Maldiciones útiles.

El rostro de Gretel lucía extraño con su sonrisa cínica. El gesto era peligroso, divertido pero parecía mover los músculos incorrectos, como si se hubiese olvidado de cómo sonreír de la manera correcta. Helga levantó el mentón todo lo que pudo y observó el fino cuello, su prima lucía completamente diferente cuando se recogía el cabello, exponiendo no solo su blanquecina piel, toda ella se transformaba en alguien menos sádica y más imponente. También unos años mayor, sí, pero no solo era eso. En realidad, con el cabello recogido lucía como una chica bastante popular, ególatra, del tipo de chica que saltaba en el asiento trasero de algún descapotable, propiedad de un deportista ricachón de una preparatoria privada. Nunca había notado eso, hasta ese momento, la alemana se veía bien, accesible pero aun imponente. El reflejo parecía burlarse de ella. Gretel parecía burlarse de ella. Pero de una forma diferente, distorsionada y algo aterradora.

- No puedo creerlo. –susurró y era extraño escuchar a la alemana sin su fuerte acento decir las palabras que ella había dicho.

Dos horas atrás, mientras escoltaba a Gretel hacia el local de Big Bob en un sábado, para que trabajara por puro placer y gusto de hacerlo, las dos rubias habían colisionado con una joven mujer, latina. La verdad es que no se habían disculpado con ella y ni siquiera la habían registrado como ser vivo ¡Pero habían estado peleando! ¿Cómo esperaba alguien que recordara los buenos modales que Arnold había insistido en inculcarle si estaba gritándole a su prima? Obviamente la mujer pensaba diferente y… ¿Cuáles eran las probabilidades…? De todas las latinas de cabello negro y rizado que podían encontrar en Hillwood, habían golpeado a una con poderes mágicos.

Si Helga no fuese ella y no hubiese vivido todo lo que había vivido desde era una niña, le hubiese parecido una locura la maldición hasta la media noche que habían recibido. En un parpadeo Gretel y ella habían intercambiado cuerpos y sin la posibilidad de decirle a nadie sobre la maldición. Cláusulas, las maldiciones siempre tenían ese tipo de cláusulas ¿No? Una lección para entenderse, había dicho la Bruja, una lección para pensar en otra persona que no fuesen ellas mismas. La alemana había entrado en una pequeña crisis, nueva en todo ese asunto paranormal ¿Y ella? La había calmado, le había dicho que era mejor hacerse a la idea y actuar según los deseos de la Bruja para que las cosas no salieran mal. Por lo menos no se trataba de una maldición de un pueblo indígena perdido en el Amazonas ni un fantasma vengativo que buscaba asesinar cosas. Solo era un pequeño intercambio de cuerpos. Y solo era hasta media noche ¿El problema? Ahora era ella quien estaba en el baño privado de su padre, mirando el rostro de Gretel y sintiéndose en un Infierno personal.

- ¿Te encuentras bien? Me gustaría discutir contigo algo. –la voz de Big Bob resonó al otro lado.

El deseo de enviarlo a volar hizo que abriera la boca, pero recordó las crecientes amenazas de su prima. Si la alemana iba a jugar su papel como Helga Pataki, ella debía actuar como Gretel von Bismarck hasta medianoche. Y eso incluía…

- ¡Un momento! –gritó, lavándose las manos.

La vibrante risa de su padre la tomó por sorpresa y se detuvo casi en seco al oírlo tan contento.

- No intentes huir de esto, Gretel, te encerraste en mi baño, solo hay una salida. Así que esperaré todo lo necesario. No fue un movimiento muy astuto, señorita. –Big Bob sonó casi paternal, mientras se alejaba de la puerta.

¿Qué…?

Helga parpadeó y miró su reflejo una vez más. Todo eso era extraño. No tenía idea de qué iban a hablar, pero si era sobre celulares o contratos, estaría completamente condenada. El único tipo de economía que entendía era la que estaba alrededor del último libro que había publicado y solo porque su editor le había explicado todo de la mejor manera posible.

- Bien, tú puedes hacerlo. –se dijo, aunque era extraño escuchar a Gretel en un tono que buscaba ser tranquilizador- Solo… imagina que es una actuación.

