Capítulo 3: Forbidden Reencounters
"That woe is me, poor child for thee, bye-bye, lully-lulley".
— Por cierto ¿Cómo supiste de mi estado?
— Pues, tú padre me pidió el favor que viniera. Dijo que tal vez te sentirías mejor si yo estaría contigo —El joven príncipe se sonrojó.
— Muchísimas gracias, Hermione. No me he sentido nada bien desde que llegué a Slytherin.
— Está bien, Harry, somos amigos ¿o no? Aunque no tengamos más de una semana de conocernos, siento que te quiero mucho —Le sonrió acariciándole los cabellos.
— Y yo también, Herm, y yo también.
— ¿No tienes idea de qué te sucede? —El ojiverde suspiró, negando. Se sentía frustrado al no poder encontrar una respuesta lógica a todo aquello. Él siempre lograba descifrar todo sin molestar a nadie, ya no quería seguir preocupando a todos, especialmente a su padre quién en estos momentos estaba ocupado en otros menesteres más importantes que su persona.
— No…, la verdad es que…
— ¿Qué? —Le presionó—. Vamos Harry no me voy a ir de boca floja con nadie.
— Me podrían decapitar por soltar lo que mis labios quieren decir, Herm…
— ¡Por Merlín habla de una buena vez Riddle! Me tienes los nervios crispados.
— Es que, cada vez que el Rey de Hogwarts merodea cerca de mí, empiezo a sentirme enfermo, terriblemente mal…, mi cabeza parece quebrarse en dos, y mi magia a descontrolarse. Hermy, mi magia no puede descontrolarse…, eso es un acto muy imprudente y…, y ya he hecho bastante daño por ello —Le confesó con arrepentimiento—. Además, ya bastante tiene mi padre como para darle otro dolor de cabeza. Porque eso es lo único que he sido, un constante dolor de cabeza.
— Shhh, no digas eso… a mí me parece que su alteza te ama mucho, Harry.
— Él es lo único que tengo en la vida… si mi padre se muere, yo ya no quiero seguir viviendo, Herm.
— Tu padre no morirá, por Morgana, aún está joven y brioso. No tienes que preocuparte por eso. Eh… disculpa mi atrevimiento, pero ¿Por casualidad irás al septuagésimo aniversario de su Alteza Real?
— Sí. Desgraciadamente, papá hizo todo lo que pudo para evitar que fuera, pero, en la invitación postulaba mi nombre. Así que no puedo hacer nada, sólo de pensarlo, tiemblo; no quiero estar cerca de ese señor, me dan escalofríos sus ojos rojos —Se abrazó a si mismo—. Le tengo una fobia terrible, y no tengo ni la menor idea de por qué despierta esos sentimientos en mí. Como me mira, es como si me desnudara hasta el alma, como si supiera cada cosa que siento, pienso, cada movimiento que doy. No me lo saco ni en sueños. Estoy destrozado —Gimió en el mismo tono desconsolado, encogiéndose más en sí mismo.
— Caray… ¿le has dicho a alguien eso? —Murmuró chocada. El chico negó—. Bueno, está bien, yo no soy nadie para decirte que hacer.
— ¿Quieres ser mi pareja en el baile? —Preguntó en un susurro quedo. La muchacha se sonrojó, aún más de lo que estaba Harry.
— ¿Por qué no me lo dijiste hace dos días, Harry? —Le pegó en el brazo—. Así me libraba de Zabini.
— ¿Quién?
— El mejor amigo de Draco Malfoy. No es que sea un mal chico, cuando menos no es un maldito bastardo como Draco, pero, es tan… ¿Cómo decirlo?
— ¿Liberal? ¿Loco? ¿Maniático? ¿Introvertido? ¿Poca cosa?
— Liberal. Gracias.
— De nada —Convenció frotándose, mientras miraba por la ventana—. ¿Qué en este sitio nunca hace calor?
