"Es vuestra boca lo que me tiene hipnotizado"
-¡Mamá!- Gritó Alicia mirando hacia el linde del bosque- Son Sarah y papá. ¡Sarah ha traído papá!
Alicia salió corriendo hacia ellos seguida de Angelina, ambas iban llorando. Draco, cuando las vio, corrió a por ellas llorando también y las abrazó como si le fuera la vida en ello. Sarah se quedó a un lado mirando con una sonrisa en la cara, los tres se giraron hacia ella y le abrieron los brazos para que se uniera al abrazo. Los cuatro, abrazados en mitad de la huerta, parecían y se sentían como la familia más unida del mundo.
Cuando Sarah entró en la sala, su felicidad fue interrumpida por la voz cantarina de Pansy.
-Tienes un problema...- Le dijo sin levantar la vista hacia ella.
-¿Qué quieres decir?
No le dio tiempo a decir nada más, la baronesa la empujó haciendo que se sentara en una silla muy asustada.
-¿Como me puedes hacer esto a mí, y a Pansy?
-¿Qué he hecho?- Sarah no entendía el por qué de ese enfado.
-Piensa Sarah, concéntrate- Dijo Pansy con desprecio.
Mediante señas, Rose le hizo saber a Sarah que se trataba del caballo.
-¿El príncipe Oliver nos robó un caballo esta mañana?
-Si.- ¿Cómo no nos avisaste?- Narcisa cambió su cara al girarse hacia Pansy- Por suerte para ti, Pansy hizo una actuación excelente.-Pansy y Narcisa sonrieron más- Ahora dime que es lo que le dijiste, dijo que fuiste convincente, eso puede tener muchos sentidos.
-Lo llamé ladrón- Dijo asustada viendo como Pansy y Narcisa abrían la boca exageradamente- No lo reconocí al principio.
Las caras de Narcisa y Pansy la miraron con pena mientras se reían.
-Sarah, Sarah, Sarah. Pobrecita campesina. Hay que trabajar con ahínco y fijarse más en las cosas.
Sarah solo asentía mirándola aun con miedo hasta que fueron interrumpidas por la entrada de Draco, Angelina y Alicia.
-¿Qué hace él aquí?- Preguntó Pansy con asco.
-Conseguí saldar su... mi deuda señora- Dijo Draco mirando a Narcisa- Me dijeron que podía irme a casa.
-Bien... Ve... A coger un pollo.
Draco salió corriendo seguido de su mujer y su hija, ante la sonrisa de Sarah y una más pequeña y disimulada de Rose.
Mientras, en el castillo, Oliver, seguido de la reina entraba en la sala donde su padre atendía los asuntos del reino.
-No vas a volver a salir. Y es mi última palabra- Gritó el rey, padre de Olver.
-Si, claro padre.
-Te casarás con Hermione en la próxima Luna o recibirás mi más severo castigo.
-¿Y que será padre? ¿Aceite hirviendo o el cepo?- Preguntó Oliver con pesadez.
-Simplemente... Te negaré la corona y viviré para siempre.
-Bien, acepto- Dijo Oliver ansioso- Yo no la quiero.
-Sentaros y callaos los dos- intervino la reina para intentar poner paz- Oliver, se cómo te sientes, pero tú posición acarrea unas obligaciones. El tratado con España es importante, y tu matrimonio con Hermione también lo es.
-Perdonadme madre, pero que yo sepa, el matrimonio con personas desconocidas no ha hecho feliz a ninguno de los presentes.
-¡Oliver, eres el príncipe de Francia!- Gritó el rey.
-Y soy el dueño de mi vida- Dijo Oliver dejando la habitación.
Sarah había salido a coger trufas, pero la tarde era calurosa y había salido con tiempo, además estaba muy cerca de su casa así que decidió ir a darse un baño. Se metió con ropa en el lago y comenzó a nadar. Estaba muy tranquila hasta que una voz la interrumpió.
