Disclaimer: Los personajes de "Lego Ninjago: Masters of Spinjitzu" no me pertenecen, sino a los hermanos Hageman.
Advertencia: Esta historia se torna en un mundo alternativo, por eso habrá partes que estén conectadas de manera diferente en cuanto a la serie de televisión.
No contiene Yaoi (Chicoxchico).
Capítulo 03: Hacia la primera tribu
El sol de desierto se asomaba poco a poco por el horizonte. Como eran las primeras horas de la mañana el terreno aún conservaba parte de la frescura de la noche ya pasada. Al alcance de los primeros rayos de sol, dos viajeros recorrían el desierto, caminando lentamente, aunque uno de ellos caminaba más lento que el otro, debido a la falta de sueño por la temprana hora de partida.
—¡Hey! ¡No te quedes atrás! —le dijo el mayor del par volteándose hacia Lloyd, en respuesta el niño de ropas negras solo se estiró para dejar salir un largo bostezo.
—¡Eso te ganas por partir tan temprano! —bufó el menor sobándose los ojos mientras se acercaba al oji-rojo que seguía esperándole —, necesito descansar, de todas formas... —el niño levantó la vista hacia él mirándole seriamente —¿Por qué salimos tan temprano? ¿No podíamos haber salido un poco más tarde...?
—Sí, de echo... —murmuró el chico de la capucha llevándose la mano a la nuca y riendo bobamente.
—¿¡Y recién ahora te lo vienes pensando!? —exclamó con furia Lloyd.
—Bueno, considerando que los exiliados tienen un vehículo y nosotros vamos a pie... —pensó en voz alta el errante llevándose la mano al mentón por sobre su bufanda—, ellos podrían alcanzarnos con más facilidad...
—¿¡Entonces qué esperas para moverte!? —el oji-rojo levantó la vista, logrando ver al niño de ropas negras a lo lejos con el paso apresurado, que agitaba su mano en lo alto, en señal de que le siguiera.
—¿Q-ué? ¿P-e-ro...? ¿¡C-ómo diablos llegaste hasta haya tan rápido!? —exclamó a los cuatro vientos el mayor, moviendo la cabeza repetidas veces hacia la posición del niño y donde antes estaba. Repitiéndose constantemente la misma pregunta en su cabeza.
—¡Solo date prisa! ¿¡Si!? —gritó el menor mientras sacudía los brazos en el aire, para que su confundido compañero apresurara el paso. Ya quería marcharse de ese lugar lo antes posible...
...
Mientras el viaje continuaba, poco a poco el sol iba alcanzando su lugar en el cielo como todos los días en aquel horno natural, pero últimamente la marcha se había tornado demasiado silenciosa para el gusto del niño, el cual alzó la vista hacia el frente, donde se encontraba el mismo desconocido que le había salvado, mirando el camino a través del mapa que Lloyd siempre llevaba consigo.
—Aún no lo comprendo... —pensó el rubio mientras miraba fijamente al muchacho de gastadas ropas, quien lideraba el camino a seguir.
—Flashback—
—Oye niño, ¿sabes qué hacer ahora en adelante?
—¿Eh? —Lloyd le miró con confusión en su rostro, a la vez que levantaba su mirada de su comida —¿Qué quieres decir?
—¿Dónde irás?
—Ya te lo dije antes, debo buscar a los maestros elementales por lo que debo ir a la tribu más cercana, que vendría siendo la tribu del fuego.
—¿Disculpa? —le miró confuso el errante bajo su capucha.
—Sí, la tribu fuego es la más cercana ¿no?
—Niño, la tribu del fuego está casi a tres semanas de aquí.
—¿¡Qué!? ¿¡Cómo es eso posible!? —exclamó a la vez que sacaba rápidamente el pergamino del moral y comenzaba a revisar el camino recorrido desde que había salido de su ciudad —, ¡P-Pero estoy seguro de haber seguido la ruta del mapa correctamente!
—Espera, déjame ver esa cosa... —suspiró el mayor acercando al histérico niño que no dejaba de carcomerse los sesos revisando una y otra vez la ruta, tras mirar el mapa por un tiempo este suspiró nuevamente —, eso lo explica...
—¡Vamos! ¡Dime que es! —exigió Lloyd, exaltado por la reciente noticia, el mayor solo se acercó al mapa colocando su mano sobre el mapa.
