Lamento muchísimo la tardanza, primero me quedo sin Internet, después se va la musa y ahora estoy enferma… T-T Espero que esta racha acabe pronto y que la musa vuelva a mi.
Debo advertir que hay un ligerísimo spoiler en este cap, pero no es de preocuparse, no me parece que sea algo relevante, así que si no han leído el último libro no se preocupen, ni lo notaran y no les arruinara el final.
Mis mejores deseos para navidad, disfruten el cap xD
Gracias Arya xD
4. Una familia Inusual
Hermione, Sirius y Alan andaban tranquilamente por las calles del callejón Diagon; Sirius iba muy entretenido escuchando lo fascinado que estaba Alan con la idea de entrar al colegio, mientras que Hermione les decía lo que harían.
-Deberíamos ir primero a ver el uniforme, después los libros, pergaminos y plumas .
-¿Podríamos pasar a ver las escobas? –preguntó Sirius a Hermione de pronto.
-Supongo que si –contestó ella recelosa- ¿Pero para que quieres tu una escoba? Creí que te gustaba la moto.
-Si, claro que si –repuso Sirius distraído-, pero la escoba no es para mí.
-¿Ah, no?
-No.
-¿Y entonces para quién es?
-Se la prometí a Marck para su cumpleaños, aun faltan dos semanas, pero me parece conveniente ya que estamos aquí –contestó Sirius.
-¿Conveniente? –saltó Hermione- ¿Te parece conveniente darle una escoba a un niño de tres años?
-¿Qué tiene de malo? –se indignó Sirius- A Harry le regalé su primer escoba al año.
-Ya y seguro se cayó y por eso es tan cabezota –dijo Hermione molesta a la vez que se detenía bruscamente frete al local de Madame Malkin.
Sirius se detuvo un par de pasos después de ella alcanzando a ver como entraba al local. Le había dado en el clavo, Hermione se había vuelto demasiado intolerante con el tema de Harry y Sirius entendía que estaba molesta con él, pero debía aprender a controlarse. Suspiró y se volvió a ver al pequeño que lo miró un poco molesto, ahora tendrían que aguantarla de mal humor todo el día.
-Tío se que no eres la persona con más tacto en el mundo, pero en estos momentos hasta mi papá pudo haber evitado ese "tema" –dijo Alan arqueando las cejas.
A Sirius le sorprendió un tanto aquel comentario, nunca había escuchado a Alan hablar algo respecto al tema de Harry. La verdad no creía que recordará a Harry siquiera, este se había ido cuando Alan tenía apenas unos meses.
-¿Qué sabes tu? –preguntó Sirius desconcertado.
-No mucho, sólo que cuando mencionan a Harry Potter mamá se pone de malas, sobre todo cuando ve el periódico muggle –respondió Alan indiferente-. En mi opinión ese Potter es un cobarde por huir de Quien-tu-sabes.
-¡Vaya! Me impresiona que llames cobarde a alguien que huyó de Voldemort cuando ni siquiera puedes pronunciar su nombre –lo reprendió Sirius molesto, Alan bajo la mirada y esto pareció ablandar al mayor rápidamente-. La verdad es que muchos huimos de él, Harry no es cobarde, nadie lo es –terminó Sirius con una sonrisa amable.
-Intenta animar a mamá, ¿si? –pidió Alan esperanzado.
En ese momento se abre la puerta del local y aparece Hermione, que no se veía ni un poquito más contenta que antes, más bien todo lo contrario.
-¡Alan! ¿Qué esperas? ¡No tenemos todo el día!
Alan volvió a mirar a Sirius con una súplica muda antes de entrar al local con la cabeza baja. Sirius lo siguió y mientras una bruja lo media para arreglarle el uniforme aprovechó para hablar con Hermione.
-¿Quisieras no pagarla con el niño cuando cometo el catastrófico error de mencionar la palabra con "H"? –preguntó Sirius en un susurro a Hermione.
-No la pago con Alan –rezongó Hermione sin mirarlo.
-¿Ah, no? Pues mira si estas acostumbrada a mangonearlos de esa manera creo que tienes problemas.
-¡Bien! La pague con él, lo siento. Lo compensaré al salir, pero tú deberías cuidar tus comentarios y pensar en tus acciones –reprochó Hermione en un susurro exasperado.
