20 Kilos de Hielo
·Twenty Kilos of Ice·
Traducción resumida de un fanfiction de Kidman.
Capítulo 03:
El olor a okonomiyaki que proviene de detrás de la montaña.
Ryoga tenía claro, a día de hoy, varias cosas. La primera, que él no debía de estar ahí. Sí, los feriantes eran simpáticos, pero tantos que se sentía totalmente confuso. Ukyo se comportaba de una manera también muy agradable, pero con una aura forzada que detonaba, a veces, que las cosas no iban tan bien como ella quería. Lo segundo que Ryoga tenía claro, es que el mensaje de "me quedaré mientras estén en la ciudad", no se entendió. O no se oyó claramente. O simplemente lo ignoraron. El caso es que ahora, se veía cargando con el carro de okonomiyakis de Ukyo, siguiendo toda a la comitiva de feriantes hasta su próximo puerto.
- ¿Seguro que no quieres que lo lleve yo un poco? - le preguntaba Ukyo mientras caminaba junto a él.
- Estoy bien – le contestó. El ejercicio físico siempre le relajaba. Y lo necesitaba. ¿Realmente valió la pena quedarse? Bueno, sentía que se lo debía. A Ukyo. Le debía muchas cosas a mucha gente. Vamos, después del reencuentro, si Ukyo lo hubiese dicho que se tirara por un acantilado, lo haría. Si alguna vez Akane se lo pidiese también, suponía que también. O algo así.
- ¡Vamos! Ya queda menos. – Gritaba Aki desde la derecha. Ella cargaba los materiales de su puesto en un carro de madera. Y aún así, no dejaba de fumar.
Otras de las cosas que Ryoga tenía claro, es que la gente de aquí, era sencilla. Tan sencilla que le parecía estúpido. Haces 4 días iba de parque en parque vendiendo máscara, y de la noche a la mañana, tiene un horario, colaborar en la comida, aportar dinero… y mil cosas más. Pero la gente se lo pedía de una manera, que era casi imposible negarse. Claro, eran feriantes, se ganan la vida convenciendo a la gente que gasten su dinero y su tiempo en cosas que… bueno, que eran innecesarias. O al menos él lo creía así. El caso más destacable era Aki. Una mujer mayor que él que tiene la mala costumbre de hablarle a la gente como si la conociese de toda la vida. Después estaba el señor Saito. Ese le caía bien a Ryoga. Era discreto, y no hacía mucho ruido. Además siempre ayudaba a los demás. Todo lo contrario a Kuroko, un hombre que… bueno, te ríes con él, pero tiene la desfachatez de inventarse cualquier excusa para no hacer algo. Al final lo hacía, pero… con todo el tiempo que has perdido en que accediese, lo podría haber hecho tú solo.
- ¡Saku-chan, baja de ahí! – La que gritó eso fue Ukyo. Saku-chan era Sakurata. El niño raro, que ahora mismo estaba encima del carro que Ryoga tiraba. Ryoga pocas veces lo ha oído decir algo. Y no terminaba de comprender que pintaba él en toda esta fiesta, ¿no tendría que estar yendo al colegio? Bueno y el abuelo de Saku-chan, el señor Adachi, era del mismo palo. Bien que le soltó la charla para que se quedara, pero no ha vuelto a hablar con él desde ese día.
- ¡Ya está! ¡He coronado la cima! – Gritó Kuroko alzando los un brazo. El camino que atravesaba la montaña ya no subía más. Ahora solo quedaba bajar y llegar hasta la siguiente ciudad.
- ¿No sería mejor contratar un camión, para este tipo de casos? – preguntó Ryoga nada más llegar a donde estaban los demás. Realmente sólo lo pensó en voz alta, y con la mirada de extrañeza con la que le atacaron todos, llegó a sentir que no debió hacerlo.
- Ya tenemos unos camiones. – Silencio. Ryoga sentía que no quería saber nada más del asunto.
- No saldría un dineral el mantenimiento si los usáramos cada 5 minutos. Los aparcamos en un ciudad y vamos a las de alrededores andando. – Contestó Aki, mientras junto a los otros, empezaban a bajar.
