Dissclaimer: Card Captor Sakura, no me pertenece, le pertenece a CLAMP.
La historia SI es MIA, así que por favor, NO COPIAR.
Prohibido por sangre
Por:
Emiko hime-sama
-¿Cómo se siente con respecto al divorcio de tus padres?
-¿Es cierto que usted es la hermana del pianista mundialmente famoso Eriol Hiraguizawa como los rumores dicen?
-¿Piensa quedarse con el apellido de su padre?
-¡Tomoyo-san, por favor! ¡Díganos algo! ¡Un comentario, por favor!
-¿La razón del divorcio de sus padres…?
-Los rumores que corren sobre usted y el guitarrista de la banda "Broken" son bastante famosos, ¿podía confirmarlos?
-¿Va a cambiar esto de alguna forma su forma de cantar?
-¿Y usted, Sakura-san le ha influenciado de alguna forma…?
-Hablando de influencias, nos enteramos que su voz y look fue lo que influenció a nuestro queridísimo vocalista de la nueva banda "Eli GoThiC", Syaoran Li… ¿qué piensas sobre esto? ¿Será el comienzo de un nuevo romance…? Como todos sabemos, Syao guapísimo y por si fuera poco, muy talentoso, ¡no sería nada raro!
Dejé ir un largo suspiro. Reporteros de diferentes estaciones de radio, televisión y periódicos estaban sentados justo en frente de mí atormentándonos (a mí y a Sakura) con preguntas. Murmure una maldición dedicada a mi querido gerente por haber organizado dicha conferencia. Pero aún así sabía que era necesaria, que por más fastidiosa y tediosa que fuera, lo tenía que hacer.
-¿Hay alguna oportunidad de que esto afecte su canto?
-¿Existe la posibilidad de que vaya a dejar la empresa del canto, ahora que sus padres están divorciados?
-¿Y qué pasará con "Crystal"?
-Sakura-san, ¿Qué piensa sobre todo esto?
-¡Un comentario!
-¡Por favor!
Mi nombre es Tomoyo Daidouji, sí, Daidouji, el apellido de mi madre. Dos días antes, mi madre llamó diciendo "cariño, tu padre y yo vamos a divorciarnos" y lo dejó allí, no entró en detalles. Ni siquiera se molestó en decírmelo a la cara, lo dijo por teléfono y yo tampoco me moleste en llorar. Me había lastimado tantas veces que dudaba que aún me quedaran lágrimas.
En este momento, soy una cantante y, junto con Sakura Kinomoto, una chica que conocí hace cinco justo después de que mi hermano me dejara. Tengo 22 años y estoy enamorada de mi hermano mayor, Eriol Hiraguizawa, un pianista mundialmente famoso.
Sí, mi vida apesta.
Hace cinco años, cuando mi hermano dejó el apartamento que mi padre, muy amablemente le había encomendado debido a sus frecuentes peleas con mi madre, lloré, lloré y lloré. Simplemente no podía tranquilizarme. Y me convertí en un ser humano hueco y vacío, sin ninguna razón para vivir hasta que, una amable chica me alargó su mano y me dijo "¡Tienes una voz preciosa! Me llamo Sakura, toco la guitarra y creo que tienes mucho talento, ¿te gustaría formar una banda conmigo?" –había sonreído tan cálidamente, que no me había podido negar.
Solía hacerme cortes en las muñecas. Ahora lo he dejado de hacer. Me rehúso a causarle algún daño o inconveniente a esta chica de buen corazón… o a alguien más. Aunque dudo mucho que pueda hacerlo ya que, Sakura es la única amiga que tengo en estos momentos.
Me aclaré la garganta que tomaron como petición de silencio, aún me sorprendían las cosas que podía cambiar el hecho de ser famosa. El silencio cayó casi instantáneamente, uno de esos silencios que se justo en el mismo instante en que aparece un personaje importante, después de un escandaloso episodio de gritos o uno de esos en medio de una misa en el que solo recorre uno que otro murmullo de las madres callando a sus hijos inquietos.
Sentí todos los ojos fijos en mí, y me vi en la necesidad de devolverles la mirada.
-Respecto al divorcio de mis padres, me gustaría responder con un "sin comentarios", entiendan por favor que en la vida de una cantante la vida privada no se mezcla con su trabajo, ni con su música, ni con sus canciones. Soy… somos profesionales y de ninguna forma estoy dispuesta a permitir que este PEQUEÑO inconveniente arruine nuestra banda, Crystal.
Vi a los reporteros asentir y sus plumas recorrer el papel frenéticamente captando cada expresión que hacía, al igual que las cámaras.
-Efectivamente ya no soy "Tomoyo Hiraguizawa", mi nombre ahora es Tomoyo Daidouji, y sí el pianista que debutó tres años antes en Inglaterra, Eriol Hiraguizawa, es mi hermano –tomé una gran bocanada de aire para librarme de aquel insoportable nudo en la garganta. Para mi suerte, Sakura lo notó y tomó el micrófono.
-Somos una banda y lo que es importante en una banda es la música y si se me permite decirlo… yo no… quiero que destruyan algo por lo que hemos trabajado por tanto tiempo.
-Nuestra música es algo que hemos estado trabajando desde los diecisiete, y fueron ustedes quienes nos hicieron famosas y cumplieron este sueño que como muchos niños de ahora creen inalcanzable, y por eso… por favor, no nos traicionen. Yo… -tomé otra gran bocanada de aire, mi voz estaba empezando a temblar. –Nuestra música es… nuestra vida y pienso o al menos quiero pensar, que nuestros fans nos quieren por nuestra música y no por nuestra apariencia y/ó vida/status personal y social. –Sakura me miraba fijamente, tal hermana mayor mira orgullo a su hermana menor cuando da el primer paso.
