N/A: Siento mucho todo este tiempo sin actualizar, creo que les debo alguna explicación (tanto por este fic como por Ragnarok) así que les dejaré al final algo de información al respecto para quien le importe. Ahora solo les quiero dejar con el nuevo capítulo que espero que les guste. Gracias por leer y muchas muchas muchas gracias a todos los que dejáis comentarios, se agradecen muuuuuuucho :3
CAPÍTULO 2: La trampa
Sus ojos tardan un poco en adaptarse a la penumbra del lugar. Tamsin se lleva una mano a la cabeza y trata de incorporarse lentamente, se ha dado un buen golpe al caer y está algo aturdida. Con la yema de los dedos palpa un poco de humedad en su frente, no tiene que adivinar que se trata de sangre, una pequeña hilera de ese líquido rojo baja hasta su mejilla. La valquiria suspira con resignación mientras se queda sentada sobre el frío suelo. Entonces, pasa la otra mano sobre la superficie en la que se encuentra. Una capa de polvo y tierra impregna sus dedos, a la vez que la rugosa textura que palpa le da a entender que puede que el material sea piedra.
¿Dónde está? De pronto se siente desorientada, mirando a su alrededor, está en un lugar desconocido y sus sentidos se agudizan en alerta. Es una habitación, no puede ver demasiado bien debido a la escasez de luz, pero parece vacía y no muy grande. Sea donde sea que esté, Tamsin sabe que debe salir de allí, su instinto le dice que aquel lugar no es seguro. Entonces se percata de una respiración cercana, que no es la suya. Un vago recuerdo viene a su cabeza… «Kenzi». La detective siente la ira remolinear por su interior mientras en su mente se va reproduciendo lo que precedió a la caída de ambas hacia aquel sitio. ¿Cómo se había dejado convencer de que la acompañara? No tenía que haberle seguido el juego a aquella humana entrometida. Si el caso se iba a la mierda, no solo Dyson iba a matarla, la Morrigan también y el Ash, y éstos dos últimos lo harían literalmente. Por no hablar de Bo, si esa súcubo se enteraba de que por su culpa a Kenzi le pasaba algo, entonces terminaría por rematarla.
—Estupendo, no hay nada mejor que un cúmulo de amenazas de muerte para terminar el día —murmura con ironía para sí misma, sacudiendo con las manos el polvo de su chaqueta y pantalones.
Tamsin no puede creer que habían caído en una trampa tan estúpida y evidente. Solo quiere gritarle a Kenzi que todo es culpa de ella por imprudente, pero sinceramente cree que es mejor pensar en una forma de salir de allí. Así que, con algo de esfuerzo, trata de ponerse en pie lentamente. Poco a poco el aturdimiento se va desvaneciendo, por suerte, aunque una ligera jaqueca permanece en su cabeza.
—Tamsin… ¿estás bien? —escucha la débil y dubitativa voz de Kenzi hablarle—. Siento que…
—Ahórratelo —la corta con malhumor la valquiria—, mejor busca una forma de salir de aquí.
—Lo siento —dice bajando la cabeza con cierta vergüenza. Tamsin no la mira y se aleja a inspeccionar la habitación en la que están.
Kenzi está sentada en el suelo, muy cerca de donde ella misma estaba momentos antes. La valquiria deja escapar un pequeño suspiro de alivio, que la humana esté sentada y hable quería decir que al menos parecía estar bien. Quizá Bo no la iba a matar después de todo, solo un poco, a lo mejor.
Y es cierto, Kenzi está bien. Ella no perdió el conocimiento, ni se golpeó la cabeza pero había caído sobre su pierna. La gótica extiende ambas manos sobre su muslo derecho lentamente hasta que llega a la rodilla, ahí es cuando comienza a sentir el dolor. Suspira tratando de no asustarse y levanta la mirada en busca de su borde y malhumorada compañera de cautiverio. La humana ve la figura de Tamsin cortada por tenues luces y envuelta en sombras mientras se mueve por el habitáculo. Ella duda que la detective encuentre alguna forma de salir de allí, al fin y al cabo las trampas son para atrapar a la gente. Kenzi suspira con exasperación esta vez, habían caído allí por su culpa. Por supuesto que nada que tuviera que ver con los faes era fácil y menos sería coger aquellos estúpidos cristales para Lauren. «Maldita doctora frígida», piensa con fastidio.
