Bueno, he decidido subir este capitulo antes de que pase mas tiempo. Disfrutenlo.


Con el dinero que le dio Stan, Wendy pudo ir junto a Tambry en su día de descanso al centro comercial. Se compró toda la ropa que quiso y otras cuantas prendas que se topó en el camino. Entre ellas, una camiseta delgada con tirantes, una chamarra negra, una falda de mezclilla y un par de tenis blancos.

Cuando fue día de volverse a presentar al trabajo se llevó a estrenar justo ese conjunto. Hacia demasiado calor como para seguir llevándose las botas o los jeans y las blusas cuadriculadas de manga larga. Ese día también decidió irse sin su inseparable sombrero. Siempre lo llevaba porque fue un regalo de su padre en navidad cuando tenía catorce años y significaba mucho pero aunque fuera muy lindo y todo, ese sombrero era más para usarse en los días de invierno, precisamente. Entonces Wendy se fue luciendo su envidiable cabellera de fuego suelta sin nada que la cubriera y dejó con la boca abierta a más de uno pues ya estaban acostumbrados a verla siempre con ropas más recatadas pero siendo una adulta joven no era de extrañarse que de vez en cuando quisiera lucir como una mujer de su edad y sobre todo con ropas de temporada.

Llegó a la Cabaña del Misterio y todo parecía aburrido y normal como siempre. Unos minutos después apareció Stan. Se le veía algo apurado pues al parecer no tardaría en llegar una multitud de turistas en unos minutos.- ¡Ya saben que hacer! Empiecen a subirle los precios a todo.- Les entregó a los chicos un par de marcadores negros para que modificaran las cantidades en las etiquetas.

Wendy se dirigió hacia los estantes y empezó a cambiar las cantidades. Si algo costaba un dólar, bastaba para agregar un cero o dos a un lado. Lo hizo con la primera repisa de arriba, luego bajo a la segunda, la tercera y así con cada nivel debía inclinarse un poco más a medida que bajaba, a tal punto en que su espalda estuvo muy encorvada y la falda se le alzó un poco. Cuando volvió a mirar se dio cuenta de que Stan la había estado observando, y como la última vez, de nuevo quiso hacerse el desentendido cuando Wendy ya había terminado. Ella volvió a sonrojarse y de inmediato acomodo su falda para bajársela. "Menos mal que traigo short abajo".

Acabada su labor, Soos se fue a reparar el auto de mini golf y Wendy volvió a sus revistas.

Pasado otro rato más, Stan regresó dirigiendo tras de sí a la multitud de turistas que visitaban la cabaña ese día. Les daba el tour explicándoles acerca de criaturas mitológicas inexistentes que él mismo creó con sus habilidades de taxidermista. Wendy no pudo evitar sentir su mirada hacia ella de vez en cuando reiteradas veces, lo cual le causó dos sentimientos diferentes. Primero fue extrañeza y después algo de incomodidad. ¿Acaso había algo mal con su nueva ropa?

Cuando terminó el tour, Stan los invitó a que compraran todo lo que estuviera dentro de la tienda. Ese día fue uno con ventas moderadas, nada fuera de lo común. Al terminar la jornada, habitualmente Wendy se quedaba con Stan a hacer el cierre de la caja y esa vez no fue la excepción. Soos ya se había ido a casa. Ahora que estaban solos y la pelirroja se atrevió a hacerle la pregunta que tanto quiso formular.

-Stan ¿Hay algo mal con mi atuendo? ¿Acaso me veo mal?

Stan la miro sin comprender.- ¿Qué? ¿Por qué preguntas?

-Bueno es que…vi que me mirabas mucho. Quería saber si es por eso.

Stan aclaró su garganta con un poco de nervios, ahora ya no queriendo mirar a la joven.- No, no. Te equivocas, es…lo contrario.- Wendy seguía callada, esperando que el mayor continuara.- Creo que te ves bien.- Fue todo lo que dijo.

En el fondo, Wendy sabía que no se veía mal. Solo quería que alguien se lo dijera, pues a pesar de que dejó impresionados a muchos ese día, nadie se detuvo a recalcar lo linda que era.- Oh…gracias.- Respondió con una sonrisa.

Siguieron contando el dinero hasta que Stan volvió a tomar la palabra.

Primero miró hacia su reloj de mano.- ¿Sabes? Ya puedes retirarte Wendy. Yo me encargo del resto.

-¿Qué? ¿En serio?

-Sí, puedes irte.- Wendy no lo pensó demasiado. Fue por sus cosas y ya se estaba despidiendo antes de que Stan volviera a decirle una última cosa.- Toma esto, Wendy.- Le estaba entregando otros cuantos dólares de ahí mismo.

-¿Qué? ¿Por qué? No es día de paga.