— La temperatura más alta que se ha registrado hasta ahora en Slytherin ha sido de 16 grados centígrados. Del resto, oscila entre los 0 y 10 grados en los veranos más calientes, y, en los inviernos, -30 grados ha sido la helada más fría de ésta cuidad.
— Moriré joven si vivo mucho tiempo aquí.
— En Gryffindor todo es más cálido y más acogedor…
— ¿Por qué no estás en Gryffindor? Digo, eres la Baronesa de ese lugar ¿no? Perdón, no quise disturbarte —Pidió al ver como la mirada, usualmente con esa chispa de vida, se apagaba.
— Cuando los reyes de Gryffindor desaparecieron. Mis padres el Barón y la Baronesa-Madre de Gryffindor, decidieron que Slytherin era el lugar más seguro para mí. A ellos no les agrada para nada Su Alteza Imperial, pero, no pueden hacer mucho, no poseen magia, por una maldición de una Gran Hechicera.
— ¿Y tú? —Preguntó sin poder contenerse.
— Yo pasé la prueba que logró que mi familia fuera perdonada recuperando mi magia, el honor de la familia y la sucesión de la magia en las generaciones venideras.
— Ya veo. Eres genial, Herm.
— No hice nada genial…
— ¡Pero cómo dices! Salvaste a toda tu familia.
— Hice lo que alguien con moral haría, no caer en la codicia… —Al ver la cara confundida se apresuró a explicar, con su mala manía de sabelotodo—. Te explico. La prueba fue una noche, en la que me perdí, fue horrible, no sabía si estaba en un sueño o en la realidad. Llegué a una cueva y me quedé dormida. Cuando desperté aún era de noche, alguien se apareció frente a mí y me dijo que estaba allí para ofrecerme todo el poder que yo quisiera. Me haría la persona más poderosa de todo el planeta. Lo tendría todo, belleza, poder inigualable, todos me amarían. Sólo había una condición, no debía hablar de quién me había concedido tal gracia, Jamás, y nunca. Y tampoco podría enamorarme porque de ser así, algo terrible sucedería.
» Yo no podía creerlo, mi primera opción fue aceptar, quería devolverle a mis padres su magia, quería retribuirle todo lo que ellos habían hecho por mí. Pero, luego, a mí cabeza llegó que no podría enamorarme, y eso me pareció muy triste, ¿De qué sirve todo el poder del mundo si no lo podía compartir con nadie? Si tendría que estar sola para toda la vida. Sólo le di una sonrisa y le dije que no, le agradecí y me fui de allí… A la semana, pude usar magia por primera vez, lo recuerdo perfectamente —Le dijo, con la mirada soñadora, haciendo que Harry sonriera tiernamente al verla así—. Fue tan bello poder utilizar magia. En sueños apareció la hechicera y me explicó todo…
— Eso ha sido magnífico. Y cómo dice el Archiduque de Salem: "Otra anécdota que contar a los nietos".
— Me intriga ese hombre. Ojalá tenga la oportunidad de conocerle, parece ser alguien que puede enseñar mucho. ¿Ha sido tu tutor?
— No… mi tutor fue una persona un tanto especial, que me odia y me desprecia con toda su alma…
— ¿Quién?
— Severus Snape.
— ¿Has dicho "Snape"?
— ¿Dije algo malo?
— Severus Tobías Snape es el Barón de Slytherin…, pero, desapareció un poco antes de que el Delfín de Gryffindor… —Dubitó, no sabía si soltar eso.
— Muriera. Estoy enterado de la historia. Pero ¿Puede ser otro Severus Snape, no? Total, yo no soy el único Harry Riddle de este mundo, ni tú la única Hermione Granger… —La mujer asintió estando totalmente de acuerdo.
