Los Pingüinos de Madagascar de Dreamworks no me pertenecen, los personajes originales son obra de Tom Macgrath y Eric Darnell.
Hola, :3 Antes que nada, quiero agradecer a LagrimasSolitarias por sus siempre lindos reviews uvu y a KICOLOVERS239 también por el review :D ¡Muchas gracias!
También les dije que les pasaría un dibujo de Alba, así que podrán encontrarlo en: nunupom. deviantart. com :3
Sin más que decir, los dejo con el cap, que es por lo que están aquí.
¡Que lo disfruten!
III.- Éxodo
Transcurría el tercer día desde que Skipper se había encerrado en el laboratorio, no había hablado con Cabo desde esa estúpida discusión, tampoco habían entrenado, ni siquiera salía para comer y el único que hablaba con él, era Kowalski.
-¿Hasta cuándo seguirás así, Skipper?- Cuestionó el genio a su líder, que permanecía sentado en el escritorio, mientras le acercaba un tazón con pescados –Cabo sigue lloriqueando porque no le hablas.-
-No tienes que mentirme, Kowalski, sé que Cabo está bien- respondió Skipper sin mirar a su teniente, para después comerse un pescado.
-Señor, Cabo realmente lo lamenta…-
-Tú sabes muy bien lo que estoy haciendo, soldado. He visto como Cabo se la vive feliz con su noviecita, aun cuando hace días no me ve.-
-Lo dices como si nunca te hubieras enamorado, Skipper- se rió el científico –El que disfrute de salir con ella no quiere decir que no te extraña y se lamente.- El líder ya no dijo nada más y sólo se comió el último pescado del tazón. Kowalski acercó su pico hacia el oído del comandante -¿Has averiguado algo sobre ella?- susurró con la voz sombría.
-Sí- el cabeza plana también susurraba de la misma manera que su teniente, tomó una carpeta que reposaba en la mesa y se la entregó a Kowalski quien comenzó a leerla.
-¿Qué es esto, señor?- preguntó el alto, confundido y alejándose un paso de él.
-Es lo que he averiguado- Skipper se aclaró la garganta, se propuso explicar lo que había dibujado –Al parecer Alba es…- tosió débilmente –perfecta para Cabo.- cruzó sus brazos y se recargó en el respaldo de la silla –No ha salido ningún día del zoológico, no se anda escabullendo y su rutina es: sale del hábitat de Marlene para ir con Cabo, y al final de su cita, ella regresa con Marlene.- concluyó.
-Entonces… ¿secretos oscuros?- preguntó incrédulo el científico.
-Ninguno.- musitó Skipper –Es linda, dulce, tierna, amigable, cariñosa… atractiva.- bajó la cabeza, ahora estaba más confundido que antes, creyó que si la investigaba podría encontrar algo oscuro que le ayudara a comprender por qué lo hacía sentir tan extraño, pero no fue así, sólo encontró que se había comportado como un completo imbécil con su pequeño soldado.
-¿Atractiva?- pensó el científico, no se suponía que Skipper encontrara atractiva a la novia de Cabo, el fin de espiarlos era darle sentido a su paranoia -¿Qué quieres decir con eso?- Kowalski estaba metido en sus pensamientos, tanto, que no se dio cuenta de que había dicho eso en lugar de pensarlo.
-Ya lo dije, soldado- interrumpió Skipper los pensamientos de Kowalski, haciéndolo darse cuenta de que había hablado –es perfecta para Cabo.- expresó tranquilamente poniéndose de pie. –Pero nada de esto me ayuda, Kowalski- se sujetó la cabeza como si le doliera y luego se pasó una aleta por todo el rostro -¡No entiendo por qué camarones me molesta tanto! Mis instintos no dicen que sea mala, pero insisten en que va a traer problemas al cuartel ¡y ya comenzaron! No peleaba con Cabo desde que se negó a utilizar su híper ternura cuántica.-
El pingüino listo permaneció un momento en silencio y se mantuvo pensativo, estaba analizando lo que su líder acababa de decirle. Bajó la cabeza y puso su aleta sobre el hombro de su compañero -Skipper, creo que debemos hablar- le dijo Kowalski con la voz seria pero un poco dulce.
-Estamos haciéndolo, soldado- Skipper permaneció inmutable, con la mirada fija en sus dibujos sobre Alba, no parecía tener mucho interés en lo que el genio quería decirle, pero él no iba a dejarlo así, tenían que hablar. Kowalski apretó su agarre sobre el hombro de Skipper y lo hizo girarse hacia él para que lo mirara a los ojos.
