Ne! Esta vez no fue mi culpa del todo, la página no ha dejado actualizar desde hace tiempo! Ya me estaba desesperando, porque hace días que tengo escrito el capítulo!
Hola mis queridas lectoras. De acuerdo, supongo que querrán matarme por demorarme tanto por la continuación, pero ¡no lo hagan! Si no, no podré continuar con mis fics jeje. Verán, la universidad de ha absorbido de una manera increíble, casi no he tenido tiempo para mí, mucho menos vida social, pero afortunadamente ya sólo me queda un mes de tortura… Tengo como tres semanas de estar atorada en este capítulo, las ideas iban y venían, pero nada me convencía… Aunque me parece que el capítulo quedó decente. Espero que lo disfruten, porque he sufrido bastante para traerles esta actualización.
Agradecimientos especiales a: velka98, dika no sora, zely, StEpHyGrOcK3107, Hinata asumi Kaoru lore, diana carolina, ina minina, Murder Hikari, Misao Koishikawa, hikari16 (prometo que en cuanto tenga tiempo empezaré a responder los reviews)
**Este capítulo va dedicado para las víctimas del terremoto en Japón. Este maravilloso pueblo se levantará de nuevo, con toda su gloria, de eso no me cabe la menor duda. ¡Ánimo Japón!**
Chicas, no sé cuándo pueda volver a actualizar este fic o High School Drama. Onegai ténganme paciencia y por ahora disfruten de:
*Amor de Cabaret*
Acto 4: Deseo innegable
-Konoha Corp-
Definitivamente algo andaba mal con él. Eso era lo que pensaba Neji Hyuga, mientras terminaba de analizar la propuesta de desarrollo que le habían enviado. Habían pasado dos días desde que había estado en el Moulin Rouge. Dos días desde que su relación con Tenten Wang había terminado abruptamente. Dos días desde que se había acostado con aquella mujer, Geisha. Pero aún así, él no había conseguido sacarse a esa mujer de su cabeza. Era como si la conociera de alguna parte, como si esa no fuera la primera vez que la veía. Estaba claro que no tenía ningún sentido para un hombre tan ocupado como él, preocuparse por un asunto tan irrelevante. Sin embargo, esa chica le recordaba a alguien, a una mujer que no había visto en mucho tiempo, la primera chica de la que realmente se había enamorado. ¡Suficiente! Se reprendió mentalmente Neji. Tenía que dejar de pensar en ella, no valía la pena, ya podría volver a verla la próxima vez que fuera al cabaret. Un momento ¿acaso estaba considerando ir de nuevo a ese sitio? No tiene nada de malo, pensó. Después de todo, no era el único hombre que lo hacía.
Neji se golpeó la frente cuando se dio cuenta de que no había avanzado nada con la propuesta que estaba leyendo. Hacía más de media hora que había estado leyendo el primer párrafo y en verdad no estaba prestando atención. Pero ese no era el único problema. Su asistente, su mano derecha, Konan, le había presentado su carta de renuncia esa mañana. Según le dijo, a su prometido, Yahiko Hatano, analista financiero de Akatsuki, le habían ofrecido un puesto importante en Francia, por lo que ella se marcharía con él, dentro de una semana. Genial, ahora tenía que conseguir una asistente nueva.
-Maldita sea – se quejó el castaño, cerrando violentamente su portátil. Se levantó de su silla y se acercó a la ventana – Necesito un trago – pero en su oficina no estaba permitido el licor, regla que él se había autoimpuesto y ahora se lamentaba por ello.
-¡Oye Neji! – la estruendosa voz de Naruto lo sacó de su ensimismamiento. Neji se volteó con cara de fastidio, viendo a Naruto y Sasuke entrar en su oficina.
-¿Qué no saben llamar a la puerta? – les reprochó el Hyuga, con enojo.
-Vamos, no seas tan duro – le respondió Naruto – Y nosotros que veníamos a invitarte a unas copas – el castaño no respondió, simplemente se dirigió a su escritorio y recogió su portátil.
-Se ve que las necesitas – intervino Sasuke, con una risita burlona – Si tanto quieres ver a esa mujer, podrías pedirle una cita a Madame Senju, pero eso será mañana, ya que hoy el Cabaret está cerrado.
-No empieces de nuevo, Sasuke – dijo el castaño – Por cierto, pensé que ustedes irían al evento de caridad de la familia Senju.
-¿Bromeas? No hay nada interesante que ver – alegó el rubio – La anciana sabe que no me gustan esas cosas.
-Creo que deberías tenerle un poco más de respeto a la esposa de tu abuelo – dijo Sasuke.
-Sólo lo dices por conveniencia – replicó Naruto, con gesto burlón – Además ¿qué no deberías ir tú, como sucesor de la familia Uchiha?
-No lo creo, tengo demasiado trabajo.
-No creo que emborracharte sea "tener demasiado trabajo" – comentó Neji, poniéndose el saco de color azul marino.
-No tiene nada de malo tomarse unas copas de vez en cuando – dijo el Uchiha, encogiéndose de hombros.
-¿De vez en cuando? – preguntó el genio Hyuga, sin dar crédito a sus palabras.
-Ya, no empiecen, mejor vámonos – ambos se voltearon hacia Neji - ¿Vienes? – el aludido se encogió de hombros y los siguió hasta el estacionamiento.
-Veamos cuál será nuestro destino – Naruto se quedó pensativo, mientras Sasuke buscaba las llaves de su Ferrari – Ah, ya sé, vamos al bar Flor de Luna.
-Ja, lo único que quieres es conseguir licor gratis de Yugao – dijo Sasuke, subiendo a su auto.
N&H
-Casa de Ino-
Hinata se sentía como nueva después de haberse dado un relajante baño de burbujas, en el baño principal de la casa. Esa noche saldría con Ino a uno de los bares más populares de la ciudad, el Bar Flor de Luna, propiedad de la familia de Yugao Uzuki, mejor conocida como Víbora dentro del Moulin Rouge. Ambas habían recibido una invitación especial de la mejor bar tender de Japón, Yugao por supuesto.
La peliazul se colocó una bata de baño corta, de color blanco, pues Ino le dijo que le tenía un nuevo vestido como regalo. Ella no estaba segura de querer aceptar el vestido, pues aunque no lo había visto, tenía una claro idea de los extravagantes y atrevidos gustos de su mejor amiga.
-¿Lista para ver tu regalo? – Ino condujo a Hinata hasta su habitación, que tenía paredes de color violeta, muy pálido. Ambas entraron al vestidor de la rubia y Hinata se colocó enfrente del enorme espejo, que cubría una de las paredes.
-S-Supongo – la rubia sonrió y sacó una caja negra de su armario.
-Anda, quítate esa bata – Hinata deslizó la bata por sus hombros, quedando completamente desnuda – Toma, ponte esta lencería – Hinata abrió la pequeña bolsa Victoria's Secret que Ino le dio. Esta contenía una diminuta tanga negra, a juego con un sostén strapless. Ambos eran de encaje, que no dejaba casi nada a la imaginación - ¡Vamos! – supongo que está bien, después de todo llevaré el vestido, así que no hay de qué preocuparse.
Hinata se colocó la lencería y se miró avergonzada en el espejo. Esa ropa interior era demasiado reveladora para ella. Aunque sabía que tenía que empezar a acostumbrarse si es que quería seguir trabajando en el Cabaret de Madame Senju. Aún así, ella pensó que no se veía nada mal, incluso podía decir que se veía sexy.
-Te ves muy bien – le susurró Ino al oído, pegando su cuerpo al de su amiga, que ahora estaba muy sonrojada – Eres una mujer muy sexy – mordió suavemente el lóbulo de la oreja de la peliazul – Si fuera hombre, no dudaría en abalanzarme sobre ti.
-I-I-Ino – balbuceó Hinata, completamente sonrojada. Su amiga rió ante la actitud de la peliazul.
