:D Capitulo adelantado porque es cortito, pero importante en la historia xD
Ya quería terminar con éste para iniciar lo interesante así que escribí lo más rápido posible.
Honestamente éste es mi capítulo hasta ahora menos favorito xD
Creo que el nuevo lo tendré listo aproximadamente el miércoles, así que cambiaré la fecha de publicación. Bonito fin de semana!
¿Alguien sabe si ya se conoce el nombre oficial de la hija de Zuko? Galaxy the Hedgehog ya me puso a pensar xD
"Ninguna lengua es capaz de expresar la fuerza, la belleza y la heroicidad de una madre."
Korra no estaba acostumbrada a lo lujoso.
Había pasado casi toda su vida detrás de paredes de hielo, después, cuando escapó, llegó a una isla de Nómadas Aire, quienes, evidentemente, no eran los primeros en levantar la mano para coleccionar cosas muy caras.
Tal vez sólo las dos columnas de oro en la puerta de la entrada al Palacio, valían más que toda la casa de Tenzin. Nunca se había detenido a pensar en lo que vivir en un Palacio significaba.
Todo era bello, cuidado, caro, limpio y refinado. Evidentemente predominaba el rojo y el dorado. Una marca autentica de poder en ésta nación.
Naga detrás de ella la empujó con la nariz y se dio cuenta que se había detenido mucho tiempo mirando hacia todos lados. Apenas había bajado del carro que la conducía a las puertas del Palacio y ya empezaba a impactarse ¿Qué habría adentro?
— Por aquí, Avatar Korra. — Dijo el próximo heredero del Palacio ofreciéndole su brazo para caminar.
Ella abrió los ojos ligeramente y se sonrojó; no sabiendo si sentirse ofendida por ser tratada como una dama o halagada. — No la moderé, vamos. — Reafirmó el pelinegro sonriéndole amistosamente a lo que ella correspondió con el mismo gesto y prácticamente se abalanzó a tomar su brazo.
¡Era el General Iroh! Por supuesto que era un gesto de cortesía. El destino de su vida prácticamente estaba en sus manos ¿Si no podía confiar en él entonces en quién?
Pronto estuvieron atravesando largos pasillos, adornados con figuras y cuadros de personas que no reconocía pero sabía importantes. Si el exterior le pareció hermoso el interior era aún más bello.
Llegó la pequeña comitiva a un gigantesco salón: Bumi y Tenzin enfrente; quienes realmente sólo se aseguraban que la Avatar llegara a su destino, Korra e Iroh en medio y Naga detrás. El adorno principal era precisamente fuego y al fondo del lugar un trono con una mujer sentada en él.
— Madre. Hemos llegado. — Anunció el General soltando el brazo de Korra e inclinándose ante la bella mujer.
Al mirar a sus acompañantes hacer lo mismo, la de ojos azules los imitó.
— Acérquense.
Cuando el grupo estuvo cerca, la Señora del Fuego bajó de su trono, sonriendo gentilmente. En sus ojos podía reflejarse la alegría de ver a su hijo de vuelta. Sin embargo no fue al primero que saludó.
Extendiendo los brazos llegó hasta Korra y la abrazó respetando el espacio personal de ambas. Después sujetó sus manos.
— Avatar Korra, es un honor por fin conocerte. Recibe por favor mi más sincero agradecimiento por ayudarnos en estos tiempos difíciles.
Cuando la castaña vio a la Señora del Fuego inclinándose frente a ella se sonrojó poniéndose nerviosa en el instante.
Ésta mujer era quizás la más poderosa de su género desde Avatar Kyochi. Sabía que debía ser una gran Maestra Control, increíblemente bella y refinada, con los modales más finos que hubiera visto en alguien y la estaba tratando como a realeza.
— Por favor, no es necesario que se incline. Y también es un gusto conocerla. — Respondió con su mejor sonrisa que fue igualada con una discreta de la mujer más hermosa que hubiera visto.
Era un ícono de los rasgos de una Reina y de alguien de la Nación del Fuego.
Soltó sus manos y la castaña no pudo evitar ver su gesto suavizarse al mirar a su hijo quien le sonreía con; exactamente, la misma mueca.
Así que había heredado la sonrisa de su Madre…
— Hijo mío, estoy tan alegre de tenerte de regreso. — Dijo abrazándolo de una manera más familiar.
