Un encuentro casual

Ino Yamanaka siempre había estado convencida de que Kiba Inuzuka sólo se había casado con ella porque estaba embarazada. Y eso quedó confirmado cuando Kiba se marchó del pueblo para perseguir el sueño de convertirse en piloto de carreras en cuanto ella perdió el niño. Ino había seguido adelante con su vida desde entonces. Se mudó a la gran ciudad y se convirtió en organizadora de bodas, ayudando a las novias a tener el gran día que ella no pudo tener. Imagina su sorpresa cuando al mirar hacia el pasillo de la iglesia durante una ceremonia se encuentra con los ojos de su marido. ¡Un hombre del que no había vuelto a saber nada en siete años!

CAPÍTULO 4

Ino sabía que la visita de Kiba sería inevitable. Pero verlo en la boda no la había preparado para aquel beso. ¿Por qué la había besado? Esa pregunta había estado dando vueltas en su cabeza desde que los labios de su marido rozaron los suyos. ¿Cómo se atrevía a actuar como si hubiera algo entre ellos? ¿Cómo se atrevía a despertar recuerdos que estaban mejor enterrados? El beso se había quedado grabado en su mente y ella deseaba que no fuera así. ¡No quería saber nada de Kiba Inuzuka!

Pero desde que lo vio en la ceremonia sabía que querría hablar con ella. Y cuando sonó el teléfono el lunes alrededor de las diez, estaba resignada a lo inevitable.

-Te invito a comer -dijo Kiba, sin más preámbulo.

-Estoy ocupada.

-No lo estás. Intentas evitarme.

-Ah, ¿Cómo me has evitado tú a mí durante los últimos siete años? -preguntó ella, con su voz más dulce. Pero le sudaban las manos de los nervios. Quería gritarle por lo que le había hecho. Pero una parte de ella quería oír lo que Kiba tenía que decir, saber qué había sido de su vida. Durante unos días, unos días maravillosos, Ino había pensado que compartiría esa vida con él.

Pero nunca más volvería a dejarse engañar por los halagos de un hombre. Tenía los pies en la tierra y jamás volvería a abrirle su corazón a nadie que pudiera rompérselo.

-Tenemos que hablar.

-El momento de hablar pasó hace años. ¿Para qué me llamas? ¿Quieres algo? -preguntó Ino, negándose a pensar en el beso.

-Quiero verte -contestó él, en voz baja, seductora.

Ino recordó cuánto le gustaba su voz cuando era una niña. ¿No había aprendido nada desde entonces?

-No hay ninguna razón para que nos veamos.

-Eres mi mujer, esa es razón suficiente.

Ella respiró profundamente, deseando que su corazón latiese a ritmo normal.

-Muy bien, entonces comeremos juntos. Pero no será una comida larga, tengo muchísimo trabajo. Agosto es un mes importante para las bodas y tengo que coordinar siete más antes de que termine.

-Como invitado, debo decir que la boda de Naruto y Hinata me pareció perfecta.

-Mientras los novios piensen lo mismo... eso es lo importante -Ino no pudo evitar sentir cierta punzada de orgullo. Si se quedaba en Tokio el tiempo suficiente descubriría que su esposa, que entonces era una adolescente, se había convertido en una mujer de negocios muy competente. Una mujer que no lo necesitaba para nada.

¿Saber eso representaría algo? No para su matrimonio, eso había terminado mucho tiempo atrás.

-Iré a buscarte a la una -dijo él, antes de colgar.

Ino se echó hacia atrás en la silla, jugando con el lapicero. Tres horas hasta la una. ¿Podría prepararse en tres horas? Debía mostrarse tranquila, segura de sí misma. Podía hacerlo. Y luego le diría adiós y desaparecería durante otros siete años. O más.

Aquella vez, sabía lo que debía esperar. Kiba no era un hombre de palabra, no era capaz de comprometerse con nadie. Kiba Inuzuka vivía para sí mismo. Y nadie sabía eso mejor que ella.

Por un segundo decidió fantasear... quizá iba a pedirle que fuera con él al circuito de Fórmula Uno. Ino se echó a reír. Eso no iba a pasar.

Pero, ¿para qué querría verla? ¿Para hablar de los viejos tiempos? ¿O para dar por terminada aquella farsa de matrimonio?