiado borrachos como para saber que ha sucedido anoche. Francis y los demás viven al otro lado de Londres y tienen una tendencia insana de juntarse a fiestas con el fin de terminar vueltos unos estropajos.

Indiferencia.

Sonríe.

Padre está lejos, pero por lo menos le ha llamado.

Y como está lejos, ahora está solo en la sala de urgencias del hospital. Tampoco es como si hubiera querido que lo acompañara, pero tal vez la intención era algo digno de agradecer.

Padre estaba lejos pero no tanto como Scott.

¿Cuán lejos estaba Pakistán? Miles de kilómetros, que los separaban tanto física como mentalmente. El quiebre de sus recuerdos y de su realidad apenas y era asimilada. Eso los alejaba todavía más.

Se esfuerza por aferrarse a una normalidad inexistente, como si eso pudiera mantener la cordura.

¿Cómo mierda estar cuerdo si casi muere en una explosión? ¿Cómo mantenerse bien si tiene que fingir ser una mujer para poder tener una relación? ¡O simular normalidad si no tienes amigos reales y en la única persona que confiabas era una mentira!

Ayer lo trató desquiciantemente mal, lo sabía. A pesar de ser el único que fue a buscarlo, se burló y lo masacró con comentarios ácidos y burlas, de una manera indolente. Estúpida. Arthur reconoce haber actuado como un verdadero hijo de puta. Tiene miedo, tiene miedo por la verdad y se escuda en una fuerza que no tiene pero que no demostrará carecer. No sabe cómo, pero siempre que está junto a Scott, termina comportándose como un idiota. Realmente lo descoloca y lo desespera.

Todo ha sido demasiado rápido y demasiado malo.

Sus ojos verdes, brillantes y profundos se alzan hacia el techo, como si pudiera contactarse con alguna divinidad para reclamarle de por qué le había dado una vida tan asquerosa.

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Tras tres horas y media, puede salir del hospital con las suturas tirantes y dolorosas en su frente. El flequillo tapa la cicatriz, o por lo menos una parte, así que no resulta tan desagradable a la vista. Sigue pensando en las palabras del médico cuando le alabó los buenos cuidados previos. No le ha dicho que su ex – hermano, ahora pseudo primo, ese mismo que estuvo enamorado de él y ahora viaja a medio oriente, sí, ese mismo, le ha hecho todo eso.

Recuerda que Scott siempre se preocupaba de limpiarle las rodillas cuando se caía y terminaba con la piel rasmillada.

Londres vibra de manera irregular, caótica. En todas partes hay policías y han prohibido usar el metro, por lo que ha tenido que irse caminando todo el camino. Los centros comerciales están cerrados y comprende que es como un estado de catástrofe. La gente tiene miedo. Miran temerosos las sombras y las esquinas, decididas a escapar de cualquier cosa que parezca demasiado peligrosa.

Ningún lugar parece demasiado seguro. Ningún lugar es confortable.

Tiene ganas de huir, mareado y temiendo ser absorbido por la metrópolis.

Comienza a caminar, deseando perderse y desaparecer.

Solo, está solo.

Las personas, rápidas y temerosas como ratas lo absorben. Arthur cierra los ojos y desaparece entre la población.

-x-

Se pregunta hasta que nivel es la confianza que se tienen. Si reflexiona con mayor profundidad, pues no debería ser mucha tras la verdad. Le mintió al fin y al cabo. Le mintió él y lo hizo su familia, haciéndole creer un teatro ridículo.

Debería odiarlos, sopesó. Debería odiarlos a cada uno, volverse un cúmulo de ira y odio, una masa de resentimiento para que lo lamenten.

O eso quisiera.

También quiere creer que como es un adolescente estúpido, todavía tiene permitido hacer estupideces y no ser mirado mal. O mejor si nadie lo ve.

Se hace un ovillo en el sillón.

La vista desde el departamento es bastante bonita. Puede ver una gran parte de la ciudad.

El silencio resulta incluso agradable.

