Un misterioso pasado.
Capítulo 4
- Luz podrías venir un momento – dijo Deboner entrando al salón donde la chica comenzaba a trabajar.
- Sí. – dejó sus cosa en el piso, el salón había sido cubierto con unos cuantos plásticos para evitar accidentes con la pintura, se dirigió a la sala donde Deboner se encontraba tomando el té. – puedo ayudarla en algo. – dijo al entrar.
- Siéntate por favor. – acató la orden y se sentó. – quería proponerte algo.
- Proponerme?
- Así es, supe que vives muy lejos de la mansión es eso cierto?
- Sí, así es.
- Y supongo que te cuesta mucho tiempo venir hasta aquí.
- Pues sí un poco.
- Me preguntaba que te parecería quedarte a vivir un tiempo en la mansión, al menos en lo que realizas el trabajo.
- Lo está diciendo enserio – dijo Luz sorprendida.
- Claro, debe ser muy molesto viajar casi dos horas hasta aquí y regresar en la noche, además así podrás avanzar más pronto el trabajo.
- Podría pensarlo un tiempo. – dijo Luz y Deboner asintió. – prometo responderle en dos días a más tardar.
- Tómate tu tiempo.
- Gracias... por cierto quería pedirle algo, podría darme alguna fotografía de la quinceañera.
- No.
- Disculpe?
- No tengo ninguna.
- Pero...
- Ya veremos ese asunto después te parece.
- Como usted diga. – levantándose, realizó una reverencia y regresó a su trabajo. – "no tiene ninguna" se puso a pensar en como podía ser posible que no tuviera ninguna fotografía, pintura o cualquier cosa con la que pudiera apoyarse para realizar aunque fuera un primer esbozo – "Esto será más difícil de lo que creía" – comenzó a trazar los primeros dibujos en la pared había una plataforma en la parte exterior de la casa, tenía ruedas para facilitar su transporte ya que la única forma de introducirla en la casa era por medio de la puerta de cristal que daba al patio parte complementaria del salón.
El tiempo siguió corriendo y no avanzó mucho ese día apenas logró trazar unos cuantos dibujos antes que el sol comenzara a declinar cosa que le impidió continuar su trabajo, así que tuvo que regresar a su casa antes de lo previsto.
- Al paso que voy no terminaré de hacer los dibujos, esas cuatro horas me serían muy útiles – dijo en voz alta mientras estudiaba los dibujos más recientes que había hecho.
- En ese caso por que no aceptas la propuesta de quedarte en la mansión – le respondió Aguila.
- Es que si lo hago... no sé... no me inspira confianza.
- Pero ten en cuenta que podrías adelantar tu trabajo y eso te reducirá el tiempo de estadía en la mansión.
- Pues, no sé.
- Además voy a dejarte por algún tiempo.
- Qué?
- Mi padre está enfermo y mi madre me pidió que fuera a visitarlos.
- Qué coincidencia mi madre me pidió lo mismo.
- Tal vez presintieron algo no te parece – la sonrió recargándose en una de las paredes de la sala desde donde veía a su prometida.
- Cuanto tiempo te irás? – preguntó la chica.
- Dos meses a lo sumo.
- Dos meses? Me dejarás sola tanto tiempo.
- Por que no aceptas y te quedas en la mansión al menos por ese tiempo.
- Bueno, si lo pones de esa forma... no sé.
- Además te sentirás como una princesa en ese gran palacio no?
- Tal vez, de acuerdo acepto sólo serán unos cuantos meses no toda la vida. – dijo Luz aceptando con animo su decisión.
- Así se habla, tómalo como una aventura.
- Sí, tendré que averiguar por que no tienen ninguna fotografía de la chica de los quince años.
- No tienen? – se asombró Aguila.
- No te lo dije, déjame ponerte al tanto – Luz comenzó con su relato.
- Señora Deboner, he decidido aceptar su propuesta. – dijo Luz una vez que la mujer le permitió hablar.
- En ese caso te recibiremos con agrado el día que quieras traer tus cosas a la casa.
- Mañana, después de todo mi novio saldrá de vacaciones un tiempo y podría adelantar mi trabajo los fines de semana.
- Cómo quieras – extrañamente Deboner se comportaba muy dulce en esos momentos, tal vez estaba juzgándola antes de tiempo.
- Con su permiso me retiro a continuar mi trabajo. – Deboner asintió.
Luz trabajó muy duro ese día pero por más que lo intentó los dibujos no parecían quedarle a su gusto y extrañamente se sentía observada por alguien, aunque ya se había acostumbrado le parecía inquietante que alguien estudiara sus movimientos.
