RECUERDALO TÚ LE AMAS
Capitulo 4: Una amistad que nadie deseaba
Por: Okashira Janet
-¿Entonces no te moriste Aoshi Shinomori?-
-Ah…- el joven de ojos azules parpadeó –Trate de resistir y volver pero estaba muy herido…-
-¡Aoshi no bromees con ella!- Sanosuke aún herido se levantó enfadado –Viene del pasado y a lo mejor en aquella época había un tipo parecido a ti, así que no te diviertas a su costa-
-Si amigo- Kenshin le susurró por lo bajo –Tiene amnesia, no deberías jugar con eso-
-¡No!, ¡Esperen!- el muchacho dio un paso atrás pasando saliva –Yo no quería decir eso, ni siquiera lo pensé, salió solo de mi boca- sus amigos lo observaron frunciendo el ceño, lo que decía el joven estudiante de kenpo no parecía muy creíble pero por otro lado Aoshi no era el tipo de persona que gustaba gastar bromas.
-¿Pero si eres Aoshi Shinomori?- Misao se puso lentamente de pie, ahora observaba al joven con cierta curiosidad y algo de escepticismo, la verdad en el primer impacto había pensado que se trataba de su tutor pero viéndolo bien… ese chico no debía tener más de 19 años, no era tan alto como el antiguo Okashira, tampoco tan musculoso y su mirada no era la fría que ella recordaba.
-Sí, ese es mi nombre- el muchacho se acercó a ella tendiéndole la mano, no sonreía pero sus ojos parecían mirarla interesados.
-Esto es extraño…- Misao aceptó la ayuda, un leve rubor en sus mejillas, hacía más de cinco años que no veía al joven ninja pero ese joven frente a ella ¿Sería el mismo que recordaba?, ¿Sería el genio Aoshi Shinomori?
-Pido perdón en nombre del idiota de Sanosuke por este accidente- Enishi se cruzó de brazos y alzó una ceja.
-No hay problema- la chica sonrió –Fue divertido-
-Estará loquita- el peliplateado ladeó la cabeza –Cualquier otra chica estaría temblando de terror en estos instantes-
-Lo que sea, lo mejor será volver cuanto antes- el pelirrojo abrió la puerta del automóvil, atrás se fueron los chicos y Misao se sentó adelante, cada vez la noche era mas profunda -¿Crees que amerite hospital Sanosuke?-
-¡Que va!- el muchacho gruñó apretándose el hombro –Vamos con Genzai y asunto arreglado-
-¡Allá los alcanzo!- luego de cerciorarse que la moto estaba en condiciones Enishi levantó una mano y arrancó en ella despidiéndose.
-¿Se rayó mucho?-
-Creo que se rompió un espejo-
-Shishio-sensei te va a matar- y mientras Sanosuke se quejaba y Kenshin le reprochaba su cabezonería tanto Aoshi como Misao guardaban un profundo silencio, el primero demasiado avergonzado y confundido como para decir palabra ¿Por qué le había dicho esas cosas a la chica?, ¿Por qué su boca había cobrado vida propia?, ni siquiera tenía un significado, no entendía que era lo que lo había obligado a hablar así, nunca antes le había pasado. Poniendo la mano sobre el frío vidrio el joven se concentró en observar las luces de los carros que pasaban a su lado, ahora que su corazón no latía con tanta fuerza y que sus pensamientos no estaban tan revueltos se preguntaba ¿Qué demonios estaba pasando con él?, ¿Por qué tanto interés en una simple muchacha que ni siquiera conocía?, en primera instancia no se había preocupado por la intensidad de sus sentimientos pero ahora… ¿Por qué tanto interés en una desconocida?, él no era la clase de persona que se enamoraba a primera vista… es más, que él recordara nunca antes se había enamorado y menos con tal intensidad y sus sentimientos, esos que llevaban tanto tiempo guardados y que de repente despertaban con la fuerza de un volcán… lo atemorizaban, lo confundían, porque él no era la persona correcta para intentar amar, él no había nacido para eso ¿En que estaba pensando cuando había intentado que ella conociera su existencia?, ¿Qué era en realidad lo que estaba buscando?
-¡Aoshi que me ayudes a bajar!- reaccionó cuando como ultimo recurso Sanosuke le soltó una patada gruñendo porque le dolía mucho el hombro -¡No te traigo de adorno, te traigo para que me cargues!-
-Ni que fuera tu chica…- el joven gruñó, la luz de la luna iluminándolos tenuemente y en el momento de decir "tu chica" sus ojos buscaron los de ella, pero la joven pareció sobresaltarse y giró la mirada al parecer incomoda.
-Son las nueve quince- Kenshin consultó su celular y luego giró preocupado a ver a Misao –Si te apresuras probablemente llegues a los dormitorios de las chicas sin que nadie lo note, ahora que si quieres que te acompañe…-
-¡No hay problema!- la joven negó nerviosamente y Sanosuke frunció el ceño, podría ser un idiota para muchas cosas pero se había entrenado afanosamente desde que era un chiquillo para entender el idioma de las mujeres y el comportamiento de Misao solo significaba una cosa… quería alejarse lo más rápido posible de ellos.
-¿Segura que estas bien?- Aoshi adelantó un paso pero para ella fue como si hubieran dado la orden de salida.
-¡Sí gracias, nos vemos, mejórate Sanosuke!-
-Ah…- el castaño puso ojos de puntito apoyado sobre el hombro de Kenshin –Buenas noches Misao- pero ya la figura de la chica solo era un punto en la distancia.
-¡Si que corre!- el pelirrojo sonrió de medio lado, del otro lado Aoshi apoyó calladamente a su amigo sobre su hombro –Y se ve que se llevan bien-
-La nena es genial- el castaño sonrió ampliamente y empezó a cojear a la enfermería del instituto apoyado en sus amigos, al parecer el hombro no era lo único que se había dañado.
-Me sorprende que no se haya asustado con esa situación- el pelirrojo soltó un suspiro.
-¡Te digo que es genial!- Sanosuke volvió a gritar contento y entonces Aoshi apretó los dientes sin pronunciar ningún comentario ¿Por qué sentía ese malestar al escuchar a Sanosuke hablando de ella?, ¿Por qué le entraban ganas de dejar botado a su amigo y largarse a encerrar en su cuarto?, las emociones que esa chica despertaba en él no eran normales ¡Pero si apenas la conocía!, ¿Cómo podía una completa extraña inmiscuirse así en su vida?
-¡Ea idiotas!- los tres muchachos saltaron ante el grito y Enishi pasó a toda maquina montado en la moto dejándoles de recuerdo una nube de humo.
-Será imbecil…- el castaño entrecerró los ojos –Con tanto ruido va a despertar a medio instituto-
-Solo recen porque no lo oiga Saito- y así los tres siguieron su lenta marcha.
