LOS RECUERDOS DEL OCASO

El ocaso del sol no le agradaba, sin embargo el afable color carmesí le incitaba a recordar. Con cierta añoranza se preguntó a sí mismo, ¿qué le preparaba el cruel destino en ésta encrucijada de amor y deseo?, sintió entonces la cálida hierba entrelazada en sus dedos; deslizó sus manos con delicadeza en aquel prado, rememorando las viejas y las nuevas heridas que tal vez nunca sanarían. Con cada recuerdo de la forma de los labios de aquel y la manera en que ésta esbozaban una débil sonrisa, hacían que se aferrara con más y más fuerza a aquel prado, agarrando ahora con ira, queriendo deshacer el mundo a su alrededor.

Se preguntó ingenuamente si algún día aquellos sentimientos serían correspondidos, más el sutil silencio del viento le respondía. Sabía con resignación que aquellos momentos de paz nunca más volverían, tal vez, porque su consciencia le exigía el análisis de la realidad de manera objetiva; y aun cuando las heridas externas dolieran, pensaba que éstas nunca se asemejarían a sus heridas internas.

Elam odiaba el ocaso, porque en los atardeceres como aquel, Narsus pintaba a su lado y aquella simple acción le alegraba. Pero el pasado le traicionaba y le obligaba odiar a aquel príncipe engreído. Pero aun así, aun con ese pequeño odio en su cuerpo, se preguntaba ¿cuánto más no se odiaba a sí mismo por odiarlo a él?, aunque a menudo pensaba que aquel niño engreído no llegaría tan lejos, sin duda, él había sido capaz de demostrarle a él y a todos que tenía una sagacidad y una fortaleza inquebrantable y, aún con la guerra encima de sus hombros y teniendo tan sólo catorce años supo guiar a un séquito entero hacia la victoria. Era imposible para él no serle leal, y no quería que aquellos sentimientos le devoraran su corazón. Sin embargo, no podía dejar de sentir cierto recelo por alejarlo de la soledad y la infinita felicidad que sentía alado de Narsus, en aquella cabaña hogareña. Pensó que lo que él odiaba realmente de ese príncipe engreído era que le había salvado la vida, además de que sus ideas fueran tan cercanas a la de Narsus y, que sobretodo, Narsus pasara más tiempo con él.

Aun con la dualidad de sus sentimientos no pudo dejar de pensar en la gratitud que sentía hacia Arslan, porque por él aún vivía y aun podía esperar el día en que Narsus y él regresaran juntos a la cabaña.

El sol se comenzaba a consumir entre el horizonte de las montañas, dando lugar al pardo color de la noche. En la retina de Elam posaban las últimas imágenes que el crepúsculo le brindaba a los seres melancólicos como él. No podía evitar que aquellos colores le emocionarán, hasta el punto de sentirse extasiado con la combinación de aquellos. Cerró sus ojos por un instante y recordó como en las mañanas se veía el cielo. En un principio el celeste del cielo irradiaba con su luz a todo ser viviente y las nubes se unían en formas uniformes, dando albedrío a las ensoñaciones, de aquellos cuyas almas están ardientes de explorar las bellezas de la vida. Pero nada se comparaba al paisaje del ocaso. Sólo en ese momento la textura del cielo se fraccionaba y el sol se situaba en medio de dos fronteras siempre divisas; en ese instante el sol se convertía en parte del cielo y de la tierra. El ocaso comenzaba con bellísimos destellos doradas, mientras el tiempo transcurría, el sol poco a poco se agachaba cediendo el paso a la luna y entonces los colores comenzaban a mezclarse, haciendo que los destellos dorados empiecen a menguar, hasta convertirse en un delicado naranja. Las nubes se difuminaban en aquel color. Pero antes de irse, el sol daba su mejor espectáculo torneando de color rojizo todo a su alrededor. Elam poseía para sí aquella imagen y la llevaría en su memoria por siempre.