—Seguiste la ruta norte, esa es la más larga pero al llegar al extremo giraste hacia el suroeste...
—¿¡Quieres decir que solo estuve dando vueltas en círculos!?
—Así parece... —tras decir lo último, Lloyd se desplomo sobre el suelo dejando caer el mapa en las manos de su anterior salvador.
—¡Esto tiene que ser una mala broma! —el mayor hizo un esfuerzo por contener su risa ante su reacción, en vez de eso este se fijó en el pergamino examinándolo por unos momentos.
—De echo no estás tan mal como piensas... —el menor levantó la vista viendo al encapuchado fijamente.
—¿Por qué lo dices?
—¿Quieres llegar a las tribus, no? —preguntó el encapuchado de ojos rojos sin levantar su mirada del mapa —, pues en ese caso, no estás tan lejos de lo que buscas...
—¿¡Hay una tribu cercana a este lugar!? —se reincorporó rápido al menor junto al viajero errante.
—La tribu del rayo, para ser precisos... —explicó éste —, creo que está casi a tres o cinco días de aquí, si es que vas a pie, claro está.
—¡Grandioso! ¡no estoy perdido! —exclamó feliz el menor mientras levantaba los brazos en lo alto.
—¿Siquiera sabes qué ruta o camino tomar para llegar allá?
Como una burbuja de jabón, esta se reventó trayendo al oji-verde devuelta a la realidad, el cual volvió a caer al suelo de espaldas. Tras guardar un poco de silencio este giro su cabeza hacia el viajero, con cierto brillo de inocencia en sus ojos.
—No... ¿Por qué? ¿Influye? —el encapuchado se llevó la mano a la cara a la vez que una gota de sudor resbalaba por su nuca.
—Algo... —murmuró para luego suspirar y mirar seriamente al niño.
—¿Entonces qué hago...?
—Llegarás allá.
—¿Cómo?
—Porque yo te llevaré —habló el encapuchado con decisión —, me aseguraré que llegues a salvo... —Lloyd le miró perplejo y sin habla, el mismo chico que le había salvado, ahora quería ayudarlo a llegar a su próximo destino.
—¿¡D-De verdad!? —preguntó Lloyd, aún creyendo haber imaginado las palabras.
—Por supuesto —sonrió el mayor bajo la bufanda negra que tapaba la parte inferior de su cara —, lo prometo, llegarás cueste lo que me cueste —le dijo mientras acariciaba sus cabellos claros con algo de brusquedad a la vez que el menor sonríe —, pero, ahora descansa. Partiremos temprano...
—Fin del Flashback—
—¿Por qué... haces esto realmente...? —pensó Lloyd dentro de sí mientras miraba fijamente a su guía, para luego bajar la cabeza y mirar cómo se sumergían sus pies en cada paso que daba.
—¿Oye te pasa algo? —preguntó el reciente guía, trayendo devuelta a la realidad al menor.
—¿Eh? —Lloyd volvió a levantar la vista a la vez que chocaba con el encapuchado recién detenido asiéndolo caer al suelo de arena—, ¡Oye no te detengas así! ¡Le vas a sacar un ojo a alguien! —protestó con el puño en alto.
—¿Es enserio? —murmuró el mayor a la vez que una gota de sudor resbalaba por su nuca—, hablando enserio ¿Qué tienes? Estás muy callado.
—Ahora resulta que el callado soy yo... —pensó dentro de sí, a la vez que el oji-rojo le ofrecía su mano para levantarse—, nada importante... —dijo mientras tomaba su mano y se levantaba del suelo —, estaba pensando... ¿Por qué me ayudas?
—¿Hug?
—No es que me este quejando, pero, desde lo ocurrido con los exiliados no me has abandonado —murmuró el niño mientras pensaba—, y eso que aún no sé tu nombre... ¿Por qué lo haces? —le preguntó Lloyd mirándolo seriamente. El errante guardó silencio, pensando en la respuesta, pero al final este término riendo un poco, desconcertando por completo al menor.
—Creo que... No puedo evitarlo —dijo llevándose la mano a la nuca, por sobre sus ropas—, desde que dejé mi hogar, me dije a mi mismo que no me involucraría más en situaciones como ésta, pero, cuando esto pasa... mi cuerpo reacciona por sí solo y creo que nunca pienso bien las cosas... —volvió a reír el mayor —, es como lo que pasó allá...