Lo dicho, un grupo de locos.
¡Y cayeron todos risco abajo y murieron! ¡Que susto, ¿no?! No, son bromas, soy yo de nuevo. Los dos capítulos anteriores son los que leí yo antes de encontré el original y convencer a "Me importa más el calor que tú estés aquí" a que me lo tradujera. Así que si deseáis tener la experiencia gratificante que tuve yo, podrías dejarlo de leerlo durante unas dos semanas. Y después volvéis a empezar cero, junto a tu vecino. A la vez que se lo cuentas a un ciber-amigo. Y si lo queréis hacer con más tensión, que la persona con la que la leáis sea del sexo por el cual sintáis interés, vaya vestido "gratamente", y vuestro ciber-amigo os diga continuamente que no cree que las cosas sean como tu piensas. Pero vamos, solo si queréis.
Seguramente, como me ha pasado a mí, el fanfiction terminaría por pasar a segundo plano, pero descubrirías muchas cosas. Por varias razones. No sé, podría explicároslas, pero por si acaso estáis leyendo esto sin haber terminado de leer la historia completa, pues me callo. Y sí, a estas alturas ya terminó al "lectura de traducción". Así que bueno, supongo que por conocimiento debería de dejarme de hablar de cosas, al menos, hasta que pasen. Pero bueno, solo quiero deciros que, las cosas pasan porque sí. Es decir, que no busquéis sentido a todo lo que ocurre en este mundo, porque muchas veces no lo tiene. Y no me refiero a grandes cosas, como porqué la gente se muere de hambre en países del mundo, o porqué hay tanta diferencia entre nosotros. Eso tiene muchas explicaciones. Me refiero a cosas mas interiores, más allá del mundo. Cosas como porqué te has despertado un día después de haber hecho algo que aun no te explicas como se te pasó por la cabeza, o porque se te muere tu hermano cuando… no sé, cuando dentro de ti sentías que no debería haber pasado. Pero las cosas pasan y ya está. Y punto. Y no me refiero a nada del fanfiction. Bueno sí, pero no a lo que pensáis, no le tengáis miedo al final ahora. Si queréis os lo digo ya: Ryoga y Ukyo acaban juntos. Ni se muere Ryoga, ni Ukyo, ni nadie. Ni se separan ni discuten. Acaban juntos y felices. Bueno, al menos todo lo felices que pueden acabar. Es solo eso. Que la vida tiene cosas que puedes darle mil explicaciones, pero que la realidad es que si ni siquiera los que viven esos sucesos pueden hacerlo, menos lo puedes hacer tú, que simplemente miras. Te jodes y miras, y te aguantas, y aprendes a vivir con ello. Y recuperas la sonrisa, y la vuelves a perder. La vida es maravillosa e injusta. Y sabiendo esto la disfrutaréis más.
Bueno, da igual, estoy desvariando. En este capítulo no hay mucho que decir. No me hagáis caso. Seguid.
Después de una bajada tranquila del monte, de localizar el parque de la próxima feria de verano, y que Adachi-san comprobara con el guardia que todo estaba en orden, los feriantes colocaron sus puestos desmontados en el sitio que tenían asignado. Ryoga y Ukyo también. A Ryoga le volvió a tocar junto a la entrada. Decisión del señor Adachi. A Aki le tocó separada de Ukyo, cerca del estanque del parque. De hecho a Ukyo le toco juntó a Kuroko, en medio de la feria. La verdad es que la distribución solía cambiar según las necesidades, y el espacio. Pero eso no importaba ahora, lo importante ahora, era lo siguiente.
- ¡Día Libre! – Aki estiró los brazos. Esta noche no había feria. Siempre el día de cambio de lugar, era festivo para ellos. Algo positivo de ser feriante.
- Hay que hacer el turno de guardia – Dijo el señor Saito, mientras sacaba una libreta. Ryoga, que estaba junto a Ukyo, la miró.