Pero mientras los muchachos avanzaban penosamente a la enfermería Misao se había metido a su cuarto por la ventana y daba vueltas nerviosas por toda la habitación como un león enjaulado, sentía un montón de cosas dentro de su mente y no sabía que era lo que debía hacer.
Pensamientos confusos, ideas retorcidas, se dirigió a su cama y tomó un pequeño espejo que estaba junto al tocador, observó su rostro, los ojos grandes y azules, los labios carnosos, el cabello negro azabache cayendo sobre su frente, la piel blanca, tenía diecisiete años, ya no estaba la quemada que se había hecho en las islas Amakusa durante la rebelión cristiana, ya no estaba la enorme cortada que le atravesaba el estomago producto de un intento de homicidio, ya no sentía los músculos cansados y el cuello doblado.
Por primera vez desde que había llegado a ese nuevo lugar se inspecciono a fondo, se quito la falda, la playera, las calcetas, observó su cuerpo semidesnudo tendida en su cama, bajo la luz de la luna recorrió centímetro a centímetro toda su piel, los pies ágiles, las rodillas aún con las recientes cicatrices de infancia, las piernas musculosas, los muslos atrayentes, el vientre firme, los senos que aún no crecían del todo como dos toronjas suaves pero al mismo tiempo duros en su lugar, la cintura estrecha, las caderas que apenas empezaban a ensancharse, el largo cabello cayendo sobre la almohada.
Y entonces se echó hacía atrás y soltó un largo, profundo y sonoro suspiro, sentía el corazón latiendo alocado dentro de su pecho, el aire helado de la temporada entraba de a pocos por la ventana que había dejado abierta pero no sentía deseos de cubrirse, no sentía deseos de pararse y cerrarla.
Solo sentía deseos de sentir y de recordar.
Tragó saliva y con una mano sintió sus pechos, suaves, firmes, tan pequeños y a la vez tan eróticos, esa ya no era la Misao de 31 años, era nuevamente la jovencita de diecisiete, pero al aceptar cambiar el pasado no se había puesto a pensar en las consecuencias, no le importaba perder el cuerpo trabajado y sensual que tenía como Okashira, tampoco le importaba que sus amigos no la recordaran en esa nueva época, no le interesaba tampoco darse cuenta que en esa era casi todo le era desconocido.
Pero había una cosa que la había impactado, había algo que ahora le hacía derramar silenciosas y confundidas lagrimas sobre su almohada, algo que no tenía previsto, algo que no entendía, que no comprendía. Aoshi Shinomori.
Ese hombre que siempre había sido la sabiduría y la experiencia, el genio, el inalcanzable, el que siempre había visto casi como un Dios, un hombre superior, una figura adulta… ahora era un simple niño…
El pensamiento le causaba tanto gracia como malestar, cierto que seguía teniendo esa mirada un tanto fría y se notaba a leguas que no era del tipo platicador pero el mote "Aoshi-sama" en un chico como él sonaba ridículo, ese Aoshi del futuro no era y nunca sería el Aoshi del pasado, el Aoshi del pasado no se hubiera mostrado tan condescendiente con ella, el Aoshi del pasado la hubiera amonestado por arriesgarse, la hubiera visto desde su inalcanzable altura y quizás, solo quizás y como muestra de aprecio le hubiera acariciado al descuido la cabeza.
Pero este nuevo Aoshi no era aquel ser inalcanzable, este nuevo Aoshi no era tan alto, este nuevo Aoshi daba explicaciones a los demás y dejaba traslucir sus emociones como un adolescente más, ese Aoshi…
-Pero entonces…- haciéndose un ovillo sobre el colchón la joven se mordió los labios, el viento seguía entrando cada vez con mayor fuerza por la ventana –Si no es él… ¿Por qué cuando le pregunte si no había muerto me ha dicho eso?- pero como nunca había sido buena para pensar en descifrar enigmas cerró los ojos y soltó un suspiro, en momentos como ese le hubiera gustado tener la experiencia y sabiduría de cuando era una verdadera Okashira.
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Kaoru con la ropa en brazos, la mochila al hombro y una cara de total desconsuelo patinó frente al pasillo y tocó de mala forma la puerta del cuarto de su amiga, se había quedado dormida nuevamente, es que eso de despertarse temprano definitivamente no era lo suyo, por eso cuando se casara se aseguraría de encontrarse un marido bien atento que se levantara antes que ella y le preparara el desayuno, no importaba si luego ella era la que se mataba para conseguir el dinero.
-¡Misao-chan!- la joven kendoka golpeó a la puerta con insistencia -¡Misao-chan que se nos ha hecho tarde!- pero de la jovencita ni las luces ¿Sería que tenía el sueño más pesado que ella?.
-¡Misao-chan!-
-¿Problemas con la nueva?- una joven de cabellos castaños y rostro amable preguntó a modo de saludo y Kaoru se tuvo que obligar a sonreír viéndola alejarse por el pasillo.
-Eso parece… ¡Misao-chan!- ya bastante desesperada giró el pomo de la puerta, era bastante inusual pero había bastantes estudiantes que no le ponían seguro a la puerta… al parecer Misao era de ese tipo.
-¡Misao-chan que te…!- pero entonces se quedo petrificada en la puerta, todo su ser se volvió blanco como la ceniza e irremediablemente se le salió la sangre por la nariz, su compañera de cuarto dormía solo con la ropa interior, tenía el delgado cuerpo bien trabajado y sin un solo gramo de grasa, la imagen que ella estaba contemplando sería la locura para todos los chicos del instituto.
-Mi-Mi-Misao-chan…- tartamudeó de pena, no es que fuera muy pudorosa pero realmente ver el cuerpo de su nueva amiga casi como Dios la había traído al mundo si que le causaba impresión.
-Ah…- solo entonces la jovencita empezó a despertar, la verdad se había desvelado mucho la noche pasada.
-Misao-chan se nos hizo tarde, lamento haber entrado a tu cuarto pero…-
-No hay problema- aún sin saber muy bien de que iba la cosa la chica se estiró sobre la cama lanzando un bostezo –Me hubiera puesto algo para dormir pero la ropa que me dio Tokio-san no creo que huela muy bien a estas alturas-
-¡Cierto!- los ojos azules de Kaoru resplandecieron –Aparte de ese cambio de ropa y el uniforme del instituto no tienes nada más que ponerte-
-Oye no lo digas así- buscando la playera holgada y poniéndose el short negro en el proceso la joven se frotó los ojos aún medio adormilada.
-Si quieres hoy no prepares comida pero hay que apurarnos- la kendoka entonces la tomó del brazo colgándole la mochila al hombro –Le diré a Tokio-san que necesitas ir de compras, pero eso será luego-
-Ah…- y sin más se vio arrastrada nuevamente por su amiga escaleras abajo.
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-Llegas tarde- lo primero que escuchó Misao al entrar en la cocina fue la voz ruda de Enishi que la observaba con el ceño fruncido.
-¿No le toca a otra persona hacer la comida?- la joven entrecerró los ojos, el peliplateado nunca había sido de sus favoritos.