— Se decía que El Barón estaba enamorado de la archiduquesa de Endalia, Lilianne Evans de Potter, heredera al trono de Endalia, actual Reina de Gryffindor… y que, bueno, cuando éste se enteró que la archiduquesa, su posible futura esposa, se había enamorado de Su Majestad el Rey de Gryffindor. Se volvió loco, nadie sabe exactamente que hizo, pero, antes de los trágicos sucesos, desapareció sin dejar rastro. Se rumorea que él, es uno de los principales culpables de la muerte del Delfín.
— Yo he estado en Endalia. Es un lugar horrible. Sus reyes son unas bestias. Y el Príncipe heredero de Endalia es un cerdo… —Explicó arrugando la nariz en señal de desagrado.
— Petunia Evans, Princesa de Endalia, fue coronada como Reina luego de la inminente desaparición de su hermana y la casual muerte de sus padres. Se casó con Vernon Dursley, Señor de Brutus… No he salido jamás de Hogwarts… pero… si lo que se dice es cierto, no quiero ni siquiera pensar en eso.
— No me digas, Los juglares te han metido en aprietos.
— Bueno… sí, algo… ¿Sabes? Yo sé la cantata prohibida —Le susurró en el oído.
— ¿Cómo? —Hermione se apretó más la falda.
— ¿No sabes? —Gimió muy bajito—. Harry, deberíamos dejarlo. Si alguien nos escucha…
— Ya no importará nada, porque mi papá me torturará hasta que no sepa ni como me llamo por haberle desobedecido… ¿Sabes? Voldemort…
— ¡No digas su nombre! —Chilló asustada.
— Perdón, perdón, El Rey pidió a mi padre quedarse lo que durara su estadía, luego del baile, en palacio.
— ¿No irá a aceptar o sí? Harry, yo pensé que estábamos en constante guerra con Ipswitch antes de conocerte.
— No es del todo mentira. Papá siente antipatía ante ese señor, pero, no pudo encontrar una excusa válida para evadir la invitación… Ahora que lo pienso. El Archiduque de Salem salió de viaje justo después de que papá recibiera la carta.
1
— Esto no me entra Winky —Se quejó el moreno, mientras la elfa subida en un taburete le ayudaba a vestirse.
— Por el Amor a la Diosa, Amo Harry, no sea melindre, no quiero que su padre le regañe estando en ese estado.
— Pero, ¡Auch! Me torturan…. —La puerta sonó y a los pocos segundos después, sin esperar contestación, entró su padre, quién se quedó en el marco de la puerta, con una ceja alzada—. Hay, Hay, esto no me queda —Dijo llorando—. No Winky, para, para…
— Vamos, amito que luego llega su padre y se molesta…
— Ya estoy aquí —Sobra decir que los otros dos pegaron el brinco, sintiendo como sus corazones se aceleraban—. Hace media hora que debías estar listo. Pero hace media hora exactamente que llegaste colándote como serpiente por quién sabe dónde. Dame acá —Le dijo arrebatándole la prenda de las manos a la elfa y colocándoselo él mismo a su hijo—. Harry, deberías enterarte de la edad que tienes. Ya no eres un crío de cinco años que puede andar haciendo lo que le venga en gana.
— No fue mi culpa, una nevada me retuvo en casa de la Baronesa… ¡En este maldito lugar lo único que hace es nevar! —Su padre le pegó en la boca de nuevo, y le miró penetrante—. Au —Se quejó.
— Termina de vestirte, que no podemos llegar tarde… —Fue lo único que declaró con voz neutra.
Observó a su padre irse. Miró embelezado su andar elegante, esa forma de demostrar orgullo caminando totalmente erguido sin exagerar sus movimientos. Como toda clase de ropa que se colocaba le sentaba bien, ese hombre destilaba poder, jamás cometía una imprudencia, siempre estaba impoluto, siempre sabía que hacer en el momento correcto. A pesar de ser conocido por su austeridad, siempre había sido preocupado por los suyos, protegiéndoles más allá de lo imposible.
