Me miran. Aun no he descubierto si es con curiosidad, ira o desprecio, pero estoy seguro que es con alguna de esas emociones la que se reflejada en sus ojos. Es raro, ¿por qué no me han recibido como los demás que han entrado en esta casa? Tantos aplausos y tantos gritos que les han dado. Que yo sepa también soy un mago, por lo que no me diferencio en nada con ellos. ¡Solo soy nuevo y un poquito más mayor de la cuenta! ¿Será por eso? Aunque, pensándolo mejor, también puede haber alguna cosa de la cual yo no esté al corriente. Debo tener en cuenta que aun no se mucho de este mundo.

El director, un hombre con bastantes años en su pellejo, con una enorme barba y una vestimenta bastante llamativa, da paso a la cena muy cordialmente. Escucho su voz de fondo pero yo lo único en lo que puedo pensar es en poder llegar a mi nueva habitación y que el día de mañana llegue, trayendo mejores noticias y eventos. Luego, una enorme cantidad de comida aparece delante de mis narices. No puedo negar el hecho de que parece bastante apetitosa pero creo se me han quitado todas las ganas de comer. Estoy sentado al lado de los de primer año que han "entrado" a la misma vez que yo e incluso hasta ellos me miran raro. ¿Qué es lo que he hecho mal? Ahora mismo me gustaría no estar en mi pellejo para no vivir esta agonía de no saber nada.

-Vuélvete a tu casa, maldito sangre sucia-dice alguien con veneno en sus palabras. Realmente no se si va para mi o no hasta que veo que todas las cabezas de la mesa se giran hacia donde yo estoy. Intento tragar saliva, mas no puedo. Tengo la boca completamente seca. ¿A qué vendrá lo de sangre sucia? Tengo que preguntárselo a Luna.-Te vas arrepentir de haber entrado en nuestra pura casa-El comentario me achanta y el corazón me pega un vuelco. No entiendo qué quieren decir con la pureza de su casa, pero me da a mi que pronto lo averiguaré, aunque espero que no sea por las malas. Los de mi antiguo colegio tenían unas formas de decir las cosas no bastante apetitosas y espero que los magos no sean así. Los veo más nobles y no tan preocupados por estas tonterías.

Acto seguido, después de este agresivo comentario, algunos murmullos de aceptación y risitas llenan el ambiente que me rodea. Intento solo mirar hacia el plato que tengo delante, con el desesperado propósito de pasar de ellos y hacer oídos sordos a lo que me están diciendo. No puedo venirme abajo, al menos no en mi primer día de escuela. He ansiado tanto este momento (no el de ser mago, si no que se produzca un enorme cambio en mi vida) que no lo voy a dejar por nada del mundo. No quiero volver a mi antigua y aburrida vida. Yo ya no soy más ese chico que se tiraba las horas muertas (que era casi todo el día) en el ordenador. Me abriré paso como pueda entre mis nuevos compañeros y haré que me respeten. Puede existir la posibilidad de que, al ser nuevo y algo más raro, todos se hayan puesto de acuerdo para atacarme a la vez. Puede...

-¡Qué los nuevos me sigan!-dice una voz en la lejanía, imponente, y hace que todos mis pensamientos se borren rápidamente de mi mente. "Hey, que yo soy nuevo" digo para mi mismo, recordándome lo obvio.

Espero a que los de primer curso se levanten para hacer yo lo mismo y seguirles desde atrás. Como he estado mirando el plato no se a quien debo imitar y bueno, si no aprovecho esta oportunidad, estoy más que seguro que me voy a quedar a dormir esta noche en este enorme comedor. ¿Y por qué lo digo? Creo que puedo sacar la conclusión que con esta cálida bienvenida nadie tiene la idea de ayudarme en su cabeza.

Las miradas me siguen en todo mi recorrido hasta que salgo por una gigantesca puerta. Según parece, me voy a tener que acostumbrar a ellas o si no la llevo clara. Nunca en mi vida había sido tan observado.