- Si pero bueno… ¿Cuándo fue tu cumpleaños? Ya pasó ¿Cierto?

-Eh sí, hace casi un mes.

-Considéralo como un regalo de mi parte. Uno súper atrasado.

Dudó un poco antes de tomarlo. Iba a decirle que no se molestara por ello, de cualquier forma su cumpleaños ya era cosa del pasado, pero si se lo estaba dando como un regalo, sería de mala educación no aceptarlo. Volvió a agradecerle y se despidió de él. Ahora salía de la cabaña con otro manojo de billetes y eso la puso contenta. En el camino a casa pensó en qué se lo gastaría. Y también pensó en lo generoso que Stan se había portado con ella.

¿Que estaría haciendo su jefe en ese momento? De seguro ya terminó con el cierre ¿Y luego de eso qué era lo que Stan haría? Se estaría duchando y luego poniendo pijama, bajaría otra vez para cenar algo, probablemente un café sin cafeína, con el cual se tomaría alguna pastilla para algún dolor en algún lugar de la espalda. Luego vería un poco de televisión y cuando se aburriera subiría otra vez para dormirse. Eso sería una rutina que cualquier adulto mayor seguiría, o bueno al menos una que Wendy se imaginó haciendo a la edad de Stan.

Nada más alejado de la verdad, pues en cuanto Stan acabó con los asuntos de la caja, ni siquiera se tomó un respiro antes de acercarse a la máquina expendedora, teclear una clave secreta en los botones, esperar a que el pasadizo oculto se abriera ante él, bajar al sótano, ir al laboratorio, tomar el diario número 1 y seguir con la tarea en la que se ve envuelto desde hace décadas.

Pero Wendy no tenía idea. Para ella, Stan ya debería estar en la cama. Por un momento sintió lastima. Su jefe era un hombre solitario, sin ningún familiar, sin hijos. Nadie con quien platicar luego del trabajo. En su juventud no debieron faltarle las chicas por montón y sin embargó ahora en su vejez estaba tan solitario y se preguntó por qué. A ella misma le dio miedo el tener un futuro igual.

Aunque bien ahora tenía a Robbie como su novio, nada le aseguraba que fuera a estar a su lado por siempre. Muchas cosas podrían pasar, conocerían a alguien más. Él podría conocer a alguien mejor y dejarla. Además Robbie es de las personas que solo viven el presente y no se molestan por lo que venga en el futuro. Vivir así no es malo pero no está de más tener un poco de percepción de vez en cuando.

Robbie no poseía muchas aspiraciones más que volverse famoso con alguna banda punk o gótica. Quien sabe, ese sí es un buen futuro pero de soñarlo a cumplirlo es otra cosa. Wendy no le veía intereses en formar una familia porque según él era un hombre libre. Lo más beneficioso que podría pasarle estando con él era que cuando ya estuviera vieja, tuviera asegurado un lindo féretro donde pondrán su cuerpo cuando muera. Gracias Señor y Señora Valentino.

Siguió pensando en el incidente de lo de su falda en la mañana. Qué vergüenza. De seguro nadie vio nada ¿Entonces por qué se sonrojaba? Porque ahí estaba Stan. Ella estaba segura de que lo notó un poco ansioso por esperar ver algo, o tal vez solo era su imaginación. ¿Pero y si sí? Bueno también es comprensible, por lo que ya se imaginó antes de la soltería de su jefe, no sería extraño que el hombre quisiera algo de emoción o algo así.

¡No, qué horror! ¿Por qué imaginaba esas cosas? Le daban escalofríos de solo imaginarlo.

Una parte de ella se decía que ya no pensara en nada y la otra quería seguir divagando. Se había vuelto buena en eso en estos últimos días, en divagar y pensar mucho.

¿A Stan ella le parecía linda? ¿Si no, entonces por qué le dio ese dinero? La excusa de su cumpleaños pudo haber sido sacada de la manga a último minuto para ocultar lo probablemente evidente. ¿Y por qué la dejó irse temprano? ¿Tal vez él gustara de ella? ¿Por qué la miró tanto?

¡Pero que preguntas tan bobas! Ni siquiera estaba segura de querer saber las respuestas. Y es más ¿Por qué aparecen esas cuestiones en su mente, en primer lugar? No debería estar imaginando cosas absurdas. Si se veía linda era solo por la ropa, porque con los otros atuendos que solía usar a menudo la hacían parecer una chica común y corriente, del montón, sin nada que resaltar. Por eso fue que Stan la admiró tanto ese día, nada más. Él ya es un adulto mayor y bien centrado como para estar fantaseando con jovencitas como ella.

Es decir, su cabello a ella siempre le pareció tan simple, ni siquiera por ser pelirroja. No tenía un corte moderno como el de Tambry, ni siquiera podía pintárselo porque a su padre no le parecería.

