Advertencia!: AU, USUK, muy de fluff, personajes OOC

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Cap.4: Lluvia de Estrellas

Había aprendido tantas cosas en tan poco tiempo que aquello era digno de admiración incluso para él. Arthur tenía casi dos semanas en la Tierra y ya sabía tantas cosas que fácilmente podía dejar en mal a cualquier terrícola. Estaba al tanto de la historia, de los descubrimientos, de las materias más elementales como las matemáticas y la física. Era hábil para muchas cosas, sumamente listo y astuto. Pero que no se meta en la cocina porque alguien sufrirá.

-En verdad no sé qué está mal… lo hice siguiendo la receta del libro- decía tristemente Arthur, con algo que pretendía ser comida sobre una charola

-Bueno, tampoco te exijas tanto, seguro que con el tiempo lo dominaras como todos-decía Matty intentando consolar a la estrella

-Es verdad, además no se ve tan mal el albondigón-habló Alfred, quien intentaba hallarle forma a la cosa extraña y quemada

-¡Es un pastel, idiota!-ahora Arthur tenía muchas ganas de estrellarle la charola en la cabeza a Alfred

El de ojos azules estaba arrepentido de haber dejado solo a Arthur con Lovino, mismo que fuera de visita junto con Antonio, con el pretexto de acompañar al veterinario a revisar a "un ave" herida, claro, todo sin que el italiano supiera que Arthur era el paciente del ala rota. Sí, dejarlo con Lovino había sido lo peor, porque aprendió un montón de insultos, la mayoría en italiano, pero que poco a poco fue traduciendo. Eso, y Lovino le dio la revolucionaria idea de "no dejarse molestar por los idiotas", y hay que decir que para el castaño del rulo todos eran unos idiotas.

-No era mi intención…-intentaba reparar el daño hecho-además…-pasó saliva sonoramente-yo, como tu héroe, me comeré todo lo que cocines

-¿De verdad?-la estrella le miraba con un brillo especial en sus verdes ojos

-Claro que sí-la verdad era que cada intento fallido de Arthur por cocinar, era comido por Alfred. Lo que la estrella no sabía era que siempre tenía que tomar después medicamento para el dolor de estómago, pero eso es algo que no tiene por qué saber nunca.

Era jueves 2 de julio, lo que significaba que faltaban dos días para la fiesta de disfraces. Además, el de ojos azules no podía estar más contento, no sólo era casi su cumpleaños, si no que ya estaba más que seguro que Arthur le amaba, y por supuesto, él también sentía lo mismo. ¿Que cómo se enteró? Muy fácil, toda la semana, con ayuda de Matty, le había estado poniendo pequeñas pruebas.

Arthur era fanático de los libros, y tenía una extraña preferencia por aquellos de fantasía, pero más aun de los que relataban historias de amor, y siempre que terminaba alguno, iba corriendo a preguntar una sarta de cosas al de ojos azul liliáceo, la mayoría de las cuales eran referentes al protagonista y su confesión de amor.

-¿Y si Cenicienta hubiera buscado al príncipe, porque él es un tonto que no dice nada, para decirle lo que sentía después del baile?

Matty rió suavemente ante la pregunta, estaba claro que hablaba de Alfred-pues… seguramente Cenicienta no lo hizo porque confiaba en que el príncipe sentía lo mismo por ella y la buscaría

-¿Y si no la buscara?... digo, en el hipotético caso de que ella se impacientara, Cenicienta debería ser valiente y decirle quien es y que lo ama-Arthur estaba rojo, pero así mismo se veía molesto

-Bueno… en tiempos más modernos yo creo que debería ser ella quien se confesara-y luego de eso Arthur no sólo estaba sonrojado, estaba con el rostro ardiendo en rojo

-T-Tampoco se trata de que corra a decirle… después de todo… ella es una dama que sabe esperar-luego de eso, la estrella se fue corriendo a buscar otro libro que leer, otro libro que le pudiera ayudar a descifrar si lo que sentía por Alfred era amor, y si éste le correspondía.

Por su parte, Alfred estaba planeando algo, para lo cual había salido en su bicicleta con dirección al observatorio. Había pensado en que sería romántico y apropiado decirle que le amaba en la sala del planetario, ahí donde proyectaban toda la bóveda celeste.