-Le tocaba al idiota de Sagara pero como comprenderás no puede hacerlo en estas condiciones-
-Me sorprende que hayas tomado su lugar- la joven soltó un suspiro –No me pareces la clase de persona que actúa por pura bondad de su corazón-
-Aciertas- sonriendo de medio lado el joven la observó fríamente –No tienes que hacer nada, he preparado la comida de los seis-
-¡¿En serio?!- sus ojitos azules se abrieron grandes de la emoción -¡Lamento lo que dije antes, eres un pan de Dios Yukishiro!-
-Pero te la daré solo con una condición-
-Retiro lo dicho, eres un maldito…- sus ojos se entrecerraron, si sería tonta para confiar aunque sea un segundo en el buen corazón del canoso.
-Escucha, tú eres hasta el momento la única amiga de Kamiya Kaoru-
-¿Y eso que?- su estomago hizo ruido y empezó a buscar por las estanterías algo para comer, encontró una lata de vidrio que tenía un atrayente dibujo de una fresa, con esfuerzos intentó abrirla.
-Las clases de hoy terminan a las tres de la tarde, después de eso solo tenemos tiempo para ir por las cosas de las practicas vespertinas-
-¿Y…?- esa estupida lata de vidrio no se abría, ni siquiera sabía que tenía adentro pero esa cosa se enteraría de quien era Misao Makimachi.
-La comida entonces se la zampan los estudiantes entre clases, la condición para darte la comida es…-
-¡Porquería ábrete!- demasiado enfrascada en su pelea personal Misao gruñó dispuesta a darle un triple combo de puñetazos al endemoniado frasco pero justo en ese instante Enishi se lo arrebató de las manos y con un "clic" giró la tapa y se lo volvió a entregar abierto.
-¡Ah, gracias!- metió su dedo en la frutilla molida y luego se lo llevo a la boca, en un momento su cara pasó a convertirse en una de completa fascinación ¡Con que eso era la mermelada de fresa!, era por mucho el mejor invento de todo el 2009.
-Eso es antihigiénico- el joven habló pero sin mostrar el menor signo de interés, la verdad lo que hacía o dejaba de hacer esa niña loca lo tenía sin cuidado, lo único que le interesaba era que sirviera a sus fines.
-¿Qué es antihigiénico?- con ambos dedos dentro de la boca y el frasco de mermelada cerca de la mitad la chica giró a verlo parpadeando.
-Entonces a las doce, entre la clase de Biología y Seminario-
-¿A las doce que?- pero por toda respuesta Enishi soltó un suspiro y la sujetó del brazo arrastrándola hacía los baños, había que ver lo que un hombre llegaba a hacer para conseguir sus propósitos, tener que hacer de niñera de una amnésica despistada.
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-Muchachos, como bien saben este ultimo semestre llevan la especialidad de laboratorio- Misao sentada sobre un banco miró con detenimiento a su profesora de Biología, le resultaba conocida pero no recordaba muy bien de donde.
-Como tal formaremos equipos, en esta materia son libres de hacer equipo con quien quieran, pero deben ser ocho en total-
-¡Nos lleva!- Kaoru lanzó un gritito –Ocho y tu y yo solo somos dos- Misao columpiando los pies en el banco que quedaba demasiado grande para ella giró la vista hacía donde Sanosuke le hacía señas llamándola con una sonrisota en la cara.
-Sanosuke nos esta hablando-
-¡Ah!, ¿Querrá que hagamos equipo?- la kendoka ladeó la cabeza.
-¡Jou-chan, nena, por aquí!- el karateka palmeó los bancos vacíos de su mesa y las jóvenes parpadearon para después sentarse con ellos, Aoshi estaba en la orilla de la mesa, tan alejado y taciturno que Misao se dijo con un escalofrío recorriéndole la espalda que ahora si que le recordaba a su tutor.
-Será genial si se unen a nosotros- Kenshin les sonrió amablemente –Cuando se arma un equipo de puros hombres acabamos haciendo tamaños desastres que mejor ni pensarlo-
-Y peor si Sanosuke-kun esta con ustedes- Kaoru giró a ver a su amigo con ojos acusadores –Es un flojo y no hace nada-
-¡Jou-chan!- el castaño gimoteó.
-Aún nos faltan dos para completar el equipo- Misao giró la vista a su alrededor y luego sonrió nerviosamente –La verdad es que no conozco a nadie así que eso se los dejo a ustedes-
-¡Chicos ya no!- Sanosuke y Enishi coincidieron cruzándose de brazos, la verdad es que eran muy celosos con su grupo de amigos de cuatro y no dejaban que nadie más entrara.
-Bueno…- Kaoru giró la vista, no es que hubiera mucha gente disponible.
-La chica ruda esta sola- Enishi le susurró por lo bajo a Kenshin –Trata de unirla, seguro que a ti te hace caso-
-¡Oro Enishi!- el pelirrojo sonrió medio nerviosamente –Esa chica y tú siempre están de la greña, ¿Estas seguro de que es buena idea?-
-¡A esa fiera yo la domo!- Sanosuke alzó un puño victorioso.
-Bien, lo que sea…- dando un suspiro el joven estudiante de kendo caminó desganadamente hacía donde una chica atlética de cabello verde apretaba sus libretas contra su pecho al parecer sin interés de unirse a ningún equipo.
-Todavía nos falta uno- Misao observó a Kaoru.
-¿Por qué no Sayo-chan?- la kendoka señaló a la joven de largo cabello castaño que justo en esos instantes llegaba al laboratorio y parecía realmente pérdida con tanto ajetreo.
-¡Sí, es guapa!- los ojos de Sanosuke brillaron -¡Yo me hago cargo!- y sin agregar más zampó carrera sin notar que Misao se había quedado completamente helada, a lo lejos podía ver a Sanosuke abordando a la muchacha, tratando de ser amable, ella lo observaba con sus ojos claros, con el cabello castaño recogido como antaño. A su mente llegaron entonces un montón de imágenes pasadas, momentos que ya creía haber olvidado, la batalla contra Amakusa, Kenshin que se quedaba ciego, Sanosuke que se enamoraba y perdía casi al mismo tiempo a su amada, la chica que moría entre sus brazos…
-Hola- sin darse cuenta la castaña ya se había sentado a su lado, saludándola amable y educadamente.
-Hola- le contestó casi como autómata, demasiado sorprendida y aturdida como para reaccionar.
-¿Eres Sayo-chan verdad?- Kaoru si que parecía animada en serio –Creo que escuche por ahí que eras la hermana menor de Amakusa-sensei-
-Sí, es mi hermano- la joven sonrió, sus ojos parecían dulces y calidos –Y tú eres Kaoru-chan, hace ya una semana que entraste y hasta ahorita estamos hablando-
-Si que pena- Kaoru rió encogiéndose de hombros.
-Y tú eres Misao-chan- la aludida dio un salto.