- Hacemos turnos para que le gente se quede vigilando los puestos – le explicó la chica. A Ryoga le pareció lógico. Algo sorprendente, dado su opinión sobre las maneras de hacer las cosas aquí. Saito colgó un papel doblado en del árbol. Era un laberinto oculto. Todos pusieron su nombre donde mejor espina le dieran, esperando tener buena fortuna. Una vez todos apuntados, Saito desplegó al hoja. Se desplegó ante sí todo el laberinto de rayas, y cada uno de los participantes siguió la ruta con la mirada.
- ¡Primera hora! – el señor Kuroko saltó de alegría.
- No está mal. Hoy podré comer en un restaurante – dijo Aki. Ukyo le preguntó Ryoga. Este le miró en silencio, como si no comprendiera la pregunta.
- ¡Ah! Si, bueno. El turno de las nueve de la noche.
- Vaya, vienes después de mí – le dijo Ukyo, mientras le daba una palmada en la espalda – ¡Hagamos nuestro turno juntos! ¡No nos aburriremos!
- Si tu lo dices…
Eran las 12 de la mañana, y el cielo estaba estancado. No parecía un día muy veraniego. Mirando un poco el ambiente, Ryoga entendió perfectamente porqué Kuroko se alegró tanto de tener esta primera hora de guarda. Todos seguían aquí. Realmente no era una hora en que se necesitara un guarda. También descubrió un poco, a que se dedicaba la gente de la feria en un día libre. La colada, por ejemplo, parecía primordial. Todos preparaban sus bolsas para ir a lavar cuando pudieran su ropa. Y de hecho, él también pensó en hacerlo. Aunque más tarde. El correo también lo era. De hecho el primer grupo que se marchó, fue directamente al correo. Ukyo le explicó que solían decirle a sus familiares la ruta que tendrían, para que así le pudieran mandar cosas, o localizarlos siempre que pudiesen. Y también enviaban ellos mismos cosas. Lo normal. Bueno, él antes también enviaba muchas cartas. Sobre todo a Akane. Sí, sobre todo a ella.
- Ryoga, ¿vamos a comer algo? – le preguntó Ukyo, que se le acercaba. Ryoga como era habitual, estaba junto a su puesto. Mirando las cosas pasar. Como era habitual.
- Yo compré comida en la gasolinera…
- ¡¿Por dios?! ¿Para que quieres el dinero? ¿Estás ahorrando? – Aki apareció detrás de Ukyo. Las dos se habían arreglado. – El dinero es para disfrutarlo. Si no disfrutas de tu día libre, pues ya me dirás cuando lo vas a hacer.
- Aki-san tiene razón, Ryoga. – Ukyo se enlazó sus propias manos. – De vez en cuando es bueno que cocinen para ti, en vez de que sea al revés. – Ryoga miro a las dos mujeres.
- ¿Y que hacemos con ese? – señaló a Sakurata. El niño miraba a Aki y a Ukyo. Y no decía nada. Aki suspiró.
- El crío este ya se quiere apuntar. Devolvámoslo antes de irnos. – Y buscó con la mirada al señor Adachi. Aki le hizo unas señas para que se acercara. El hombre lo hizo con calma.
- Adachi-san, nosotros nos vamos a comer - Le dijo al anciano – Así que… bueno ya sabe… - El señor Adachi asintió con la cabeza, se metió la mano en el bolsillo, y le dio dos billetes a la mujer.
- Intentad que no deje nada en el plato, para que no se malacostumbre - Y sin más añadir nada más, se fue. Las dos mujeres aún sorprendidas. Ryoga, pues no. Era evidente a quién había salido el crío.