-¡Dr. Honda! –llegó Alfred gritando al recinto. Y pronto salió de una de las oficinas un joven hombre de ascendencia asiática y lacio cabello negro

-Alfred-san, ya me preguntaba dónde estabas, tenías varios días sin venir-tenía un remarcado acento japonés, aun si su pronunciación era perfecta

-Lo lamento ¿recuerda lo que le comentaba sobre mi estrella de la suerte?-Alfred vio que Honda asentía y continuó-bien, pues no me lo va a creer

-¿Sigue acercándose?-preguntó mientras le invitaba a entrar a su oficina con su diestra

-Mejor que eso…-el de gafas cerró la puerta tras de sí, y tomando asiento al mismo tiempo que Honda, Alfred se preparó para revelar su gran secreto por primera vez

-Espero que no crea que me he vuelto loco… resulta que hace casi dos semanas, mi hermano y yo veíamos a mi estrella con los telescopios, y yo tenía razón, sí venía hacía aquí-Alfred hablaba tan emocionado que el japonés no pudo evitar sonreír. Siempre había pensado que Alfred era un chico realmente entusiasmado con la astronomía, y que sin duda se convertiría en un gran colega en la materia.

-…Así que mi estrella cayó a la Tierra-dijo Alfred esperando ver la reacción del astrónomo

-Vaya… lamento que no pudieras registrarla antes de eso-comentó Honda sin entender porque el joven no lucía algo decepcionado ante eso

-Eso no es nada comparado con lo que pasó… verá, resulto ser un "él"

-¿Un "él"?... no te comprendo, Alfred-san-Honda estaba desconcertado por completo

-Sí, no era una aleación de metales o minerales extraños… era una persona, para ser más precisos, es como un ángel-Alfred no había dejado de mover sus manos emocionado

-¿Un ángel?-repitió Honda más para sí que para el joven de ojos azules. Lo que decía su joven amigo era absurdo, pero tratándose de él no podía pensar en que se estuviera burlando de él, porque si bien hacía bromas no eran de ese tipo, y por otro lado no tenía por qué mentirle de esa manera-… ¿y… dónde está él ahora?

-En mi casa, mi hermano le hace compañía, procuramos no dejarlo solo, pero él es muy listo… le llamamos Arthur, le encanta leer, es sombroso, aprendió más que yo en toda mi vida en unos cuantos días… hay cosas que no comprende pero porque trata de hallarle lógica a todo

-Suena interesante… es un extraterrestre después de todo

-Es una estrella-corrigió Alfred-Arthur siempre dice que él es mi estrella… además

-¿Además…?

-Creo… no, más bien, estoy seguro de que me he enamorado de él-no había razón para ocultarlo a alguien como el Dr. Honda, eran buenos amigos y siempre que Alfred tenía alguna duda sobre astronomía, sólo él tenía la paciencia para contestarle e incluso conversar con él cuando necesitaba hablar cosas que no deseaba decirle a Matty o a su madre, era su refuerzo cuando no podía acudir a contarle a su estrella de la suerte.

Era una afirmación muy fuerte, pero conociendo a Alfred, era certero pensar que era sincero-si estás seguro, y no es hostil… creo que no debería haber problema, anqué no estaría de más hacerle algunas pruebas

-¡No, eso no! Si alguien más lo sabe… de seguro terminará encerrado o en una mesa de operaciones a punto de ser abierto como un espécimen raro-la preocupación danzaba en las pupilas azules al sólo imaginar que se llevaran a Arthur de su lado

-De acuerdo, yo guardaré el secreto… pero debo verlo para estar seguro de que no será un problema en el futuro

-Claro, justo venía a pedirle permiso para usar la sala del planetario… quiero decirle lo que siento ahí ¿qué opina?

-Yo no soy muy bueno en esa clase de cosas… pero creo que es un buen detalle

Los dos tardaron unos minutos más hablando, luego se despidieron, acordando que al día siguiente la sala estaba a la entera disposición de Alfred, así que tenía toda la tarde para estar ahí con la susodicha estrella.