-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Sirius a la defensiva- ¿Qué ya no puedo hablar de mi ahijado sólo porque cometió un error? ¡Eso si que es infantil, Hermione! No esperaba algo así de ti.
-No sólo eso, no puedes regalarle a un niño de tres años una escoba y menos cuando no es tu hijo –dijo Hermione totalmente dispuesta a evadir el tema de Harry.
-Para tu información Ginny esta de acuerdo en que le de "a su hijo" una escoba, así que no me vengas con tonterías –dijo Sirius remarcando aquellas tres palabras-. Y no evadas el tema, te estoy hablando de Harry. Debes comprender que cometió un error, pero es humano igual que tú y yo y que rectificará a su tiempo.
-¿A su tiempo? –repitió escéptica- Sirius se fue hace más de diez años, Harry no va a volver; no lo hizo por Draco y no lo hará por nadie más.
-Discúlpame por confiar en él –dijo Sirius resentido antes de salir del local azotando la puerta.
Alan al escuchar el ruido se volvió a mirar a su madre, era de esperarse algo así, no sabía porque se empeñaban en salir juntos si la mayoría de las veces terminaban discutiendo. Hermione le devolvió una mirada tranquilizadora antes de salir tras Sirius.
-¡Sirius! ¡Sirius!
-Realmente no quiero hablar ahora –gruño Sirius sin dejar de andar.
Sabía que lo mejor sería alejarse y relajarse un poco antes de volver a ver a aquella chica tan testaruda. Siempre había tenido choques con ella, era como tener una mini Molly versión mejorada.
Hermione sin embargo se empeñaba en alcanzarlo, así que unos metros después se detuvo resignado y la espero con las manos en los bolsillos del pantalón.
-No debí haber dicho esas cosas –dijo Hermione condescendiente-, estaba dolida…al igual que tu.
-¿Por qué le tienes tan poca fe? –preguntó Sirius, aunque estaba consciente que más que pregunta, era un reproche.
-No lo se… -suspiró- Me parece que al ver a Draco tan mal…todos creíamos que volvería, pero no fue así.
-Ese es tu problema, el de todos –apuntó Sirius más calmado-. Creen que Draco es la víctima, yo sé que sufrió y mucho, pero ¿no creen que Harry sufrió igual o más que él? Harry no tuvo padres, el deseaba más que nada a su hijo y Voldemort se lo quitó, le quitó una de las pocas cosas buenas que tenía…
-Yo sé –interrumpió Hermione-, es sólo que nosotros estábamos ahí, Sirius, pudimos haberle ayudado y él se fue.
-Harry es fuerte, nunca le ha gustado eso de que se preocupen por él –dijo Sirius con cierto remordimiento.
-¿Cómo tu? –sugirió Hermione.
-¿Qué?
-No te vayas a enojar –comenzó Hermione y no continuó hasta que Sirius negó con la cabeza-. Bueno creo que te identificas con él porque tú, al igual que Harry, quieres ser padre y…bueno Severus y tú no han tenido hijos.
-Tal vez –dijo Sirius alzándose de hombros, la verdad es que nunca lo había visto de esa forma. Quizás tenga razón, quizás se identificaba con él.
-Y tal vez –siguió Hermione tanteando el terreno-, estas molesto con Draco porque lo estas con Severus.
-No estoy molesto con Severus.
-¿No?
-No –contestó Sirius, pero con cada "no" que daba su convicción disminuía-, no lo creo. No me parece.
-¿Por qué no han tenido hijos? –preguntó Hermione intrigada.
-No creo que deba contarte esto, Hermione –dijo Sirius sonriendo de lado, pero había algo en su sonrisa que obligo a Hermione a tomar uno de sus brazos y comenzar a andar de vuelta al local de Madame Malkin.
-No tienes que hacerlo –corroboró Hermione con amabilidad-, pero si quieres hablar aquí estaré.
-No creo que sea necesario.
-Sirius es obvio que quieres un hijo y al parecer Severus no, a mi me parece que si es necesario.
Sirius prefirió no contestar más, aquella niña siempre le había hecho pensar más en las cosas y era algo que odiaba, pero que a la vez agradecía. Después de todo no siempre era una mini Molly Weasley mandona.
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-¿Y bien? –preguntó Ron al ver aparecer a Severus por la chimenea.