—¿Podrías hacer algo más útil para salir de aquí que estar ahí sentada? —le espeta con malas formas la valquiria.
—No es por nada —le responde con cierto retintín—, pero a simple vista no veo ninguna puerta o salida.
—Mierda… Mierda… Diablos —maldice Tamsin cuando acaba de comprobar que, efectivamente, Kenzi tiene razón—. Me cago en la puta. Joder. Demonios.
—Woah… —exclama la humana al escucharla—. Tu repertorio de palabrotas no es que esté dando mejores resultados.
—¡Cállate! ¡Esto es por tu culpa! —le reprocha con enfado.
—Sí, claro, echarme las culpas también nos ayudará bastante… —le replica rodando los ojos, aunque por supuesto, Kenzi sabe que están allí por su culpa, pero también le queda cierto orgullo para no darle la razón a Tamsin y menos cuando le habla de aquella forma.
La humana clava los ojos en la valquiria de forma desafiante cuando intenta ponerse de pie, no obstante, las fuerzas le flaquean cuando un dolor agudo y desagradable recorre toda su pierna derecha nada más apoyarla. Kenzi pierde el equilibrio y cae al suelo de lado, golpeándose el hombro derecho. No es un gran golpe, pero los ojos se le llenan de lágrimas.
—¿Qué haces? —pregunta Tamsin, cuyos pasos acelerados se acercan hacia ella.
—Nada, solo me dio un antojo de romperme los dientes contra el suelo —le responde de mala gana, intentando sentarse con la ayuda de sus brazos.
—Mierda —maldice la valquiria, agachándose a su lado.
Es a esa distancia cuando Kenzi puede ver el golpe que tiene Tamsin en la frente y la fina hilera de sangre que baja por su mejilla. La detective parece enfadada pero la forma en la que aquellos ojos verdes la estudian en ese momento denota también preocupación. Cuando la mirada de la valquiria se encuentra con la de la otra mujer, Kenzi decide dar una pequeña tregua.
—Creo que al caer me lastimé el pie —le explica la humana con un gesto de dolor en el rostro.
Tamsin examina su mirada y se percata del atisbo de miedo que tiembla en los ojos claros de Kenzi. La valquiria suspira con resignación y se sienta al lado de la humana.
—Deja que le eche un vistazo —dice con un tono mucho más relajado que antes—. ¿Dónde te duele?
La gótica arrastra con cuidado la pierna hacia la fae, cuya primera expresión es de sorpresa al observar los zapatos con plataforma que lleva la humana. No es de extrañar que se haya lastimado el pie, pero la detective no hace ningún comentario al respecto cuando la mirada fulminante de Kenzi cae sobre ella en anticipación. En silencio, Tamsin extiende la mano y con sumo cuidado retira el zapato del pie lastimado.
Después de unos pocos minutos, donde Kenzi no deja de mirar, con gran expectación, el ceño fruncido que adopta la detective, la valquiria lanza un pequeño suspiro y regresa toda la atención a los ojos inquietos de la humana.
—Necesito ver el resto de la pierna —le dice tranquilamente—. ¿Puedes subirte la manga del pantalón?
—A duras penas —le responde como si Tamsin fuera tonta por no darse cuenta de lo ajustada que era la prenda de ropa.
—El tobillo está bien, pero necesito ver el resto de la pierna —le espeta Tamsin con clara soberbia en respuesta al tono que había utilizado la otra mujer.
—Pues bueno, no me los voy a quitar, si en eso estás pensando —le replica casi en un tono similar al que había usado la otra mujer—. Este es uno de esos momentos en los que no debería estar sin pantalones.
Seguidamente, la valquiria esboza un gesto entre incredulidad y fastidio, a la vez que abre ligeramente su cazadora e introduce una mano en su interior, buscando algo. Kenzi no tarda en saber de qué se trata, cuando ve un borde afilado asomar por el veril de chaqueta.
—¿Qué vas a hacer? —exclama con rapidez Kenzi al ver la navaja que Tamsin acerca a su pierna—. No quiero cosas puntiagudas cerca de mi hermoso cuerpo —añade con un tono dramático.
—Verás —le responde la detective con sarcasmo—, puesto que no he desarrollado ninguna capacidad que me permita ver a través de un pantalón vaquero, tendré que quitarlo.