-Aunque pensándolo bien, no veo por qué tendría que ser hombre para hacerlo – la rubia acarició el plano abdomen de su sonrojada amiga, mientras deslizaba su lengua por los hombros de su amiga. Hinata no podía reaccionar, los vellos de su nuca se erizaron y no podía articular palabra alguna. Era una escena digna de una hemorragia nasal.
-¡Ino! – la reprendió de repente una apenada Hinata. Ino soltó una carcajada.
-Eres tan inocente. Ahora falta el vestido – Ino abrió la caja, dejando ver un vestido negro – Es Carolina Herrera, así que no me vayas a decir que no lo quieres ¿eh?
-¡Por dios! – exclamó la peliazul, una vez que tuvo el vestido puesto – No, no, es demasiado – Hinata se miró en el espejo. El vestido era hermoso, de eso no había duda, pero demasiado revelador. Era ceñido al cuerpo, de mangas anchas; su hombro derecho estaba cubierto por la manga, pero su hombro izquierdo quedaba al descubierto, además era corto, muy corto, apenas cubría un poco más allá de su ropa interior - ¿Estás loca?
-Mmm pues no, fue algo costoso, pero no me importa, es un vestido de la nueva colección – respondió la chica, desnudándose para colocarse su diminuta lencería roja.
-No me refiero a eso – replicó Hinata. Ino no respondió mientras se colocaba su vestido rojo. Era un vestido entallado, tan corto como el suyo, strapless y sujeto en la cintura con un fajón de oro, con incrustaciones de pequeñas piedras preciosas.
-¡Oh vamos, eres una mujer atractiva! ¿Qué tiene de malo mostrar tu cuerpo? ¿Acaso no estás orgullosa de él? – dijo Ino, en tono suplicante – Por favor, por mí.
-¿Acaso tengo opción? – Hinata suspiró, derrotada. Definitivamente no podía ganarle a Ino. La rubia rió y se abrazó a su amiga.
-Ven, voy a hacerte unos rizos – Ino sacó su rizadora y la conectó, esperando que se calentara. Con ella, rizó el corto cabello de Hinata. En cuanto a su cabello, ya lo había alisado completamente y simplemente lo recogió en una cola alta.
-Vaya, eres buena – dijo Hinata, mientras se miraba en el espejo – Iré a ponerme los lentes de contacto y podremos irnos - la peliazul salió de la habitación de Ino, mientras la rubia buscaba sus pendientes de oro con forma de corazón.
-Espero no estar cometiendo un error – se dijo a sí misma Ino, mientras recordaba su conversación con Neji.
-Flashback-
Esa tarde, a Ino le correspondió exponer ante la Junta Directiva y los Gerentes de Departamentos de Konoha la nueva normativa de estandarización para el control de calidad a la que debían apegarse los nuevos proyectos de desarrollo de sistemas de información y fabricación de componentes electrónicos.
-Ese es el manual que nos ha enviado la ISO para obtener la nueva certificación de Calidad – expuso Ino – Es necesario que todos los departamentos se apeguen a él y se encarguen de hacérselo saber a sus empleados.
-Espero que haya quedado claro para todos – dijo Hiruzen Sarutobi, Presidente de Konoha Corp – La junta llega oficialmente a su final. Pueden retirarse.
Todos los altos ejecutivos de Konoha recogieron sus ordenadores portátiles y empezaron a salir lentamente de la Sala de Juntas, felicitando a Ino por su exposición. Al final, sólo quedaron ella y Neji, que se había quedado leyendo el informe acerca de las ventajas que suponía para la compañía la aplicación del nuevo estándar para el control de calidad. Ino notó entonces que Neji lucía más serio de lo normal.
-¿Mal día? – le preguntó ella. Neji separó los ojos de la pantalla del computador y la miró.
-Algo así – respondió – Konan presentó su carta de renuncia hoy – Ino ya lo sabía, puesto que Konan se lo había contado esa mañana, a la hora del desayuno – Así que tendré que contratar a una nueva asistente.
-Eso debe ser una molestia para ti. No te agrada eso de hacer entrevistas ¿cierto?
-Tú misma lo has dicho – afirmó el castaño – No tengo tiempo para eso – en ese momento, a la rubia se le ocurrió una gran idea.
-Tal vez podría recomendarte a alguien – Neji se levantó de su silla y se quedó estático en cuanto escuchó las palabras de Ino – Así te ahorrarías la molestia de realizar entrevistas.
-¿Conoces a una persona capaz de ser mi asistente? – la rubia asintió, pensando en su querida amiga de cabellos azulados. Tuvo que reprimir una risa, su amiga la mataría si se enterara de lo que estaba haciendo… O quizás no – Sabes que soy una persona muy exigente.
-Oh créeme que lo sé. Pero estoy segura de que ella será capaz de ajustarse a tu método de trabajo – Neji la miró, con interés.
-¿Es confiable?
-Es una de mis mejores amigas. Acaba de llegar a Tokio y tiene experiencia en el área de la informática. Es una gran analista. El único problema es…
-¿Cuál? – Neji parecía interesado y eso animó más a Ino. Si podía conseguirle ese empleo a su amiga, sería perfecto. Después de todo, después de su primera noche en el Cabaret, Hinata había insistido en buscar otro tipo de trabajo, al menos de medio tiempo.
-No tiene referencias de ninguna empresa – el castaño se quedó pensativo – Supongo que eso es un problema para los estándares de Konoha, no es común contratar a alguien sin experiencia laboral.
-Yo elijo a mis colaboradores, – intervino Neji – así que si yo considero que la persona es apta para el puesto, eso es lo de menos.
-Mmm entonces podría presentártela uno de estos días – el celular de la rubia empezó a sonar – Oh lo lamento, mi jefe me necesita. Nos veremos, Neji.
-Fin del Flashback-
Ino se mordió el labio inferior. Estaba decidido, después de todo, ya había quedado con Neji de verse en el bar.
-Espero que Hina no se moleste conmigo por esto.
-¡Ino, vámonos! – exclamó Hinata, desde fuera de la habitación.
-Eh… ¡Ya voy!
H&N
-Flor de Luna-
El celular de Ino empezó a sonar, mientras ella y Hinata se dirigían al bar. Ino se fijó en el número y frunció el ceño ¿Ese tipo llamándola fuera de horario laboral? Eso sí que era raro viniendo de él. La rubia se colocó el manos libres en la oreja izquierda.
-Hola. Vaya sorpresa – ella sonrió – Sí, sí. Lo que no esperaba es que estuvieras tan desesperado. De acuerdo, de acuerdo, sí lo sé. – hizo una pausa – Nos veremos.
-¿Alguien del trabajo? – le preguntó Hinata.
-Sí, algo así – respondió la rubia – Hinata ¿recuerdas que me dijiste que querías un trabajo de medio tiempo?
-¡No me digas que me conseguiste algo! – exclamó inmediatamente la peliazul, ilusionada.
-Algo así. – su amiga la miraba, expectante – Si las cosas salen bien, esta noche podrías salir con trabajo en Konoha Corp – la peliazul se quedó atónita ¿Trabajo en Konoha? ¡Eso debía ser una broma! Ino frenó súbitamente en la entrada de un edificio de forma ovalada, con apariencia de crucero.
-Buenas noches, bienvenidas a Flor de Luna – las saludó un guardia de seguridad, que le entregó a Ino una tarjeta transparente. La rubia avanzó hasta el parqueo bajo techo, estacionó el vehículo y ambas salieron, dirigiéndose a uno de los ascensores que estaban en el parqueo subterráneo.
-Entonces ¿hablas en serio? ¿Un trabajo en Konoha? – insistía Hinata. Incluso se había olvidado de lo incómoda que la hacía sentir ese diminuto vestido - ¿En qué departamento?