El castillo parece realmente antiguo. Hay bastantes cuadros que se mueven, en los cuales me quedo maravillado porque aun no me acostumbro a ellos. Estoy atendiendo al camino que estamos cogiendo pero ni aun así consigo acordarme por dónde hemos girado antes de volver a girar por otro pasillo y haber bajado escaleras. Lo único que puedo notar es que estamos en una zona más sombría y fría de lo habitual. Después de unos minutos más caminando, nos topamos con un fantasma. Evidentemente, yo me asusto. ¿Quién ha visto un fantasma en su vida? Pues si, al parecer todos ellos menos yo. Él único tonto que pega un chillido y los demás empiezan a reírse a carcajadas. No estoy empezando con muy buen pie pero quién lo haría sin tener nada que lo guíe. Ojalá me hubieran puesto con Luna, al menos ella me podría ayudar a no hacer tanto el tonto. Ahora mismo parezco una rata en un laberinto buscando el queso.

Seguimos paseando y, como era de esperar, los murmullos siguen. Yo estoy todo el rato pegándome pellizcos en las piernas de lo incómodo que me siento. Más y más miradas furtivas hacen que mi corazón se acelere. Incluso a veces, alguno de los de primero u otros alumnos que están por el pasillo, se acerca a mi rápidamente para asustarme como el fantasma. Las dos primeras veces caí, pero no más. No puedo darles ese gusto.

Después de otros varios minutos (como no tengo reloj, no se cuantos) nos paramos enfrente de un muro de piedra. De pronto la piel se me eriza porque siento que algo malo va a pasar. No es normal que un grupo de personas se paren en frente de nada y más conmigo al lado. El chico del que no han parado de burlarse por todo el camino. Pellizco aun más fuerte mis piernas esperando lo que tenga que pasar, aunque para mi alivio, solo se escucha una voz.

-Sangre pura- Abro los ojos, porque con la tensión los había cerrado y busco a la persona que lo ha dicho.Y para que lo hago. Es el chico que fue desagradable conmigo al preguntarle por dónde se iba al andén 9 y 3/4. Genial, no podría tener yo más suerte. Además han vuelto a decir algo sobre la sangre noseque. ¿Es que esta gente solo sabe pensar en eso?

Pero mis pensamientos se ven estorbados por el hecho de que de la pared donde no había nada, sale una entrada hacia un salón. Los demás empiezan a entrar y yo no me atraso, a ver si me van a dejar fuera. Menos mal que al final no ha pasado nada malo. He sido demasiado paranoico.

Entro y una enorme sala un tanto sombría me entra por todos mis sentidos. Unos cuantos sofás negros, sillas y mesas de madera con muchísima decoración y unas lámparas en el techo de un color verdoso son los objetos que amueblan la sala. Se nota muchísimo de qué casa es solo por el color que predomina. También hay una chimenea, aunque parece más de decoración porque no calienta para nada.

A los pocos pasos más, siento que la temperatura del ambiente ha bajado. Dentro hay bastantes más estudiantes de la casa de Slytherin y con eso puedo deducir en que estamos en su zona específica.

Esta vez parece que no llamo tanto la atención y solo consigo ver un par de miradas de reojo de algunos mientras nos dirigimos hacia las habitaciones. Yo, ahora mismo, solo puedo desear que no sean conjuntas para así poder tener un respiro y mi propio espacio.

-Aquí dormiréis este año-dice el mismo chico con una sonrisa picarona en la cara. Ahora no se si asustarme o qué.

Los de primero entran antes que yo. Desde mi altura solo consigo ver que es una habitación con unas cuantas de camas, por lo que mi ansiada habitación solitaria no va a poder ser. ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a tener que compartir cuarto con estudiantes a los que le saco unos cuantos de años y que encima no paran de reírse de mi? Creo que prefiero estar en el infierno antes.