—¡No acerques esa cosa a mis pantalones! —chilla mientras sujeta inmediatamente la muñeca de Tamsin con ambas manos, impidiendo que la navaja avance un centímetro más.
—Esto es serio, puede ser peligroso —le rebate en un tono de fastidio mientras rueda los ojos.
Kenzi la mira, se muerde el labio nerviosamente y finalmente suspira mientras libera las muñecas de la valquiria. Estaba más preocupada por el estado de su pierna que por el estúpido pantalón, aunque le encantara tanto aquella prenda de ropa y le quedara tan bien… Quizá podría ser una buena escusa para obligar a Bo a ir de compras, después de que saliera de aquella maldita trampa, por supuesto.
—Entonces… —comienza a decir Kenzi, evitando fijar la mirada en Tamsin, que iba rasgando uno de sus pantalones favoritos a lo largo de su pierna en sentido ascendente—. ¿Cómo es que sabes de estas cosas, hay muchos policías torpes en la comisaría que se lastiman los pies?
La humana escucha el ligero bufido arrogante que se escapa entre los labios de Tamsin, como una tenue risa burlesca por la ignorancia de Kenzi. Ésta baja la mirada hasta la valquiria, que está ajena al examen visual al que está siendo sometida. Los ojos grisáceos observan cómo las manos de la fae rasgan los últimos centímetros de tela sobre la altura de su rodilla, descubriendo su blanca y suave piel. Las yemas rozan levemente la pierna de la chica gótica, que ya no está pensando en el dolor que sentía, sino en la tibiez de las caricias de Tamsin y en la electricidad que provocan por su espina dorsal.
—He estado en campos de batalla… en el pasado —dice Tamsin de pronto, de tal forma que pareciera que le confiaba un secreto—. He visto muchos tipos de heridas —añade sin apartar los ojos de la pierna de Kenzi.
—Valquiria… Sí… Lo debí suponer —comenta dejando escapar una ligera sonrisa irónica ante la obviedad que se le había escapado.
Y de nuevo el silencio es el compañero que se instaura entre las dos mujeres. Tamsin continúa absorta mientras examina la pierna de la otra mujer y Kenzi… Bueno, ella ha dejado que su mente vague libremente mientras sus ojos no pierden detalle del movimiento cuidadoso y lento de las manos de la detective. Las mejillas de la humana se sonrojan de pronto, ella lo sabe porque siente el calor emanar en ellas. El rubor vuelve a su rostro y en su cabeza se disparan imágenes en las que hacía rato que no pensaba, imágenes que enseguida hacen que recurra inútilmente al recuerdo de Hale para paliarlas. Un fugaz recuerdo de aquel sueño donde las tibias manos de Tamsin le hicieron sentir algo muy diferente. En algún lugar de su cuerpo siente como si se produjera un estallido que parece incendiar cada poro de su piel. Kenzi sabe de inmediato que no es el momento ideal y aprieta los puños contra el suelo tratando de aliviar la tensión que comienza a remolinear en su cuerpo. «Por dios, estoy con Hale, el hombre que amo, no puedo estar dándole importancia a estúpidos sueños calientes y sin sentido. Tamsin ni siquiera me agrada», se dice a sí misma.
—No creo que haya nada roto —le dice la otra mujer tranquilamente, ajena al debate mental de Kenzi.
—¿De verdad? —pregunta la humana, luego de carraspear ligeramente en busca de que sus palabras no temblaran de la misma forma en la que lo estaba haciendo su pecho con el latir de su nervioso corazón.
—De verdad —le responde mientras se encoje de hombros—. No hay nada hinchado y tampoco morado o caliente, parece que está todo perfectamente. Debe dolerte por el golpe —concluye la valquiria en el mismo momento en el que sus ojos verdes vuelven a encontrarse con los azules cristalinos, pero esta vez parece que algo es diferente.
Tamsin parpadea mientras observa las mejillas subidas en color de Kenzi y su mirada azulada que de pronto quiere evitarla. ¿Qué ha pasado? La detective no tiene tiempo en pararse a pensar en lo que le sucede a la humana, ya que un repentino siseo rasga el silencio que las envuelve. Alertada, la fae mira a los alrededores buscando la fuente del sonido.
