Al paso del tiempo Scooth no encontraba lugar para enviar a Zackary. Podía con él, se acostumbró a tenerlo ahí cada vez que llagaba de campo de batalla, claro que a veces lo sacaba de quicio al ser demasiado aniñado, pero no era su culpa y lo sabía, así que le dio un libro para que adquiriera vocabulario adecuado y poder hablar como alguien normal.
Sus compañeros no sospechaban nunca de algunos arranques de nervios o raros escapes, sin embargo sí se dieron cuenta del cambio de actitud que sufría el peliverde. No dejaba de ser alegre pero a veces era muy discreto en ámbitos que antes no lo era. A veces se tornaba más celoso con sus cosas, a veces estaba mucho tiempo apartado o encerrado en su habitación, la cual cada vez que lo visitaban sentían algo diferente ajeno al muchacho.
Lo bueno de la situación es que amablemente y en venganza de sus ex-compañeros Zackary decidió contarle todo lo que sabía del resto de zombies, usó eso a su favor con sus compañeros de manera discreta sin liberar todo lo que sabía a la vez.
— ¡¿En serio?!
Preguntó sorprendido el peliverde sentado en su cama con el zombie frente a él en la misma posición, había mucha más confianza.
—Sí, ese tipo es débil ante el hielo de Ice, además sus compañeros pueden fácilmente burlar al ejército del lado de Angélique —le dijo sonriendo.
—Grandioso.
Tenía una libreta con todos esos datos debidamente apuntados sin dar realmente la información. Volvió a preguntar: — ¿Y si se mantienen sin comer mucho tiempo qué sucede?
—Depende del tipo, por ejemplo, si soy de un rango medio entonces podré pasar dos meses y medio sin probar bocado, pero si es de clase alta podría pasar hasta cinco meses aguantando hambre, aunque cuando de verdad tenemos hambre no nos controlamos muy bien que digamos.
—Por eso es que a veces me pides carne, ¿No?
—Sí, es por eso.
—Valla… ¿Cuanto llevas aquí…? Casi un año ¿Verdad?
—Creo… No siento el tiempo correr…
— ¿De veras? Pero tu cuerpo no…
—No se descompone porque la mitad de mi ser está vivo y por eso se mantiene estable, no es que sea un cadáver completo.
Sonaba interesante y a la vez sentía raro hablar así, es decir, él no estaba muerto, pero tampoco estaba vivo.
—Oye, ¿No sientes que te observan a veces?
— ¿Observar? ¿Te refieres a ser vigilado?
—Sí, a veces siento que alguien me mira con mucho cuidado y también que lo hacen contigo… Creo que es sólo una idiotez pero…
De repente se escuchó un pequeño ruido de afuera.
—Zackary ven aquí.
Este le hizo caso y se colocó justo al lado del ojiesmeralda tocando la cabecera del mueble.
—Eres más sensible que yo, dime si está vibrando.
—Hm… Parece como…!Ah! —se sobresaltó.
Sintió algo y a la vez de presenciar algo por sus oídos, no sonaba nada lindo el paso acercándose a la habitación. Se abrazó a él, el cual se estremeció un poco porque no estaba muy tibio y aunque no le molestaba que hiciera eso aún sentía el cambio.
—S-Scooth… ¡A-Ayúdame!
— ¿Q-Qué te ocurre?
Lo protegió sin saber de qué hasta que notó su puerta ser destrozada por un fuerte golpe y unos hombres de especies fuertes y grandes entrar estrepitosamente al lugar, entró en pánico y sólo supo saltar de la cama con el menor enganchado a su pecho y él buscando cubrirle lo mejor posible.
—Scooth Blake, queda usted bajo arresto por traición, nos llevaremos a este espécimen en custodia.
— ¡No! —gritó retrocediendo.
—No ponga resistencia.
Se acercó un tipo muy alto tomando al azabache del cabello forzando a soltar al otro.
—¡S-Scooth! ¡Ayúdame por favor! —suplicaba el muchacho resistiéndose mientras al otro lo detenían en su intento a recuperarlo— ¡Suéltenme por favor! ¡No hice nada malo! ¡Scooth!
Sus manos fueron detenidas con brusquedad.
— ¡Déjenlo ir! —le apresaban sus manos en la espalda apartándolo del chico zombie— ¡No le hagan daño! ¡Haré lo que sea pero déjenlo libre! ¡Zackary, resiste!
Quería ir con él y cuidarle. Él gritaba desesperado y si pudiera llorar, estaría envuelto en lágrimas causa de la angustia y miedo de no poder estar con el chico planta y de no saber a dónde lo dirigían.
— ¡Él no tuvo la culpa! ¡Por favor!
Pronto recibió un golpe en el costado sacándole el aire y debilitándolo cayendo de rodillas aún con el hombre agarrándolo fuertemente.
— ¡Sco—!
Fue callado por una mordaza en su boca que le impedía hablar.
Los tipos se llevaron al zombie a rastras, a un calabozo para esperar a que unos especialistas lo examinaran con más cuidado. En cambio el peliverde fue enviado a un intensivo interrogatorio.
.
.