Se dejó caer frustrado en el piso, y dejó que sus dos manos sostuvieran su barbilla.
— ¿Amo Harry? —Llamó Winky preocupada.
— ¿Qué sucede, Nana? —Preguntó espichado.
— ¿Qué te sucede a ti, pequeño niño? —Le devolvió acunándole en sus huesudos y pequeños brazos.
— No importa cuanto lo intente, nana, yo jamás daré la talla para ser el Rey de Ipswitch, decepcionando así a mi Padre.
— Será el mejor Rey que ha tenido el gran Ipswitch, pequeño Príncipe. No lo dudes, jamás dudes de eso. La gente de tu pueblo de adora. Eres su pequeño niño dorado.
— Ellos sólo ven, esperanzas fútiles en alguien mentalmente desestabilizado buscando aceptación en un mundo de lobos…
— Sí, tal vez, pero, si no termino de vestirte, te quedarás castigado muriéndote de aburrimiento en esta casa hasta que tu padre diga lo contrario o una desgracia mayor amerite su cancelación.
— Hay joder…, siempre ando castigado, y siempre es el mismo castigo, yo no sirvo para andar recluido.
2
Miró por los refilones de la pared. Esa situación hacía Dèja Vu en su cabeza… suspiró aliviado al no avistar a nadie, le daba corte que le vieran con esa ropa, salió de su escondite sacudiéndose un poco, y se agarró por costumbre del pasamanos de la escalinata principal. Se miró. Como siempre, no dejando ninguna duda de su estatus, estaba vestido de verde oscuro, tan oscuro que si la luz no daba se frente se pensaría que era negro. Su túnica estaba a poco de arrastrarle, sus zapatos negros lustrados brillaban, su camisa blanca, terminando en sus puños con unos gemelos de oro blanco en forma de Dragón enrollado.
Toda la gente que lo veía vestido con su ropa Real, comentaba que le daba un aura de misterio y que sus ojos destrozaban, diciendo lo contrario, un ángel. Él siempre pensaba que exageraban. Él sólo veía a un adolescente flacuchento y debilucho. Decidió bajar con cuidado las escaleras para no volcarse vergonzosamente como ya le había pasado anteriormente en clases de etiqueta, debido a la ropa extremadamente pesada gracias al grueso terciopelo de su capa y túnica.
Sí… Dèja Vu…
— Príncipe Riddle.
— Hola Draco —Saludó importándole ya un bledo que el chico no le gustara ser tratado con tanta familiaridad.
— Ya era hora que nos honrara con su presencia, alteza —Soltó irónico, iba a seguir cuando el joven perdió el cuidado que tenía al bajar, echándose a la mansalva, sólo quería irle a reclamar al rubio su atrevimiento, pero, como siempre sucedía, perdió el control, resbaló y—. Salvado por la campana —Ser burló descaradamente, atrapándole en sus brazos, y evitando así que cayera.
— Suéltame —Le ordenó sumamente sonrojado. ¡Maldita capa de mierda que siempre le hacía caer! La última vez había rodado veinte escalones, ganándose la carcajada de Lockheart… un estúpido maricón de cabellos amarillos que lo único que hacía era regodearse de una fama que no le pertenecía, pero, a quién su padre había contratado para entrenarle en modales y etiqueta.
— Está bien, está bien —Aceptó con sonrisa diáfana, era la primera vez que el Príncipe de Ipswitch lo escuchaba reírse sin malicia.
— No, no, no me sueltes —Apuntó turbado, sintiendo como aún estaba enredado con sus ropajes, se agarró más del cuello del albino, casi logrando que cayeran al piso.
— Harry… No has ni siquiera pisado calle y ya estás desarreglándote —Al oír que terceros llegaban a destruir su aura armónica, al tratar de acomodarse no hicieron más que caer. El ojiverde encima de Draco, quedando en una posición que, de ser vista por otros ojos, se consideraría comprometedora y los habría metido en líos—. Serás patoso… —Dijo su padre resignado—. Gracias por servir de colchón a mi hijo, Joven Draco.
