3) El poder de las Wakaba Girls:

—Que día más cansado! —se quejó Jun dejándose caer en una banca del parque con su helado recién comprado.

—Mmh… te esforzaste de más —le dijo Azusa algo preocupada a su novia.

—Y vaya que sí. Dos combates contra Sumire-chan, otro contra Okuda-san y otro contra ti. Estoy exhausta. Pero no importa, sueño con que el día que por fin vaya a la universidad pueda retar a un combate a Mio-senpai y luchar de igual a igual.

Azusa se rió y siguió comiendo su helado. Al poco tiempo se les unieron Nao, Sumire y Ui cada quien con su respectivo helado. Se sentaron todas y comieron satisfechas después de un satisfactorio día lleno de violencia con un toque musical.

Era genial, con las nuevas miembros, estaban seguras que el famoso club de doble cara seguiría para la posteridad. Nao era una chica tímida dedicada al estudio, pero extrañamente, su mayor problema no era el combate sino la música. El primer día casi destroza la guitarra de Azusa provocando que la Gata de la muerte la atacara con todo. Nao inmediatamente esquivó el ataque frontal de Azusa y le dio un ligerísimo golpe en el estómago mientras volaba sobre ella. Parecía un golpe ligero, pero hizo que Azusa se encogiera del dolor y cayera rodando casi vencida. Sí, Nao era una experta en eludir ataques y en puntos de presión. Con golpes aparentemente leves, era capaz de dejar fuera de combate a casi cualquier oponente con el que se enfrentara. Ella y Sumire eran excelentes peleadoras y la presidenta del club confiaba que ellas seguirían el legado del club de música y combate. Por su parte Sumire había tirado la toalla tratando de recuperar las tazas de su oujo-sama y se había concentrado en hacer música y pelear para liberar su estrés. Era divertido, lo tenía que admitir.

Cuando terminaron, se dirigieron hacia donde habían atado a sus animales de transporte listas para volver a casa, pero todas se quedaron congeladas unos instantes sintiendo presencias que no deberían estar ahí. Alguien se acercaba, podían sentirlo, Azusa dio un triple salto hacia atrás y aprisionó el cuello de un tipo enorme con sus piernas. Otro tipo enorme se sorprendió ante la maniobra, pero se limitó a correr contra Azusa listo para derribarla. Azusa giró su cuerpo, haciendo tronar el cuello de su oponente y saltó lista para darle una lección al tipo, pero Jun se apareció frente a él a una increíble velocidad y le mandó una patada directa al estómago.

—Dos fuera —dijo Azusa sacando sus cuchillos y mirando alrededor de ella a los diez sujetos enormes que quedaban en pie.

Ellos se tensaron, ya habían escuchado que sus compañeros en la universidad fueron humillados por unas jovencitas, pero no contaban con toparse con esa situación ellos también.

—Sólo queremos a la princesa de Hirasawa —dijo uno de ellos nervioso. —Dénnosla o…

—¿O qué? —preguntó Ui dulcemente mientras comenzaba a hurgar en sus bolsillos sin fondo.

El tipo se lanzó contra ella, pero Ui sacó una grabadora de baterías y comenzó a reproducir una canción. Era música árabe como las de las bailarinas de danza del vientre. Pegajosa y sensual. Ui juntó sus manos y comenzó a moverse al ritmo de la música produciendo un extraño efecto entre sensual y confuso. Desgraciadamente el tipo no estaba para bromas y se lanzó a Ui. Con un movimiento rápido y sensual, la chica lo esquivó dulcemente y con otro, le dio un tremendo codazo en la nuca. El tipo cayó vencido mientras Ui seguía con sus movimientos como hipnotizada. Era un baile muy sensual y lleno de sentimiento que provocaba hasta los más profundos rincones del alma, pero nadie se engañaba. Si se acercaban aunque sea un poco, serían brutalmente golpeados. Al ver que nadie se acercaba, Ui saltó y dio un giro lleno de gracia en el aire, y cuando aterrizó, tenía una cimitarra en cada mano. La música cambió de ritmo a uno más rápido y acelerado y Ui aceleró con él. Arrojó las cimitarras con una gran habilidad contra el que parecía ser el líder. El tipo retrocedió esperando el golpe mortal, pero nunca llegó. Uno de los ninjas asignados a acompañarlos saltó a tiempo y desvió las cimitarras de Ui con sus espadas sai. Gruñendo el ninja se lanzó contra Ui. Como respuesta, ella sacó un nuevo par de cimitarras y comenzó a luchar contra el ninja. Era extraño de ver: los movimientos del ninja eran rápidos, precisos, mortales; pero los de Ui se sincronizaban con la música siendo algunos sólo para adornar su danza y otros eran tan precisos y mortales como los del ninja. Al ver que no iba a ninguna parte y que la princesa sólo jugaba con él, el ninja llamó a sus compañeros. Se lanzaron contra la chica que seguía bailando, pero ésta vez fueron detenidas por el resto del club.