-¡Ah!- sintió un par de ojos clavados en ella y giró la vista, cuando su mirada se encontró con la de Aoshi él se hizo el desentendido.
-¿Es cierto que Tokio-san te secuestro?-
-Algo así…- sonrió nerviosamente.
-Muy bien muchachos guarden silencio- la voz de la maestra al frente del salón –Llevaremos a cabo las practicas en este laboratorio, quiero que todos traigan bata y…- siguió hablando y Misao apoyó la barbilla sobre su mano observando de reojo a Aoshi, era extraño, no lo comprendía, terminarían siendo compañeros de equipo todo ese semestre, la idea le causaba emoción y al mismo tiempo dudas, ya suficiente había sufrido su corazón en el pasado ¿Volvería a hacerlo en el futuro?
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-¡Hora de comer!- Sanosuke gritaba eufórico como si el hecho fuera todo un acontecimiento.
-No le hagan caso, es medio infantil- Kenshin sonriendo amablemente ladeó la pelirroja cabeza frente a las dos muchachas que a su vez le respondieron una sonrisa que más parecía una mueca, se habían sentado todos en el patio trasero haciendo una rueda sobre el pasto, Aoshi no hablaba nada y recargaba la espalda en el tronco de un árbol, Enishi se había sentado al lado de Kaoru, Sano al de Misao y Kenshin pasaba la comida, eso le trajo a la joven ninja buenos recuerdos del pasado, en esa escena solo faltaban Megumi y Yahiko para que se hiciera un perfecto cuadro del dojo Kamiya.
-¿Cómo vas con las clases?- nuevamente el pelirrojo se centró en Misao, la verdad de esa manera lograba quitar un poco de su cabeza el nerviosismo de hallarse al lado de Kaoru.
-Pues más o menos- la jovencita saco de su traste un filete y lo inspecciono como si se tratara de alguna cosa extraña que no atinara a comprender del todo.
-Es comida extranjera- sin dejar de comer Enishi dirigió una fugaz mirada a la chica.
-Pues que rara-
-¡Si algo se te complica puedes pedirme ayuda!- Sano infló el pecho con orgullo.
-Ese te dejaría peor que ahora, es un Tori-Atama total- nuevamente Enishi fue el autor de tan crueles palabras y el castaño se giró a él con los ojos llameantes.
-¡Claro que no!-
-Claro que sí, te pondré las cosas claras- el peliplateado se giró a la chica alzando una ceja –Sanosuke es un completo idiota, yo no me preocupo mucho por las clases y aunque soy inteligente las materias ni me interesan-
-Ah…- en la frente de la chica surgió una gota de sudor, de verdad que Enishi seguía siendo tan sincero y creído como lo recordaba.
-Si tienes problemas en clase Kenshin es tu respuesta, estudioso, amable, inteligente-
-¿Y Shinomori-kun como es?- no pudo aguantarse las ganas por preguntar por él, la situación que estaba viviendo era completamente diferente a la vivida hace tantos años, en esta ocasión aunque él no la recordara ella sabía como era él en realidad, llevaba ventaja.
-¿Aoshi?- el peliplateado alzó una ceja y giró hacía su amigo quien parecía ligeramente sorprendido porque preguntaran por él (aunque el "ligeramente" en Aoshi consistía en simplemente alzar un milímetro la ceja).
-Bueno Aoshi es algo serio- Kenshin giró los ojos al cielo y puso una mano bajo su barbilla –Ahora que lo pienso fuera de nosotros no le habla a nadie, las chicas lo persiguen pero él pasa de todas-
-¿Eh Aoshi, no serás homosexual?- Sanosuke preguntó con una gran sonrisota y el mencionado gruñó dándole la advertencia de que no quería mas idioteces acerca de su persona.
-Es cierto, hasta este instante no había oído la voz de Shinomori-kun- Kaoru parpadeó comiendo lentamente su ración –Es un joven muy callado-
-Y taciturno- Kenshin asintió con la cabeza.
-Y sombrío, a veces me da miedo- Sanosuke también apoyó al pelirrojo asintiendo repetidamente con la cabeza.
-Y tan mortalmente aburrido en ocasiones…- Enishi alzó los ojos al cielo.
-Dejen de hablar de mí como si no estuviera presente- el joven gruñó, una venita latiendo en su frente y entonces (y para asombro de todos) Misao pegó un gritito.
-¡Ao… Shinomori-kun parece enojado!-
-Si bueno…- Sano sonrió nerviosamente –Si tus amigos están diciendo pestes de ti supongo que cualquiera se molesta un poquillo-
-Pero…- la chica se giró a él, sus ojos azules observándolo con una alegría que al joven le volteó el estomago al revés sintiendo como su corazón palpitaba –Me había parecido que era incapaz de demostrar sus emociones, pero ya veo que no-
-¡Claro que no!- Sanosuke tomó a su amigo por el cuello poniéndole el rostro morado –Nuestro buen cubito de hielo es en realidad un hombre bastante pasional solo que en privado-
-Eso no suena bien- Kaoru alzó nuevamente los ojos al cielo, en su mente cuatro chicos que dormían juntos y…
-¡Que no!- Enishi entrecerró los ojos –Allá Sanosuke y sus depravaciones-
-¡Ey que a mi las que me gustan son las chicas!- el castaño se abrazó a si mismo y luego sujetó a Misao por la barbilla observándola con galantería -¿A que sí?-
-Es hora de regresar a clase- Aoshi se puso de pie rompiendo el momento entre Misao y el castaño, los demás lo siguieron sin poner reparos pero dentro de él surgía con mayor fuerza la duda, eso que sentía hacía ella ¿Sería amor?
Instituto Shinsengumi 8:00 p.m.
-¡Estoy muerto!- después de una pesada sesión de karate y luego de un muy frío baño Sanosuke se dejo caer sobre el sillón de la sala común y Misao se dejo caer a su lado, ambos aún con el cabello húmedo y muy adoloridos.
-Hoy Anji-sensei se veía medio raro- Misao observó el techo –Sé que lo conozco relativamente poco pero me pareció que su cabeza estaba en otro lado-
-Sí, yo también lo noté- el castaño estiró los brazos, el cuerpo calido de Misao a su lado se sentía muy bien, tanto que como al descuido rodeó con su brazo sus hombros, dejando que su pequeña cabeza reposara sobre él.
-Sano…- ella dudó por un momento pero luego soltó un suspiro y cerró los ojos recargándose sobre su hombro.
-Los demás no vendrán en un rato, es raro que Anji-sensei nos haya dejado salir antes-
-Siento que algo le preocupa- la chica frunció el ceño –Pero como lo conozco tan poco no sé de que se trate-
-Yo tampoco lo conozco de hace mucho tiempo pero es como si su presencia me pareciera conocida de toda la vida… ¿Es extraño?- el muchacho arqueó ambas cejas.
-No, te entiendo…- guardó silencio un momento, tenía muchas dudas y no es que Sanosuke fuera a resolvérselas pero… él era el único que creía en ella.