Nos miramos la una y la otra y ella me sonrió presionándome mi mano fuertemente y murmuró un "Está bien, yo estoy contigo, tranquila." Hicimos una reverencia y la audiencia estalló en aplausos. El auditorio se inundó de flashes de las cámaras y yo me dediqué a dar esa sonrisa falsa que había aprendido desde que había comenzado mi vida como cantante, después de todo, ser famosa te enseñaba muchas cosas, ¿no es cierto? Intenté por todos los medios de que esa sonrisa falsa al menos no se viera amarga, pero creo que fue en vano.
-¡Gracias por su trabajo!
-¡Kotori-chan, tu sonrisa es tan hermosa como siempre!
-Kyo-san, ¿sabes? Kotori es MIA. –dije con una voz falsamente infantil al fotógrafo de mi hermana. Nadie sabía y nadie NUNCA sabría nuestra relación de sangre, nuestros lazos familiares. Sonreí cuando el pobre hombre salto de la pura sorpresa.
-¡Subaru-san! ¡Pero qué sorpresa! ¿Qué hace el presidente de la compañía más famosa de Japón por aquí?
-Como dije antes, Kotori es MIA, ¿Qué no puedo venir a invitar a mi novia a cenar? Es mi compañía después de todo. –Kotori sonrió ligeramente y se puso uno de sus grandes sombreros de ala. Por supuesto, afuera era de noche y no necesitaba el sombrero, pero Kotori siempre había sido reconocida por sus largos cabellos rubios.
-¡No! ¡No quise decir eso! ¡Por supuesto que no hay ningún problema con ello! ¡Tengan mucho cuidado, después de todo la gran modelo Kotori Sakamoto es bien conocida y admirada por todos!
-¡Claro que sí! –reí orgulloso de ella. El silencio cayó cuando mi risa paró y mi mirada se tornaba seria. Los tres nos pusimos serios, todo rastro de alegría había desaparecido. -¿Dónde está Aya?
-Filmando. –dijo Kyo corta y fríamente. Sabía que no le agradaba mucho mi amiga de la infancia pues… bueno, Aya podía dar mucho, mucho miedo a veces. –Está trabajando para un gran dorama japonés.
-¿Oh? Bueno en ese caso… -mi sonrisa volvió y yo la mostré alegre una vez más. –Como sea, Kotori, vamos.
Kotori parpadeó, lo cual me extraño un poco.
-Uhm… sí, ¡Cuídate mucho Kyo! ¡Nos vemos luego! –Kyo se sonrojó al ver el beso que alegre y amablemente le daba mi hermana, yo rolé los ojos y la abracé de la cintura.
-Como dije, Kotori es MIA. –dije mandándole una mirada asesina, receloso. Si las miradas mataran, estaba seguro que el pobre Kyo ya estaría hecho polvo a estas alturas… Kotori rió y me tomó la mano fuertemente, sabía lo que estaba pensando.
-Me gusta este sombrero. –dijo dando vueltas sonriendo. Pero su sonrisa no alcanzó sus ojos, sabía que algo le pasaba, algo que le incomodaba y le había estado atormentando por largo, largo tiempo a mis espaldas. La gente se había empezado a fijar en ella y algunos estaban señalándola para después murmurar algo entre ellos como si dijeran un valioso secreto. Tome su mano dulcemente.
-Estas atrayendo demasiada atención. –dije levantando ligeramente mis gafas color violeta que estaba usando por la misma razón que ella, su sombrero.
-¿¡Y qué hay de malo en eso! –parpadeé confundido. Sus largas pestañas se movieron furiosamente de arriba abajo como si estuviera pensando algo críticamente importante. Entonces me di cuenta que estaba esperando una respuesta… mi respuesta.
Entreabrí mis labios…pero nada salió de ellos. No sabía que decir. ¡Ni siquiera sabía que quería saber en primer lugar! Había algo diferente en ella, y definitivamente no me gustaba ese "algo". Se veía irritada y enojada por fuera, pero sus hermosas esmeraldas que tenía por ojos gritaban desesperación, angustia y frustración luchando una guerra que era incapaz de comprender, y que dudaba que algún día lo llegara a hacer.
Se dio media vuelta y me ignoró en silencio el resto del camino.
¿¡Pero qué mosco le pico! En un segundo, es la persona más feliz del mundo y, al otro, enojada, tal persona que le posee un demonio egoísta con ansias de venganza, ¿acaso dije algo malo? No, piénsalo bien, Kotori es una chica. Y las chicas son COMPLICADAS. ¡Uff, mujeres, ¿Quién las entendía?
Pensé para mí mismo. No era mi culpa, NO PODÍA ser mi culpa.
-¿Qué vas a pedir? –preguntó al tiempo que nos sentábamos en la sala privada de un restaurante. Por supuesto, sabía las medidas que uno tenía que tomar cuando salía con la famosa modelo Kotori Sakamoto y más aun, conmigo, el presidente de la agencia de modelos más famosa de Japón, Gaia Records.
Si los medios se llegaban a enterar de la relación que sostenía con Kotori, la vida por la que mi pequeña hermanita había trabajado desde los ocho años sería destruida. Porque, la conocía, Kotori no podía soportar tanta presión, y cuando se le obligaba a hacerlo, lloraba de frustración hasta que se quedaba sin lágrimas.
-Café. –hizo una mueca divertidamente extraña que me hizo sonreír.