—Entonces... es por eso que no llegaste antes... —pensó en voz alta Lloyd casi como un susurro al recordar el ataque de los ladrones del desierto.
—Sí, siempre me digo que no me involucre más en ello, pero... creo que es nues-mi... mi forma de ser... —corrigió rápidamente el oji-rojo, dejando escapar un suspiro a la vez que alzaba su nostálgico mirar hacia el cielo, a lo que Lloyd sonrió, desde que le había conocido había sentido cierta admiración por él, admiración que había estado creciendo desde entonces —¿Y bien? ¿Seguimos?
—¡Claro! —exclamó Lloyd mientras se ponía a su lado para seguir el viaje, pero, al reanudar la marcha, otra pregunta surgió en la cabeza del infante —, pero aún no me has dicho tu nombre...
—A veces prefiero guardarme algunas cosas, enano.
—¡Ya te dije que no me llamaras así! ¡Es Lloyd! —exclamó el menor asiendo un puchero que solo consiguió que el errante riera más.
—Como digas... —se inclinó de hombros mientras sonreía con cierta malicia. En un rápido movimiento, éste bajó su mano hacia los cabellos de Lloyd para acariciarlos con fuerza —, enano... —comenzó a reír mas fuerte ganándose la mirada de furia del niño.
—¿¡Hasta cuando seguirás con eso!? —exclamó a los cuatro vientos a la vez que levantaba los puños en alto para alejar al mayor, quien siguió riendo.
...
—Lo siento maestro... —dijo uno del par de seres huesudos y de brillantes ojos rojos a la vez que se reverenciaba ante uno de sus superiores —, aun no le hemos localizado...
—¿Son tan inútiles que no pueden atrapar a un simple niño? —murmuró disgustado el esqueleto líder mientras les daba la espalda —, Si no lo hubieran perdido de vista... —pero antes de que este terminara de hablar fue interrumpido.
—¡Hey!¡El niño es muy rápido! ¡No fue nuestra culpa! —protestó el más enérgico e inmaduro de los tres presentes haciendo un berrinche mientras se cruzaba de brazos como un infante.
—¡Ten más respeto, cabeza hueca! —le reprochó el más serio del par a la vez que le golpeaba con uno de sus huesudos brazos como si fuera un bate, al hacerlo la cabeza del hiperactivo esqueleto giró sobre su cuello como un tronco.
—¡Oye! —exclamó con enojo a la vez que se sacaba el brazo para comenzar a pelear con su compañero utilizando su brazo de huesos, cuando sus "armas" no sirvieron de mucho estos simplemente se lanzaron contra el otro, comenzando a pelear como dos niños teniendo una riña.
—Inútiles... —murmuró el superior de los dos esqueletos —, pero en cierta forma, esta ciudad ya no tiene utilidad —pensó a la vez que alzaba la vista, observando los restos de lo que antes era la ciudad de Ninjago, sin más este volteo hacia sus soldados, quienes seguían peleando —, ¡Ustedes dos!
Al escuchar al esqueleto de mayor rango, los demás presentes dejaron de pelear parándose derecho, como los dos soldados que eran o deberían aparentar ser.
—Quiero que junten a las tropas —ordenó el esqueleto a la vez que desempuñaba una de sus cuatro dagas —, nos marcharemos esta noche.
—P-pero... ¿Qué hay del niño? —preguntó el enérgico soldado un tanto preocupado, para que luego su compañero cercano a él, tomara la palabra.
—¿Acaso él no se molestaría si no le halláramos?
—Está claro que se ha marchado de la ciudad, pero aunque el niño pudo haberse escapado, nos ocuparemos de eso luego, pero por ahora... —sonrió el líder a la vez que sacaba sus cuatro dagas haciendo las girar sobre sus dedos huesudos—, llegó la hora de expandir más nuestros territorios...
...
—Bueno, es todo por ahora —murmuró el niño mientras guardaba la recién llenada cantimplora verde en su alforja, frente a él, su compañero realizaba la misma acción llenando una botella de color blanco con el agua recién hervida en la fogata. Lloyd se distrajo por un momento, observando el vacío canal del río, ignorando por completo el repentino cambio del viento.
Ya casi habían pasado seis días desde que habían comenzado la marcha, la cual se había demorado un poco, debido al menor, pese que éste había caminado por mucho tiempo en aquel lugar tenían que detenerse la mayoría del tiempo, esto se debía principalmente a que el oji-rojo no estaba acostumbrado a tomar descansos, no hasta la llegada de la fría noche. Solo debes en cuando, dependiendo de la temperatura del desierto o el tiempo de caminata.