-A donde piensas que vas tú-escupe el chico rubio que nos ha estado enseñando el camino. Yo miro hacia todos los lados esperando que alguien venga a mi rescate y le diga que yo también tengo que entrar en mi nueva habitación. Pero nadie lo hace.-¿Qué miras? ¿Es que tengo monos en la cara?

Intento de nuevo entrar pero éste me cierra la puerta en las narices. "Mierda, mierda, mierda" pienso. No sé qué está pasando. Seguro que era esto lo que presentí antes.

-Yo... ehh... debo entrar, es mi habitación. Soy nuevo- Aclaro intentando ser lo más firme posible aunque, evidentemente, eso no pasa. El rubio, como respuesta, niega con la cabeza divertido.

-Tú no eres uno de nosotros por lo que no puedes dormir aquí- su sonrisa se vuelve aun más ancha y sus ojos se clavan sobre los míos. Ahora que lo veo, tiene una mirada muy sombría e imponente. Además, sus ojos grises no ayudan a mejorarlo, si no que parece que envenena más su punzante mirada.-Ahora mismo te enseñaré cual es tu cuarto.

Realmente ya no se qué decir. Todo esto se me está escapando de las manos y nadie me puede ayudar. ¿Debería defenderme por la fuerza? Pues la única manera que de momento sé. ¿Sería una buena idea intentar pegarle? Si no intento algo ya, a saber qué hechizos va a usar contra mi. ¿Y si me hace desaparecer? ¿O me convierte en algo? Por un puñetazo no creo que me vaya a pasar nada.

Petrificus totalus!-grita en cuanto yo alzo el puño.

De repente, una enorme fuerza tira de mis brazos y hace que se me peguen en el torso. En las piernas me pasa algo similar, solo que ambas se quedan totalmente unidas. Intento moverme pero ningún músculo de mi cuerpo lo hace. Incluso no puedo hablar, solo mover los ojos y respirar. Con esto no contaba yo.

-Ahora, con tu permiso, te voy a llevar a tu habitación.

Me han puesto una tela sobre la cabeza y no puedo ver dónde estoy. Solo escucho pasos de, al menos, tres personas. Creo que me están llevando hacia algún lado, además, de forma muy acelerada. Yo intento gritar, pero nada. Aun sigo sin poder mover ni un músculo de mi maldito cuerpo. Ojalá hablaran, así podría saber qué es lo que están pensando hacerme. Tengo miedo si os soy sincero. Yo pensaba que los magos no iban a ser tan desagradables y malévolos como las personas con las que me he topado en mi vida Muggle (espero que se diga así).

-Ya hemos llegado-dice el rubio y me sueltan. Caigo y no puedo hacer nada para remediarlo, solo prepararme mentalmente para el golpe. Éste llega inminentemente y por todo mi cuerpo. Escucho un ruido sordo y luego un gran dolor por toda mi cabeza, espalda, culo y piernas que me deja atontado.-Ya os podéis ir.

Algunas pisadas se alejan en cuanto él lo ordena. Después de un par de minutos, éste por fin me quita lo que tenía en la cabeza y ya puedo ver dónde me encuentro. Estoy en una sala llena de espejos sucios por las paredes, suelo y techo y nada más. Bueno, algún que otro muro por medio pero ya está. Verdaderamente, esto me alivia. Me esperaba estar en los cuartos de baño y que allí me iban a meter la cabeza en el agua para "darme un escarmiento".

-Ya mañana veré qué es lo que hago contigo-me dice mientras levanta su pierna derecha y me propina una patada en toda la boca del estómago.-Hasta entonces, deberás pensar una buena excusa para largarte de este colegio. Tú no eres uno de los nuestros.

Acto seguido, me da otra patada en la cara y siento como mi nariz se rompe en mil pedazos. La sangre se empieza a desparramar por mi cara e, intuyo, que es eso lo que le hace tanta gracia, porque se empieza a reír. Estaría llorando ahora mismo si pudiera. "¿Por qué se está portando tan mal conmigo? ¿Qué es lo que he hecho?" me gustaría preguntarle. Mi nariz empieza a palpitar.

