Give your heart a break
Sting podía recordar ese día a la perfección. Era imposible olvidar la primera vez que Rogue había accedido salir con él. Sin embargo, ese no era el motivo principal de porque esa fecha en particular había quedado grabada en su memoria.
"Nunca me enamoraré" habían sido su expresión exacta en el instante previo. Y lo que en el aquel entonces le habían parecido palabras de absoluto desaliento, ahora que comprendía la razón tras ellas, simplemente sentía la aflicción que conllevaban.
Rogue estaba demasiado roto. Había sido decepcionado demasiadas veces en el pasado, y el que ya accediese a salir con el resultaba prácticamente un milagro.
Ese era el motivo por el que lo sentía tan distante. Perfectamente podían estar al lado que Sting lo sentiría a años luz en lo referido a intimidad. Y sabía que su única oportunidad de acercarse era hacerle saber que no sería como los demás. Pero era imposible si no quería comprender.
Resultaba absurdo hacerle saber que no quería lastimarle, si el otro estaba indispuesto a escuchar. Al igual que intentar ganarse su confianza, si no estaba dispuesto a desligarse de sus temores.
No obstante, Sting no podía remediarlo. No importaba cuantas veces Minerva insistiese en que 'lo dejara ser'. Sting no podía evitar esa constante necesidad de hacerle saber que estaba ahí. Que lo único que deseaba era su felicidad. Que más que nada ansiaba vivir por su causa.
Pero necesitaba una oportunidad. Una sola. Por más diminuta e insignificante que pareciese. Sólo una ocasión que le permitiese demostrar todo eso que sentía y desde hace tiempo guardaba por miedo a abrumarlo. Pero aún debía de darse una oportunidad para querer.
Sí, seguían siendo jóvenes. Y sí, aún tenían toda una vida por vivir. Sin embargo, esta tenía fecha de caducidad, así qué ¿por qué habrían de desperdiciar el tiempo?
Aún podía recordar cierto domingo, en que había marchado a casa en completa soledad. Rogue no había querido mirarle directo a los ojos, pero él había podido distinguir que sus lagrimales no paraban de gotear. Intentó comunicarse con el por todos los medios, pero jamás quiso contestar.
No había nada que pudiese negarle. Ni siquiera el mundo mismo, si así lo quisiera. Pero aún rehuía de tomar su mano, como si tuviese miedo estar cometiendo un error.
¿Podría no sentirlo? Esa sensación de correspondencia cada vez que sus labios se tocaban. Cada vez que sus corazones latían como si de uno se tratase. Aún si lo hacía, continuaba escapándose vez tras vez de sus brazos.
Porque había sido roto antes, podía verlo en sus ojos. No había disfraz que capaz de ocultar lo que yacía tras ese mirar.
Aún así, Sting se creía capaz de atenuar el dolor. No de suturar la herida por completo, y mucho menos de borrar el pasado. Pero sí de llenar el presente de tanta dicha, que tendría voltear por completo para rememorar las desventuras del pasado.
Pues en su mirada podía ver como algo había cambiado. Que ya no se encontraban en el mismo lugar en el que habían iniciado. Que le había sido posible obtener un sitio en su corazón, fuese o no temporal.
Ahora se creía capaz de cuestionar aquel "Nunca me enamoraré".