-Tomas demasiado café.
-¿Eso crees? –Kotori volvió a entrar en ese trance de parpado por segunda vez, y pareció dudar en que palabras usar, pero se limitó a asentir con la cabeza. Mi sonrisa desapareció.
-Sí. –contestó por fin, mi mano alcanzó la suya atrapándola entre mis dedos fuertemente.
-Es mi amiga de la infancia.
-Eso ya lo sé. –murmuró.
-¿Entonces? ¿Qué pasa? ¿¡Acaso no confías en mí! –la frustración aumentaba cada vez más. Alcé las cejas. Siempre que hablaba o mencionaba, aunque fuera meramente de pasada vagamente, Kotori se volvía… extraña, siempre que la mencionaba se quedaba viendo vacíamente a algo que no podía alcanzar, algo que ni siquiera podía ver y luego empezaba a mencionar o murmurar cosas que no eran verdad o siquiera… ¿Cómo lo digo? Cosas que no eran lógicas o algo, no lo entendía. ¿Estaba celosa acaso…? Si era así, entonces… ¿Por qué? Cuando una persona se dejaba llevar por los celos se mostraba más enojada, enfadada lo que quiero decir es que demostraban más… preocupación.
Lo que le pasaba a Kotori era diferente. O era ella la que era diferente.
Lo que hacía Kotori era quedarse viéndole a algún objeto material por largo tiempo vacía y vagamente. Casi perdidamente, irradiaba la sensación de que, aunque sabías que estaba allí en frente de ti y que podías tocarla con solo alargar el brazo, también sabias que no estaba realmente allí. Al menos no en espíritu, corazón y mente, y se sentía mal. Se sentía… sentía irreal, y me sentía engañado.
-Confió en ti. Pero a veces pienso que… bueno, a un niño le gustara su juguete nuevo mientras sea nuevo pero… ¿Qué pasa cuando este se hace viejo? –dijo tristemente, guiando su vista a mí y luego a su anillo, el mismo que le di cuatro años antes, cuando le propuse matrimonio.
-No eres mi juguete, sabes que te digo "muñeca" porque eres realmente hermosa. –dije besando su anillo. –Cumpliré mi promesa, yo siempre las cumplo. Nos casaremos y vestirás el vestido más bonito que nadie jamás haya usado, pase lo que pase lo haremos. Pero ahora necesito tiempo, Aya es… complicada.
No me miró, lo que aumentó mi dolor. De hecho, lo aumentó diez veces, mil veces más, lo intensificó hasta hacerlo real y hacer que hiciera una mueca amarga.
-Entonces, prométeme una cosa más… como te gustaba hacer promesas…. –dijo sarcástica y ácidamente, amargamente.
-Lo que quieras.
-Deja las palabras dulces a un lado, ponte serio como cuando hablas de negocios y prométeme que… siempre me amarás y jamás te enamorarás de nadie más que no sea yo. No importa que tan hermosa, encantadora o… -la interrumpió pegando mis labios contra los suyos.
-¿Qué pasa Kotori? Tú no eres así, tan desesperanzada.
Subaru yo… de verdad te amo y mucho. –su voz se rompió a mitad de la frase, sollozó, lágrimas empezaron a correr por sus blancas mejillas de porcelana. –Pero somos hermanos y… y… ¡yo sé que no te importa pero… no soy una niña…! ¡Comprendo perfectamente las diferencias entre lo prohibido y lo permitido! ¡Estoy celosa! –gritó como si fuera el peor pecado del mundo, como si esperara que yo le mirara con reproche. Lo cual no hice, jamás la miraría de esa forma. –ESTOY celosa y cuando debo ser pura e inocente como una muñeca porque… después de todo… -dijo entre sollozos. –Fue la única razón por la que te enamoraste de mí… ¿cierto? Porque, si no fuera así ¿Por qué te enamorarías de alguien como yo? –mis ojos se abrieron como platos. Me puse de pie lo más rápido que pude, tomé su muñeca fuertemente para obligarla a ponerse de pie y la abracé fuertemente, finalmente entendiendo sus miedos. –Tengo miedo…
-Ya lo sé, Kotori, ya sé porque tienes miedo pero no es así, lo que piensas está mal. Jamás me aburriré ni me cansaré estando contigo. Eres mi más hermosa, importante, linda y bella princesa en el mundo, ¿lo entiendes? No sólo me enamore de tu pureza, inocencia y belleza… adoro como te sonrojas cada vez que te robó un beso o te abrazo. Como tus cabellos bailan con el viento empezando una danza de un festival solo digno de una primavera de marzo. Adoro cada pequeña parte de ti, incluyendo la parte celosa. –sonreí. –Eres especial, mis palabras dulces no son falsas, cada una es verdadera y yo… te amo. Me trajiste y me sigues trayendo felicidad por cada bocanada de aire que respiras y me siento bendecido cada vez que me sonríes.
Sentí mi camisa humedecerse por sus lágrimas, pero no dije nada.
-No sabes lo que estás diciendo. –murmuró lentamente después de un rato. Sus ojos verdes me miraron largamente y sus manos acariciaron mis mejillas. Su mirada estaba llena de ansiedad y desesperación. –Pero ¿sabes? Aunque sea o fuera una mentira… prefiero ser engañada por ti que caer en un abismo de desesperación.
Quería decirle que no era mentira, pero la desesperación que había mostrado en su beso, me calló. La abracé delicadamente por su pequeña cintura y le susurré dulcemente:
-¿Por qué lloras sí tienes un hombre aquí presente que lucharía por darte un universo entero solo porque sonrieras al menos una vez en tu vida realmente?
