Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en francés Il fallait bien ça

Autora: labulle

Hacía falta todo eso

Capítulo 4 – ¿Cómo puede pasar algo así?

A pesar de los aurores haciendo guardia abajo no podía refrenar el deseo de salir a merodear. En ese momento Ron empezó a gimotear en sueños pronunciando a cada segundo el nombre de Hermione, era algo que se había vuelto harto frecuente durante la noche. No iba a poder soportarlo, prefería tener que enfrentar las iras de Stanislas.

Se levantó y rebuscó en su baúl. Se puso un encantamiento de mimetismo y se cubrió con el manto. Dumbledore le había pedido que no lo trajera para que no se viera tentado a usarlo para esquivar a los aurores, pero Harry no le había hecho caso y se había dado maña para esconderlo entre las ropas cuando Stanislas le había revisado el equipaje.

Ahora iba a tener que ingeniárselas para pasar por delante de los dos aurores sin que lo advirtieran. Como lo había sospechado, Stanislas marchaba de un lado a otro de la sala común. Iba a tener que desplazarse con cuidado hasta la puerta sin chocárselo.

Bajó y cruzó la sala sin hacer ningún ruido, por suerte el piso estaba alfombrado. Pudo llegar hasta el retrato de la señora gorda sin inconvenientes. La mitad del trabajo estaba completa. Ahora tenía que salir, rogaba que Tom estuviera dormido. Lo cual no sería nada raro considerando como había roncado en el tren.

Con mucho cuidado abrió la puerta, pero no pudo evitar que diera un chasquido sordo. Al parecer Stanislas lo había oído porque de golpe se había detenido. Harry esperó sin moverse, gotas de sudor le perlaban la frente. Luego de uno momento Stanislas retomó su marcha de un lado al otro. Espió el exterior, Tom estaba sentado en el suelo, apoyado contra la pared y durmiendo como un bendito.

Con mucha prevención salió lentamente, la señora gorda no se despertó. Se alejó por el corredor rápidamente hasta alcanzar el primer recodo. Allí se detuvo un instante para recuperar el aliento y para calmar la tensión. Partió luego por los corredores, tomó sus atajos preferidos, disfrutando de una libertad que extrañaba desde el día de su último cumpleaños. Se detuvo delante de un gran ventanal que daba sobre el parque y se quedó unos minutos disfrutando de la vista. Fue entonces que vio una silueta que abandonaba el lechucero y marchaba de retorno al castillo. No podía distinguirla bien, podía tratarse de uno de los aurores que hacían guardia en el exterior. Dirigió en ese momento la mirada hacia el lago y cuando volvió a mirar, la silueta ya había desaparecido. Probablemente había entrado en el castillo.

Se quedó un rato más junto a la ventana y le empezó a entrar sueño, iba a tener que emprender el regreso. Fue entonces que escuchó pasos que se aproximaban.

¡Era Draco Malfoy! Era él la silueta que había visto salir del lechucero. Sin que mediara ninguna razón y siguiendo un impulso se sacó el manto.

–¡Potter! ¿Qué carajo hacés acá? ¡Casi me mataste del susto! –exclamó Draco sin ocultar su enfado.

–¿Y vos, qué hacés tan lejos de los subsuelos?

Draco lo miró un instante decidiendo si se iba a dignar a contestarle o no. Finalmente dijo: –Potty, ¿no sabías que los prefectos pueden optar si así lo desean por tener un cuarto privado? Quizá tu amiguita no haga uso de ese privilegio, pero no es mi caso.

Dicho eso, abrió la puerta frente a la cual estaba y se dispuso a entrar.

–¿Qué hacías en el lechucero en medio de la noche? ¿Le mandaste una carta a tu padre? – dijo Harry aproximándosele.

Draco se dio vuelta al instante y lo apuntó con la varita.

–¡Cortala, Potter! Vos no sabés nada de mí ni de mi padre. Más te vale que te vayas ya antes de que te ataque con una Imperdonable, Merlín sabe que ganas no me faltan.

–¿Y a qué estás esperando? –susurró Harry desafiante y se le acercó hasta casi pegársele.

Draco frunció el ceño, retrocedió un poco y no acertó a decir nada.

Harry no comprendía qué le estaba pasando, las sensaciones que de golpe lo inundaban; así tan cerca de Malfoy, el corazón se le había acelerado y la sangre parecía hervirle en la venas. Un ansia impetuosa se apoderó de él y se lanzó sobre Malfoy buscándole los labios con voracidad.