El pelinegro correspondió al abrazo, se separó después y besó caballerosamente la mano de la Señora del Fuego.
— Ésta vez sólo me fui unos días Madre.
— ¿Y? Días, semanas o meses, para mí es lo mismo cuando no estás, pero me alegro cada vez más al verte de regreso.
El General, visiblemente contento al estar con su Madre volvió a abrazarla aunque no parecía algo formal, si no, el abrazo que un hijo le daba a su Mamá después de tiempo de no verla… Algo increíblemente bello.
Korra no pudo evitar sentirse conmovida y sonrió con ternura; imaginándose la angustia por la que la mujer debía haber pasado en cada viaje del General. Saber que tu hijo está luchando por defender la libertad, debía ser increíblemente angustiante.
La imagen de su propia Madre llegó a su mente y se sintió agradecida de no haberle llamado la atención en su actitud al General.
— Comandante Bumi, Consejero Tenzin. Un placer verlos de nuevo.
Saludó mucho más formal que con la pareja de futuros esposos, recibiendo el mismo gesto.
— Mi asistente les mostrará sus habitaciones. Avatar Korra, sé que usted y su compañera; Naga, son inseparables, así que espero que encuentre a su gusto el lugar que les hemos reservado. Siéntase libre de pasearla por los jardines. Y a riesgo de parecer grosera con nuestros invitados, me gustaría hablar en privado con usted y mi hijo. ¿Le parece bien en una hora?
El que Korra hubiese decidido ser más seria con su papel como Avatar no quería decir que de repente sus gustos se volvieran más refinados, sus disgustos más escasos o su paciencia fuera casi infinita como la de Aang.
Comenzó a mover el pie derecho arrítmicamente contra el piso subiendo de velocidad gradualmente.
En serio, todo eso era como una extraña escena de las películas de Bolin acerca de la elegancia.
El clima era agradable; ligeramente caluroso para su costumbre, el día soleado y brillante; un jardín perfectamente cuidado, una mesa de té completamente pulcra, y Korra sólo podía pensar que todo eso apestaba… No que lo pudiera decir.
Cruzó una pierna sobre otra y tuvo el impulso de poner los codos en la mesa, pero desistió sabiendo que tal vez se ganaría alguna mirada molesta.
¿En serio tomar té exigía quedarse callados?
Su nerviosismo crecía segundo a segundo mientras sus dos acompañantes; miembros de la familia real, guardaban silencio disfrutando enormemente del té que les habían servido ¿Tan bueno era?
Lo miró curiosa.
Parecía un té normal… Olía igual que cualquier otro té de jazmin… ¿Por qué sería tan especial?
La última vez que había tomado té tenía un ingrediente extra, luz de Raava.
¿Habría algo parecido?
¡Nah! Había un Iroh a su lado también, pero éste estaba perfectamente vivo y en el mundo terrenal… y con muchos menos kilos.
Rió internamente.
Además, la tetera aunque indiscutiblemente se veía fina, no se acercaba ni un poco al valor de la que el otro Iroh había servido.
Por cierto, no le había contado al General que conoció a su antepasado… Tal vez después le diría. Por ahora sólo guardaría silencio como su futura suegra y esposo...
Mejor tomar rápido el té.
Agarró la fina taza y de un trago terminó con la mitad del contenido.
¡Dios! ¡Se iba a casar! ¿Se vería como una persona irresponsable si salía corriendo ahora?
Se recargó completamente en el respaldo y dejó caer un poco su peso tratando de tomar algo de aire.
¿El que La Señora del Fuego no hiciera lo mismo que su Madre con el General Iroh sería mala señal?
¿Por qué de repente el aire parecía más renuente a entrar a sus pulmones?
— ¿Avatar Korra? ¿Está bien? — Preguntó un preocupado heredero mirando a la castaña con evidencias de hiperventilación.
Cuando la chica asintió varias veces; frenéticamente y en sus ojos podía leer un terrible miedo bajó su taza. — Avatar Korra, se está hiperventilando. Me disculpo por lo que haré.
Con lentitud se quitó el guante de la mano derecha y colocó dos dedos en el pulso sobre la garganta de la castaña, causando que ella abriera los ojos más asustada por el contacto.
De repente una suficientemente fuerte descarga eléctrica la atravesó causando que respirara de nuevo; como si estuviera conteniendo la respiración por mucho tiempo.
Se llevó una mano al pecho notando su corazón latir rápidamente, mientras Iroh volvía a colocarse el guante.
