Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Capítulo 3: La obra ganadora.
Incluso después de la semana dorada, Natsumi no pudo zafarse a Kise de encima reprochándole que lo dejó solo en su visita a Seirin. Iban de regreso después de ganar el primer partido para las preliminares de la Inter High. Y allí estaba el rubio molesto, como si fuera una piedra en el zapato.
―Me fui porque la chica del cabello extraño me irritó. ―si bien no era una excusa completamente cierta, Natsumi no tiene por qué darle explicaciones al chico.
― ¿La chica del cabello extraño? ―Kise se tocó la barbilla pensando en quien era. ― ¡Ah! ¿Conociste a Ritsukacchi? ella es bastante peculiar...me cayó muy bien…
Y entonces Kise empezó hablar de la chica y de cómo la conoció. Natsumi solo puede decir que es una chica respetable. Pero aun así, no supo explicar la razón por la que le molestó que Kise hablara de ella como si fuera la mejor mujer que ha conocido en el planeta. La risa de Moriyama fue la que la sacó de sus pensamientos.
― ¿Ella pensó que eras gay? jajajaja.
Kise hizo un puchero ante las risas. ―Sí, pero ya aclaramos eso.
Las burlas y bromas no cesaron en todo el camino, hasta que se separaron y cada uno fue a sus respectivos hogares.
Natsumi llegó a su casa e inmediatamente subió a su habitación. Al fin y al cabo, estaba sola, ya que sus padres estaban trabajando. Pero se sorprendió al encontrar a Kaile en su cama.
― ¡Natsu chan! ―ella saltó a abrazar a su amiga. ―Yuki chan me dijo que ganaron así que decidí venir a celebrar con películas y helado.
― ¿Cómo entraste? ―preguntó la pelinegra mientras se apartaba.
―Por la ventana. Te sorprendes de la poca seguridad que hay en tu casa.
Y así, Natsumi tuvo que ceder a las ocurrencias de su amiga y ver películas hasta que se quedaron dormidas.
El fin de semana pasó relativamente normal. Ahora, el par de amigas caminaban juntas al instituto. Kaile estaba leyendo el periódico local mientras hablaba de cosas triviales.
―whoa, atrapar un ladrón debe ser muy duro. De verdad admiro a esos tres." Natsumi miró el periódico y abrió un poco los ojos al ver en la primera página al dúo de primer año de Seirin y a Ritsuka. ―Natsu chan, ¿los conoces?
Natsumi solo asintió pero no añadió nada más. Cuando llegaron a Kaijo, se despidieron y cada una se fue a su respectiva clase. Natsumi se dirigió a su asiento tranquilamente apartando a la multitud de niñas.
― ¡Hola Natsumicchi! ―Kise la saludó haciendo caso omiso de las niñas que empezaron a mirar mal a la pelinegra.
―Buenos días, Kise. ―ella saludó formalmente y se sentó a leer.
Al comenzar la clase, el sensei anunció un trabajo en equipos para el concurso de arte. En donde tendrían que hacer una pintura. La obra ganadora será expuesta en una galería de arte. Era obligatorio participar.
―Es un honor para Kaijo haber sido elegidos para mostrar el talento oculto de nuestros estudiantes. Por lo tanto, para no complicarnos por las parejas, harán equipos con su compañero de asiento. Tienen una semana para crear la obra.
Instintivamente, Natsumi miró a su derecha para encontrarse con que el rubio ya la estaba mirando. Ella no puede creer que su mala suerte haya aumentado tanto.
Por otro lado, Kise estaba pensando que esa era la oportunidad perfecta de conocer un poco más de la pelinegra. Y que lo aceptara como amigo suyo.
―Entonces, somos compañeros. ―dijo Natsumi, sin que tuviera otra opción.
― ¡Si! ―y ahí estaba la típica sonrisa del muchacho.
―Después de la práctica, iremos a mi casa. Está mucho más cerca. Quiero acabar con esto lo más pronto posible. ―eso ni siquiera fue una sugerencia, más bien fue una orden. Pero
Kise se encontró con que ya se estaba acostumbrando a ese trato por parte de la morena.
La práctica tomó su curso normal. Natsumi tenía la labor de estudiar a su próximo oponente, pero con la fuerza del equipo, no habría problema de ganarles. Fue allí cuando su teléfono sonó, indicando que recibió una llamada. La cual era de su novio, Kentaro Toshiro.
―Natsu chan, ¿todavía estás en la práctica de baloncesto?
Natsumi se sorprendió de que supiera que ella era la gerente del equipo de su escuela. ―Hola, Toshiro. Si, aún estoy en la práctica. ¿Cómo sabes que…
― ¿Qué eres la gerente? yo lo sé todo, mi querida Natsu chan. Ahora, necesito que vengas a la cena que hay esta noche en mi casa. Eres mi novia y debes cumplir ese rol.
―Debo hacer un trabajo para la escuela. Hoy no puedo… ―nuevamente fue cortada por el chico.
―No te estoy preguntando si quieres venir. Si te digo que vengas, vienes. ¿O quieres que tu papá se entere que te distrajiste con cosas que son irrelevantes?, como el ser la gerente de un club de baloncesto. Porque estoy seguro que no le gustará saber que estás siendo participe de algo que no te trae ningún conocimiento.
Natsumi apretó mucho los puños, al punto en que sus nudillos se pusieron blancos. Respiró profundamente para calmarse. ―Estaré allí. ―Ella no quería que su padre se decepcionara de su única hija. Había muchas expectativas puestas en ella.
―Te estaré esperando, mi amor. ―y con eso, la llamada terminó.
Kise, que por alguna razón no apartó su mirada de la chica, se dio cuenta de que ella estaba mal. O por lo menos que esa llamada le había generado un problema. Pero para su desgracia, Kasamatsu se enteró de que estaba distraído.
― ¡Deja de mirar a Natsumi y concéntrate o te golpearé! ―pero aun así, una patada había caído directamente en su rostro.
― ¡Pero si ya me pegaste, Kasamatsu sempai! ―Kise se quejó sosteniendo su mejilla.
―Bien muchachos, la práctica acabó. Vallan a las duchas. ―el entrenador dijo después de sonar el silbato.
Inmediatamente, Natsumi se levantó, recogió sus cosas y se dispuso a irse. Pero fue detenida por el rubio. Kasamatsu quiso ir, pero mejor se lo dejó a Kise. Quizás sea más eficiente que él.
―Natsumicchi, pensé que nos iríamos juntos a tu casa para lo del trabajo. ―Natsumi se quedó mirando la mano en su muñeca, que fue retirada al instante.
―Cambio de planes. Tengo algo importante que atender, por lo que no podremos hacerlo hoy. ―al ver que Kise se puso un poco rojo, ella aclaró lo que quiso decir. ―Me refiero a la pintura.
Él muchacho se pasó una mano por la cabeza. ―Pero yo no puedo mañana ya que tengo una sesión de fotos.
Natsumi miró el reloj en su muñeca derecha. ―Está bien. Te acompaño a la sesión y en el camino discutimos que ideas tenemos. Hasta luego.
Y con eso, la morena dejó al rubio, que tenía que tomar una ducha en ese momento.
La cena en casa de la familia Kentaro no tuvo ningún problema. Natsumi llegó a tiempo por lo que Toshiro estuvo satisfecho. Y allí, jugó el papel de la hija perfecta de los Miura. Sí, ella quería salir corriendo y desaparecer.
Ella tuvo que haber pensado bien antes de decir que acompañaría a Kise a la sesión de fotos. Ni un solo momento pudo tener para hablar con el chico de lo que verdaderamente importaba.
No. Para Natsumi solo era una obligación el estar con él ahí.
Cuando por fin la sesión terminó, decidieron ir a casa de la pelinegra, como se había planeado originalmente. Ella quería más que nada que terminaran rápido para no pasar tanto tiempo a solas con el rubio.
Kise le echó un vistazo a la casa de su compañera. Paredes blancas, y una que otra decoración simple. Todo parecía tan….muerto. Ellos subieron al cuarto de la morena, que al igual que el resto del hogar, era simple y sin gracia. Solo constaba de una cama, armario y una mesita de noche.
Por el rabillo del ojo, vio un portarretrato encima de la mesa, en donde estaba una anciana abrazando a una niña con cabello negro trenzado y una grande y hermosa sonrisa. Kise no pudo creer que la niña de esa foto fura la chica que estaba con él en este momento. Él realmente pensaba que si ella se reía, se escucharía crujir engranajes que nunca se habían utilizado.
―Entonces, ¿Qué ideas tienes? ―preguntó la morena mientras palmeaba un cojín para que él se sentara allí.
―Pues….estaba pensando en que deberíamos plasmar algo alegre. A todos les gustan las cosas felices ¿no?
―Ralph Waldo Emerson dijo que la alegría no es más que una máscara de la tristeza. Por lo tanto, estaríamos plasmando una mentira.
― ¿Ralph Qué? y espera, ¿Cómo puede ser la alegría una mentira? ―preguntó Kise, aun intentando pronunciar el extraño nombre en su mente.
―Los seres humanos siempre disfrazan sus emociones de dolor, tristeza y sufrimiento para no ser lastimados más. Muy bien lo dijo William Shakespeare: cuidado con las personas, la gente no dice todo lo que piensan, ni siempre sienten todo lo que dicen.
