- Por los espíritus Creig… me siento terrible… -la voz de Leila sonaba débil y quebrada.
La mujer permanecía recostada débilmente sobre un montón de sábanas. Hacía semanas que permanecía en el mismo estado y cada día empeoraba más y más.
- Debemos conseguirte más agua fresca –dijo Azula desde un rincón, observando la entristecedora escena.
La madre no deseaba interpretar el rol de "alarmada" pero no permitiría por ningún motivo que la vida de Leila se tornara en peligro. La maestra agua era lo único que Azula mantenía de su "lado" además de su hijo… además, tantos años conviviendo con Leila crearon en Azula un extraño sentimiento hacia ella… en tiempos deseaba matarla por obligarla a realizar una vida de la cual Azula estaba rotundamente disgustada. Pero por otro lado, la maestra fuego sentía agrado hacia ella… hasta se podía llegar a percibir un querer… pero Azula jamás lo confesaría… de todas formas, la quería y no podía engañarse a así misma, necesitaba de Leila.
- Creig… ve al pueblo en busca de agua… Siento como mi piel se reseca haraposamente –decía Leila sufriendo de agotamiento.
- Tía… con agua no lograremos nada… necesitamos de alguna medicina…
- ¿Con qué dinero conseguiremos medicinas, tonto? –regañó Azula fríamente al joven, éste volteó a mirarla fijamente a los ojos. La ira comenzaba a fluir en las venas del muchacho, quien ya estaba agotado de los insultos de su madre.
Leila, a pesar de su estado, percibió la discusión que estaba a punto de plantearse, por lo que actuó rápidamente.
- Ya basta. Estoy enferma pero no inconciente y no permitiré pleitos aquí ¿Les quedó claro a ambos? –Creig y Azula intentaron disimular, sin embargo sus miradas aun continuaban cruzándose enfurecidas-. Creig… Sé de una medicina que puede llegar a sanarme, la he recolectado miles de veces y sé que tú la hallaras con facilidad, sobrino.
- Sé a cual te refieres… ¿Arbórea? –Leila sonrió ante la respuesta del joven.
- Parece que tanto comentarte sobre las plantas curativas en algo te instruiste.
- Bien, aprovecha ahora que es de mañana. Luego ve al pueblo en busca de agua… -dijo Azula-. Y procura que sea cristalina esta vez. Eres tan tacaño, siempre compras de la barata.
- Tal vez si ayudaras un poco y me dieras al menos dos piezas más de cobre podría llegar a regresar a casa trayendo el agua que pretendes.
- Eres un holgazán…
- ¡Trabajo veintidós horas al día, diablos! ¡Yo soy quien te mantiene! –gritó enfurecido el joven. Leila los observó con angustia. Aquellos eran su única familia y dolía hasta lo más profundo de su corazón observarlos rodeados de pleitos que ellos mismos provocaban. Sin embargo, lo más doloroso es que eran madre e hijo y su relación era cual si extraños.
- Me largo… -dijo Creig saliendo del pajar.
- Lárgate… -dijo la mujer mientras tomaba asiento a un lado de Leila.
El muchacho traspasó el muro de la aldea, al pasar unos minutos comenzó a meditar… no debió responder de esa manera a Azula, quisiera o no ella era su madre y había sufrido demasiado como para que a sus cuarenta y dos años de edad su único hijo estuviera regañándola… debía ser más respetuoso con ella y brindar más ayuda… se encaminó en una tenebrosa senda adentrándose en el bosque.
- Rosali… ¿Acaso ves en algún sitio alguna planta como la que te he detallado? –preguntaba Keino mientras su querida prima brincaba de aquí para allá cual si fuera una pequeña niña que liberaban del encierro.
- ¿Estás hablándome, primo? –preguntó la joven despistada.
Keino ponía sus ojos en blanco ya hastiado por el comportamiento de la muchacha… siquiera aparentaba dieciocho años, era una pequeña niña inocente, nada en ella se asimilaba a una mujer. Era inmadura y revoltosa a pesar de su edad.
