Capítulo 3: La cima
El campo de entrenamiento se encontraba en total calma y silencio, muy al contrario de su naturaleza diaria, la cual constaba de acalorados entrenamientos y batallas fieras y ruidosas. Ni siquiera los insectos del bosque emitían algún sonido, de haber animales seguro estos igual se hubieran mantenido acallados, aunque por los mismos entrenamientos que se efectuaban en el lugar, todo animal que alguna vez hubiera vivido ahí había mudado a otra zona boscosa de la aldea para vivir, los continuos sonidos de pelea, metal y explosiones que eran el día a día del lugar les había llevado a buscar un lugar mejor para habitar.
Verdes y brillantes hojas caían de la copa de un árbol hasta el rostro del pequeño muchacho sentado en su base. Los ojos negros del chico se mantenían mirando el azul del cielo que podía captar entre las ramas de los árboles. El sol no resplandecía con mucha fuerza en esos momentos, por lo cual podía apreciar tranquilo el cielo mientras recuperaba el aliento.
En la mente del muchacho pasaban los últimos sucesos en forma de imágenes cortados, fragmentos de altercado que había tratado de realizar hacía apenas un par de minutos.
Se había separado de sus otros dos compañeros, cada quien por su lado se podría decir. Los tres habían pasado el suficiente tiempo juntos, durante tantos años, como para poder comprenderse el uno al otro sin mucha dificultad. Cuando su nuevo maestro, vaya sorpresa se habían llevado al saber que él les enseñaría, les hubiera dado las indicaciones para empezar aquella práctica, los tres habían decidido, sin mediar palabra siquiera, que tratarían de hacer cada uno las cosas por su lado. A pesar de que en la academia habían trabajado en equipo por tanto tiempo, peleando y trabajando juntos hombro a hombro en casi cada práctica grupal en la que habían participado querían probar, ahora que a su corta edad de 6 años se habían vuelto ninjas de verdad, que tanta habilidad poseían realmente peleando contra un enemigo claramente superior.
El joven pelinegro entendía perfectamente que ganar contra Heero era imposible. De hecho el simple objetivo de lograr quitarle su banda ninja parecía una tarea increíblemente difícil. Ninguno de los tres lograba llegarle ni a los talones en ninguna de las áreas de un Shinobi. Su fuerza, velocidad, resistencia, experiencia, todo estaba a un nivel muy diferente a los de ellos, como si perteneciera a una dimensión aparte de la suya. A pesar de esto el pequeño Uzumaki tenía algo en claro, quería ver que tan fuerte era, ese era por qué él y sus dos amigos se habían separado sin mediar palabra alguna, querían descubrir que tan lejos podrían llegar cada uno con sus propias armas, valiéndose de sí mismos.
-Aun así… Ese tipo es un monstruo…
La respiración de Izanagi aún era agitada y temblorosa. Había pasado aproximadamente una hora desde que habían empezado a luchar, la idea de una cómica caliente, los platillos que Heero hubiera dejado tan maquiavélicamente sobre la piedra central del campo de entrenamiento, se había esfumado de su mente desde hace un buen rato. La comida ahora debía estar a temperatura ambiente a lo mucho pero su sabor debía de haberse deteriorado mucho y seguramente le enfermaría o como mínimo le sentaría mal, pero no era momento de pensar en aquel almuerzo que se había perdido por culpa de su maestro.
Un rápido repaso mental de la última hora. Había habido alrededor de 7 ataques a su Sensei desde que hubiera empezado el ejercicio, dos suyos, dos de Aruse y tres de Madara. Graciosamente parecía que inconscientemente se turnaban para atacarlo, el primero había sido Madara, una zona del bosque se había reducido a ceniza y tendrían que volver a plantar una buena zona boscosa, pero aun así el Hokage no había sufrido ni siquiera de una pequeña ascua en su ropa o algo de ceniza en su cabello. Había desviado cada ataque sin mayor dificultad que alguien que abriera un tarro de mayonesa.
Después fue su turno. Había realizado una serie de emboscadas y trampas simples por el bosque. Cuál hubiera sido su sorpresa cuando su maestro paso a través de todas y cada una de ellas con la mayor de las calmas. Se burlaba de él, seguramente si compartiera ese pensamiento le dirían que no era así, pero no habían visto lo que él vio, literalmente se burlaba de él pasando todas sus trampas
La primera trampa constaba de un hilo de activación y un mecanismo sencillo con el cual lanzar una serie de agujas ninjas desde la rama cercana de un árbol. El hilo había sido roto por el caminar del Hokage, más un simple movimiento a la derecha, sin siquiera dejar de avanzar, habían valido para esquivar todas las agujas. Después de eso, un hueco camuflado en el suelo. ¿Rustico? Sin duda ¿Cliché? Hasta cuando lo estaba construyendo pensaba en eso, pero los clásicos solían ser buenos, cuando su maestro estuviera abajo Izanagi pensaba saltar hacia él y lanzar una serie de bombas de humo, confundirlo y atacarlo aprovechando el factor sorpresa, un truco algo sucio tal vez, pero contaba perfectamente como táctica. En este caso Heero había caminado por sobre el agujero, cuando hubiera pisado el mismo todo se había hundido como estaba planeado, más simple y sencillamente había saltado hacia adelante, apoyándose en las hojas y ramas que no deberían haber servido como soporte, pero que habían valido a Heero para ponerse en la otra orilla del hueco, gracias a dios Izanagi no había tenido el tiempo suficiente para la segunda parte de su plan, se había dado cuenta, ese tipo tenia los sentidos de un demonio, no había manera de sorprenderlo. Para terminar con la burla, Heero había girado en su dirección, lo vislumbraba entre las ramas y hojas de los árboles, su escondite era virtualmente perfecto, debería ser imposible que lo viera desde esa distancia y mucho menos si no había hecho ningún sonido que lo alertara, pero aun así lo estaba mirando, sonriendo de forma retadora y divertida, como esperando ver que había a continuación, cuál era su siguiente truco, se estaba divirtiendo, se estaba burlando.
No se había tomado la molestia de observar el siguiente enfrentamiento, la sangre le hervía y sentía caliente la cabeza. Sabía desde antes que la diferencia entre cualquier de ellos contra el Hokage era como la del cielo y la tierra, pero aun así detestaba ese sentimiento de total inutilidad. Los sonidos de las batallas siguieron y el tomo su turno entrando en un enfrentamiento directo, usando todo su conocimiento, entrenamiento y fuerza para tratar de acabar con él. Pero de nada sirvió, ni siquiera un mísero golpe logro conectar en el anciano ninja. Cada ataque era desviado o evadido, ni siquiera bloqueado, como si le dijera que sus golpes eran tan minúsculos que ni merecían la pena de ser detenidos, pero también resultaba para peor, la energía gastada en un golpe que terminaba en el aire era mayor que uno bloqueado, después de algunos cuantos minutos de ininterrumpida pelea sentía los músculos pesados. Finalmente el anciano Hokage lo mando a volar de una patada, el único ataque que había hecho en todo ese tiempo, atravesando varias ramas de árboles hasta que termino hundido entre unos arbustos. Cuando levanto la vista y recupero su sentido de la orientación, Heero había desaparecido.
-Tsk, esto es muy problemático.
El pequeño pelinegro se encontraba a la orilla del rio, limpiándose los brazos, los cuales presentaban una serie de raspones y moretones. En sus dos altercados en contra del longevo shinobi había tratado de robarle su banda utilizando un combate de cuerpo a cuerpo. Esa era su especialidad y desde su perspectiva la mejor opción. El anciano Kage llevaba las bandas ninjas atadas las tres en su brazo, por lo cual un ataque directo y de corto alcance le daba más oportunidades de tomarlas en un momento de contacto. Pero aun así aquella meta parecía inalcanzable. Heero cortaba cada intento de arrebatarle las bandas y desviaba cada golpe. En su segundo altercado, ya sabiendo un poco del ritmo de su oponente, había entrado a pelar con más agresividad, pero aun así el cambio fue mínimo, seguía deteniendo todos sus ataques, solo una o dos veces estuvo a punto de golpearle, pero sus ataques fueron limpiamente detenidos por las manos del Hokage.
Lo había notado mientras luchaba contra él, también mientras veía como luchaba contra Madara y evitaba tan magistralmente sus ataques ígneos. Su nuevo Sensei no iba con intención de atacar, solo los media, los probaba. Cientos de veces, en los escasos minutos de pelea, Heero había creado huecos en la defensa de Aruse, e inclusive él mismo había quedado con zonas indefensas en más de una ocasión, pero Heero nunca los aprovechaba, no importaba lo grande que la oportunidad fuera o si era perfecta, no había lanzado un solo golpe, solo analizaba, se divertía a consta de ellos. Cuando su cansancio se empezaba a hacer notorio y su rendimiento bajaba, Aruse era mandado a volar, notando esto mismo en su compañero Uchiha, era como si al ver que decaían, el Hokage los mandara a descansar, ya que apenas los mandaba a volar, desaparecía a otro lugar.