De camino al restaurante elegido (por efusiva súplica de Aki), Ukyo y Aki no paraban de explicarle cosas a Ryoga. Él no decía mucho. Solo las miraba y asentía. Quizás algún "ajá", "entiendo", o cosas por el estilo. Pero ninguna pregunta que les diera entender a las chicas que le interesaba la conversación. Le sugerían donde lavar la ropa, algún truco para ahorrarse dinero en los baños públicos, y un largo etc. Y realmente podría decirse que le agradaba el interés en ayudarle que tenían, pero él ya sabía todo eso. Había vivido desde hace mucho tiempo de un lado a otro. No tenía sentido que le dijeran ahora que lavar la ropa en una sola sesión era más barato que hacerlo en varias. Ni que comprar la comida preparada separada en vez de un menú todo junto era mejor. Pero, ¿qué les podía decir? ¿Qué se podían guardar sus sugerencias, que él llevaba viajando mucho antes que ellas? No era algo muy bonito de decir. Por su parte, cada vez que miraba a Sakurata, se daba cuenta que no le quitaba la vista de encima. Caminaba junto a Ukyo, a la distancia más alejada de él. Y no dejaba de mirarle. No, no acababa de encajar.
- ¡Es aquí! – gritó Aki – ¡El Gran Solomillo!
- Ahora entiendo muchas cosas – Ukyo se rascaba la cabeza. El restaurante en cuestión, no era nada del otro mundo. Solo que, viendo la gente que comía dentro, podríamos decir que no eran generosos con el trozo de carne que te ponían en el plato. De echo todo lo contrario – No creo que Saku-chan pueda comerse un plato tan grande, ¿verdad?
Esperando la contestación del niño, los tres se dieron cuenta que Sakurata ya se dedicaba a mirar fijamente a la gente que comía en las mesas. Estas, como es normal, no sabía ni quién era ese crío, ni lo que quería.
- Jodido niño… - Aki fue la primera en ir a buscarlo. Lo agarró, y con la misma caminata, decidió donde se sentarían. En un a mesa pegada a la ventana que daba a la calle, Aki sentó a Sakurata junto a la ventana. Obligó a Ryoga a sentarse junto a él. Ella y Ukyo se sentaron en el otro lado de la mesa. Ukyo junto a la ventana.
- Bien, a ver si así te estás tranquilo de una vez – Le dijo Aki al niño, que miraba por el cristal – ¡Solomillo para todos!
- ¡Marchando! – gritó un camarero. Ukyo no perdió tiempo en discrepar.
- ¡No pidas por nosotros!
- Venir a un sitio que se llama "El Gran Solomillo" y no pedirlo, es una estupidez. ¿Alguien te ha pedido un bol de arroz en tu puesto?
- Eso no tiene nada que ver… Lo siento Ryoga - Ukyo, con la mano en la frente intentó sumar a Ryoga a la conversación. Este apartaba las cartas de menú, y las amontonaba en un lado de la mesa.
- Da igual – contestó. Aki no tardó en despeinar con la mano a Ukyo.
- ¿Lo ves? Le da igual. Y el crío no sabría diferenciar carne de pescado – Dijo señalando a Sakurata, que jugaba con las servilletas, mientras miraba de reojo a Ryoga – Si eres la única que te quejas, puedes cambiar de plato.
- Déjalo… - Suspiró Ukyo, mientras se levantaba – Tengo que ir al lavabo un momento.
- Esto… te acompaño – Y Aki se levantó con ella y se marcharon. Ryoga no tardó anda en sospechar que Ukyo no acababa de sentirse a gusto tampoco. Pero no con su integración, sino con él. Su manera de hablarle, su sutil forma de proponerle cosas, de hacer que se sintiera bien.
- "Lo siento Ukyo" – pensó. Ella no tenía la culpa de nada. Simplemente que todo era muy extraño aún.
- Es Waa-tá, ¿no? – Después de varios días, Ryoga volvía a oír la voz de Sakurata. Así que se sorprendió un poco.
- ¿Cómo?
- Kuonji-san dice que peleas como en las películas – Le comentó el niño. No dejaba de mirarle con esas mirada profunda que poseía.
-Sí… bueno…
- Es Waa-tá, ¿no? Kuonji-san lo dice mal. Dice "plaf plaf".