-¿Estás bien, Tomoyo? –preguntó Sakura preocupada.
-Sí, pero más importante, ¿son ciertos esos rumores?
-¿Qué rumores? –dijo mientras me pasaba una aspirina seguida de un vaso de agua.
-Gracias. –dije tragando la pastilla y dejando el vaso en un mueble cerca. –Tú sabes, esos que hablan de cierto castaño gótico…
Sakura roló los ojos, yo sonreí divertida.
-Por supuesto que no, ¿¡Quién se enamoraría de un idiota, arrogante, extraño, mujeriego y maldito niño mocoso mimado como él! Además, ¡tiene 18 años y yo 22! –negó con la cabeza repetidas veces. –Aún es un chiquillo mocoso, se le pasará tan pronto como vino.
-No lo creo, parece realmente enamorado, en serio. Además, Sakura, ¡son sólo cuatro años de diferencia!
-Parece, es la palabra clave. –dijo usando un tono sabiondo, como si dijera información que solo ella sabía, confidencial, ignorando la plática sobre edades, como siempre lo hacía.
-¿Por casualidad, no tienes algo contra él? –pregunté curiosa, extrañada por el irracional disgusto que mostraba hacia el chico.
-¡Claro que no!
-Pues pareciera que sí.
-¡Pues no! ¡Lo único que pasa es que me irrita su personalidad arrogante y despreocupada de "No-me-importa-lo-que-el-mundo-piense-sobre-mí-soy-yo-y-solamente-yo-mismo-y-todos-me-quieren-así"!
Exhalé un dramático suspiro que pareció irritarle aún más. Negué y me senté en el sofá que estaba justo detrás de mí, crucé mis piernas y moví mi dedo índice de derecha a izquierda "desaprobando" su actitud.
-Número uno, -dije poniendo mi dedo derecho como el numero. –Syaoran Li no es un mujeriego. De hecho, creo que eres su primer amor… y…
Pero fui interrumpida por su risa. Primero, había empezado por un bufido que luego pasó a convertirse en una sonrisa amarga. Y después, era una esa risa que me empezaba a dar escalofríos…. Y bueno, después se convirtió en una risa muy, MUY histérica y loca. Temblaba de risa y apretaba su estomago fuertemente, tan roja, que hasta un tomate bien maduro, le envidiaría.
-¡Primer amor! ¡Yo! ¡De ese mujeriego! Como dije antes es Syaoran Li es aún un chiquillo mujeriego y no me pienso en cambiar mi opinión. .
-Nunca pensé que fueras tan insensible.
-¡Qué lindo de tu parte! –dijo con sarcasmo. -¡Lo hago por él, pero bueno, basta de mí! ¿Segura que estás bien? No te veías muy bien hace un rato…
Tome un GRAN bocanada de aire, no podía evitar ni mucho menos engañarla. Lo mejor era decirle la verdad.
-Eso depende de la respuesta a qué pregunta estés buscando.
-Ambas, supongo.
-Sobre el divorcio… bueno, yo se que suena muy frío y raro de mi parte considerando que son mis padres pero… la verdad es que no duele, no… como se supone que debe hacerlo. Tenía que pasar algún día, siempre lo supe así que no estoy TAN sorprendida ni nada. –sonreí amargamente. –De lo que SÍ estoy sorprendida es tu cara en estos momentos, no me estas mirando como una psicóloga ni te ves sorprendida… ¡Vaya, ni siquiera me estas mirando raro! –reí.
Sakura respondió con una sonrisa, se encogió de hombros.
-Bueno, no es nada sorprendente para mí. A mí me pasó algo parecido, mis padres se la pasan gritando y golpeando… aún no entiendo porqué se casaron aunque… mi tía menciono que fueron bastante cercanos y felices en un tiempo… -dijo mirándome. -¡No me mires así, me asusta! Pero bueno, lo que realmente quiero saber es sobre tus sentimientos por Eriol-kun.
¿Eriol-kun? ¿Desde cuándo ella…?
Sakura sonrió.
-Solíamos ser buenos amigos, vivía en la habitación que estaba justo debajo de la de él. Y… aquel día… bueno, noche me preguntaba si podía darme un poco de azúcar, ya que, tú sabes… yo NUNCA tomó café sin azúcar. –rió nerviosamente tratando de serenar el tenso ambiente. Le devolví la sonrisa, tensa, no completamente sincera. Entendía, pero no di ningún signo de ello. Sakura suspiró, era cansado, lo sabía. –Escuché gritos…y… bueno, a la mañana siguiente vi a Eriol-kun con varias maletas saliendo del apartamento… ¿quién iba a pensar que se convertiría en un pianista mundialmente famoso? Como sea, al día siguiente te vi allí, cerrando el apartamento que se supone que debía ser de Eriol-kun, inmediatamente supuse que eras su hermana.
Sonreí ante lo dicho.
-¡Es cierto, si casi parecen gemelos! –dijo arqueando sus cejas. Empezó a cepillarse sus cabellos cortos, sabía que estaba nerviosa. –Bueno… es cierto que tienes un cabello menos… negro… pero ¡Es lo mismo!
-Tenemos diferentes ojos.
-Con la misma profundidad. –dijo dejando el cepillo y comenzándose a maquillar.
-Bromeas. –dije, ella solo se encogió de hombros.
-Como sea, desde la noche que… escuché por accidente su conversación… -dijo eligiendo sus palabras con extremo cuidado. –Deduje que tenían… tienen una relación más allá de hermano-hermana… ¿me…equivoqué? –dudó, y yo también lo hice. ¿Era seguro decirle a esta chica…?
