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A diferencia de los dos días anteriores, hoy la lluvia había tomado pausas más largas durante la tarde. Athena pensó que este temporal estaba tomando más días de la cuenta, pero el hecho de que ya se estuviera disminuyendo la cantidad de precipitaciones la aliviaba en cierta parte.

A la madrugada recibió una llamada telefónica, algo inesperado para ella, pero en seguida supo el motivo. Apollo quería comunicarse con su amiga lo antes posible, al parecer estaba en un pequeño aprieto y solo podía contar con ella para solucionarlo de forma rápida. El motivo por el cual tuvo que salir de la oficina ese día arrancaba desde aquella llamada.

Desabrigada y sin su atuendo habitual del trabajo marchó directo a la estación del tren. Las nubes grises que cubrían el cielo lucían amontonadas y amenazaban con cambiar de parecer. Escazas gotas de llovizna se percibían ligeramente al caminar y el viento no era lo suficientemente frío para hacerla estremecer, aún cuando solo vestía una falda negra y su camisa blanca de mangas cortas.

Tras acceder a la estación sacó su móvil para consultar la hora y realizar una llamada a Apollo, ignorando qué hora sería en el reino de Khura'in.

-¿Athena?-Se escuchó desde el altavoz- ¡¿lo encontraste?!-La voz de Apollo sonaba algo ansiosa.

-No, no, todavía no he llegado al juzgado. Estoy por tomar el tren-Informó mientras esperaba detrás de la línea de seguridad del andén-Disculpa, pero estaba algo dormida y no te pregunté…exactamente, ¿dónde dejaste el amuleto?

-N-no lo sé… no estoy seguro –Aunque Athena no pudiera verlo, se lo imaginó jugueteando con los dos mechones que llevaba a modo de antenas.

-¿Pero cómo pudiste perder algo tan importante?, Juni se decepciona…

-¡Ni lo menciones!-Interrumpió abruptamente- Cuando hablé con ella me preguntó si lo llevaba conmigo… ¡casi me da un paro cardiaco cuando reparé en que no lo llevaba colgado del cuello!-Apollo era consciente de que el amuleto que le regalo Juniper era el único recuerdo que poseía de ella y no podía perdonárselo.

-Y lograste esquivar el tema, ¿cierto? –Completó la historia con un suspiro breve –Está bien, lo buscaré, pero me debes una, ¿lo sabes?-Una gran sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.

-M-muchas gracias… -Apollo realizó una pequeña pausa para tragar saliva. El tono que utilizó su amiga lo decía todo- Créeme, seguramente ocurrió por los nervios que me fluían en aquel momento… ¡enfrentarme al jefe fue todo un desafío!

-Está bien, está bien. Seguramente esté en alguna de las salas o en el vestíbulo. Y si no lo encuentro por esos lares, siempre puedo preguntar al guardia acerca de los objetos perdidos, ¡luego hablamos!-

Tan pronto como terminó la conversación sin darle lugar al abogado de proseguir, ascendió a uno de los tantos vagones. En unos instantes se encontraba de pie aferrándose firmemente al sostén base de los asientos. Había mucho murmullo dentro del vagón y los viajeros se encontraban muy apretados unos con los otros. Athena podía escuchar trazos de las conversaciones entremezcladas que se intercambiaban los viajeros durante su estancia, y también percibía un montón de emociones de todo tipo. Exhaló profundamente intentando no prestar demasiada atención, pero el sonido de una radio captó su interés.

El equipo de meteorología ofrece la mejor información (…) con precisa actualización cada hora. Las temperaturas descenderán hasta los cinco grados en zona del (…) mientras que persisten ligeros chubascos…

-Va a hacer frío…-Murmuró para sí misma.

El tren se detuvo antes de llegar a la próxima estación y esto solo provocó expresiones de incertidumbres entre las personas. El murmullo comenzó a incrementar y la curiosidad de Athena iba por el mismo camino. No se podía distinguir ningún paisaje más allá de la ventana, lo cual quería decir que estaban en el interior de un túnel.

Atención, pasajeros, el servicio de la línea 2A ha sido suspendida debido a un fallo en el procedimiento normal de los ferrocarriles. Por favor, mantengan la calma y aguarden hasta el próximo aviso. Disculpen las molestias, gracias.

Después de unos cinco minutos de pausa, la ansiedad hizo acto de presencia.