Había pasado más de una semana desde que lo conoció, pero su nombre seguía siendo un misterio y no solo eso, su mismo ser lo era. Lloyd estaba muy agradecido con él por toda le ayuda que le había dado, pero la curiosidad siempre le obligaba a preguntar, sin conseguir nada, solo molestarle o llegar a un incomodo silencio en el cual se veía forzado a cambiar el tema de conversación.
Cada vez que preguntaba por su pueblo natal, familia o el lugar donde había aprendido las artes marciales, nada, él no aceptaba preguntas. La mayoría de las veces solo le ignoraba o cambiaba el tema rápidamente.
—Y pensar que aquí antes fluía uno de los ríos más grandes de todo Ninjago —habló el mayor rompiendo el repentino silencio.
—¿Alguna vez los viste?
—No la verdad —confesó el encapuchado mientras guardaba la botella en una de sus alforjas, para luego sacar otra del bolso contrario y repetir el proceso anterior—, pero mi padre solía contarme que en la época de mis abuelos este río llegaba desde los inicios de la tribu del rayo hasta la tribu del fuego —dijo para luego ver los restos del antes basto río—, es bueno que aun conserve parte de su agua por debajo de sus tierras, pero me gustaría verlo alguna vez... como era antes...
—¿Y qué paso exactamente? —preguntó el niño de rubios cabellos mientras comenzaba, con cuidado, a tapar el agujero por donde habían conseguido el agua, al haber escarbado en los restos del río.
—La guerra serpentine, eso pasó... —dijo el oji-rojo en tono cortante, acercándose al fuego para apagarlo—, bien hora de ir... —pero el errante cayó sorpresivamente al ver al fuego apagarse por culpa de una potente brisa.
—¿Qué tienes? —preguntó el menor algo preocupado mirando por sobre su hombro mientras terminaba de cubrir el hoyo de arena ante el repentino silencio de compañero de viaje.
—El viento cambió... —el encapuchado se sorprendió a la vez que corría hacia Lloyd y sin permiso de éste, lo levantó, colocándolo sobre su hombro.
—¡Oye! —antes de poder protestar, su guía ya había comenzado a correr con la correa de la alforja de Lloyd por sobre el pecho mientras esta chocaba constantemente con una de las suyas, sujetándola con fuerza a la vez que se aseguraba de no soltar "al cargamento extra", el cual no dejaba de protestar sobre su hombro. Pero ahora no era tiempo para eso, por lo que no prestó atención, solo corría —¿¡Quieres decirme de una vez qué diablos te pasa!?
—¡Tenemos que encontrar refugio!, ¡ahora!
Cuando Lloyd se dispuso a abrir la boca para protestar, algo llamó su atención, el viento poco a poco aumentaba en su dirección, confuso por el repentino cambio el rubio termino por levantar la mirada. Quedando choqueado ante el causante del sobresalto de su amigo.
No muy lejos de ellos una gran nube de arena terminaba formarse, haciendo desaparecer todo a medida que avanzaba, dejando todo su alrededor fuera del alcance del mirar del niño, que hace poco se le había erizado la piel.
—¿¡Qué estás esperando!? ¡Ya muévete! —exclamó Lloyd alarmado mientras sacudía sus brazos y piernas de manera frenética y le daba leves golpes en la espalda con sus puños, para que así apresurara el paso.
La tormenta avanzaba velozmente, Lloyd hacia lo posible para encontrar un lugar para refugiarse, a su alrededor había solo arena y los restos de aglomeraciones de grandes fragmentos de piedra, esparcidas de forma que daban a ver como unas ruinas, pero eso no les sería útil en ese momento. Pero entre esa cantidad de rocas, había diversas grietas que rompían la parte superior de ellas.
—¡Eso es! —pensó el menor a la vez que volteaba hacia el oji-rojo y le daba un ligero golpecito en el hombro para llamar su atención —¡Tenemos que ir a las rocas! ¡Allí podremos ocultarnos! —exclamó el niño, pero el mayor no se detuvo es mas siguió corriendo — ¡Oye! ¡Te dije que fuéramos a las rocas!
—¡Si quitaras tu pie de mi cara tal vez sería más fácil ver el camino! —exclamó el mayor con furia.
