Tres.

Papyrus se dejó caer suavemente contra la nieve, emitiendo un sonido similar a un gemido de cansancio. Sans se detuvo a su costado visiblemente agotado por la extensa caminata. Ninguno consideró siquiera que jamás encontrarían la única entrada a las ruinas después de tanto sendero recorrido, pues quizás en la profundidad de sus almas resguardaron esperanzas de encontrar al menos una seña de su mundo natal, así que terminó por decepcionarlos impactar contra la desalentadora realidad de la que Horror Sans y Horror Papyrus lucían tan ajenos. La neblina volvía a espesar y sin ningún refugio disponible no tenían más opción que descansar antes de continuar con su búsqueda, la cual Sans ahora mismo consideraba insulsa pero no podía rendirse cuando la expresión facial de su hermano conservaba ese brillo decidido a cosechar algo positivo de circunstancias enervantes.

—¡Espera, Sans! —exclamó Horror Papyrus al darse cuenta que sus doppeldangers no los estaban siguiendo y que se habían detenido contra el tronco de un árbol—. Nuestros amigos parecen cansados. Ya sé que tú y yo podemos caminar durante horas pero no podemos dejarles plantados en este sitio, ¿qué si viene alguien y los asesina cuando están indefensos?

—No es como si tuviera interés alguno en roer mis propios huesos pero tienes razón, hermano —Horror Sans dejó de avanzar para enseguida retroceder sus pasos—, sería una lastima que nuestros colegas fueran devorados sin clemencia ya que no parecen ser conscientes del peligro que representa quedarse en un solo lugar.

—No te preocupes por nosotros, Horror. Podemos cuidar de nosotros mismos —espetó Sans empujando un acento amable mientras se reconocía cerca de perder la paciencia—. Y escuchen, tal vez no conozcamos cómo es la vida en su universo pero estamos convencidos de que este es un sitio peligroso, apresurarnos a encontrar nuestra perdición tampoco es conveniente sin embargo, planeamos tomar un corto descanso y continuar con mayor energía nuestro trayecto, ¿se nos unen?

—Viendolo desde esa perspectiva tiene sentido —apoyó Horror Papyrus, obteniendo una mirada fastidiada de Horror Sans a cambio.

—Como sea —Horror Sans se rindió—, si quieres puedes unirte a ellos, Paps. Yo iré a dar un vistazo más adelante, sólo para asegurarme que estamos a salvo. Tomaré mi turno para hacer guardia ahora.

—No creo que sea conveniente separarnos —Papyrus se apresuró a opinar pero Horror Sans ignoró por completo su comentario para empezar a caminar sin dirección aparente entre la neblina. Y aunque Papyrus no insistió, la preocupación en su rostro era evidente, Sans lo identificó enseguida pero tampoco quiso dirigirle la palabra a su doble, convencido de que el fragmento de cráneo que este perdió -en cualquiera que hubiese sido el desafortunado suceso- se trataba de aquel que hacía funcionar el sentido común.

—Tu hermano es un verdadero cabeza hueca, ¿no es cierto? —bromeó Sans.

—Sans —le regañó Papyrus. Sin embargo, Horror Papyrus simplemente lo miró con una expresión inescrutable, casi ajena al relativo insulto.

—Siempre lo ha sido. Me parece que su estado es genético ya que técnicamente yo estoy hueco también, todos nosotros debemos estarlo, somos esqueletos.

—No, eh, yo me refería a... olvídalo. —Sans se reconoció frustado ante la falta de entendimiento -o tal vez atención- que recibía del doble de su hermano, mas no estaba seguro si era tonto o realmente evadía de una forma tan benévola y sutil la dirección de sus improvisadas mofas. En este punto, Papyrus estaba agradecido de que su enorme alter-ego tuviera la amabilidad de no molestarse de las imprudencias de su hermano mayor, pues lo que menos quería era que ocurrieran conflictos entre ellos y sus otros yo.

—En todo caso, hermano —Papyrus tomó la palabra—, debemos planear nuestro próximo movimiento. Ahora que descubrimos que no hay una puerta que nos lleve a las ruinas, no tenemos otra opción que decidir a dónde iremos. Sé que el paisaje es extenso, y a veces pareciera que es infinito, pero debe haber algún sitio que podamos ocupar mientras estamos aquí.