- Entiendo… -
- Kuonji-san dice que eres fuertes y que si me porto mal, me harás "Waa-tá" y "Waa-tá" – Sakurata hizo un movimiento de mano bastante singular – Y que podrías incluso matarme. – Ryoga miró en silencio al chico que estaba con las manos en imitando una posición de kenpo.
- Deja de jugar con las servilletas. – Le ordenó. Sakurata volvió a colocarlas como estaban.
La tarde siguió sin contratiempos. Ukyo acompañó a Ryoga a la lavandería, a cambio de que él le acompañara a la oficina de correos. Aún Ryoga seguía algo distanciado, pero descubrió, que con Ukyo a solas, era algo más despierto. Por decirlo de alguna manera. Ukyo le preguntó sobre su opinión del grupo, del trabajo… de todo lo que podía. Y aunque no lo hubiesen nombrado, lo que "podían" era todo lo no relacionado con lo pasado hace más de 5 años. Era así. Como un asunto que ya no existiera. Porque, al fin y al cabo, eso es lo que era. Algo que ya no se puede cambiar.
- Bueno, te dejo al cargo, Kuonji-san – Dijo el señor Saito, antes de despedirse e irse. Ya tocaba el turno de guardia de Ukyo. Esta se dedico unos minutos a ordenar sus cosas. Su ropa limpia y las cosas que le había enviado su padre. Ingredientes especiales, que ella no podía preparar. Siempre lo había hecho así, incluso cuando vivía en Nerima.
- "¿Cómo estarán todos?" – pensó. Lo pensó por primera vez, desde hace cinco años. Supuso que Ryoga, también al reencontrarse, ha empezado a preguntárselo. Ojalá se lo esté preguntando, y no lo esté dando por hecho.
- ¿Qué haces, Ryoga? – le fue a preguntar. Una excusa para hablar como cualquier otra. El chico estaba guardando las máscaras a cal y a canto. Primero dentro de una bolsa, y después, dentro de su tienda de campaña.
- Va a llover. Si se mojan, se desharán. – le contestó. Y siguió a lo suyo. Sentía la mirada de Ukyo a través de la tela de la tienda. Sentía su nerviosismo también. Y sentía que el no podía hacer mucho. Lo sentía de veras.
- ¿Nunca le regalaste a Akane nada hecho por ti mismo? – Silencio. Ryoga de repente, no se sintió con fuerzas. Fue sólo un momento, un ahogo en el corazón. En la oscuridad de su tienda, se detuvo.
- No. Nunca lo hice – y continuó. Cerró finalmente la bolsa de máscaras. Y supo que tendría que salir de ahí.
- ¿Por qué? – Cuando salió Ukyo estaba de pie. Mirando como se levantaba. En su rostro pudo ver al fin, algo de sinceridad. No, más bien no. No era sinceridad. Ukyo, desde que se reencontraron, había sido sincera. Lo que veía, era algo diferente.
- Porque siempre le compraba cosas. De los sitios por donde pasaba. Nunca me vi en la necesidad de hacerle nada.
- Creo que a Akane le habría gustado algo hecho por ti mismo – Dijo Ukyo. Los dos se miraban a los ojos. Finalmente Ryoga suspiró.
- Bueno, eso ya nunca lo sabremos.
- ¿Y que le regala…?
- Dejémoslo así, Ukyo.
- ¿Por qué?
- ¿Como que "por qué"? – La situación dejo de agradarle a Ryoga. De hecho, nunca le terminó de convencer.
- Pues eso ¿No quieres hablar de ti mismo?
- ¿Te gustaba regalarle cosas a Ranma? – Soltó Ryoga. Otro silencio, pero Ukyo no apartó la mirada, ni hizo ademán de nada.
- Sí, me encantaba regalarle cosas. Me hacía sentir especial para él.
- ¿Y que tal te siente que fuese una pérdida de tiempo?
- No lo fue.
