¿Qué diablos estaba pasando? ¿Cómo su vida podía estar desvirtuando de aquella manera tan precipitada? Will cada vez pasa más tiempo con él, y en infinidad de ocasiones compartiendo su lecho durante toda la noche. El joven había adquirido la habilidad de colarse por las noche en su domicilio, a través de una de sus ventanas para ambos terminar desnudos iluminados tan solo por la tenue luz de la luna. Iluminando sus cuerpos desnudos, empapados en sudor, el reverendo Lecter sucumbió ante el lujurioso cuerpo del joven. Disfrutando de cada segundo a su lado.

Lo más extraño fue como lo sucedido con el resto de monaguillos quedó tapado por un muro de silencio. Nadie dijo nada, fue… como si nada hubiera pasado. O al menos eso pensaba Hannibal. Pues uno de los monaguillos, el último en irse corriendo, el que parecía disfrutar con el espectáculo ofrecido por Will y Hannibal, rompió el pacto entablando conversación con Will un día que terminaron el oficio y los dos muchachos se quitaban las sotanas blancas-

— Oye, Will…. —

— ¿Qué ocurre Matthew? — Respondió Will cuando aún se estaba cambiando de ropa.

— ….. Nada…. Nada, déjalo. — Parece que en el mismo instante se arrepintió apresurándose a guardar la túnica.

Esperando el momento idóneo, en el mismo momento que ambos se quedaron solos, Will le agarró del brazo y susurró, pues lo que tenía que decirle o podía salir de allí. — ¿Es sobre lo que pasó el otro día? — Lejos de parecer asustado o preocupado, la sonrisa de William se ensanchó hasta ruborizar al contrario.

Matthew no dijo nada, se limitó a asentir, siempre mirando por encima de su hombro esperando que nadie estuviera escuchando de manera casual o premeditadamente. Will entendió a la perfección.

— ¿Qué quieres saber? ¿Cómo me folla? ¿Cómo me gusta el tacto de sus manos sobre mi cuerpo? O…. ¿cómo me hace sentir su enorme polla cuando la tengo dentro? —

Matthew quedó con la boca abierta, notando como la garganta se le secaba y una incipiente erección se marcaba bajo el bañador. Al percatarse Will de ello, miró a su amigo y ni corto ni perezoso metió su mano agarrando su polla.

— Siento esto mismo… pero…. — Comenzó a mover su mano por todo el largo del miembro, satisfecho al escuchar los gemidos, que este trataba de silenciar con los labios apretados. — Pero puedo hacer algo mucho mejor…. —

Maldita noche calurosa, Hannibal se había deshecho de su camisa y estaba tumbado sobre la cama. Las ventanas abiertas de par en par, agradecido por la más que pobre brisa que corría esa noche. Sus pensamientos volaban al joven de pantalones cortos que había tomado como costumbre visitarle entrada la noche, pero hoy parecía que no. Sabía que el muchacho no podía escaparse siempre, por lo que trato de cerrar los ojos y perderse en su palacio mental, recordando la textura de su sedosa piel. Para cuando quiso darse cuenta estaba dormido, soñando con aquel culito respingón que tan loca tenía su cabeza.

Una erección nocturna, no era nada extraño en un hombre, lo que si le resultó poco familiar era el sonido de dos voces que habitaban en su cuarto. Una de ellas era de Will, inconfundible, pero la segunda…

— ¡¿Qué diablos hacéis aquí!? — Exclamó Hannibal incorporándose como un resorte al ver a un segundo joven sentado al borde de la cama, pidiendo explicaciones a su joven amante.

— Padre, cálmese… por favor… padre…. — El muy pillo sabía cómo tranquilizar al mayor, acariciando su mejilla con las manos, dejando infinidad de besos sobre su cuello. — Tan solo tiene curiosidad… y como ha sido tan bueno conmigo…. — Su pequeña mano, obligaba a recostar al reverendo contra la cama, bajo la incrédula mirada del padre Hannibal. Cuando iba a protestar sus labios se vieron inundados de una lengua que podría reconocerla sin siquiera despertarse.

Mathew observaba como Will podía controlar con tan sencillo gesto, cuando su corazón se aceleró hasta sentir las pulsaciones en sus oídos. Tomó el primer contacto con el mayor, ascendiendo con sus manos sobre sus espinillas. Se sorprendió como a diferencia de él y los chicos de su clase, ese hombre tenía el cuerpo cubierto de una capa de vello. Nada exagerado, era un hombre… todo lo que le había contado… todo… sentirlo… Hannibal levantó la cabeza para protestar, pero Will le impidió tal desfachatez. La juguetona mano, se perdió entre el vello púbico al tiempo que los rosados labios recorrían la marcada nuez, volviendo a tomar el control del hombre.

— Will…. ¿Por… por qué….?

— Ssshhhhhh… —

Cuatro manos sobre su cuerpo, dos lenguas caminando sobre su piel y el pantalón del pijama siendo retirado por una de las dos bocas. El cálido aliento de una de los dos, se posó sobre su generoso falo. El cual ya estaba más que erecto, ligeramente curvado y apuntado de manera grosera al techo. Los dos chicos compartieron una sonrisa en la oscuridad de la noche, compartieron un beso que Hannibal pudo ver al bajar la mirada, expresando su aprobación con un sonoro jadeo. Pero lo que nunca esperó fue que los dos, al mismo tiempo, lucharan por metérsela en la boca.