-¿Por qué?, ¿Lo has sentido también?-
-En el pasado…- ¿Sería prudente decírselo? –Te conocí a ti, a Kaoru, Enishi, Kenshin, Aoshi…-
-¡¿En serio?!- de tan emocionado la giró para verla a los ojos -¡¿Viví contigo hace más de cien años en la era Meiji?!-
-Bueno conmigo, conmigo, lo que se dice conmigo pues no- el rostro de la joven se había puesto morado –Pero éramos amigos-
-¡¿En serio?!- al parecer no se desilusionaba fácilmente.
-Aunque no nos llevábamos muy bien, tú siempre querías pelear y yo también, pero tú siempre decías que yo solo molestaba y les complicaba las cosas-
-¿De verdad?- ahora ya sin la sonrisa alegre en la boca parecía medio confundido.
-Sí, aunque de repente hacíamos cosas juntos, planeábamos hacerle la vida de cuadritos a alguien o cooperábamos para…- ¿Sería malo contarle que en el pasado ellos dos esperaban con ansías el día que Kaoru y Kenshin terminaran juntos?
-¿Entonces nos llevábamos bien, no?-
-De repente- la chica frunció el ceño –Aunque la mayoría del tiempo nos decíamos de cosas y si soy sincera al principio no me caías muy bien que digamos por tu manera ruda y descortés de tratarme ¡Incluso me llamabas por un apodo!- recordando el insufrible "comadreja" el aura de la chica se elevó hasta el infinito.
-¡Ah!- él entonces alzó un dedito feliz -¡De seguro que eso lo hacía porque me gustabas!, era mi modo de…-
-No, no creo- ella cortó rápidamente su inspiración poniendo cara de circunstancias –De hecho tu te enamoraste locamente de una chica que he descubierto que esta en este mismo instituto-
-¡¿A sí?!- sus ojos chocolate brillaron emocionados -¡¿Y quien es?!-
-Sayo Amakusa- la chica ladeó la cabeza –En el pasado vivieron un corto, hermoso y trágico romance-
-¿Sayo Amakusa?- él a su vez frunció el ceño y volvió a rodearla por los hombros juntándola hacía él como una enorme almohada a la cual abrazar para despejarse.
-La quisiste mucho- la joven ninja empezó a intentar zafarse por falta de oxigeno.
-Pero, es imposible- el joven soltó un poco su agarre, sus facciones parecían extrañadas, como si algo se le escapara –Es cierto que es bonita, pero siento que es demasiado noble, no se si me entiendas, parece tan frágil que si quisiera que me siguiera el ritmo se quebraría, además…- parecía apenado al agregar la ultima palabra.
-¿Además?-
-Pues que le gusta a Shozo-kun y no es de compañeros andarse bajando a la novia-
-Pero no es su novia-
-¡Pero como si lo fuera!- el castaño sacudió su cabeza -¡Se la pasa suspirando por ella, la mira todo el tiempo, le manda mensajes secretos!, y lo peor de todo es que seguramente ella no sabe que él existe-
-¿No se conocen?-
-Sí- el castaño torció la boca –Creo que se conocieron de niños, Amakusa-sensei se hizo cargo de Shozo-kun porque lo encontró abandonado en una calle, pero para Sayo-chan de seguro que el chico es como un hermanito-
-Que extraordinario- los ojos azules de la joven brillaron encendidos –Es completamente igual que en el pasado, la misma historia-
-¿De verdad?-
-Sí, la historia del pasado se repite en el futuro-
-¡A ver, a ver!- el castaño saltó feliz y luego se apuntó a si mismo con un dedo -¡Dime cual es la historia de mi vida!-
-Ya te dije que no nos llevábamos muy bien- la joven entrecerró los ojos –Y además tú eras muy cerrado con tu vida personal, estoy segura de que ni siquiera Kenshin pudo averiguar gran cosa con respecto a eso-
-Ah, que mala, debiste haber investigado más sobre mí, de seguro que a mi antiguo yo le hubiera gustado que se interesaran en él-
-No creo, además para intereses que lo hicieran Sayo o Megumi-
-¿Megumi?- el rostro del joven se volvió de piedra –No te referirás a…-
-En el pasado existía una chica llamada Megumi Takani- los ojos de la joven giraron hacía él –Te la llevabas fatal con ella y siempre se estaban peleando pero ella te curaba gratis la mano y tú veías que no le pasara nada-
-¡Que horror!- el rostro del muchacho se puso azul -¡Esa kitsune no me puede dejar en paz en ninguna vida!-
-¿Esta ella aquí?- el rostro de Misao se veía realmente alborozado.
-No deberías alegrarte por ver a esa tonta- el muchacho entrecerró los ojos –Si te interesa seguimos llevándonos fatal con la diferencia de que ni ella me cura ni a mi me interesa lo que le pase-
-En el pasado tenía la leve sospecha de que te gustaba un poco- la jovencita puso un dedo bajo su barbilla.
-¡Ni dios lo mande!- el joven se abrazó más a ella –La que me gusta eres tú-
-Ya te dije que de quien estabas enamorado era de Sayo Amakusa- intentó sacárselo de encima pero él se pegó como lapa.
-De todas formas me sigues gustando- y justo en ese momento apareció él en la puerta.
-Ah…- los colores de Misao se le subieron al rostro como si fuera un tomate maduro, Sanosuke la estaba abrazando por la cintura, ambos con ropa para andar en casa, con el cabello humedecido, la cosa no pintaba para nada bien.
-¡Aoshi!- sin soltarla el castaño levantó una mano sonriendo –Anji-sensei nos dejo salir antes ¿Tu maestro también?-
-Tendrás problemas con Saito si tú y tú nueva "amiguita" siguen haciendo semejantes cosas frente a quien quiera verlo- su voz fría hizo especial énfasis en "amiguita".
-¡Oye!- como impulsada por un resorte Misao saltó de lo más enojada -¡No estábamos haciendo nada!-
-Díselo a quien te crea- la voz de él fría, sus ojos observándola con dureza, como si de alguna manera lo estuviera traicionando, como si ella debiera darle explicaciones.
-Oye Aoshi, ¿Qué te pasa?- sintiendo la tensión en el ambiente el castaño intentó sonreír aunque algo forzado.
-Solo digo que si quieres llevarte a tu amiguita a la cama háganlo donde nadie los vea-
-¡Serás idiota!- nunca ese hombre la había ofendido de tal manera, ni en el pasado ni nunca, recordaba la ocasión en que casi había matado a Okina pero ni siquiera esa vez le había dicho cosas tan crueles.
-Mira niña, no me hables de esa manera porque…- pero ella no era mujer de palabras, era mujer de golpes y no la clásica cachetada, le soltó un puñetazo en el estomago que por el hecho de no esperar lo mandó hacía atrás con los ojos bien abiertos.