- Si lo fue… – Ya a Ryoga le daba igual todo. Si Ukyo quería jugar fuerte, lo harían. Ya había escuchado lo mismo durante mucho tiempo en su cabeza, como para amedrentase ahora - ¿Y sabes de quién fue la culpa? ¿Quieres decírmelo, verdad? –
- No fue culpa de nadie. Da igual que me pasara toda la vida invitando a comer a Ranma, él nunca me habría visto más que como una amiga. Si alguien tuvo la culpa, fui yo misma, por llegar a pensar que alguna vez si lo haría. Pero no es culpa de nadie, porque no fue una pérdida de tiempo. – Ukyo miraba fijamente a Ryoga. Este no podía dejar que millones de cosas le viniesen a la mente.
- Te has quedado a gusto, ¿no? ¿Eso es lo querías decirme desde el principio? ¿Qué ya lo había superado todo, no como yo?
- Deja de decir estupideces Ryoga – Le dijo automáticamente Ukyo, sin apartar la mirada. Sin pestañear. Y Ryoga sabía que tenía razón. ¿Cómo iba a superarlo?
- Tengo que ir al baño – Dijo, antes de pegar media vuelta, y dejar a Ukyo sola. No corrió, no habría servido de nada, porque sabía que de una manera u otra, se perdería. Y sabe Dios que en ese momento, era lo que más necesitaba.
Pasó una hora antes de que Ukyo encontrara a Ryoga. De hecho, lo dejó solo unos 35 minutos, pero ya no pudo esperar más, y salió en su busca. Estaba detrás del parque, en un pequeño monte sin edificar. Estaba de pié, junto a un árbol, mirando el cielo. Ukyo corrió hacia él. Cuando estuvo cerca de él, aminoró al marcha, y se detuvo caminando a su lado. Este apartó la mirada del cielo.
- Lo siento, Ryoga… no debí haber sido tan brusca… - Ukyo se disculpó, mirando al suelo – Pero, sentía que necesitabas hablar. Hablar del pasado. Yo también lo necesitaba…
- ¿No has traído paraguas?
- ¿Cómo? – preguntó Ukyo, pero fue decirlo, y las gotas empezar a caer. Una detrás de otras, hasta que hubo una lluvia destacable. No intensa, pero si suficiente como para mojar bastante a la pareja. Pero Ukyo no salía de su asombro.
- Después de tanto viaje, uno acaba acostumbrándose a predecir el cielo. – Pero no era eso lo que tenía sorprendida a Ukyo. Era una cosa muchísimo más importante que una simple lluvia veraniega.
- Ya… la maldición… ¿ya no te tranformas? – Le preguntó al chico, que seguía de pie, empapado de agua.
- No entiendo lo que dice – dijo Indira, intentando traducir la frase anterior. Claro yo no me había percatado en ese momento, que con la lluvia, Ryoga se debería haber transformado. Así que ella me dio las palabra sueltas y supuse que era a esto a lo que Kidman se refería.
- ¿Qué maldición? – Esto fue lo que me mató. Me llevó como una hora explicarle a Indira, ya no solo de que iba Ranma ½, si no todo. Porque vale, tu le explicas que Ranma y su padre había caído a unas fosas y se transformaban al tocar el agua fría. Pero después seguía. Ya le había explicado quien era Akane, pero ¿Qué pintaba Ryoga en todo esto? Y así que tuve que explicarle que Ryoga lo siguió a Jusenkyo. Y después explicarle lo de Ukyo. Lo de Shampoo… Vamos. Fue una locura. Y claro, las preguntas típicas que uno no tiene respuesta, y creo que ni la propia Rumiko tendría, eran las primeras que saltaban. Así que os aconsejo que no leáis fanfiction de series que no conocáis. Pero os aconsejo muchísimo menos, por muy bueno que sea el fanfiction, que le digáis a gente que no conoce la historia original, que lo lea. Sobre todo porque muchas veces, no sabrás ni por donde empezar a explicarle.
Al final le presté Ranma ½ a Indira. Los 10 primeros tomos. No me gusta la idea de que lo lea antes que Urusei Yatsura, pero es lo que hay.
Leeos Urusei Yatsura. O mejor, ved su anime.
- No - Ryoga miró al cielo nuevamente – Un día dejó de hacer efecto. Y se acabó.