Nada de aquello hubiera tenido sentido, porque era él, el que le daba sentido a las cosas. Sin embargo todo lo que sentía, todo lo que apreciaba del mundo había sido puesto en él por la clara influencia de su maestro Narsus. Aunque Narsus pintara cuadros inútiles y de poco valor artístico, era capaz de apreciar el arte y explorar todo su esplendor como ninguno. Fue el quien guio sus pasos en la penumbra y le enseño la belleza del mundo. Solo por él comprendía la unión de colores, y podía comprender la belleza que hay en el ocaso, aun cuando el silencio estuviera presente. Narsus le había dado un significado a su vida, o más bien le había dado una vida por quien vivirla.

No es que no sentía miedo al estar en la guerra, el miedo vivía con él constantemente y lo mantenía alerta. Pero la prefería, prefería la guerra que una vida alejado de su maestro.

Un estrépito dolor le recorrió en las rodillas, recordando con horror el momento en que puso su cuerpo para que el príncipe no fuera herido. La ingenuidad de aquel le molestaba, hasta irritarlo, "¿acaso no pensaba? –Se decía a sí mismo–." Rememoró aquel día con nostalgia. En aquel entonces pensó que el príncipe sentía un afecto muy grande por aquel joven, que se iba acrecentando a medida que más se veían; aunque para sorpresa y estupor de todos, aquel joven en realidad era una mujer. De mujer sólo lo llevaba por el género, pensó, porque era tan inútil en los trabajos domésticos, o curar a los heridos. Tal vez lo único recalcable en ella fueran sus agallas para ir a pelear. Lo otro se quedaba corto. De todos modos, Elam debía cumplir con su deber de proteger al príncipe.

Cuando la espada traspasó su cuerpo, el gélido soplo de la muerte paso a su lado, queriendo llevarlo consigo, sólo los penetrantes ojos de Narsus lo reanimaron. Aquel día se sintió dichoso, había visto en aquellos ojos la satisfacción de un trabajo bien cumplido y a él sólo le bastaba aquello para ser feliz.

Pero todo el odio que sintió hacia el príncipe se disipó la noche anterior. Tal vez las circunstancias llegaron a aturdirle. A la mañana siguiente de haber acompañado a Arslan, sintió que todo lo afligía. Estaba tan abatido por los sentimientos del príncipe hacia Daryun que sintió que estaba viviendo su misma historia ante sus ojos, como si la ironía de la vida se burlase de él y le mostrara de forma descarada la realidad.

Su mente estaba carcomida por el temor, el temor de ser rechazado, de ser burlado, ¿podría ser más infeliz que ahora?, Elam vio con melancolía el adiós del ocaso y se levantó de aquel lugar. Aún con el tambaleo de sus piernas no dudo en ir alado de su Señor Narsus. Se preguntó si aquellos ojos lo alabarían de nuevo, con un destello que sólo el pudiera descifrar.

Elam vio de reojo la entrada de la fortificación donde se encontraba Alfreed, aún no se convencía del todo que aquella mujer fuera su competencia, a ratos le irritaba, pero cierta tranquilidad se apoderaba de él cuando Narsus prefería su comida o su compañía. Más bien la veía como una intrusa que no tenía modales. "Pero tal vez –Se dijo indignado–. Ella tenga más oportunidades que yo…".

Alfreed poseía un hermoso cabello color bermellón, pensó que el ocaso tal vez se asemejaría más a ella que a cualquier otra persona, pero aquel pensamiento le repugnó. Viró su cara y ni siquiera le saludó; Alfreed lo miró con desprecio frunciendo su ceño, "Otra vez empiezas con tus gestos infantiles –le dijo, mientras le tomó por el hombro–. No sé cómo Narsus se preocupa tanto por un niño como tú". Elam sintió la frialdad de esas palabras recorrer por su cuerpo, entonces se vio en aquel espejismo, en aquella irónica burla en que la vida lo había sometido.

"Cállate –musitó de manera imperceptible –. No sabes de lo que hablas, Narsus…".

"No me importa que te sucede, pero Narsus ha estado preocupado por ti toda la tarde – Calló un momento–.Deja de ser un niño y no le des más preocupaciones, ve a donde él para que deje de buscarte".

Alfreed se alejó murmurando, Elam no lo entendía, lo más probable es que fueran insultos, aunque no reparó en ello mucho tiempo. Intentó ir lo más rápido que pudo a la habitación de su maestro. Fue tanta su desesperación que al entrar, su voz se sentía sofocada. El aire le faltaba y los bocados que intentaba acoger se desprendían de sus débiles labios al ver la presencia de Narsus.