-¡Mira idiota, no se que pasa contigo, pareces una persona diferente cada vez que te veo, no tienes ni el derecho ni el deber de decirme nada acerca de cómo llevo mi vida!- sus ojos azules temblaban con rabia, estaba llevando a cabo el teatrito "te acabo de conocer ayer y de seguro estas loco" pero dentro de ella se agitaban un montón de ideas, Aoshi, por lo menos el que ella conocía solo se dejaba llevar por sus emociones cuando algo le importaba sobremanera ¿Sería que ella le importaba?
-Aoshi no se que pasa contigo pero aléjate de ella- Sanosuke medio tembloroso por lo que acababa de presenciar tomó a la chica de la mano y la puso tras él, nunca antes había visto a su amigo comportarse de tal forma, él no era la clase de muchacho que ofendía a otras personas y menos a una mujer.
-Ni que fuera la clase de hombre que golpea a una tonta- el joven alzó una ceja, arrogante, fría –Solo lo decía porque si Saito vuelve a verte haciendo el tonto te pondrá un castigo y ya sabes como se las gasta-
-Es verdad- el castaño se paso una mano tras la nuca más relajado –Pero por favor no digas cosas como esa de ella, me importa en serio- "me importa en serio", "me importa en serio" esa frase se quedo repiqueteando en la mente de los dos jóvenes llenándoles de dudas el cerebro y dejándoles un hueco en el estomago.
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-¡Y luego el muy idiota dijo que si queríamos acostarnos que no lo hiciéramos frente a los demás o alguna estupidez así!- Misao daba vueltas y vueltas furiosa por su habitación y Kaoru ya en pijama y medio aturdida intentaba en vano calmarla.
-¡Y para rematar le dijo a Sano que solo estaba pensando en su bienestar!-
-Bueno Misao, tranquilízate por favor- la joven kendoka puso en su cara una graciosa mueca de desesperación ante la terquedad de su amiga –Es cierto que te dijo cosas muy feas pero me resulta completamente increíble creer que Shinomori-kun haya echó algo así-
-¡Pero te digo que lo hizo!-
-Bueno, sí y te creo, pero algo extraño debe haber tras de todo esto ¿No?, el hecho de que te haya dicho eso tan directamente ¿No será que se ha sentido celoso?-
-¿De mí?- la chica se apuntó con un dedo –No es como si fuera a quitarle la atención de Sanosuke, además que se ponga así por otro chico me resulta extraño y me da miedo- (por no agregar que la traumaba y le daba nauseas).
-Sé que esto sonara raro pero ese grupo de chicos son muy celosos de su intimidad-
-¿Cómo?-
-Verás- Kaoru se puso un mechón de cabello tras la oreja –Son los mas guapos, famosos y asediados del instituto, salen a cada rato en la tele, ganan muchos torneos y tienen a todas las chicas tras ellos, hasta ahora los mujeriegos siempre habían sido Yukishiro-kun y Sanosuke-kun, pero había un limite-
-¿Limite?- la ninja se inclinó hacía delante.
-Las chicas no podían entrar a ser parte de ellos, eran amores vacíos de un momento, para pasar el rato-
-¿Las usaban?- en el rostro de la chica se pintó el horror, en el pasado usar a una mujer para luego desecharla (aunque solía pasar) no era bien visto por la sociedad.
-Bueno, no tanto como que las usaran- la joven kendoka frunció el ceño ¿Cómo darse a entender con esa jovencita que decía venir de cien años atrás? –La relación se daba porque las chicas accedían, ellas sabían que solo sería por un rato-
-Eso no suena agradable-
-Bueno, nunca lo he intentado así que no sabría decirte- la joven se encogió de hombros y Misao sonrió, de seguro que su amiga seguía creyendo en un único amor verdadero como antaño.
-¿Y entonces?-
-Bueno entonces has llegado tú y su mundo colapso, Sanosuke te lleva de paseo, nos invita a su equipo, nos deja comer con ellos…-
-¡Hey pero si tú también te has colado en su retorcido mundo!- la joven la apuntó acusadora con un dedo.
-Ya, pero…-
-¡Entonces Shinomori-kun también debería desquitarse contigo!-
-Bueno, no lo desearía- la joven se abrazó a si misma poniendo ojillos de miedo –La verdad Shinomori-kun es un chico muy imponente y me da miedito su presencia de hecho casi siempre siento escalofríos cuando estoy cerca de él, será guapo y lo que tu quieras pero es mejor a la distancia, yo no sé como hay chicas que se atreven a hablarle y confesarle sus sentimientos si él solo alza siempre una ceja y…- la joven detuvo su monologo existencial y se giró a ver a su amiga nerviosamente –En resumidas cuentas espero que no me diga nada porque yo no quería colarme en su grupo en primera instancia-
-Ahh- Misao se dejo caer de sentón en la cama –Hay una cosa que he querido preguntarte, ¿Te gusta Yukishiro-kun?-
-Es guapo- la joven kedoka se dirigió a la puerta y la abrió para irse a su habitación no sin antes voltear y guiñarle un ojo –Le dije a Tokio-san y ha estado de acuerdo en que mañana vayamos de compras, nos acompañara otra chica que según dicen es una genio-
-¿Y Himura-kun, te gusta él?-
-Es amable, mañana después de clases- y sin más le hizo un gesto de despedida con la mano y cerró la puerta, ella por su parte se dejo caer sobre su mullida cama soltando un suspiro, mucho se temía que "guapo" le ganaba por mucho a "amable", las cosas en esa época estaban saliendo algo chuecas.
Instituto Shinsengumi 2:00 p.m Portón de salida
-¡Nena y ya sabes!- Sanosuke zangoloteaba a Misao de un lado a otro riñéndola con un dedo –Nada de hacerte amiga de la kitsune, solo van de compras y ya, háblale lo menos que puedas-
-Sano que es tu enemiga no la mía- Misao ya con los ojitos en forma de espiral intentó zafarse del agarre de su amigo.
-Se esta tardando- Kaoru giró a ver su reloj de pulsera, les habían dado permiso en sus respectivos clubs para ausentarse ese día pero aún tenía tarea de calculo.
-Y tú también Jou-chan, no dejes que las agarre la prensa-
-No somos tan famosas como ustedes- la jovencita soltó un suspiro.
-De cualquier manera cuídate- Enishi que hasta ese momento se había pasado el rato recargado en un árbol con los brazos cruzados se giró a verla intensamente.
-Ah…claro…- el sonrojo fue inevitable.
-¡Esa kitsune!- el castaño alzó un puño feroz al cielo por la tardanza y en ese instante se escuchó la arrogante voz de una chica.
-Solo un Tori-Atama puede gritarle al viento-
-¡Serás!- pero lo que era Misao se quedo impactada, los mismos labios rojos de antaño, los ojos negros y arrogantes, el cuerpo perfecto, estatura alta, piel de diáfano, era ni más ni menos que la perfección personalizada en su uniforme escolar, con la falda negra plisada dejando ver un par de hermosas piernas.