—¿Eh? —confundido el menor se apoyó en el hombro del chico para verle, en efecto, parte de su pierna y zapato se encontraban en la misma posición donde deberían estar los ojos del viajero, rápidamente las imágenes de su primer sobresalto llegaron a su mente, al parecer no solo le había golpeado en la espalda... —Oh... Con que eso era... —murmuró el niño alejando su pierna de su cara, solo para dejar ver las múltiples marcas rojas que la suela de su zapato le había dejado en la zona de sus ojos, la cual era fácil de divisar ya que parte de su capucha se había echado para atrás, solo dejando ver parte de unos mechones castaños que caían sobre su cara.
Restándole importancia instantáneamente el menor se sobresaltó al ver la mirada asesina por parte del castaño.
—Eh... ¿Ups? —murmuró Lloyd con una gota de sudor resbalando por su nuca —¿Te parece si...? No sé... ¡Dejas de mirarme así y te mueves hacia las grietas!
Ignorando lo ocurrido el mayor terminó por hacer caso a las indicaciones del niño, comprendiendo de manera instantánea su plan.
—¡Dudo que haya un lugar lo suficientemente grande para los dos! —exclamó el encapuchado mientras corría entre las rocas en busca de un refugio, la nube estaba casi sobre ellos.
—¿¡Se te ocurre una mejor idea!? —exclamó el menor para volver a mirar la nube.
Ya era tarde.
Antes de que pudiera voltear ésta ya había caído sobre ellos.
Como un fuerte golpe de un torbellino esta hizo caer al par de viajeros, un gemido se oyó al momento en que Lloyd cayó sobre la arena, adolorido por el golpe casi perdiendo la conciencia, este intento encontrar a su guía, pero su alrededor estaba borroso, no solo era debido a toda la arena que le rodeaba, sino que parte del golpe le había dejado algo atontado.
Este se levantó un con dificultad debido a la constante ventisca intentaba tirarlo nuevamente al suelo. Cansado y mareado el menor miró a su alrededor, no había señal del encapuchado, por un momento temió lo peor al recordar su ubicación cercana a las rocas, muy bien el pudo haber caído sobre ellas.
Alarmado, Lloyd le llamó, sin obtener respuesta más que el resoplar del viento y el fuerte azote que este daba sobre él.
—¿¡Dónde estás!? —más que una pregunta esta fue como un ruego el cual grito con todas sus fuerzas para que saber que su amigo estaba bien.
No hubo respuesta.
Asustado por ello el niño comenzó a avanzar en la ventisca, lo más rápido que podía, casi a ciegas ya que la tormenta no le dejaba ver nada, lo único que podía hacer era intentar frenarla un poco con uno de sus brazos sobre su cara, para que esta no llegara a sus ojos. Sus pasos se volvían cada vez más cortos y difíciles de realizar, no tenía sentido seguir caminado en ese lugar ya que no llegaría a ningún lado, pero aún así necesitaba encontrarle.
—¡Lloyd! —al oír su nombre el menor se sorprendió, el está bien.
—¡Estoy aquí! —le llamó el menor, cubriendo su rostro con su antebrazo para proteger del fuerte vendaval.
—Al fin te encuentro —grande fue el susto del menor cuando sintió una mano sobre su hombro, éste se volteo rápidamente, solo para encontrarse con el chico de ropas cafés —, tranquilo soy yo.
—¿¡C-como...!?
—Je. Puedo ser más rápido de lo que aparento —sonrió el mayor mientras cargaba Lloyd, el cual se aferró a su cuello para no soltarse esta vez —, ven tenemos que salir de aquí —dijo mientras el chico corría, lo que paso a continuación jamás pudo entenderlo, al principio su paso era arduo en aquel lugar, pero de la nada, éste comenzó a correr libremente por sobre la arena, casi le hizo parecer como si flotara sobre ésta, de no ser porque sus ojos estaban cerrados debido a la arena, casi hubiera podido decir que a su alrededor, los dos eran protegidos de la tormenta por una resplandeciente luz anaranjada.
Tras la difícil búsqueda de un escondite los dos viajeros corrieron con suerte, al fin un escondite que parecía servirles.
Ambos pudieron refugiarse perfectamente en una de las brechas, el lugar era lo suficientemente grande para que los dos entran en ella sin necesidad de toparse con la entrada o más importante, el tormentoso exterior. Al entrar el mayor suspiró a la vez que se apoyaba en la pared rocosa para descansar, respirando agitadamente por el duro trabajo al caminar en la tempestad.