Una obra de teatro o algo así. Sí, eso debía servir ¿Verdad? Helga respiró hondo y salió del baño, casi para estrellarse contra el vientre de su padre. Algo aturdida dio un paso hacia atrás y tuvo que morderse la lengua para no insultarlo ¿Qué hacía tan cerca? ¿Acaso no conocía el espacio personal? Maldita sea…

Pero fue peor…

Él volvió a reírse con tono burlón de ella… de Gretel, de… maldita sea, de ambas, si es que servía de algo.

- ¿Intentando escapar?

¿En serio su prima era capaz de huir de este tipo de conversaciones? Le costaba imaginarla huyendo, pero seguramente era porque la habían educado para no golpear a sus mayores, jefes ni familiares en rango de respeto. Así que al no poder atacar, se ponía en un rol defensivo y de retirada. Lo que le recordaba tener una seria conversación con su tío Klaus, su vida sería mucho más fácil si le hubiese enseñado a que en general no podía golpear, atormentar ni torturar a su familia. No solamente a los mayores a ella.

- Ni lo hubiese soñado. –respondió, esperando que su acento fuese lo suficientemente convincente.

- Si, claro… -Big Bob la observó con incredulidad y de forma algo tosca señaló su escritorio- Siéntate, tenemos que hablar.

¿Se había metido en problemas? No… ¿Se había metido en problemas Gretel?

Eso sí le costaba imaginarlo ¿El avariciosos de Bob regañaría a su sobrina por trabajar en exceso? Imposible. En cambio, ella, tenía bien en claro que nunca dejaría que alguien trabajara horas extras, ni que se dedicara por completo a un oficio sin tener una vida propia. No todo el mundo podía hacer malabarismos con su vida social y ella había visto las secuelas de la adicción de Gretel al trabajo en su día a día. Claro, Big Bob debía amar esa entrega, después de todo ambos se parecían en eso. Pero si Gretel no tenía cuidado, terminaría igual que su padre, descuidando a su familia por centrarse en los negocios.

Helga contuvo el aliento y se sentó, esperando que Big Bob rodeara el enorme escritorio y tomara su lugar pomposamente. Toda esa oficina con paredes y piso de madera, muebles de cuero y gran ventanal había sido idea de Gretel, tenía su sello de cómoda elegancia y estratégico control por todos lados. Pero Big Bob parecía adaptarse bien, con el traje a medida de tono plomizo y la corbata azul sobre la camisa blanco marfil. Lo hacía ver profesional, un hombre serio de negocios y por suerte ya no usaba esas hebillas gigantes que parecían a honor de los boxeadores. Pero por primera vez en mucho tiempo, Helga notó que su padre había envejecido, su cabello ya era casi completamente blanco y su piel había perdido mucha elasticidad. A pesar de ser más joven que el Almirante, lucía mucho más desgastado, su vida de oficina y desmedidas ingestas en frituras y snacks habían hecho mella en su cuerpo. La barriga cervecera se disimulaba con el traje, pero todo su cuerpo tenía ligeras apariencias redondeadas. Si parara al Almirante junto a su padre, hubiese jurado que el primero era el más joven. Pero no era solo eso, Bob lucía cansado, como si estuviese perdido en el ritmo de vida que vivía y había algo de melancolía en sus ojos. El bárbaro guerrero de negocios parecía estar en su cuesta final y eso no tenía sentido.

- ¿Y bien?

Helga parpadeó pero rápidamente adoptó la mirada de ingenuidad fingida que Gretel sabía hacer, abrió sus ojos en grande y puso una expresión de inocente sorpresa.

- ¿Si…?

Dios, eso era tan extraño.

Big Bob enmarcó una ceja y se apoyó sobre su cómoda silla, observándola fijamente por varios segundos. Ella mantuvo la expresión, sabía que era algo terriblemente fastidioso, pero así era Gretel, aun con la gente que respetaba, le gustaba jugar con la paciencia de todos para ganar poder.

- ¿Cómo esta ella?

¿"Ella"? ¿Era el juego de los pronombres ahora? Detestaba tener que hacer la obvia pregunta… una que de seguro Gretel no debía hacer.

- ¿Ella…? –y sonrió de costado, cínica, juguetona, como si lo estuviese haciendo a propósito.