Cierra los ojos, sintiéndose como un animalito encontrando una muy buena cueva.

El olor a cigarrillo está impregnado en todos los lugares. Se acomoda, sintiendo como todo sigue oliendo a ese idiota.

El más grandioso hermano que un niño pudo imaginar. El más bastardo en la adolescencia.

No quiere pensar en el miedo de la ciudad, en que en cualquier momento el edificio podría volar por culpa de unos locos extremistas. Si lo hace, colapsará por el miedo y no quiere. Tiene miedo de abrumarse tanto como para hundirse al punto de no poder regresar a la superficie.

Es un cobarde.

Trata de centrarse en algo más egoísta y personal, en algo más seguro y con menos miedo. El pasado es un lugar seguro, desagradable pero seguro. Inhala, pensando en todos los pequeños indicios que indicaban algo raro que sucedían con Scott. Las miradas que creía que él no notaba, las sonrisas tan extrañas que le daba, esos pequeños rubores y el desvío de mirada cada vez que salía del baño sin una toalla. Las negativas nerviosas cuando quería acostarse a reposar con él. Los abrazos cuando creía que dormía.

Pues sí que debería alejarse, eso era lo más prudente. Hacerles caso a su padre y a Scott. El incesto no es algo moralmente aceptable.

Arthur mira al techo, pensando por qué a pesar de eso, que en algunas partes se consideraba una enfermedad mental o una depravación, él no deseaba darle la espalda. No le causaba rechazo.

"No sabía que querías que te hubiera besado".

Qué estupidez, frunce las cejas al pensarlo. Eso sí que era una estupidez.

Hablando de besos, Alfred ni siquiera lo ha vuelto a llamar. Un mensaje, Dios, lo que sea, incluso un emoji.

Se da la vuelta, buscando su celular en el piso.

"¿Qué haces?" medio minuto después un visto. Escribiendo.

"Con el equipo de rugby estamos planeando ayudar a la gente que perdió sus casas por las explosiones. ¡Apúntate!" El héroe con ansias de ayudar al mundo con todo lo que esté a su alcance. Arthur sonrió.

"¿Qué necesitas?"

"Comida, frazadas, lo típico"

"Bien, llevaré esas cosas"

"Gracias! 3" Escribiendo. "Oye, el finde mis padres se van a Chelsea, ven a mi casa y veamos que tal" Una clara insinuación. Arthur se sonroja.

"Espero que no sea para que te acompañe a ver películas de terror"

"3 3 3" He ahí la respuesta. Una pequeña sonrisa. No cambia. "Tengo que resguardarme en alg… ashdjsfdhsjfgwwehfew" Escribiendo. Arthur alza una ceja "Así que esta es la chica con la que tanto se mensajea con el Capi… Nena estás invitada a nuestras prácticas" La cara del rubio se amargó. Se olvidaba que era Cindy según el mundo.

"LOL" tecleó. Si supiera quién es, la invitación no habría existido. ¿Qué sucedería si decide mostrarle al mundo que el capitán de rugby es gay? Suspira fuertemente. Deja el visto a una estupidez más y apaga el celular.

Se apoya mejor en el sillón, aspirando el olor a cigarrillo de tiempo atrás. Vuelve a hacerse un ovillo y cierra muy fuerte los ojos.

Tal vez no pueda volver a la normalidad, pero por lo menos un poco de fuerza para soportar.

-x-

Se toma una cerveza en ese pub de mala muerte. Hasta la última gota.

― Parece que tienes sed ― Francis le sonríe. Arthur le dedica una corta mirada ― ¿No tienes problemas con que mañana debas trabajar?

― Con o sin resaca, trabajo excelentemente. Además no voy a quedar como una cuba, serán una o dos cervezas ― El de pelo largo parece no creerle.

― Bueno, allá tú. No me llames para cuando necesites que alguien te arrastre a la mañana siguiente. No quiero pasar por otra vergüenza como la de la vez anterior ― Ese comentario está de más, le reclama ― No, es acorde y necesario. Inglés con hígado de niña.

