4. You don't know a thing about my sins


Yuu despertó con un sobresalto, sin poder recordar bien lo que había estado soñando. La realidad que le dio la bienvenida, fue bastante más desconcertante que dicho sueño- que probablemente incluía una persecución, piezas de ajedrez y una desconcertante cantidad de gelatina, por algún motivo.

Pero lo que realmente lo despertó fue el hambre.

¿Hola? —Preguntó, y fue recibido por el silencio. Por las ventanas, el sol no terminaba de salir, y de acuerdo con su muy fiable relojito de plástico, marcaban las cinco de la mañana. Bueno, mejor despertaba de una vez.

Recordaba los eventos del día anterior con bastante claridad. No había desarrollado amnesia en una sola noche como para olvidar que Chikara le había tenido amenazado con un arma- vale, eso había sido un farol- y luego lo habían mantenido captivo por unas cuantas horas. Con todo y todo, había estado capturado por un día y medio, y ese era un día y medio sin ser capaz de informar a Morisuke de todo lo que había ocurrido.

En lugar de alterarse, decidió quitarse de encima la absurda cantidad de mantas y cobertores que no sabía cómo habían llegado allí- de hecho lo último que recuerda de la noche anterior es bajar del camión con Suga y Daichi- y echarle un vistazo al sitio en el cual se estaría quedando hasta que las aguas se calmasen.

Se puso las pantuflas, que eran unas cuantas tallas más grandes, y empezó a caminar.

Era un sitio pequeño. No pequeño a nivel de un cuarto de estudiante en Tokyo, pero seguía estando algo corto de espacio. Pero para darle crédito, todo estaba bien cuidado y en su lugar. Esa clase de orden le descolocaba un poco, y el silencio le estaba poniendo nervioso también

Ya, vamos ¿en serio? Se preguntó a sí mismo en un tono burlón, al ver el delicado encaje que cubría un estéreo de al menos quince años de antigüedad. Seguro que si busco, me encuentro una lata de galletas llena de hilo y aguja.

Sin embargo, se acercó al aparato y lo encendió de igual forma- temiendo un poco que se fuera a averiar apenas lo tocara, y dejó sonando una emisora cualquiera que llenara la habitación de ruido. Levantó polvo, y se preguntó cuánto tiempo había pasado desde la última vez que lo habían utilizado.

La sala olía a incienso, todas las cortinas estaban corridas y escuchaba el murmurar del pueblo por la ventana. Los cuervos croando, reunidos en el techo desde temprano. Al acercarse y echar un vistazo por una de ellas, pudo ver a su nueva vecina de en frente alimentando a sus pollos y a dos muchachos trotando desde temprano- si se concentraba, los escuchaba gritar también.

A su derecha había un altar con tres fotos, y tres palillos ya consumidos- por eso todo el sitio está perfumado. Una foto tenía a una mujer de aspecto joven, de piel bronceada y sonrisa tierna. Resaltaban sus ojos chocolate, que a Yuu le inspiraban un sentimiento de amabilidad. A su lado la foto de un hombre barbón, de cara dura y sin sonreír. Ambas marcaban la misma fecha.

La última foto era la de una señora mayor con los mismos ojos amables y cafés, con un sombrero de paja y sonriendo entre un jardín majestuoso. Ella abrazaba a un bebé regordete, que le tiraba un poco del pelo y parecía quererse poner el sombrero también.

Del altar posó sus ojos en la cocina y de pronto recordó que lo que lo había despertado no fue otra cosa más que el hambre. Como protestando, el estómago le rugió nuevamente.

Como el resto del piso, la cocina era un anticuario. El mostrador de madera tenía sus años, lucía lustrado hasta el cansancio y lo decoraba el mismo estilo delicado de encaje que al viejísimo estéreo, junto con la vibra de abuela que no encajaba del todo con las pantuflas talla 49.

Lo que le interesaba realmente era el refrigerador, otro vejestorio que Yuu ya suponía que trabajaba a vapor, pero como las personas lo que importa realmente es el interior- la carne, y eso.

Al abrirlo se decepciona inmensamente. No hay nada ya listo para comer, ni siquiera recalentado de hace una semana de dudosa fiabilidad. Su estómago ruge de nuevo, y decide que tiene el hambre suficiente para intentar cocinar algo.