—Es una lástima —se quejó Jun. —El estilo de Ui es tan kawai! Me puedo pasar horas viéndolo.

—Mmh… —convino Azusa, pero hay que concentrarse, no estamos entrenando.

Las chicas asintieron y cada una sacó sus respectivas armas listas para luchar como un equipo. Azusa sonrió, vaya recuerdos. Con otro giro rápido de su cintura, Ui le pasó sacó una escoba y un trapeador que Sumire atrapó en el aire y se puso lista para el combate. Los ninja retrocedieron un paso, esto no estaba en sus cálculos, pero aún así decidieron actuar. Desaparecieron.

Jun saltó hacia un árbol cercano y arrojó kunais que desviaron los shuriken que se acercaban a toda velocidad. La maid agradeció el gesto y comenzó a girar el trapeador y la escoba, uno en cada brazo. Cuando sintió que un enemigo se acercaba por detrás, se apoyó en la punta del trapeador para usarlo como garrucha. Fue suficiente para impulsarla detrás del enemigo y lo derribó con un golpe de escoba en las piernas. Una vez en el suelo, el ninja pensaba vengarse, pero ella apoyó el cepillo de la escoba y comenzó a arrastrarlo derribando a otro par de sorprendidos compañeros, que no se fijaron tratando de defenderse de los feroces ataques de Nao.

—Vaya, Sumire-chan, estás barriendo el piso con ellos, literalmente —sonrió la pelinegra.

Sumire sonrió ante el comentario y con otro movimiento rápido con su escoba, hizo que el tipo se levantara en el aire y le mandó un puñetazo al estómago, derribando así al primer enemigo. Otros ninjas se acercaban a Nao, pero era la maestra en eludir los ataques y de paso, mandarles enormes cantidades de dolor atacando sus puntos de presión. Tal vez no fuera una luchadora tan eficiente como sus amigas, pero era sólo porque no le gustaba la violencia. No era como las demás que encontraban verdadero gusto en la pelea, claro que se tuvo que quedar en el club porque en todos los que había probado le fue bastante mal, pero era algo.

Los ninjas rodearon a Jun, pero eran simples principiantes y ella que llevaba ya un año y medio aprendiendo las técnicas de su curso por correo con todo su corazón para poder cumplir su sueño de luchar mano a mano contra su senpai. Uno a uno fueron despachados con una absoluta facilidad y agilidad por parte de la joven. Uno de ellos quiso usar sus shurikens envenenadas para acabar con Jun, pero fueron detenidas por los cuchillos de Azusa. El tipo se levantó listo para seguir con sus ataques envenenados; y mientras, la Gata de la muerte le mostraba sus cuchillos, sus mortíferas garras, y con una sonrisa sádica, los arrojó en una especie de tornado que el hombre no pudo detener.

El líder estaba desesperado, el que su jefe seguramente lo iba a matar si no le llevaba a la princesa de Hirasawa había dejado de preocuparlo; ahora estaba preocupado si podía escapar de ahí en una pieza. Demonios, ¿de dónde salían tantas jovencitas capaces de derrotar a los mercenarios más peligrosos de todos los tiempos? Estaba desesperado, quería huir de ahí. Finalmente tomó aire y corrió a toda velocidad lejos de la tremenda violencia que estaba ocurriendo ante él. Las chicas lo vieron de reojo, mas lo dejaron escapar. Todavía quedaban bastantes enemigos en pie y tenían que derrotarlos lo más rápido posible.