—Si... también estuve pensando en eso. —Sans se encogió de hombros mientras dejaba caer todo su peso en el tronco contra el que se recargaba, deslizándose con cuidado hasta que su cuerpo encontró la posición adecuada—. Es obvio que no localizaremos ese glitch de un momento a otro... además de un refugio debemos encontrar comida... y agua —pensó en voz alta—, o colapsaremos antes de lograr escapar. Debe de haber algo indigerible en esta dimensión... supongo que estamos obligados a correr el riesgo.

—Sólo en caso de que no encontráramos cosas comestibles, me gustaría compartirles algo muy interesante respecto a nuestra anatomía —dijo Horror Papyrus—. Los esqueletos somos capaces de soportar largas jornadas sin alimento, y lo menciono por experiencia propia. En nuestro universo, Sans y yo creímos que moriríamos la primer temporada de escasez que sufrió el subsuelo pero, a diferencia de otros monstruos, nosotros nos mantuvimos fuertes, aunque muy hambrientos. Después de varios meses comenzamos a sufrir episodios alucinógenos, pero con una comida ligera y una serie de siestas nos volvimos a recuperar.

—... Ya veo —Sans asintió—, aunque espero que no se presente la ocasión para poner tus conocimientos a prueba. Pero gracias de todos modos, Horror Paps.

—¡De nada! Estoy a tus servicios, hermano-de-una-dimensión-alterna.

Sonriente, Horror Papyrus frotó su deforme dentadura entre si, creando un extraño rechinido cuando los huesos superiores e inferiores perdieron todo contacto. Y este gesto, aunque deliberado, parecía infantil en demasía; prácticamente descuidado. Sans se dejó reír divertido, pues a pesar de todos los aspectos negativos que lo caracterizaban, aquel Papyrus le había agradado, podría incluso decir que ya lo consideraba una grata compañía aún si no comprendía sus bromas o consideraba normal hablar sobre muerte y desmembramiento.

—Sólo espero que nuestro hermano esté bien —comentó Papyrus para sorpresa de su hermano mayor quien le dedicó rápidamente una mirada confundida.

—¿Papyrus?

—Me refiero a tu "otro yo", Sans. Hace un momento que se fue pero sigo pensando que no es una buena idea dejarlo solo en una situación como esta.

—No te preocupes —interrumpió Horror Papyrus—, mi hermano es muy fuerte. Además, después de comer toda esa carne humana, sus huesos se volvieron el triple de resistentes a los ataques directos así que nadie podrá hacerle daño sin pasar un terrorífico rato antes.

—Sin embargo, mi hermano tiene razón —Sans se puso de pie en medio de un suspiro—. Lo mejor será comprobar que está bien. Horror Paps, tú tienes un olfato agudo, ¿no es cierto? ¿Podrías rastrearlo desde aquí?

—¡Por supuesto! ¡El aroma de mi hermano es bastante fuerte! No es complicado dar con su ubicación y correr hasta dónde está él. Ahora mismo se encuentra... —Horror Papyrus se levantó del suelo, cerrando las cuencas un momento para dar una profunda aspiración del ambiente y señalar con entusiasmo una dirección—, ¡por aquí! —Y echó a correr sin esperar por la respuesta de sus acompañantes. —¡Sans no está muy lejos!

—¡E-Espera, "otro yo"! —exclamó Papyrus comenzando a perseguir a su doble, en reacción Sans se impulsó a correr también, después de todo no podía permitir que su hermano menor se alejara demasiado.

—¡Paps! Aguarda, no puedes correr así, podría ser peligroso —advirtió.

—¡No sería bueno perderlo de vista también a él! Quiero decir, ¡apenas puedo asimilar lo que está sucediendo! ¡Hay un clon más alto que el Gran Papyrus y un Sans que da miedo! ¿Qué deberíamos hacer, hermano? Dame una idea porque yo no tengo ni una.

—Oho, tranquilo. No pierdas el cráneo todavía, algo se nos ocurrirá. —Sin parar de correr, la neblina a sus alrededores se reagrupaba, creando cortinas que volvían a dificultar su visión lejos de la posición que tomaban—. Esto es malo... —comentó Sans al darse cuenta de este hecho pero entonces un extraño crujido lo alertó, incitándolo mirar a todas direcciones aún sabiendo que era inútil. Se sintió rozar la incertidumbre, pese a permanecer calmado la tensión en sus huesos le impidió actuar natural. —Papyrus, no estamos solos.