—Bueno... arroz y huevo será —dice al aire, sacando dos huevos del refrigerador. La puerta chirría cuando la cierra, y a él real, realmente le preocupa el estado de todos los electrodomésticos del lugar—. ¿Y el arroz?

Revisa los cabinetes uno a uno con una paciencia impropia de sí mismo, intentando no hacer ruido- a pesar de no saber siquiera si su nuevo compañero de piso está en casa.

Los cabinetes de abajo estaban llenos de utensilios extraños. Quizás degüella a sus enemigos, pensó divertido. Muchos de ellos se veían como nuevos, pero por algún motivo le daban la sensación de no haber sido utilizados en mucho tiempo.

Los cabinetes superiores estaban...

—Maldita sea.

Realmente altos.

Yuu recuerda vagamente que el tipo debía doblarle el tamaño. No debí aceptar los calmantes de Suga-san, pensó con cierto arrepentimiento. Seguramente ligaron las pastillas con algo raro. Siempre le han dicho que, si alguien fuera a matarlo, simplemente tendría que envenenar la comida, porque todo se lo lleva a la boca.

Miró de reojo los huevos que sacó del refrigerador. A lo mejor envenenados no, pero quizás podridos sí que están...

Después de confirmar que, efectivamente, no hay nada parecido a una escalera que pueda utilizar para alcanzar las repisas altas, se ve obligado a usar la vieja confiable y escalar el mostrador de la cocina.

La primera repisa está hasta el tope de latas de sopa, de esas que te venden en la máquina expendedora por 150 yenes. Tiene ganas de sacar una y calentarla, pero se abstiene al recordar que en realidad es malísimo para abrir esas. Nada aquí, siguiente.

El segundo cabinete tiene lo que parecen ser medicinas. Pues menudo sitio raro para tenerlas, este tipo no sabe esconder la droga, se dice a sí mismo. La mitad de los nombres se le hacen desconocidos. ¿Qué diablos son benzodiacepinas? ¿Se los inventa?

¿Y dónde diablos está el maldito arroz?

El tercer cabinete lo tiene que maniobrar con cuidado porque está justo sobre el fregadero. Y como la vida lo odia mucho, el saco del arroz está justo allí, sonriéndole con burla. ¿De aquí cómo me bajo sin hacer un desastre? Se pregunta, apenas manteniendo el equilibrio.

El saco está sellado con un gancho de estos herméticos. Tiene un diseño extremadamente adorable del cual se va a reír un poco una vez baje y el arroz esté seguro.

—Ya casi... —susurra de nuevo para sí mismo. Porque cuando estás a punto de conseguir algo, lo lógico es decir eso en voz alta y confirmar que, en efecto, estás a punto de alcanzar esa cosa que te tiene sufriendo porque está fuera de alcance— malditas repisas altas, diablos, la puta que- ¡AJÁ TE TENG- oh miERDA!

Si el grito no despertó a los vecinos, Yuu está bastante seguro que su estrepitosa caída- en la cual se llevó también la vieja puerta del cabinete, los habrá despertado bastante bien.

Bueno, que se jodan, se dice a sí mismo, ya son casi las cinco y treinta, es hora de despertar.

Y hablando de despertar...

¡¿Quién anda ahí?! —Escucha una voz grave justo detrás de él, pero realmente no puede verlo porque ha caído de culo y con el saco de arroz en el regazo y una puertita encima se le hace difícil maniobrar.

—¡Hola! —Exclama desde el suelo con una sonrisita traviesa, cuando un par de piernas y... piernas, y más piernas- diablos esto es mucha pierna- aparecen en su campo de visión— ¿Me echas una manito?


—Tenías hambre.

—¡Sip!

—Así que escalaste el mostrador...

—Lo tienes todo muy alto y cero escaleras ¿qué querías?

—¡Eso es porque soy alto!

Cinco minutos, un bate de béisbol y una razón perfectamente válida para estar trepándose a mostradores ajenos más tarde, Yuu estaba viendo a su nuevo compañero de piso hacer el desayuno con una gracia que él jamás podría alcanzar.