-¿De veras quieres saberlo? – Hinata asintió enérgicamente con la cabeza - ¿No me odiarás por eso?
-¿Cómo podría odiarte? A menos que… sea algo ilegal o… - la rubia negó con la cabeza, pero no dijo nada más, tan sólo siguió avanzando, hasta llegar a unas puertas de cristal que se abrieron automáticamente.
El interior del bar tenía todo el aspecto del bar de un lujoso crucero. La barra tenía forma de media luna y era transparente. Se podía apreciar una gran pecera incrustada en la barra. Las sillas que estaba detrás de la barra eran de metal plateado, altas. Más allá, había varias mesas de madera, con cómodas sillas de tapiz rojizo; también había pequeños espacios con sillones en forma de U. Elegantes lámparas de forma cilíndrica colgaban del techo, despidiendo luces de neón azuladas. Un escenario sobresalía en el medio del bar. Al lado de la barra, había unas escaleras de caracol, que llevaban al segundo piso del bar. La barra también estaba iluminada con luces de neón, estas de color púrpura. El DJ tocaba música de los 80's.
Hinata estaba impresionada con la magnificencia del lugar. Nunca había pisado un sitio como ese. Ino se acercó a la barra y saludó a un par de chicos. Las miradas lujuriosas hacia ambas chicas no se hicieron esperar. La peliazul empezaba a sentirse incómoda de nuevo, pero trató de disimular. Ahora que estaba en Tokio, tenía que disfrutar su vida.
-Oye, no me dijiste de qué trataba el trabajo – insistía Hinata. Ino se quedó pensativa y miró a su alrededor. Pareció encontrar a alguien con la vista y se sonrió.
-Pronto lo verás – fue lo único que dijo. Hinata se fijó en la bar tender e inmediatamente la reconoció. Era Yugao, su compañera del Cabaret. Lo que la impresionó fue su habilidad. Tomaba tres botellas de licor y las lanzaba en el aire para luego atraparlas con facilidad y preparar un trago en cuestión de segundos.
-¡Ino! – exclamó Yugao, acercándose a donde estaban las chicas - ¡Hinata, viniste! ¡Qué bien!
-Este lugar es impresionante – le dijo Hinata. Yugao sonrió, agradecida.
-Es el humilde negocio de la familia. Como verás, mis padres están obsesionados con los barcos – bromeó la chica de cabellera púrpura, colocando un par de Martini enfrente de las chicas – Cortesía de la casa. Por cierto Ino, Neji llegó hace un rato, preguntó por ti – Hinata miró a ambas mujeres, extrañada.
-¿Sabes dónde está?
-Por allá, - señaló hacia un sitio cerca del escenario - con Naruto y Sasuke – en cuanto Hinata escuchó el nombre de "Naruto", la sonrisa se borró de su rostro ¿Es que tenía que encontrarse a ese idiota siempre?
-¡Yugao, sírveme un whisky en la rocas! – un hombre de cabello castaño apareció detrás de ellas.
-Kankuro, no esperaba que estuvieras aquí hoy – le dijo Yugao - ¿Qué no tenías que ir a ese evento de caridad de los Senju?
-Nah, de eso se encarga la cabeza de la familia Sabaku – respondió el aludido.
-Qué aprovechado eres, Kankuro. – intervino la rubia – Mira que dejarle toda la responsabilidad a Temari.
-A ella le encantan esos eventos – respondió el castaño – Además, esta noche vine a celebrar.
-¡No me digas que…!
-Sí, la constructora acaba de obtener un jugoso contrato para diseñar el nuevo centro comercial de Shibuya. Ni siquiera Samui se lo creía. Esos empresarios árabes quedaron impresionados y no dudaron en firmar con nosotros – entonces Kankuro se fijó en Hinata – Veo que traes compañía ¿cómo es que no nos presentas?
-Sí, lo siento. Hinata, él es Kankuro Sabaku, antiguo compañero de la secundaria – dijo la chica – Kankuro, ella es mi amiga Hinata Ikeda.
-Un placer, señorita – dijo el castaño, besando la mano de Hinata, quien se sonrojó.
-¡Ey Kankuro! ¡Vamos a brindar! – lo llamaba un hombre rubio, desde una mesa cercana.
-Bueno señoritas, nos veremos luego – el muchacho se marchó, levantando su vaso - ¡Oye Atsui, no te acabes todo el whisky tú solo!
-Ese chico… - Hinata estaba segura de haberlo visto antes, pero no recordaba dónde.
-Es el segundo hijo de la familia Sabaku – respondió Ino – Hermano de Temari, Kankuro Sabaku. Le encanta irse de fiesta, pero es un gran arquitecto.
-Chicas ¿piensan tomar algo más? – intervino Yugao, acercándose al lugar de la barra donde estaban sus compañeras.
-Sí, en un momento – una sonrisa se dibujó en el rostro de Ino – ya que unos apuestos caballeros nos invitarán esta noche – Yugao y Hinata la miraron, sin comprender sus palabras – Ven Hinata – la rubia la tomó de la muñeca y la condujo hasta una mesa del otro lado del bar, cerca de la ventana.
H&N
-Hotel Four Seasons-
Esa noche, el salón de eventos especiales del Hotel Four Seasons albergaba uno de los eventos más importantes de la ciudad de Tokio: el evento de beneficencia organizado por la familia Senju. Cada año, la familia Senju organizaba una lujosa actividad para recaudar fondos para una causa noble. La de este año: recaudar fondos para ayudar a una de las organizaciones que combaten el cáncer de mama. Esta tradición había sido iniciada por el señor Hashirama Senju, afamado médico, antiguo director de la división de Neurocirugía del Hospital General de Tokio. Al momento de su muerte, sus descendientes continuaron con la tradición, según los deseos de Hashirama. Esta vez le llegó el turno a Tsunade Senju, conocida actualmente como Tsunade Namikaze.
Esa vez, contaba con el apoyo de su segundo esposo, Jiraiya Namikaze. Jiraiya era un exitoso escritor de novelas, además de ser uno de los accionistas mayoritarios de Konoha Corp. Juntos, habían logrado ya grandes donativos, por parte de las familias más reconocidas y acaudaladas de Japón.
El salón estaba hermosamente decorado. Las paredes blancas brillaban bajo la luz de los candelabros de cristal y oro. Las ventanas estaban decoradas con cortinas de seda blanca. Por todo el salón estaban distribuidas mesas redondas, con sillas de madera de roble, con tapices azulados. En el centro de cada mesa, había rosas blancas y una botella del champán francés más fino. La vajilla de porcelana estaba decorada finamente con lapislázuli e incrustaciones de oro. El servicio de catering servía comida y bebida a los invitados.
Tsunade se puso de pie, tomada de la mano de su esposo, y se ubicaron en medio del salón, sobre el escenario, donde una orquesta de cámara tocaba para los presentes. El organizador le tendió un micrófono y ella empezó a hablar.
-Muy buenas noches a todos – dijo Tsunade. Ella llevaba un elegante vestido negro de un solo hombro y ceñido en la cintura, enmarcando su envidiable figura, a pesar de su edad. Llevaba el cabello suelto, con unos delicados rizos en las puntas. A su lado, su esposo vestía un impecable traje negro, con una corbata color vino tinto – En nombre de mi familia, quiero darle las gracias a todos por estar aquí, contribuyendo a esta noble causa. Quiero invitar a la representante de la organización que recibirá los donativos, la directora de la Asociación Japonesa contra el Cáncer de Mama, la Dra. Kurenai Yuhi – una mujer esbelta, de cabello negro recogido en un elegante moño y vestida de rojo subió al escenario.