-No, no quiero hablar con mi comandante- le hizo saber al pingüino más bajo –quiero hablar con mi hermano- su voz seguía siendo dulce, pero ahora era un poco más firme.
Skipper soltó un suspiro y le sostuvo la mirada al pingüino que tenía en frente –No recuerdo la última vez que hablamos como hermanos- respondió levemente nostálgico.
-Yo tampoco lo recuerdo, pero ahora necesitamos hacerlo. Quiero abrirme contigo, Skipper, poder expresarme como lo hacía antes y espero que tú también estés dispuesto a hacerlo conmigo.- Hacía ya muchos años que habían comenzado a tratarse como comandante y teniente, así que tanto Skipper como Kowalski se sentían algo nerviosos de dejar eso de lado, aunque sólo fuera por un momento, para volver a hablarse como lo que eran, hermanos.
-Adelante- pronunció Skipper luego de un momento de estudiar lo que su amigo le había pedido.
Cabo aún sollozaba sentado en la última litera de arriba a abajo, le dolía que Skipper no le hablara, pero no verlo lo estaba matando, ignoraba que su comandante se sentía justo igual. Rico ya estaba harto de los lloriqueos del pequeño pingüino, así que miraba la televisión con el volumen muy alto, intentando no escucharlo más, pero aun así podía hacerlo. Luego de un rato, se desesperó, apagó el televisor y se acercó a él.
-Oye- Le dijo Rico al pequeño llorón -¡Basta! ¡Arréglalo!- señaló hacia el laboratorio.
-¿Cómo puedo arreglarlo, Rico, si Skipper ni siquiera me habla?- preguntó Cabo levantando la cabeza, tenía los ojos hinchados y el rostro empapado.
Rico rodó los ojos, levantó a Cabo por las axilas de la cama y lo depositó frente a la puerta del laboratorio -¡Entra! ¡Habla!- el del mohawk volvió a señalar la puerta.
-Pero si entro sin permiso Skipper se molestará más conmigo.-
-¡Hazlo!- le gritó Rico con desesperación y se dio media vuelta para sentarse nuevamente frente a la televisión.
Kowalski y Skipper habían terminado de hablar, estaban abrazados, y parecía que el científico reconfortaba a su líder luego de la fuerte explosión emocional que había tenido. A pesar de eso, no podían negar, que a pesar del tiempo que tenían sin hablarse de esa manera, ciertamente había sido satisfactorio que él pudiera esclarecer sus pensamientos y emociones. –Ahora vuelvo, Skipper- informó el más alto separándose del cuerpo de su hermano, pero en lugar de caminar hacia la puerta que conectaba el laboratorio con la sala principal, se dirigió hacia el pasillo y salió de la vista de su líder.
Pudo escucharse cómo la puerta del laboratorio se abría lentamente con ese característico rechinido por falta de aceite, Skipper creyó que Kowalski había cambiado de dirección y no le dio importancia, pero de un momento a otro, sintió como un par de aletas se aferraban a él por la espalda y lo abrazaban con fuerza. Eran dos aletas pequeñas, tan pequeñas y cortas que ni siquiera conseguían tocarse entre sí al rodear su cuerpo, además del abrazo, el cabeza plana también sintió algo más, algo que se deslizaba por su espalda, no le fue difícil identificarlo. Era agua, pequeñas gotas de agua. -Cabo- susurró Skipper -¿Qué crees que estás haciendo?-
-Te abrazo- respondió el pequeño entre sollozos.
-Me estás empapando con tus lágrimas.- le dijo el comandante con frialdad.
-Lo siento…- Cabo pasó de los gimoteos a un llanto más denso -¡Lo siento tanto, Skipper!-
-No es para tanto, Cabo, bastará con que me sueltes- explicó el de cabeza plana, su voz no transmitía nada, parecía no tener sentimientos.
-¡NO!- gritó Cabo con gran fuerza, como si Skipper estuviese parado a más de 10 metros de él –Perdón por llamarte ridículo. Perdón por decirte que no servías más que para golpear. Perdón por decir que no merecías mi respeto. ¡Perdón, perdón, perdón!- lloraba con más intensidad el pequeño pingüino. Su llanto retorcía cuál trapo al corazón de Skipper, pero no permitió que él se diera cuenta.
-Vamos, suéltame ya.- Le indicó fríamente, aunque en el fondo no quería que se apartara de él, como siempre, estaba aparentando ser duro.