― Imbécil ― Los ojos de gato de Francis está inspeccionándolo. Es una sensación molesta.

― A todo esto, no te ves muy feliz ¿Qué sucedió con tu hermano? No me has querido decir que sucedió después de que nos juntáramos con él en la disco ― La cara de Arthur se arrugó, como si le hubieran obligado chupar un limón agrio.

Francis sabe que tocó un punto clave. Lo sabe, Arthur mismo lo sabe cuándo ve una ceja alzarse.

― Si te lo cuento, necesitaré otra cerveza.

― Vamos, vamos, no hay problema con que me lo digas en la sobriedad.

― No, en serio necesitaré otra.

― ¿Tan mal?

― Se te va a demacrar el rostro.

Un gesto al barman. Dos cervezas nuevas en la barra. Arthur coge el vidrio y se la toma con gran velocidad. No ha querido decirle a nadie lo que ha pasado, para el común de la gente resulta perturbador.

Francis comienza a tomar la bebida fermentada, sospechando que quizás era mejor haber elegido algo más fuerte.

Arthur inhala.

― No es mi hermano ― El de barba casi escupe un chorro de una manera nada elegante ― Mis padres lo acogieron porque su verdadera madre era la hermana drogadicta de mi mamá.

― ¿Es una broma?

― ¿Tengo cara de que esto sea una broma?

― Pues no, pero…― Arthur lo hace callar con un dedo. Más cerveza. Esto no queda ahí, Francis siente las arrugas de su entrecejo. Un sorbo más. Las mejillas y la nariz de Arthur están ruborizadas. El alcohol está haciendo efecto.

― ¿Sabes por qué siempre actuaba tan raro cuando Emily me mandaba cartas en sexto año? ― Francis lo recuerda, pero para que todavía no lograba entender ― O cuando comencé a masturbarme y le contaba que sucedía y él me echaba casi a patadas… ¿Sabes por qué?

― ¿Le gustaba Emily? No sabía que le gustaban tan jóvenes. ¿Se fue por eso?

― No. Se fue porque estaba enamorado de mí.

Francis Bonnefoy agradece no estar bebiendo en ese instante, pues de otro modo no habría sido capaz de aguantar el escupir todo.

― ¡¿Es una broma?! ¿Scott? ¡Pero si ese tipo estaba rodeado de mujeres!

― ¡Si fuera una broma no la estaría contando! ― Grita, apretándose las sienes.

El muchacho con una barba de tres días parece que entrará en un colapso.

― ¡Pero cómo! Scott… Scott era la imagen de masculinidad y seducción, el modelo a seguir de todos…

― Ya, que te calles.

― ¡Me dices eso y cómo esperas que yo reaccione!

― ¡Así mismo estaba yo! ¡Por eso no quería decírtelo, mira el escándalo que has montado!

Dos jóvenes algo ebrios y gritando en pub. Una escena de lo más vulgar. Nadie los mira.

― Bueno… Pero ya pasó ¿Cierto? ― Arthur no entiende. Francis se vuelve a explicar ― Digo, ya se le pasó ese enamoramiento. Tantos años… Dudo que alguien siga enamorado por tantos años... Dudo.

El de pelo alborotado puso una mano apoyando su mejilla.

― Pues… supongo.

― Supones. Suponer no es una respuesta decente.

― ¿Acaso quieres que le pregunte? Hace dos días me despedí de él porque viajó a Medio Oriente.

― ¡Te has seguido viendo con él! ¡Hace dos días! ― Arthur arruga la nariz.

― ¿Qué importa con eso? Fue el único que corrió a buscarme cuando ocurrió lo del atentado ― Y le da una mirada llena de rencor. Francis ya se había disculpado que estaba ebrio y durmiendo en el sillón de Gilbert, pero eso no le importa a Arthur.

― ¿Correr a buscarte? Pues llega incluso a ser sospechoso…

― No busques la malicia donde no hay. La gente se preocupa de sus seres queridos.