Quizás es mejor así, piensa luego de considerarlo seriamente. En realidad no se cocinar muy bien, pero mejor que no se entere.

—Obviamente no lo sabes porque apenas llegaste, pero la cocina está algo vieja y se pone de malas si no te conoce —Yuu parpadeó, incrédulo. ¿Si la cocina no te conoce?—. Tienes que saber tratarla, podrías haber explotado algo.

—¡Soy bueno en eso!

—Por favor no explotes mi casa —frunce el ceño de nuevo. Decide que quiere jugar un poco más con su nuevo y extremadamente paciente compañero, así que se inclina sobre el mostrador nuevamente. Definitivamente no para verle las piernas un poco más, pero si cuela, cuela.

—¿Por qué has venido con un bate? —Pregunta de nuevo, mirando de reojo el objeto que ahora descansaba inocentemente sobre la mesa.

—Uh, creí que alguien se había metido a robar —el lugar más seguro en el cual podría estar, piensa Yuu, tiene a un sujeto de 1,86 y un bate como medida de seguridad. Estoy muerto, estoy tan muerto y no tengo dinero para un funeral decente ¿será que pido que me quemen?

—¿Qué crees que será más rápido, tu bate o un disparo? —El sujeto da un respingo, y Yuu sonríe nuevamente—. ¿No tienes una pistola en la mesa de noche? Eso sería útil —porque, yo dejé la mía en Tokyo.

—¿Por qué tendría algo así en la mesa de noche? —Alto ¿va en serio?—. No sé qué películas estarás viendo, pero aquí realmente no necesitas llevar una pistola para sobrevivir.

—Oh ¿prefieres cuchillos entonces?

—... ¿Qué?

El ruido de la tetera hirviendo los interrumpió. Yuu quería ayudar, pero por algún motivo tenía terminantemente prohibido poner un pie en la cocina. A ver, había roto el cabinete- en su defensa las bisagras estaban oxidadas- y casi rompe el saco del arroz, pero esa no era razón suficiente para estar vetado del sitio desde el momento uno. ¡Tenía que esperar al primer accidente con la tostadora! ¡Esas son las reglas!

No sabe por qué sospecha de Suga, pero de nuevo, parece que todo lo que está por ocurrirle ya ha sido planeado por él. Le gustaría tener algo de voz en el asunto.

—¿Té o café? —Le pregunta. Yuu parpadea un par de veces antes de procesar—. Hace frío, solo llevas esa camisa.

—Té —responde sin pensarlo mucho. Odia el café—, no tengo frío— agrega como un pensamiento posterior, que es medio mentira.

—Algunos de mis suéteres más viejos seguro te sirven, pero los pantalones... —anda, dime enano, que te parto las rodillas. Pero el tipo no lo dice—, bueno, ya se nos ocurrirá algo ¿no?

—Me las puedo apañar con la ropa, no necesito tu ayuda —dice algo brusco, sobresaltando a su nuevo compañero. El otro le da una mirada tímida, y se rasca la nuca como si estuviera nervioso—, de todas formas ¿por qué me tratas como si fuera un bebé? Falta que me prepares el bento y me lleves de la mano al preescolar ¿eres mi mamá?

—Bueno, supongo que debe ser difícil tener que re-integrarte al año escolar de esta forma, además que has perdido tu trabajo y-

—¡Para allí! ¿¡Crees que soy un estudiante de preparatoria!? —¿Suga y Daichi de verdad no le dijeron nada de nada al sujeto?

—¡¿No lo eres?! —Pregunta el otro con impresión, casi dejando caer la tetera.

¡Tengo veintidós! —Grita ofendido. ¡La misma mierda en menos de veinticuatro horas, pero que chiste!

—Oh santo cielo, menos mal —espera ¿Qué?—, si no lo eras te habría devuelto con Suga y Daichi.

—¿Mi edad es lo que te preocupaba?

—... ¿Alguna cosa de la que debería estar enterado?

Yuu pensó en explicar que lo buscaba la policía y buena parte de la mafia, que alguien estaba intentando matarlo, y que no sabía cocinar otra cosa además de un huevo frito por lo tanto era totalmente inútil para vivir por su cuenta.