—¿Uh?

Papyrus miró sobre su hombro la pequeña figura de su hermano pero no paró de correr hasta que el tacto duro de algo emergiendo de entre la nieve desequilibró su ritmo, obligandolo a caer hacia atrás. Sin embargo, ambos hermanos tuvieron reflejos al moverse de manera que se sostuvieron antes de visualizar con sorpresa que estaban siendo atacados por cetros y semillas. Sans logró esquivarlos hábilmente mientras Papyrus se enfocó en contraatacarlos con un hueso conjurado para nuevamente ser sorprendidos por la materialización de huesos mágicos tan blancos que lograban confundirse entre la pálida nieve. Aunque consternados por ello, los hermanos esqueleto no perdieron tiempo en eludirlo exitosamente, ejecutando una serie de movimientos que en algunas ocasiones lograban salvarles de ser perforados o golpeados por esa magia tan conocida; era una suerte que hubiesen entrenado arduamente entre ellos hace un tiempo atrás. Finalmente los ataques se detuvieron, brindándole la oportunidad a Sans que esperaba para demandar por respuestas mientras él y su hermano se mantenían alertas.

—¡Ya basta, colega! Esto no es divertido —exclamó—. Atacar a dos indefensos esqueletos de esta forma es de muy mala educación, como también lo es no dar la cara por tus acciones. Así que te agradeceríamos mucho si te mostraras al menos, quien quiera que seas. —No hubo respuesta pero aquella extraña presencia se mantenía cerca, Sans y Papyrus podían sentirlo en los huesos, haciéndolos temblar. —¿Son ustedes, Horror?

Un extraño viento sopló entonces, dispersando la neblina de forma momentánea. Otro esqueleto les observaba desde la lejanía y esto volvió a provocar una fuerte impresión en ambos hermanos. Aquel que les devolvía la mirada -de cuya silueta se desprendía una considerable bruma de polvo- no era Horror pero definitivamente se trataba de un autentico reflejo de Sans, diferenciándose debido a la capucha gris que cubría su cráneo, pues sus cuencas huecas carentes de pupilas lucían contrariadas hasta que una demencial sonrisa se extendió por su rostro y el brillo enfermo de sus pupilas se delató, extrañamente complacido. Sin embargo, esta silueta volvió a perderse entre la niebla y cuando esta se dispersó por completo, ninguno de los dos hermanos volvió a ver esa figura, haciéndolos preguntarse si había sido real y no un espejismo propio de aquella dimensión, pues de serlo sus doppelganger también lo serían, entonces no volverían a verlos de nuevo por más que los buscaran. Aún así continuaron recorriendo la zona con la mirada hasta rendirse.

—¿Se fue? —cuestionó Papyrus confundido—. ¿Sans... ? ¿Ese eras tú?

—¿Cómo podría serlo? Estoy aquí, Paps.

Sans sintió a sus articulaciones tiritar al tratar de disimular su desconcierto, ver a Horror Sans no le había aterrado tanto como ver a este nuevo doppelganger luego de haberlos atacado sin piedad y, por algún motivo, le inquietaba la simple idea de encontrarse con él otra vez. ¿Qué era? Se preguntó mentalmente. ¿Por qué este sentimiento insistía en permanecer bajo sus costillas sólo al pensar en este extraño espectro con su rostro? Debía estarse volviendo loco. Esta ira, esta desesperación, esta resignación, esta sed no le pertenecía.

—Lo vieron, ¿cierto? —Sans se sobresaltó al percibir la voz de Horror Sans a un costado suyo, no se había dado cuenta en qué momento habían aparecido, Horror Papyrus también ya estaba ahí junto a su hermano y él no parecía afectado, al parecer había sido el único en no notar que se acercaban—. Nos ha estado siguiendo en silencio. ¿No es gracioso? —Horror Sans extendió una sonrisa sádica en sus dientes desnudos—. Resulta que mi hermano lo olfateó a él desde un principio pero confundió el aroma a cenizas que desprende de su ropa con la sangre humana que acostumbramos a perseguir en nuestro universo.

—Es la primera vez que sucede eso —aseguró Horror Papyrus—. Pero desde que lo vimos allá atrás he dejado de percibir su aroma.