― Define querido.

― Vete a la mierda.

El francés dirige su mirada a la barra, absorbiendo y procesando toda la información.

― ¿Se lo has dicho a Alfred?

― Cindy no quiere decirle al hijo de puta de Alfred lo que sucedió. Además, dudo que ayude en algo, ya sabes como es.

― Quizás los celos lo hagan reaccionar.

― A ese no lo hacen reaccionar ni con bofetadas.

― Pero sí que le falta ¿Qué gana haciéndote pasar como una mujer? ― Su inseguridad, el ambiente machista y conservador en el que se ha criado han obligado a formar este teatro barato.

¿Qué pensará el pastor de que ha follado con su hijo? Pues a Alfred lo enclaustran y a él lo meten en la cárcel.

― Es un idiota. Yo lo soy más porque acepté este chiste ― La camisa roja de Arthur muestra partes de la musculosa blanca, la clavícula y las sombras del hombro. Francis reconoce que no es un muchacho feo, quizás las cejas gruesas le dan un aire más tosco, que compensa con la nariz fina y respingada y las facciones un poco más suaves. Alfred no se fijó en algún destrozo visual, sin embargo, no tiene el aire femenino ni una vagina como para poder presentarlo a sus padres.

― ¿Si no eres feliz, por qué sigues?

― Creo que me gusta demasiado. Creo que eso está haciendo que olvide que soy una persona.

Francis asintió.

― Eres un idiota.

― Lo sé. Scott ya me gritó por lo mismo ― Inspira profundamente, dándose fuerzas ― ¿Tienes hierba?

― Lo necesitamos.

-x-

Están en una heladería poco concurrida sostienen dos barquillos de chocolate con vista a la miseria del puerto.

Nadie puede verlos aquí, Arthur sabe. Por esa simple razón Alfred lo invitó a este lugar.

― Y entonces le dije que eso no era un tomate sino que una guayaba ¡Imagínate la cara que puso! ― Carcajea, terminando la anécdota.

― Pero haberlo dicho en un lugar menos concurrido, es tu entrenador y se las va a cobrar.

― Bah, no puede. Soy el mejor del grupo.

― Los mejores no comen helados, se mantienen a dieta ― El rostro radiante y atractivo de Alfred se arrugó.

― Me han tenido a lechuga y atún por más de tres semanas… Ha sido un infierno ¡Lechuga y atún! ¡Imagínate vivir así!

Arthur solo dibujó una sonrisa gentil. Había días en que padre desaparecía por el trabajo y se olvidaba de darle dinero para comer, por lo que subsistía con lo que podía, un pan, una lata de atún…

No podía decirle a Alfred tales cosas, porque se alarmaría como una gallina, lo que no sería nada agradable. En realidad, Arthur deseaba con todas sus fuerzas no estropear una de las escasas salidas que tenía con su Dios-sabe-qué.

― ¿Al final qué sucedió con la colecta de tu club?

― Pues juntaron varias frazadas y ropa, ¡la gente lo agradeció un montón! ― Dibuja una brillante sonrisa, esas de modelo de pasta dental ― ¿Por qué no fuiste? Te esperé.

Arthur decidió morderse la lengua y no decirle, con su muy ácido humor inglés, que no ha conseguido la peluca para Cindy.

― Tuve otras cosas que hacer.

― ¿Cómo qué? ― Preguntón. Irritablemente preguntón. Arthur piensa en alguna excusa lo suficientemente creíble como para satisfacerlo y deje de molestar.

"Me robé las llaves del departamento de mi hermano que no es mi hermano, en realidad es mi primo y le gusté por muchos años. El lugar está pasado a cigarrillo y a silencio porque él se fue muy lejos a pelear, es un buen lugar para esconderse y huir de la realidad".

Muy cierto, pero la verdad no siempre es bonita. Y menos para ese chico Disney.

― La policía estuvo interrogándome sobre si había visto actividad sospechosa días anteriores ― En realidad se lo preguntaron en el hospital, un policía que sostenía a una mujer que no paraba de temblar.