Pero por otra parte, el desayuno ya estaba hecho y se moría por comer.

—¡Nop! ¡Nada en absoluto, anfitrión-san! ¡Gracias por la comida! —Exclama antes de empezar a comer demasiado rápido.

—Ah... no comas tan deprisa —dice el otro, pero Yuu no escucha—, y, mi nombre es Asahi, Azumane Asahi.

¡Aswaji-swan! —Dice con la boca rebozando en arroz.

—No entendí lo que dijiste...


Cuando a Yuu le explicaron que tenían a un conocido al cual le podía echar una mano por un tiempo, en el que podía ser considerado el sitio más seguro de todo Japón, creyó que definitivamente lo estaban mandando a ser el sugar baby de algún miembro de alto rango en las fuerzas armadas especiales.

En su lugar, estaba tras la caja registradora de un pequeño restaurante, en un pueblo de tres calles y una montaña, en la esquina rural más recóndita de Miyagi, con el anfitrión más nervioso posible.

Y sí, Karasuno le da claustrofobia.

—¡Buenos días! —Dice con una sonrisa tan brillante, que es capaz de competir contra el mismo sol

—¡Oh, debe ser nuevo en el pueblo! ¡Bienvenido!

Todo el mundo se conoce en un pueblo pequeño, y eso lo pone tan nervioso que quiere esconderse bajo la mesa y no salir jamás.

El Trueno es desconocido, silencioso. Nadie recuerda al conductor, nadie conoce al mensajero. Se esconde en las sombras, lejos de los reflectores, y hace su gran espectáculo tras bambalinas. Las noticias son para los ricos, los pistoleros, los grandes líderes. Él sabe que el anonimato lo mantiene vivo.

Y el chico nuevo del pueblo que se ha mudado con Azumane-kun ha estado en las lenguas de todos desde que amaneció.

—¿Eres un conocido de Azumane-san? —Le pregunta un chico de preparatoria, demasiado alto para su propio bien—. Nunca antes te había visto por aquí.

—Recién mudado, niño —responde con una sonrisa. El otro frunce el ceño todavía más—. En fin, aquí tienes tu orden de papas fritas para llevar.

El Trueno es una entidad anónima, una leyenda sin rostro.

Y Nishinoya Yuu es el nuevo en el barrio, que atiende la caja registradora, trapea el suelo y lava los platos.

Asahi-saaaaaan —dice aburrido, cuando marcan las seis de la tarde y el local está desierto—, ¿puedo estirar las piernas?

—Haz sentadillas —escucha desde la cocina. ¿De dónde ha salido esa actitud?—. En un rato llegan clientes usuales, del equipo de vóleibol.

—¿Vóleibol? ¡Me encanta! —Exclama saltando, ahora emocionadísimo—. Yo solía ser muy bueno ¿Sabes? ¡Era el líbero de mi equipo! ¿Tú juegas?

—Cuando tengo tiempo, sí —Asahi sale de la cocina, arremangado y con un delantal. El pelo se lo cubre con una redecilla y el rostro con un cubrebocas. Yuu supone que sería más fácil simplemente afeitarse la barba, pero no va a comentar sobre sus decisiones estéticas—. Juego de esquina, hace tiempo me llamaron as.

—¡Genial! —¿Con esos brazos cómo no va a tener fuerza? Seguro que sus remates duelen, se dice a sí mismo, estudiando- con fines totalmente deportivos- los brazos de Asahi—. ¿Para quién jugabas?

—El equipo de la preparatoria —responde encogiéndose los hombros. Yuu recuerda haber escuchado a Ryuu hablar del sitio, y se pregunta si todos en el pueblo han estudiado también en el mismo lugar. Sería conveniente, mínimo—, pero nunca fuimos muy grandes. No teníamos entrenador, y nuestro mejor receptor era Daichi. Lo dejé empezando tercer año.

—¡¿Jugabas con Daichi-san?! —Santo cristo redentor, de las cosas que me pierdo cuando me escapo a la capital ¡Daichi-san en shorts deportivos!— ¡¿Suga-san jugaba también?!