-¿Qué está pasando?, ¡no pretenderán hacerme llegar tarde a la reunión!, ¿no?-Gruñó un señor con vidente irritación.

Nadie podría responderle, se trataba de un acontecimiento inesperado a fin de cuentas.

A lo lejos podía oírse las sirenas de los patrulleros acercarse. Señal de que nada bueno había ocurrido.

Athena intentó moverse entre la masa en busca de alguien que perteneciese al personal ferroviario. Empujando con insistencia y lanzando disculpas a quienes la rodeaban, intentaba acceder al extremo del tren y preguntar en cabina, pero no resultó necesario, la notificación por megafonía se había conectado nuevamente.

Señores pasajeros, les comunicamos que la línea 2A se aproximará y reposará en la siguiente estación. Los servicios resultarán suspendidos indefinidamente. Por favor, evacuen con cuidado. Los accesos de las líneas restantes iniciarán después de las 24 horas, disculpen las molestias.

Si las quejas que escuchó antes no eran suficientes, ahora iban a terminar de colapsar. Peor aún, Athena no solo escuchaba la disconformidad de la gente si no también sus emociones y deseaba a toda costa quitarse del medio, se estaba aturdiendo en exceso.

En cuanto se abrieron las puertas que hasta hace unos minutos atrás habían permanecido bloqueadas por motivo de seguridad, pudo divisar entre la multitud agentes de policía dirigiendo las masas hacia las escaleras de emergencia.

El tren obstruía la visión del otro lado del andén, pero algo en ella supo que el núcleo del conflicto desatado provenía de allí. Pudo sentir fuertes oleadas de emociones como shock, sorpresa y tristeza y sus piernas actuando por su cuenta la llevaron abruptamente al pasillo que comunicaba el acceso con el andén contrario. Mucha gente intentaba empujar y romper una barrera de agentes en la entrada del andén contrario.

-Por favor, ¡retírense!, ¡aquí no hay nada que ver!-Gritaba repetidamente uno de los agentes mientras sus compañeros se encargaban de desviar la masa de curiosos.

Fuera de la vista de Athena, pasando la barrera de agentes. Se encontraban otros miembros de la policía y el equipo forense sumergidos en rigurosos protocolos.

Una figura destacaba entre uniformes azules, un hombre de traje blanco, pulcro. Portaba su aviador y guantes como siempre. El brillo del exterior quedaba atrapado en sus lentes evitando que alguien pudiera adivinar qué expresión sostenía su mirada, aunque su sonrisa habitual había sido remplazada por unos labios rígidos e inexpresivos. Por la inclinación del cuello, se podía asumir que miraba al suelo, asomado al borde del andén. Salpicaduras de sangre en el suelo excitaban la curiosidad y morbosidad de los transeúntes que lograban ojear parte del escenario.

Uno de los pasajeros cayó al suelo tras forcejar con un agente y se torció el tobillo. Los quejidos captaron la atención del detective Fulbright, quien inmediatamente apartó la mirada de lo que podría ser un cuerpo hecho pedazos en las vías y se asomó a la barrera de agentes. Sus ojos no tardaron en distinguir la figura de la abogada entre la multitud, era inconfundible, sus rasgos ya eran más que familiares para él: cabello anaranjado largo, colgante electrónico peculiar, ojos azules que en ese momento expresaban angustia y confusión.

-¡Señorita Cykes!-Exclamó mientras agarraba a uno de los agentes por el hombro con la intención de apartarlo. Tras una visión estremecedora y sangrienta, encontrar a semejante niña cerca conseguía un efecto de conformidad y felicidad. Eran las dosis que necesitaba para poder mantenerse firme y continuar trabajando en el macabro acontecimiento.

El detective alargó el brazo para alcanzarla, pero Athena no se había percatado de que la llamaban. Tantas emociones fuertes y tanta cantidad de gente la abrumaron al punto de querer desaparecer de la estación lo antes posible. La mano enguantada de Fulbright solo logró atrapar unos pocos mechones dorados de la coleta, pero por miedo a hacerle daño, simplemente dejó que se deslizaran hasta alejarse de su alcance, así como perdía a la abogada de vista. Segundos después se llevó la misma mano para acomodar su aviador de modo que el reflejo de las lentes impidiera dejar su mirada a la vista de otros, a la vez que su sonrisa se desvanecía y permanecía rígida como antes.