Maldita Bruja latina y malditos sus rizos negros y mirada oscura ¿Por qué la había metido en eso? Lo peor era saber que el simple deseo de hablar al respecto era como golpearse con algo imposible y asfixiante. La única razón por la que estaba intentando actuar con naturalidad era porque no era lo peor que había vivido. Por lo menos no había fantasmas involucrados ¿No? Aunque la cara de frustración de su padre era muy aterradora, tanto como un fantasmas o casi.

- Helga. –respondió el hombre, en un ligero gruñido- Tú sabes de quién hablo ¿Cómo esta ella?

¿Qué?

No pudo disimular su sorpresa, sus pies se apoyaron en el suelo y casi se resbalaron sobre la madera. Sin desearlo, empujó su cuerpo y por ende la silla hacia atrás, creando distancia, sus manos se aferraron a los brazos recubiertos de cuero y sintió que sus ojos estaban por salírsele. Ya… Gretel le había dicho que Big Bob preguntaba por ella, que estaba preocupo y estaba haciendo un esfuerzo colosal para no sacarla de la Casa de Huéspedes y llevarla de vuelta con ellos. Pero… ¿En serio? ¿Era todo eso verdad?

- Ella está bien. –tosió ligeramente y acercó la silla, tomándose su tiempo para mirar el suelo- A ella le va muy bien, excelente.

El prolongado suspiro que escapó de los labios de Bob hizo que buscara su rostro. El hombre lucía agotado, mirando el techo meditabundo hasta que asintió varias veces.

- No lo dudo, es una Pataki. –hizo un gesto como si hilara algo en el aire- Bueno, una von Bismarck. Tú entiendes. Ella es una luchadora ¿Aún no quiere hablar conmigo, verdad?

- No… -negó, menos ahora que sabía que parecía normal que su prima le hiciera reportes ¿Semanales? ¿Mensuales? ¿Diarios…? Y ¿Qué le decía? ¿Cuántas cosas de su vida privada salían? ¿Trataban todo como algo clínico e impersonal o entraban en los detalles privados e íntimos? Dios, tenía tantas dudas- Aun no está lista para hablar.

- Pero lo estará. –Bob se levantó, tan de repente que su cómoda silla de cuero casi cayó hacia atrás- No fui un buen padre para ella. Solo hice lo que mi familia hizo conmigo, apoyé toda responsabilidad en Miriam, su madre, y yo mantuve distancia, porque era el proveedor de esa familia. Olga siempre necesitó más atención, es emocionalmente delicada, solo sabe dar lo mejor de sí misma si constantemente se siente apreciada. Helga es la fuerte, la independiente, no necesita que la miren y le repitan que es la mejor para saber que ella se merece el mundo. Pero obviamente me aferré demasiado en esa idea, era mucho más fácil para mí, mucho más cómodo. Al punto en que ella decidió tomar control de su vida, no depender de nadie, apartarse de nosotros. –se detuvo, la miró fijamente- Ya sé que debes estar cansada de escuchar esto. Y sé que no se lo vas a decir, no importa cuántas veces te lo pida. Entiendo, Gretel, que no quieres ser una intermediaria entre nosotros. Y si, tienes razón, debo hacerme responsable de todo esto, enfrentarme a las consecuencias de mis actos. Pero… -cerró sus puños, parecía agotado- no me juzgues por insistir en decirte esto y esperar que de alguna forma se lo hagas saber.

Helga abrió la boca para protestar. Ni siquiera sabía exactamente por qué quería hacerlo ¿Para decirle que toda niña necesitaba atención cuando era pequeña? ¿O que sabía que él era un obtuso con la interacción humana pero debió esforzarse? ¿Qué iba a refutarle? Bien parecía que él era consciente de sus pecados.

- Lo sé. Ella es terca, como yo y tomará su tiempo en intentar confiar en mi. Pero me alegra que estés con ella y la cuides. Lo sabes. –se sentó otra vez- Me leí su libro ¿Sabes? Lo compré, creo que hice que casi todos los empleados lo compraran. No lo sé. No acepta mi dinero, pero algo debía hacer. Miriam y yo estuvimos de acuerdo en firmar el permiso para que publicara con la editorial, Klaus no tuvo ni que discutir conmigo, era lo correcto. Pero hubiese querido hacer más, me hubiese gustado que ella me lo contara, no tener que hacer todo ese secretismo sobre los dones de mi propia hija. Y tiene talento. Aunque me tomó demasiado tiempo leer su libro, pero no es su culpa. Ya llevaba años sin tocar un libro.