Una vez que hubiera limpiado todo rastro de suciedad o mugre de las pocas raspaduras que se había hecho, producto de forzosos aterrizajes que había efectuado en un par de ramas luego de que Heero lo mandara a volar de una buena patada, el joven prodigio de los Nara empezó a analizar la información que había podido recolectar de sus enfrentamientos directos, buscando el idear un plan para poder enfrentarse al longevo Hokage.
Primero, su fuerza era ridícula, no solo por la diferencia de alturas y masa corporal, podía notar que era ridícula de por si al ser mandado a volar, además de que podía notarlo, se había contenido. Segundo, su agilidad y visión eran muy inhumanas, sabía que su fuerza física no era un gran peligro para Heero, él era todavía pequeño, sus músculos no estaban del todo desarrollados, su fuerza no era súper humana, pero aun así al ser pequeño era rápido y ágil, con un bajo centro de gravedad, aun así no había podido darle ni un solo golpe al anciano Hyuga, era demasiado ágil y flexible para su edad. También su visión estaba era fuera de serie. El anciano tenía el Byakugan, muy bien, pero no parecía haberlo activado en todo ese rato, el usaba su visión normal y aun así era sorpréndete. ¿Cómo podía ser tan bueno?
-(Es una leyenda)
La conclusión vino tan rápidamente a su mente que ni le sorprendió. El hambre y la frustración habían nublado su mente, se había olvidado por completo. Olvídense del título de Hokage, olvídense de que era un anciano ninja de elite y un Hyuga, olvídense de que era su Sensei. Por sobre todas las cosas, sobre todo lo demás, él era una leyenda, la mayor de las leyendas, conocido por todos los países, su nombre inspiraba miedo, su sola mención era un arma de guerra. Recordaba una vez una historia que le habían contado en la academia. Durante un combate en las fronteras del país de los árboles, cuando un grupo de shinobis de Konoha estaba a punto de perder, el líder del grupo monto una farsa que había salvado las vidas de él y su grupo, habían fingido la llegada de Heero Kusanagi al campo de batalla. El grupo enemigo, que le sobrepasaba 3 a uno, en muchas mejores condiciones, mejor armados y descansados, al escuchar el nombre de Heero Kusanagi Hyuga, el Dios de los Shinobis, salieron huyendo, sin dudarlo, escaparon sin importar sus órdenes ni su objetivo, corrieron para salvar sus vidas.
Eso era un respaldo, una prueba del poder del hombre que tenía la intención de emboscar. Planes, estrategias, todo era inútil, ese tipo era un monstruo, finalmente se daba cuenta, él era a lo que aspiraban todos los ninjas de Konoha y lo que más temían todas las demás naciones, mientras el viviera el país del fuego seria prospero, si los años habían mermado sus habilidades, no era apreciable, solo sus leyendas y los rumores daban una idea de su edad.
-Muy bien… Ya entendí… Enfrentamientos directos no sirven… Luchar separados no sirve, ataques sorpresas no sirven, trampas tampoco, distracciones menos… ¿Qué rayos queda?
Los labios del pelinegro se apretaban, la frustración empezaba a llenar su mente, inundando cada rincón. El solo pensar en no lograr completar ese ejercicio de entrenamiento le amargaba. Heero no había mencionado nada de un castigo, más que quedarse sin comer. Rendirse parecía la opción más lógica, entrenar, crecer, desarrollarse un poco más y volverse más fuerte, luego de lo cual confiaba tener la suficiente habilidad para dar una mejor batalla.
Pero… Esa no era una opción. Se negaba a que fuera una opción. Lo escuchaba a montones entre los susurros de los maestros. No todo era esperanzas y grandes planes para los pequeños prodigios, sus cuerpos eran pequeños y poco desarrollados, su capacidad física estaba por debajo del nivel de un Gennin normal, sus cuerpos era un impedimento… Y el que en peor condición se encontraba era él… Desde su ejercicio en el bosque, donde habían sido separados los tres amigos para variar, había perdido la conciencia, luego de lo cual despertó con sus oponentes totalmente acabados. Todavía tenía miedo de ese suceso, la verdad la descubrió después de las bocas de sus propios amigos.
Había perdido el control. Un lado que desconocía de sí mismo había surgido y había tomado control de su cuerpo. A su corta edad la idea de volverse loco parecía ser posible. Una segunda personalidad era muy probable, como había sido descrito, una personalidad muy sádica, aterradora en verdad había despertado cuando había caído en el genjutsu. Debido a esa personalidad por poco no lograba graduarse de la academia, si no hubiera sido por el Hokage…
El Hokage los había tomado a los tres como alumnos. El también sabia eso, su propio padre le conto como originalmente se tenía la intención de separarlos en grupos y dejar que crecieran cada quien por su lado, que se extendieran y formaran pequeños grupos de elites con sus compañeros, pensando en el gran futuro que se tenía previsto para los tres, aunque en el caso de Aruse ese futuro se había pospuesto, se tenía planeado que tomara un año sabático y tomara terapia debido al fuerte que recibió del Genjutsu. Pero eso no había pasado. El Hokage había metido mano en sus destinos. Los había acogido a los tres bajo su tutela. Los había vuelto un equipo oficial, eran ahora un grupo de gennin en todo su derecho… ¿Y no podían siquiera completar un su primer entrenamiento? En ese momento seguramente Heero se sentiría decepcionado, pensando que los sobrevaloraba. Tal vez hasta quisiera que regresaran a la academia, pensaría que aún les faltaba entrenamiento básico. Eso le daría la razón a los que pensaban que eran todavía muy pequeños, les daría la razón y los separarían… No quería separarse de sus amigos, se conocían desde bebes, habían entrenado lado a lado, jugaron y se pelearon, eran como hermanos…
-Aquí estas…
La piel de Aruse se eriza del susto, rápidamente da un salto hacia adelante, pero el cuello de su camisa es atrapado por una gran y firme mano. Siente como se ahoga con el cuello de la camisa mientras es jalado hacia atrás. Sus manos se lanzan hacia adelante tratando de tomar algo y sujetarse, pero solo logran rasgar el aire. Su pequeño cuerpo es elevado en el aire mientras sujetaba el cuello de su camisa como un medio para evitar ahogarse. Detrás de él, la delgada y alta figura del Hokage se alzaba impasible, mostrando una suave sonrisa divertida mientras veía el energético pataleo del chico, que trataba de darle algún golpe con los talones para librarse, pero no lograba alcanzarlo y de lograrlo, el golpe llevaba muy poca fuerza.
-Perfecto… Tú serás la carnada…
A veces pensaba en cortarse el cabello, pero rápidamente desechaba la idea. Era verdad que a veces era estorboso en los entrenamientos, una vez casi se lo quemo con sus propios ataques de fuego. Su madre le decía que esas greñas no eran propias de un niño pequeño. Su padre una vez trato de cortarle el cabello mientras dormía, por suerte había escuchado el plan en la cena y le había tendido una emboscada, cuando quito las sabanas solo encontró un montón de almohadas juntas y recibió un golpe en la cabeza que lo dejo KO, para ser dejado después enfrente de su cuarto. Si su familia no hubiera sido tan liberal y conflictiva/cariñosa, seguramente hubiera recibido un gran castigo, en vez de eso todos se habían reído en el desayuno por el suceso, aunque su padre con algo de dolor ya que mover mucho la cabeza le hacía tener jaqueca.
Ahora bien, estaba corriendo por el bosque, mientras el lobo no está y si el lobo apareciera… Seguro le agarraría como saco de boxeo, entendiéndose que en este contexto el lobo era Heero. Repasando, había atacado directamente, combinando Taijutsu con algo de Katon, mala idea, se había quemado sus zapatos él mismo. Segundo altercado, casi igual que el primero, pero usando algunas armas para crear ataques rápidos y letales, igual mala idea, se había quedado sin kunai y ya no tenía en casa, su próxima mesada iría directo al dependiente de la tienda de artículos ninja, eso si no la perdía toda pagando alguna apuesta… Él podría negarse a las apuestas hasta la próxima, pero eso era mostrar debilidad, él no la mostraría a sus amigos, mala idea, ya de por si se burlaban a veces de su cabello largo, pero ellos que podían saber, era su estilo, él tenía el propio y ellos dos no lo entendían, así que para que tratar de explicarle sobre moda a unos monos…
El ojinegro se detiene en una rama. Un pequeño sonido estrangulado era apreciable en el silencio de la tarde. En ese lugar no había animales, según una vez había especulado Aruse posiblemente era porque era un campo de continua actividad, los animales no gustarían de un lugar donde continuamente había explosiones y conflictos. Agudiza sus sentidos, el sonido era algo lastimero, parecían quejidos de incomodidad. Su primer instinto le hace querer correr hacia el sonido pero su lado más racional, aquel que había sido forjado a base de golpes en la cabeza con sandalias cortesía de su mama, le decía que era mejor rodear por los arboles hasta poder vislumbrar lo que estuviera provocado ese sonido.