Bueno, es bastante creíble.

― Oh… Entiendo. ¡Es que lo que pasó fue espantoso!

― Lo sé. Estaba ahí ― Resalta lo obvio.

― Esos locos… No sé qué tienen en la cabeza, en mi país habrían sacado a todas las fuerzas militares a tierra. Ya estarían poniéndolos en su lugar ¡Enfermos! ― Arthur recordó a Scott, del cual ni siquiera sabía si seguía o no con vida. Decide guardar silencio ― Mi pa' tiene razón… debería unirme a la marina… ¡O la fuerza aérea! ¡Como Top Gun! ¿No crees que sería un soldado ultra guay y el mejor de mi generación?

― Creo que te queda mejor lo de ser un universitario con una beca deportiva ― Así como en las películas. Alfred era un verdadero personaje de una película adolescente. El americano suspiró.

― No sé. Creo que el mundo me necesita… ― Y recibe un poco de helado en la nariz.

― Mejor cállate y presta atención a tu helado, creo que eso sí necesita de tu persona ― El chocolate corre por sus manos bronceadas. Alfred da una carcajada.

― Cierto, cierto…

Los ojos azules miraron insistentemente de un lado a otro.

Y Arthur recibió un beso a escondidas.

Como si estuvieran haciendo algo realmente malo.

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El trabajo es bastante aburrido.

Londres a pesar del miedo y la tensión patente, ha decidido obligarse a volver a la normalidad. Por ende, él también vuelve a trabajar en aquel pequeño café. Limpia el mesón, pensando en qué cosa gastará su sueldo. No quiere más libros, ni cigarros ni whisky barato. Lo último principalmente porque Francis lo hace desaparecer. Trabaja casi que para matar el tiempo, para sentirse un poco útil.

Sigue con el paño dando vueltas sobre el mesón, quedando este último tan brillante que refleja las lámparas.

Su rostro está pálido como la nieve, sus ojeras son visibles. Esta semana ha sido particularmente pesada en el instituto, con todos los exámenes y universidades que visitan los cursos. Demasiada presión y él solo quiere desaparecer o volverse las cenizas de los cigarrillos.

Hoy llueve. Hoy llueve y hace un mes que un pelirrojo salió por la puerta.

Tres horas después, tras soportar un viaje del metro y con un ensayo del antropocentrismo esperando en el escritorio, está metiendo la llave robada en una cerradura.

El aroma del perfume masculino y la ceniza del tabaco es una ola que se le abalanza. Arthur se introduce, penetrando el mar etéreo.

Cierra la puerta, esperando que no se le pegue esta maña.

Pero la extraña sensación de silencio y confort es demasiado agradable.

Casi como una droga.

-x-

La última vez en ese pequeño departamento, se dio cuenta de que era un caos y que alguna vez alguien debería dignarse a limpiar ese nido de cucarachas. Obviamente no había tenido la intención de ser sirviente de nadie, sin embargo al considerar que estaba haciendo gala de su atrevimiento y sinvergüencería al ver televisión o dormir en el sillón de una casa ajena…pues de algún modo tenía que devolver la mano.

Era una sensación extraña cuando entraba ahí. Era algo preocupante que fuera más acogedora que su propia casa, la cual ha vivido desde que tiene memoria.

Quizás es la soledad. Quizás es que nadie lo molesta. Quizás le gusta estar rodeados de fantasmas que no lo perturban. En su casa en tanto, solo hay demonios que lo molestan, que se burlan y no lo dejan vivir en paz.

Dos días después de esos pensamientos, Alfred ha cancelado la salida de la noche, que involucraba una noche de sexo, cervezas y películas porque sus amigotes iban a estar en su casa por la tarde y tenía miedo de que los descubrieran. Que podían demorarse en irse, que podían estar justo afuera fumándose un poco de hierba.