Ella se sintió ligeramente mareada. Por suerte su lógica asaltó rápidamente ¿Cómo había obtenido la oportunidad de escribir con una editorial siendo menor de edad? Obviamente sus padres debían dar su permiso. El Almirante había hecho todo de forma que ella no se enterase, seguramente porque sabía que ella no hubiese seguido con eso si su familia estaba al tanto. Pero lo habían estado. Desde el inicio. Y silenciosamente la habían apoyado. Miriam ni siquiera había mencionado el asunto cuando hablaban por teléfono. No sabía si Olga lo sabía, porque si era así, era mejor actriz de lo que hubiese imaginado. Así que… seguramente ella no lo sabía. Toda esa información era demasiado nueva y confusa. Un sudor frío recorrió su espalda y cerró los ojos. A su padre le importaba ella. No era un invento de Gretel, Big Bob en verdad se estaba esforzando, a su forma, dándole espacio pero pendiente de ella. El perro viejo estaba luchando por aprender nuevos trucos. El peso en su pecho fue extraño, ansioso, nervioso y lleno de dudas ¿Debía confiar? ¿Era realmente necesario o bueno hacerlo? No quería desilusionarse. Ya le había pasado una vez, teniendo nueve años, que Big Bob se había esforzado por conectar con ella pero solo le había durado ese día. No quería volver a fracasar.

Pero… Gretel le había dicho que esto era verdad ¿Eso quería decir que las botas que había obtenido por navidad en verdad habían sido un regalo de él? No algo comprado por Miriam, sino algo que él había ido a buscar, basándose en sus gustos, en lo que conocía de ella… ¿Era verdad? Dios… Ella amaba esas botas. Su… padre… sabía lo que le gustaba.

- ¿Gretel?

Ella abrió los ojos y notó que estaba casi deslizándose al suelo por la falta de fuerza. Big Bob lucía francamente asustado y parecía a punto de saltar sobre el escritorio para atraparla.

- ¿Te encuentras bien? ¿No has dormido estos días? ¿Cuántas veces debo decirte que no debes venir si no estás en total capacidad?

Exactamente, ese era el problema con Gretel y su adicción al trabajo, se descuidaba del todo y terminaba enferma o desmayándose. No era de extrañarse que necesitaran más de una persona para vigilarla.

- Estoy bien… -y jadeó a propósito para instaurar más preocupación.

Ya, era una jugada sucia y cruel. Pero no quería quedarse ahí. Desde el inicio no lo había querido, pero ahora que tenía la opción de irse libremente, iba a aferrarse a esta. Además, era extraño mirar a Big Bob después de todo lo que había comprendido.

Así que no le extrañó cuando su padre le ordenó retirarse y la amenazó con enviar a los guardias de seguridad atrás de ella si es que volvía a aparecer su nariz por ahí hasta el lunes. No le extrañaba que tuviese que ser el tipo de amenaza que se necesitara con Gretel. En realidad, era un milagro que no dijera que llamaría a la policía, era de las pocas cosas que ponían nerviosa a la alemana. Al parecer, había escuchado cosas terribles sobre la ley y los extranjeros en Estados Unidos. Curioso.

Helga salió de la tienda con lentitud, en parte porque debía hacer el rol de enferma y porque necesitaba pensar. Nunca hubiese creído que su padre estaba tan preocupado por ella. En parte, había jurado que él se sentía aliviado de que se fuera. Él se había descrito bien, como un proveedor, la imagen masculina de un modelo familiar que no funcionaba ya. Distante, serio, que en parte todo el mundo se preguntaba por qué había decidido tener una familia en primer lugar. Pero al parecer todo ese cascarón rudo y distante era eso, algo que escondía una persona con bastantes dudas y limitado a la hora de expresarse ¿Quién lo diría?

- ¿No te suena familiar…? –se preguntó.