-Hasta mañana-dice el rubio antes de cerrar la puerta.

Me acaba de dejar solo en quien sabe donde y sin poder moverme y pedir ayuda. ¿Se puede empezar de mejor manera tu primer día en una escuela de magos? Debí haberles hecho caso a mis padres y haberme quedado con mi vida de mierda. Porque estoy seguro que esto no es ni lo más mínimo que voy a tener que aguantar, pues mis años de experiencia me dicen que si se empieza así, se acaba peor.

No he conseguido dormir ni un poco. Estoy completamente a oscuras y no se si ya ha amanecido o si aun es de noche. Es irritante el hecho de que solo pueda escuchar el sonido de mi acompasada respiración y el latir de mi corazón. Creo que me estoy volviendo loco. El chico me dijo que buscara una excusa para marcharme de esta escuela y eso es lo que hice poco después de que me abandonara en esa sala. Pero más tarde me di cuenta de que no debo sucumbir a sus deseos, si no a los míos. No puedo dejar que me pisoteen. Debo aprender magia y a ser alguien respetable en este mundo para así poderles dar una lección a todos aquellos que me han tratado tan mal en mi bienvenida.

Me haré más fuerte y, en un futuro muy cercano (espero), les plantaré cara a todos. Estoy más que seguro, solo tengo que trabajar duro.

-Como cuentes algo de lo que ha pasado a alguien, ya te puedes dar por muerto-escucho una voz resonando por toda la sala. Pensando y pensando, no me había percatado del sonido de la puerta que se ha abierto. Miro hacia ella, esperando poder lanzarle una mirada de odio al chico de ayer. Pero no es él. Es otro con la tez muy morena que no había visto aun-La profesora McGonagall te está buscando. Sube las escaleras que hay aquí al lado y luego guíate un poco hasta llegar a la entrada, allí te está esperando. Espero que te hayas pensado qué decirle para volver a casa-quiero negar con la cabeza, mas sigo sin poder.-¡Ah! Es verdad, que no puedes moverte-ríe malvadamente y saca su varita-Finite Incantatem.

Cada fibra muscular se tensa a la vez y yo hago un pequeño espasmo. Hacía tanto tiempo que no podía hacer nada que ahora me resulta muy difícil controlar mis movimientos. El chaval se sigue partiendo el culo conmigo pues, cuando muevo la cara, puedo sentir como se ha secado la sangre que me salió de la nariz ayer y un intenso dolor de la nariz. Espero no tener nada serio.

-Que os jodan- grito enfadado y salgo corriendo de la sala, empujando al chico con el hombro. Cuando salgo, no hay nadie en el pasillo y hago lo que me ha dicho, subir por las escaleras.

Debería ir a un lavabo y lavarme la cara.

-¿Se puede saber dónde estaba usted, señor Anderson?-medio chilla la profesora con su fino tono de voz cuando me ve llegar.

Hubiera sido genial haber encontrado el camino a la primera y no haber dado una vuelta completa (o más de una) al colegio. También hubiera sido genial el haberme encontrado con algún alumno o profesor que me hubiera guiado hacia donde debía ir, mas no he tenido esa suerte. Aunque no me puedo quejar del todo pues conseguí encontrar un cuarto de baño para borrar las huellas de aquel macabro rubio de anoche.

-Me perdí, lo siento profesora-digo arrepentido pues técnicamente he dicho la verdad, aunque no toda. Ella me mira de arriba abajo y luego me hace un gesto con la mano para que la siga.

Ésta vez me lleva por pasillos que ya más o menos conozco y al poco tiempo acabamos enfrente de una puerta de madera. Minerva llama y de ella sale un hombre bastante bajito, con el pelo blanco y con una voz chillona.