—Debió escuchar sobre la habilidad de mi hermano y por eso está usando la neblina. Es ingenioso pero injusto si consideramos que él fue el causante de que termináramos aquí.

—¿Cuál creen que pueda ser su objetivo? —preguntó Papyrus ingenuamente. Las cuencas de Sans volvieron a oscurecerse, presa de una fuerte tensión.

—Mi hermano acaba de ver a otros como nosotros dentro de esta arboleda —Horror Papyrus señaló a sus espaldas—. Si no quedamos aquí los veremos pronto.

—Pero asumo que estarán interesados en ir a conocerlos ahora, ¿verdad? —acusó Horror Sans con ironía. Sans giró el cráneo en dirección al esqueleto más alto.

—¿Ellos tienen un aroma similar a la del esqueleto que acabamos de ver? —quiso saber.

—Todos huelen a polvo, a excepción de dos, pero no lucen peligrosos.

—Para ti nadie es peligroso, bro —bufó Horror Sans con diversión. Sans asintió.

—Bien, entonces... creo que lo mejor será que nos present-

—Hay dos más —Horror Papyrus interrumpió las palabras de Sans, girando el cráneo a un costado de donde se ubicaban. Classic se sentía cada vez más irritado, ¿cuántos más monstruos duplicados deberían conocer? Esto era demasiado—. Parecen apurados y su aroma no es muy agradable, ¿qué hacemos?

—Lo mejor será que mi hermano y yo recibamos a los dos que están separados del grupo, ustedes podrían ir allá —Horror Sans señaló la arboleda—, y firmar un tratado de paz con el grupo grande. De todos modos no me apetece socializar mucho en estos momentos y mi apariencia podría causarles horror—agregó alzándose de hombros y tomando una postura desganada. Sans no interpretó esto muy bien.

—Muy astuto —espetó Sans enojado—. Quieres enviarnos a nosotros a la carnicería.

—A la huesería en realidad—Horros Sans respondió con desfachatez, girándose para despedirse con un movimiento distraído de su mano esquelética—. Nos vemos luego. Trataremos de convencer a nuestros "yo" de esta dirección.

Horror Papyrus siguió a su hermano mayor apenas despidiéndose con un movimiento sencillo de cráneo con la espina dorsal encorvada. Papyrus los vio alejarse sin mayores contemplaciones antes de girarse y descubrir en la figura de su hermano un aura negra, muestra de su inseguridad. Se acercó a él y con una sonrisa lo tomó de ambos hombros, sobresaltan dolo, mas no le prestó atención a este hecho, enfocándose en lo importante.

—No vaciles, Sans. Estoy seguro de que son amigables y de que no nos harán daño, de otro modo se hubiesen atacado entre si, ¿no crees? Seguramente ellos también están confundidos. Ya verás que haremos conexión en cuanto nos vean, ¿está bien?

Sans inclinó el cráneo hacia un costado, casi envidiando la seguridad de la cual gozaba su hermano menor; él jamás podría tomarse las cosas tan a la ligera después de todo lo que había experimentado al ver de frente a este misterioso doppelganger. Aún así decidió darle la razón a Papyrus mientras oraba al cielo de esa dimensión de que todo resultara bien.

—De acuerdo, sólo... prométeme que no te alejarás de mi.

—Lo prometo —correspondió Papyrus enérgicamente—, y sabes que yo nunca rompo mis promesas así que puedes estar convencido de que el Gran Papyrus permanecerá junto a ti.

Sans asintió sintiéndose más tranquilo, pues en las palabras de su hermano menor era capaz de confiar ciegamente ya que hasta ahora jamás lo había defraudado. Luego ambos avanzaron al interior de la arboleda, bañándose con la nueva porción de neblina que era distribuida entre los arboles pequeños y altos. Y conforme avanzaban podían escuchar las diferentes voces que danzaban sin armonía por el ambiente, algunos tonos eran más fuertes, otros más dóciles y tímidos, y otros más bastante agresivos, pero no diferían demasiado del acento que ellos mismos conservaban desde su nacimiento. Sans inhaló y exhaló nerviosamente cuando notó que estaban próximos a encontrarse con ellos mientras Papyrus incluso lucía emocionado de conocer a otras versiones suyas. El hermano mayor sonrió ligeramente contagiado con su positividad; Papyrus era genial.