-Muchas gracias, Sra. Namikaze – dijo Kurenai – Es un honor para mí estar aquí esta noche. Antes que nada darle las gracias a los presentes por su contribución a esta noble causa, que cada día tratamos de sacar adelante. No se imaginan la alegría que sentimos todos en la clínica cuando recibimos la noticia de que este año nosotros seríamos los beneficiados. Quiero agradecer especialmente a la familia Namikaze-Senju por su contribución a la sociedad y además a la familia Uchiha I, al señor Madara y a su hijo, Itachi, por sus generosas donaciones – una luz enfocó a ambos hombres, que se pusieron de pie e hicieron una reverencia – Muchas gracias a todos – la multitud aplaudió y Kurenai bajó del escenario, sentándose al lado de su novio, Kakashi Hatake.
-Sin más preámbulo, demos inicio a las actividades de esta noche – dijo Jiraiya – La primera subasta de la noche, será un auto completamente nuevo, listo para estrenar. Un BMW X8, cortesía de la familia Yotsuki – la luz se posó en "A", un hombre de tez morena, musculoso, presidente de la Corporación Kumo, grandes importadores de automóviles europeos – Muy bien, veamos, quién ofrece 8 millones de yenes.
H&N
-Flor de Luna-
Tres caballeros estaban sentados en una mesa cerca de los amplios ventanales. Uno de ellos, el rubio, levantaba efusivamente su vaso, llamando al mesero para que le sirviera otro trago. A su derecha estaba un joven de cabello negro, que llamaba la atención de las mujeres que estaban cerca y le dedicaban lujuriosas miradas. Él simplemente bebía su whisky con indiferencia. A la izquierda del rubio estaba un hombre de largo cabello castaño, mirando con desinterés a su alrededor, mientras el hielo de su ron empezaba a derretirse. El sujeto no podía evitar la extraña inquietud que sentía. Hinata. Así le había dicho Ino que se llamaba su amiga, aquella que, según la rubia, tenía la capacidad de convertirse en su asistente. Ciertamente curioso. Hinata. Ese era el nombre de la heredera de la familia Hyuga. O más bien, quien supuestamente sería la cabeza de la familia en cuanto Hiashi falleciera. Pero, al parecer Hinata Hyuga estaba muerta para su familia. O al menos eso había dado a entender el líder Hyuga en el último anuncio público que hizo.
-Neji ¿me estás escuchando? – el aludido se sobresaltó y miró confundido a su amigo pelinegro.
-Lo siento ¿qué decías, Sasuke? – el chico de cabellos azabache suspiró profundamente.
-Olvídalo, yo… - entonces la mirada de Sasuke se posó en dos mujeres que caminaban derecho hacia ellos.
-¿Quién será la muñeca que viene con Ino? – preguntó Naruto en voz alta. Neji se fijó en el lugar que sus amigos miraban fijamente. Y entonces su boca se abrió, pero no pudo articular sonido alguno. Sus opalinos ojos estaban centrados en la chica de vestido negro que caminaba junto a Ino, pavoneando sus anchas caderas.
-Hola muchachos – saludó Ino, dedicándoles una sonrisa - ¿Les molesta si nos sentamos con ustedes? – ninguno de los tres respondió, así que Ino se sentó al lado de Sasuke y Hinata a su lado.
No puede ser… Naruto Uzumaki… Maldito pervertido… A todas las mujeres las mira de esa forma… Cómo lo detesto… Un momento… ¿Neji Hyuga? Y ¿Sasuke Uchiha? Vaya trío.
-¡Genma, cariño! – exclamó Ino. Inmediatamente se acercó a la mesa un hombre de cabellera castaña, un poco larga. Tenía una mirada despreocupada e iba vestido un con traje blanco, emulando al capitán de un crucero.
-Ino ¿qué tal? ¿Qué te sirvo?
-Tráenos un par de Martinis a mi amiga y a mí – Genma se fijó en la atractiva amiga de Ino y no pudo evitar sonrojarse - ¿Genma?
-Eh… lo siento, enseguida – se retiró, chocando con un sujeto que pasaba por allí y casi cayendo al suelo. Ino rió. Naruto carraspeó para llamar la atención de la rubia.
-¿Traes compañía y no nos presentas? – le reprochó Sasuke, sin apartar sus ojos de Hinata. Del cuerpo de Hinata, mejor dicho.
Neji empezaba a sentirse nervioso, pues los ojos violáceos de ella se habían posado en él. Por un momento le pareció que le sonreía pícaramente, pero lo desechó inmediatamente. Juntarse con Naruto y Sasuke estaba empezando a afectarlo. El Hyuga se fijó en la mujer. En su delicado rostro, sus cabellos azulados, peinados en elegantes rizos. No sabía por qué, pero ella le resultaba familiar, muy familiar. Y ese cuerpo. Dios, cómo era posible que una mujer pudiera verse tan inocente y tan provocativa a la vez.
-Cierto, qué descortés de mi parte – se disculpó la mujer – Ella es Hinata Ikeda – Neji tuvo que reprimir un gritó al escuchar su nombre. Hinata. Era una gran casualidad. Se llamaba igual que "ella" – Hinata, ellos son Naruto Uzumaki – señaló al rubio, que le guiñó un ojo.
Lo conozco mejor de lo que crees…
-Sasuke Uchiha – señaló al pelinegro, que no había dejado de mirarla fijamente. O mejor dicho, de mirar fijamente sus "atributos".
Claro, el heredero de la poderosa y problemática Familia Uchiha. Vaya tipo más desagradable ¿cómo puede mirar así a una mujer que recién acaba de conocer?
-Y Neji Hyuga – el castaño le sonrió tímidamente. Hinata no pudo evitar preguntarse dónde había quedado el serio temple del nombrado "genio". Parecía un poco… asustadizo ante su presencia. La mujer tuvo que reprimir una sonrisa maligna. ¿Acaso ese era el punto débil del famoso Neji Hyuga?
-Así que ella es la persona de la que me hablaste – dijo Neji, tratando de controlar su nerviosismo, centrándose en su compañera de trabajo. Hinata trató de no parecer demasiado sorprendida, pero ¿por qué diablos Ino había hablado con Neji de ella? ¿Qué se traía entre manos?
-Sí, ella es "esa" Hinata – respondió Ino – Verás Hinata… - en ese momento, Ino se vio interrumpida por la llegada de Genma con sus Martinis – Oh gracias, cariño – él le sonrió.
-¿Pero qué…? – Hinata levantó su copa. Debajo de ella había un pequeño trozo de papel. La chica lo abrió, ante la mirada de todos en su mesa. Tenía escrito un número telefónico. La peliazul le devolvió a su mejor amiga una mirada de confusión.
-Típico del enamoradizo de Genma – dijo Sasuke, con una risita burlona.
-Eso fue extraño – murmuró Hinata, con las mejillas ligeramente sonrojadas.
-Creo que una mujer como tú – Naruto no pudo reprimir una lujuriosa mirada. Hinata se vio obligada a reprimir sus deseos de dejarlo sin descendencia – debería acostumbrarse ¿cierto, Neji? – miró de reojo a su amigo, que se sobresaltó – Vaya que andas distraído. Parece que la noticia de que Konan se marcha realmente te ha afectado – Neji no respondió. Tan sólo frunció el ceño y volteó la mirada hacia su vaso de ron. Parece que un par de tragos no habían sido suficientes. Además, no podía dejar de sentirse incómodo con la presencia de esa mujer.
-No seas tan malo, Naruto – lo reprendió Ino – Como decía, Neji ella es la persona de la que te hablé – señaló a una atónita Hinata - ¿Recuerdas que te lo dije, Hina?
-Pero tú… - la chica sintió una patada debajo de la mesa - ¡Ouch!
-¿Lo recuerdas? – insistió la rubia.
-Eh… sí… sí – respondió ella.
No puede ser… Acaso… ¿Acaso este es el trabajo en el que Ino pensó para mí? ¡Debe estar loca! ¡No hay manera de que Neji Hyuga acepte a una persona sin experiencia ni referencias! Además, tengo mis clases en la academia y el trabajo en el Cabaret… ¡No podría con todo!