-Parece que va a llover- Dijo la voz haciendo que abriera los ojos.
Al abrirlos vio a un anciano andando sobre el agua, Sarah pegó un grito del susto que se había llevado. El anciano calló al agua también asustado por el grito de ella.
-Disculpadme jovencita, no era mi intención asustaros, solo estaba probando un nuevo invento.
-¿Un invento?
-Si, con esto se puede andar sobre el agua- Dijo mostrándole los zapatos de madera que había creado.
-Vaya, es increíble. Dejadme que os acompañe a la orilla y os ayude a llevar vuestro invento.
Juntos se acercaron a la orilla, hablando del invento para caminar sobre el agua.
-Señor Da Vinci, os est...- Los ojos de Sarah se encontraron con los de Oliver haciendo que este no acabara la frase- Contés.
Oliver se acercó corriendo a donde estaban ellos y le dio su capa para que se tapara.
-¿Donde está vuestro séquito?
-Decidí darles el día libre.
-¿Un día libre de qué? ¿De la vida?
-Ojala yo pudiera despedir a los míos con la misma facilidad que vos- Dijo ella levantándose.
-No os entiendo, lleváis una vida de noble mientras defendéis los ideales una utópica sociedad.
-Y vos poseéis un montón de tierras y no sentís orgullo al trabajarlas.
-Debo entender que me consideráis un príncipe arrogante.
-Bueno, el otro día liberasteis a un hombre pero ni siquiera reparasteis en el resto.
Sarah comenzó a caminar quitándose la capa de Oliver.
-¿Como lo conseguís?- Dijo Oliver mirándola con admiración.
-¿El qué?
-¿Vivir con tanta pasión?
Sarah sonrió y estaba a punto de responderle pero escuchó la voz de alguien gritando.
-Sarah, vamos a casa es muy tarde- Sarah reconoció la voz de Rose.
-Debo irme, ya se ha hecho muy tarde.
-Pero el viento es perfecto- Dijo Da Vinci con otro aparato en sus manos (una especie de cometa).
-Lo siento pero debo irme.
-Esperad, jugaré a tenis mañana con el marqués de Limòs. ¿Vendréis?
-Debo dejaros- Dijo Sarah corriendo y sin girarse.
Al llegar a casa, Sarah les contó todo a Angelina, Draco y Alicia, todos estaban impresionados por el comportamiento de Sarah.
Esa noche, en el castillo, Oliver estaba en uno de los muchos pasillos de piedra hablando con su madre.
-¿Como dices que se llama, hijo?
-Nicole de Lancrè. ¿La conoces madre?
-Hijo, no conozco a todas las damas que hay en la corte.
-He decidido- Se escuchó la voz de su padre acercarse- dar un baile de máscaras en honor al señor Da Vinci, y ese día haremos oficial tu compromiso. Ese día anunciaremos tu compromiso con la chica que elijas o si no te casarás con la heredera española. ¿De acuerdo?
-¿Y qué hay del tratado?
-Yo me encargaré de España, tú tienes mayor problema.
-Elije bien Oliver, recuerda que el divorcio solo está permitido en Inglaterra.
Al día siguiente, el príncipe jugó su partido de tenis con el marqués de Limòs, cada vez que se iba una pelota fuera y Oliver intentaba darle pero salía del campo las chicas se abalanzaban contra él. Una de la veces, la chica que recogió la pelota fue Pansy, esta le dio la pelota sonriéndole.
-Os veo muy bien Pansy.
-Encantada de que miréis alteza.
Oliver puso una cara extraña, pero continuó con el juego.
Después del partido, Oliver acompañó a Pansy, Narcisa y Rose a su casa, pasando antes por el mercado donde tenían un puesto de verduras.
Mientras ellos se entretenían en otras cosas, Marcus Flint visitaba el puesto de la familia Black.
-Hola Sarah.
-Hola- Respondió ella con desgana.