Matty estaba subiendo las escaleras un tanto preocupado, tenía largo rato sin ver a Arthur, y era realmente extraño, porque cada que la estrella terminaba de leer algún libro, cosa que le tomaba pocos minutos, iba corriendo a platicarle de que trataba, o a preguntar algo que no le quedara claro.

-Arthur… ¿está todo bien?-preguntaba Matty al tiempo que entraba en la habitación de su hermano, donde sabía estaba el de ojos verdes-¿qué tienes?-dijo el terrícola preocupado al ver que el ser alado estaba sentado en la cama, con la espalda pegada a la cabecera y los ojos llenos de lágrimas

-Es tan injusto…-dijo Arthur revelando que entre sus manos tenía un libro, mismo que Matty tomó para poder comprender el estado de la estrella

-¿Romeo y Julieta?

-Ellos se amaban tanto… y merecían estar juntos-un par de lágrimas escaparon de los ojos verdes

-Sé que es muy triste… pero sólo es una historia-Matthew no sabía que podría decir para consolarlo sin revelar que sabía todo sobre el amor secreto que Arthur sentía por su hermano, porque estaba casi seguro de que su llanto era por imaginar un amor imposible entre ellos.

-Romeo sufría tanto por la muerte de Julieta que prefirió morir… -continuó diciendo toda la parte final de la obra, expresando su dolor empático por la tragedia de esos dos enamorados

-¿Qué le hiciste?-Alfred había llegado sin que ninguno de los dos se diera cuenta, y rápidamente entró a su cuarto donde Arthur sollozaba entre los brazos de su hermano

-Él culpable es William Shakespeare-dijo su hermano mostrándole el libro

Alfred fue el único que pudo hacerle olvidar todo el drama del libro, porque le puso el abrigo y le sacó a dar un largo paseo, incluso le compró helado nuevamente. Pero la verdad era que todo aquello aun no desaparecía de la mente de Arthur, lo tenía muy presente ¿Él lloraría si Alfred le rechazaba? Tal vez… porque a fin de cuentas había aprendido que puedes llorar cuando algo te duele mucho, y eso definitivamente le iba a doler, tanto como le dolió a Julieta encontrar muerto a Romeo.

Por lo demás el resto del día pasó tranquilo. En la cena Alfred dio gracias por ser turno de Matty para cocinar, porque su estómago de héroe no podría soportar otra cena preparada por su estrella de la suerte.

-Mañana tengo planeada una salida especial para nosotros-dijo Alfred cuando había terminado su cena y sólo acompañaba a los otros dos

-Claro…-contestó Arthur un tanto ausente, aun dándole vueltas a la idea de que su amor bien podría ser no correspondido

Alfred había entendido porque esa extraña actitud de Arthur, claro que su hermano le tuvo que explicar todo con detalle. El de ojos azules no intentó indagar más del asunto, después de todo mañana se solucionaría todo en cuanto le pidiera a su estrella de la suerte fuera su pareja. Con mucha ayuda de Matty se había decidido a hacer todo romántico, con ese tinte de épocas más tradicionales, así que sería un poco cursi para su gusto, pero bien valía la pena.

Dormir juntos comenzaba a ser un tormento para los dos, teniéndose tan cerca el uno al otro, tenían que luchar para no hacer algo inapropiado, claro que Arthur tenía miedo de abrazar al terrícola, mientras que el temor de Alfred era robarle un beso al de ojos verdes.

-¿No puedes dormir?-preguntó Arthur en algún punto de la noche, cuando los dos estaban en la cama y podía notar la intranquilidad del otro

-…Estoy demasiado ansioso… eso no me deja dormir-confesó Alfred-¿tú aun no duermes?

-No, mi cuerpo aun no lo necesita…-Arthur estaba recostado boca abajo, con la barbilla poyada sobre la almohada que estrechaba con sus brazos-quizá en unas cuantas semanas más… tal vez en un mes

-Ya veo… de todas maneras te seguiré atesorando igual-sonrió el de ojos azules en medio de su cuarto en penumbras

Arthur no pudo evitar sonrojarse, dando gracias de que fuera de noche para que Alfred no le viera así.