-Ino en verdad no creo que… - Hinata se preguntó cómo debía dirigirse a él – el señor Hyuga me considere siquiera como una candidata… quiero decir…
-¡Pero qué dices! – Ino negó con la cabeza – No lo sabrás hasta que lo intentes, además tú tienes habilidad en el área de análisis. Creo que serías la candidata perfecta – le guiñó un ojo - ¿Qué opinas tú, Neji? – el muchacho le hizo una seña para que esperara y llamó a una mesera que estaba cerca. Ella le sirvió inmediatamente un trago de whisky, el cual bebió de un solo trago.
-Bien – Naruto y Sasuke tuvieron que contener la risa. Ino suspiró. Ya estaba acostumbrada a la actitud de Neji. En cambio Hinata se quedó atónita. Jamás se imaginó que el correcto y seguro Neji Hyuga se comportara así enfrente de una mujer. Sonrió en sus adentros. Eso iba a ser divertido – Entonces, señorita Ikeda ¿podríamos hablar en un lugar más… íntimo? – ella lo miró, estupefacta. Ino le guiñó un ojo.
-S-Supongo que… sí – Hinata se levantó y siguió a Neji.
-De acuerdo, ¿qué estás tramando, Ino? – preguntó Sasuke. La rubia bebió elegantemente su Martini y puso cara de sorpresa.
-No sé de qué estás hablando.
-Oh vamos, Ino – Naruto se le acercó y la tomó de la barbilla, haciendo que lo mirara a los ojos – sabes que no te creemos ni una palabra – la chica fingió inocencia – Eres una mujer engañosa.
-Bueno, recuerda que es abogada – añadió Sasuke. Ino frunció el ceño.
-¿Qué se supone que significa eso?
-Ya en serio – la cortó Naruto - ¿Qué pretendes proponiendo a esa belleza para asistente de un tipo como Neji? Sabes que no se le da bien socializar con las mujeres… y con una mujer así a su lado… bueno ¡Pudiste decírmelo a mí primero!
-Tú ya tienes una asistente muy eficiente – le dijo Ino – Tsunami es una mujer muy inteligente, si no fuera por ella…
-¡Pero es muy vieja para mí! – replicó el rubio – En cambio Hinata…
-Oh ya basta. Neji es quien necesita una asistente en este momento, no tú.
-No fastidies, Naruto – intervino Sasuke – No me digas que vas a obsesionarte con esa chica.
-¿Es que no la viste? – preguntó Naruto – Me encantaría pasarla bien con ella. Si sabes a lo que me refiero.
-Eres un maldito pervertido – dijo Ino, sin poder contener la risa.
-¡Ino! ¡Ino! – entonces, la chica se sobresaltó al escuchar que alguien la llamaba insistentemente. Una chica de cabello castaño se acercaba corriendo hacia ella.
-¡Tsubaki! ¿Qué sucede? ¿Por qué estás tan sobresaltada?
-¡A que no adivinas quién está aquí!
-¡Oye! ¿A nosotros no nos saludas? – se quejó Naruto.
-Tonterías, los vi hace unas horas en el trabajo – respondió la ojirubí – Además, esto es importante – Tsubaki estaba tan emocionada que sólo le faltaba dar saltitos.
-¿Qué puede ser tan importante para que actúes más extraña de lo normal? – preguntó Sasuke. Tsubaki le sacó la lengua.
-¡Shikamaru regresó de Inglaterra! – los ojos de Ino se abrieron como platos. Shikamaru. Ese nombre resonaba insistentemente en su cabeza. Habían pasado dos años desde la última vez que lo vio. Y ella ni siquiera había reaccionada al escuchar la noticia de su regreso – Oye Ino ¿acaso no te da gusto?
-¿Eh? Pues… sí – maldición, habían pasado dos años ¡Claro que le daba gusto! ¡El maldito bastardo se había llevado su corazón con él ese día!
-¡Entonces vamos a saludarlo! – insistía Tsubaki, halando a su amiga - ¿Ustedes no vienen? – miró a Sasuke y Naruto. Ambos se miraron por un momento y luego sonrieron, mirando a Ino de soslayo.
-¿Qué dices? – preguntó finalmente Naruto - ¿Qué tal si vamos a molestar a ese idiota por un rato?
-Me daría mucho gusto – respondió el pelinegro, poniéndose de pie. Tsubaki haló a su amiga de la muñeca, conduciéndola entre la multitud.
H&N
Neji había conducido a Hinata hasta una habitación en el segundo piso. Se trataba de una sala similar al cuarto de control del capitán de un crucero. Desde los ventanales se tenía una espléndida vista de la ciudad. El muchacho, muy caballerosamente, apartó una de las sillas de madera para que ella se sentara. Sus manos temblaron cuando accidentalmente rozó una de las piernas de Hinata. Ella simplemente se sentó sin darle importancia, aunque en sus adentros estaba nerviosa ¡Maldición! Estaba sola en una sala cerrada. Con él. Con Neji Hyuga. Quién sabe qué podría pasar allí, sin nadie más que los molestara. La peliazul se reprendió a sí misma por tener ese tipo de pensamientos ¿Qué estaba insinuando? ¿Qué quería que sucediera "algo" entre ellos? ¡Tonterías! El sujeto era un fiasco con las mujeres. No se trataba de nada más que una reunión para hablar de trabajo. Sí, sólo eso.
Neji se sentó enfrente de ella, respiró profundamente y entrelazó los dedos de sus manos, mirando fijamente a la mujer enfrente de él. De repente, esos ojos violáceos le trajeron recuerdos. Y no precisamente recuerdos agradables, de su juventud. Esa mujer le recordaba tanto a "ella". Movió la cabeza de un lado a otro, tratando de apartar esos pensamientos de su cabeza. Hinata tan sólo miraba sus reacciones, extrañada. Preguntándose, al mismo tiempo, cuándo su altanero primo se había vuelto tan endemoniadamente sexy ¡Pero qué tonta! ¿Por qué diablos estaba pensando esas cosas? Su cabello, tan liso y brillante como siempre, sus fuertes brazos, su camisa desarreglada, la corbata un poco suelta, su elegante porte… ¡Ya no era una adolescente! Entonces ¿por qué? ¿Por qué se sentía así? Pero no tuvo tiempo para seguir debatiendo con su mente, porque en ese momento, Neji rompió el hielo.
-Bien, señorita Ikeda… - el sujeto parecía algo nervioso. Hinata simplemente volteó su mirada hacia él y le sonrió – Sobre… sobre el trabajo…
¡Maldita sea! ¿Por qué diablos tengo que ponerme tan nervioso? Es sólo una chica. Sí, una chica. Una chica excesivamente sensual ¡Diablos! ¿Qué me está pasando? ¿Por qué tengo esta extraña sensación, esta necesidad de… de…? ¡No! Olvidemos eso, mejor. Es que… su rostro, tan angelical, pero… es cuerpo… ¡Diablos, diablos, diablos! Se inclina demasiado, estoy viendo más de lo que debería. Pero ¡estúpido Neji! Deja ver fijarte en su "delantera". Pareces un maldito pervertido.
-Ino me comentó que usted necesita una asistente – dijo la sutil voz de Hinata. No iba a tratarlo de "tú", eso lo pondría más nervioso. Era perversa. Lo era. Y hasta ese momento se había dado cuenta de ello.
-Sí. Verá, mi asistente actual, Konan, se irá a vivir a Francia – dijo Neji, con un tono de voz más calmado – Así que tendré que contratar una nueva asistente. Ino me habló muy bien de usted, señorita Ikeda.
Aunque debió haberme dicho que era hermosa… bueno, sensual, hermosa, provocativa… ¡Ya basta!
-Entonces supongo que también le dijo que no tengo referencias de trabajos anteriores – comentó Hinata, con un dejo de decepción – Según los estándares de Konoha Corp, no se contrata personal que no cuente con experiencia, a menos que pasen por un proceso de formación previo.