Su lado racional gana al final haciendo que empiece a dar rápidos y ligeros saltos de rama en rama. Sus sentidos se agudizaban mientras trataba de ubicar el origen del sonido. Cada poco su cabeza giraba para cambiar la acústica, triangulando el lugar de donde previniera ese lento y lastimero quejido. Finalmente, después de un corto lapsus de tiempo, logra visualizar una silueta pequeña, pegada a la parte baja de un árbol. Se acerca lentamente y con cautela, agudizando los sentidos sin quitar la vista de la silueta.
Después de acercarse un poco más logra captar la figura, un pequeño niño de cabellos negros estaba atado al tronco del árbol por varios cables ninjas, seguro maldeciría ahora la gran resistencia de aquellos cables.
-Aruse…
Madara rápidamente reconoce al chico atado en el árbol, como no hacerlo, si casi cada día veía su rostro en la escuela, entrenamientos, etc… Olvidando toda cautela el chico corre hacia el árbol, ahora no tenía kunai así que no podía cortar los hilos, igual hubiera sido muy difícil de por si, tal vez si quemaba la parte de atrás del árbol y eliminaba algo del tronco las cuerdas se aflojarían y así sería libre, eso si no quemaba todo el árbol y a su amigo en el proceso… Bueno, no era un plan perfecto, pero todo buen plan lleva su riesgo.
-Muy fácil…
Madara se queda estático en su sitio maldiciéndose internamente. Al igual que como había hecho su compañero en la misma situación, Madara trata de saltar al lado contrario de donde la voz había provenido. La misma situación vuelve a suceder. El cuello de la camisa de Madara es atrapado por la fuerte mano del Hokage, el cual lo lanza hacia la copa de los arboles sin miramientos. El pequeño cuerpo del chico Uchiha atraviesa las ramas de los arboles rompiendo un par de ellas, hasta chocar con una tan gruesa que detuvo su avance, causando que a continuación cayera en una rama más baja, aturdido y adolorido. Lentamente Madara se endereza, sujetándose la cabeza mientras sentía un agudo dolor en la espalda, rogando que los huesos de su espalda estuvieran en su lugar aún.
-Creí que era mejor si en un entrenamiento no se partía a los alumnos…
-Meh, cada quien entrena como quiere
Un escalofrió recorre el cuerpo de Madara, incapaz de moverse a libertar por el dolor de su espalda, a la vez que Heero, el cual había aparecido a su lado de la nada, ponía una de sus manos en la espalda del chico. De su mano una luz verdosa salió rápidamente, rodeando la espalda de Madara.
El gesto de dolor del chico desapareció para ser remplazado por uno de sorpresa, girando a ver el rostro del Hokage. Ya había visto técnicas curativas antes, alguna que otra vez su padre las había recibido estando él presente, pero era la primera vez que veía una tan rápida y efectiva. Normalmente esas técnicas tardaban su tiempo y necesitaban concentración, pero Heero la había efectuado con tanta tranquilidad y naturalidad como el respirar.
-¿C-cómo?
-Tal vez algún día lo aprendas…
Madara lo mira aun sorprendido, para después salir de nuevo despedido hacia el árbol donde antes hubiera estado, producto de otro golpe de Heero tan veloz que ni siquiera había podido captarlo. Su cuerpo choca contra el tronco del árbol para luego caer al suelo, de nuevo sintiendo un dolor agudo, pero ahora en el hombro, el cual había usado para absorber el impacto. Con una expresión de dolor se vuelve a enderezar, murmurando sobre ancianos molestos que deberían retirarse a descansar. Cuando apenas se hubiera enderezado a la mitad, doblándose por el área de la cintura para sostenerse, un largo y negro cable se extiende rodeándolo por la cintura y brazos. Su espalda choca de nuevo contra el árbol, mientras más cables lo rodeaban, sus piernas, brazos, cintura, cuello, todo fue apresado por los negros hilos ninjas que lo dejaron totalmente inmovilizados.
-Uh… Esto es incómodo…
-Dímelo a mí…
Madara gira el rostro, captando con su visión periférica el cansado y algo rasguñado rostro de su amigo Nara. El chico se encontraba suspendido sujeto al árbol, sus pies no alcanzaban a tocar el suelo, muchas veces bromeaban con que era un enano, y en realidad así era, era un tanto pequeño para su edad, Heero y él le sacaban un par de centímetros que siempre le estaban recriminando. Ahora esos centímetros estaban en evidencia al no poder tocar siquiera el suelo. Tal vez en algún futuro creciera, pero ese futuro se veía lejos mientras estaban atados en un árbol en medio de su primera, y esperaba que no la última, practica con su nuevo Sensei.
-Tranquilo amigo… Te sacare de aquí…
Ante su confiada, aunque infundada, afirmación, el chico de los Nara parece reaccionar al dar un suave quejido de dolor, pareciendo divertido ante su afirmación. Sus cabellos negros bailoteaban con suavidad ante las tranquilas corrientes de aire, seguramente sería un agradable día para caminar por la aldea, comer un helado y entrenar un rato, pero un entrenamiento normal, no uno tan extraño como en el que estaba realizando.
-Creo que esta práctica… Llego unos cuantos años temprano para nosotros…
-¿Desde cuando eres tan negativo Aruse? Solo tenemos que idear algo para robarle nuestras cintas, tampoco es tan difícil, no es como si fuera invencible
-¡Lo es Madara! ¡¿Acaso no lo ves?! ¡No podemos siquiera hacerle un rasguño!
Madara abre los ojos sorprendido por la repentina y agresiva contestación. No había visto antes perder la compostura así a su amigo, era la primera vez que veía que explotaba de aquella manera tan agresiva, lucia exaltado, cansado, derrotado. Normalmente Aruse era el que siempre tenía un plan en mente, pero en aquellos momentos parecía que al ver las habilidades de Heero había caído en un tipo de negación. No podía sentir el espíritu de lucha de su amigo, y eso era algo que hacía que el propio Madara empezara a preocuparse.
-Aruse…
-Entiéndelo Madara, por algo es llamado el dios de los shinobis, por algo su nombre está en toda guía sobre los shinobis… Él es la cúspide de la era ninja… Todo ninja aspira a ser como él… Inclusive nosotros… Él es la cima del mundo ninja…
Esas palabras terminan por alertar completamente al chico Uchiha. Las señales eran claras, su tono desesperado y derrotado, sus ojos perdidos y vacíos, la forma en la que hablaba, todo lo que decía. Su amigo, su compañero se había roto producto de comprender la verdadera diferencia entre él y Heero, entre los tres y el Hokage.
La mente de Madara empieza a trabajar. Si Aruse había caído en aquel estado no podía contar con su agilidad mental, que desde siempre había sido el punto fuerte del pequeño de los Nara, siempre tenía un plan o dos que le sirvieran para enfrentar contratiempos, pero en su estado emocional era imposible hacerle funcionar bien… Funcionar bien…
Una idea surge a la cabeza de Madara, una idea tan descabellada y suicida que casi deshecha al instante. Aquella idea si era realizada no resultaría en nada bueno, pero daba la mínima posibilidad de ganar contra aquel que era el proclamado dios de los Shinobis. Pero aun así era seguro que Madara terminaría herido, y seguramente también Izanagi, donde fuera que estuviese.
-Aruse… Mírame a los ojos
El joven de azules ojos levanta la vista hacia Madara, pensando que seguramente trataría de levantarle el ánimo, le daría algunas palabras consoladoras y que le incitaran a tramar algún plan de acción para superar el entrenamiento del Hokage. Aun así el chico Nara sabía que de nada serviría, tratar de tenderle una emboscada al dios de los shinobis era inútil, sencillamente imposible, una idiotez, solo quedaba que Madara se diera cuenta y lo aceptara, aceptara que era el fin.
Aun así en la expresión de Madara no se mostraba nada que indicara ánimos o nada parecido, solo se había en aquellos orbes negros como la noche seriedad y miedo, pero no un miedo por su situación, Aruse lo conocía lo suficiente como para saber que no era miedo por estar atado, el miedo en sus ojos era el que mostraba cuando se había decidido a hacer algo que no quería hacer y temía por las consecuencias, porque sabía que las consecuencias serían muy malas.
Desde que hubieran completado su entrenamiento de supervivencia en el bosque, Madara había estado entrenando con su padre la manera de utilizar y neutralizar ilusiones, lo cual resultaría muy útil en los futuros entrenamientos y combates, después de todo en la última ocasión se habían enfrentado a alguien que los utilizaba y había visto lo poderosos que podían llegar a ser. En el poco tiempo del que había dispuesto para extender su conocimiento en aquella área, su habilidad había sido suficiente para deshacerse de ilusiones muy simples y de poca potencia, y su habilidad de crearlos se limitaba a un solo genjutsu, uno simple pero realista que podía servir contra quienes no tuvieran mucha practica en el área, contra el Hokage no serviría de nada, pero su objetivo no era el Hokage.