Su color de piel tampoco le gustaba. Demasiada palidez, no podía estar mucho tiempo al sol porque se pondría toda colorada y le saldrían más pecas, esas feas pecas que abundaban en su nariz y mejillas y arruinaban su cara que podría ser perfecta sin una sola mancha. Algunas vez se puso a contarlas y contó quince, no toleraría una más.

Su complexión era tan pobre, sin nada de nada. Otra cualidad que envidiaba de su amiga. ¿Por qué Tambry seguía soltera? Tal vez si usara menos su teléfono y se centrara más en citas, ya tendría a varios chicos siguiéndola a todas partes.

Su padre era Dan el leñador, todos le tenían miedo a este hombre. Es capaz de partir un tronco usando solo sus brazos, y qué le haría a una columna humana.

Por eso nadie se fijaría en ella nunca, excepto Robbie, claro, pero ni siquiera sabía qué fue lo que a él le atrajo de ella en un principio. Simplemente cuando se dio cuenta ya salían juntos y él le dedicaba las canciones que componía. En estas reflexiones se sumergió hasta llegara su hogar e irse directo a dormir.

Cuando hubo otra oportunidad, volvió a salir con su novio y se fueron al cine. Wendy le pagó su entrada y las palomitas a lo que Robbie no puso ninguna queja.

-¡Vaya Wendy! ¿Acaso te sacaste la lotería o algo? No, no, ya sé, día de paga.

-No, aún falta para eso.- Rio Wendy.- Y tampoco me saqué la lotería, ya quisieras.

-¿Entonces de donde sale todo el dinero?

-No preguntes, solo disfrútalo.

-¡Ok!

Entraron a ver una peli de zombis. Aquella fue la segunda vez que Wendy y uno de sus amigos salieron a pasear gracias al dinero de Stan y se divirtieron mucho.

De lo que le sobró en esa y en la ocasión anterior, lo juntó para guardarlo. Comenzaría a ahorrar de una vez y solo para conseguir su boleto para Varias vecez.

Fue un lunes cuando Wendy llegó con ánimos habituales para trabajar. Recibió un mensaje de Soos avisando que se retrasaría en llegar pues su abuelita amaneció enferma y él se quedaría atendiéndola un rato hasta que mejorara.

"Avisa al señor Pines de mi retraso pero que intentare llegar en media hora" Le suplicó su amigo con un texto lleno de emoticones. Wendy le respondió "Claro Soos, yo le digo. Que tu abuelita se mejore" y una carita feliz.

Entonces se encaminó con Stan. Simplemente asomó su cabeza por la puerta.-Hey Stan.- Le saludó como siempre.- Soos mandó un mensaje. Llegará más tarde.

-¿Qué sucede con él?

-Su abuelita está un poco mal.- Le vio hacer una pequeña fruición de ceño.- Oye, no seas así. Soos nunca falta al trabajo, aunque esta vez debería. Es su abuelita, por favor.- Ahora Wendy ya estaba del otro lado de la puerta.

-Sí, sí, pero yo no pienso destapar los baños.- Respondió cruzándose de brazos, a lo que Wendy no pudo evitar soltarse a reír.

-Calma, Soos lo hará cuando esté aquí.- Dio media vuelta para salir pero justo antes de tomar la perilla recordó algo.- Por cierto…de nuevo, gracias por el dinero.

-¡Oh sí! No es nada ¿Qué hiciste con él?- Se mostró interesado en saber.

-Um pues…salí con amigos, al cine.-Respondió.

-Bien, que bueno que te divertiste.- Sonrió.

-Lo sé, fue genial. Gracias a ti.

-No agradezcas, fue todo un placer, niña.- Después de eso ya no hubo otra cosa que decir pero Wendy no se iba. Sentía que aún tenía otra cosa que decirle a Stan. Se quedó ahí parada frente a la puerta, sus manos entrelazadas por detrás de la espalda, dudando.- ¿Aun se te ofrece algo Wendy?

-Stan…tú…-Le preguntaría aquello que la estuvo atormentado durante todo el fin de semana.-… ¿Yo te gusto?

-..¿Qué?... ¿Qué clase de pregunta es esa?

-N-no sé. Solo quisiera saber si te parezco bonita.- Sudaba frío pero ni por eso titubeó ni un momento.

-Bueno…-No sabía que responder.- Pues…sí.- Dijo. El corazón de Wendy le dio un vuelco dentro del pecho al oírlo.- ¿Por qué no serias bonita? Eres joven.- Señaló.

-Bueno sí pero…- Detuvo su oración para mirarlo. Lo vio y procedió a acercarse al escritorio. Cuando ya estuvo enfrente, junto a su silla, se inclinó hacia él, lo atrajo a ella por el cuello de la camisa y sin más, le plantó un largo beso en los labios. Necesitaba poder acallar todas las preguntas que se formuló, cubrir su propia curiosidad de saber si realmente sentía algo por él, y que también el propio Stan así tal vez pudiera saber qué tipo de afecto sentía por ella.