-Veo que está bien informada – el castaño empezaba a tranquilizarse. Si podía mantenerse enfocado en el trabajo estaría bien – En efecto, ese es un estándar en Konoha. Sin embargo, en el caso de algunos departamentos, es posible hacer una excepción – Hinata lo miró con atención.
-¿Sería usted capaz de hacer tal excepción… por mí? – enfatizó las últimas dos palabras y le sonrió de forma sensual. Quizás no sería mala idea intentarlo, después de todo ¿qué podía perder?
-B-Bueno, Ino me comentó que usted es buena para el análisis – Neji se aclaró la garganta – En un área como la seguridad informática, un buen analista es esencial.
-¿Eso es un sí? – se aventuró a preguntar ella.
-Verá, una persona que demuestra aptitudes para el área será aceptada en mi departamento. Sin importar sus referencias laborales. Sin embargo, debo preguntarle por su experiencia laboral ¿alguna vez ha estado vinculada a alguna empresa? – el rostro de Hinata se tensó. Esa era la pregunta que temía. Ni modo. Tendría que decirle adiós a su oportunidad de trabajo en Konoha. No valía la pena mentir.
-Sobre eso… francamente no – el hombre se sorprendió. Ella rió con nostalgia – Creo que todo se resume a que… he sido un completo fracaso en la vida – la peliazul se puso de pie y se acercó a la ventana, dándole a espalda a Neji.
¿Por qué estoy diciéndole esto?
-¿A qué se refiere? – preguntó Neji con interés. Quizás no debía meterse en la vida ajena, pero una mujer como ella no parecía un fracaso.
Genial, lo que me faltaba. Ahora le interese la vida de una mujer que "acaba de conocer".
-Simplemente nunca logré cumplir las expectativas de mi familia. No soy nadie, tan sólo soy… un fracaso – Hinata sintió que él se acercaba hacia ella y su cuerpo se tensó.
-No lo creo – los vellos de la nuca se le erizaron cuando sintió un cálido contacto en su hombro desnudo.
-¿C-Cómo dijo? – Neji hizo que ella se volteara hacia él. Sus opalinos ojos se centraron en los ojos violeta de ella. Hinata no entendía qué estaba pasando, pero esos ojos, tan parecidos a los suyos en el pasado, le hablaban con sinceridad – S-Señor… Hyuga – Hinata estaba acorralada entre la ventana cerrada y el cuerpo de Neji. El rostro del muchacho estaba cada vez más cerca del suyo. Podía sentir su cálida y pausada respiración en sus mejillas.
No entiendo qué es lo que estoy haciendo… Tan sólo… siento como si… Como si necesitara hacer esto…
En ese momento, Neji juntó sus labios con los de ella. Se trataba de un beso torpe, como el de un chico inexperto, pero aún así Neji se sintió en el Paraíso. Jamás pensó que besar a esa mujer lo hiciera sentir tan bien. Pero entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo ¡Estaba besando a una desconocida! Estaba a punto de separarse de ella, preparado para recibir una cachetada o algo peor, cuando unos delgados brazos se enredaron alrededor de su cuello. Ella lo estaba besando. Pero no era un beso cualquiera. Era un beso apasionado, agresivo, lleno de necesidad. Neji la sujetó firmemente por la cintura y ambos empezaron a moverse torpemente, hasta que Hinata quedó sentada sobre la mesa de controles, al lado de la ventana.
Neji introdujo osadamente su lengua en la boca de ella, que gustosa le dio la bienvenida, juntándola con la suya. Lenguas aterciopeladas se saboreaban con placer. Las manos de Neji empezaron a recorrer la espalda de Hinata, mientras que ella enredaba sus dedos en el sedoso cabello del muchacho.
Pronto, a Neji se le hizo insuficiente sentir el cuerpo de la mujer por encima de la ropa, así empezó a acariciar sus piernas, introduciendo su mano debajo del vestido. El cuerpo de Hinata se estremeció y ella pronto dejó sus labios para besar el cuello de él. Definitivamente la temperatura iba cada vez más en aumento.
Neji se estremeció cuando sintió los húmedos labios de Hinata recorrer su cuello. Su mano derecha se topó con la diminuta prenda que llevaba Hinata y empezó a acariciar su intimidad por encima de la ropa interior. Hinata enredó sus piernas alrededor de la cintura de él, necesitaba sentirlo cerca. Ese cuerpo la volvía loca, la hacía perder la cordura. La boca de Neji se deslizó hasta el cuello de ella, que hizo la cabeza hacia atrás para darle más espacio. Deseoso de volver a probar esos labios, Neji atrapó la boca de la mujer, mordiendo su labio inferior, para después introducir su lengua y recorrer toda su cavidad. Hinata se retorcía en brazos del hombre, sintiendo el miembro erecto de él, por encima de su pantalón.
La mente de Neji estaba en blanco. Sus sentidos estaban cegados por el placer que le provocaba sentir el sensual cuerpo de aquella mujer entre sus brazos. Y ni qué decir de la forma en que se movía. Neji se maldijo mentalmente. Era evidente que ya se había percatado de su erección. Tenía que detenerse. Estaba consciente de ello. Pero no podía. El cuerpo de Hinata era como un poderoso imán.
Hinata se preguntaba una y otra vez por qué rayos estaba haciendo eso. Poco le faltaba para acostarse con él. Otra vez. ¡Malditos deseos! Tenía que reaccionar. Eso lo sabía perfectamente. Pero… no podía. Simplemente le parecía imposible. Necesitaba que alguien la golpeara en la cabeza. La forma en que Neji la acariciaba no la ayudaba mucho. Se había dedicado a acariciar su intimidad por encima de la diminuta tanga, tanto que sentía que en cualquier momento tendría un orgasmo. Irónico. Un orgasmo con el mismo hombre con el que se acostó hacía unos días. Y lo peor es que él no tenía idea. ¿O acaso era mejor así?
-Y-Yo… - entonces Neji se separó súbitamente de ella. Su rostro estaba bastante sonrojado y no era capaz de mirarla a los ojos – Yo sólo… - pero ella no lo dejó continuar, pues enredó sus brazos alrededor de su cuello y le susurró al oído.
-Shh este será nuestro pequeño secreto… Neji – el castaño pensó que su nombre nunca podría escucharse más sensual que viniendo de la seductora boca de esa mujer.
-D-D-De ac-c-cuerdo – balbuceó él torpemente.
-Mire cómo fuimos a terminar después de mi comentario – dijo ella, bajándose de la mesa y acomodándose el vestido – Gracioso ¿no le parece?
-Aún no comprendo cómo… alguien como usted… puede decir esas cosas de sí misma… Quiero decir…
-Ante los ojos de mi familia estoy muerta – dijo Hinata – Es interesante el darse cuenta de lo diminuto que eres.
-Bueno… yo – Neji sabía que no era bueno con las palabras, mucho menos después de haber estado tan "íntimos" hacía unos instantes – Creo que puedo comprenderlo – ella lo miró, confundida – A veces, por más noble que parezca una familia, no es más que apariencia. Creo que es cierto que no todo es lo que parece ¿no lo cree?
-No podría estar más de acuerdo.
-Creo que podría considerar ponerla en periodo de prueba – Neji se pasó una mano por el cabello, como lo hacía siempre que estaba nervioso. Los ojos de Hinata se iluminaron. Trabajar con un Hyuga. Perfecta oportunidad para destruir a esa odiosa familia desde dentro – Claro, si le interesa.
-Acaso… ¿Me ha aceptado? – ella se acercó peligrosamente a él, acorralándolo contra la pared - ¿Señor Hyuga?
-B-B-Bueno… p-pues – Hinata colocó sus manos sobre el pecho de él y le sonrió de forma inocente.