Narsus se encontraba en frente de él, intentando pintar un cuadro, aunque sus esfuerzos eran totalmente inútiles, los retratos no eran lo suyo, por más que lo hubiera intentado un sinfín de veces. Alzó la mirada para encontrarse con los cálidos ojos del menor. Se preguntó si la razón por la cual no podía pintar el retrato de alguien, era porque lo que realmente deseaba era pintarlo a él.

Deseaba penetrar en sus ojos, desvelar sus más íntimos secretos, hasta alcanzar sus pervertidos pensamientos. Entonces se percató que una sonrisa pícara lo poseía. Elam aún intentaba recobrarse de la sofocación.

"Narsus –Dijo el joven, mientras agachaba la cabeza–. Lo siento mucho, Narsus, sé que estuvo preocupado ésta tarde por mí".

"He desperdiciado tantos materiales para una obra tan inútil – Dijo en voz alta para sí–. Tal vez, nunca pueda hacer una obra de un alto valor artístico. Me falta algo, muy importante…".

Elam lo observó resignado, sabía que cuando su maestro trabajaba, no escuchaba a nadie, excepto que a su alteza Arslan. Narsus había ignorado su presencia y Elam sintió que era nuevamente rechazado por quien amaba.

Intento evitar hacer preguntas innecesarias o comentarios que lo animaran, sabía muy bien que Narsus los odiaba. Más bien se quitó la ropa que llevaba puesta para darse un respiro y evitar que el sudor se penetrara. Llevaba consigo una camisa de lino que le había regalado su maestro. Notó que las botas estaban enlodadas, el prado las había ensuciado y, rápidamente el pensamiento de limpiar la habitación y las botas se presentó. Narsus dejo de pintar por un momento y lo observo detenidamente. No podía evitar sentir deseos al ver aquella espalda diáfana de textura ancha, como si lo incitara a querer pasar su lengua en ella. Elam aún era demasiado inocente para percatarse del deseo que Narsus sentía hacia él. Sabía que le gustaba, pero sus sentimientos aún revestían de pureza.

Elam miró de reojo a Narsus. Su mirada por primera vez estaba fija en él, no sabía que lo había provocado, pero lo había logrado.

Narsus se levantó, y se acercó hacia el menor, inundado por un deseo pecaminoso. Elam sintió muy de cerca el suave respirar del mayor. Narsus no pudo evitar acariciar con la yema de sus dedos la espalda del menor, y con movimientos tiernos se deslizó hasta su cintura. Sus labios fueron poco a poco acercándose a los blanquecinos hombros de Elam. Con aquel toque Elam sintió su corazón estallar, no fue capaz de sobreponerse. El abrupto sonrojo delataba que a él le gustaba. Narsus avanzó más allá de lo que había pensado, recorriendo con su lengua, lentamente el cuello hasta la oreja del menor, y succionando el lóbulo de aquel; haciendo que el débil cuerpo de Elam se tambaleara de placer. Su mano derecha agarro su cintura delgada, y con la otra masajeó sus partes íntimas, hasta que de a poco se fuera endureciendo.

"Narsus… Yo, no sé qué hacer"

"No necesitas hacer algo Elam – Dijo Narsus metiendo su mano dentro del pantalón de aquel–.Sólo disfrútalo".

Elam se encontraba de espaldas, sin poder hacer o decir nada, mientras se dejaba llevar por los deseos de su maestro. Elam gemía de placer mientras Narsus masturbaba su pene sin piedad, acelerando el ritmo y haciendo que leves espasmos interrumpieran sus gemidos.

"¡Algo va salir… de ahí! – Gritó Elam, de manera entrecortada–. Narsus por favor… Quite su mano de ahí".

"No te contengas Elam – Dijo Narsus, mordiendo su cuello con fuerza".