-…-Severus suspiró exasperado antes de contestar- Además de encontrarlo con una resaca de los mil diablos…
-¿Otra vez? –interrumpió Ron preocupado.
-Si… -se acerco hasta el sillón de dos plazas y se sentó.
-¿Y bien? –insistió Ron sentándose frente a él.
-Se encontraron ayer –dijo Severus pesadamente. Ron bajo la mirada pensativo, seguramente maldiciendo su mala suerte, así que continuó-. Deberías ir ahora.
-No puedo presentarme de la nada –dijo el pelirrojo negando con la cabeza.
-¿Por qué no?
-Porque ahora Malfoy esta saliendo con alguien –contestó Ron apesumbrado.
-¿Cómo que sale con alguien?
Ron se limito a alzarse de hombros; él no era la persona más indicada para dar la noticia.
-Tendré que esperar a mañana. Le enviare una carta –dijo Ron levantándose resuelto.
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Recién acababa de llegar del aeropuerto, ya se había acostumbrado a ir y venir, pero aun no se acostumbraba a separarse por mucho tiempo de Leandro y ahora llevaba más de dos meses sin verlo, se moría por saber como estaba, jugar con él, molestar a los elfos lo que sea siempre y cuando lo hicieran juntos.
Entró al enorme recibidor y dejo las maletas en el suelo, que de inmediato desaparecieron para aparecer en su habitación, se quitó la capa de viaje y la dejo en el perchero junto a la puerta. Esa casa era enorme, no acababa de asombrarse con ella nunca; del recibidor se extendía hacia atrás donde estaban las enormes escaleras de madera del lado derecho de la casa.
Anduvo hasta la estancia, siempre oscura con la chimenea encendida, pero esta vez no estaba sola, no. Ahí estaba Leandro.
-No pareces muy contento –dijo tras de el.
-¡Abuelo! –saludó el niño al volverse.
-Feliz cumpleaños Leandro –sonrió el hombre a la vez que el pequeño corría a abrazarlo-, se que fue ayer, pero me fue imposible llegar antes –se disculpó cuando el pequeño lo soltó.
-Esta bien, no importa –repuso el niño con un tono desganado.
-¿Pasa algo?
-Papá –respondió sin cambiar el tono.
-¿Qué pasa con él?
-Ha estado algo…extraño.
-¿Cómo extraño? –preguntó su abuelo intrigado.
-No quiero hablar de eso abuelo –dijo Leandro incomodo.
-Vamos Leandro, puedes contármelo a mí.
-Sabes que a papá no le gusta que me llames así –dijo Leandro hábilmente para cambiar el tema.
-Sabes que tu padre te puso así porque yo se lo pedí –atajo su abuelo, y rápidamente volvió al tema-. ¿Volviste a pelearte con él?
-Ojala –suspiró el pequeño y al ver la cara de confusión de su abuelo añadió- Ya ha llegado mi carta de Hogwarts.
-Pero si eso es bueno, muy bueno.
-¿Por qué?
-Pues yo estudie ahí y tus padres también –dijo su abuelo intentando convencerlo.
-No me gusta –declaró Leandro enfurruñado-, me gusta estudiar en casa, me gusta que mi papá me enseñe…
-No seguirás refunfuñando por el colegio, ¿verdad, Alexander? –interrumpió una voz fría y autoritaria que acababa de entrar a la estancia donde ellos se encontraban.
-No, papá –contestó Leandro fastidiado.
-Bien, porque ya hemos hablado mucho al respecto –dijo y volviéndose al mayor añadió-. Así que has llegado, James.
-Así es –contestó James serio.
-Alexander, déjame charlar con tu abuelo a solas –ordenó sin mirarlo.
El pequeño asintió y salió sin miramientos, ninguno de los dos hablo hasta unos momentos después que se cerró la puerta. No es que el niño fuera entrometido, hasta la fecha su padre nunca lo había atrapado espiando, pero la sangre era la sangre y la que corría por Alexander era muy curiosa, demasiado quizás.
-¿Esperas que Leandro este en su alcoba del tercer piso? –preguntó James sarcástico.
-Alexander –dijo calcando la palabra-, sabe lo que debe y no debe hacer…sin embargo nunca esta demás.
Al decir esto último sacó la varita y la dirigió a la puerta diciendo: "Mufliato", con voz grave y potente.