Un momento. ¿Por qué estaba dudando? ¿No era Sakura mi mejor amiga? ¿Acaso no confiaba lo suficiente en ella?
Sentí mis ojos extrañamente húmedos y mis labios temblar.
¿Por qué las lágrimas amenazaban con caer? ¿No había sido yo quien había dicho que podía superar todo eso? ¿La que dijo que estaba cansada de llorar y ya no tenía más lagrimas?
-¡Ah… lo siento! ¡No tienes que decirme nada si no quieres así que… no llores… ¿sí?
-No es eso, Sakura… es que yo… es sólo que… lo siento, estaré bien en un minuto. –dije. Y es que, lo que había dicho Sakura había despertado recuerdos innecesarios.
Recuerdos que no quería recordar, pero que tampoco trate de olvidar.
-Uhm… bueno… iré… a ver sí… -murmuró otras cosas cerrando la puerta tras de sí. Me acosté en el sofá y cerré los ojos.
Me llevé las manos al pecho sintiendo como la memoria de esa persona grabarse a fuego en mi corazón. Y dejé que los recuerdos me invadieran, me dejé a mi misma recordar.
Recordar sus ojos, sus profundos ojos azules. Recordar su calidez, su amabilidad, su dulce y hermosa voz de terciopelo. Sentí su brazo abrazándome, sus labios en los míos uniéndose en un beso.
La primera lágrima resbaló por mi mejilla, seguida de un largo sollozo. Mordí mi labio fuertemente sintiendo el conocido sabor de la sangre…
Sabía bien lo que necesitaba, pero no quería sucumbir una vez más a ello. Sabía que una vez que lo hiciera, quedaría atrapada. Se suponía que lo había superado, y aún así, mis piernas se movieron solas, al igual que mis manos.
Tijeras…tijeras… ¿dónde estaban?
¡Ah! ¡Allí! ¡Allí estaban!
Cuando el frío metal de las tijeras toco mi piel, dudé. ¿Qué estaba haciendo? ¿De verdad eso iba a salvarme? ¿A despertarme?
Sólo un pequeño corte, sabes cómo hacerlo, solo uno pequeño como antes. No tienes que hacerlo profundo, y no tienes que seguir cortando, solo esta vez. No más.
Sí, era justamente como lo decía mi conciencia. Era sólo esa vez… no más. Ya no era masoquista, nop; solo una vez, solo para despertarme.
Temblorosamente, corté. El frío metal tocando mi piel fue, por un momento, reconfortante. Pero solo por un momento, un insignificante momento. Porque, después, vino el dolor. Me mordí el labio recordando bien como era. Primero la adrenalina, luego el dolor… un intenso y frío dolor… sangre y, finalmente, lágrimas. Lágrimas de cristal. Nuestra banda había sido nombrada a partir de eso, pero eso solo lo sabía yo. Para Sakura, no significaba nada, solo un nombre. Nada más.
Pero para mí, significaba todo. Significaba todo el dolor que había pasado desde… desde que Eriol me dijo que me amaba. ¿No se suponía que el amor estaba lleno de felicidad? ¿No se supone que era un milagroso sentimiento que te hacia volar y tocar el cielo?
No. Al menos no para mí, no era así. Amor era masoquismo, sadismo propio. Y las personas que decían que la sola mención del nombre de la persona que amabas te llevaba al cielo y te hacía suspirar como en esas dramáticas historias de amor de tipo Romeo y Julieta, estaban locas, equivocadas. Porque el amor de Eriol nunca me había traído felicidad, su nombre siempre me había traído amargura, preocupación, infelicidad. Me traía un sentimiento en el pecho que nunca me había gustado, pero tampoco podía librarme y escapar de él. Y odiaba sentirme así. Odiaba sentirme tan débil, tan vulnerable y tan masoquista. Incluso podía decir, que me odiaba a mí misma.
A mí, pero no a Eriol. No podía pensar siquiera en ello. Aunque fuera él quien había causado todo, el masoquismo, el dolor, las lágrimas… aunque fuera él… aún estaba irremediablemente enamorada de él. Y dolía aún más. Eriol era popular, tenía el carisma que todo famoso necesitaba. Tenía el carisma suficiente para ser el chico más popular de todas las revistas. ¿Quién lo sabría? A lo mejor ya había conseguido a otra chica también famosa y era feliz con ella… y si era así, ¿qué se supone que haría? ¿Terminar con mi vida?
Lancé otro largo sollozo acompañado de un grito, alguien vino. Parpadeé, sorprendida.
-¿Tomoyo…Daidouji?
-¿Naoki…Kudo? –los ojos color avellana del cantante mundialmente famoso Naoki Kudo, me miraron horrorizados.
-Esto… es… -busqué una excusa en el techo, pero, debido a que definitivamente hay alguien que realmente me odia allá arriba, no la encontré. Me miró fijamente en shock, después de unos segundos y unos frenéticos parpadeos de su parte; reaccionó corriendo rápidamente hacia la toalla que había en el sofá.
-No voy a preguntar, solía hacer lo mismo. Es reconfortante al principio, ¿no es cierto? –dijo envolviendo la herida con la toalla manchándola de un brillante color rojo. Después envolvió las tijeras y las tiró en un cesto de basura cerca, revolviendo los papeles ligeramente a modo de que los cubriera. Cerró la puerta con seguro.
-¿Tienes vendas?