—Sí, era un buen armador —una esquina, un buen receptor, un armador, Yuu hacía la cuenta, y si metía a Ryuu a la mezcla y a sí mismo ¡Tenían casi un equipo completo! Diablos, lo que daría por un partidito ahora—, pero he oído que el que tienen ahora está a un universo de distancia.

—¿Sí? —Pues él también está más que invitado— ¿Quién es?

—Bueno, ellos... —la campana de la puerta anunciando clientes le interrumpe e inmediatamente vuelve a la cocina— hablando de los reyes de roma.

—¡Noya-san!

—¡Hey, Ryuu!

Yuu reconoce a las cinco personas paradas frente a él. Pero los conceptos se le mezclan tanto, que por un momento tiene que ver dos veces.

Ryuu por un lado, a quien le conoce de toda la vida y sabe que no está envuelto en actividades... legales. A la mandarina radiactiva, ceño fruncido y pecas los conoce de cuando estuvo "cautivo". Y luego está lentes-kun, que en la mañana cuestionó su origen y pidió papas para llevar.

Asahi parece a conocerlos a todos también, por razones bien diferentes a las suyas. ¿Acaso el sujeto no se entera de nada, nunca?

—Nishinoya, te presento a los chicos del equipo de vóleibol —escucha decir a Asahi desde la cocina—. Hinata, Kageyama, Tsukishima y Yamaguchi.

—¡Y su confiable entrenador en entrenamiento! —Exclama Ryuu, dándole un guiño. Suga-san me puso de niñero de nuevo, dice entre dientes. De alguna milagrosa manera, Yuu se las arregla para no reírse.

—¡Buenas! —Saluda inocentemente mandarina radiactiva- Hinata, haciendo lo que Yuu cree es un esfuerzo colosal por no revelar que ya se conocieron, bajo la peor de las situaciones— ¿Es nuevo en el pueblo?

Malditos críos.

—¿De dónde conoce a Azumane-san? —Pregunta el de pecas.

—¿Tiene antecedentes penales? Yo creo que tiene antecedentes penales, Azumane-san no debería contratar a gente con antecedentes penales —aporta el rubio a la conversación. Hasta el día de hoy no me han descubierto, se dice a sí mismo, pero puede ser que lo hagan si a estos cuatro los mato.

—¡Oigan! Hasta donde le importa a la policía, yo estoy limpio- ¡Deja de reír, Ryuu! —Grita azorado, haciendo como que no escucha a Asahi en la cocina riéndose también—. Mocosos ¿qué van a querer?

—Azumane-san ya sabe nuestras órdenes —responde pecas, viendo que ninguno de sus compañeros puede dejar de reír el tiempo suficiente para aclarar la situación. Yuu rueda los ojos—. Espero que se esté... adaptando —Oh cielos.

—¡Bueno, bueno! A sentarse que ya molestaron a Noya-san lo suficiente —intercede la mano milagrosa de Ryuu, y los cuatro revoltosos van a tomar un asiento en la ventana. Hablaban- o más bien, Hinata hablaba sin interrupción alguna, sobre la práctica de vóleibol, y Yuu recuerda vagamente que uno de ellos es un armador asombroso—. ¿No los adoras?

—¿De dónde sacó Suga-san a estos? —Pregunta entre dientes— ¿Cuatro-ojos también está en el paquete?

—Es una larga y tediosa historia —explica mientras se sienta en el mostrador, ignorando la muy explícita orden de Asahi de no sentarse allí—. Y sí, Tsukishima está incluido en el combo, si quieres a uno te tienes que llevar a los cuatro.

—Santa mierda —dice, y Ryuu asiente—. Asahi-san... ¿él no está...?

—Cree que somos un servicio de paquetería —¿No se pudieron haber inventado una mejor?—, y sería conveniente que se mantuviera de esa forma.

—¿Se dan cuenta que soy el peor mentiroso de la historia de las mentiras? Como, literalmente, el peor —explica haciendo grandes gestos, a lo que Ryuu responde con una carcajada—. Esta mañana le pregunté por qué no tiene un arma ¡¿Por qué no me dijeron antes que el tipo no sabía nada?! ¡Debí haber lucido como un friki peliculero!

—Buenas noticias que no sea muy observador, o nos habría descubierto hace añales ya.

—¿ dices que no es observador?

