CAPITULO 4: KODAMA Y KAPPA
Había una vez un kodama que vivía solo cerca de un lago. No siempre fue así, por un tiempo estuvo acompañado de todos sus amigos, pero el paso del hombre en esa zona los hizo desaparecer uno a uno. Todos los días salía en busca de más como él, aunque siempre regresaba triste y sin éxito.
Pasó el tiempo y el mismo hombre que lo había arrinconado a la soledad le trajo la felicidad de la compañía. Los aldeanos le dedicaron un templo, si bien la urbanización le había restado la majestuosidad que en épocas anteriores gozaba, el pequeño terreno de bosque que aún se preservaba era el orgullo de las personas.
El templo era muy visitado, continuamente le eran dejadas ofrendas y en variadas ocasiones escuchaba los rezos que le eran dirigidos. Lamentablemente no podía darles mas dinero, suerte en el amor o en el trabajo pero procuraba que el aire, el sonido de los arboles con el viento y el aroma de las flores fuera lo suficientemente relajante como para aliviar sus penares.
El pequeño kodama nunca albergó sentimiento alguno de odio hacia quien le quitó a sus amigos y ahora incluso los amaba. Sus salidas en búsqueda de compañeros cesaron, hasta que una tarde lluviosa un kappa se presentó en su recinto. Feliz le ofreció alojamiento el tiempo deseado a lo que el kappa aceptó gustoso. Ambos se hicieron amigos muy cercanos.
La felicidad del espíritu se quebrantó cuando escuchó el llanto de muchos padres. Ahora los rezos no solicitaban riquezas o parejas sino a sus seres amados en casa. Bastantes niños habían desaparecido sin dejar rastro. Desconsolado por no poder ser de ayuda le contó lo sucedido a su amigo quien le reconfortó: "No te preocupes, ya volverán"
Pero las palabras del kappa no se cumplieron y los infantes seguían esfumándose. Atormentado, intentó salir del templo y del bosque para buscar por su cuenta, a sabiendas de que se debilitaría o incluso podría morir, a tiempo fue detenido por un baku.
"Morirás si sales del bosque"
El asombró por conocer a un segundo ser similar pasó a segundo plano. La desdicha era su principal emoción ahora. Decaído le relató lo acontecido en su amado pueblo.
"Me siento inútil de no hacer nada por los pobres seres humanos, están sufriendo y no sé como ayudar"
"¿No lo sabes? Si expulsaras al kappa de tu templo, todo regresaría a la normalidad"
"¿A mi amigo?"
"Los niños son el alimento favorito de los kappa. Todo ese dolor se ha manifestado en pesadillas, por eso he venido, me he dado un festín"
El kodama no podía ni quería creer tal afirmación, y así, cegado por su amor evitó la realidad. Las personas comenzaron a irse de ese pueblo, lo habían tachado de estar maldito. El templo fue abandonado pero esta vez el kodama no se sentía solo porque su amigo estaba con él.
"Así estamos mejor" le dijo el yokai.
"Pobre e ingenuo espíritu" pensó el baku al verlos abrazados desde lejos.
Curioso. ¿Por qué había soñado con eso?, si no mal recordaba aquel fue el último cuento que le había leído su difunta madre cuando aun estaba sana. Se sentía cansado y con el cuerpo pesado, como si no hubiera dormido. Giró su vista hacia su reloj, alarmado, se levantó de la cama al ver la hora. No podía ser posible, ¿tanto había dormido? Ya eran las diez de la mañana.
Presuroso se vistió y alistó para bajar a desayunar, afortunadamente era sábado y hoy no tenia clases extras sino hasta en la tarde. Detuvo su mano en seco cuando estaba por girar el pomo de su puerta y entonces las imágenes de la noche regresaron cuales flashes a su cabeza. Pero sobretodo esa parte.
Seguían abrazados, Kevin ya había regularizado su respiración, pero él continuaba acelerado.
- Por cierto Doble- D, prométeme que no le contarás a nadie sobre esto. Lo que hicimos es muy personal y solo debe quedar entre nosotros. – El pelinegro, sin deshacer el gesto, se alejó solo un poco para mirar a su hermano al rostro.
- ¿Me llamaste Doble-D?
- Te gusta tu apodo ¿no? Lo note, en la escuela te alegras cuando el idiota de tu amigo te llama así. – No respondió solo asintió felizmente con su cabeza- Bien, prométeme que no se lo dirás a nadie ni siquiera a padre.
- ¡Te lo prometo, hermano! – La felicidad de por fin llamarlo de ese modo, le hizo ignorar el hecho de que esa promesa le comprometía a mentir en un futuro.
No pudo evitar sonrojarse, como tampoco logró eludir ese raro sentimiento opresivo en su pecho, no logró darle un nombre pero sabia que algo andaba mal.
Se alegró al verlo bajar las escaleras principales pero reafirmó su teoría cuando vio el gesto pensativo en su rostro. Aquello de que se habían desvelado jugando no la convencía para nada, temió lo peor y que quizás Kevin lo hubiera golpeado, aunque de momento no veía lesión física alguna. Le sirvió el desayuno y su corazón se estrujó con la escena de Eddward pensativo solo observando su comida sin siquiera tocarla. Probablemente el pelirrojo si abusó de él en partes del cuerpo poco visibles. Decidida a ayudar al tierno niño, se animó a iniciar la conversación.