-¿Es un sí? – el castaño asintió tímidamente con la cabeza y ella sonrió ampliamente – Usted es el mejor, director del departamento de seguridad Informática – le guiñó un ojo y caminó hasta la puerta – Oh por cierto – se volteó hacia él – creo que deberíamos regresar con los demás.
H&N
-Hotel Four Seasons-
Estaba harta de la misma situación. Saludar y sonreír atentamente. Hacer reverencias a personas de familias importantes, como si a ella le interesara saber quiénes eran. Comportarse como la perfecta y obediente heredera de la familia Hyuga estaba empezando a hartarla. Maldijo el día en que su padre hechó a su hermana mayor de la casa. Si eso no hubiera ocurrido, ella no tendría que actuar de una manera tan falsa. Definitivamente eso no iba con ella. Y es que Hanabi Hyuga sabía que ella no estaba hecha para ser una mujer delicada y recatada. ¡Jamás! Ella odiaba ese tipo de reuniones, donde la gente rica se exhibía y demostraba su fingido interés por los demás ¡Vaya estupidez! Era lo único que podía pensar la menor, mientras sonreía por enésima vez. Estaba harta y odiaba tener que llevar ese estúpido vestido Versace azul marino, strapless, ceñido a la cintura por un fajón de oro con pequeños zafiros. Ella no era una delicada florecita, era una mujer fuerte, tan fuerte como cualquier hombre.
-Luce hermosa esta noche, señorita Hyuga – como si no lo hubiera escuchado antes unas mil veces, se decía a sí misma Hanabi, luego de que Kabuto Yakushi besara su mano y la mirara con lujuria un par de veces. Hanabi sonrió, conteniendo sus deseos de dejarlo sin descendencia.
-Es usted muy amable, joven Yakushi – contestó. Sonrió con parsimonia, dedicándole una mirada asesina cuando ya se había marchado. Se acercó a uno de los meseros, tomó una copa de champán y la bebió de un solo trago – Estúpidos eventos, estúpida noche – tomó un segunda copa y se la acabó tan rápido como la primera – Estúpido vestido – maldijo, cuando estuvo a punto de tropezarse - ¿Adónde se fue? – miró a su alrededor, buscando a una única persona. Sus ojos se detuvieron en un muchacho de porte elegante, cabello castaño oscuro, algo desordenado. Ella se fijó en sus ojos cafés, a menudo cubiertos por gafas oscuras, esa noche exhibían un enigmático brillo. Llevaba un traje azul oscuro y charlaba animadamente con Temari Sabaku.
¿Qué pasaría si "accidentalmente" derramo vino tinto sobre su impecablemente blanco vestido Armani?
Disimuladamente se acercó a otro mesero y tomó una copa de vino tinto. Caminó hasta donde estaba la pareja con decisión. Nadie se acercaba a "su hombre" cuando ella no había podido siquiera entablar una conversación con él. En ese momento, Temari se marchó y el castaño volvió sus ojos cafés a la Hyuga, con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios.
-Así que finalmente regresaste a Japón – dijo Hanabi, con sensualidad - ¿Eh, Shino Aburame?
-Estaré aquí un par de meses – respondió el aludido – para luego viajar a Cardiff. La Universidad de Gales está muy interesada en los avances en biotecnología que ha hecho la Universidad de Tokio – y empezaba de nuevo. ¿Es que ese sujeto sólo sabía hablar de su trabajo? Ella sabía que él era uno de los Biotecnólogos más reconocidos de Japón, sabía que su trabajo era su vida, pero ¿es que no podía fijarse un poco más en ella? Un "te ves bien" le habría bastado, pero no, Shino Aburame no era alguien que se fijara en eso.
-No has cambiado nada.
-Sabes, he escuchado extraños rumores recientemente – dijo Shino, bajando la voz.
-¿Extraños rumores? – Shino le ofreció el brazo y ambos salieron a la terraza. La luz de la luna iluminó sus ojos con un hermoso brillo.
-Sí. Sobre tu familia. No comprendo qué sucedió con Hinata – la castaña frunció el ceño. Hinata. Era lo último que se esperaba. Que Shino quisiera preguntarle por su desaparecida hermana. Si bien era cierto, Hinata y Shino se conocían desde primaria y siempre habían sido grandes amigos, Hanabi no quería, ni podía hablar de ella. ¡Por Dios! No se habían visto en un año y ¿lo primero que Shino hacía era preguntarle por Hinata?
-No deberías darle importancia a ese asunto – dijo Hanabi, rodeando el cuello de Shino con sus brazos y acercando peligrosamente su rostro al de él.
-Ella siempre ha sido mi mejor amiga y lo sabes. – dijo Shino, sin inmutarse por el acto de Hanabi – Tú que eres su hermana, no puedo creer que digas algo como eso – el tono acusador del castaño hizo enfadar aún más a la chica.
-¡Eso lo sé! – exclamó, separándose de él - ¿Crees que es mi culpa que mi padre la haya desterrado? ¿Crees que yo la incité a huir de casa? ¿Eh? ¿Crees que me gusta jugar a ser la muñeca de porcelana de mi padre? ¡Estoy harta de esto! Si ella no se hubiera ido, yo… - golpeó la pared con el puño, furiosa – Maldita sea – se había cortado ligeramente la mano con el filo de la ventana y empezó a sangrar – Lo que me faltaba.
-Déjame ver – Shino tomó la mano de Hanabi y, sacando su pañuelo, limpió la sangre de la herida y le colocó una bandita – Listo – ella se sonrojó y apartó bruscamente su mano de la de él.
-No tenías que hacerlo – le dio la espalda – Eres muy extraño ¿qué persona normal carga banditas en el bolsillo? – él se encogió de hombros – Ha de parecerte que aún soy una niña – sonrió con melancolía y miró al cielo – Siempre me has visto como la hermanita de Hinata, aún cuando ella desapareció de la vida de todos, para ti no cambia el hecho de que soy sólo la hermana de Hinata Hyuga – Hanabi rió – Pero qué tonterías estoy diciendo.
-Puede que pienses eso, pero tú eres Hanabi, una mujer fuerte, hermosa y decidida – dijo el castaño – Así es como siempre te he visto yo – le dedicó una pequeña sonrisa antes de marcharse.
-Shino, yo…
-¡Hanabi, aquí estabas! – en ese momento apareció su padre, Hiashi Hyuga – Ven, quiero que saludes al joven Haku - Hiashi la arrastró de nuevo al interior del salón.
Aquí vamos de nuevo…
H&N
-Flor de Luna-
En el segundo piso, en la mesa más apartada, Shikamaru Nara estaba reunido con sus compañeros de trabajo, Sai Shimura y Kimimaro Kaguya. Los tres trabajaban para el Departamento de Cooperación Internacional de Konoha Corp y habían estado de viaje en Inglaterra, para negociar la posibilidad de expandir el mercado y colocar los componentes electrónicos de Konoha en el mercado europeo. El negocio había resultado exitoso y los tres jóvenes regresaron a su país natal, después de dos largos años.
-¡Date prisa! – Tsubaki halaba a Ino de la muñeca, hasta que llegaron a donde estaba Shikamaru - ¡Shikamaru! – la castaña se abalanzó sobre él para abrazarlo.
-¡Pero qué fastidiosa eres, Tsubaki! – se quejaba Shikamaru, ante las risas de sus compañeros - ¿Cuántas veces tengo que decirte que odio que hagas eso?
-No seas tan duro con ella – dijo Naruto, estrechando la mano de los tres chicos – Sabes que te quiere como un hermano.
-No has cambiado nada, Naruto – dijo Sai, con su acostumbrada sonrisa – Sigues teniendo esa cara infantil e idiota.
-¡Qué dijiste, imbécil! – antes de que se abalanzara sobre Sai, Sasuke lo sujetó por la camisa.