-No… lo recuerdo. –dije lentamente. Él me miro como si, de repente, me hubiera convertido en una loca. Pero minutos después, sus ojos se nublaron con entendimiento. Él sabía, él entendía como me estaba sintiendo. Qué tan pérdida estaba, para él, yo era un libro abierto. Ahogue un jadeo.
Dios… ¡Oh por Dios! ¡Él entendía! ¡Entendía!
Él… él…
Sollocé.
-¡¿Qué pasa? ¡¿Te duele?
Negué con la cabeza, ¡Dios no podía dejar de llorar!
-No… no duele. –mentira. Dolía tanto como si estuviera dentro de un fuego intenso, dentro de un infierno, pero esa no era la razón de mis lágrimas. Naoki se arrodillo frente a mí y me limpió las lágrimas. Su dulce voz sonó al como la de un ángel…
-¿Soy el primero que te ve así? –dijo, rebuscó entre los bolsillos de su abrigo de terciopelo negro que pude identificar cuando sacó sus manos: vendas. Empezó a vendar la herida amable, dulcemente, justo como Eriol lo hizo una vez. Me mordí el labio una vez más y asentí, como una niña regañada. -¿Es alivio entonces? –preguntó ligeramente decepcionado. Sentía que me ahogaba en mis propios sollozos, era obvio que no podía hablar en aquel momento. -¿Sabes? Aunque haya dejado de hacer esto… me preocupa que me atrape una vez más la ansiedad… no confió mucho en mi mismo. –sonrió. –Por eso… siempre llevo esto conmigo. –dijo refiriéndose a las vendas. Sus manos eran amables, dulces y cuidadosas. Traía tantas memorias….
¡No, no, no! ¡No llores, niña! ¡Y no en frente de esta persona! ¡Contrólate!
Y entonces las vi… las cicatrices.
Cuando yo cortaba, no cortaba heridas grandes ni profundas. Cortaba pequeñas, leves. De esas que se curaban en dos o tres meses pero las heridas que se había hecho Naoki Kudo para dejar esas cicatrices, no eran como las mías. Esas cicatrices venían de una de esas heridas profundas, moradas y feas que comenzaban en la muñeca y terminaban en el codo. De esas que si no se trataban bien y a tiempo, te mandaban no solo directamente al hospital, si no también cabía la posibilidad que a la muerte. Las manos que había marcado esas cicatrices, no había dudado, habían estado firmemente determinadas a un solo propósito: la muerte. Y lo que me daba escalofríos era el hecho de que no solo había una, sino dos, tres, cuatro… tal vez ocho de ellas.
Y aún así, Naoki Kudo que yo conocía, el que aparecía sonriente y feliz en la televisión, no era esta clase de persona. Naoki Kudo era alegre, carismático, infantilmente lindo, tierno, atractivo, y maduro. Una de esas personas que de haber querido, hubiera podido alcanzar la "perfección" y el "poder de Dios" fácilmente. Naoki era una de esas personas que le agradaban a todo el mundo, no una de esas antisociales, sádicas y masoquistas, no era una de mi clase.
¿Fue el "amor" lo que le llevo a eso? ¿Era igual que yo?
No sé lo que me pasó en aquel momento, lo único que sé es que tan rápido como terminó el nudo de la venda, me acerqué y besé su muñeca. Y luego rompí a llorar en sus brazos, él no dijo nada, no me rechazó, me rodeó con sus brazos dulcemente y me acarició mis largos cabellos con la misma dulzura.
Me sentía segura con él. Lo conocía vagamente, casi no sabía nada de él, y yo nunca había sido el tipo de persona que se obsesionaba hasta el punto el tipo de sangre, cumpleaños, peso y altura de la persona afortunada. No. Lo único que sabía de él era que era rubio, alto, de ojos castaños avellana y dulce. Infinitamente dulce, tan dulce que me hacía preguntarme si sus labios serían así de dulces también… pero era demasiado pronto para pensar en ello, para mí, en esos momentos, era mi salvador. Y era lo único que me importaba.
Lo abracé fuertemente dejando que mis lágrimas fluyeran libremente, sin contenerlas.
-Por favor… sálvame…
Sus ojos dorados recorrieron de pies a cabeza a la nueva gerente, una chica de baja estatura de 19 años, desaprobándola. Se veía buena… demasiado buena y demasiado inocente. No le gustaba ni un poquito. Sonrió sarcásticamente, no sería buena ni amable con esa chica, había tenido diez gerentes hasta ese momento, todos habían corrido asustados por su "maldad" y esa chica, no iba a ser la excepción. Nope.
-¿Qué haces allí parada? ¿¡Dónde está el café que te pedí! QUIERO un café AHORA. ¿Qué haces parada allí? ¿Por qué no lo has preparado? ¿Mi ropa? ¿Mi horario? ¡No tengo tu tiempo!
-Y-Y-Yo lo siento mucho, ¡iré de inmediato! –dijo haciendo reverencias frenéticamente. Aya Hiromu sonrió satisfecha consigo misma, iba arruinar a esa chica.
Murmullos recorrieron como fuego la sala. Aya sólo roló los ojos ignorándolos como usualmente lo hacía. Como siempre, no era raro, no había mayor misterio ni secretos, ella era así.
Sus dedos cubiertos de anillos cegaron muchos ojos al volver a su lugar, frente a la cámara. Su sonrisa y expresión malvada se convirtió en una triste y llorosa, en una perfecta, porque, después de todo, ella era perfecta. TENÍA que ser perfecta. No había otra forma.