El nuevo día parecía normal, para Arthur lo era, no así para Alfred. Apenas terminaron de desayunar, el terrícola de ojos azules corrió escaleras arriba, tenía muchas cosas que alistar para esa tarde. Lo primero fue escoger su ropa, eligió algo casual pero más formal de lo que solía vestir a diario. Luego se ocupó de repasar su dialogo, sí, porque Matty le había armado un estúpido guión. Casi parecía que el de gafas ovaladas se había inventado todo eso después de ver un maratón de películas románticas, de esas como Titánic y Un día inesperado, del total gusto de su hermano y su estrella de la suerte.

Para la una de la tarde, Alfred salía de bañarse, quedándose por varios minutos en el baño, arreglando su cabello y usando un poco de esa colonia costosa que su abuela le obsequiara en navidad. Se puso la ropa, cuidando de acomodar bien el cuello de la camisa y desechando la corbata que Matty le había prestado. Tomó una gran bocanada de aire y luego exhaló lentamente, necesitaba quitarse los nervios.

Arthur no entendía porque Alfred se había arreglado tanto-¿te gusta?-preguntó el americano

-Sí… luces bien-lo cierto es que la estrella pensaba que así se veían los príncipes de sus libros

-Gracias… ¿ya te quitaron la venda?-durante todo el tiempo que Alfred había permanecido en el piso de arriba, Arthur había ido al veterinario en compañía del otro chico, a que Antonio le retirara la venda si ya estaba lista su ala

-Ah sí… ese tipo dijo que ya estaba curada -decía sosteniendo la emplumada extremidad, para luego ponerse el abrigo que le acompañaba a todas partes-también me pidió que dejara pasar un par de días más antes de probar si podía volar

-Podemos ir a campo más abierto el Domingo… oh mira la hora, será mejor que nos vayamos ya

Alfred tomó la mano de Arthur, los dos lucían graciosos al tener las mejillas con un ligero sonrojo-hoy no saldremos en la bicicleta-anunció Alfred una vez que estaban afuera-usaremos el auto de Gilbert – no era de extrañarse que el de ojos rojos le debiera tantos favores a Alfred como para prestarle su auto

Era la primera vez que Arthur se subía a un auto, y era algo incómodo para él, porque las alas le estorbaban mucho al sentarse, y ya ni hablar de ponerse el cinturón de seguridad, sentía que las alas se le aplastaban contra el asiento, sin embargo no se quejó en ningún momento, parecía que Alfred se estaba esforzando en hacer algo por él.

No tardaron casi nada en llegar a una parte del poblado que Arthur no conocía, era un edificio enorme, alargado y en un extremo con un domo extraño-¿es un observatorio?

-Sí, supongo que lo viste en un libro-comentó Alfred mientras estacionaba el vehículo-ven… te mostraré un lugar fantástico que te parecerá familiar

El lugar era como un museo, y al final tenía un par de puertas, que al ser atravesadas daban paso a una sala grande, con varias hileras de butacas entorno a un centro. Tenía cierta semejanza con la sala del cine al que fueron días atrás, pero definitivamente no había manera de proyectar una película. En el centro del lugar, había un extraño aparato que parecía una linterna con varios colores.

-Espera un momento… -Alfred soltó su mano y se fue por una escalera oculta cerca del centro

Casi inmediatamente después, la luz se apagó, dejando a la estrella en medio de la oscuridad, para terminar siendo sorprendido por un montón de luces danzarinas. No pudo evitar reírse ante el espectáculo, era muy bonito.

-Según nosotros, así luce el espacio…-dijo Alfred regresando a su lado

-Es casi exacto… -la sonrisa de Arthur era radiante

-Sabes… te he traído aquí hoy para… para algo especial que tengo que decirte-en la mente de Alfred había un lio con las palabras que había memorizado, así que optaría por usar el plan B: improvisar

-Sé que sonará repentino… y que apenas nos conocimos, pero… aun así-Alfred busco ambas manos de su estrella, sosteniéndolas y acariciando el dorso de estas con sus pulgares. Entonces clavó la mirada en ese par de ojos verdes fuera de este mundo-te amo, Arthur

La estrella sentía que ahora sí le daría uno de esos famosos paros cardiacos que son una de las principales causas de muerte entre los humanos ¿Era verdad lo que escuchaba? Ojala que sí, porque si no, quería decir que se había vuelto dulcemente loco.