- ¿No le apetece la comida joven?
- ¿Eh? … ¡ah, no, no es eso! Es que… no tengo mucha hambre.
- Si gusta puedo prepararle otra cosa. ¿De que tiene antojo?
- No, está bien, además mi mami me decía que la comida no se debe desperdiciar.
- Muy sabio consejo.
- Mami era muy inteligente…
- Joven Eddward, ¿hay algo que lo moleste?
- ¿Qué me moleste?
- Si, es decir, usted nunca se despierta tan tarde y siempre desayuna alegremente. ¿pasó algo malo?
- Bueno, es que…
Era consciente que con algunos niños se debía ser perseverante, notaba que el pelinegro tenia deseos de hablar solo era cuestión de incitarlo a hacerlo. Hizo a un lado las normas estrictas a las cuales estaba sometida y se sentó al lado del niño, para tomarlo dulcemente de las manos.
- Puedes confiar en mí. Mas que una niñera quiero ser tu amiga y cualquier cosa que me digas se quedará entre nosotros, algo te incomoda, te sentirás mejor si se lo cuentas a alguien.
Iba por buen camino, sintió las suaves manos contrarias aferrarse a las suyas. Solo esperaba que Kevin se tomará su tiempo bañándose y no se interpusiera.
- Señora Emma, ¿usted tiene hermanos o hermanas? – Maldijo internamente a ese mocoso maleducado pelirrojo. Todas sus suposiciones estaban siendo confirmadas. Esperaba que Jonathan no se hiciera de la vista gorda en este aspecto de sus hijos o ella tomaría otras medidas sin importarle el renombre de la familia; tenía conocidos en servicios infantiles.
- No, desgraciadamente no tuve la fortuna. Soy hija única.
- Oh, ya veo…
- Pero si desea consultarme algo, estoy segura que mis años de experiencia le serán de gran ayuda.
- Entonces… ¿los hermanos deben ser muy unidos?
- Generalmente lo son, sí. Claro que la relación es diferente para cada persona y familia.
- ¿Cómo diferente?
- Pues vera, como le dije, yo no tengo hermanos, pero mis amigas si los tenían y cada una se relacionaba de diversa manera con ellos. Algunas dormían juntas, otras se contaban sus secretos había quienes incluso compartían su ropa.
- ¿En serio?
- Si, pero todas tenían algo en común y es que había amor de por medio.
- Entonces los hermanos se demuestran su cariño de muchas maneras y no todas son igual.
- Efectivamente, pero lo importante es que nunca se nos haga daño.
- ¡Entiendo!
- Joven Eddward, ¿su hermano lo ha…
- ¡Por fin bajaste Doble-D!
- ¡Kevin, buenos días!
Ese niño parecía el mismo demonio, la había interrumpido en la parte esencial. Se sintió derrotada cuando Kevin la mandó a preparar innecesariamente más comida y él tomaba su asiento. De momento dio por zanjado el tema porque evidentemente Eddward no hablaría con su hermano presente. Emma no lo sabía en ese momento, pero sería reemplazada una semana después, siendo esa su única indagación en el tema y por suerte tampoco se enteraría de que indirectamente sus palabras animaron a Edd a seguir los juegos de su hermano.
Nada más entrar en el comedor, fijó su vista en las piernas de su hermanito, quien las balanceaba infantilmente en la enorme silla para alguien tan pequeño. La mañana era calurosa; los shorts le daban una vista perfecta de esa tersa piel. Desde aquel percance en su habitación con su escondite, la presencia de la servidumbre se le antojaba sumamente molesta y ahora con su nuevo descubrimiento ese fastidio no hizo mas que aumentar. Sentía la mirada reprobatoria de esa mujer sobre su persona, últimamente lo observaba como si el simple hecho de estar sentado junto al ojiazul ya representara algo malo. Obviamente se desharía de ella, pero todo a su tiempo. Se sentó al lado de Eddward quien comenzó a comer alegremente. Harto advirtió como la vieja se colocaba detrás suyo esperando que el pelinegro terminara.
- Emma.
- Dígame joven.
- Se me antojaron unos hot cakes, prepara unos.
- Pero joven, recién acaba de desayunar.
- Igual quedé con antojo. Prepara unos.
- … Como ordene, solo esperaré a que el joven Eddward termine y …
- No es necesario, yo puedo cuidar de mi hermanito. ¿Cierto, Doble-D?
- ¡Claro! Descuida Emma
Saboreó la victoria en cuanto vislumbró la cara de desconcierto en la niñera. Nada mas al verla salir por la puerta del comedor con rapidez, cerró con seguro.
- ¿Qué haces?
- Preparando todo para el próximo juego.
- Estamos desayunando
- Termina para que podamos jugar.
- De acuerdo.