Sintió que el aire le faltaba. Cuando dejó de besarlo, lo miró a los ojos y solo entonces cayó en cuenta de lo que hizo. Fue sin pensarlo realmente pero lo hecho, hecho está y no podía remediarlo. No supo cómo interpretar la expresión de su jefe, pero no cabía duda de que estaba sorprendido y sin palabras. Cubrió sus labios con las manos en total vergüenza.- Dios ¿Qué hice?- Se dijo a sí misma.

-…Wendy…-Trató de hablar Stan.

-¡No! ¡Perdón!- Apresuró a decir.- ¡No quise hacerlo, yo solo…!- Al no poder seguir con la oración, se apresuró a ir hacia la puerta. No podía esperar para salir de ahí cuanto antes. Y mejor desearía que la tierra se la tragara en ese instante.

-¡Wendy, espera!- Stan se adelantó para tomarla por el brazo y hacer que lo mirara.- Esta bien…

-¡No, no está bien! ¡Fue un error!- Ya estaba soltando lagrimas amargas.

-Tranquila, no pasa nada.- La calmaba el mayor.- No estoy enojado…

-¡Debes estarlo, fue mi culpa!

-Nada de eso, ven aquí niña.- Wendy no quería pero Stan la hizo acercarse más y entonces la rodeó con sus brazos cariñosamente para consolarla.

-¡No me abraces! ¡No lo merezco! ¡Soy de lo peor!- Dijo ella aferrándose al cuerpo de Stan, ya no pudiendo contener su llanto, aunque al principio intentó contenerlo y también quería hacer que Stan la soltara pero ya no tenía caso.

-No digas eso.- Habló Stan, a lo que a Wendy le sonó como una orden más que otra cosa. Entonces se quedó callada.-…Quisiera una explicación ¿Sabes? Me siento…confundido, pero no voy a obligarte a decírmela si no quieres. Me tomaste por sorpresa pero eso…creo que de cierta forma se sintió bien.- Admitió con pena.

-… ¿Hablas en serio?- Preguntó la chica sin poder creerlo aun.

-Sí. Me gustó.- Habló abiertamente.

-…Sí…creo…que a mi igual.- Dijo ella, sonriendo. Se dieron cuenta de que aún seguían abrazados. A ambos les causó gracia. Stan la tomó de la barbilla y cuando su rostro se acercó lentamente al de ella, solo cerró los ojos y dejó que pasara.

Volvió a besarla. Parece que inició con un poco de intensidad pero fue disminuyendo para volverse un beso sin prisas y con calma. A Wendy le daba un poco de cosquillas la barba de Stan pero no dejó que eso fuera un impedimento para continuar. Él la hizo retroceder para quedar recargada frente al escritorio. Con los brazos de ella alrededor de su cuello y los de el en su cintura continuaron así otros minutos y parecía que no iban a parar.

Unos toqueteos desde afuera de la puerta los hizo detenerse abruptamente. Estaban en shock, como si les hubieran dado el susto de sus vidas.

-Señor Pines, ya estoy aquí.- Avisó su otro empleado.

-Es Soos.- Susurró Wendy aun con algo de pánico.

-Tranquila, actúa natural.- Aconsejó él. Rápidamente hicieron como si nada pasara. Wendy adquirió una pose relajada aun estando recargada en el escritorio. Stan tomó aire y lo soltó antes de responder.- Entra Soos.

Soos se asomó y se puso feliz al ver a su jefe y a su amiga.- Hola chicos, ya estoy aquí.

-¡Genial!- Respondió la chica.

-Creí que tu abuelita estaba enferma.- Dijo Stan.

-Oh, gracias por pasar el recado, Wendy.- Agradeció Soos.

-Por nada, amigo. Justo por eso estoy aquí.- Intentó sonar lo más normal posible.

-Sí señor Pines, está enferma pero aun así me mandó a trabajar hoy. A mi abuelita no le gustaría que perdiera el empleo. Me aseguró que se pondría mejor por la tarde con sus medicamentos.

-Bien, me alegro.- Dijo el hombre.- Ahora….bueno… ¡A trabajar! Los dos…- Miró a Wendy discretamente y con la mirada le indico que se fuera. Ella obedeció saliendo detrás de Soos para iniciar con las labores del día. Fue la última en salir y cerró la puerta. Volvió a su puesto tras la registradora y mientras se aseguraba que las cosas estuvieran bien acomodadas, en el interior le agradó saber que gracias a ese beso ahora ya no se sentía confundida. No había duda, en verdad le gustaba Stan, y el sentimiento era reciproco.