¡Oye!

La orden se completa y Yuu lleva los platos a la mesa. Le dice Asahi, Hinata tiene los fideos con huevo, Kageyama los rollos de pescado, Tsukishima el pastel de pollo y Yamaguchi las papas. Se pregunta cómo es que un grupo de estudiantes de preparatoria pagan una comida así tan seguido.

Una larga y tediosa historia.

Pero, realmente no es asunto mío ¿verdad? Se dice a sí mismo mientras camina.

—Dice Asahi-san que juegan vóleibol —comenta inocentemente, con su plan de formar un equipo todavía en algún rincón de su mente. A lo mejor mandarina-kun es buen líbero.

—¡Nuestro equipo fue a las nacionales el año pasado! ¡Las nacionales! —Exclama Hinata en voz bien alta, por énfasis—. Soy un bloqueador central —oh, pues...

—¿Sí? ¡Yo jugaba de líbero! —Responde con una sonrisa, olvidando momentáneamente su ira. Los ojos de Hinata se encienden con alegría.

—El líbero de nuestro equipo no es muy bueno —habla por primera vez Kageyama y su ceño eternamente fruncido—. Pero Hinata sigue apestando más.

Yamayama solo habla cuando es de vóleibol y para insultarme —bromea Hinata, y el otro gruñe por toda respuesta, muy ocupado con comer. Hinata se mete grandes bocados de comida a la boca—. ¡Pewwo, es nuewtwo awmadow ewtwella!

—No entendí nada —le da una mirada fugaz a Ryuu para que traduzca. El otro se encoge de hombros, yo no hablo en Hinata hombre.

—Kageyama es nuestro armador estrella —repite Yamaguchi más despacio—. Es uno de los mejores jugadores de nuestro equipo.

—¡Es el mejor jugador! —Enfatiza Hinata.

—¡Tsukki también es realmente bueno! —¿Quién es este "Tsukki" al que pecas adora tanto?

Cállate, Yamaguchi—alto ¿el agrio de cara larga perpetua es "Tsukki"? ¿Quién en su sano juicio le ve el rostro y le pone un apodo tierno?

¡Perdón, Tsukki!

—¿Pero de dónde han salido ustedes? —Pregunta, sintiendo cómo la curiosidad se le escapa por los poros al ver al grupo tan peculiar— ¿Cómo es que Asahi-san los conoce?

—Por lo mismo que a usted ¿no? —Habla finalmente Tsukishima- ja, "Tsukki"—. Los perros extraviados de Japón.


Cuando las noches de Karasuno callan, Yuu sale a dar una vuelta.

Asahi le dice que el pueblo es un sitio realmente seguro y que de noche se puede salir tranquilo. Ya ha encontrado personas armadas, vendedores de droga en las esquinas y una pandilla en un callejón, pero aparentemente las palabras de Asahi no reflejan la realidad por estos lares.

Aún así, parecen considerar que su casa es el lugar más seguro posible.

Y lo sabe, que hay algo mal con toda esta situación.

—Niños de preparatoria metidos en la mafia, todo el mundo se conoce, Asahi-san no está enterado de nada —murmura mientras va pateando piedrecilla que se encuentre por el camino—... ¿Y qué diablos son los perros extraviados de Japón?

—Oh, tú debes ser el nuevo.

Da un respingo e instintivamente lleva las manos al pantalón para alcanzar un arma que ya no está allí. Vale ¿y ahora? Ni una navaja suiza tengo. Se pregunta qué tan lejos ha de estar de casa como para correr hasta ese sitio...

Pero le parece que Asahi y su bate podrían estar más en peligro que él.

—Cómo se nota que creciste en la ciudad, Trueno —entonces da una vuelta completa, porque la voz desconocida definitivamente lo ha llamado por su apodo.

Lo que se encuentra es con un señor que está más allá que acá.

—¿No te ha dicho Asahi-kun ya, que este sitio es seguro? —Le pregunta de nuevo—. Necesito ayuda con unas cajas y tú necesitas respuestas, acompáñame.

—¿Puedo saber qué tienen las cajas? —Pregunta más por costumbre que otra cosa, sin terminar de decidirse si quiere acompañar o no. Pero el viejo parece estar seguro de que será seguido, porque camina sin mirar atrás.