—Nakano-senpai! —llamó Nao.

—¿Qué? —preguntó la presidenta.

—Fíjese bien en el patrón: el grueso de sus fuerzas se concentra en atacar a Hirasawa-senpai. Los demás nos mantienen ocupadas.

—Ya lo veo —dijo Azusa. —Ui, ¿Ese baile es todo lo que tienes o tienes uno más poderoso que acabe con ellos?

Ui le sonrió a Azusa maliciosamente, y después de quitarse de encima a otros dos con un sensual y perfecto movimiento de danza árabe, sacó un CD de sus bolsillos sin fondo y lo colocó en su grabadora. Era la danza más difícil que había tenido que bailar. Antes de enterarse del verdadero hobby de su hermana, Ui practicaba danza árabe avanzada. Era realmente difícil, pero una vez más la mágica habilidad de la familia Real de aprender todo tipo de cosas sin esfuerzo fue un punto a favor de Ui. La única danza que alguna vez le causó un problema era esa, pero después de mucho esfuerzo logró dominarla. Poco después salió a la luz todo el asunto del club de doble cara, como las habían comenzado a llamar en la escuela, y la pequeña Hirasawa se concentró en aprender a pelear igual que su querida onee-chan. Decidió combinar su pasión por el baile árabe con la lucha y así, luego de ver a varios instructores, logró dominar todo tipo de técnicas con la cimitarra. Poco después había desarrollado un novedoso estilo de combate que la volvía prácticamente invencible; y claro, esa canción que tantos problemas le dio, era su ataque máximo.

La canción comenzó. Ui se deshizo de su chaqueta de la escuela y su blusa para moverse más libremente. Luego, con una cimitarra en cada mano, comenzó a moverse al ritmo de la famosa canción. A diferencia de sus bailes anteriores, este no implicaba girar las cimitarras en la palma de su mano, sino más bien parecía una especie de malabarismo al ritmo de la música y de su cuerpo. Por lo vivido recientemente, los enemigos sabían que no iba a terminar bien. Y tenían razón: Ui sacó otras dos cimitarras de sus bolsillos y las agregó a su bailecito de la muerte. El número de cimitarras aumentaba cada vez más, pero esta vez la chica no parecía querer hacer ninguna ofensiva; sólo bailaba y añadía más espadas a su hipnótico baile. Los enemigos la atacaron una vez más. Las chicas iban a ayudarlas, pero entonces la canción se aceleró y cambió a un ritmo mucho más agresivo y acelerado.

—ESCÓNDANSE AHORA! —Ordenó Ui.

Fácil era decirlo, pero tanto aliadas como enemigos no tenían donde esconderse. Finalmente la canción alcanzó su punto máximo y Ui saltó y dio un gran giro en el aire, arrojando todas sus cimitarras a la vez hacia todos lados. Jun y Azusa reaccionaron a tiempo arrojando sus respectivos cuchillos y kunais haciendo una especie de muro para que ninguna de las armas de la menor de las Hirasawa las alcanzara. Funcionó por suerte.

Cuando la nube de polvo logró disiparse, las chicas recogieron sus armas, para encontrarse a Ui poniéndose su blusa como si nada. Les sonrió con dulzura.

—Menos mal que están bien. Es un ataque muy poderoso y no quería usarlo porque lo destruye todo a su paso, no distingue entre amigos y enemigos.

—¿Qué quieres que te diga, Ui? —dijo Azusa rascándose la nuca algo nerviosa. —Eres una digna hermana de Yui-senpai. Wow, simplemente wow…

Las demás asintieron en silencio mientras observaban lo que quedaba de la escena: el parque reducido prácticamente a escombros y plantas destrozadas; decorado con los cuerpos de los ninjas y los matones completamente inconscientes.

—Ahora por el jefe —dijo Jun tronando los nudillos.

—Sí, está bien —convino Azusa mientras comenzaba a marchar en dirección a donde había huido el traidor.