Y casi dio un brinco en su lugar al escuchar esas palabras venir de la voz de Gretel. Casi había olvidado que estaba en su cuerpo, que había sido maldecida. Helga observó las pequeñas manos de su prima, recortadas perfectamente para ser prácticas aunque ligeramente femeninas, sus uñas estaban pintadas con un rojo muy oscuro pero brillante, simpe y sin adornos. Tal vez Lila la había convencido de que se pintara las uñas, pero aún no había pasado a la fase de usar diseños elaborados y variados. Y hablando de… Helga sacó el celular de su prima y le puso sonido otra vez, como esta le había indicado. Al instante le saltaron múltiples mensajes, mientras caminaba de regreso a la Casa de Huéspedes. Los mensajes más recientes se trataban de Lila y con una sonrisa tramposa intentó leerlos ¿Tendrían ridículas conversaciones llenas de sobrenombres empalagosos? Oh… sería divertido averiguarlo.

- ¡Ah! –un grito escapó de sus labios cuando dos fuertes brazos la tomaron por atrás y antes de que pudiese defenderse, la pierna de su agresor se levantó hasta sentarla sobre esta y luego impulsarla hacia arriba.

En un parpadeo había sido levantada como una princesa, una mano en su espalda baja y otra descaradamente cerca de su trasero, rozándola con unos dedos por debajo de la falda que se había subido. Helga sentía sus piernas impulsadas hacia arriba y tenía la sospecha de que había altas probabilidades de que se cayese de cabeza si luchaba. La perruna risa de su atacante hizo que se relajara de inmediato y se recordó no enojarse. No podía hacerlo. Gretel le permitía este tipo de cosas ¿No? Will podía tocarla como quisiera, mantenerla tan cerca que era casi indecente y la alemana lucía dichosa con todo eso. Así que debía dejar que todo eso pasara.

- ¿Se puede saber qué haces afuera tan temprano? –le preguntó él, a la vez que besaba su mejilla como saludo y se quedaba ahí más tiempo del necesario.

Helga sintió su corazón dispararse y se dio cuenta que tenía las manos recogidas contra su pecho y el rostro ligeramente apartado ¿Qué demonios hacía él? Si, había visto este tipo de cosas, pero era diferente sentirlas ¡Totalmente diferentes! El pelirrojo tenía la mano tan arriba de sus muslos que era extremadamente consiente que sus dedos estaban tocando su trasero. Y otra cosa, Gretel usaba tangas ¡Tangas! Por primera vez en su vida deseó llevar un leotardo, por lo menos la prenda cubriría más su expuesta retaguardia y no sería tan consciente de que los dedos masculinos se estaban dando un festín con su piel expuesta.

Casi lo golpeó cuando notó que Will ponía su rostro sobre el suyo, inquisitivo ¿Qué hacía tan cerca? Dios… iba a infartarla ¿Cómo podía Gretel permitirle estar así de cerca? No ¿Cómo podía Lila permitir eso? No… Ahora que recordaba, Lila también era levantada así por el pelirrojo, también tenían ese tipo de intimidad, las habían acentuado después del viaje a Alemania ¿Eso quería decir que él también toqueteaba a la pelirroja de esa manera y actuaba de forma tan casual? No, definitivamente estaba tratando con Demonios. Todos ellos estaban mal de la cabeza.

- ¿Y bien?

- El tío Bob me envió a descansar. –rodó los ojos, de la forma en que imaginó lo haría Gretel.

Pero no funcionó, Will la interrogó con la mirada y la bajó despacio, sin apartar sus ojos de ella. Por un lado estaba agradecida pero ese era el problema de tratar con él. Ni siquiera Lila conocía tan bien a Gretel como lo hacía el pelirrojo.

- ¿Te encuentras bien…?

- No dormí bien después de terminar un videojuego. –se cruzó de brazos y apartó la mirada con cierto orgullo infantil, esperando estarlo haciendo bien- Tengo sueño. –lo miró y extendió sus brazos, sintiéndose ridícula- Llévame en tu espalda. –cerró y abrió las manos, esperando lucir tan mimada e incorregible como su prima.

Will solo negó, divertido, pero no lucía realmente convencido, él se quitó su chaqueta y se la amarró a la cadera de la alemana para que nadie viera bajo su falda. Así, ella se subió a su espalda y tuvo que aceptar ser llevada todo el camino de esa forma. Cuando lo notó tensarse, hundió su rostro en el cuello masculino y rozó su nariz contra la piel pecosa. Eso era terrible, ni siquiera tenía ese tipo de intimidades con Arnold cuando estaban en lugares públicos. Ni siquiera tenía ese tipo de intimidad cuando estaban solos ¡No así de fácil! Ella maldijo a Gretel por lo bajo. No importaba que la sensación fuese increíblemente confortable y la hiciera sentir segura. Aun así… era extraño. Si, podía entender porque su prima buscaba ese tipo de cercanía con Will o Lila, pero… ¡Seguía siendo raro! Muy… apremiante, dejándola increíblemente vulnerable.