-Mi nombre es Megumi Takani-
-Kaoru Kamiya-
-Misao Makimachi- ambas inclinaron la cabeza en señal de saludo y respeto pero Sanosuke se cruzó de brazos.
-Y ya lo sabes nena, no hagas confianza con la kitsune-
-Con quien no debería hacer confianza es contigo- la chica volvió a erguir la cabeza sonriendo con satisfacción –Haré que esta chica se de cuenta de lo que pretendes y te dejara en un dos por tres-
-¡¿Qué has dicho?!- y mientras esos dos peleaban y Misao observaba todo reviviendo viejos tiempos Enishi le sonrió a Kaoru y le hizo un gesto de despedida con la mano, era increíblemente sexy con su saco azul abierto y la camisa blanca medio desabotonada frente al ligero viento que despedía al invierno y Kaoru se dijo a si misma con horror mientras le devolvía el gesto que de seguir jugando a algo tan peligroso terminaría enamorada de ese chico y ella no era de las que gustaban ser amor de un rato y mucho menos amor compartido.
………
…..
…
..
.
Era imposible, Aoshi no podía concentrarse en su práctica, le tocaba sesión de kung fu pero hasta el momento solo había servido como saco de boxeo para su maestro, sin embargo no podía reprocharse su falta de atención, no.
Su mente estaba demasiado lejana, metida por completo en la noche anterior, en la escena en la sala.
¿Cómo es que había sido tan estupido?, ¿De donde habían salido esas hirientes palabras?, le parecía al volver la vista atrás que no era él quien había hablado sino otra persona extraña que se había apropiado de su cuerpo, de su mente y de su alma.
¿Por qué esa crueldad?, ¿Por qué esos desmedidos celos?, aún recordaba el día anterior como si lo estuviera viendo en cámara lenta, había salido temprano de su practica porque en el ultimo momento habían llamado de urgencia a su profesor, molido, cansado y bastante sudado había corrido a darse un frío baño ¿La razón?, habían quedado de verse todos en la sala de estar y platicar un rato, bueno, de hecho quienes habían armado el show habían sido Sanosuke y Enishi pero Kenshin y él por ser parte del grupo también habían quedado invitados.
Tenía que estar presentable, no podía llegar sudado y oloroso, tenía que verse bien para ella… y entonces se bañó lo más rápido posible, corriendo había dejado sus cosas en su casillero y luego ya con mas calma se había dirigido a la sala, seguro que ella aún no estaba, la practica de karate solía acabar tarde… o eso era lo que pensaba.
-De todas formas me sigues gustando- la voz de Sanosuke, él parado en la puerta como un reverendo idiota, ellos abrazados en el sillón, tan cerca uno del otro que solo les faltaba unos centímetros para alcanzar el anhelado beso, sí, porque eso era lo que iban a hacer, lo que planeaban hacer hasta que él los interrumpió.
Solo unos segundos fueron necesarios para que su cuerpo se llenara por completo de ira, no sabía como reaccionar, quería separarlos, quería herirlos, quería sacudirla a ella y gritarle que reaccionara, pero Sanosuke era su amigo, no era como si fuera a ponerse a golpearlo de la nada y ella… ¡A ella la acababa de conocer!, las palabras le salieron solas de los labios, cada frase era como una espina de dolor y de satisfacción en su alma, pero ahora estaba arrepentido, mortalmente arrepentido.
-Bien Shinomori, ya me harte de golpearte, si seguimos así tu "linda" cara ya no podrá salir en las marquesinas-
-No me interesan las marquesinas- el muchacho habló con su habitual voz fría.
-Y a mi no me interesa un alumno que esta en la luna, ¿Es por la niña no?-
-No se de que me esta hablando- su corazón latió con fuerza, maldito fuera Saito por inmiscuirse siempre donde no lo llamaban.
-Menudo renacuajo, soy tu maestro no debes intentar engañarme, desde que esa enana ha llegado te la pasas haciendo el burro-
-Lamento no estar concentrado, no se volverá a repetir-
-No digas cosas que no podrás cumplir- pasándose una toalla por el cuello el hombre de ojos dorados se secó el sudor –Las mujeres son como la plaga y no se van de tu cabeza hasta que pones las cosas en orden-
-¿Experiencia propia?- el tono de sarcasmo era casi nulo pero con una experiencia como la suya el director supo descubrirlo.
-¿Por qué crees que me case con Tokio?, era eso o matarme y aprecio mi vida, le di permiso a la renacuaja para ir de compras, deben estar en el distrito Sakeda-
-¿Por qué me dice esto?- el joven se puso en guardia.
-Serás lento, para que vayas por ella-
-No le veo el caso a…-
-La cuestión mi estupido alumno es que no es una sugerencia, es una orden-
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Misao se estaba divirtiendo de lo lindo, el centro del 2009 era una completa pasada, todo era tan luminoso, tan lleno de color, había tanta gente y en cada esquina descubría inventos nuevos, maquinas mágicas, música, olores, sensaciones, voces, sentía que se perdería en ese mundo de locura, que todo daba vueltas y ella reía con ello.
Además algo no había cambiado en todos esos años, al parecer Kaoru y Megumi seguían sintiendo el inmenso placer por las compras de antaño, habían recorrido un montón de tiendas e igualmente le habían comprado un montón de ropa, pantalones estrechos de una tela rara que restiraba, blusas que se metían por la cabeza y no necesitaban atarse con nada, listones para el cabello, más de esa ropa interior que después de probarla resultaba tan cómoda.
Incluso después de rogar bastante había conseguido que Megumi le soltara dinero para comprar un morral y unas sandalias muy parecidas a las que ella tenía en el Aoiya, según Kaoru todo el dinero que gastaban provenía del Instituto pero a Misao no le importaba de donde viniera siempre y cuando sirviera para comprarle tantas cosas tan extrañas.
-¡Mira que lindo Mp3!- Kaoru se detuvo frente a un puesto observando con anhelo una cosita pequeña con el estampado de un monito muy gracioso, a Misao le pareció lindo pero no entendió todo eso de información, memoria, música y cosas raras que ambas muchachas le atribuían a la pequeña cajita, medio aburrida por estar ahí parada sin nada que ver de pronto descubrió a un señor que anunciaba un "bello despertar" la chica se arrimó a observar y se encontró con unos pajaritos que en realidad no eran tal cosa porque se encontraban muy duros pero cantaban como si lo fueran.
-Solo aprieta este botón y cantaran para ti- había dicho el señor y ella lo hizo ¡Eran realmente graciosos! Y le gustaron tanto que pensó en volverle a rogar a Megumi para que se lo comprara, pero cuando giró ya ninguna de las dos chicas estaba.
-Que mal- haciendo una mueca con la boca giró a ver un punto alto desde donde pudiera verlas, no muy lejos vio un templo al que se llegaba por una larga escalinata, seguro que desde ahí arriba veía algo.