Al sonrojo de Elam se mezclaron las lágrimas. Sus párpados empapados no querían cerrarse, estaban abiertos de par en par. Sus manos alcanzaron sus propios brazos sosteniéndose con fuerza y a la vez temblaban. En realidad, lo que sentía era confusión ante todo lo que había sucedido, como si a una parte de él le hubiera agradado, más la otra tenía miedo de seguir, de que todo acabara después de seguir con aquello. Simplemente odiaba el hecho de pensar, que si las cosas seguían su ritmo natural, Narsus lo abandonaría. Se repetía a sí mismo que no aceptaría ser abandonado por quien amaba.

Las lágrimas del menor cayeron en las manos de Narsus. Una a una, como si cada lágrima fuera una espina que le emitía una sentencia fatal. La culpa lo dominó, estaba consciente que Elam aún no estaba preparado.

Intentó abrazar al menor, aunque éste ante la cercanía de él se alejó.

"Yo lo siento – Dijo –. No debí… Hacer lo que hice"

Elam alzó su mirada solloza hacia el mayor. Las palabras de aquel, le perturbaban más que sus acciones anteriores. Elam abandonó su miedo y rodeó sus brazos alrededor de Narsus. Sabía por dentro que era capaz de superar cualquier temor, siempre que con eso Narsus fuera feliz.

Colocó su cabeza ladeada en el pecho del mayor, escuchando los latidos acelerados de él. Fascinado por descubrir que él hacía latir el corazón de su maestro de esa manera, mencionó: "No importa lo que Narsus me haga, sólo que sea a mí, me haría muy feliz". A Narsus, el estratega que había calculado un sinfín de hechos, no pudo prevenir aquel. Supo entonces que la vida le había demostrado, de nuevo, que sólo los sentimientos no tienen estrategia y, la espontaneidad tenía su encanto. Entonces, manaron las lágrimas al pensar en Elam, al sentir el calor de su cuerpo cerca del suyo, al mirar en sus ojos, y ver en esa cara solloza, el indescriptible sentimiento del amor.


SayoriSakura: Debo disculparme. Sé que la tardanza para este capítulo ha sido eterna, pero hubo circunstancias externas que no pude controlar. Se me unieron los exámenes, un ser querido falleció y, aparte estaba muy desanimada como para seguir escribiendo un tiempo. De todos modos, debo agradecer infinitamente los comentarios de UmiBlueSea, Badachi, StrayHazelrink y Romina. Los cuales me animaron a seguir escribiendo. Sus palabras fueron muy importantes y hermosas, les agradezco infinitamente.

Respondiendo concretamente a Badachi, estoy completamente de acuerdo contigo, el anime no es muy conocido, y casi ni se dio para mucha publicidad. Hasta atreviéndome a aseverar, diría que si no hubiera sido porque el manga es de Hiromu Arakawa, el anime ni hubiera tenido éxito para sacar una segunda temporada. Yo también lo encontré por mis propios medios, fue un poco cómico, pero desde entonces le tengo un gran amor a esta magnífica obra. Con todo, espero el Fandom aumente y tengamos más escritoras de estas Ship. Aunque por ahí veo que intentan hacer canon el ArslanxEtoile. ¡No!, mientras escriba no pasará. Se los prometo jajajaja

También sé que han seguido esta obra por la Ship del Darslan, pero me gusta demasiado, (casi igual a la del Darslan), la pareja de NarsusxElam. Y a petición de Romina quise dedicar este capítulo. Los siguientes, la verdad no sé si abarquen más el NarsusxElam, depende. Díganme si quieren o no que continúe con esta Ship, porque la verdad estoy consciente de que están aquí por el Darslan.

Aunque no puedo prometer que publicaré más seguido, bueno eso se debe a que *^* D. Gray man, me enamoró y le pienso hacer un FanFic, ¿lo han visto?, me pareció demasiado genial, y va salir este año la segunda temporada. En fin, me dedicaré un tiempo a eso. No quiero decir que vaya a dejar botado este FanFic, sólo que tal vez publique cada 3 semanas el capítulo. Con eso si me puedo comprometer.

Bueno, si les ha gustado este capítulo de NarsusxElam, les invitó a leer otro que tengo en FanFiction, que es un one-shot. Aquí les dejo el link, a ver si se animan.

s/11565163/1/El-brillo-de-tus-ojos

¡Gracias por leer! (mi FanFic y mis notas infinitas).