—Hey, ¿Estás bien enano? —preguntó el oji-rojo con el respirar agitado por el cansancio.
—¿Es que vas a seguir con eso ahora? —alzó su furioso mirar el menor junto a una palpitante vena en su cabeza, sin alejarse del encapuchado.
—Es de la única forma que sé que siempre me responderás —rió el mayor a lo que Lloyd gruño con fastidio a la vez que alejaba su mirada al lado opuesto del refugio, en eso le había atrapado.
—Si estoy bien... —murmuró de mala gana mientras se sentaba al lado de su compañero de viaje cruzándose de brazos, el cual volvió a reír levemente ante su expresión —, ¿Qué te paso en la frente? — preguntó Lloyd dirigiéndole una mirada neutral a lo que el chico le miró confuso—, estabas sangrado y... tenías un corte en tu cara...
—Oh... Olvídalo no es nada —murmuró el encapuchado mientras tomaba la punta de su capucha para ocultar más su rostro—, fue un tropiezo es todo...
—Pero... el corte...
—Ya olvídalo —volvió a hablar en su usual tono cortante que siempre solía utilizar al momento de hablar sobre él, Lloyd comprendió la situación y opto por no presionarlo y simplemente dejar la cosas como estaban. Cosa que había estado haciendo en todo su viaje junto a él.
El oji-verde suspiró, para luego mirar hacia el tormentoso exterior donde el viento azotaba con fuerza, levantando la gran muralla de arena que los mantenía atrapados en esa pequeña brecha entre las rocas.
—Al menos estamos a salvo... —pensó Lloyd en voz alta.
—De la tormenta quizás... —le interrumpió el mayor a la vez que el rubio alzaba la vista hacia él, quien se encontraba mirando fijamente la tormenta.
—¿Qué quieres decir?
—Al parecer seguirá por varias horas... —murmuró en tono audible para el menor— y lo que es peor, no tardará en hacerse de noche...
...
La predicción del encapuchado no tardo en cumplirse, ya que, la tempestad de arena siguió por varias horas, hasta la caída de la helada noche del desierto. Ante el repentino cambio de temperatura, ambos trataban de mantenerse en calor, pero era inútil, no tenían nada para generar una fuente de calor, al principio había surgido la idea de raspar la roca con la daga del errante para que esta generara chispas que caerían sobre uno de los pergaminos de Lloyd.
Se descartó aquella idea instantáneamente.
Si bien, las chispas que la daga podrían saltar hacia ellos debido al espacio reducido y no solo eso, el papel se consumiría muy rápido, sin contar con que no tenían nada parecido a la leña en aquellos momentos.
Es bien sabido que el fuego es indispensable en la helada noche del desierto, muchos habían muerto debido a los repentinos cambios de temperatura, y al parecer los dos viajeros se encontraban en la misma situación. El menor temblaba de frío, ni la ropa extra que el encapuchado le había dado lo sacaba de aquel estado, muchas veces soplaba hacia sus manos tratando de calentarse con su propio calor pero de este solo salía un aire gélido.
El castaño miró hacia la tormenta con preocupación.
—Al parecer la tormenta durará toda la noche... —pensó para luego mirar hacia el menor, quien seguía temblando por la falta de calor —, no puedo dejarlo así... Pero tampoco puedo usar mi fuego... ¿Qué hago ahora...?
Su única solución posible surgió en su mente, la cual terminó por aceptarla.
Mientras Lloyd seguía tiritando este se sorprendió al sentir un calor suave recorriendo su espalda, al alzar la vista este se sorprendió, era ni más ni menos que la capucha del viajero, rápidamente éste alzó la vista.
Encontrándose con un muchacho de no más de veinte años, mucho más joven de lo que Lloyd esperaba, sus cabellos eran de un opaco castaño oscuro, levantados de forma muy alborotada, casi pareciendo espinas marones, pero lo que más sorprendió a Lloyd, fueron las múltiples cicatrices que se daban a conocer fuera de los vendajes de sus brazos descubiertos, debido únicamente a su prenda de vestir; una gastada camiseta sin mangas color rojo. Pero éstas no se comparaban con la herida de su cara. Debajo de su herida en la frente que marcada con su sangre seca, se dejaba ver un doble corte que cruzaba parte de su ojo izquierdo, pero al verla mejor, pudo notar que esta ya había cicatrizado hace mucho, no muy bien ya que aún se podían ver en las marcas un leve rastro de rojo sangre. Igual era el caso de los múltiples corte leves que llevaba en su cara.