"Ya basta" volteó hacia la ventana y no encontró a nadie. "Averiguaré de quien se trata tarde o temprano" se acercó a la ventana y la abrió se asomó pero no encontró a nadie en la cercanía.
- Maldición no hay nadie.
- Señorita sucede algo? – Luz volvió la vista y encontró a Manuel quien nuevamente le llevaba algo para almorzar.
- No es nada Manuel, pero me pareció que alguien me espiaba – Manuel frunció el ceño. – Ocurre algo?
- Tenga cuidado señorita, se dice que hay una persona desquiciada en los alrededores.
- Un loco? – se sorprendió Luz.
- Esa persona suele rondar con frecuencia la casa y hasta el momento se ha comportado inofensivamente pero... tenga cuidado.
- Lo tendré en cuenta – Luz prefirió guardar ese secreto y no revelárselo a Aguila después de todo, él partiría a la mañana siguiente y no podía dejarlo con un pendiente así en su alma, además si era inofensivo no tendría nada de qué preocuparse. – Manuel antes de irte podrías hacerme un favor.
- Sí.
- Ayúdame a meter la plataforma, mañana comenzaré a pintar la parte superior y la necesitaré.
- Con gusto. – el mayordomo ayudó a la chica a empujar la enorme estructura hasta el salón y después de eso decidió regresar a su casa, el sol comenzaba a declinar y la nueva amenaza que se había hecho presente la inquietó un poco así que se fue temprano.
- Luz ya tengo que irme – Aguila escuchó la última llamado para abordar el tren, Luz lo miró con tristeza.
- No quiero que te vayas.
- Ya habíamos hablado de esto antes, estarás bien. – Levantó la cara de la chica con su mano y le dio un beso en los labios – te veré pronto.
- Cuídate – respondió la chica abrazándolo.
- Tu también. – Subió al tren que comenzaba a avanzar – Te escribiré antes de venir así que no esperes ninguna carta antes entendido.
- Tu siempre tan atento – dijo Luz con una sonrisa en los labios y una mirada de enojo.
- Hasta luego – se despidió el chico levantando la mano.
- Salúdame a mis suegros – le gritó como último y varias personas voltearon a verla.
- Cuenta con eso – le guiñó un ojo al tiempo que un encargado cerraba la puerta.
- LUZ! – Sus amigas llegaron corriendo. – Rayos no lo alcanzamos.
- Qué sucede amigas?
- Nada, queríamos despedirnos de Aguila, pero no alcanzamos.
- Pensábamos que estarías triste.
- Sólo son dos meses por que habría de ponerme triste... ¿dos meses? Mucho tiempo verdad pero además... ta, ta – mostró un pequeño pedazo de papel – tengo el teléfono de la casa de mis suegros. – sonrió.
- Eso lo explica todo – dijeron a coro.
- Qué quisieron decir con eso.
- Nada, nada – continuó Marina – pero y si las pequeñas vacaciones llegaran a alargarse más de lo debido.
- ... – Luz puso una carita triste – no hablas en serio verdad.
- Yo... este... – Marina trataba de evitar que Luz comenzara a llorar - ... claro que no era broma.
- Aunque la posibilidad existe – dijo Anaís en tono analítico.
- ...no puede ser – La miró Luz con ojos de perrito triste y un tanto acuosos por las lágrimas.
- No, claro que no pasará.
- Luz si quieres puedes llorar de una vez, sabes que su madre no lo dejará volver cuando mínimo en tres meses.
- Qué mala eres Caldina – dijo Luz llevándose las manos a la cara y haciendo además de llorar – Pero es la verdad – cruzó su brazo derecho alrededor de su cintura mientras que con la mano izquierda sostenía su cara con expresión pensativa. Sus amigas sonrieron al ver que al parecer no le afectaba la partida de Aguila.
- Descuida te cuidaremos bien.
- Gracias pero me mudaré hoy a la mansión.
- Lo estás diciendo en serio – dijo Marina. – No crees que es precipitada tu decisión.
- Al menos no estaré tan sola, como en mi departamento, prometo venir a verlas los fines de semana.
- En ese caso cuídate y buena suerte – dijo Anaís.
- Gracias.
Tomó su maleta y respiró al ver la enorme mansión de frente.
- Bueno aquí voy. – con decisión emprendió la marcha hacia el interior de lo que sería su hogar en los próximos meses, dos figuras miraba los movimientos de la chica, la primera lo hacía desde el interior de la casa a través de una ventana, su expresión era seria y tal vez un tanto malévola, la segunda era una silueta oculta entre los árboles y se limitaba a seguirla con la vista, volteó a ver la mansión y encontró con la vista a la primera figura, permaneció oculto entre los árboles para no ser visto y frunció el ceño, al verla entrar por la puerta principal.