-Supongo que tampoco has madurado – añadió Kimimaro, tomando un trago de su vodka. Naruto le dedicó una mirada asesina y antes de que pudiera replicar, Sasuke intervino.
-Ya cálmate y hazte a un lado que Ino también quiere saludar – Ino apareció detrás de Sasuke. Sus ojos se encontraron con los de Shikamaru y no pudo evitar sonrojarse.
-Hola – murmuró ella, tratando de parecer calmada.
-Ho-Hola – Shikamaru la miró fijamente y las escenas de su última noche juntos aparecieron en su cabeza. Sus mejillas se sonrojaron y desvió la mirada – Te ves… bien.
-¿Eh? Ah… gracias. Tú… también – él levantó lentamente los ojos. Se quedaron mirándose por unos minutos hasta que…
-¡Por fin aparecen! – exclamó Naruto. Todos voltearon hacia donde señaló el rubio. Eran Neji y Hinata, que llegaban juntos - ¿Dónde estaban, pícaros? – las mejillas de ambos se sonrojaron.
-Sólo hablábamos de trabajo – respondió Neji.
-Si tú lo dices – murmuró Sasuke.
-Hinata, traes el cabello desarreglado ¿qué sucedió? – intervino Ino. Hinata se sobresaltó. Con todo lo que pasó, se olvidó de arreglarse el cabello antes de salir de aquella habitación.
-Eh… bueno… sobre eso… es que… hacía mucho viento.
-Ah… claro – comentó la rubia – B-Bueno… será mejor que… nos vayamos – dio media vuelta para marcharse – Vamos Hinata.
-¡Espera! ¡Tienes que conocer a los chicos, Hinata! – exclamó enérgicamente Naruto, abrazando a la peliazul por la espalda – Chicos, ella es Hinata. Mira, ellos son Shikamaru, – señaló al castaño con rostro aburrido – Sai – el chico de la sonrisa enigmática – y Kimimaro – el apuesto muchacho de ojos verdes.
-Mu-Mucho gusto. Soy Hinata Ikeda.
-¿Ikeda? ¿Eres pariente de la famosa cantante de rock, Akasha Ikeda? – preguntó Kimimaro. Hinata lo meditó por un instante ¿debía decir la verdad?
-Algo así.
-Me encanta su música. Fue una lástima escuchar de su muerte – sintió una punzada en el pecho. Su madre había muerto sin que nadie supiera la verdad detrás de su pasado.
-Hinata – insistía Ino. El rostro de su amiga le indicó a Hinata que ella no estaba del todo bien, así que decidió marcharse.
-¿Se van tan pronto? – preguntó Sasuke.
-¿Tiene algo de malo? – inquirió la rubia, con un dejo de fastidio en su voz.
-Yo sólo preguntaba – se defendió Sasuke, al notar la mirada asesina de Ino. Los muchachos se miraron mutuamente, cuando las mujeres se habían marchado.
-¿Qué le sucede? Parecía molesta – dijo Sai. Naruto se encogió de hombros, mientras Shikamaru miraba fijamente el sitio por el que había desaparecido Ino.
-Mujeres – dijeron todos al unísono.
H&N
-Hotel Four Seasons-
Finalmente el evento de caridad estaba llegando a su fin. Para alivio de Hanabi, tan sólo tendría que esperar por la última subasta de la noche, un viaje con todos los gastos pagos en un crucero por el Caribe, para dos personas, durante una semana. Este premio había sido cortesía de la familia Uchiha I, que, para irritación de un par de personas, habían sido los aclamados de la noche, gracias a las generosas donaciones y jugosos premios que entregaron para la subasta.
-¡Vendido a la señorita Temari Sabaku! – exclamó Jiraiya. La rubia se levantó y subió al escenario para recibir su premio – Ahora, el joven Itachi te hará entrega de tu premio, querida – Itachi también subió al escenario y le entregó un certificado válido por el viaje en crucero. Temari lo recibió gustosa y se abalanzó sobre Itachi, besándolo en la mejilla. El acto lo tomó desprevenido, pero, como el caballero que era, la abrazó y depositó un delicado beso en la mejilla de Temari.
-Muchas felicidades, que disfrutes tu premio – ambos bajaron del escenario, entre los vítores de la multitud y regresaron a sus lugares.
-¡Con esto llega a su fin el evento anual de caridad! – exclamó Tsunade – Espero que se la hayan pasado bien. Muchas gracias a todos por su colaboración, sé que muchas mujeres se los agradecerán.
-¡Señores Namikaze! – exclamó un fotógrafo – Una foto para el periódico Tokyo Times.
-Con todo gusto – respondió Jiraiya, abrazando por detrás a su esposa.
-Espere un momento – lo detuvo Tsunade – Madara, Itachi, vengan aquí. Quiero que ustedes aparezcan en la foto también.
-Descuida Tsunade, es tu evento – dijo Madara.
-No seas tan modesto. Siempre has ayudado en mis eventos, te quiero aquí – dijo ella, con tono autoritario - ¿O es que me harás ir por ti? – Madara se levantó, resignado – Tú también vienes, Itachi – el muchacho siguió a su padre. No se podía discutir con la Sra. Namikaze – Ahora sí estamos listos – Itachi se colocó junto a Jiraiya y Madara junto a Tsunade.
-Esto es aún mejor – comentó el fotógrafo – Estarán en la primera plana.
-Qué estupidez, siempre les ha gustado llamar demasiado la atención – dijo Fugaku Uchiha, en voz baja. El líder de la familia Uchiha estaba sentado en una mesa algo alejada, junto a su esposa, Mikoto Uchiha. Fugaku parecía molesto, mientras Mikoto tenía una mueca de remordimiento en su rostro.
-Bueno ¿qué podías esperar del señor Jiraiya? – dijo Mikoto – Siempre le ha gustado llamar la atención.
-Sabes que no me refiero a ellos. Hablo de los autonombrados Uchiha I – alegó el hombre, cruzándose de brazos y mirando con odio a Itachi – Nunca había visto a un muchacho tan presumido. Cree que por ser hijo de Madara, antigua cabeza de la familia Uchiha, puede andarse luciendo por todas partes.
-Querido, no está bien que hables así de tu… del joven Itachi – Mikoto guardó silencio en cuanto se encontró con la amenazadora mirada de su esposo.
-Mikoto ¿dónde diablos está Sasuke? Se supone que debía estar aquí – preguntó Fugaku.
-Él… llamó y dijo que no podía venir porque… tenía mucho trabajo en la compañía – respondió tímidamente la mujer.
-¡Mucho trabajo! ¿Cuántas veces te ha engañado Sasuke con ese pretexto? Bueno, ya no se puede hacer nada. Ese muchacho es demasiado rebelde, siempre lo ha sido.
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-Calles de Tokio-
-Ino, Ino… ¡Ino!
-¿Qué? – preguntó una distraída Ino, mirando a su amiga - ¿Decías algo?
-Has estado actuando extraña desde que salimos de Flor de Luna – dijo la peliazul - ¿Sucedió algo? – Ino se detuvo súbitamente en medio de la carretera – Ino, no se supone que te estaciones aquí.
-Hinata, conociste a ese sujeto, Shikamaru ¿verdad?
-Sí, pero no entiendo qué tiene que ver con…
-¿Recuerdas lo que te conté de mi primer cliente en el Cabaret hace dos años? – Hinata asintió con la cabeza. Ino sonrió con melancolía y entonces Hinata empezó a comprender.
-No me digas que… – Ino asintió con la cabeza, mientras unas pequeñas lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas.
-Él… se dio cuenta de que… de que yo… - se abalanzó sobre Hinata, llorando oculta en su pecho. La ojivioleta tan sólo abrazó a su mejor amiga. A pesar de exhibir siempre una gran sonrisa, llena de seguridad, Ino Yamanaka era una chica frágil, con sus propias preocupaciones.
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