Muchas gracias por las reviews una vez más ^^. Y aquí traigo el cuarto capítulo.


Departamento de Misterios

Una intensa luz blanca le penetró los párpados de repente, despertándola de su sueño. Se incorporó lentamente y tanteó a ciegas la mesilla de noche en busca de su varita. Incluso con los ojos cerrados, aquel resplandor le producía un tremendo dolor de cabeza. Entonces, sin saber ni siquiera de dónde provenía, Tonks oyó una voz masculina y nerviosa que le hablaba.

-Nos reuniremos a la entrada del ministerio. Es urgente.

Abrió los ojos con dificultad, y lo último que pudo ver antes de que la habitación se quedase en la penumbra, fue una brillante comadreja blanca que se desvanecía. Tardó varios segundos en reaccionar, alzó la varita y dio un golpe en el aire para que la luz invadiera toda la habitación. Se puso de pie de un salto, se vistió, y se dirigió a trompicones a su salón, provista únicamente de su varita. Se plantó frente a la chimenea y cogió de una taza un puñado de polvo gris, se metió en ella, cerró los ojos y murmuró, "Ministerio de Magia".

Para cuando los había abierto, una enorme sala de suelo de madera oscura y paredes de mármol negro se alzó ante ella. Al salir de la chimenea se tropezó, pero se levantó lo más rápido que pudo y miró hacia los dos lados. En frente de una enorme fuente de estatuas doradas encontró a Kingsley Shakebolt y Ojoloco Moody, que esperaban impacientes a que el resto de miembros de la Orden del Fénix acudiesen a su llamada. La auror fue corriendo hacia ellos y cuando llegó, jadeando y con la voz entrecortada, preguntó:

-¿Qué ocurre?

-Los mortífagos le han tendido una trampa a Potter.- contestó Alastor, muy serio -Ha venido al Departamento de Misterios porque cree que Voldemort tiene a Sirius Black.

-Pero Sirius está en Grimmauld Place, ¿no?- preguntó Tonks, con una voz más aguda de lo normal.

-Eso es. Lo que quería Voldemort era que Harry cogiese la profecía y se la entregase.- respondió Kingsley -Dumbledore está avisado- añadió.

Una chimenea se iluminó a espaldas de la metamorfomaga, y esta se giró para ver a Remus Lupin corriendo desesperado hacia ellos.

-¡Arthur me ha contado lo que ha ocurrido!

-¡¿Dónde está?!

La voz del licántropo fue ahogada por el grito de Sirius Black, que había aparecido de una de las chimeneas, poco después que su amigo.

-¡Sirius!- exclamó Tonks.

-¡Te he dicho que no vinieras, Canuto!- le riñó Lupin.

-¡No iba a dejar que ese desgraciado de Voldemort matase a Harry!

-Nosotros podemos con ellos, tú vuelve a casa.

-¡Ni hablar!- le espetó Sirius a Lupin.

-No podemos perder más tiempo, Black se viene con nosotros.- sentenció Moody.

Con Ojoloco a la cabeza, los cinco miembros de la Orden se apresuraron hacia el ascensor, y el auror pulsó el botón del último piso. Cuando el ascensor comenzó a moverse, todo quedó en silencio, y tardaron un buen rato en llegar a su destino. Las puertas se abrieron y todos salieron disparados hacia la puerta negra que había al final del pasillo.

Alohomora!- gritó Tonks, y un chasquido anunció que la puerta estaba ahora desbloqueada. Giró el pomo y los cinco se internaron en una habitación circular, oscura y gigantesca, rodeada de puertas entre las que lo único que destacaba eran unos candelabros con velas que emitían una llama azul. Tonks se quedó allí de pie, inmóvil, y miró a sus compañeros con la esperanza de que alguno supiera a dónde había que dirigirse. Pero antes de que pudiese formular cualquier pregunta, observó como la pared circular comenzaba a moverse y las llamas azules empezaron a desplazarse hacia la derecha, cada vez más rápido. Cuando se paró en seco, Tonks estaba muy mareada y se había quedado medio ciega a causa de la penetrante luz azul que se le había quedado grabada en la retina. Por suerte, el compañero que tenía a su izquierda se movió con paso decidido y en línea recta hacia una de las puertas de en frente. Aunque apenas podía ver, la auror reconoció a esa persona como Ojoloco Moody, por la silueta; y los cuatro le siguieron los pasos. Cuando Alastor estaba a punto de abrir la puerta que tenía delante, un grito lejano retumbó en toda la habitación, delatando la posición de los intrusos. Sin pensarlo ni un minuto, todos se abalanzaron sobre la puerta de la que provenía el sonido y entraron a la sala. Ante ellos se alzaba una habitación aún más grande que la anterior, rodeada de gradas sobre las que ellos estaban parados, y en medio de la sala destacaba un viejo arco, que tenía colgado un velo ondeante. Un poco menos de una decena de mortífagos amenazaban a Harry y a Neville Longbottom con la varita, y se volvieron rápidamente para atacar a los miembros de la Orden. El corazón de Tonks le latía cien veces más rápido de lo normal, y su cerebro se había encendido como una bombilla; estaba preparada para lo que viniese. Los cuatro compañeros salieron disparados en cuatro direcciones diferentes para ir en busca de los mortífagos. La auror, sin embargo, bajó un par de escalones y se quedó allí de pie. Tenía la mirada fija en su tía, Bellatrix Lestrange, que parecía haberse percatado de su presencia, y se acercaba muy lentamente hacia ella, con una sonrisa malvada en los labios.