-¡Llegas tarde!- y antes de que pudiera decir o hacer nada, Minerva me empuja hacia adentro de la sala donde está el hombrecito.

-Soy Filius Flitwick y voy a ser tu profesor de encantamientos a partir de ahora. Espero que trabajes duro para poder coger a tus compañeros de tu misma edad y poder dar clases normales-me empieza a decir mientras anda por la sala que, ahora que la veo, parece una clase con sus pupitres y pizarra.-Siéntate ahí. ¡Si no hubieras llegado tarde no tendríamos tanta prisa ahora! Vamos vamos, comencemos con tu primera clase.

Para ser el primer día de escuela, ha sido bastante movido. Después de la clase de encantamientos con el profesor Flitwick (que al final ha resultado ser bastante entretenida) he tenido que ir a otras cuantas más. Solo me han dejado descansar para ir a comer, aunque he tenido menos tiempo para ello que los demás.

En la comida me han estado, de nuevo, mirando todos los estudiantes de Slytherin y algunos se han reído de mi porque dicen que me voy a ir esta semana de aquí. Yo no les he seguido la gracia y en cuanto he terminado de comer, he salido corriendo para la siguiente clase. Ya estoy bastante mosqueado con mi dolor de nariz para que vengan ellos y joderme más.

Me han tenido que hacer un pequeño mapa para encontrar a todos los profesores, pues no me atienden en sus clases normales sino en unas más pequeñas. De momento ya he dado Encantamientos, Transformaciones, Pociones y Vuelo y lo único que se me ha dado "bien", ha sido lo último que he nombrado. Va entre comillas porque casi me meto LA hostia aunque haya conseguido volar. En las demás apenas he podido hacer un cuarto de lo que me han pedido. Es raro tener que depender de tu varita para todo. Incluso más cuando no tienes ni idea ni de como cogerla ni de como canalizar tu magia. Igualmente, mañana me pienso poner aun más las pilas e intentaré evadirme de todos los posibles problemas que pueda tener hoy con los de mi casa para que nadie me pare.

He de decir que los profesores se han portado muy bien conmigo a pesar de ser un completo desastre. La verdad es que ahora doy gracias de haber estado solo dándolas, pues si no, me hubiera muerto de vergüenza. Parezco un niño de pequeño intentando aprender a hablar.

Ahora solo queda cenar y dormir, por fin, en mi cuarto.

He terminado de comer y, lleno, voy hacia donde me enseñaron ayer que estaba la zona de los Slytherin. Tardo un poco y doy bastantes vueltas por los pasillos aunque, gracias a eso, me encuentro a Luna por uno de ellos y me enseña el camino.

-¿Cómo te ha ido el día?-me pregunta casi al llegar. Yo hago una mueca. ¿Debo decirle la verdad?

-Creo que me podría haber ido mejor, sinceramente. Ojalá estuviera en tu casa, creo que todo sería mejor-le digo mientras me paso una mano por mis alocados pelos y echo una gran bocanada de aire. Estoy realmente cansado y la nariz me sigue palpitando.

-Bueno, seguro que mañana será uno mejor-dice alegre. Siento envidia de ella. Parece que no le importa nada y... es tan feliz.-¿Quieres que te ayude con esa nariz?-Me pregunta aun más sonriente que antes.

-¿Puedes hacer algo? Me duele muchísimo y te lo agradecería.

-¡Claro! Quédate quiero-se aclara la voz y saca su varita-¡Episkey!-y después de un crujido, mi nariz deja de doler. Le doy las gracias y ella se quita el mérito.-Mañana nos vemos, buenas noches- y se va danzando por el pasillo. Yo me quedo embobado. Luna es una chica muy rara pero de momento, es la maga más simpática que he conocido y le debo una -¡Debes decir la contraseña para que se abra la puerta!-grita desde lejos al ver que no me he movido ni un milímetro. Ahora le debo dos.

Asiento con la cabeza aunque ella no me vea y miro hacia el muro de piedra que tengo enfrente mía. Susurro "sangre pura", pues es lo que dijo el rubio antes de que la puerta se abriera y así lo hace de nuevo. Echo una mirada hacia el interior y parece que no hay mucha gente. Entro medio de puntillas para no llamar la atención de los estudiantes que hay sentados en los sillones y voy hacia el dormitorio. Supongo que ahí estará mi cama aunque ayer no me hubieran dejado dormir en ella. Mi corazón empieza a latir con fuerza porque de momento va todo bien. "A lo mejor se han olvidado de mi" pienso. También me cuesta respirar. Estoy intentando hacer el menor ruido posible y eso implica no respirar mucho.

No me cuesta llegar a la habitación donde ayer entraron los de primer año y la abro lentamente. No hay nadie. Miro hacia atrás para cerciorarme de que no me sigue nadie indeseado y me meto en la habitación cerrando la puerta tras de mi. Hoy es mi día de suerte. Ningún percance, todo bien.

Apenas veo en la casi completa oscuridad del cuarto. Más o menos veo unas siete camas y todas menos una de ellas, desechas y con cosas encima. Supongo que en la que no hay nada es la mía y voy hacia ella. Desgraciadamente está entre medio de las demás y eso significa que hay más posibilidades de que se percaten de mi existencia.

-¡AUCH!-grito. Acabo de darle una enorme patada a algo muy duro.

Después de cojear por unos instantes y decir algunas palabras malsonantes con odio, empiezo a palpar el objeto al que he golpeado. Parece un baúl. Mi baúl. Saco la llave del bolsillo para ver si de verdad es el mío y cuando veo que se abre, resoplo de alegría. Pensé que lo había perdido o que ellos lo habían tirado a algún lado para que yo jamás lo pudiera encontrar. No todo está perdido aun aquí.

-Hora de dormir Dani, mañana ya repasas lo que has traído-me digo. Lo hubiera mirado ahora pero no veo un pimiento.

Abro la cama y me tumbo en ella con la ropa que llevo puesta. No pienso cambiarme en una habitación donde no se si alguien va a venir y a pillarme medio desnudo. Paso. Prefiero dormir con la ropa sucia y ya mañana me cambio en algún lavabo.

Paso varios minutos cerrando los ojos abriéndolos, esperando dormirme. Mas no hay nada que hacer. Estoy demasiado inquieto por la posible llegada de los demás estudiantes a la habitación. ¿Qué van a hacerme cuando me vean? Tengo que hacer algo para que no...

-Ey-susurro. Acabo de encontrar algo que me puede solucionar ese problema.

La cama tiene una especie de cortinas por los lados. Evidentemente las echo rápidamente y me acomodo mejor. Ahora si que puedo estar un poco más relajado. Seguro que nadie se percatará de que las cortinas están echadas.

Y en efecto, cuando los demás llegan a la habitación, ninguno se da cuenta. Incluso ni hablan para decirse las buenas noches. Al poco tiempo apagan la luz y empiezan a roncar sin problemas. Esto es lo bueno de compartir el cuarto con unos mocosos, apenas duran despiertos.

Ahora yo ya puedo dormir tranquilo.

Un enorme zarandeo me despierta de mis dulces sueños. Cuando veo a quien tengo delante, quiero gritar, pero me tapa la boca. Yo abro los ojos todo lo que puedo y él lo único que hace es llevarse un dedo su boca y pedirme silencio. Asiento con la cabeza. A este chico le gusta demasiado mandar.

Yo ya que pensaba que iba a tener una noche tranquila y ahora viene de nuevo el rubio a incordiarme.

-Espero que mañana ya estés cogiendo el expreso hacia tu casa por que si no... atente a las consecuencias Anderson-me dice echándome todo su caliente aliento por mi cara. Realmente está haciendo que se me erice el bello de los brazos.

Mierda, ¿es que no puedo escapar de él?