Capitulo 4

Los arqueros hicieron retroceder a la guardia de palacio hasta el salón del
trono. El lugar era una rústica sala con paredes de piedra y techo de madera. La
única semejanza con una corte radicaba en la silla de piedra reservada a la
reina. Tal era el sitio de la última resistencia de los fieles al matriarcado en
tiempos de la rebelión del príncipe Hoarmûrath. Como los accesos al lugar eran
pocos, aquel sitio prometía una defensa excelente. Hasta que el propio príncipe
se personó en el lugar. El arriete quebró la sólida puerta. Todos los guerreros
que salieron a defender la entrada quedaron paralizados por las flechas con
sortilegios lanzadas por los atacantes. Los que quedaron formaron un círculo de
escudos y lanzas alrededor de la mujer que habían proclamado sucesora de la
reina Amûrath. Entonces entró el príncipe rebelde y rodeándole, su guardia
personal conformada únicamente por elfos avari. Las caperuzas negras ocultaban
los rostros de varones con una belleza exótica, casi femenina, nunca antes vista
en Dír.

-Ríndete, júrame lealtad y vivirás - se limitó a decir el príncipe.

-Nunca lo haré, moriré como una reina.

-Para comenzar, no eres una reina, ese trono que me pertenece más a mí que a ti.
Eres una oportunista y te conviene más estar de mi lado. Como podrás ver está
escaramuza está ganada por mí. Pero si en cambio prefieres morir, puedo
concederte ese derecho... pero no será como a una reina.

Un viento frío comenzó a soplar despeinando a los guerreros y quitando las
capuchas a los elfos. Segundos más tarde no tenía sentido defender nada.

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-Hoarmûrath, he percibido en ti cosas que no me gustan.

- ¿Qué sucede, mi amor?

-Es sobre nuestros poderes... los disfrutas demasiado.

- Muy posible, nunca creí que podría hacer ciertas cosas...

-Al principio eras como un niño que descubre lo que puede lograr con un juguete.
Pero has cambiado, Hoarmûrath, ahora lo disfrutas. Pasas más tiempo con los
ancianos del pueblo que conmigo y sólo para que te enseñen más sobre los
poderes.

-Siempre es bueno conocer las cosas, especialmente si este conocimiento puede
ser útil.

-Es precisamente la utilidad que le puedes dar a ese conocimiento lo que me
preocupa.

La ceremonia no fue ni extensa ni fastuosa. El lugar únicamente fue limpiado al
acabar la batalla. El príncipe de Dír se sentó en el trono de piedra y su
escolta elfica tomó posiciones a su alrededor procurando que nadie se acercase.
Los guerreros se situaron a ambos lados del salón mientras la última de las
matriarcas de Urd se acercó lentamente hasta el trono y se arrodilló. Inclinó su
cabeza y besó la mano de Hoarmûrath tendiéndole la corona de plata. Sin más
preámbulo el príncipe rebelde se convirtió en el primer rey de Urd.
Al día siguiente partieron emisarios hacia todas las tribus controladas por la
anterior matriarca, dentro y fuera de Dír, el mensaje que portaban era muy
simple: O juraban lealtad al nuevo rey de Urd, o estaban en guerra.

- No me gusta la guerra.

- Es algo necesario.

- No me gusta aunque sea necesaria... y ni siquiera veo esa necesidad. ¿Para qué
combaten en una guerra de humanos?, ¿para extender las fronteras de un reino
ajeno?

- Ese también puede ser nuestro reino, Kyelepê. Recuerda que Hoarmûrath es
mortal y no habrá otro que controle todo el terreno conquistado como él. Al
menos, ningún mortal.

- ¡Entonces, pretendes anexar Urd al pueblo de los elfos oscuros!

- ¡Hemos peleado esta guerra más que los humanos, ni siquiera Hoarmûrath habría
llegado a ser el hechicero que ahora es de no haber sido por nosotros!

- La codicia de los humanos te está cegando Atar, He hablado con Hoarmûrath y no
se atiene a razones. Aunque me duela es solo un humano y las ansias de poder lo
rodean pero tú...

- El patriarca piensa de igual modo, ya el consejo se reunió.

- O sea, que le han ofrecido ayuda a Hoarmûrath para después traicionarlo y
quitarle el reino. Tuvieron segundas intensiones desde que apareció por primera
vez. Pues no seré cómplice de este engaño.

- ¡Estás atada a nosotros por un pacto de silencio, un pacto que hiciste cuando
eras una niña...!

- No le diré nada a él, pero tampoco estaré los últimos días de su vida junto a
él sabiendo que yo viviré eternamente y el pueblo que tanto amó lo va a
traicionar en cuanto muera... o se descuide. Me voy.

- Kyelepê... ¿A donde crees que irás?

- Lejos de tu pueblo, a partir de este momento no soy una elfo oscura. Reniego
de mi raza deseando de todo corazón que Hoarmûrath se percate del engaño y los
mate a todos. No intentes detenerme; y si en algo me valorabas cuando yo era una
avari, no se lo digas a él hasta que termine su campaña en el norte del reino.
La pena lo consumiría y eso no creo poder soportarlo.