Kise quedó boquiabierto ante la enciclopedia humana que tenía en frente. Ella definitivamente podría hacerle competencia a Akashi. Pero él no estaba del todo de acuerdo con lo que la chica decía. Si ser feliz solo era un mecanismo de defensa entonces, ¿por qué razón existen las emociones? todo esto lo llevó a pensar que a la pelinegra la han lastimado demasiado. Lo que la obligó a encerrarse y no confiar en las personas.
―Bueno, ¿Qué tal si entonces plasmamos justamente eso? ―Natsumi frunció un poco el ceño en señal de que debía explicar lo que acaba de decir. "Me refiero a….como se ocultan las emociones. Como la tristeza detrás de la alegría.
Si bien era una idea un tanto extraña, Natsumi en verdad creyó que eso era algo coherente y artístico. Por lo que estuvo de acuerdo con lo que el rubio propuso.
Y así, empezaron su trabajo. Ella tomó lo que se supone iba ser la parte "triste y muerta" y Kise tomó lo que iba a ser la parte "alegre y viva". Todo iba bien, hasta que el estómago del chico gruñó de hambre.
―Creo que tengo hambre. ―dijo Kise con una sonrisa.
―Vamos a tomar un descanso y comer algo. ―ella dijo mientras se paraba. Kise la siguió hasta la cocina.
Natsumi tomó dos latas de ramen instantáneo y le pidió a Kise que alcanzara el abrelatas. Mientras ella se dispuso a abrir la primera lata, y repetir el proceso con la otra, Kise no pudo evitar preguntar lo que se le estaba pasando por la mente.
― ¿Dónde están tus padres, Natsumicchi? ¿Siempre estás sola?
Ante la repentina pregunta, Natsumi dio un salto de sorpresa y su mano resbaló por la lata entreabierta, cortando su dedo índice. La sangre empezó a gotear haciendo que Natsumi se mareara un poco y se tambaleara hacia atrás. Si, ella le tiene fobia a la sangre (aún se pregunta cómo es que maneja su periodo).
Por puro reflejo, Kise la tomó de los hombros y envolvió el dedo con su mano libre. Natsumi se puso nerviosa al entrar en contacto con la piel del rubio, así que lo empujó rápidamente.
―No necesito tu ayuda. Es solo un estúpido corte. ―ella dijo, evitando mirar la sangre.
―Está bien pero….hay que limpiar eso de todas formas. ―dijo Kise.
Natsumi lavó el dedo, estremeciéndose al contacto con el agua, y luego sacó una curita del cajón del medio. Pero al momento de ponerla, la pequeña herida había vuelto a sangrar por lo que fue imposible para la morena completar la acción.
Kise se dio cuenta de que ella no manejaba muy bien la sangre, así que le quitó la cura y se dispuso a ponerla en el dedo por él mismo.
―Listo. Con eso debe estar bien. ―él dijo brindándole una sonrisa.
―Gracias... ―murmuró la pelinegra. ―Comamos y volvamos a trabajar.
Comieron en completo silencio, que para Natsumi fue bueno, considerando que es Kise con quien está. Ella pensó que él hablaría mucho pero al parecer, se equivocó.
Pero ella era totalmente ajena a la mirada de ojos dorados que la estudiaban con precisión. Justo como lo hace cuando copia un movimiento mientras juega baloncesto. Kise no iba a negar que Natsumi era bonita. Su largo cabello negro hacia que pareciera una muñeca de porcelana en contraste con su piel blanca. Y luego estaban los ojos. Esos ojos negros que eran llenos de misterio.
―Continuemos con el trabajo. ―el muchacho fue interrumpido en su proceso de pensamiento por las palabras de la chica.
―S- sí. ―alcanzó a decir antes de seguirla escaleras arriba.
Ellos acabaron su trabajo alrededor de las 10:00 pm y Kise seguía preguntándose en donde estaban los padres de Natsumi.
La chica se sorprendió al ver lo bien que el rubio dibujaba. Casi parecía perfecto. Hecho por alguien profesional. Unió su trabajo con el de él y quedó el cuadro de la tristeza y la alegría. Dos emociones que prácticamente dominan el mundo.
El cuadro de Miura Natsumi y Kise Ryota.
Porque ella lastimosamente lo vio así. Ella era la tristeza, mientras que él era la alegría.
Sorpresivamente para todos, ese cuadro tuvo mucho impacto el día de su exposición. Llegando así a ser la obra ganadora.
Kise se sintió orgulloso. Sea como sea, él era Kise Ryota, él siempre ganaba. Bueno, casi siempre.
Miró a Natsumi y ella lo miró a él. El rubio le dedicó una sonrisa que ella pudo asegurar, es la verdadera. No la que usa cuando está en una sesión de fotos. O la que tiene asignada para sus fans. O esa que hace cuando está con sus amigos. O la que tiene cuando algo le parece incómodo. No, era la sonrisa autentica. Y se la estaba dedicando exclusivamente a ella.
Eso la hizo inexplicablemente feliz en su interior.
