Poco a poco, despertó, aturdida. La luz de la luna alumbraba brevemente el dormitorio, otorgándole un aspecto fantasmal. Había tenido un sueño precioso en el que ella y Hawke paseaban por el mercado de Kirkwall cogidos de la mano. Sólo había sido eso, no había más trasfondo ni historia, no era un sueño emocionante, pero había sido suficiente para desear aferrarse a él y no despertar jamás.
En cambio allí estaba, sola y sin él. Se preguntaba si Hawke estaría pasando por las mismas adversidades que ella o incluso peores, cabía incluso la posibilidad de que estuviera en la mansión.
Aún somnolienta, cambió de postura en la cama, y tocó a alguien. Por acto reflejo retrocedió, y esperó a que se le acostumbrara la vista a la penumbra para ver quién compartía la cama con ella. Un hombre moreno, con barba arreglada dormía plácidamente a su lado. No era Hawke, se recordó, era un demonio.
Se percató de que estaba despierto, la miró y le sonrió. A continuación, se incorporó levemente y la besó en la mejilla tiernamente. Un pinchazo en las sienes la hizo gemir, ¡cómo dolía! Tuvo que mantener los ojos cerrados hasta que el dolor pasó.
¿Qué era lo que la inquietaba hacia tan solo unos instantes? No lo podía recordar…
Por suerte, allí estaba Hawke para consolarla. La abrazó con dulzura y la recostó a su lado, reconfortándola. Ahora que el malestar había pasado, se sentía feliz de estar a su lado.
-¿Estás mejor? Te mareaste en el baile.
-No te preocupes, solo necesito descansar un poco, mañana estaré bien.
Sí, el día anterior habían estado bailando con todos sus amigos, y ella se desmayó de repente. Todo había sido a causa del estrés, se decía, había pasado unos días muy preocupada por Hawke aunque no había razón alguna: allí estaba, a su lado.
Llegó el amanecer, y cuando se despertó Hawke ya no estaba. Sintió tristeza de que no la hubiera despertado aunque hubiera sido solo un momento para despedirse. Se incorporó y vio en la mesilla una nota, la cogió y la leyó.
Te quiero.
Sonrió como una adolescente, el otro día le había dejado una nota igual, y le encantaba el detalle.
Se vistió con ilusión, eligiendo un vestido color crema y con bordados verdes. Completó el conjunto con unos zapatos marrones.
Unos pasos en el pasillo la hicieron sobresaltarse, alguien acababa de pasar corriendo por delante de su puerta. Se apresuró y se asomó al exterior, allí había un pequeño elfo. Estaba jadeando pesadamente y se apoyaba en la pared para descansar. Se percató de su presencia y la miró con sus profundos ojos azulados. Merril vio pánico en ellos.
-¿Tú también estás atrapada aquí, o eres uno de esos demonios?
-¿Atrapada? - contestó la joven sorprendida.- ¡Yo vivo aquí! Y claro que no soy un demonio.
El niño vaciló unos instantes, la estaba examinando a conciencia. Si era un demonio, no podía correr ningún riesgo.
-Creo que tú también eres una víctima de este hechizo, sólo que no lo recuerdas. Y cuando recuerdas cosas, este paraíso cambia, -explicó él mirando en todas direcciones, nervioso.- las cosas empiezan a ir mal, y van a por ti.
Eso explicaría la amnesia que sufría, pero aún así se negaba a creerle.
-Yo vivo aquí, -Insistió, aunque no muy convencida.- con Hawke.
Al oír el nombre, el pequeño pareció recuperar fuerzas.
-¡Hawke vino a salvarme a mí y a mis amigos! Él también está buscando la manera de volver, y nos estaba ayudando. -hizo una pausa, algo que había recordado lo atemorizaba.- Él peleó con esa cosa para que pudiéramos escapar.
-¿Un demonio?
Si todo lo que decía el chico era cierto, no podía ser otro ser al que se enfrentó Hawke. El niño asintió, confirmando sus dudas.
Un sonido metálico los interrumpió, algo caminaba lentamente hacia ellos, y cada paso que daba era un estruendo.
-¡Ya viene! ¡Corre!
Sin vacilar ni un momento, el niño salió de allí en busca de algún escondite. Merrill miró al final del pasillo, allí una enorme armadura oxidada se había parado en seco al encontrarla. Llevaba hacha en mano, y evidentemente sus intenciones no eran buenas.
El corazón le empezó a sonar tan fuerte en el pecho que parecían tambores, y como si por instinto el monstruo intuyera su miedo, comenzó a correr hacia ella a grandes zancadas. Merrill reaccionó como lo había hecho en otros combates, usó un hechizo de hielo usando todas sus fuerzas para pararlo. La armadura quedó congelada.