- Me… me alegro…
- Supongo que todo acaba algún día… - Ryoga sentía las gotas caer. Cada golpecito en su cara. Sí, se sentía bien. Pero la mano de Ukyo lo tomó de una manga de su camisa. Y tiró de él. Intentaba que los dos se pusiesen a cubierto, debajo del árbol. Ryoga miraba su cara. Y le hacía sentir bien.
- A mi también me encantaba regalarle cosas a Akane - le dijo a Ukyo. Esta estaba secándose el pelo como podía. Se detuvo y lo miró. – Me encantaba llevarle cosas. Me encantaba su sonrisa cuando las recibía. La manera de saludarme después de verme hace tanto tiempo…
- Te entiendo perfectamente – Ukyo terminó de sacudirse el pelo y se lo echó hacia atrás.
- Lo siento…
- No empieces Ryoga…
- No me refiero a eso – Ryoga sacó una de sus pañoletas de pelo y la abrió – Siento que tengas que estar todo el rato detrás de mi. Y siento que no pueda corresponder tu atención – Y sin advertencia ninguna, le puso al pañoleta en el cabello a Ukyo, y le empezó a secar el pelo. Esta, al principio se sorprendió, pero después le dejo hacer.
- No es eso Ryoga, sólo… que te veo como distante.
- He estado distante mucho tiempo. Así que supongo que es normal. Pero es por muchas cosas…
- Ya… - Ukyo sintió las manos de Ryoga en su cabeza. Era como somnífero. Le sacudía la cabeza con delicadeza, mientras la secaba – Lo siento yo también…
- ¿Y tu de que tienes que disculparte?
- Pues, de forzarte tanto. De forzarte a quedarte, de forzarte a relacionarte otra vez conmigo… Después de todo, supongo que habrías querido seguir solo.
- Si, bueno. Al menos no tendría que cargar con tu puesto de comida de ciudad en ciudad
- ¡Oye, que lo hiciste porque quisiste! – Pero Ukyo sabía que algo había cambiado. Al fin y al cabo, era el primer sarcasmo que le había oído. Y Ryoga, sabía que ella sentía que las cosas iban a mejor. Porque eso es lo que quería transmitirle. Terminando con el pelo de Ukyo, Ryoga volvió a guardar su pañoleta.
- Da igual, al fin y al cabo, somos amigos ¿no? – Ukyo lo miró de nuevo. Y le sonrió.
- ¡Claro! Faltaría más – Dijo y se echo a reír. Y viendo su sonrisa, Ryoga por primera vez en mucho tiempo, supo que estaba haciendo lo correcto. Sabía que Ukyo tenía muchas cosas cerradas en su corazón, al igual que él. Sabía que ha ninguno de los dos le gustaba hablarlo. Pero también descubrió, que Ukyo le necesitaba, tanto como él necesitaba de ella. Esta tarde lo descubrió. Superficialmente parecería que se fuerzan a estar juntos. Que se fuerzan a relacionarse como si nada hubiese pasado nada. Pero la verdad es que simplemente necesitan estar juntos, pero no saben como acercarse. Porque ahora sabía, que la mirada de Ukyo de hace una hora, no era la sinceridad que le faltaba, era el deseo que le preguntaran. El deseo de hablar. El deseo de sacar de una vez todo lo que tenían dentro. De gritar todo lo que sientes para que todo el mundo lo escuche. Esa mirada que él había perdido hace tiempo.
- Voy a secarte el pelo a ti también.
- No. Me gusta sentir el agua fría – Le dijo Ryoga apartándose. Ukyo intentó abalanzarse a su cabeza, pero este la esquivó. Y así siguieron, mientras el cielo se despejaba.
Fin del capítulo 03.
[Terminado a las 5:37 de la de la noche, horario de Greenwich]
[¡Rompiendo Tradiciones!:Como ya hay suficientes comentarios en el fics, el autor excluye cualquier comentario post-capítulo. Eso incluye el chiste habitual (¡Nooooo! ¡¿Por quéeeee?!).]