-Sabes, tengo mucho dinero y si aceptaras mi propuesta podría sacar adelante tu patética granja.
-¿Pasas?- Dijo ella poniéndoselas delante.
-No- respondió indignado Marcus- Esta semana no compraré. Nos vemos Sarah.
Mientras Sarah veía como se alejaba Marcus, Oliver, Pansy, Narcisa y Rose se acercaron al puesto, seguidos de la guardia personal de Oliver. Sarah no se dio cuenta hasta que lo tuvo delante, y para que no la reconociera lanzó una gallina prácticamente a su cara y salió corriendo antes de que nadie se diera cuenta de que ella había estado allí.
Cuando Oliver apartó la gallina, miró buscando a la responsable, pero no la halló.
-¿Solo estabais vosotras dos?- Les preguntó a Angelina y a Alicia.
-Si mi señor- Respondió Angelina.
-Y la gallina.
Sarah estaba paseando con Fred por unos campos cercanos a su casa porque su madrastra y sus hijas se habían ido a la iglesia. Sarah encontró el aparato volador de Da Vinci con una nota:
"Querida Contés de Lancrè,
espero que encontréis esto porque es un regalo para vos. Espero que os guste y lo disfrutéis.
Vuestro amigo,
Leonardo Da Vinci"
Sarah acompañó a Fred hasta el sitio donde él quería pintar mientras Sarah hacía volar aquel artefacto cerca de una enorme pila de paja. Cuando escucharon acercarse unos caballos, Sarah vio que se trataba del príncipe Oliver y su séquito por lo que se escondió detrás de la paja.
-Tú muchacho.
Fred se puso en pie de inmediato.
-¿De dónde has sacado ese artefacto?- Dicho eso Sarah lo soltó en el acto por miedo a que la viera.
-Es un regalo del señor Da Vinci a la Contés de Lancrè.
-La Contés de Lancrè... ¿Sabes donde vive?
-Se aloja con una prima, la baroncesa Narcisa Black de Guen.
-Vaya, eso es un problema.
-Pero sé que ahora mismo está ella sola, allí, sin nadie.
-Gracias muchacho, y bonita pintura.
Oliver y su guardia se alejaron por el camino y Sarah salió corriendo a por Fred.
-Asquerosa alimaña. Era el príncipe Oliver.
-Dijo que le gusta mi pintura- Fred estaba sonriente.
-Y ahora se dirige hacia mi casa.
-Pues deberías apresurarte- respondió Fred.
Sarah salió corriendo en dirección a su casa, cuando llegó llamó rápidamente a Angelina y Alicia que la ayudaron a arreglarse antes de que llamaran a la puerta. Ella abrió y se encontró con Oliver.
-Contés, me alegro de veros.
-Es un placer alteza.
-Nos dirigíamos a un monasterio para visitar su biblioteca y había pensado que ya que os gusta tanto leer podríais acompañarme.
-Será un placer.
Marcharon en un carruaje hasta el monasterio y cuando Sarah vio la biblioteca no pudo evitar sonreir.
-Dios mío, esto es increíble. Mi padre adoraba la palabra escrita. Le encantaba leer.
-Vaya, me gustaría conocerle.
-Murió a mis ocho años, Utopía fue el último libro que dejó en mis manos.
-Eso explica porque lo citáis.
-Os parecerá absurdo pero cambiaría todos los libros del mundo por escuchar su voz una sola vez más.
Oliver, al escucharla hablar empezó a bajar las escaleras haciendo que Sarah creyera que había dicho algo malo.
-Señor, ¿he dicho algo malo? Siento si lo que he dicho os ha molestado.
-No, por favor. Es solo que habláis y me hace sentir miserable. Tenéis más convicción en un recuerdo que yo en mi propio ser.
-Lo siento, mi boca ha vuelto a traicionarme otra vez.
-No, mi señora, es vuestra boca lo que me tiene hipnotizado-Dijo Sarah acariciando su mejilla.