Una ola pareció cubrirlos y Draco respondió con frenesí al beso. Harry lo empujó dentro de la habitación y luego sobre la cama y empezó a desvestirse a toda prisa. Draco hizo otro tanto, arrancándose la camisa para sacársela lo más pronto posible.

Mitad desnudo, Harry se le echó encima atacándole la boca ávida que lo mordía deseosa, las lenguas combatían encarnizadas con rudeza. Draco lo empujó al costado para rodar encima de él, los cuerpos parecieron adherirse y comenzaron a frotarse a la altura de las caderas. Harry gemía de deleite y le apretaba la espalda tratando de aproximarlo al máximo a su cuerpo tembloroso. Draco le mordió la clavícula, le desabotonó el pantalón y se lo sacó con un solo movimiento. Luego se sacó también el suyo observado por lo ojos afiebrados de Harry. Una vez libres de la ropa volvieron a juntarse fogosos como buscando en el otro el oxígeno que necesitaban. Todo se desarrollaba precipitadamente, como si hubieran estado esperando ese momento desde hacía mucho tiempo, como dos amantes que se reencontraran después de una larga ausencia.

Las vergas endurecidas se frotaban una contra la otra, provocándoles potentes ondas placenteras, se las asieron mutuamente y empezaron a sacudírselas en violento vaivén al tiempo que seguían devorándose insaciables los labios, el cuello, los hombros.

Sintiéndose ya próximo al clímax, Harry lo rodeó con las piernas y Draco no se hizo rogar, lo penetró de inmediato, arrancándole un a exclamación dolorida, que se fue repitiendo con cada embestida; transportado en ese suplicio dichoso Harry le arañó la espalda hasta sacarle sangre. Los cuerpos bañados en sudor se fundían en uno y la mínima separación parecía ahogarlos.

Harry no pudo aguantar más y acabó eyectando la pegajosa simiente entre los vientres, Draco no demoró mucho más y en violenta acometida se derramó dentro de Harry.

Exhaustos y sin aliento siguieron en esa misma posición temblando durante un largo momento. Ninguna palabra fue pronunciada. Luego Draco rodó a un costado y los dos se hundieron en un sueño profundo.

oOo

Harry fue emergiendo poco a poco del sueño, su mente todavía no del todo alerta. ¡Se sentía terriblemente bien! Nunca antes se había sentido así, tan sereno y dichoso. Le parecía flotar en una nube. ¿Cuál era la razón de una sensación tan agradable?

Trató de recordar lo que había pasado la víspera. Había sido una jornada como cualquier otra, con los dos aurores que no lo dejaban ni a sol ni a sombra, eso sí. Se había escapado a la noche bajo el manto de invisibilidad, pero no recordaba haber regresado a su dormitorio. Abrió los ojos y vio a Draco, de pie, mirándolo, pálido como una sábana.

Todas las imágenes le volvieron en tropel, se le escapó una exclamación contenida y se puso de pie, tambaleó, horrorizado de verse desnudo. ¡Entonces no había sido un sueño! O quizá debería llamarlo pesadilla.

Volvió a mirar a Draco que seguía allí delante de él como en shock, boquiabierto, la tez blanca como la muerte, rastros de lágrimas secas en las mejillas.

Parecía inconcebible. ¿Cómo puede estar pasando esto? Tenía que haber alguna razón, tenía que encontrarle una razón.

–Yo… nosotros…

–¡Callate, Potter! ¡No hay y no va a haber ningún nosotros! Que te quede claro.

Draco había salido de su catatonia. Y su reacción violenta era legítima. Aparentemente él también había sufrido lo que había pasado. Y curiosamente, para Harry eso era aun más inquietante.

–¡Andate, ya! –gritó Draco haciendo la mirada a un lado– Y si llegaras a contarle a alguien… te mato. Te lo aseguro.

Harry seguía tratando de comprender. Draco parecía haber caído otra vez en un estado semicomatoso y con pasos lentos fue al baño y cerró la puerta detrás de sí.

Harry salió de su estupor, juntó su ropa y abandonó de prisa la habitación. Una vez en el pasillo se cubrió con el manto, fue caminando contra la pared hasta un recodo en el que había una estatua. Se sentó unos instantes. Tenía la cabeza hecha un remolino. ¿Qué había pasado? ¿Qué iba a hacer ahora? Y le venían un montón de otras preguntas para las que tampoco tenía respuesta. ¡Iba a volverse loco! ¿O acaso ya lo estaba? De otra manera, ¿cómo podía explicarse lo que había pasado entre Malfoy y él? ¿Estaban los dos locos… perdidamente locos… locos de atar?

oOo