—Eso no será necesario —dijo alguien.

Todas se volvieron a la voz misteriosa.

Nao y Sumire se pusieron inmediatamente en posición de combate, pero sus senpais le hicieron señas que se relajaran. La figura encapuchada marchaba arrastrando a un infeliz completamente inconciente.

—¿Saben? Iba a ayudarlas, pero lo tenían todo controlado —dijo la figura encapuchada arrojando al infeliz a los pies de las guerreras, como si de un muñeco de trapo se tratara. —Haz hecho un estupendo trabajo con el viejo club.

—También es un gusto verla, Manabe-senpai —saludó Azusa.

Nodoka se quitó su capucha y le sonrió a la pelinegra. No se llevaban muy bien cuando se conocieron, pero las cosas habían cambiado bastante entre ellas luego de vencer a Death Devil. Al asegurarse que Azusa no iba tras su amada Yui, Nodoka comenzó a tratarla mejor y Azusa le respondía la amabilidad.

—Y dígame, ¿qué hay del traje de vengadora encapuchada? —preguntó Jun.

Nodoka sólo sonrió.

—Me gusta usarlo. Combatir el crimen es mi forma de combatir el estrés —respondió la vengadora encapuchada como quien no quiere la cosa.

Mejor cambiar de tema.

—¿Y qué la trae la por aquí, Manabe-senpai? —preguntó Azusa.

Nodoka de pronto se puso seria.

—Son Yui y las demás. Parece que recién tuvieron un buen problema en la universidad. Nos llamaron a ambas, pero parece que a ti no pudieron localizarte, Nakano, así que me pidieron que fuera a buscarte. Fui a la escuela primero, no te encontré; vine aquí y me encontré con este circo. Fue exactamente lo mismo que les pasó a las demás: un ataque ninja sin previo aviso.

Las chicas asintieron.

—¿Y? —preguntó Azusa.

—Nakano, se supone que por algo somos guerreras legendarias. Vamos, no hay tiempo que perder!

Azusa asintió y corrió a montar su pegaso.

—Oigan, ¿y nosotras qué? —preguntó Nao.

—Vengan también —dijo Azusa. —Tal vez no sean legendarias pero sí excelentes guerreras. Vamos!

Las chicas corrieron cada una a su animal de transporte: Ui a su unicornio, Nao a su fénix y Sumire su quimera. Una vez en sus transportes, salieron volando detrás del grifo de Nodoka.


Mio entró de golpe a la sala donde estaba amarrado su maestro. Con una sonrisa sádica en el rostro, le mandó un golpe a la boca del estómago con todas sus fuerzas. Kakifly se despertó.

—Mio… lo normal es despertar a alguien con una bofetada o con agua —dijo el maestro con un tono burlón.

—¿Por quién me tomas? ¿Por alguien que entrenó con un debilucho?

Kakifly se rió por el comentario. Trató de librarse de las cuerdas con un jutsu de pérdida de densidad, pero fue inútil.

—No importa cuánto trate, Kakifly-sensei —dijo Mio. —Yo no lo amarré, fue Ritsu.

—¿Ritsu?

—Mi prometida, Tainaka Ritsu.

Kakifly se rió entre divertido y complacido.

—La heredera del clan de los Tainaka, los famosos exterminadores de ninjas. Muchas felicidades Mio, ¿cuándo es la boda?

—Poco después de la de Yui. No falte, por favor.

El gran maestro de los ninjas asintió.

—Será un honor, después de todo eres mi mejor y más querida estudiante. Ahora, ¿te importaría decirme qué quieres de mí?

Como respuesta Mio encendió la luz del cuarto mostrando a doce jovencitas: las dos generaciones del club de música y combate y Akira y sus guardaespaldas.

—Digamos que tenemos unas cuantas cosas que aclarar, Kakifly-sensei.


Y damas y caballeros, he vuelto con esto! Me tardé pensando en un enemigo principal interesante y de paso, que fuera del universo de K-On! y lo he conseguido. Así que espero que me dejen sus reviews y ya saben:

Chao; nos leemos!