-Los Potter somos curiosos –concordó James con un asentimiento de cabeza-, pero recuerda que no sólo es Potter…
-No debías mencionarlos –lo cortó el otro con calma-. Sabes que no puedes hablarle de sus padres.
-¿Y qué entiende él de todas formas? –gruñó James- Para él tu eres su padre, Tom…
-Pregunta por el otro –interrumpió Tom cada vez con menos calma-. No es tonto, nunca ha sido tonto. Sabe que se necesitan dos para traer a alguien a este mundo y…-sin poder contenerse más lo soltó todo- ¡Maldición! Ya no se que decirle.
-Es curioso que te estreses tanto por un niño, estas ablandándote, ¿no crees? –se burló James.
-Es un niño diferente, tu mismo lo has dicho –gruñó Tom.
-¿Lo enviaras a Hogwarts? –preguntó James cambiando el tema radicalmente.
-Ese era el plan inicial, ¿recuerdas? –dijo Tom volviendo a la calma, caminó hasta el sillón más cercano y se sentó con ligereza invitando a James hacer lo mismo frente a el- Además mis planes ya se han retrasado mucho.
-¿Qué? –saltó James indignado, sin aceptar el ofrecimiento de Tom- El trato era que ya no matarías a nadie si dejaba a Leandro contigo.
-No, el trato era que no mataría a Alexander –corrigió Tom triunfante.
-Dijiste que los dejarías en paz… –dijo James frunciendo el ceño.
-Mientras me encargaba del mocoso –interrumpió Tom-, ahora él se va a Hogwarts y yo vuelvo a lo mío. Te dije que le perdonaba la vida mientras estuviera pequeño.
-¡Le perdonaste la vida porque sabes que es más poderoso que tu!
-Por supuesto que no –río Tom-, puedo hacer lo que quiera con ese muchacho, después de todo…soy su padre.
-¡No eres su padre!
-Díselo a él –lo retó Tom ensanchando su sonrisa, pero después cambio de postura y con un tono indiferente añadió-. Como sea, puedo matarlo si quiero.
-¿Matarlo? –bufó James de pronto muy divertido- Pero si hasta el niño te cae bien, no puedes negar que tiene algo que te agrada.
-No me tientes, Potter –murmuró Tom amenazante.
James negó con la cabeza y se sentó aun con una sonrisa asomando su rostro lo que enfado a Tom obligándolo a hacer algo al respecto.
-Si crees que porque Alexander va a ir a Hogwarts esta a salvo, te equivocas. Nuestro trato sigue en pie y aun tengo algo que quieres, así que…ya sabes, aléjate del mundo mágico y podrás dormir tranquilo.
-Canalla –murmuró James fulminándolo con la mirada.
Se sentía tan impotente, inútil por completo; la única forma en la que podía ayudar era cuidando de Leandro y eso lo hacía miserable. Si, era un trabajo noble e importante, pero qué tan noble podía ser si dañaba a los suyos manteniéndolo en secreto.
-Debo volver a Nueva York en dos días –dijo James rendido antes de salir de la estancia lo más rápido posible.
Tom sonrió para sus adentros, las cosas iban viento en popa. Aun tenía a James bajo sus ordenes después de tantos años, quizás no había perdido el toque del todo, quizás sólo debía pulirlo para volver a ser el de antes. Pero debía apresurarse, ese pequeño mocoso lo había retrasado bastante: once años, once largos, largos años en la espera de la venganza. Lo malo del asunto era que Potter tenía algo de razón, ese niño tenía algo que le gustaba, podía ser repelente y desagradable si quería, pero sabía ganarse a las personas, era único. No, único no…era como él. Le había hecho como él.
James subió al segundo piso para buscar a Leandro, sin embargo no fue hasta el tercer piso donde lo encontró, estaba en la sala de juegos que le había pedido a Tom; sólo Merlín sabía lo que le decía ese muchacho al mayor para conseguir siempre lo que quería. Aquel niño, aunque le costara admitirlo, estaba mimado, muy mimado, principalmente por él. Se sentía culpable de tener que dejarlo con Tom y de no poder hablarle de sus padres, así que buscaba la manera de compensárselo, pero nunca era suficiente y, él sabía, nunca lo sería.
-¡Aquí estas! –exclamó sonriente al encontrarlo en la habitación.