-¡No te soltaré hasta que me perdones!-
-¡Cabo! Si quieres que te perdone, mírame de frente.- Sentenció el comandante, el joven pingüino tembló levemente y se apartó del cuerpo de su amigo. Skipper se dio media vuelta y lo miró a los ojos, estaban rojos e hinchados, mientras que por su rostro se deslizaban las lágrimas. Kowalski tenía razón, Cabo sí había estado llorando mucho. El líder no pudo evitar ser consumido por la ternura y pasó una aleta por el rostro del pingüino gordito para secar sus lágrimas –Extrañaba tu adorable carita- le dijo con la voz endulzada y completamente conmovido.
Cabo sonrió –Entonces ¿me perdonas?- pidió el niño con una mirada suplicante, Skipper soltó una leve risa y le alborotó las plumas de la cabeza.
-Claro que sí, chiquitín.- Dijo el comandante con una sonrisa. El pequeño se abalanzó sobre él abrazándolo de nuevo, ésta vez, Skipper correspondió al abrazo, pero luego de un momento se separó de Cabo –bueno, ya fue suficiente, soldado- nuevamente, estaba haciéndose el duro. Se aclaró la garganta y se puso las aletas en la cintura –y dime Cabo ¿cuándo me presentarás formalmente a tu novia?-
-¿Qué?- se asombró el joven -¿Cómo sabes eso?-
-Kowalski me ha mantenido informado- mintió –Así que ¿por qué no organizamos una cena de presentación para ella?- ambos pingüinos se sonrieron.
-¡SI!- gritó entusiasmado Cabo –Iré a decirle- se dio vuelta para salir corriendo del lugar, mientras él se iba, Kowalski llegaba, caminó hasta Skipper y posó su aleta en el hombro de su amigo, había alcanzado a ver cómo se reconciliaban. Por fin, luego de tres días, el interior del comandante se sentía tranquilo, pero cuando él y su teniente se dirigían a la puerta, un grito desgarrador azotó sus oídos regresando la inquietud -¡SKIPPER!- era la voz de Cabo.
Kowalski y Skipper salieron corriendo del laboratorio, la sala también estaba vacía, así que salieron por la escotilla tan rápido como sus patas se lo permitieron. -¿Qué pasa, Cabo?-
-¡JULIEN!- Vociferó Rico señalando hacia el hábitat de los lémures, Skipper y Kowalski redirigieron la vista hacia el susodicho, se confundieron al verlo, y el líder de los pingüinos ordenó dirigirse hacia el hábitat vecino.
-¡Skipper, el rey!- gritó Maurice mientras veía como los pingüinos aterrizaban en su hábitat, mantenía su mano extendida verticalmente sobre la frente de Julien, tapándole el sol que apenas comenzaba a ocultarse. Los pingüinos se dirigieron directamente hacia el rey.
Julien estaba sentado en el suelo y cuando Maurice retiró su mano de la frente del lémur cola anillada, pudieron notar claramente que su cabeza apuntaba hacia el frente, pero sus ojos miraban al cielo; sus párpados inferiores eran dos bolsas negras, amoratadas y punzantes. -Ayúdenme- suplicó el rey –por favor, me duele- Julien estaba al borde del llanto, claramente aterrado.
-¿Qué pasó?- exigió saber Skipper, el rey no le respondió, sólo comenzó a sollozar, Maurice tragó saliva e intentó contar brevemente lo ocurrido.
-El rey estaba sentado en su trono puliendo su nuevo guardapelo, lo abrió para mirarse en el espejo y sus ojos se voltearon hacia el cielo, podía escucharse un sonido estrepitoso, como si se tratara de un avión, así que Mort y yo creímos que Julien estaba intentando verlo, miramos al cielo también pero el avión jamás pasó, aunque podía escucharse con claridad el sonido. Desde entonces mira hacia arriba, pero sus párpados ya están amoratados, inflamados y se le están quemando los ojos, dice que su vista se oscureció hacia abajo- la voz de Maurice era débil, tenía la garganta cerrada y había hecho un esfuerzo enorme para poder explicar eso. Más animales se acercaban a su hábitat, los gritos de los lémures habían alertado a todos los animales cercanos, entre ellos, Alba y Marlene.
-¡Cola anillada!- comenzó a hablar Skipper -¡Tienes que bajar los ojos ahora o te quedarás ciego!-
-No puedo- comenzó a llorar Julien –ayúdame, por favor, tengo miedo.-
-¡Hazme caso, Cola anillada!- el líder de los pingüinos se estaba alterando -¡¿Por qué no miras hacia abajo?!-
-Es que ellos no me dejan- Todos se quedaron perplejos ante sus palabras. Julien ya no lloraba, y su voz había sonado hueca. Skipper cerró los ojos del lémur, aun así, podía notarse claramente que seguía mirando hacia el cielo.