—¿Qué te...?
—Prefiero no hablar del tema... —murmuró el chico temblando un poco a la vez que se cubría la marca de su rostro con su mano —, vamos, descansa, por ahora es todo lo que tengo para que entres en calor...
—¿Y qué hay de ti?
—No importa, solo duerme.
Al decir esto el menor frunció el ceño, levantándose con las ropas, aunque siempre teniendo cuidado de no golpearse con las paredes del refugio, éste se detuvo al llegar frente al castaño el cual le miraba con confusión. Pero antes de que pudiera preguntar, el menor ya comenzaba a cubrirle nuevamente con sus gastadas ropas, para luego sentarse en sus piernas y abrazarle, en un intento de darle calor.
—A mí si me importa, porque eres mi único amigo... —habló finalmente Lloyd dejando perplejo al chico de ojos rojos —, si nos metemos en un problema... tratemos de salir juntos... ¿Sí?
El castaño no pudo evitar sonreír ante el gesto.
—Trato echo —dijo el castaño para luego acariciar de forma brusca pero afectuosa, los cabellos rubios de Lloyd —, pequeño...
—¿En serio? ¿Qué tienes con mi tamaño? —alzó la vista el menor a la vez que una vena palpitante se mostraba en su cabeza, el oji-rojo rió en respuesta.
—No esperes mas de mi, enano —sonrió a la vez que Lloyd suspiraba irritado —, de acuerdo, ahora a dormir.
—No me lo tienes que repetir dos veces —bostezó el casado oji-verde a la vez que se acurrucaba en el pecho del errante —, que descanses...
—Sí... igual.
—Oye...
—¿Qué ocurre?
—¿Yo soy tu amigo...? ¿Verdad? —el castaño se sorprendió a la vez que bajaba la vista hacia Lloyd, quien dentro de poco caería dormido debido al cansancio de aquel agitado día, tras un tiempo de silencio el mayor le sonrió.
—Claro que lo eres —fue lo último que Lloyd pudo oír antes de caer dormido con una sonrisa en su rostro, el castaño imitó el gesto a la vez que le abrazaba para que no sintiera frío.
Tras el paso de las horas el menor ya había caído en un profundo sueño, mientras que el mayor solo miraba hacia el exterior, la tormenta que aún seguía, por lo que no podría hacer mucho. Tras un suspiro este miró nuevamente al menor quien dormía plácidamente, aunque seguía temblando un poco debido al frío.
—¿Enano? ¿Estás despierto? —preguntó el oji-rojo a la vez que lo sacudía con cuidado, no hubo respuesta, más que un tranquilo respirar mientras descansaba.
—Al parecer no será un problema ahora... —pensó el mayor mientras extendía las manos lo más apartadas de sus ropas o en niño, repitiéndose muchas veces en su interior que estuviera calmado.
Fue cuando la danzante luz del fuego recorrió sus manos, resguardadas por sus guantes negro, teniendo cuidado este las acercó al niño, el calor del fuego poco a poco fue eliminado el frío del alrededor, Lloyd ya había dejado de temblar.
—Que descanses, Lloyd... —sonrió el antes ninja de fuego, para luego volver a mirar hacia el exterior, de la tormentosa y fría noche.
Fin del capítulo.
Siguiente capítulo: "La tribu del rayo"
¡Por Dios que me quedo cursi! XD.
Antes que nada, mis disculpas por la tardanza. Pero bueno aquí les he traído el capítulo finalmente.
Para evitar problemas en el futuro, opte por poner en las advertencias, que este fic no es Yaoi (ChicoxChico), aquí solo hay amor fraternal, como se puede ver en este capítulo, con Lloyd y Kai :D (Ya se han encariñado bastante X3).
En cierta parte del fic se menciona sobre el sentido de justicia, Kai, es quien más sentido de justicia tiene (o eso es lo que dice la pagina de lego), por lo que quise poner un poco de eso.
Gracias a mi primo y a N.Z.A por dejar reviews y a las demás personas que siguen mi historia.
Ok, eso es todo por ahora, nos vemos en el siguiente capítulo ;).