—Se les llaman vegetales, mocoso, y se comen para no quedarse enano.

¡Hey!

Al final lo sigue.

El viejo camina hasta un campo en el extremo del pueblo. Yuu piensa que podría cruzar todo el sitio a pie si se le antojara, pero por algún motivo todas las calles cortas y sus encrucijadas extrañas y casas iguales, no se le terminan de grabar en la memoria.

La casa está vieja y toda hecha de madera, y si se concentra puede ver las partes que han sido reparadas. La rodean completa, y en la parte de atrás Yuu se encuentra con las dichosas cajas de verduras para el crecimiento asegurado.

—Estas las necesito en el frente, en la mañana alguien se las lleva —indica el viejo, y se sienta en el porche—. No hagas mucho ruido, que los niños están dormidos.

—¿Sus nietos? —Pregunta, contando las cajas. Treinta, todas lucían más pesadas de quince kilos. Bueno, si no podía dormir...

—No exactamente —responde enigmáticamente. Claro, como no tiene suficiente con metáforas sinsentido, ahora los enigmas se suman a la sopa—. Ningún niño es mi niño, pero todos aquí me llaman abuelo.

—Suena a que lo aprecian bastante —comenta mientras lleva la primera caja al frente, y el anciano ríe una buena carcajada.

—Los conociste esta tarde ¿no es así? Enanito, gruñón, tímido y lentes —un bombillo se le encendió sobre la cabeza. ¿Los chicos nuevos de Suga y Daichi?—. Son un grupo dinámico.

—¿Usted también es parte de la familia? —Pregunta, ahora cauteloso. ¿Era coincidencia que todas las personas con la que se cruzaba tenían alguna afiliación con todo el lío?

—... Bueno, tenían razón, eres bastante idiota —¿Y eso a qué viene?—. Anda, mueve rápido esas piernitas.

—Vale, está bien, usted obviamente está al tanto de lo que hacen los muchachos —prosigue, haciendo como que no lo insultaron, porque respuestas sí que las quiere—, y debe saber también por qué todo el mundo se conoce.

—Este es un pueblo pequeño —responde encogiéndose de hombros.

—¡No es tan pequeño! —Frustrado, deja más cajas al frente—. Digo yo que si fuera tan pequeño, todo el mundo estaría enterado de todo y sería un caldero de chismes ¡Pero todo el lugar es más calmado que una tumba! ¡Y para más colmo, hay al menos una persona que no se entera de nada!

—El gigantón también es bastante idiota —pero qué coño...—. Pero su sitio es el sitio más seguro de Miyagi. Diría que de Japón, pero vamos que no estamos para exagerar.

—Vale, entonces, la casa de Asahi-san es un sitio neutral ¿eso es lo que me está queriendo decir?

—Oh, entonces sí que puedes pensar un poco —Yuu rueda los ojos, pero sigue trabajando.

Entonces, piensa, por algún motivo incomprensible, como mínimo la red criminal rural en Miyagi ha aceptado de manera unánime que la casa de Asahi es terreno neutral. Y Asahi no está enterado de esto.

Todo el mundo se conoce, puede ser porque es un pueblo pequeño, pero algo allí le sigue molestando. Supone que los probablemente huérfanos adolescentes mezclados en todo esto es otra historia por completo.

Y...

—¿Qué son los perros callejeros? —Pregunta luego de un rato.

—Ah, sabía que algo te faltaba —ríe el viejo—. Es una historia larga y-

Larga y tediosa ¿no? Parece que así son todas las historias de por aquí —el anciano lo mira. Yuu registra momentáneamente que todavía no sabe su nombre, pero no está por preguntárselo. Los nombres son un tema delicado, a mitad de la noche, en un pueblo donde todos conocen a todos—. Pero lentes sabe qué son y los otros chicos parecen saber de qué habla, así que es algo de por aquí.

—... Estás suponiendo muy deprisa que no son literalmente perros callejeros.

—¡No soy tan idiota! —El sujeto se ríe y, está bien, quizás me lo merezco por andar aceptando hacer favores a ancianos desconocidos a mitad de la noche, pero la velada es una mierda—. ¿Es algún tipo de nombre clave para los niños?