-¡Llévenlo a su cuartel!- Intervino Alba, y sin hacer preguntas (pues no tenía tiempo que perder), Skipper cargó al rey sobre su espalda y se dirigió hacia su isla de concreto.
Rico pateó el tazón de comida para abrir paso y se dejó caer dentro del cuartel, lo siguieron Cabo, Alba, los lémures, Kowalski y al final, Skipper arrojó a Julien dentro y él entró enseguida, pero en cuanto el cuerpo del rey cruzó el agujero y fue atrapado por Rico, sus ojos se dejaron caer con la gravedad, los cerró y apretó los párpados con fuerza. Cuando abrió los ojos, le ardían intensamente y tenía nublado su campo de visión inferior, pero había recuperado la movilidad de ellos, nuevamente podía controlar hacia donde miraba.
-¿Maurice?- susurró Julien.
-¡Su majestad!- El lémur ayeaye se acercó con desesperación a su amigo mientras Rico lo ponía de pie en el suelo -¿está usted bien?-
-Me arden los ojos- exclamó –y quisiera dor…- el rey se dejó caer de frente y Maurice lo atrapó en sus brazos, se había quedado dormido bajo la mirada atónita de todos los animales presentes.
Julien reposaba sobre la litera de hasta abajo mientras Kowalski lo analizaba, ya llevaba rato haciéndolo –Parece que está bien, señor- dijo dirigiéndose a su líder –duerme tranquilamente, y sus párpados ya dejaron de palpitar, pronto la sangre circulará con normalidad y se desinflamarán.-
-Entonces estará bien con una noche de sueño- agregó Skipper para luego dirigir su vista hacia Rico y Cabo -¡Soldados!- los señaló con la punta de la aleta –llévense a Cola anillada y a los lémures de vuelta a su hábitat. Maurice…- la voz del pingüino se moduló para sonar comprensivo pero firme –sé que debes estar agotado por éste asunto de Cola anillada, así que intenta descansar bien ésta noche, quiero que mañana me cuentes todo con más detalle- Rico, Maurice y Cabo asintieron, Rico cargó a Julien en su hombro y salieron del cuartel. El comandante regresó los ojos al teniente –Kowalski, tráeme todo lo que dejé en tu escritorio excepto la carpeta de mi última investigación- el teniente hizo un saludo militar para después cumplir la orden. Skipper nuevamente redirigió la vista, ésta vez, hacia el único animal que quedaba en la sala, Alba –Cabeza acorazonada ¿cómo es que sabías que bastaba con meter a Cola anillada aquí para que volviera a la normalidad?- dijo cruzando las aletas, mantenía el ceño fruncido.
-No me lo creerás si te lo dijera ahora, pero pronto lo entenderás todo- ambos guardaron silencio, Skipper estaba confundido –Ahora yo quiero hacerte una pregunta ¿por qué me miras con tanto odio? Acaso ¿te hice algo malo?- el líder tragó en seco, ni siquiera él entendía eso y no tenía forma de explicárselo, por lo que sólo bajó la cabeza. El comandante no pudo ver que ella se acercaba a él sonriéndole -Skipper- lo llamó con la voz amigable; sujetó entre sus alas el rostro del pingüino y lo hizo mirarla a los ojos, él no tuvo reacción alguna, sólo fijó sus ojos en ella –No es mi intención quitarte a Cabo- le dijo dulcemente.
-"Y aun así lo haces"- pensó él -Escucha: tienes que prometerme que no te irás- ya no había lugar para más desconciertos en su mente, y aun así, sus propias palabras lo había dejado aún más confuso.
-No puedo prometerte algo que ni yo sé, lo siento…- Ambos guardaron silencio. Con la mente hecha nudo y el corazón estrujado, Skipper se quitó del rostro las alas de la lechuza y se alejó de ella, odiaba el rumbo que estaban tomando.
Notas/Aclaraciones
-Escribí un oneshot relacionado con esta historia, se llama: Pesadilla de un adiós. Por si gustan pasar a leerlo. :3 NO es obligatorio que lo lean para seguir la historia, ya que no es fundamental, pero más adelante Skipper menciona una pesadilla, el one-shot es sólo para que ustedes sepan cómo es. 8D
-Mencioné que a Julien se le ponían los párpados negros, recuerden que el contorno que rodea sus ojos es GRIS oscuro, cuando digo que se puso "negro" es un tono más oscuro que el normal de sus ojos, y con una coloración amoratada. c:
