Disclaimer: Ni la serie ni los personajes que a continuación aparecen me pertenecen, sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
.
.
Capítulo 4: dudas, y más dudas.
.
.
.
El hecho de que Cat Noire parafraseara a Ladybug delante de Marinette no quería decir absolutamente nada. Y como era un detalle sin importancia, ella no empezó a suponer que Adrien se lo habría contado a alguien, o a todo el mundo, y que al final habría llegado a oídos de su compañero. ¿Es que ni como Ladybug era suficiente para él? ¿Se estaba riendo de ella? ¿A quién quería engañar? Los cuentos de hadas son para los niños. La vida real es más dura, más difícil. Las relaciones personales son campos de minas emocionales. Minas que en cualquier momento pueden explotar y hacerte trizas con una facilidad pasmosa, como por ejemplo con una palabra o un acto.
Marinette escuchó un chasquido de dedos y volvió a enfocar la vista. Por quinta vez Alya había tenido que sacarla de sus ensoñaciones autodestructivas para que volviera a clase. Cuando logró situarse notó cómo una bola de papel le impactaba justo en la cara. Al abrirla pudo ver una caricatura de ella misma con la cabeza rodeada por estrellas, firmada, como no, por Chloe. Le dirigió una iracunda mirada a modo de respuesta a su notita, y les sacó la lengua a ella y a Sabrina. Una leve risita sonó por delante de ella. Adrien se había percatado de lo que había pasado y había tratado de disimular la risa.
"¡Qué vergüenza!"
Se encogió de hombros con una disculpa en su sonrisa y volvió a su pupitre para ocultarse tras los libros de nuevo.
Tras el encuentro de la otra tarde con Marinette en su casa no podía evitar buscarla, observarla, admirarla. Era una chica genial, ya lo sabía. Pero ahora veía algo en ella que... Bueno, que antes no se había dado cuenta de que estaba allí. Y eso empezó a preocuparle. Alya estaba al tanto de la persecución visual de la que era objeto su amiga y siempre que podía estaba ahí para provocar un momento divertido y llamar más la atención del joven Agreste. Éste lo agradecía en silencio, cómo no, pero no dejaba de pensar que le gustaría ser él quien estuviera en el sitio de la muchacha cuando le quitaba el móvil y salía corriendo, le manchaba a la nariz con el helado que estaba tomando, o cantaba a dúo con ella la última canción de su grupo favorito.
.
.
Ladybug acababa de ayudar a los turistas que subían en el ascensor de la Torre Eiffel que se había quedado parado, entre los que estaba Adrien Agreste. La chica al verle allí encerrado temió por su bienestar, pero enseguida que pudo hablar con él se tranquilizó y terminó por sacarlos a todos de allí. Se había quedado el último adrede para poder hablar con ella. Era una oportunidad de oro, y no la quiso desaprovechar. Ella le tendió la mano con un leve temblor y él se la agarró con firmeza y confianza.
- Ladybug, yo... -comenzó a decir- he estado pensando en lo que me dijiste.
- ¿Pensando? -preguntó ella con cierto retintín- ¿O comentándolo en tus círculos?
El muchacho no sabía por dónde le venían los tiros, y antes de seguir perdiendo tiempo se apresuró a decir lo que tenía tan ensayado.
- Verás, sé que en un poco presuntuoso, pero... -la miró a los ojos- llevo enamorado de ti mucho tiempo.
El corazón de la chica aleteó al escuchar eso. ¿Su Adrien era el que le estaba confesando su amor a ella? Tragó en seco y se fijó en sus sinceros ojos verdes que la miraban con vehemencia. No la estaba tomando el pelo. Un indiscreto suspiro se le escapó a la heroína mientras su cabeza asimilaba lo que estaba pasando.
- Hablaremos más tarde, cuando todo esté listo aquí.
Aunque realmente no sabía qué tenían que hablar, pero al menos necesitaba un poco de tiempo para digerir todo aquello. No pasó mucho tiempo hasta que hubo terminado y decidió marcharse antes de que el chico quisiera continuar la conversación donde la habían dejado. Por suerte no le veía por ningún sitio, y lanzó su yo-yo en parte aliviada y en parte triste por ello. Pero antes de que pudiera saltar para marcharse, un par de manos la sujetaron con rapidez. Era él. Con su espléndida sonrisa y ese brillo en los ojos que sólo tenía cuando la miraba a ella. Le pasó un brazo por la cintura y salió volando con él hasta una azotea con una vista de Notre Dame preciosa.
"Perdona Cat Noire, pero voy a utilizar tu idea romántica" Pensaba Marinette.
"Se ve que al final sí le había gustado la cita que le preparé aquella vez..." se decía Adrien para sus adentros. Sin tiempo que perder, se lanzó a lo que venía.
- Ladybug, quiero... me gustaría que... bueno, ya sabes, tú y yo... em... además yo... y desde luego que... ya no...
Estaba adorable cuando tartamudeaba. La muchacha se tapó la boca con la mano para ocultar una risita, y después entrelazó los dedos con los suyos dándole un poco de ese temple que le sobraba mientras tenía el traje rojo puesto.
- Me alagas, de verdad. Me pareces un chico fantástico, inteligente, amable, guapo, bueno con los demás, divertido...
- Parece que me conozcas -dijo él alzando una ceja.
- ¡No! Bueno, sí claro, eres una celebridad. ¿Quién no conoce a Adrien Agreste?
El chico pareció decaer. Era eso lo que le gustaba de él, como a todas. Pero con tal de conseguirla, le daría igual que sólo le quisiera por su fortuna o su fama.
- Si es eso lo que te gusta de mí, adelante. Mi celebridad es toda tuya.
- No quería decir eso -se excusó ella.- A mí en realidad no es eso lo que más me gusta de ti. Siempre te he admirado por cómo eres.
¿Por cómo era? Empezaba a estar convencido de que Ladybug le conocía, pero ¿quién podría ser? Quería saberlo, necesitaba saberlo. Era el amor de su vida, haría lo que fuera por ella. Fue entonces cuando se acercó a su cara y, con desesperación mimosa le rozó la nariz con la suya mientras le susurraba:
- Por favor, te necesito conmigo. Te... te quiero...
Marinette quiso cerrar los ojos. Quiso apartarse de él, no escucharle, marcharse en ese mismo momento. Pero sólo pudo terminar con la distancia que separaba sus bocas y deleitarse con lo que aquellos perfectos labios le ofrecían, le demandaban. Se abrazaron con necesidad, se acariciaron con ternura, se disfrutaron con amor. Los pendientes dieron la señal de agotamiento y ambos se separaron pero sin llegar a soltarse.
- Sé que no tengo derecho a pedirte esto -dijo Adrien decidido- pero... me gustaría saber quién eres.
Por un segundo la chica se lo pensó, pero la duda de cuál sería su reacción cuando se enterase la hizo recular.
- Lo siento... -Poco a poco y con dureza se fue separando.- No puedo.
Él suspiró y, aunque le costó la vida, la dejó ir, no sabía bien en cuántos sentidos...
.
.
Una tarde, antes de volver a casa, Marinette se peleaba con su mochila frente a la taquilla. Adrien pasó por delante y la vio de rodillas en el suelo, intentando que no se saliera algo de dentro y no pudo evitar acercarse.
- ¿Te echo una mano? - preguntó cortés, esperando que dijera que sí.
La muchacha se sorprendió al oírle, y la mochila rodó ligeramente por el suelo cuando la soltó.
- ¡Adrien! Gra... Gracias, no hace falta. Ya lo tengo. - Volvió hacia la mochila. Al chico le pareció ver cómo se movía justo antes de llegar a tocarla.
- Bueno, - dijo mientras se arrodillaba a su lado y alargaba una mano hacia su compañera. Estaba dispuesto a tener un momento con ella- pero no me importa ayudarte con... - la mochila se volvió a mover, esta vez en brazos de Marinette. El chico alzó una ceja.- ¿Qué tienes ahí?
Cuando un leve y agudo maullido salió de la inquieta mochila, ambos se quedaron muy quietos y en silencio. Adrien buscó la mirada de la muchacha, quien la rehuyó nerviosa. Se abrazó de nuevo a la mochila y trató de levantarse excusandose. Pero en cuanto se despistó un momento, por un hueco de la cremallera apareció la pequeña cabecita de un cachorro de gato negro que ronroneaba por haber conseguido oler el aire fresco. Otro silencio, incómodo para ella, tan sólo roto por el murmullo del pequeñajo.
- Em... - empezó a decir el chico- ¿tienes un gato en la mochila?
Marinette cogió aire y se enfrentó a su compañero. Esta vez abrió la cremallera y sacó al animal por completo para que lo pudiera ver.
- Le he encontrado esta mañana al salir de casa, y me ha seguido. - Dibujó una tierna sonrisa mientras miraba los pequeños y verdosos ojos del cachorro. - No he podido evitar cogerlo, me recuerda mucho a alguien...
Adrien volvió a levantar una ceja. Era su oportunidad de averiguar qué sentía ella por Chat Noire.
- ¿A alguien? A mí sólo me recuerda al compañero de Ladybug, el gato ese. -Soltó con desdén. Vio como la chica enrojecía al momento. ¡Bingo! - ¿Acaso te gusta ese super héroe ligón que va siempre enfundado en cuero y salva París en sus ratos libres?
La pobre adquirió un tono más rojo aún.
- ¿Qué tiene de malo Cat Noire? - preguntó con fiereza. - Es encantador, y amable, y dulce y...
Dejó de hablar en cuanto se dio cuenta de que su boca la estaba traicionando.
- Pero, ¿no era el novio de Ladybug? -Volvió a atacar.
- ¡Qué va! - respondió demasiado pronto- O sea, que creo que no. Me parece que no. Es... Estoy por jurar que no.
El chico se reía por dentro al ver sus reacciones.
- Entonces... ¿Tú sabes si tiene novia? ¿Si está viéndose con alguna otra chica?
La cara empezó a arderle y de repente hacía mucho calor. ¿Cómo habían llegado a ese punto? No quería mirar a Adrien a la cara, no podía. Abrazó al gatito, se colgó la mochila aún abierta del hombro y salió corriendo de allí, dejando al muchacho suspirando por lo que acababa de descubrir. ¡Le gustaba! Esta noche iría a hacerle una visita, quería ver su reacción cuando apareciera en su habitación.
Su habitación...
El recuerdo de su última visita le asaltó con tanta fuerza que tuvo que apoyarse en la pared para poder respirar mejor. Con el tiempo y tras el estrepitoso rechazo de Ladybug, ese recuerdo se había intensificado de tal forma que tan sólo pensar en aquella lengua dentro de su boca, o esos perfectos muslos entre sus garras, le hacían encenderse por completo. Tomó aire mientras pensaba qué significaban esas emociones, sin logar dar con una respuesta. Lo único que tenía claro era que en cuanto se pusiera el traje negro y la viera, perdería el control...