— ¿Se siente mejor? ¿Quiere que la revise el médico familiar? — Preguntó la bella mujer dirigente de la nación. Inclinándose un poco sobre la mesa y mirándola con preocupación.
¡Que vergüenza! Acababa de sufrir lo que Jinora llamaba un ataque de pánico. Tomó aire y asintió. ¿Qué demonios? Ya se había hecho a la idea de casarse con el hombre a un lado de ella, pero… ¿Suegra? Es como si hablara de formar una familia…
Lo que técnicamente harían.
Tomó más aire y se abalanzó sobre el té. Esa cosa era para calmar los nervios ¿no? Le serviría.
Miró a sus dos acompañantes observándola preocupada y jaló aire, tratando de tranquilizarse.
Se limpió la boca lo más sutil que pudo.
— Ahm, sí, lo siento. Creo que no me hizo bien el cambio de clima… Ya saben, del Polo Sur al Ecuador… — Sonrió nerviosamente.
Ambos guardaron silencio unos segundos, estudiándola, hasta que el pelinegro asintió confiando en su palabra.
La Señora del Fuego, Ursa, por otro lado, entrecerró los ojos y le sonrió de lado.
¡Demonios! ¡Ella sabía! De alguna manera sabía que acababa de tener una crisis. Korra mordió su labio inferior y miró hacia otro lado.
— Sé que les gustaría que la boda fuera lo más pronto posible, para solucionar todo esto rápido. — La castaña abrió los ojos asustada mientras el General sólo asintió. — Sin embargo no estoy de acuerdo.
Korra no sabía si sentirse más aliviada por esa oposición u ofendida. ¿Tan mala era para ser la esposa del General?
Bueno, al menos ya estaban hablando, impidiendo que se quedara sola con sus pensamientos. Tenzin nunca había dicho lo peligroso que puede ser meditar. Seriamente, una chica que está pasando por tanta presión no debería adentrarse a esos lugares tan oscuros de la mente.
¿O acaso era ése el objetivo?... El Maestro Aire no se iría hasta el día siguiente; le preguntaría en cuanto lo viera.
— ¿Por qué, Madre?
— Iroh, Korra. Lo que van a hacer; por muy valientes y nobles que sean sus ideales, es tremendamente estúpido. — La castaña tomó aire un poco desconcertada por el lenguaje de la Señora del Fuego aunque Iroh parecía inmune. ¿Quién lo diría? Sonrió de lado… Le empezaba a agradar más.
— ¿Cree que sea un mal plan? — Cuestionó la de ojos azules.
Ursa negó con la cabeza.
— No, creo que es un excelente plan. Mi Iroh es un buen estratega; como mi Tío Abuelo… — Sonrió orgullosa al pelinegro y colocó su mano sobre la de él. — Pero si falla ustedes estarán en un matrimonio de por vida y temo que es muy posible que sean infelices.
El trío guardó silencio unos segundos pensando en las implicaciones de un matrimonio sin amor.
El General tomó aire.
— Madre, sabes que lo único que me interesa es proteger lo que mi Abuelo construyó junto con el Avatar Aang. Por eso me enlisté en las Fuerzas Unidas, para que pudiéramos proteger también a Ciudad República. Si el plan falla… Entonces… No sé, podría…
— Si el plan falla, entonces, el General Iroh y yo seguiremos haciendo lo mejor que podamos para proteger lo que hemos heredado. Casados o no, tenemos el mismo objetivo. — Interrumpió Korra sorprendiendo a ambos Maestros Fuego. No estaba consciente de cuando sus labios comenzaron a moverse, pero ésa confesión que él había hecho movió algo dentro de ella.
Era como si el pelinegro compartiera su carga; como si la entendiera. Y lejos de rechazar quien era: el heredero del legendario Zuko, el Príncipe de la Nación del Fuego, el General de las Fuerzas Unidas; abrazaba con amor lo que sus antecesores le habían dejado; lo bueno y lo malo.
Él era como ella.
El General la volteó a ver con los ojos ligeramente abiertos; sorprendido, después sus rasgos se transformaron en unos de completa admiración. Ambos estaban decididos a hacer lo que fuera por mantener la paz por la que lucharon las personas anteriores a ellos.