Casi contuvo el aliento el resto del camino, escuchando a Will hablar sobre la última partida que había tenido con su clan. Al parecer, este clan era un grupo de chicos y chicas a lo largo del mundo con quienes jugaba diferentes géneros de videojuegos y a veces él se animaba a probar cosas de lo más curiosas con ellos. Por ejemplo, se escuchaba increíblemente animado sobre este juego de chicas con armaduras robóticas a las que se podía personificar y hacer lucir más atractivas. Ella apenas hizo un comentario o dos, fingiendo somnolencia porque ¿Qué iba a decirle? ¿Gretel se hubiese puesto celosa sobre estos personajes? No lo creía, tal vez Lila si pero ¿Y si se equivocaba? Tal vez ocultara sus celos atrás de bromas o preguntaría el tamaño de sus senos antes de enojarse. Dios… no tenía idea. Así que mejor jugar a la dormida que tener que lidiar con Will-cero-espacio-personal otra vez.

No le extrañó descubrir que el chico tenía llaves de la Casa de Huéspedes y que la familia de Arnold lucía increíblemente relajados sobre el tema. Ella siguió actuando hasta que llegaron a la puerta del departamento, donde Will la bajó. Bien, se había estado preparando para lo que vendría a continuación. Después de una larga respiración, abrió la puerta y se preparó para lo que seguiría.

Solo que no ocurrió nada…

¿No se suponía que Lila se lanzara sobre ella de forma ágil, dulce y cálida pero nada melosa? ¿Cómo siempre lo hacía cuando veía a Gretel?

Así que avanzó hasta escuchar una voz británica decir algo gracioso y tres diferentes risas unirse. Eso venía desde su dormitorio y supo de inmediato que Lila estaba con ella, bueno, con Gretel y Arnold en su habitación, viendo alguna película. A veces ellos lo hacían, en especial porque su novio se sentía mal de ver a la pelirroja sola. Así que avanzó hacia su habitación, para encontrarse a sí misma cómodamente acurrucada en el pecho de Arnold, con este visiblemente en el nirvana personal por tal muestra de afecto. Genial, Gretel no sabía actuar y su novio estaba tan feliz de tal cercanía que no sospechaba nada. Helga se hizo una nota mental de crear algún villano que hiciera feliz a la gente para que esta bajara la guardia. Obviamente ese era el camino más fácil hacia la dominación mundial.

- ¿Qué están viendo? –preguntó Will, asomándose.

- Una película británica de… -Lila se cortó al ver a su novia- ¿Ocurrió algo?

- La enviaron a descansar. –el pelirrojo sonrió- Al parecer no entiende lo que significan los descansos.

Gretel se sentó de golpe y le lanzó una significativa mirada. Ella negó ligeramente. No, el trabajo y Big Bob estaban bien, todo estaba en orden. Ya le explicaría después.

- Voy a descansar. –comentó, apartándose hacia el dormitorio de Gretel.

Ni siquiera pensó demasiado antes de lanzarse de cara sobre el colchón extremadamente cómodo y el edredón esponjoso que la recibió. Un suspiro de puro gusto hizo que abrazara la almohada más cercana. El plan era quedarse así hasta la medianoche y al demonio la idea de comprender a Gretel. Ya la comprendía bien, lo que estaba descubriendo eran cosas sobre sí misma y su vida, lo cual era aterrador. Cosas que no estaba segura de que quisiera saber.

- ¿Estas bien? –la voz de Lila sonó preocupada, mientras esta se subía a la cama, al parecer había entrado sin hacer ruido- No te has quitado la ropa…

Maldita Gretel y su manía de andar casi sin ropa para estar cómoda ¡Maldita fuese!