Su cuerpo se estremeció de tal manera que necesitó cubrirse la boca para evitar que aquel gemido se escuchase en todo el vecindario. Mordió con fuerza la almohada, escuchándose a si mismo como un animal. Se atrevió a mirar, las dos cabezas subían y bajaban, babeando el miembro, escurriendo su saliva por los testículos. Provocando que la polla estuviera tan dura que las venas se marcaban sobre la fina piel.

Hannibal apretaba la almohada con tal fuerza que sus dedos perdieron algo de color. Moviendo el vientre de manera vertiginosa debido a lo errático de su respiración, casi se podría decir que estaba hiperventilando. Entonces el juego cambió ligeramente. Will se dedicó a mamarle la polla como la fulanita que era, de una manera tan deliciosa, haciendo perder el sentido al reverendo, mientras Matthew intentaba contener dentro de su boca las dos pelotas del hombre.

Aquello era más de lo que Lecter podía resistir, corriéndose al instante dentro de la boquita del joven, este sonrió tragándose todo el regalo que su amante le ofrecía pero dejando algo para el neófito.

— Matthew… ven — Le tomó del mentón acercándolo a los restos de semen que quedaban. — Hazlo, como un perro.— Algo confuso y con cierta cara de desagrado le devolvió la mirada, solo necesito ver su sonrisa para obedecer. Sacando la lengua y desde la base recogió los grumos que quedaban, arrancando un profundo gemido del hombre que allí yacía.

— Jo padre… ¿Y ahora? — Durante unos minutos los dos muchachos se entretuvieron en dar lametones sobre el miembro, manteniéndolo duro y palpitante.

Como dos cachorritos, lo lamieron dejándolo sin un resto, sin un ápice de esperma pero perfecto para que uno de los dos fuera ensartado. Will sabía perfectamente lo que quería y tenía todo a su favor para gobernar con las dos personas que compartía la cama.

— Ahora, padre… quiero que Matthew vea como me folla un hombre adulto—

— Will, espera…. ¡Espera!— El mayor se incorporó de la cama, viendo como sus protestas caía en saco roto. Travieso el moreno, mientras Hannibal lo sostenía de la cintura, este se sentó sobre su erección, penetrándose hábilmente sin darle tiempo a reaccionar.

La frente del reverendo quedó pegada al perfecto pecho lampiño del niño, maldiciendo su debilidad, maldiciendo el tacto de su cuerpo, maldiciendo el dulce sabor de su cuerpo. Los dos cuerpos, ya conocidos, se acoplaban perfectamente, moviéndose acompasadamente. Compartiendo algo más que simples caricias. Los ojos azules del muchacho, atravesaban la oscuridad clavándose en los de Hannibal. El aliento de hombre, abandonaba su cuerpo para impregnarse sobre el pálido torso del joven.

— Esto…. No está bien…. Muchacho… mi muchacho…—

— Deje de pensar…. Solo… mmmhhh—

— So…solo puedo pensar en ti…— Los románticos susurros compartidos en aquella noche de verano, siendo testigo el segundo chico. Que sentado al borde de la cama, sufría un llamativo endurecimiento en su polla. Trató de calmarla con una tímida paja, a lo que Will al recordar su presencia, lo agarró de la mano y le colocó a su espalda. — Matthwe… por detrás…. Corre…—

No podía pensar, no podía dar una explicación a los que estaba sucediendo. De lo único que estaba seguro era de lo que tenía delante. Su jovencísimo amante aferrándose a su cuerpo, empujándolo con las manos hasta hacerle recostarse y el segundo muchacho a su espalda. No supo lo que estaban tramando, pero en el momento que noto, una segunda penetración en el precioso culo de Will supo que los dos estaban dentro de él.

Los labios de Hannibal se separaron dejando oír un delicioso gemido, era tan apretado, tan cálido, y ahora con el segundo miembro en Will, la sensación de estrechez se marcaba de tal forma que sin ser consciente de ello, las uñas del adulto se hundían en la delicada piel. Escuchaba los jadeos y susurros del chico nuevo, parecía estar acostumbrándose todavía a esta clase de experiencias. Fue cuando descubrió que le daba igual el otro, solo tenía ojos para Will, el cual se retorcía con espasmos y muecas de auténtico dolor.

— Will… mi pequeño… te duele… pa…paremos…—

— ¡No! ¡Seguir! ¡Me gusta!— Se sincronizaron a la perfección, Hannibal elevando y descendiendo la pelvis, Matthew embistiendo con la cara escondida entre sus omoplatos y Will… Willl regalaba sus más que edulcorados gemidos a los dos hombres que profanaban con cada vez menos miedo su interior.

El sonido de los muelles, frenéticos, el somier quejándose bajo los violentos movimientos de los cuerpo. No había cabida para nada más que no fueran jadeos, y alguna que otra maldición al airé fresco de la noches. Y los llantos de dos muchachos anunciaron al adulto que los jóvenes estaban exhaustos.

Los tres cuerpos desnudos cubiertos hasta la cintura, se abrazaban en silencio, uno a cada lado del reverendo. No necesitaban decir nada, las miradas y sonrisas protegidas por la oscuridad eran más que suficientes. Y entre aquel tórrido encuentro, el mayor no podía apartar la mirada de los ojos azules más hermosos que jamás había visto.

Se había enamorado de un muchacho de 14 años…. Llegaría el momento de pagar por sus pecados… pero no esa noche.