Cinco años atrás, había perdido su oportunidad de vengarse, pero esta vez no lo haría. La chica pelirroja iba a destruir a ambos hermanos en su propio campo de batalla, y era mejor así, pensó, de esa forma TODOS, TODO el mundo sabría lo que esa horrible línea de sangre había hecho.
Lágrimas deslizaron rápidamente por sus mejillas, acompañadas por largos sollozos, tal como los verdaderos. No había ni un error en su actuación pues, una vez más, Aya era perfecta. El plan que había estado trazando en los últimos cuatro a espaldas de su amigo de la infancia (lo que consideraba un gran logro pues era extremadamente difícil ocultarle algo, pues no por nada era presidente de una compañía de las compañías más famosas del mundo y era conocido como el "Prodigioso Genio hijo de la Luna") Subaru, no iba a ser arruinado. No esta vez, no más.
La habían ignorado, y estaba segura de que Eriol Hiraguizawa ni siquiera se había acordado de las fotos cuando decidió convertirse en pianista, y no lo iba a permitir. ¡No iba a ser ignorada por más tiempo!
-¡¿No dije que dejarás de hacer cosas tan estúpidas, Syaoran?
-¡¿Y no te dije ya que estaba enamorado de ella?
-¡Basta ya de semejantes tonterías, vas a arruinar nuestra banda!
-Meilling, cálmate. –dijo Rika tomándola ligeramente de la muñeca, Meilling la ignoró. Yamazaki el productor de la banda y Chiharu, la gerente se quedaron viendo el frio papel gris, la condena de muchos artistas, el poder de la prensa. Meilling era una chica inteligente, tenía razón, Syaoran tenía que dejar de gritarle a los cuatro vientos su amor por la castaña; esa Sakura era indudablemente poderosa, estaba rompiendo cruel y totalmente la imagen dark de la banda por la cual había trabajado tanto, no sólo Meilling, si no Syaoran, Rika, Yamazaki, Chiharu y muchos otras personas también. Y Meilling, la prima del chico Li, sabía eso mejor que nadie.
-¡Esta banda es MI vida, cantar es MI vida y tocar la guitarra TAMBIÉN ES MI vida y NO LO VAS A ARRUINAR, SYAORAN LI!
-¡Ya lo sé Meilling, pero no puedo desenamorarme de ella así como así!
-¡Ese no es mi problema! Además, en ese caso, ¿no te puedes quedar enamorado? ¡¿Por qué esa necesidad de gritarlo a los cuatro vientos?
-¡Estás loca si piensas que me quedaré enamorado sabiendo que algún día Sakura Kinomoto se enamorará de mí! ¡Tengo mi orgullo!
-¡TU ORGULLO NO VA ARRUINAR MI SUEÑO, SYAORAN! ¡Y no es sólo mi sueño, es el sueño de Rika también!
-El sueño de Rika es que todo el mundo llegué a conocerla, puede hacerlo sola.
-¡¿Así que no te importa si nos separamos? –gritó Meilling furiosa, Rika estaba en shock, ciertamente, de haber querido, hubiera dejado la banda hace mucho pero habían pasado por tantas cosas que…
-¡Claro que me importa! ¡Pero me rehúso a dejarla ir! ¡A rendirme de esta forma tan… patética! –dijo gritando también, Meilling le tomó de ambas mejillas fuertemente. Syaoran hizo una mueca desagradable. A veces su prima era taaaaan mandona….
-Syaoran, abre los ojos. Tienes 18 años, ella 22, aunque lograrás alcanzarla no durarían mucho, es demasiada diferencia.
-Me importa un comino, la amo. –dijo encaprichado con una mirada desafiante.
Estaba enamorado, ¿había algo de malo en eso? ¿había algo malo en querer gritárselo al mundo, a la persona que amabas? ¿Por qué? ¡¿Por qué nadie parecía entenderlo?
-Mira, no me importa si la quieres amar, adorar, querer o lo que quieras, pero te ruego que lo hagas en una forma más… eres un chico, un GOTICO, ¡se mas ingenioso! La forma en que lo haces te hace parecer un chico de 14 años enamorado de su primer amor.
-¡Ah! ¡Pero si es todo sobre la imagen, ¿no es así? Ya hemos tenido esta conversación cientos de veces, ¡quiero ser yo mismo!
-¡No me vengas con tu actitud de chiquillo mimado ahora! ¡Deberías haber sabido que el mundo del espectáculo siempre es sobre la imagen! ¡Tú mismo firmaste el contrato con esa mano llena de anillos!
-Sabes que no canto realmente por mí, ¿verdad? Firme porque mi pequeña primita mimada quiso librarse de nuestra familia, y bien, ¿es que acaso ser la prometida de Eriol Hiraguizawa fue tan malo? No me culpes ahora, nunca fue mi culpa para empezar.
-¡Soy mayor que tú, no me hables así!
-¡Deja de ser tan manipulativa! ¡No eres mi madre ni tampoco mi hermana!
-Ya lo sé, y no estoy…
-¡No te pongas a llorar! –dijo rolando los ojos.
-Syaoran, eso fue muy duro. –la serena voz de Rika hizo que por fin se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba arruinando su vida por amor… ¡pero es que realmente la amaba! Amaba como sus cabellos cortos bailaban con el viento, como sus mejillas se volvían color rosa cuando se sonroja y como su preciosa voz angelical salía de sus labios cuando cantaba…
-¿Qué tiene de malo amar a alguien? –murmuró. Una sonrisa triste y reconfortante apareció en los labios de Rika.