Lila se levantó, cerró la puerta y volvió junto a ella. Helga sintió su corazón martillarle. Ese era su más grande problema, el que había preferido por sobre pasar más tiempo con su propio padre. Pero el hecho de aceptarlo no lo volvía agradable ¿Lila iba a besarla? ¿Iba a querer intimar con ella de alguna forma? Gretel le había hecho jurar que no minara la seguridad de la pelirroja, que esta estaba esforzándose muchísimo para ser sincera y espontánea con sus expresiones afectivas, sin sentir culpa. Helga le había hecho prometer lo mismo a su prima, Arnold necesitaba sentirse seguro sobre sí mismo, así que no podía apartarlo. La única excusa buena sería decirle a él que tenía cólicos, eso haría que el buen chico se volviera un caballero y enfermero al mismo tiempo, dispuesto a cuidarla ¿El problema? Al parecer Gretel no sufría de ningún estrago durante su menstruación y esta no la limitaba para atender a Lila aunque no pudiesen intimar. Así que estaba condenada y tendría que buscar cualquier otra excusa. Porque obviamente la sexuada de su prima nunca había esquivado el contacto con su pareja. Nunca.

Lila se arrodilló junto a ella y la observó con duda. Helga por un momento no entendió que estaba esperando hasta que notó que la mirada esmeralda pasaba de su ropa a su rostro constantemente. La rubia se sentó y comenzó a desvestirse, intentando no sonrojarse y parecer natural. Ella no disfrutaba andar en poca ropa, prefería estar cómoda y vestida. Pero Gretel era otra historia y debía lucir como si se sintiese liberada de tener la puerta cerrada y poder quedarse en ropa interior antes de volver a su cama. Maldita Gretel, maldita fuese. Un suspiro lastimero escapó de su boca cuando quedó en una escandalosa tanga blanca casi transparente y rápidamente se metió bajo la colcha para cubrirse.

Y Lila la siguió, divertida, quitándose las sandalias y acercándose para abrazarla por la cintura.

No debía temblar.

No debía gritar.

No debía lucir aterrada.

- ¿Tienes mucho sueño? –le preguntó Lila, con voz suave, mientras sus dedos acariciaban su espalda suavemente, de arriba hacia abajo.

- Mucho. –susurró, luchando por sonar tranquila.

Helga cerró los ojos para no tener que lidiar con todo eso. Los dedos de Lila eran suaves y no hacían mucha presión. La otra mano pecosa le soltó el cabello y le hizo suaves masajes sobre el cuero cabelludo. Lila era protectora y suave, por suerte. Helga tuvo que admitir que era una sensación reconfortante estar tan cerca de alguien, sentir su corazón contra el suyo y estar rodeada por su calor. Aunque ese alguien fuese la señorita perfecta.

- ¿Quieres que me quite la ropa? –la pregunta de la pelirroja fue suave, sin ninguna insinuación- Aunque no quisiera soltarte. –admitió.

A pesar del miedo, la lógica en Helga le dijo que debía ser bastante común que entre su prima y Lila hicieran eso, se abrazaran completamente desnudas, confirmando el vínculo que las hacía fuertes a cada una de forma diferente. Pero ella no necesitaba eso. En realidad, estaba segura que saldría corriendo.

- No… -lo dijo despacio, para pensar bien sus palabras- No me sueltes. –pidió y la abrazó de vuelta, la atrajo a ella y se rogó que eso bastara ¿Eso haría Gretel, verdad?

Aun con su actitud tan fuerte y segura, era la persona que más necesitaba ser aferrada, cuidada y protegida.

Lila rio suavemente, confirmando su pensamiento y la estrechó con más afecto. Aun cuando no era la verdadera destinataria de esos sentimientos, se sintió cálidamente querida, envuelta en algo seguro y dulce, una especie de hogar invisible. Las manos de Lila no dejaron de acariciarla, de acunarla hacia un posible sueño.

- Hoy Helga fue más afectiva con Arnold. –susurró la pelirroja- Me hizo muy feliz ver eso.

- ¿Qué hizo? –preguntó y luchó por quitar su sorpresa en el tono de su… la voz de Gretel.

- No mucho, en realidad. No es tú, obviamente. –Lila mantuvo sus caricias, muy suavemente, una de sus manos llegó al cuello de Helga e hizo pequeños círculos justo ahí y la otra se mantuvo haciendo caminos suaves a lo largo de su espalda- Pero mantuvo el contacto con él, sostuvo su mano sobre el mesón mientras él charlaba conmigo y cuando vimos la película… bueno, ya viste, se quedó a su lado, cerca. Ya sé que para ti es poco, dado que tú eres todo contacto, pero significa mucho sentir el contacto del ser amado. Lo sé, es algo maravilloso. Y Arnold se veía feliz ¿Lo viste? Debes admitir que parecía a punto de ascender a un nivel astral de alegría ¿Verdad?