Desmaius!- voceó Tonks, con la esperanza de que aquello bastase para acabar con la mortífaga; pero el hechizo rebotó contra un escudo invisible y se desvaneció en el aire. Bellatrix prorrumpió en una estridente risa que a penas se podía oír entre los gritos de los demás presentes, y siguió su camino hacia la metamorfomaga, con una ferviente sonrisa en la boca.

Impedimenta!- volvió a gritar, pero su encantamiento hizo exactamente lo mismo que el anterior.

-Tus estúpidos hechizos de niña de once años no pueden hacer nada contra mis maldiciones imperdonables, imbécil.- chilló con rabia, alzando mucho la voz para poder ser oída.

Tonks dio un paso hacia delante y bajó otro escalón, al mismo tiempo que Bellatrix levantaba su varita y apuntaba con ella a su sobrina. La mortífaga hizo un movimiento brusco de muñeca y de su varita salió un haz de luz verde que Tonks desvió de inmediato. La metamorfomaga contraatacó, sin éxito, una vez más, y la mueca de asco de Bellatrix se convirtió en un gesto burlón; pero no dijo nada. Tras otro ataque fallido de la auror, la mortífaga no pudo evitar soltar una horrible y estremecedora carcajada.

-Si tan solo mi querida hermana te hubiese criado como a una Black, y no como una maldita traidora de sangre, quizás ahora podrías al menos aspirar a ser una digna oponente para mí.- agitó su varita y consiguió repeler el encantamiento de Tonks con facilidad -Pero siento decirte, sobrinita, que no tienes nada que hacer.

Lo último que Tonks consiguió ver antes de precipitarse gradas abajo, fue la sonrisa pérfida, cruel y triunfante de Bellatrix Lestrange, iluminada por una brillante luz amarilla.

Cuando un intenso resplandor blanco invadió cada centímetro de su campo visual, Tonks creyó que de un momento a otro vería el patronus en forma de comadreja que la había avisado del ataque al ministerio horas antes. Pero en su lugar, lo primero que vio al abrir los ojos fue la silueta de Alastor Moody, que descansaba en un sillón, a su derecha; parecía dormido.

-¡Dora! ¿Te encuentras bien?- exclamó una voz familiar. Cuando giró la cabeza contempló el semblante de Remus Lupin, que la miraba con preocupación. Tenía los ojos rojos e hinchados, la nariz manchada de sangre y el labio cortado. De repente Tonks se acordó de lo que había ocurrido; imágenes sueltas se le venían a la cabeza: el ministerio, el departamento de misterios, el velo ondeante, Bellatrix Lestrange…

-¿Qué ha ocurrido?- preguntó la auror, inquieta.

-Nada, está todo bien.- contestó Lupin con poca seguridad -¿Qué tal te encuentras?

Notaba cierta presión en el pecho, y las piernas le dolían como si la hubiesen atropellado. Tonks esbozó una pequeña sonrisa y se incorporó en la cama.

-Genial, Remus. ¿Qué me pasó?

-Fue Bellatrix Lestrange; te lanzó una maldición paralizadora y caíste de las gradas. Te fracturaste varios huesos de las piernas, pero los sanadores dicen que ya estás casi completamente curada.

-¿Y la lucha del ministerio? ¿Cómo está Harry?- dijo Tonks con seriedad.

-Bien, Harry está bien; ahora mismo estará hablando con Dumbledore. El resto de aurores no tardó en llegar, acompañados de Fudge, y casi todos los mortífagos fueron arrestados.

-¿Casi todos?

-Bellatrix logró escapar.

La metamorfomaga soltó una risita irónica y su boca se tornó en una mueca de desagrado.

-Bueno, no esperaba más de mi querida tía. ¿Y el resto? ¿Qué tal están todos?- dirigió la vista instintivamente hacia Moody y se quedó mirándole; sin duda estaba profundamente dormido.

-Bien, están todos bien. Ojoloco ha pasado la noche aquí, y Arthur y Molly me han dicho que vendrán a verte esta tarde.