—No estás tan lejos —¿Qué tiene que hacer uno por aquí para conseguir una respuesta directa?—. Dime ¿qué te dijo exactamente lentes?

—No sé por qué siento que ya lo sabe —gruñe ya malhumorado. Y con hambre, pero eso lo resuelve luego—. Dijo que conocemos a Asahi-san por el mismo motivo, los perros callejeros de Japón, o algo parecido.

—Oh, te lo deletreó entonces —¡No está tan claro!

—¿Es el nombre de un grupo de por aquí?

—Quizás.

—¿Qué tiene que hacer uno por aquí para conseguir respuestas claras?

—¡Finalmente haces una buena pregunta! —¡¿Y ahora eso qué diablos significa?!—. Niño, te diré un par de cosas sobre los pueblos pequeños y viejos como este: no existe tal cosa como los secretos, nadie sale si no es en un ataúd, y no nos gustan los extranjeros.

—¡Pero yo nací aquí! —Exclama finalmente, harto del secretismo. Y de mover las cajas también. Probablemente tiene hambre, el hambre siempre lo pone de un humor tormentoso.

—Pero no eres un cuervo.

¿¡Y eso qué significa!? ¿Tengo que pasar algún ritual de iniciación extraño? ¿Amaestrar a una bandada de pájaros? ¿Matar un águila y exponer su cadáver en la montaña rompecorazones?

—¿Tienes hambre? —¿Qué?—. Ya casi es media noche, enanito y gruñón suelen despertar a esta hora con hambre, ya aprendí por las malas que no puedo dejarlos cocinar.

—... Dijo que no son sus niños —que fácil te vendes Yuu, se regaña a sí mismo. Te prometen comida y te pones todo manso.

—No, pero yo soy el abuelo ¿sabes?


La mañana le llega con el cuerpo entumecido, como para recordarle que no, la noche anterior no fue un sueño psicodélico extraño.

Cuando volvió, Asahi le esperaba en la sala. "Esperaba", se había quedado dormido en el sillón y la televisión estaba encendida. A Yuu no terminaba de comprender, cómo podría preocuparse tanto por alguien que acaba de conocer. No hizo saber su llegada, y entró directamente a "su" habitación.

Desde que tiene memoria, despierta a las cinco de la mañana así esté muerto de sueño, y no se vuelve a dormir.

En Tokyo, si despertaba a esa hora, podía salir a hacer alguna compra, correr, reparar algún auto o camión. Siempre habría alguien despierto que pudiera hacerle compañía, algo que hacer y nada de silencio que lo pudiera atormentar.

Pero Karasuno es pequeña y silenciosa y nadie lo conoce.

De regreso en la sala, Asahi ya no estaba allí. Se pregunta a qué hora notó que había vuelto y regresó a su propia habitación. Se dirige a la cocina, y mete el recalentado al microondas. No uses la cocina Yuu, que todavía no te conoce, recuerda el comentario del día anterior. Mis huevos, si no quieres que cocine nada, simplemente dilo.

O quizás, piensa mientras ve el plato de fideos rodar y escucha alguna canción desconocida que suena en la radio, como en un trance. Quizás la cocina de Asahi-san es un poco como Karasuno. Vieja, con mañas y no le caigo bien.

Noya —escucha un bostezo ronco provenir del pasillo—. ¿Eres tú?

—¡Vuelve a dormir, Asahi-san! —Exclama con alegría, en un tono que perturba un poco al otro. ¿Muy temprano?— ¡Salgo a correr y vuelvo!

—... Recuerda que tienes que barrer la entrada —cielos, alguien aquí tiene mal humor mañanero.

—¡Sí señor!

Pues bien, se dice a sí mismo mientras saca la comida del microondas. Parece que tengo un pueblito amargado al que conocer.


BITCH I LIVED

Empecé clases en la universidad y me estropeó un poco el horario. Para compensar, un capítulo extra largo donde Asahi y Noya finalmeeenteee hablan, se presentan personajes y pasan muchas cosas wuu.

La canción para este capítulo es Heaven Help Us de My Chemical Romance

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-Att. Tamarindo Amargo