-Hola abuelo –respondió Leandro con la mirada clavada en un libro demasiado grande, a opinión de James.
-Tienes juguetes a morir y te diviertes leyendo un libro –ironizó James.
Se acomodo junto al niño en uno de los enormes sillones en medio de la habitación.
-Jugar sólo no es divertido – aclaró el niño cerrando el libro de golpe-. A veces papá viene un rato, pero no es muy seguido.
-Ya, pero ahora estoy aquí, podemos hacer algo divertido.
-¿Por cuánto tiempo? –preguntó Leandro fríamente- ¿Cuánto falta para que salga tu avión y corras a Nueva York?
-No seas así –murmuró James dolido, a veces ese niño si que podía ser muy cruel y eso que sólo tenía once años, Merlín lo salve cuando llegara a la adolescencia-, se que este último año he estado fuera mucho tiempo, pero es el primero y prometo que el último, no me gusta estar lejos…
-Me sé el sermón –interrumpió Leandro mirándolo con fijeza, sabía que James no se resistía cuando lo miraba con profundidad- ¿Cuándo sale el avión?
-Pasado mañana por la noche –respondió James al acto.
-¿Y cuando regresas?
-Dos semanas.
Respondía automáticamente, sentía como si su padre le estuviera amonestando. ¿Cómo podía un niño de once años producirle ese sentimiento? ¡Ah, claro! Se había criado con Tom Riddle.
-No –corrigió Leandro- ¿Cuándo regresas para quedarte?
-Dos semanas –insistió James.
-Bien –murmuró Leandro pensativo-, ella se queda como siempre, ¿verdad?
-Por supuesto.
-Bien –repitió Leandro, poco a poco su voz dejaba el tono frío y volvía a ser el de siempre-. He de suponer que irás a despedirte de mi al dichoso tren, ¿no?
-¿Tren? –preguntó James confundido.
-El de la escuela, a principio de año –dijo el niño enfurruñado.
-¡Ah! Si, por supuesto que si, es muy importante –dijo James tratando de retomar su papel como adulto.
-Genial –sonrió Leandro volviendo a la calidez de un niño de su edad.
James sonrió no muy convencido, aquel niño recibía demasiados malos ejemplos, empezando por su falso padre. No se podía negar que había desarrollado cierta arrogancia.
De pronto el niño se levanto y miró a James preocupado.
-¿Ya has ido a verla? –preguntó el pequeño frunciendo el entrecejo.
-No –contestó James preocupándose ante aquella actitud-. ¿Esta bien?
-Te extraña mucho –contestó Leandro triste-, además ha estado enferma.
-¿Enferma? ¿De qué? – se alarmó el mayor levantándose.
-Se queja mucho, dice que le duele, pero no sabemos que es, deberías verla antes.
-Claro.
James le pasó una mano por la cabeza al pequeño al salir; si ese pequeño podía haber desarrollado la arrogancia de Tom, pero no dejaba de tener las cualidades de sus padres, como la maravillosa preocupación de Harry por los demás.
Harry, cuantas veces podía pensar en él por día. La única razón que evitaba a James romper ese estupido trato era tener a Leandro cerca y por supuesto la gran necesidad de mantener con vida a su chica.
Llegó al despacho de Tom y entró sin llamar a la puerta.
-Quiero verla –le dijo tan sólo poner un pie dentro.
-¿No te enseñaron a llamar antes de entrar? –preguntó él mirándolo serio.
-Quiero verla –insistió aquel hombre.
-Estaba con el niño esta mañana…
-No estaba con él –interrumpió el otro comenzando a fastidiarse-. ¿Dónde esta?
-¿Probaste en su habitación? –preguntó él burlón.
-No me provoques Tom, si te estoy preguntando es porque no la he visto por ningún lado -gruñó.
-James, James, James –suspiró y sonrió de lado antes de continuar-. Esta en la segunda alcoba del primer piso; me vi forzado a trasladarla hace unos días.
-¿Por qué?
-No podía llegar hasta su habitación –respondió Tom indiferente.
-¿Entonces es verdad? ¿Esta enferma?
-Te lo ha dicho Alexander, ¿no? –bufó- ¿Te mentiría ese niño?
James no contestó, simplemente dio media vuelta y salió del despacho pisando fuerte.