En ese momento Tonks se acababa de dar cuenta de que no tenía ni idea de qué hora era ni cuánto tiempo había pasado desde la lucha.

-¿Hace cuánto que estoy aquí?- preguntó.

-Un día entero; te trajeron la madrugada de ayer.

La auror le miró a los ojos, y supo que algo no iba del todo bien. Todos estaban perfectamente, habían salido ilesos, el ministerio había enviado a Azkaban a un buen puñado de mortífagos, y aún así él seguía luciendo afligido; y estaba claro que había estado llorando.

-Remus, ¿qué pasa?

Él la miró sorprendido.

-¿Por qué has estado llorando?

Lupin tardó bastante en contestar y los resoplidos de Moody era el único sonido que invadía la habitación. Tonks le penetraba con la mirada, insistente, y no la iba a desviar de su objetivo hasta obtener una respuesta. Finalmente, el licántropo habló, y no sonó muy convincente.

-Es que… Toda la tensión de la pelea, ya sabes. Kingsley, Alastor y tú acabasteis en el hospital, y…

Entonces la auror cayó en la cuenta.

-¿Dónde está Sirius?- preguntó tajante.

Lupin temblaba de pies a cabeza y su respiración era entrecortada; desvió la mirada, incapaz de mantener contacto visual con ella. Tonks se estaba empezando a poner nerviosa.

-¿Dónde está mi tío, Remus? Por favor, dime qué le ha pasado.- dijo en tono implorante y con voz irregular.

El licántropo soltó un pequeño sollozo y dio un par de pasos hacia la puerta, pero no salió de la habitación; se había girado para que ella no pudiera verle llorar. Una lágrima cayó por su mejilla, y rápidamente se secó con la manga de la túnica.

-¡Remus!- gritó Tonks desesperada.

-Bellatrix Lestrange lo mató.- susurró Lupin con un hilo de voz, sin querer dar más explicaciones.

La auror se quedó atónita, y se volvió a tumbar en la cama, bocabajo y abrazada a la almohada. El noble Sirius Black, su tío, probablemente el único de su familia que valiese la pena, la persona que tantos consejos le había dado en su momento… Le conocía tan poco y le quería tanto… No pudo evitar que las lágrimas brotasen de sus ojos sin parar, y apretaba la almohada cada vez con más fuerza y rabia. Bellatrix Lestrange, su tía, la mortífaga con la que ella había estado peleando horas antes había asesinado a Sirius. Si quizás ella hubiese conseguido derrotarla, él seguiría vivo; sabía que no tenía la culpa, pero no podía dejar de pensar en ello. Cuando por fin logró contener su llanto, miró a Lupin, que seguía plantado en frente de la puerta.

-Remus…- murmuró. Pero no se le ocurría nada que decirle. Sabía que él también lo estaba pasando mal. Sirius había sido su mejor amigo desde hacía muchísimo tiempo, su compañero de piso desde hacía casi un año; siempre habían sido inseparables. -Lo siento, yo…

-Tú no tienes la culpa, Dora- se giró y se acercó a su cama. Al parecer había estado haciendo grandes esfuerzos para no ponerse a llorar otra vez. -Si yo le hubiese podido convencer de que no saliera de casa…

-Tú tampoco tienes la culpa de nada, no podías evitarlo.

Tonks se sentó una vez más y abrazó el torso del licántropo, quien le acarició suavemente la cabeza.

-Yo le quería, Remus, era mi tío.

-Todos le queríamos muchísimo.

La puerta se abrió de golpe y dejó ver a Arthur y Molly, con expresiones serias pero, de alguna manera, entusiasmados. La señora Weasley llevaba en sus manos una tarta con una cubierta de color rosa chicle y unas letras que cambiaban de color y dibujaban las palabras "Mejórate pronto". Tonks soltó a Lupin y este se alejó unos metros de la cama, para dejar que los invitados saludasen a la auror.

-¡Nymphadora, qué alegría que estés despierta!- exclamó Molly con emoción, pero sin sonreír; dejó el paquete en la mesilla que tenía al lado y corrió a abrazarla.

Tonks soltó un sollozo y le correspondió el abrazo.

-¡Eh! ¿Qué pasa aquí?- gritó una voz al otro lado de la habitación. Ojoloco Moody se había puesto de pie de un salto y les apuntaba a todos con su varita, la cual no tardó en bajar. -Oh…

Pronto todos comprendieron que la metamorfomaga ya debía de haber recibido la trágica noticia, y no tardaron en dejarla sola. El último en abandonar la habitación fue Lupin, que se quedó mirándola unos segundas antes de irse.

-Pasaré a verte luego, si quieres.- le dijo.

Tonks asintió débilmente y el licántropo se marchó, cerrando la puerta tras él.