-Perdóname por lo que hare Aruse…
Los azules ojos del más pequeño de los pelinegros muestran confusión por sus palabras, para después perder todo brillo de conciencia mientras que Madara centraba sus propios orbes negros en ellos. El cuerpo del pelinegro convulsiona rápidamente mientras sus ojos se ponían en blanco, señal del que el genjutsu empezaba a hacer efecto, y uno muy potente. La frente de Madara se perla del sudor ante el esfuerzo de la técnica, ya de por si estaba débil por las anteriores peleas y su control del genjutsu no era lo suficientemente bueno como para hacerlo con naturalidad, aun así sabía que el genjutsu surtió efecto en su compañero. Sus ojos se centran preocupados en Aruse, el cual ahora se encontraba inmóvil, suspendido en el aire al estar atado contra el árbol, con la cabeza ahora colgante, dando la apariencia de una muñeca de trapo gigante.
-Jejejeje… Madara, Madara… Eres muy valiente por atacar a tu propio compañero…
Un fuerte escalofrió recorre todo el cuerpo de Madara. La voz de su compañero sonaba divertida, tétrica y anormal. Su tono sonaba algo más agudo, dándole una sensación estridente. El cuello de Aruse truena con un par de rudos y nada saludables movimientos. Su cabeza cuelga de repente ladeada desde su posición. Una sonrisa maniática, oscura y delirante, aparece en los labios del chico mientras los mechones de cabello tapaban sus ojos, pero entre ellos se podía apreciar el llamativo azul de sus iris, más se notaba algo más, una sensación preocupante y que hacía que Madara sintiera la piel de gallina, quería alejarse de ahí en ese momento, arrepintiéndose de su plan, quería correr pero las ataduras se lo impedían, debía escapar. Lo que Madara había visto en los celestes orbes de Aruse, era la clara, inconfundible y totalmente insana locura, obscura y absoluta locura.
-Vamos a…. Divertirnos…
En una parte alejada del bosque, meditando sobre una rama superior de uno de los tantos árboles, se encontraba el joven de los Uzumaki sentado con las piernas y los brazos cruzados. En su cara se notaba la concentración y la molestia. Sus ataques habían sido infructuosos, tanto directa como indirectamente. Los tres habían querido probar sus habilidades por separado, pero ahora se daba cuenta de que estaban muy lejos de lograr hacerle algo al Hokage, si querían pasar aquella prueba, debían de trabajar juntos y como equipo, así eran más fuertes.
Izanagi se levanta en un rápido movimiento, estirándose de forma despreocupada, como si en vez de un espartano entrenamiento como en el que estaba, fuera simplemente un ejercicio de calentamiento común y corriente. Sin querer esperar mucho más, temiendo que al mantenerse en un solo lugar se encontrara de nuevo con Heero, empieza a avanzar por las ramas de los árboles de forma animal, recordando a un mono moviéndose por la jungla.
Lo primero era lo primero, debía de encontrar a Madara o a Aruse, de preferencia a ambos, para idear un plan contra Heero. Un ataque coordinado aumentaba bastante sus posibilidades de lograr arrebatarle sus bandas ninjas…
Era de verdad molesto para el chico Uzumaki el haber perdido las bandas de aquella manera, les había costado sudor y sangre el conseguirlas, como para que les fueran quitadas a la primera. Él sabía que era solo un entrenamiento y que les serian devueltas, pero una banda para un ninja verdadero, al menos para un Izanagi, era su mayor orgullo, inclusive los ninjas renegados usaban aun su vieja banda, aunque tachada para indicar su estado como renegados.
Un sonido a su derecha alerta al joven shinobi, el cual da un salto para alejarse del lugar y adentrarse en la copa de un árbol, protegido por la seguridad de las verdes hojas. Con atención y algo de nervios observa el punto donde antes estaba, viendo aparecer de la nada un pequeño conejo, el cual alza sus orejas mirando en diferentes direcciones, en un acto despreocupado, alabada la vida de los conejos.
-Tsk… Si me asuste por eso, estoy peor de lo que creía…
-Ya lo creo
Cada nervio en el cuerpo de Izanagi reacciona al momento de escuchar la profunda voz, causando que trate de escapar del lugar saltando hacia adelante, pero su cuerpo aun no era lo suficientemente rápido. Un pesado golpe es conectado en su espalda mientras trataba de escapar, reconociendo de forma dolorosa que la fuente del golpe había sido la planta del pie de su nuevo maestro.
Su cuerpo es lanzado sin misericordia hacia el suelo, aterrizando de manera dolorosa en la tierra del camino que circulaba por el bosque. Sentía las costillas adoloridas, seguramente un poco más de fuerza y se las hubiera roto. Con lentitud y de forma lastimera trata de enderezarse, pero aquel intento resulta inútil cuando es levantado como trapo por el alto Hokage, el cual lo alzaba agarrándolo del cuello de su camisa, separando su cuerpo del suelo y quedando este suspendido en medio del aire, solo sujeto por la fierra mano de su maestro.
-Debes estar mucho más atento… Además, pensar que yo soy de los que hacen ruido al andar en un bosque fue un gran error Iza-Chan
Una vena de ira aparece en la frente del joven Uzumaki en ese instante. Detestaba que le llamaran Iza-Chan, de verdad lo odiaba, sentía como si se burlaran de él, como si le insultaran adrede, no lo soportaba. Muchas de sus peleas con sus amigos habían sido por que se dirigían a él así, y eso que eran sus mejores amigos y no se lo tomaba tan amenamente. Pero en ese momento, con la frustración de haber sido capturado de aquella manera tan humillante, de haber sido tratado como trapo o un juguete cualquiera. Era tan frustrante, tan humillante.
Las pequeñas manos de Izanagi sujetan veloces y fuertes la muñeca de Heero. Con un veloz balanceo se mueve tal cual péndulo hacia atrás fijando sus piernas en el abdomen del longevo shinobi. Con aquella base se impulsa para adelante mientras soltaba su agarre y salía despedido mientras alzaba los brazos, librándose del aprisionamiento del Hokage, quedando sin camisa, pero libre al fin.
Izanagi aterriza en el suelo con su hombro rodando un par de veces para luego quedar hincado con la vista centrada en Heero. El gennin se pone de pie para sacar dos de sus kunai con una sola de sus manos, lanzando ambos en dirección al Hokage, haciendo gala de una increíble precisión al dirigirse una a la cabeza y otra al corazón. Aun así el contrario simplemente mueve una de sus manos con asombrosa velocidad, en un movimiento semi circular descendente que inicia desde su cabeza hasta su abdomen. Cuando el movimiento hubiera terminado se podían apreciar, sujetas entre los dedos de su mano, las mortales armas detenidas como si nada. La expresión del Hokage permanecía igual de impasible que antes, mientras soltaba, desde la mano contraria a la que habían sujetado las armas, la camisa del Uzumaki, dejándolo caer en el suelo levantando una leve capa de polvo y tierra.
-Si eso es lo mejor que puedes hacer… Mejor ríndete y entrégate pacíficamente…
La expresión de Izanagi muestra aún más frustración al escuchar aquellas palabras. El Hokage los había seleccionado a aquellos tres para ser sus alumnos, a él no le podían imponer estudiantes como a los demás Jounnin en servicio, el había tenido que escogerlos por algún motivo, pero cualquiera que fuera aquel motivo, cualquiera que fueran las razones o estándares que Heero había puesto sobre ellos, sentía que no lo estaban cumpliendo. Ni un solo golpe limpio, ni un sola trampa efectiva, ataques directos, indirectos, sorpresa, furtivos, combates cuerpo a cuerpo, nada había sido eficaz y ni siquiera sentía que Heero se esforzara, no parecía poner ni un poco de su verdadero poder en aquel entrenamiento.
-No dejare… No dejare que esto acabe así…
Los perlados ojos del Hokage miran con atención al joven gennin. Su actitud y aura de repente habían cambiado. Toda esa furia, toda es frustración parecía haber sido borrada de golpe. Ahora se le notaba sereno y calmado, tranquilo incluso. Las manos del pequeño pelinegro se empezaron a mover lentas y ceremoniosas en alguna especie de preparación o ritual, recorriendo un invisible camino que trazaba con sus palmas en medio del aire.
Los negros ojos del Uzumaki se habían cerrado para concentrarse. Sus manos terminan por posicionarse delante de su cuerpo, juntando ambas palmas y entrelazando sus dedos en un sello de manos. Sus ojos se abren al momento, mostrando decisión y seguridad, una fuerte voluntad de ganar se mostraba en sus facciones. Un aura azulada empieza a rodear su cuerpo, solo notoria para el Hokage delante del chico, el cual tranquilamente muestra una sonrisa desafiante. Heero se posiciona tranquilamente de lado, en posición desafiante mientras Izanagi hacia una rápida serie de sellos, para finalmente señalar hacia el Hokage con las palmas de las manos.
-¡Toma esto!
Desde hacía tiempo que Izanagi hacia conocido las limitaciones de sus habilidades. Su gran estamina e ingenio le habían posicionado como un ninja prometedor en cuanto a estrategia y espionaje, eso sumado a su Taijutsu de nivel aceptable para un gennin le habían permitido llevar bien su camino hasta el momento, pero sabía perfectamente que en cuanto a habilidades ofensivas y combativas reales estaba por debajo de sus dos compañeros.
Madara poseía ya una habilidad considerable con el Katon, superior a la de un gennin cualquiera, eso lo hacia el de mayor poder destructivo en el equipo, además del más favorecido en cuanto a la distancia de ataque. Aruse poseía, a pesar de su pequeño cuerpo, una fuerza para nada despreciable, acompañado con un cuerpo elástico y ágil, lo que le había permitido ser poseer de un Taijutsu sumamente eficaz, siendo el mejor de los tres en pelea a corta distancia.
Heero no podía tolerar estar por debajo de sus amigos, él quería superar a los otros dos. El sentido de competencia de los tres chicos era lo que les hacía avanzar, ese querer ser el mejor les había llevado a donde estaban ahora, a ser gennin a los ocho años de edad, a ser entrenados por el Hokage en persona. Para resolver aquel problema, para superar a sus compañeros, o como mínimo para llegar a su nivel, había entrenado en secreto para desarrollar su nueva habilidad.
Alrededor del cuerpo de Heero se forman fuertes corrientes que lo recorrer de pies a cabeza. Sus ropas se remueven salvajes por las ráfagas que lo envolvían. Aquellas corrientes rodean desde sus piernas hasta su cintura, extendiéndose por su abdomen hasta girar por sus hombros, serpenteando hasta sus manos. El tono azulado de las corrientes revela su origen, chakra puro que había sido transformado en un elemento, Izanagi Uzumaki estaba usando Futon.
Las corrientes salen despedidas desde sus manos como remolinos horizontales, demostrando una sorprendente velocidad a la vez que se dirigían contra el Hokage. Heero sonríe complacido, inclusive un rastro de orgullo se podía apreciar en sus arrugadas facciones. Sus ropas imitan a las del Uzumaki mientras las corrientes se dirigían hacia él, revoloteando salvajes como si estuviera detrás de la turbina de un avión. Sus largos y blancos cabellos se mueven salvajes detrás de él, casi pareciese que querían dejar su cabeza y correr libres con las corrientes.
-Muy bien hecho Izanagi-chan…
Para otros shinobis resultaría ciertamente extraño el hecho de que a tan corta edad, y siendo la primera vez, Izanagi pudiera realizar una técnica con tan magnitud de poder. La respuesta era sencilla para el Hokage. Normalmente los shinobis cuando empezaban a realizar su entrenamiento elemental, se veían limitados a simples técnicas de poco o nulo poder, pero en el caso de Izanagi, el cual había pasado su travesía por la academia ninja usando solo habilidades naturales de su cuerpo sin recurrir a su chakra, toda aquella energía se había estado condensando en su interior, su de por si anormalmente grande fuente de chakra había crecido inclusive más, volviéndose, por una abismal diferencia, el que más chakra poseía de entre sus tres amigos.
Los pies del Hokage se plantan fuertemente en el suelo, uno más adelantado que el otro, usando el trasero a manera de soporte para realizar su plan. El legendario shinobi sonríe de forma retadora. Sus cabellos se removían de tal forma que incluso resultaba algo doloroso para su cuero cabelludo, pero poco le importaba. Sus blancos ojos de repente muestran emoción después de tanto tiempo. Pero más que emoción se podía interpretar como una orgullosa felicidad. Las rugosas manos del Hokage se adelantan, posicionando de tan forma que sus palmas señalaban al par de pequeños tornados que venían en su dirección.
Finalmente la técnica conecta contra el Hokage. Las puntas del tornado chocan contra las abiertas y desnudas palmas de Heero. Su expresión sigue igual, divertida y alegre, mientras sostenía la técnica del pequeño Uzumaki, impidiendo que pudiera avanzar ni un paso más, incapaz de hacerlo retroceder a pesar de su increíblemente poder de golpe. El aire rápidamente empieza a dispararse en todas direcciones. Hojas salían volando fuera del área y ramas eran arrancadas de los arboles mandándolas al interior del bosque. La tierra se alzaba y se arremolinaba alrededor de los dos ninjas de forma salvaje creando un irregular perímetro de destrucción.
Los dientes de Izanagi rechinan ante el esfuerzo. Sus manos empezaban a sentirse entumecidas por la fuerza que ejercía al conducir todo aquel chakra. Antes se había limitado a solo partir hojas de los árboles y ramas secas con su chakra a poca distancia, para que una vez hubiera dominado la transformación elemental, empezara a proyectar más lejos su chakra. Se había dado cuenta que cuando se calmaba, lograba manejar mejor su chakra y fluía de mejor manera, de forma natural. Cuando hubiera realizado el ataque se había sentido sumamente alegre de verlo funcionar tan bien y de forma tan eficaz, pero una vez más el Hokage sobrepasaba sus expectativas. Heero detenía el ataque con las palmas desnudas, más seguramente las reforzaba con chakra para soportar el ataque, en vez de evadirlo, contrarrestarlo o desviarlo, se limitaba a simplemente a soportarlo.
La piel de Izanagi era perlada por el sudor. Sus manos temblaban causando que los huracanes empezaran a tambalearse de forma amenazante. Las piernas de Izanagi tiemblan poco después, empezando a flaquear. Usaba casi toda su fuerza en efectuar la técnica, el por ello de tal poder, pero ahora empezaba a pasarle factura. Finalmente sus rodillas tocan suelo, pero aun manteniendo los torbellinos que Heero seguía recibiendo inquebrantable. Ante sus ojos podía apreciar a Heero aun de pie, a pesar de las violentas ráfagas y de la distorsión provocada por el aire, podía apreciar su sonrisa contenta y desafiante, como si se divirtiera.
Los huracanes empiezan a retorcerse. Sus formas se distorsionan ensanchándose y comprimiéndose, poco a poco el control que mantenía su forma estaba siendo roto. Pocos segundos más bastan para que finalmente Ambos estallen en rápidas ráfagas que mandan a volar las pocas hojas de los árboles que quedaban. Izanagi cae finalmente, quedando recostada boca abajo en el suelo mientras respiraba pesadamente. Sus manos extendidas hacia adelante, entumecidas y temblorosas. Su respiración se notaba acelerada, inspirando aire como si tragara una gran cantidad de agua. Su pequeño cuerpo trata de enderezarse para simplemente caer de nuevo aún más agotado.
-Eso fue excelente Izanagi-Chan…
Izanagi logra, sintiendo cada nervio de su cuerpo reclamar, enderezar su cabeza lo suficiente para apoyar su mentón en el suelo y ver a Heero parado a poca distancia de él, proyectando una amplia sombra sobra su derrotado ser, que lo hacía parecer incluso más imponente. La sonrisa se mantenía pero ahora más disimulada mientras le observaba. Sus manos se acercan tranquilas a Izanagi para levantarlo del suelo con la misma facilidad que mostrara antes al levantarlo. El pequeño cuerpo del pelinegro es tratado como un saco de patatas, quedando sobre el hombro de Heero mientras avanzaba hasta llegar a un árbol, colgándolo tal cual trapo sobre una rama baja, en una posición sumamente incómoda para el pequeño.
Una vez que estuviera colgado como ropa secándose, Heero se posiciona delante de él a poco más de dos metros de él. La sonrisa tranquila invadía de nuevo a su rostro, se notaba la diversión ante lo acabado de suceder. Para Izanagi eso resultaba exasperante, acababa de realizar su nueva y más poderosa técnica, sacrificando casi todo el chakra que poseía para realizarla, pero esta había sido totalmente parada por el longevo Shinobi, ni se le notaba cansado, ni siquiera sus ropas estaban dañadas. Era un golpe bajo al orgullo del chico y uno realmente doloroso.
-Muy bien hecho Izanagi-chan, tu mayor debilidad era tu falta de ofensiva, pero veo que por ti mismo has logrado superar esa debilidad, magnifico. Con esa demostración de poder puedo decir con seguridad de que tú eres ahora el que mayor poder ofensivo tiene de entre los tres… Te lo ganaste
De su bolsillo el anciano saca una de las bandas ninjas. Lo lanza rápidamente hacia el chico colgante, cayendo en su espalda, la cual apuntaba en aquellos momentos al cielo. Sin poder descubrir el porqué, el pequeño shinobi cae rendido por la falta de fuerzas, quedando en la inconciencia. Heero suelta un leve suspiro divertido ante el suceso.
Dejando abandonado al Uzumaki, el Hokage empieza a avanzar de nuevo entre los árboles. Al parecer el ejercicio había terminado, tenía a Aruse y Madara atados cerca del lugar e Izanagi estaba ahora fuera del juego. Uno de tres no estaría mal en consideración para muchos, pero Heero no pensaba igual.
-Je, lo que esperaba…
Delante del anciano de blancos cabellos se alzaba un árbol imponente y hermoso, mismo árbol en el cual había atado a los otros dos chicos, solo que en aquel momento el árbol se encontraba solo, en su base, imitando a muertas serpientes, la rodeaban las ataduras que había usado contra ellos, solo que cortadas e inservibles.
La sonrisa de diversión adorna de nuevo las facciones del líder de la aldea oculta entre las hojas. Sin perder tiempo unas venas alrededor de sus ojos hacen acto de presencia. En ese instante una onda invisible sale desde su cuerpo, esparciéndose a gran velocidad por toda la zona. Ráfagas de aire salen liberadas a la vez que era activado el Doujutsu de Heero. Arboles a su alrededor pierden gran cantidad de sus hojas. Una que otra rama es arrancada de las bases de la vegetación, saliendo despedidas en dirección contraria al Hyuga.