— Un placer ser utilizado como soporte de tan bello ángel, señor —Harry se levantó abochornado, tratando de recuperar algo de su orgullo, pero, el único ser que podía destrozarlo, se había unido en su contra para abochornarle. El Duque de Slytherin se puso de pie, y con porte de caballero, se llevó una mano a la espalda, luego de arreglarse sus ropajes, su diestra fue ofrecida al ojiverde, con una pequeña reverencia agregó—. Me preguntaba, si no es mucho mi atrevimiento: Mi Príncipe, si queríais, ser mi pareja en el baile de esta noche —Las orejas de Harry fueron parecían estallar de lo rojas que estaban. Su padre sonrió al ver como se las tocaba nervioso.
— Ergh… bueno, está bien… —Aceptó entrecortado. ¿En dónde había quedado toda la valentía de la que la gente tanto hablaba?
— Su Alteza…
— Oh, Andrómeda ya estás aquí —La mujer de exuberante belleza castaña, se acercó al Rey, en una educada reverencia, levantando un poco su vestido, y colocando sus dedos índice y medio en su barbilla mientras descendía—. Tan bella como siempre.
— ¡Tía Mea! —Dijo Harry eufórico yendo a saludar a una de sus personas favoritas en el mundo—. ¿Cómo está Tonks?
— Muy bien, Mi pequeño, extrañándote. Nymphandora me ha mandado sus más sinceros recuerdos, y dice que regreses pronto, se aburre sin tu presencia en palacio.
— ¿Vienes al baile? —La mujer asintió coqueta—. He venido ha serle de consorte a tu padre, por esta noche.
— ¡Genial! —Su padre carraspeó para que le prestaran atención.
— Ya hablarán, ahora, es tiempo de irnos o no llegaremos con bien.
— Sí, padre.
— Andrómeda —Nombró Tom, cediéndole su brazo como todo un caballero. La mujer sonrió, abriendo su abanico y tomando el miembro ofrecido.
— Has eso de nuevo y te mostraré que tan mujer puedo parecer —Advirtió con voz ardida el moreno ojiverde. El rubio sólo ahondó su sonrisa—. ¡Y no me mires con esa cara de sádico! Joder, y ya vámonos, que nos dejan…
3
Un bastón resonó tres veces en el piso.
— El Rey de Ipswitch, Thomas y La Marquesa Black de Ipswitch —Éstos al terminar de ser anunciados, pasaron con tranquilidad para bajar despacio la larga escalinata que daba al gran salón, decorado en mármol blanco y dorado—. El Duque Malfoy de Slytherin y El Delfín de Ipswitch.
— Si te sostienes de mí, no caerás, te lo prometo —Le dijo al ver como Harry observaba no muy convencido las escaleras de apariencia infinitas desde allí.
Como había prometido el ojigris, habían salvado los escalones sin vergüenza alguna, al tocar el piso de mármol, dos criadas, en una reverencia habían pedido sus capaz, guantes e indumentos sobrantes, que no serían más que un estorbo en la velada.
Harry le entregó la última prenda, que era el guante de su mano derecha, agradeció y haciendo una reverencia, lo que causó alboroto entre las jóvenes que no estaban acostumbradas a tal cortesía, se alejaron en busca de potenciales conocidos o de algo que hacer.
— Estás hermoso esta noche —Escuchó como le elogiaba su pareja de baile.
— Gracias, lamento no devolverte el cumplido…, mi padre dice que soy demasiado elocuente para estas cosas. Pero, también estás bien.
— ¡Harry!
— ¡Herm! —Se abrazaron lo más disimulado posible, a pesar de no evitar la euforia.
— Hey Dragón.
— Hola Blaise.