En los próximos minutos mientras se secaba el cabello se dedicó a apreciar el físico del pelinegro. No se había dado a la tarea de observarlo a consciencia, su primera impresión había sido que parecía alguien muy débil pero ahora examinando su cabello, sus carnosos labios y recordando la suavidad de su piel; Eddward le parecía más bello que cualquier otra niña.
- Termine, voy a dejar mis platos en el fregadero.
- Primero juguemos
- Pero…
- Es solo un juego rápido
- ¿Cómo el de ayer?
- Parecido, pero no igual. Aquí habrá un ganador.
- ¿Qué ganará?
- Mmmm veamos, el juguete que elija del perdedor
- ¿Lo juras?
- Si, ¿jugamos?
- ¡Si!, ¿de qué trata?
- Es el juego de no hacer ruido. Si logras permanecer en silencio sin que Emma te escuche, ganas. Si haces al menos un poco de ruido, yo gano.
- ¡Que fácil!
- Bueno, empecemos- Seguía sin poder creer lo ingenuo que resultó ser Edd, su inocencia no hacía más que provocarlo. Sin titubeos, movió su mano hacia la entrepierna del pelinegro, quien en automático cerró las piernas y lo miró asustado.
- Es parte del juego, ¿ves que no es tan fácil?
- No me harás daño, ¿verdad?
- Que cosas dices, soy tu hermano, jamás te lastimaré y esto solo es un juego. – Lo observó quedarse pensativo para regresarle la mirada.
- Bien
- Abre las piernas – Encantado vio como accedía, sin perder mas tiempo, introdujo su mano en el short donde, por encima de la ropa interior, empezó a acariciar el miembro de su hermano. Lo excitaba verlo con los ojos cerrados algo acuosos, sonrojado y en el vano intento de no hacer ruido, cubrirse la boca. Su propio pene ya estaba erecto de solo escuchar los gemidos reprimidos, con su mano izquierda se masturbaba a la par que aumentaba las caricias con la diestra. El sonido de la batidora ocultó perfectamente la voz de Edd.
- ¡Pa.. para… ya no… ahhhhh! – Antes de venirse, se acercó bruscamente a Edd para que pudiera besarlo mientras se corría.
- ¡mmmmm! – Le fascinaba el panorama frente a sus ojos; el ojiazul respirando exhausto con su prenda machada, él con la mano llena de la misma sustancia y también con la ropa sucia.
- ¡ah… me… me besaste!
- ¿Te gustó?
- … Creo que si
- A mí también. Por cierto, perdiste.
- Pero… tú, también hiciste ruido.
- Fue al final y se cubrió con tu boca
- ¡Eso es trampa!
- Nunca dije las reglas
- Malo – El mohin de cachetes inflados y mejillas sonrojadas le excitó. - Kevin, quiero cambiarme, me ensucie y tú igual.
- Vamos arriba
- ¿Y tus hot cakes?
- No tengo hambre
- No esta bien hacer trabajar a Emma solo porque si
- Comeremos luego, además hay que esconder la ropa.
- ¿Por que?
- Tu mismo lo dijiste, no hay que hacer que Emma trabaje de mas. Esto lo lavaremos nosotros.
- Ok. ¿Qué juguete vas a querer?
- No necesito ninguno, contigo me divierto bastante.
Ya estaba cerrando los ojos, dentro de poco se quedaría dormido, pese a todo continuó leyendo porque a ella también le gustaba mucho ese cuento.
- Entonces el baku decidió…
- ¿Por qué? – Se sorprendió de que aun pudiera formular preguntas, dentro de poco entraría en la inconciencia
- ¿De que hablas, cariño?
- ¿Por qué hizo eso el kappa? – Su adorado hijo no dejaba de asombrarla, desde que lo vio por vez primera no se imaginó cuanto lo amaría, luego cuando su maestro le comentó sobre el IQ su orgullo creció más. No era la primera vez que le leía ese relato para dormir pero si era la primera en la que dicha interrogación se hacía presente.
- No lo se cielo. Desafortunadamente hay personas así en la realidad. Personas que dicen amarnos pero en realidad solo se aman ellos mismos, que no les interesamos y solo desean aprovecharse de las buenas intenciones de los demás. - Inevitablemente apareció el rostro de Jonathan en su mente. Se perdió un momento en sus pensamientos y al regresar a su presente se encontró con la imagen de su pequeño plácidamente dormido, quizás desde que había iniciado su explicación. Lo arropó amorosamente y depositó un cálido beso en su frente.
- Descansa amor, solo espero que tú no te encuentres con esa clase de personas.
Hola, espero que haya sido de su agrado.
Meri Hany: Me encantan los comentarios enérgicos. Me animan mucho y ademas yo misma los hago cuando comento en mis fics favoritos. Pues ya ves que Emma salió de escena. Era alguien que solo quería ayudar y pues la precocidad de Kevin tiene su razón de ser (supongo que ya se intuye) pero se explicará a su tiempo.
Chocolatito: Muchas gracias por tomarte la molestia de comentar. Te lo agradezco . Espero te haya gustado.
Bueno, ya lo habia comentado en la pagina de face pero es importante por favor al momento de imaginarse a Edd y Kevin háganlo sin sus respectivos gorros.