- Si… -murmuró, sintiendo que a pesar de haber mentido, el sueño estaba llegando a ella.

Lila era muy buena en eso de relajar a las personas. Ni siquiera era consciente que sería la primera vez que durmiese con tan poca ropa y abrazada a otra persona. Solo podía pensar en que era verdad, no la iba a matar esforzarse un poco más con Arnold. Ella amaba estar cerca de él y su contacto siempre era tranquilizador ¿Por qué no hacer lo mismo? Él se lo merecía.

- Me alegra ver que ella sigue creciendo…

Eso fue lo último que escuchó en la voz de Lila dado que cayó dormida de una forma extraña, oscura, como si estuviese suspendida en la nada. Helga sabía que estaba dormida, pero era como si su cuerpo no entendiese exactamente cómo hacerla soñar o tal vez no supiera qué tipo de sueño podía inspirar todo lo que había vivido. Aun así, la constancia de oscuridad, distante y al mismo tiempo cercana, la hacía sentir como si flotara, carente de dirección. La sensación de que el tiempo trascurría rápidamente le hizo sentir flotar, lejana.

Y el techo de su habitación apareció. Sin parpadeos, ni nada. Repentinamente la oscuridad se había disipado en un segundo y la imagen del techo de su habitación la recibió asustándola de muerte. Todo su cuerpo estaba recostado boca arriba, sus piernas estaban ligeramente ladeadas, sobre las de otra persona.

- …entonces Gerald dijo…

Y Arnold estaba a su lado. Helga se sentó y observó a su novio, recostado sobre su costado, mirándola y con las palabras congeladas en su boca cuando notó que ella lo observaba con sorpresa. En un parpadeo buscó su celular y confirmó la hora.

0:00

Una gran sonrisa se formó en sus labios y se lanzó sobre Arnold, besándolo lentamente. Él era cálido, suave, paciente, la tomó entre sus brazos como si nunca hubiese esperado algo tan dulce y correspondió su ritmo con dicha.

- Si querías que me callara pudiste decirlo. –el chico sonrió- Aunque no me molesta tu método.

Los dedos de Arnold acariciaron su perfil, lo hizo de forma manejable, como el aleteo de una mariposa y aun así fue increíblemente agradable y tangible.

- Te amo. –rodeó con sus brazos el cuello del chico y lo acercó a ella- Te amo tanto, cabeza de balón.

Y le gustó notar el sonrojo sorpresivo, los grandes ojos esmeralda brillar con sorpresa y el temblar bajo su agarre. Lo había sorprendido gratamente y Dios, que era agradable todo eso. Tal vez no hubiese entendido mucho sobre Gretel, más allá de su preocupación por ella, que era algo que sabía muy conscientemente, pero había descubierto mucho sobre sí misma y la gente en su vida. No iba a cambiar eso.

Nota de Autora: Yo sé que se esperaba algo más cómico alrededor de este tema ¡Yo también! Pero en el momento en que me puse a escribir la idea y justificar el cómo iban a actuar naturalmente sin gritar "¡Ah! ¡Nos cambiaron de cuerpo!" terminé con esta idea de que sería un excelente momento para que Helga entendiera más a Big Bob, que es algo que en la historia original no ocurre aun. Y no sé, me gustó la idea. Tal vez no fuese una cosa divertida, pero quería aclarar que el sujeto no es malo. No existe gente mala en si, en esta historia, aun los malos tienen una razón para serlo. Y por los Dioses que el pobre Big Bob no es malo. Por otro lado, era un buen momento para que Helga entendiera ciertas cosas sobre las dinámicas personales que tiene Gretel con Will y Lila. También que viera lo bueno de eso ¿No? Pobre Arnold, se merece más afecto.

Reglas de la Manada: Un lobo no subestima a una presa. Aun el más débil enemigo hay que tratarlo con el respeto de un gran adversario. Porque nunca se sabe cuándo una presa es realmente un cazador.

¡Nos leemos!

Nocturna4