Ese día, ese mismo día que se odiaba a sí mismo por no ser una maldita mujer, por no poder complacer a nadie, ni a sus padres ni a nadie, tan lleno de rabia y tristeza, coge los utensilios de limpieza que hay en su casa, los mete todos en un bolso y sale.

¡Maldito el día en que se dieron ese primer beso tras los bastidores!

¡Y maldito el día en que se dio cuenta que era gay!

Abre la puerta que ha profanado cantidad de veces y deja el bolso con utensilios en el piso. Se arremanga la camisa, decidido.

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Despierta, la oscuridad lentamente retrocede a los límites de su vista y puede vislumbrar una realidad borrosa.

¿Qué pasó?

Esto es demasiado luminoso ¿Ha muerto?

Pestañea repetidamente y ¡PAF! El dolor se ha apoderado de él. Sus piernas, sus brazos, la cabeza, todo duele.

Un pito sube y baja repetidamente. ¿Esto es el purgatorio?

― No te aceleres o tendré que doparte ― Una voz gruesa y dura se escucha por detrás de su cabeza. Poco a poco aparece una sombra. Más colores. Un hombre. El capitán de sanidad Beilschmidt.

― ¿Qué… qué pasó? ¡Mis pier-…! ― Y se retuerce, tratando de quitarse la sábana que trae encima.

― Ni lo intentes. No te esfuerces más. No las has perdido si eso crees.

― Pero… Pero…

― La explosión te hizo saltar contra una casa que estaba al frente, terminaste con fracturas expuestas y un TEC abierto. Deberías agradecer que estás vivo ― Era una cascada de información que lo bañaba, sin embargo no es capaz de procesar lo que se dice. Vivo. Vivo.

― ¡Un niño! ¡Había un niño conmigo!

― Lo siento ― Esas palabras englobaron todo un mensaje tácito. Scott sintió el sabor amargo en su paladar. Maldición.

Los ojos llorosos y anhelantes del niño serán parte de sus pesadillas.

― ¿Cuánto ha pasado?

― Te hemos cubierto en sedantes por dos semanas con tal de que no sufrieras por la peor parte ― Dos semanas.

Sus ojos verdes se quedan pegados en el techo.

Dos semanas.

― Llamaré a unos enfermeros para que te ayuden en lo que necesites ― Dice como despedida. El pelirrojo sigue con la mirada perdida ― Escuché que te quieren dar una medalla por el valor. Felicidades.

Las medallas son una basura.

Inhala profundamente. Ya. Que mierda, no le importa.

― ¿Sabes cuándo me recuperaré? ― Teme la respuesta.

― Será para largo, tendrás que hacer una pequeña rehabilitación de tus miembros porque con los yesos se te atrofiarán los músculos, será algo lento y necesitarás paciencia.

― Creo recordar que me he fracturado otras veces en mi vida ― Ludwig hace un gesto ― Pido a Feliciano como mono. Por lo menos me hará soportable esta mierda con sus monólogos.

― Le pediré personalmente que te acompañe ― De otro modo no podría ser. Ha comenzado a aflorar el mal genio que siempre tiene a punto de explotar. Por esta vez no le dirá algo demasiado desagradable al capitán, que involucre una cama, un enfermero y peticiones post- sexo ― Estamos viendo el tema del traslado a Europa. Aquí no es seguro para ti.

Hoy se pueden ir todos a la mierda.

Se volverá un inútil como por dos meses más. Inhala y exhala lo más profundo que puede.

El niño murió.

¡Que se jodan todos, Arthur incluido! ¡Arthur era la total fuente de sus problemas!

¡Al carajo el mundo!

-x-

Notas: Obedeciendo a la votación, estoy publicando nuevamente "Convirtiéndote en un caballero" lo que implicará que pronto aparecerá un capi nuevo. En verdad presto mucha atención a sus votaciones, así que lo que quieran, me dicen. Y si se les ocurre algo más, son bienvenidos los PM. No ofrezco mi Facebook porque sospecho que se aburrirían un montón viendo las tonteras que publico y esas tonteras.

Besos, adiós!

Inannah.