-Esto no durará mucho, será mejor salir de aquí.
Si hubiera tenido un bastón o herramienta para dirigir el hechizo más apropiadamente, hubiera sido más efectivo. Salió de allí lo más rápido que pudo, pero ¿adónde ir?
Corría a toda prisa, y se dio cuenta de que otros pasos más firmes se unían a los suyos en la huída. Miró y casi tropezó por la sorpresa.
-¡Hawke! -gritó presa de la emoción.
Pero algo no iba bien, Hawke corría en su misma dirección huyendo del monstruo pero era como si no la viera ni escuchara. Como si no estuviera allí.
El campeón de Kirkwall se paró en seco y ella lo imitó. No era el Hawke refinado con el que había despertado por la mañana, este vestía una indumentaria de guerrero, preparado para el combate. Se dijo a sí misma que ese era el Hawke real. El niño con el que se había topado debía decir la verdad.
Alargó la mano y le tocó, al instante desapareció como el humo, ¿qué había sido eso? No podía perder ni un segundo, se volvía a oír el entrechocar del metal a lo lejos. Ya tendría tiempo para meditaciones en otro momento.
Fue de pasillo en pasillo, le faltaba la respiración y le dolían las piernas, pero estaba segura de que si se enfrentaba sola al enemigo no tendría ninguna posibilidad. Abrió una puerta a trompicones y entró, era un estudio. Cerró desde dentro, allí estaría segura.
Encima del escritorio, había papel y pluma, entonces tuvo una idea: anotar todas las cosas importantes de su vida. Ahora que había visto aquel monstruo no dudaba de las palabras del pequeño, incluso tenía un breve recuerdo de que ella y sus compañeros habían ido a salvar a unos niños elfos días antes. Escribiría todo lo que necesitase recordar y lo escondería, así luego podría volver a leerlo más tarde y comprobaría si había olvidado algo.
La puerta se abrió antes de que pudiera coger el papel.
-¿Qué haces aquí, querida? -Era Hawke. No, no era él se dijo.- Llevo buscándote toda la mañana sin éxito.
La miró de arriba a abajo, el vestido descolocado y los cabellos revueltos le llamaron la atención.
-Yo... -ninguna excusa era válida, nada sería creíble. Lo mejor sería hacerse la víctima y fingir.- ¡Ha sido horrible, Hawke!
Se echó a sus brazos y lo abrazó con desesperación. Quizás podía ser una buena actriz.
-Shhh... -le acarició el cabello para tranquilizarla, se tuvo que contener para no darle un manotazo y apartarlo.- Cálmate y explícame todo lo ocurrido.
-En la mansión hay un monstruo, -lloriqueó.- me ha atacado, y no sabía dónde huir y he ido a parar aquí.
-Daré caza a ese terrible monstruo, no te hará ningún daño.
Eran palabras vanas, ambos sabían que eso no iba a suceder. La cogió de la mano y salió con ella del estudio. Merril vio con tristeza como se esfumaba tan jugosa oportunidad de coger las hojas y la pluma. Volvería más tarde.
La llevó de vuelta al dormitorio y entró con ella. La cogió de la cintura y la condujo a la cama. A Merril no le gustaba la dirección que estaba tomando la situación.
-Deberíamos desayunar, -atinó a decir, sin poder ocultar la ansiedad de su voz.- yo aún no he desayunado, ¿y tú?
Él por su parte soltó una risita. Algo en ella siempre parecía divertirle. Le dio un pequeño empujón y la tumbó, él se inclinó sobre ella.
-Relájate.- dijo dulcemente.
Merrill se sintió mareada. Era como si una niebla cubriera su mente, y le costaba pensar de manera racional. Hawke le besó en los labios, y fue lo que la hizo estallar. La bofetada sonó en el silencio de la habitación, y Hawke se retiró con una mano en la mejilla enrojecida.
Ambos se miraron, mudos. Él no se esperaba esa reacción, y ella no sabía cuál sería la reacción de él.
Resolvió que le daba igual, y salió dispuesta del dormitorio. Aligeró la marcha conforme las lágrimas se agolpaban en sus ojos ¡Qué sola se sentía! ¡Si sus amigos estuvieran allí, entre todos ya habrían encontrado la manera de salir!
Atravesó el jardín y se dejó caer en un banco, allí se estaba en paz, entre el verdor de la naturaleza.
En un árbol un pájaro carmesí la observaba.
¡Por fin he terminado este capítulo! ¿Os ha gustado? Espero tener pronto el siguiente, la historia está llegando a la parte que más ganas tenía de escribir.