Ursa era una persona que estaba en control de sus emociones casi siempre, pero ése momento había sido especialmente revelador. Sonrió para sí, notando a los dos jóvenes frente a ella mirándose con admiración, con decisión, con respeto… Sólo les faltaba un pequeño empujón para que tal vez; sólo tal vez, ése matrimonio no fuera sólo por compromiso a su deber.
Eso era lo que quería para su hijo; más que un titulo, más que un Palacio, quería que fuera feliz.
Con eso en mente y ahora más decidida que nunca, terminó lo que en realidad les iba a decir.
— Sé lo comprometidos que ustedes están con esto. — Dijo logrando que los jóvenes dejaran de mirarse y le pusieran atención. — Aún siendo la Señora del Fuego no tengo el poder para detener sus decisiones, pero sólo quiero pedirles una cosa. Si esto no funciona, entonces, quiero asegurarme que tendrán un buen compañero para toda la vida.
— ¿Qué es lo que quieres, Madre?
— Tres meses. Quiero que retrasen la boda hasta dentro de tres meses y que ustedes se conozcan. Podemos empezar a correr el rumor de su compromiso, pero sólo como eso; un rumor y anunciar su boda unas semanas antes.
Los dos prometidos pensaron unos segundos la petición que se les acababa de hacer.
— ¿Qué opina, Avatar Korra? — Preguntó el General como si ya conociera su respuesta. La aludida sonrió luminosamente a la dirigente de la nación.
— Me encanta la idea ¡Es usted una genio!
— ¡¿Qué Korra se va a casar con el General Iroh?! — Preguntó en evidente tono de burla, Mako, sólo para dejar caer la cabeza hacia atrás y reír hasta que el estomagó le dolió.
Habían pasado diez días desde que la de ojos azules se despidió de él y su hermano en el puerto y ésa idea era simplemente ridícula. ¿Quién en ese tiempo hacia un compromiso tan grande como el que le estaban comentando?
Asami frunció el ceño y cruzó los brazos en su pecho.
— Eso es lo que me dijeron que se comenta en el Reino Fuego. La gente está muy contenta, esperan que en cualquier momento se anuncie la boda.
El policía rió con más ganas, afortunadamente estaba sentado en una banca del parque con su novia, si no, temía que caería al piso.
Sólo porque Korra hubiese decidido ayudarles con… lo que sea que les estuviera ayudando… no quería decir que de pronto, así, sin más, se casaran.
Desde que habían conocido al General formaron ambos un buen equipo… Y Korra había ido a pedirle ayuda a espaldas del presidente, hecho que causó su ruptura al ser él quien la delató.
Dejó de reír con tanta intensidad.
Asami miró hacia otro lado.
— Dicen que es un matrimonio por compromiso; para estrechar los lazos entre el Reino Fuego con las demás naciones. Si el Avatar es la Señora del Fuego, entonces los rumores de grupos queriendo revivir la guerra de los cien años serían inválidos.
El Policía dejó de reír completamente y su expresión se tornó seria… Mirando al frente.
¿Korra casada?... ¿Con otro?
Sacudió la cabeza negativamente.
— Es imposible, ella no aceptaría algo así. Sólo son rumores que la gente inventa al verla allá.
La bella mujer de cabello negro volteó a ver a su novio. No era la primera vez que se preguntaba si había hecho lo correcto en regresar con él después de lo que había pasado, pero al verlo buscando excusas sintió una punzada en su pecho.
— O tal vez, esos rumores surgen por haberlos visto en alguna actitud cariñosa. El General Iroh es guapo, caballeroso, tiene poder; siempre ha demostrado cuánto cree en Korra. Cualquier mujer sería una idiota si no ve eso. — Remató.
Mako la miró rápidamente, ofendido, furioso.
— ¡Que tonterías! ¡Korra no es así, no se fijaría en eso! — Reclamó levantándose de la banca y respirando profundamente.
Después de unos segundos de silencio, le ofreció su mano a Asami para levantarse y seguir caminando; lo que ella aceptó. — Olvidemos ése tema ¿Quieres? Es completamente ridículo.
La de ojos verdes asintió y comenzaron a caminar, pero notó un detalle. Mako no se había ofendido por cómo ella: su novia, pudiera ver a otro hombre, si no, por cómo podría estar apreciándolo en ése momento Korra.
Honestamente lo único de éste capítulo que me divirtió escribir fue a Mako sembrándole la duda de la boda de Korra :3 Aunque el capitulo es importante para lo que vendrá ;-)