-Uhm… Ya veo…
Tan rápido como aparecieron, las venas alrededor de los ojos de Heero desaparecen sin dejar rastro. La técnica cumplió su cometido sin fallo alguno. Todo el bosque había sido escaneado en cuestión de un instante. Cada rincón era ahora conocido por el Hokage, al igual que las localizaciones de los tres pequeños gennin que ahora estaban a su cuidado. El pequeño Heero seguía inconsciente en donde lo había dejado, pero los otros dos…
-¡Espera!
El cuerpo del Uchiha se dobla desde la cintura inclinándose hacia atrás mientras, donde antes estuviera su cabeza, pasaba cortando el aire una alargada y delgada rama de árbol en sentido horizontal, de haberse tratado de una espada real muy posiblemente hubiese perdido la cabeza.
Las manos de Madara se apoyan en el suelo para así impulsarse hacia atrás, en una excelente pirueta, evadiendo así a la vez un segundo golpe de la misma rama. Un par de giros le permiten finalmente quedar hincado en el suelo mientras veía a su atacante. El sudor caía de su frente de tan manera que parecía que acabara de efectuar una maratón. En sus brazos se podían apreciar varias marcas rojizas y alargadas. Sus cabellos estaban revueltos y sucios junto a toda su ropa, la cual presentaba desgarros en algunas áreas. Sus rodillas mostraban raspones recientes y una línea de sangre nacía desde un corte sobre su ceja superior derecha. Su pecho se hinchaba y contraía al son de su violenta respiración. Sus ojos estaban levemente enrojecidos al igual que su rostro, el cual se notaba acalorado.
Sus ojos se mantenían fijos, negándose a apartarse ni por un segundo, del pequeño chico delante de él al que siempre había considerado como un hermano, pero que en ese momento solo representaba un inmediato peligro. Como si fuera un juego, lo que en circunstancias normales hubiera molestado al Uchiha, Aruse se le acercaba moviendo el brazo en el cual sostenía la rama de árbol como un bateador que estuviera calentando para su siguiente lanzamiento. Sus cabellos, revueltos y algo cubiertos de polvo, tapaban por poco sus ojos, impidiendo apreciarlos a través de aquella negra cortina. Solo se podía apreciar la amplia e insana sonrisa que adornaba su rostro, más cordura se podría ver en un manicomio que en aquella sonrisa. Sus pasos eran totalmente relajados, como si fuera un día de campo en vez de un entrenamiento tal salvaje como era aquel. La cabeza de Aruse se endereza levemente, dejando ver por un instante el azul zafiro de sus ojos. En ese instante Madara salta hacia atrás.
Un kunai se clava donde antes estuviera el pie de Madara. El chico se para al instante adoptando una posición precavida. El kunai había salido disparado en un instante desde la mano libre de Aruse, si no hubiera visto sus ojos no hubiera podido evitarlo, al verlos el saltar fue automático.
Madara chasquea la lengua cansado y frustrado. Su chakra estaba bajo por los anteriores combates contra el Hokage. El último genjutsu efectuado en Aruse había mermado sus últimas pocas fuerzas. En aquel estado debilitado la tarea de enfrentar a Aruse en su estado demente era imposible. Había visto su poder antes cuando se hubieran enfrentado en el bosque, pero ahora parecía haberse vuelto inclusive más poderoso, parecía que tal como él había entrenado el genjutsu para mejorar su fuerza, Aruse había estado practicando más seriamente el uso de la espada. La rama en su mano no se movía de forma errática o salvaje, sus movimientos eran cortantes y peligrosos, el silbido que creaban al cortar el aire no tenía nada que envidiarle al de un arma blanca. De haber traído una espada de verdad consigo, posiblemente Aruse ya le hubiera rebanado.
Nuevamente el chico Nara salta en su contra blandiendo su espada ahora de forma vertical. Madara salta a su derecha evadiendo el golpe, pero apenas la improvisada espada de Aruse tocara suelo, de su mano libre salde despedido otro kunai hacia Madara, el cual lo desvía con uno propio, el cual después lanza de regreso hacia Aruse, moviéndose el ultimo a un costado para dejar pasar de lado el arma blanca, sonriendo de forma divertida y picara.
-Espera Aruse… Recuerda porque… porque estamos aquí…
Las palabras salen entrecortadas de los labios del Uchiha. Sus fuerzas se acababan rápidamente. De salir en una sola pieza de aquel entrenamiento debía de encontrar una forma de aumentar más rápidamente su cantidad de chakra. La única respuesta que Madara obtiene de Aruse es una pequeña y suave risa.
-No, no Dobe… Luego me hare cargo del anciano… Primero tengo que enseñarte a no andarme lanzando genjutsu…
-¡No seas terco teme! Debemos trabajar juntos… para encontrar a Izanagi y robarle las bandas… a Heero-Sensei, eso es lo principal…
Su voz le traiciona, cada palabra era más difícil de sacar de entre sus labios. Sus energías estaban cercas de agotarse totalmente mientras que el pelinegro se veía casi totalmente perfecto. La cantidad de chakra que Madara gastaba era mucho mayor a la de Aruse en batalla y eso se reflejaba ahora.
Madara seguía centrando toda su atención en Aruse, tratando de predecir cada movimiento, si se desconcentraba un solo instante la cosa se pondría fea. Por su parte el chico Nara solo mostraba diversión ante tanta replica, tanto intento por dialogar, aquello parecía resultarle gracioso, que tratara de terminar las cosas por un medio pacifico.
-Vaya, vaya, tú también superaste mis expectativas…
Los ojos de ambos chicos se desvían en dirección hacia el origen de la voz. Sentado en la base del tronco del árbol se encontraba el Hokage. Con sus blancos ojos observaba a ambos chicos, como un espectador cualquiera. Su posición era relajada, con una de las piernas perezosamente estirada mientras la otra estaba doblada contra su pecho, sirviendo para apoyar su brazo el cual a su vez permitía que apoyara la cabeza de forma ladeada, admirando el espectáculo con cierta pereza.
-Según Anazuki ese cambio solo se produjo debido a un genjutsu en el entrenamiento del bosque… Eso debe significar que tú has aprendido a crear ilusiones, ¿Verdad Madara-chan?
Madara observa con gratitud la aparición de su Sensei. Aruse por su parte se mantenía estático en su lugar, con la rama que usaba como espada apoyada sobre su hombro como un bate de béisbol, mirando fijamente y con algo de molestia al líder de Konoha. Heero se levanta de su lugar con la mayor de las calmas. Aruse reacciona dando un veloz mandoble con su arma improvisada.
Heero ignora por completo aquella acción preventiva de ataque, avanzando hacia Madara mientras ignoraba por completo a Aruse. Cuando hubiera allegado a medio camino entre su posición inicial y el pequeño Uchiha, Aruse salta en su contra moviendo su supuesta espada en su contra a gran velocidad. Heero en respuesta mueve una de sus manos de tal manera que parecía espantar a un molesto insecto. Una ráfaga de aire que doblaba en tamaño al Hokage sale despedida de esa simple acción, mandando a Aruse por los aires y por sobre los árboles, hacia el interior del bosque.
-Ups… Creo que se me paso la mano…
Madara observa sorprendido aquella acción. Sin sello alguno y apenas mostrando algo de esfuerzo, Heero había creado una técnica Futon de considerable poder, con el poder suficiente para mandar a volar a Aruse cientos de metros. Heero se agacha junto a Madara, revisando las heridas y contusiones que tenía con aire crítico.
-Primero fue el pequeño Izanagi… Ahora tú. Sin duda alguna los tres son una caja de sorpresas… Bueno, aún falta ver que tiene Aruse… Toma
Heero saca de su bolsillo la cinta de Madara, dejándola delante de él. El pequeño chico lo observa incrédulo y agotado, para finalmente caer, como lo hubiera hecho su otro compañero minutos antes, en la inconciencia, tendido sobre el suelo como un tapete de piel, quedando su banda ninja debajo de su abdomen.
-Solo falta uno…
Lentamente el pequeño chico de los Nara se endereza, soltando una cantidad de improperios que deberían ser totalmente desconocidos para un chico de tan corta edad. En sus brazos había ahora cortes y su ropa estaba desgarrada en varias partes. Su cabello tenía atoradas pequeñas ramas y hojas de los árboles que había atravesado al caer. Su espalda estaba adolorida por el impacto contra el suelo y su cabeza daba vueltas por el golpe contra una rama superior.
Aun así lo mas herido era su orgullo. Antes de poder asestar su golpe contra Heero había sido mandando a volar con la misma facilidad que si espantaran a una mosca. ¿Qué demonios era ese poder? Sin sellos, sin pensarlo, tan natural como respirar el Hokage había creado una ráfaga de aire que podría separar deshojar un árbol por completo y sin dificultad. Para empeorarlo había perdido su espada improvisada, de todas formas aunque la encontrara lo más probable era que estuviera rota al impactarse con alguna otra rama o contra el mismo suelo.
Aruse realiza una veloz inspección a su persona. Solo moretones y cortes superficiales, ningún hueso roto al parecer, pero si recibía otro golpe como aquel lo más probable era que perdiera un brazo o alguna costilla, debía ser más cuidadoso… O mejor más agresivo y regresarle el golpe a aquel viejo senil.
Sus ojos se pasean rápido por el lugar. Se encontraba totalmente rodeado de árboles, no había demasiado espacio para un combate a gran escala, pero era un lugar adecuado para emboscadas y combates aéreos. Los arboles no se separaban por más de cinco metros unos de otros, había varias ramas con la fuerza suficiente para aguantar el peso de una persona y las hojas formaban espesos mantos que podían usarse para ocultarse en un instante, sencillamente era un lugar de libro para una batalla ninja verdadera, nada de jutsus destructivos, nada de combates directos, si no ataques furtivos y emboscadas, ataques por la espalda y silenciosos.
-¿Pero podrás hacer algo así?
Aruse gira la mirada al instante, sin mostrar sorpresa o incredulidad, observando al Hokage a pocos metros de él. Se veía tan fresco como al principio. En su rostro no había señal alguna de cansancio. No tenía heridas, sus ropas no están rotas o sucias como las suyas, no tenía siquiera una gota de sudor. No había observado algo así desde Izanagi, el cual era poseedor de una condición física y resistencia monstruosa, pero esto estaba a otro nivel, sencillamente era inhumano que habiéndose enfrentado a los tres, por muy novatos que fueran, no mostrara rastro alguno de cansancio, aun después de que luchara cuerpo a cuerpo y de bombardearlo con jutsus de fuego.
-Anciano… ¿A qué viene eso?
-¿Anciano? Eso es bastante irrespetuoso Aru-chan ¿No te enseñaron a tratar con respeto a tus mayores?
-Bff, por favor… no me hagas reír
-Veo que Madara-Chan consiguió aprender a hacer genjutsu, eso está muy bien, así consiguieron librarse de las ataduras… ¿Puedo el preguntar el cómo?
-Un buen mago nunca revela sus secretos, anciano…
-De nuevo con lo de anciano… Qué más da… ¿Te rindes o quieres tratar aun?
-¿Tienes que preguntar?
Aruse pisotea con fuerza una rama que había quedado junto a su pie al momento de caer. La rama se levanta girando sobre sí misma como una batuta, terminando en la mano del chico Nara. Aquel palo de madera era algo más grueso y más pequeño que su anterior arma, pero igualmente resultaba servible para el muchacho. Con una de sus manos arranca las ramas más pequeñas que nacían de aquella, dejando un perfecto palo que imitaba a una estaca.
La sonrisa confiada y desafiante de Aruse se muestra en sus labios en forma amenazante hacia Heero, por su parte el Hokage solo sonríe confiado con los brazos cruzados mientras empezaba a avanzar a paso lento hacia el chico Nara.
-Aquí termina todo…
Aruse rápidamente salta usando cada parte de fuerza que su cuerpo le permitiera, adentrándose en la espesura de los árboles del bosque en el cual estaban. Esta sería una lucha de estrategia, previsión, agilidad y astucia, lucha la cual Aruse no pensaba perder.
OoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooO
-¿Hum? ¿Qué paso?
Con un dolor que no creía fuera posible, el pelinegro abre los ojos de forma lenta. Sentía los parpados hinchados, así que aquella acción era difícil y liberaba un cosquilleo incomodo que se convertía en punzadas si lo forzaba mucho. Sentía todo el cuerpo entumecido y los brazos y piernas sencillamente no los sentía en absoluto. Pocos segundos tardo en comprender que el motivo de lo último era debido a que se encontraba atado de cuerpo completo a uno de los postes de entrenamiento en el centro del campo de entrenamiento.
Trata de girar la cabeza para ver a sus lados, mas su cuello estaba tan entumecido y adolorido que sentía los nervios y tendones de su cuerpo reclamar con agonía. Mueve más lentamente el cuello, acostumbrándose a la sensación dolorosa, hasta recuperar la normalidad de aquella área de su cuerpo. Mueve la cabeza hacia los lados, mirando sorprendido a sus dos compañeros, los cuales le regresan la mirada al notar que se movía.
-Vaya, al fin despertarse…
-Babeas mientras duermes… ¿Sabes?
El chico sigue mirando fijamente a los dos, ambos presentaban varias heridas, pero al menos ninguna seria. Una oleada de cansancio inunda por completo su cuerpo al instante, un escalofrió le recorre de pies a cabeza. Siente en su barbilla la evidencia de lo dicho por su amigo, una fina línea semi seca de lo que antes hubiera sido saliva. Su lengua pasa distraída por su barbilla para borrar aquella línea que evidenciaba aquel mal hábito al dormir.
Después de sentir el alivio de ver a sus amigos a salvo su cerebro logra procesar otras cosas. Primero, era el único atado, sus otros dos compañeros estaban sentados delante de los otros dos postes de entrenamiento. Segundo, los otros dos tenían sus bandas en sus frentes, parecía que habían logrado recuperarlas de alguna forma en el tiempo en que él hacia quedado fuera de combate, lo cual le causaba preocupación inmediata, ¿Qué tal si resultaba que él era el único sin haber pasado? Eso explicaría por qué estaba atado, era el único derrotado. Pero otra cosa domina su mente en aquel momento, las sonrisas divertidas de sus dos compañeros. Ellos no eran crueles, por lo cual no se burlarían de él de haber fallado tan importante práctica, por lo cual dudaba que aquellas expresiones de diversión fueran por él, pero ellos parecían contener la risa mientras lo veían, sin duda se trataba de él. La duda e incertidumbre llenan la mente de Aruse, el nerviosismo le hace recuperar parte de su energía, la suficiente para ignorar el dolor y reclamar a sus dos amigos con cierto pánico
-¿De qué rayos se están riendo?
-Tu cara…
-Jajajajaja
Finalmente Madara no logra reprimir una risa alegre, totalmente despreocupada, divertida al máximo. No había rastro alguno de burla en aquella algo histérica risa. Izanagi saca de su bolsillo un trozo de espejo, era uno de sus tantos objetos en apariencia inútiles que traía en su porta armas por cualquier cosa. Deja el espejo delante de Aruse, sujetándolo con ambas manos a la distancia justa para que él chico Nara tuviera un perfecto vistazo de su rostro.
-¡QUE DEMONIOS!
Eso explicaba porque sentía los ojos hinchados y le costaba abrirlos. No era que los sintiera, era que lo estaban, y no solo eran los ojos, toda su cara estaba rosada e inflada. Sus mejillas parecían estar a punto de estallar, sus labios se habían ensanchado, era como si hubiera comido un platón entero de picante. Cada uno de sus parpados parecían haber sido llenados con aire, hasta su frente presentaba marcas moradas, moretones.
La fuerte risa de ambos resuena en todo el lugar. Primero la sorpresa e incredulidad se muestran en las facciones de Aruse, al menos en lo posible debido a la hinchazón, luego de eso su rostro muestra el claro intento de expresar enfado. Su cuerpo, a pesar del cansancio, a pesar del dolor, a pesar de las heridas y moretones, empieza a retorcerse con desespero, queriendo ser libre.
-¡Suéltenme ahora mismo! ¡Quien me hizo esto sufrirá mi ira!
-Pues no creo que puedas hacer mucho atado…
Aruse alza su cabeza sorprendido observando como por sobre él, sentado de forma totalmente despreocupada sobre la parte superior del tronco, estaba la delgada figura de Heero. El anciano hombre seguía con el mismo atuendo que hubiera usado durante su entrenamiento, en sus manos estaba sujetando un bowl que por el aroma parecía estar lleno de carne. El estómago de Aruse resuena con fuerza, de tal forma que por un instante acalla a sus dos compañeros de sus risas, los cuales igual alzan la vista, notando también la presencia del Hokage, al igual que la del plato de carne.
-Kuso… Tanto entrenamiento me había hecho olvidar que no habíamos desayunado…
-Heero-Sensei… ¿Ya podemos comer?
Aruse no aparte la vista del plato de carne. Una nueva línea de saliva escapa de entre sus labios, estando demasiado absorto como para preocuparse de ello, pareciendo olvidar que incluso se encontraba atado. Notando como el Hokage le regresa la mirada, mostrando total tranquilidad en sus profundos ojos perlados, Aruse recupera la compostura, bajando la mirada mientras evitaba la del Hokage, negándose a darle el placer de ver el hambre en sus ojos, en especial después de haber fallado tan miserablemente la prueba de supervivencia.
-Orgulloso hasta el final… Nada propio de un Nara…
La voz divertida del Hokage hace que una vena de enfado adorne la frente de Aruse, el cual lo fulmina retadoramente con la mirada. El Hokage simplemente lo ignora mientras baja de un salto para quedar entre los tres chicos. Con un suave movimiento hace aparecer en sus manos, para sorpresa de los chicos, un par de platos iguales al suyo, los cuales deja en las manos de Izanagi y Madara.