—¿Lo oyes? —le dice rápidamente a Kenzi.
Tamsin no recibe respuesta, pero le resulta bastante obvia cuando siente las manos de la humana aferrarse a su brazo, como si eso fuera a protegerla de lo que pudiera echárseles encima.
—¿No es como el sonido de un escape de gas? —señala la mujer morena con un ligero temblor en la voz.
La valquiria dirige su mirada hacia Kenzi, que aún sigue agarrando el brazo de la fae, y agudiza sus sentidos intentando analizar el sonido con más detenimiento. El corazón le da un vuelco, la humana tenía razón, maldita sea, vaya que si tenía razón. Alguien estaba llenando el habitáculo de gas y eso no podía significar nada bueno.
—Joder —maldice Tamsin.
—¿Tengo razón, no? —dice Kenzi con horror—. Vamos a morir.
—Por favor, no seas tan positiva, oye —bufa la valquiria mientras rueda los ojos. No necesita comentarios estúpidos, necesita un plan para salir de allí inmediatamente.
—Bueno —vuelve a hablar Kenzi en un tono un poco más calmado que antes—, la buena noticia es que tengo el cristal, la mala es que vamos a morir en un agujero horripilante.
—Calla, déjame pensar… —le replica la valquiria, cuya mente trabajaba a una velocidad vertiginosa barajando y descartando ideas que las sacara a ambas de allí, lamentablemente parecía imposible.
—Tamsin… —dice la humana de nuevo—. Me estoy mareando…
El corazón de la valquiria da otro vuelco, regresando la atención a Kenzi. Ella no sentía ningún efecto, su olfato no detectaba ningún olor, pero por supuesto ella era fae y la otra era humana.
—¡Eh! —llama su atención la detective—. Mírame —le ordena cuando ve que la cabeza de la humana se inclina hacia delante lentamente—. ¡Kenzi! —le grita cuando ésta no le hace caso.
De inmediato, Tamsin se incorpora sobre sus rodillas y agarra a la humana por los hombros, ella parece cada vez más ausente. Entonces, comienza a sentir cómo su mirada comienza a desvanecerse y sus ojos empiezan a sentirse pesados. La valquiria se sienta sobre sus piernas sintiéndose también mareada y acerca a Kenzi junto a ella. La humana se deja caer con los ojos cerrados sobre el cuerpo de Tamsin mientras ésta la bordea con los brazos. La detective trata de luchar por mantenerse despierta, pero todo a su alrededor comienza a emborronarse y cada vez parpadea más pausadamente… Debe ser el gas… La fae toma aire lentamente, quizá tratando de contener el temor que comienza a invadir su cuerpo.
—Este sería un buen momento para que me dijeras que tus poderes faes son la teletransportación o algo así… —murmura la chica gótica, adormecida entre los brazos de la valquiria.
Y a pesar de todo, Tamsin sonríe ante aquel comentario estúpido y fuera de lugar de la humana. Ella puede sentir el terror a través de la carne de Kenzi, incluso el frenético latir de aquel frágil corazón lleno de miedo, pero en vez de dejarse llevar por el pánico, ella opta por hacer una broma. A Tamsin le parece una actitud con cierto grado de valentía, por eso sonríe. Y esa sonrisa es lo último que recuerda antes de que todo se sumiera en la oscuridad.
NOTA ACLARATORIA (no obligado leer xD):
Primero no temed porque iré actualizando todos los correspondientes fics y los terminaré. Resumiendo mucho, estos últimos meses no han sido los mejores, he tenido algunos problemas personales que me han tenido (y me tienen, aunque un poquito menos) con estados de ánimos muy cambiantes y, en fin, que no lo he pasado bien. Sin embargo, no tenéis que preocuparos, y rogaría que no me preguntaran sobre el tema, no es nada del fin del mundo, pero son cosas en donde se pasa mal. Así que esa ha sido la causa principal de este período sin actualizar, dadme un poco de tiempo e iré cogiendo poco a poco el ritmo, ahora que mi cabeza se va centrando en lo que debe, además me viene estupendamente distraerme con la escritura.
Una vez más disculpen la demora y gracias por leerme. El próximo capítulo se demorará un poco porque quiero trabajar en el arco argumental de la historia para evitarme esos temidos "bloqueos" que me impidan actualizar.
Un saludo para todos :D
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