(Dean)
2 de mayo
Hoy es el cumpleaños de mi hermano. Hoy debería ser un día feliz. Podríamos estar festejando, bebiéndonos unas cervezas y comiendo pizza, como hacíamos cuando éramos adolescentes. Papá casi nunca estaba para su cumpleaños, parecía hacerlo a propósito, cuando llegaba esta fecha, él siempre tenía trabajo. Tal vez sabía más de lo que creíamos y por eso le resultaba particularmente dura esta época del año. Pero a mi no. A mí siempre me ha gustado el mes de mayo. Es el mes del cumpleaños de Sam, el mes en que la primavera está en su apogeo. Recuerdo que cuando éramos niños y jóvenes, siempre nos las arreglábamos para festejar el cumpleaños de alguna manera, aunque no tuviésemos dinero suficiente, o aunque no pudiésemos salir de la habitación del motel de turno. De alguna manera festejábamos porque aún en las peores condiciones, estábamos juntos, él y yo. Pero ahora estoy solo. No lo tengo conmigo. Y no puedo hacer nada para remediarlo. Podría, pero debo mantenerme fiel a la promesa que hice. Lo debo hacer para honrar su memoria.
Las cosas en mi nuevo hogar parecen funcionar con normalidad, pero para mí esa palabra, no significa nada, o por el contrario, significa que no estoy habituado a nada que se le parezca. Hace casi dos semanas que estoy en casa de Lisa y la primera semana la he pasado casi todo el tiempo durmiendo o ebrio. La segunda semana debo confesar que me sentido un poco mejor. Al menos me ha dado ganas de salir de la cama, he tratado de entretenerme haciendo pequeños arreglos que la casa de Lisa necesitaba, pero con eso no puedo seguir para siempre. He quemado todas las tarjetas de crédito que usábamos. Pero conservé las identificaciones falsas. Las de él y las mías. No se bien porqué. Porque de algo estoy seguro: la caza se acabó para mí. Ya no voy a cazar nunca más. Me retiro de esa actividad. Creo que mi hermano y yo ya dimos demasiado para el bien de la humanidad, así que voy a seguir viviendo lo que me quede de vida, y conste que lo haré sólo porque se lo he prometido, pero me dedicaré a la mecánica o a cualquier otra cosa que pueda hacer. No más caza para mí. Por eso creo que está bien que no me comunique con Bobby ni con nadie que me recuerde a mi vida pasada. Quiero que esto sea un nuevo comienzo, aunque yo no lo desee en realidad. Aunque lo que verdaderamente desee es dormirme para no despertarme jamás. Pero voy a esforzarme.
Ayer por la tarde comencé a empacar algunas cosas en el Impala y le comuniqué a Lisa que haría un breve viaje para terminar con algunos asuntos pendientes que tenía en New York. Aunque no le gustó demasiado, y lo demostró con su mirada, no dijo nada y asintió. En realidad este viaje lo hago por varios motivos: primero que nada, deseo pasar el día del aniversario del nacimiento de mi hermanito solo, completamente solo. No soportaría a nadie a mi alrededor. Y qué mejor que rendirle homenaje haciendo un último viaje por carretera, como los que hicimos toda nuestra vida. Por otra parte, debo deshacerme de todas nuestras armas e implementos de trabajo. Conservarlas en la casa o en el automóvil es demasiado arriesgado, el niño puede verlas, y yo mismo me puedo ver tentado de usarlas y no precisamente en las circunstancias más apropiadas. Así que voy a meterme de lleno en la vida de un civil. Nada de armas, nada de libros de exorcismos, ni de hechizos demoníacos. Nada de nada. Sólo conservaré conmigo la Colt. Y lo haré más por sentimentalismo que por otra cosa. Y como tercer motivo, creo que debo cerrar esta etapa de mi vida. Y lo mejor es esto, guardar todas las armas en el trastero, donde también guardaré las cosas de Sam.
Luego de más de diez horas de viaje por carretera, con el cuerpo entumecido he llegado al estado de New York. He ubicado el trastero pero antes de entrar me he dirigido a una licorería y he comprado una botella de la bebida más fuerte que he podido encontrar. Me he bebido media botella casi sin respirar. Luego, cuando he sentido los efectos del alcohol en mi mente, he abierto la puerta. Al entrar, una marea de sentimientos se ha apoderado de mi alma y lo único que he podido hacer es sentarme en un rincón y he dado rienda suelta al llanto que estaba conteniendo desde hacía días. No se cuánto tiempo permanecí en la misma posición, sintiéndome el ser más miserable del universo, sintiendo el dolor corroer mi alma, lamentando mi suerte y mi destino, que es la suerte y el destino de mi hermano. Luego, cuando pude levantarme, con una extraña calma en mí, bajé del Impala todas las armas, las limpié por última vez con mucho cuidado, las guardé en las cajas que tenía papá para finalmente ir a buscar al auto la maleta con las cosas de Sam. La abrí, acomodé y doblé su ropa, sintiendo su aroma, casi sintiendo su presencia. Luego guardé la maleta también en un pequeño baulero. Finalmente deposité allí la laptop de Sammy. Su fiel compañera. Su arma intelectual en nuestra lucha contra el mal. Ya no la quiero usar. Era de él. Sólo de él. Nadie tiene derecho a ocupar su lugar, así que la conservaré, sólo por si acaso… porque aún no pierdo las esperanzas de que alguien, de algún modo, a cualquier precio me devuelva a mi pequeño hermano.