-Y-Yo… yo-Arthur no necesitaba respirar y aun así sentía eso que llaman sofocarse-t-también te amo

-¡Lo sabía!-gritó Alfred sin poder estás más feliz-somos el uno para el otro, destinados a encontrarnos en este basto universo-de alguna manera creía haber escuchado esas palabras de algún dialogo en una película de ciencia ficción, pero eran perfectas para el momento

-Debe ser eso, un designio del destino-dijo Arthur mientras sus ojos brillaban llenándose de lágrimas-… no entiendo… quisiera llorar… pero estoy realmente feliz

-Hay veces que los humanos lloramos de felicidad-le aseguró el terrícola que también sentía sus ojos apunto de derramar lágrimas

Alfred ya no perdió más el tiempo y abrazó al otro rubio. Era para él, definitivamente, no por nada Arthur había cruzado el universo para encontrarle, sin importar la distancia. Así mismo él le cuidaría de ahora en adelante, con la certeza de que estarían juntos toda la vida, porque Arthur así se lo había dicho.

-Ahora entiendo cuando dicen que "Ahí fuera hay alguien para ti", sólo que ese alguien especial, sólo para mí, estaba más lejos de lo que podían imaginar-decía Alfred entre risas al no soltar a su estrella de la suerte

-Me sentía realmente solo… sin hablar nunca con nadie, hasta ese día en que escuché tu voz-la estrella sonreía con el rostro hundido en el pecho del joven-supe que era mi oportunidad de conseguir algo cálido, algo hermoso, porque sabía del amor solo por su relación con el destino, aunque dudaba que lo fuera a sentir alguna vez

Fue entonces que Alfred lo apartó un poco de sí, lo suficiente para sostener el blanquecino rostro de Arthur entre sus manos, y así, poder darle su primer beso. Inexperto y temeroso, Arthur recibió aquel beso de verdadero amor, tal y como en los libros de cuentos de hadas, y para Alfred no había nada más dulce que los delgados labios de la estrella que amaba.

-Serás mi novio, y luego mi esposo… estaremos siempre juntos-dijo Alfred al separarse y mirar la sonriente cara de su estrella de la suerte

-Así será… porque desde un principio fui tuyo, después de todo… tú me reclamaste como tuyo-aun recordaba con cariño la primera vez que Alfred le habló, proclamándolo suyo

Se quedaron por varias horas, simplemente hablando de cómo sería su hermosa y larga vida juntos. Alfred era quien no paraba de hablar, estaba eufórico, y como no, era la primera vez que ese enamoraba, y sería para siempre. Arthur decía que sí a todos los planes bizarros de su nuevo novio, no importaba que esos deseos fueran imposibles, igual lo intentaría por él.

-Mañana les presumiré a todos mi lindo novio-dijo Alfred orgulloso de ese hecho

-¿No tendrás problemas?-Arthur estaba preocupado, había leído que las relaciones homosexuales existían desde tiempos remotos, pero no mucha gente las tomaba a bien

-Para nada, muchos de mis amigos son así… mira a Francis, es capaz de ligarse una tostadora, y lo más asqueroso es que le haría el amor

"Hacer el Amor". Ahora Arthur tenía algo importante que buscar.


N/A: Hola! Lamento la tardanza, pero estuve enferma y en semana de exámenes, en pocas palabras estaba totalmente fuera de combate.

Bien, otro cap más de esta tierna historia. Por fin son pareja, ahora falta ver si no hay alguien que quiera separarlos *risa malvada*, no… nadie los separará (por ahora). Adivinen a quien le terminará preguntando Arthur por eso de "Hacer el amor" xD

Creo que la próxima actualización será de Spirits o de The Last Week, me está costando terminar este último.

Próximo Capítulo: Mi resplandeciente estrella

¿Qué es hacer el amor? Los libros no parecen ayudarle del todo a resolver su duda, así que Arthur piensa en preguntarle a alguien… quizá a una de las personas que conoció en la fiesta de Alfred. ¿Y qué pasará cuando la Sra. Jones regrese a casa?

Dejen reviews por fa! :D