- Rosali… ¡Rosali! –llamó el hombre con su grave voz-. ¿Podrías dejar de brincar como si fueras una pequeña niña y venir a mi lado?
- ¡No soy una pequeña niña! Soy adulta, soy una mujer –regañó la joven con gesto quejoso.
- Entonces compórtate como tal.
- ¿Intentas decirme que no me comporto como una verdadera mujer?
El maestro fuego no dijo palabra alguna, sólo hizo un gesto que además de demostrar la obvia respuesta enfadó mucho a la hija del Avatar.
"¿Eso crees, primo? Pues bien… te demostré quién soy… ¡encontraré esa planta yo misma y por mi cuenta!"
Mientras Keino platicaba desenvueltamente con uno de los guardias que lo acompañaban, Rosali decidió ir en busca de aquel vegetal por su cuenta.
- Ese maldito… se cree muy bueno como para reprochar mis "defectos"… le demostraré con quién está tratando…
La muchacha caminó durante largos minutos hasta que sus delicados pies (los cuales jamás habían sufrido en carne propia una caminata de tal magnitud) decidieron detenerse obligándola a descansar.
- Ahh… -exalaba agotada por el recorrido mientras tomaba asiento sobre unas rocas en mitad del bosque, el sudor y el cansancio no eran compañía prometedora y por ningún por doquier se divisaba alguna planta con los requisitos de la dicha. Rosali era de esas muchachas que solían rendirse con facilidad y pretendían conseguir sus objetivos de la manera menos esforzosa posible (nada que requiera esfuerzo vale la pena)-. Bien… me rindo… Keino gana… será mejor que lo encuentre antes de que el tiempo transcurra más aprisa.
Comenzó a recorrer el trayecto por el cual (según Rosali) había llegado hasta tal sitio. Caminó unos cuantos minutos… Keino no emergía en ningún lado ni tampoco los guardias que lo resguardaban.
Rosali comenzaba a desesperar.
Observó su alrededor, sólo permanecía ella en medio de un tenebroso bosque… solitaria. Caminó hasta creer encontrar un buen sitio para descansar… ¿o era el mismo sitio en el cual se había detenido anteriormente? No lo sabía… había visto esa roca antes… "¿Estoy caminando en círculos?" se preguntaba a sí misma, la sola idea de creerse extraviada la obligó a romper en llanto.
- ¡Auxilio…! ¡Ayuda! –sus gemidos eran desgarradores y quejosos-. ¡Alguien ayúdeme, por favor! ¡Estoy perdida!
Nadie respondía a sus sollozos… comenzó a sollozar con más desesperación… traía el corazón en la garganta… le faltaba el aire… estaba completamente extraviada…
No soportó más el nerviosismo y comenzó a caminar con desesperación… ramas, árboles, hojas, insectos, sonidos… la atmósfera era demasiado claustra… sentía mareos… demasiada confusión.
Desesperó hasta tal nivel que comenzó a correr desdichadamente, gimiendo y sollozando a la vez.
- ¡Auxilioo! –gritaba desgarradoramente. Nada la detenía, las hojas y ramas que le estorbaban eran extirpadas con ferocidad.- ¡Ayúdenme…!
De pronto y sin percatarse la muchacha golpea su delicado y tierno cuerpo bruscamente contra un muro de músculos que permaneció inmóvil mientras ella caía con brutalidad al suelo.
Rosali se puso de pie luego de varios intentos fallidos. Aquel hombre partía sin siquiera molestarse por la salud de la joven.
Era tiempo de actuar… si no aprovechaba el momento tal vez jamás saldría de allí.
- ¡Oye! ¡Oiga, Señor… espere!
Creig no era de lo que con frecuencia brindan una sonrisa a cada persona con las que se encuentra, pero la palabra "Señor" empleada por esa muchacha en verdad le causó una carcajada.
Muchísimas gracias a onlyzutara y Black Fire por seguir mi historia. Espero les guste este capítulo. Comenten. Sus reviews son muy importantes.
Saludos.