-No hay nada de malo, Syao, pero ¿sabes? No importa cuánta fe pongas en el amor, al final, siempre termina traicionándote y cuando eso pase, nosotros estaremos contigo, porque somos amigos, y a fin de cuentas para esos son los amigos, ¿no?
Recorrió las miradas de todos los presentes solo para encontrarse con unas llenas de tristeza, desaprobación y lastima.
-No entienden nada… ¡NINGUNO DE USTENES ENTIENDE NADA! –dijo saliendo con un portazo. Meilling miró la puerta tristemente, pero no lloraría. Eso era lo mejor no era que tuviera algo contra Sakura, no solo que no era la… indicada. Diferente, sí eso era, de un mundo completamente diferente. No era capaz de querer a la chica, Sakura era demasiado alegre, y ellos no necesitaban otra chica alegre e inocente… la última los había traicionado. Bueno, técnicamente no los sino lo, (Syaoran). Y el castaño había salido demasiado lastimado. Y Meilling no lo permitiría más, NO. Ella lo protegería, NADIE más lo lastimaría. NADIE.
-¿Eriol? –preguntó al joven de 22 años.
Eriol parpadeó distantemente, su mirada al techo. Estaba acostado sobre un gran piano de cola negro, muy caro por cierto, muy lentamente se incorporó, parpadeó otras tres veces y exhaló un largo suspiro.
La mujer del amplio elenco que trabajaban para los eventos del pianista negó con la cabeza y le dio la espalda para seguir con su camino. Sí, Eriol Hiraguizawa era carismático, pero eso era solo apariencia, como todos los artistas. Volvió a suspirar. Cuando le dijeron que había sido elegida para ser la asistente personal (temporal, mientras su gerente se aliviara de un raro ataque de pulmonía) había casi saltado de la alegría, en cambio, en aquel momento, no podía dejar de suspirar.
El joven no era como se lo imaginaba, -como todo el mundo se lo imaginaba, debía decir- el verdadero Eriol Hiraguizawa era muy… ¿insensible? ¿era esa la palabra? ¿Cómo describir a alguien que parece un muerto viviente con una cara bonita como único recurso?
En muchas entrevistas, le habían preguntado al "carismático" pianista qué o cómo había alcanzado la perfección, y el pelinegro sólo había sonreído misteriosamente aumentado aún más sus fans con sus ojos azules, pero nunca había dado una respuesta firme, no había ningún "Practico todo el día y aparte de comer y dormir, es todo lo que hago", no. Lo único que había era esa sonrisa. Y ahora podía entender porqué. Porqué no había respuesta, aunque solo fuera una predicción, ella confiaba en eso, ella siempre había sido buena leyendo a la gente.
Había dos opciones, la primera, Eriol Hiraguizawa era un OVNI, lo cual no era muy lógico para empezar y la segunda, era un genio que había obtenido su talento milagrosamente. No había noches de insomnio ni muñecas o dedos vendados por el trabajo duro. No había nada por el estilo, pero eso no era lo único que la decepcionaba.
El chico era un mentiroso, un engañador por naturaleza. Sus famosas sonrisas misteriosas eran falsas, al igual que su actitud "carismática" El verdadero Eriol Hiraguizawa era un mocoso perdido sin ningún hecho extraordinario en su vida: comer, respirar, dormir. Era todo lo que había en su vida, nada sorprendente y ¡Dios, ni siquiera tocaba su piano! ¡Ni siquiera le tenía ningún respeto!
Algunos dicen que los músicos trataban a sus instrumentos como si fueran benditos y consagrados y, de no haber conocido al pianista, lo hubiera creído con admiración y sorpresa.
De hecho, la pose más famosa de dicho pianista NO era esa que lo mostraba tocando el piano sentado en medio del cielo que había vendido 1 millón de copias en tres días, no, si no esa en la que se acostaba encima de la tapa del piano y miraba el techo con mirada distante y perdida al techo como si este se hubiera convertido en la cosa más interesante del mundo. Uno podía pensar que se veía lindo y de alguna forma guapo y sexy, pero ella era diferente, ella pensaba que era extraño, raro, anormal. ¿Qué persona normal y cuerda haría algo como eso? Si, la joven mujer de 30 y tantos años no tenía hijos, pero de haberlos tenido, ella nunca habría criado a un niño de manera que se viera justo como el joven ahora.
¿Qué tipo de pasado había tenido el pianista?
Suspiró, otra vez.
Notas de autora:
¡Hola! ¡Mucho tiempo sin leernos, hehe, ya los extrañaba! Sniif, sniif.
Esto es algo como… "Prologo parte dos" hehe, en el próximo capítulo empezara lo realmente emocionante, ¡yay!
Antes que nada, este capítulo esta dedicado a mi queridísima prima que tiene la misma admiración hacía Ayumi Hamasaki (nuestra musa XD) Satsuki de RENTRER EN SOI y por supuesto, Anne Rice.
Ahh… y ahora sí, a ponernos serios. ¡Alguien intentó plagiar mi fic! Ahora, déjenme recordarles que yo ODIO A LA GENTE QUE ME ROBA/COPIA/PLAGIA cosas que son MIAS. Así que por favor, absténgase de ello. Muchas gracias a la personita (mejor amiga de la persona que me trato de plagiar mi fic, diciendo que era una "adaptación" ¬ .¬) y que por sus propios deseos, no diré nombres. ¡En serio, gracias, no sé lo que haría sin ti!
¡Muchas gracias por sus reviews y su tiempo!
Atte.
Emiko hime-sama.
P.D. En mi profile, esta publicada la encuesta "¿De qué quieren que sea mi próximo fic?" Si son tan amables de votar ^-^