— Así que te conseguiste de pareja al principito. Tienes una suerte, cabrón —Dijo el chico de color, con sus ojos almendrados casi verdosos, brillando traviesos.
— Blaise —Siseó el joven Duque—. Compórtate…
— Aish… no me acordaba de tu antipatía…
— Calla, idiota.
Draco observó perdido como el príncipe sonreía y asentía de muy buen humor, a su amiga. Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando su amigo le colocó una mano en el pecho, haciendo la mímica de un disparo.
— ¡Bam, vaquero! Eros ha venido a por ti.
— No seas ridículo, Blaise.
— Se te salen los ojos con el angelito que tiene por príncipe, Ipswitch, mi querido amigo —Al ver las negativas rotundas del Duque, Zabini ensanchó más su sonrisa—. Entonces, lo invitaré a bailar, y quién sabe, tal vez hasta termine en mi cama —El brillo que hizo que el ojiverde se sintiera en peligro, cruzar la mirada de Draco, fue suficiente para confirmar su teoría—. Draco…, te conozco desde que tu madre y la mía estaban embarazadas. Nunca me dejas más opción que amenazarte.
— ¿Habré dicho yo algo? Has lo que quieras…
— Ujú… y al siguiente día amanezco muerto en mi cama sin razón aparente. Siéntelo Dray… ese chico tiene el aura más pura que he podido conocer hasta ahora. Te apuesto mi colección de broches que ni siquiera le han besado —El rubio carraspeó ante las insinuaciones de su amigo.
— Calla, idiota. Estás hablando del futuro Monarca de uno de los Reinos más poderosos del mundo. ¿Qué buscas? ¿Qué te corten la lengua?
— Pues, si lo hace el morenazo de ojos verdes, no me quejo —Lo que recibió por el atrevido comentario fue un golpe en su brazo—. Y el Rey tampoco está nada mal.
— ¡Blaise Belial Zabini! ¡Por Merlín! Calla, calla, mantén tu lengua en la boca.
— Que aguafiestas eres. ¿No me vas a decir que no has mirado de refilón para mirarle el trasero respingón al padre o al hijo?
— Dulce Morgana ¿De dónde sacaste a éste bicho? —Se preguntó con una mano en la cara, negando con sufrimiento.
— Bah… aburrido. El ver no hace daño. ¡Querida Hermione! Mi preciosa Baronesa de Gryffindor, sería el caballero más feliz si me concediera un baile.
— Oh, Marques Zabini, me asustó.
— Lamento haberla exaltado, Milady. ¿Me concede entonces esta pieza?
— Con su permiso su Alteza —Se despidió formal de Harry.
— Bien pueda, Baronesa. Hasta luego, ¿Señor…?
— Blaise, Blaise Zabini, Marques de Slytherin.
— Está bien, señor Zabini.
— Oh, por favor, Blaise está bien, para mí Su Alteza.
— Harry está bien, Blaise.
— Hasta luego, guapo —Dijo desapareciendo, guiñándole un ojo.
— Su Alteza.
— ¿Qué sucede, Draco? Y por la Diosa, ¿te es mucha molestia cuando menos cuando estemos solos, llamarme por mi nombre?
— Lo siento, Harry. La costumbre. ¿Deseas bailar?
— Ahm… piso —Le susurró.
— Ya solventaremos ese pequeño inconveniente.
4
— Voy a ser muy descortés con mi pregunta, pero ¿qué hace tanto viendo a mi hijo? —Preguntó mosqueado el Rey de Ipswitch ante la insistente mirada de Voldemort sobre su pequeño.
— Me deleito con la visión de tu primogénito ¿O es un pecado observar? —Preguntó, sin dejar de mirar descaradamente, al chico bailar con Malfoy júnior. Se le veía radiante…, una gema que brillaba entre toda la perfidia que era la corte de Hogwarts.
— Escúchame Voldemort, estoy aquí en concesión sin saber exactamente porque razón me has invitado, pero, llégale a rozar un solo cabello a Harry, y habrás convertido nuestra guerra fría, en algo personal.