-Tomen, coman algo que no quiero que mis nuevos alumnos mueran de desnutrición…
Ambos chicos ni se molestan en agradecer. Sin dudas ni pena empiezan a devorar los platos de forma famélica, notándose el hambre que se habían estado guardando. Heero sigue caminando con calma hasta llegar frente a Aruse, el cual mira todavía retadora y fulminante al anciano. Por su parte, el líder de la aldea de las hojas solo le regresa la mirada de forma calmada, aunque sin ocultar el dejo de diversión al ver la expresión de furia del Nara.
Aruse trata de liberarse del amarre, pero este era inclusive más fuerte que la que le habían aplicado en medio del bosque cuando se hubiera encontrado con Madara. Esta vez estaba claro que el Hokage no quería que Aruse tuviera oportunidad de liberarse.
-Entonces… ¿Sabes por qué estas atado?
-Yo….
El nerviosismo del chico Nara reaparece. Esa forma de preguntar, el tono, le recordaban a su padre cuando él hacía algo mal y su progenitor quería hacer que lo aceptara y resignara. Ese tono no le gustaba, porque era señal de su error, de sus equivocaciones, no es que se creyera perfecto, sencillamente no le gustaba equivocarse. El Hokage no mostraba nada más que una suave diversión en su mirada, cosa que Aruse contribuía al sentimiento de superioridad que su líder debía de tener.
-Yo… yo falle… ¿Verdad?
Finalmente la resignación se escucha en su voz, bajando la mirada avergonzado y algo enojado, pero no con el Hokage, si no consigo mismo. Se sentía frustrado, ese había sido su entrenamiento más importante, al igual que el más duro que jamás había realizado, y había fallado, ni siquiera recordaba cómo, era demasiad frustrante.
¿Qué pasaría ahora? ¿Era posible que el Hokage recapacitara y decidiera que era mejor regresar al pequeño de los Nara a la academia? ¿Cuántos de los profesores estaban en contra de dejarlo salir? Eran muchos…
-No niño afeminado, la razón por la que estas atado es porque eres un lunático…
Una vena de ira adorna la frente de Aruse mientras trata nuevamente de obtener su libertad para poder darle un buen golpe a la blanca cabeza anciana del Hokage. ¿Qué ganas tenía la gente de llamarle afeminado? Él no era afeminado, tal vez era muy pequeño para decirle hombre, pero no era un afeminado, no tenía derecho a llamarle así.
-Tranquilo… Pasaste…
Las simples palabras del Hokage logran calmar por completo al chico, el cual le observa impresionado por la revelación. Una sonrisa animada, y alegre a más no poder, ilumina su rostro. Deja de retorcerse para observar al Hokage atentamente, nada en sus facciones señalaba que fuera una broma o una mentira, estaba siendo sincero, pero aun así… Aun así tenía dudas.
-Pero… No entiendo… No le quite la banda… ¿Por qué dice que pase?
-¿En serio pensaban que podrían quitármelas?
Una sonrisa socarrona y burlona adorna los labios de Heero mientras lo dice. Aruse lo mira sin entender, si los objetivos no eran las bandas, ¿Qué sentido tenía ese entrenamiento? Como si le leyera la mente Heero se sienta junto tranquilo sobre una roca saliente sin quitar la mirada divertida y la sonrisa burlona.
-Déjame explicarte… El verdadero objetivo era que os dieran cuenta de sus debilidades y sus consecuencias en combate… Antes cuando estábamos en el salón les dije las más obvias, pero había que mostrárselos en combate directo, más les seré sincero… Me sorprendieron… Le debilidad de Izanagi era que no poseía poder destructivo ni ofensivo, era un buen ninja de soporte, pero eso no es suficiente para llegar a la cima… Pero logro compensar esa debilidad de forma excelente…
Mientras hablaba el Hokage fija su atención en el pequeño Uzumaki. El mismo le devuelve la mirada atento, recordando el momento de su pelea, cuando hubiera usado su nuevo ninjutsu y habilidad. Pensaba que su técnica había sido fallida al no poder hacerle ni cosquillas al Hokage, pero parecía que si lo había logrado sorprender. Sin poder evitarlo Izanagi baja la mirada alagado, con un suave sonrojo avergonzado al haber logrado impresionar al líder de su aldea.
-Madara es malo en un enfrentamiento directo… Además de que dependía demasiado de sus técnicas de fuego, necesitaba un repertorio más amplio de posibilidades, luego de ver a Izanagi y su evolución pensé que si él me había sorprendido, posiblemente Madara igual había aprovechado su tiempo, y así fue, desarrollo la habilidad de poder crear ilusiones, las cuales son una excelente arma y te permiten una posición más benéfica en batalla.
Madara sonríe tranquilo y algo burlón a Aruse, como si presumiera su nueva habilidad. Aruse le saca la lengua de una forma infantil, regresándole la burla con algo de molestia, pero rápidamente voltea a ver al Hokage. Al parecer Izanagi había logrado desarrollar una técnica impresionante, después de todo sorprendió al Hokage, y Madara había aprendido a hacer ilusiones, algo admirable, pero… ¿Qué es lo que él había hecho?
-Tú… has mejorado con la espada… Me recuerdas al baka de Aruse…
Los ojos del pelinegro se abren de la sorpresa. ¿Acaso el Hokage le acababa de decir baka? No, el había dicho que le recordaba a Aruse, pero Aruse era él. ¿Podía ser que hubiera otro Aruse? La expresión del líder de la aldea de las hojas era aún tranquila, pero podía notar cierta nostalgia en él. ¿Acaso un antiguo amigo suyo?
-¿Le recuerda a Aruse? ¿Acaso hay otro Aruse?
Parecía que Izanagi había tenido la misma duda que él, pero el joven Uzumaki no tenía problemas en preguntar para satisfacer su curiosidad. Heero sonríe con calma, melancólico, como si recordara una historia muy antigua y feliz, como si viejos y mejores recuerdos llegaran a su mente.
-Si… El más poderoso Nara que jamás existió en Konoha… El creador del Kenjutsu moderno, Aruse Nara, el genio domador de sombras.
El joven de los Nara abre los ojos impresionado por la noticia. ¿Otro Aruse Nara? Nunca había escuchado hablar de él. ¿El creador del Kenjutsu moderno? ¿Acaso hubo un Nara tan poderoso como eso? Normalmente los miembros de su clan se centraban en la estrategia. Poseían una rapidez mental increíble, aunque sonara algo arrogante y su habilidad de pensamiento era su orgullo, pero no eran muy diestros en el resto de las ramas Shinobis. Él pensaba que era el primer Nara en tratar de alejarse de las costumbres de su clan, pero al parecer… Había habido otro antes que él.
-Aunque tu estilo parece de cavernícola en comparación al suyo… O inclusive al mío, la verdad te falta demasiado por aprender, pero como tu arma era un pedazo de madera lo dejare pasar…
El Hokage mueve su mano con tranquilidad, de sus dedos estirados sale una corriente de aire que corta las cuerdas que apresaban al pequeño Aruse, el cual cae al suelo una vez liberado. Sus ojos se abren aun impactados por las revelaciones de su nuevo Sensei, pero este ignora por completo la intriga de los pequeños, empezando a avanzar hacia la salida del bosque.
-Mañana aquí a la misma hora, vengan desayunados, limpios y no quiero lloriqueos...
El Hokage se detiene girando su rostro con calma, su ojo blanco se fija en los tres pequeños gennin. En ese instante una presión increíble somete a los tres niños. Sus cuerpos parecían pesar el doble mientras quedaban atrapados por los perlados orbes de su Sensei, era como si los hubiera aprisionado solo con sus ojos.
-Como les prometí… Los entrenare para hacerlos los más fuertes, aquí no existirá el no puedo, el no quiero. Los llevare a sus límites, y los romperán una y otra vez. Explotare todo su potencial hasta que no quede nada, vivir o morir por mi entrenamiento, está en sus manos…
Los tres chicos tragan saliva al unísono, se sentían intimidades, nuevamente insignificantes. Ahora los tres se daban cuenta. El Hokage podía decir que le habían impresionado, pero él… Ni un solo momento había luchado en serio, ni siquiera un poco. Había dejado que ellos lucharan con todas sus fuerzas pero para él era solo un juego, un examen de reconocimiento. En ese instante sentían un poco, un mero vistazo del verdadero Heero Kusanagi Hyuga, un pequeño destello de su verdadero poder, y con solo eso estaban paralizados.
¿Cuán poderoso seria? ¿Cuál sería el verdadero poder de Heero? Los tres sonríen emocionados. Heero les había hablado de sus límites. ¿Cuántas veces tendrían que romperlos para llegar a su nivel? Él estaba fuera de los cálculos, era la cima, la cúspide del poder, de la fuerza, del conocimiento. Nuevamente la idea de la leyenda viviente llena sus mentes. Y ahora él era su profesor, su primer entrenamiento había terminado y desde ahora solo irían cuesta abajo, derecho al infierno. Si lograban llegar al fondo y sobrevivir… ¿Verían al verdadero Heero? Los tres chicos solo logran responder una cosa, las mismas palabras salen de sus cansadas bocas.
-Hai, sensei