Corriendo y canturreando se dirigió hacía el lugar pensando en su mente que aquel sitio no existía hace cien años y que de seguro a Aoshi le hubiera gustado conocerlo, aunque no a ese nuevo Aoshi tan grosero sino a su tutor.
-¡Hey niña!- giró la vista medio indignada, mira que llamarle niña cuando ya tenía sus buenos diecisiete años y era casi una mujer.
-Es raro ver a una pequeña tan linda y sola como tú por aquí- el hombre que la veía era alto, su abrigo parecía caro su sonrisa era realmente perturbadora.
-No soy tan pequeña- volvió a fruncir el ceño, el hombre la vio de arriba abajo, los ojos grandes, hermosos y azules, las piernas delgadas pero bien formadas y apetecibles, los senos pequeños pero perfectos para él, le encantaban las niñas, le fascinaban por entero.
-Cierto, cierto, ya eres bastante mayorcita- Misao ladeó la cabeza sin comprender, ¿quien entendía a ese hombre?, era muy extraño y no le caía bien, mejor dejarlo de lado.
-Hasta luego- subió de golpe dos escalones pero él la sujetó del brazo sin quitar de su rostro la sonrisa perturbadora.
-¿Por qué no vienes un momento conmigo?, tengo algo que podría gustarte-
-No gracias, tengo prisa- le sonrió y trató de seguir caminando pero él no la soltó.
-Pero muñequita, no debes de apurarte tanto, te prometo que conmigo te divertirás-
-Óigame, creo que esta medio loco y quiero que me suelte-
-Mira nena- metió la mano en su abrigo, una flamante pistola hizo su aparición apuntándola directamente –Eres una niña y no quisiera asustarte así que mejor lo hacemos por las buenas y…- Misao no le estaba prestando atención, solo veía la pistola, detestaba esas cosas, un buen ninja podía morir a manos de un idiota que tuviera esas cosas en la mano y estuviera lo suficientemente fuera de su alcance… pero para buena suerte de Misao este sujeto estaba a su alcance.
-¡He dicho que me suelte!- y acto seguido le torció el brazo, lo tiró al suelo y le pateó el rostro dejándolo inconsciente al instante -¡Cuando una dama le este diciendo que la suelte usted debe…!- pero no pudo terminar la frase porque entonces dos musculosos brazos la sujetaron con fuerza y se vio hundida de lleno en el musculoso pecho de una persona, un joven que olía a madera y a incienso.
-¡¿Estas bien?!, ¡Dime que estas bien!- Misao a duras penas pudo separarse un poco de él para poder verlo a la cara.
-Shinomori-kun…- estaba tan sorprendida que por un momento hasta se le olvido respirar.
-¡Me he asustado tanto!- el joven la volvió a abrazar, Misao podía sentir su corazón latiendo como loco con la oreja pegada a su camisa.
-Shinomori-kun, no ha sido nada yo…-
-¡No vuelvas a enfrentarte así a un tipo con una pistola!- el joven la tomó por los hombros, sus ojos azules fijos en ella.
-¿Y que quería que hiciera?- ella entrecerró los ojos –Esperar a que me violara o algo así, no gracias-
-Esperar a que yo llegara, estaba tras él-
-No siempre estará usted ahí…- con sorpresa se dio cuenta de que le estaba hablando de usted como si se tratara de su tutor y no de un simple muchacho.
-¡Sí estaré!- las palabras le salieron tan impulsivas que no pudo hacer nada para evitarlas y com consecuencia se vio en un aprieto –Porque yo…- volvió a tomarla de los hombros, su rostro volvía a parecer frío –Lamento mucho lo que dije ayer, no sé porque lo hice y la verdad, me gustaría mucho que pudiéramos ser amigos, no soy tan malo como te lo hice creer-
-¿Amigos?- la palabra parecía no tener cabida en su cerebro, Aoshi en el pasado había sido muchas cosas para ella, su tutor, su sueño imposible, su amor platónico… pero jamás hubiera podido considerarlo como un amigo.
-Sé que te estoy pidiendo algo irracional después de lo que te he dicho ayer cuando estabas con Sanosuke pero…-
-Me parece bien- ella lo cortó sonriéndole –Ser amigos me parece bien- y mientras ella dibujaba una sonrisa en su rostro él sonreía interiormente, cierto que ser amigos no era lo que ninguno de ellos había planeado, cierto que ser amigos era dejar de lado cualquier oportunidad de amor y de romance, pero ser amigos aunque no lo habían deseado… parecía algo que podía llegar a ser agradable.
Notas de Okashira Janet: Bueno, aquí estamos de nuevo, me he aventado la segunda parte de este capitulo en una sentada y me duele la espalda, a ser sincera escribir este fic es de lo mas divertido porque solo tengo que pensar un poquito en mi vida de estudiante y la cosa esta lista, aunque por ahí veo muchas referencias a Karekano, es que me he visto ese anime y me ha encantado (aunque el final te deja con cara de ¿Qué es esta porquería? Pero para pasar el mal trago existe el manga)
Ahora, no sé como agradecer el apoyo que he recibido, a sido de lo más bonito y hermoso que me ha podido pasar, definitivamente mil gracias a: GABY-L, gabyhyatt, kunoichi Karla, Lilith Hastelin, Misao91, Bruja, Shumy, Rinoa Shinomori, , Gabe Logan, cindy-jhonny, Natsumi Niikura, Origett y King of All Cosmos.
Aunque ha sido un poco arriesgado al parecer a todos les ha gustado que Enishi y Sanosuke estén metiendo su cuchara en los romances (incluso hay quienes apoyan más a estos dos) personalmente me agradan bastante. Por otro lado todos coinciden en que el principio desolador estuvo a punto de sacarlos del fic (doy gracias a dios por poner la advertencia de que así serían las cosas solo al principio), también alguien me dijo que Saito de estudiante hubiera sido una bomba, la verdad pensándolo quizás y si hubiera estado bueno pero ya es demasiado tarde para retroceder.
Pero en fin como no todo es miel sobre hojuelas también tengo que hablarles sobre un review que recibí de una chica registrada como Blanca, ella se veía (leía en este caso supongo) muy pero muy molesta porque dice que he plagiado con este fic a otro que esta en esta misma pagina llamado "Roomate", si les soy sincera yo no había leído el fic del que me hablaba esta chica y la razón es muy sencilla, antes de escribir esta historia yo detestaba los universos alternos, de hecho empecé este proyecto justamente para agarrarles cariño y la verdad que me ha ido muy bien porque he leído en estos días unos fics que realmente me han gustado como "4 hermanos" y "Misao una chica en apuros" pero bueno, el caso es el siguiente, si alguien quiere comprobar si es cierto lo que dice esta chica les recomiendo que busquen el fic de Roomate y juzguen por ustedes mismos, espero y todo esto termine en un simple mal entendido, en fin, como siempre ustedes tienen la ultima palabra.
Me despido porque estoy en época de exámenes así que es posible que me tarde un poco en actualizar, besos Ciao
27 de Febrero del 2009 Viernes