— Tocar algo tan bello no está dentro de mis planes inmediatos, Tom. Harry es una delicada flor entre tanto bodrio, dañar las pocas bellezas que tiene este mundo, no sería correcto y del por qué estás aquí. Sólo he querido sanar nuestras adversidades del pasado.
— Y aparte de todo me ves cara de estúpido.
— ¿Me concedes esta pieza? —Preguntó ofreciendo su mano derecha.
— Estoy hablando en serio.
— Lo sé mi estimado Rey, yo también hablo en serio. En realidad, no se me conoce por mi sentido del humor —Le recordó tomándole del brazo, mientras comenzaba el Grand Valse de Chopin.
— Ni te atrevas a darme una vuelta como si fuera mujer —Advirtió muy molesto Thomas, para la diversión insana de Voldemort.
— ¿Qué te sucede, Harry?
— Mi cicatriz.
— Hay no.
— Hay sí —Sollozó, deteniéndose momentáneamente.
— ¿Estás bien?
— Si lo que me estás preguntando es que si me voy a desmayar, no aún no… —Ese Vals terminó y los dos reverenciaron, Draco pensando en como sacar a Harry a los jardines sin armar escándalo y el moreno concentrándose en su respiración para evitar pensar en otra cosa. Sintió una mano en su hombro que le hizo encorvarse.
— Príncipe Harry ¿Me permite esta pieza? —Preguntó Voldemort muy cerca de su oreja. Thomas observó con alerta, listo para ir a declararle la guerra, por tal descaro, sin embargo, estaba rodeado por un montón de ilusas que querían bailar con él.
— Quitaos de mi pareja, Arpías…
— Gracias —Le dijo realmente aliviado a Andrómeda.
— Por fin eres mío por una noche y unas condenadas viejas vienen a quitarme el puesto. Que les den…
— Perdón —Se disculpó una mujer con un tono de voz distorsionado.
— Sin cuidado —Dijo frunciendo el ceño. Ese cabello negro azulado sólo lo había visto una vez en su vida, pero eso era imposible.
— Debo ir a salvar a Harry y no tengo ni la menor idea de cómo rescatar a mi hijo.
— Sólo estaba bailando con el Rey, Thomas. Es normal, ya sé que pateas a todo individuo que tenga ganas de más que terciar unas palabras con Harry, pero, no lo veo conveniente, esta vez.
— No lo digo por eso. ¿Y estás insinuando que sobreprotejo a Harry?
— Sobreproteger se queda corto, Mi querido Rey. Has alejado de la peor manera a todos los seres humanos de tu hijo. Especialmente aquellos que desean probar los labios de éste. Aunque, actualmente hay otro buitre merodeándole.
— ¿Ajá?
— El pequeño Malfoy, no le veo indiferente.
— Calla, no me digas más. Y el jovencito no ha mostrado nada de lo que hablas por Harry.
— Ojos ciegos…bah, mejor para Harry. Creo que también le gusta. Pero ¿Qué sucede con el Rey de Hogwarts?
— Parece que Harry se ve afectado de alguna manera al estar cerca de Él.
— Demonios, ¿ese niño no puede simplemente vivir en paz?
5
— Su Alteza, necesito detenerme, ya no puedo más —Jadeó el príncipe casi desmayándose en sus brazos. El bastón que anunciaba a los recién llegados volvió a sonar, sorprendiéndoles a todos.
— James Potter Rey de Gryffindor y Lilianne Evans de Potter Reina de Gryffindor —Anunció estupefacto cuando el joven rey se presentó al no postular en la lista.
— ¡James! —Gritó ahogado la mujer, que anteriormente había tropezado a Andrómeda.
— Sirius, no —Le sostuvo su hermano—. Rayos… ¿Cómo es que reaparecen de la nada ahora?
TBC