—¡Hemos estado caminando en círculos! ¡Les dije que la mejor opción era el camino de la izquierda! —declaró Edge indignado.

—Oh, por supuesto. Todo sería mucho más fácil si te dejáramos al mando, ¿no? —Raspberry jugó sarcasmo en la conversación, el agarre en la cuerda volviéndose tensa antes de que tirase de esta para atraer a su hermano quien sumisamente cayó de rodillas sin recibir siquiera una mirada de su amo. A estas alturas Blue y Strecth estaban comenzando a sentir pena por aquel esqueleto mientras Red agradecía mucho que su jefe se hubiese limitado a ponerle un collar y no a exhibirlo como hacía su alter-ego con su hermano.

—Si avanzamos a la derecha fue porque lo sometimos a votación, amigo —comentó Stretch, comenzaba a cansarse de las constantes disputas verbales de aquellos dos miembros de la Guardia Real—. No olvides que fuiste el primero en estar de acuerdo en ir por este camino.

—De todos modos, el paisaje no cambia mucho sin importar cuánto caminemos —dijo Red en un vano intento por aligerar la tensión pululando en el ambiente, también él empezaba a sentirse irritado—. ¿Qué mierda de dimensión es esta? Quien lo creó no tiene creatividad.

—A mi me gusta —expresó Slim, sorprendiendo a Red en el proceso, ya que llevaba todo el camino en completo silencio, apenas emitiendo gemidos discretos con cada tirón que dedicaba Raspberry sobre la cuerda. Ver su tímida sonrisa a Red le inyectó un extraño sentimiento de calidez, pues se le notaba feliz dentro del maltrato recibido. Vaya rarito.

—Bueno, al menos no tenemos piel que resienta el frío que seguro hace —finalizó.

—¡Red! —regañó Edge desde su posición, el sudoroso esqueleto se apresuró en ir a su lado, pues quizás no existiera cuerda aferrándose a su collar pero una mirada de su jefe era suficiente para hacerlo retroceder sus huesos en su dirección sin quejarse. —¿Ahora qué? —quiso saber Edge, de brazos cruzados, vigilando la distancia que recorría su hermano hasta que finalmente se colocó a su lado. Blue se apartó un poco del grupo, su atención atraída por un imperceptible sonido de ramas moviéndose muy cerca de donde él estaba. Miró en esta dirección y avanzó con cautela hasta que vislumbró a las figuras que iban emergiendo fuera de unos arbustos. Notando la ausencia, Stretch se giró para observar a su hermano y llamarlo con voz interrogante hasta que también notó a los dos que se aproximaban. Estos también debían ser "Sans" y "Papyrus".

—¡Saludos, Otros Yo! —exclamó Papyrus con energía, extendiendo el brazo a lo alto, llamando la atención antes dispersa de los cuatro caídos*, quienes ni siquiera se molestaron en devolver el saludo a diferencia de Blue y Stretch, este último imitando la mueca que Classic Sans les dedicó mientras el menor dibujaba dos estrellas como pupilas en el centro de sus cuencas.

—¡Mwehehe! ¡Entonces es verdad que hay otros! —el grito emocionado de Blue inspiró una sonrisa confundida en Sans, era tan extraño verse con la personalidad de Papyrus.

—¡Nyehehe! Es agradable ver que todos están bien —dijo Papyrus con igual entusiasmo.

—Oh, que sorpresa —comentó Stretch con una sonrisa.

—Así es —contestó Sans comprendiendo la expresión de aquel Papyrus así que pronto se encontraron compartiendo sonrisas cómplices mientras se señalaban entre si con una pistola formada con los huesos de sus manos. También era grato saber que no todos eran violentos.

—¿Ellos también son "Nosotros"? —quiso saber Sans mirando hacia quienes no habían hecho el intento por acercarse, mostrándose defensivos ante la nueva presencia.

—Si, tuvimos la sorpresa de encontrarlos justo después de entrar en esta dimensión y combatir forzadamente. Decidimos llamarnos en nombres clave para evitar confusiones: Edge y Red, Rasp y Puppy —informó señalando a cada esqueleto conforme los iba mencionando finalizando consigo mismo y su hermano menor—, Blue y Carrot.

—Nosotros también aunque acabamos de separarnos de nuestros Otros Yo —concluyó Classic Sans—, dijeron que habían dos más y que tratarían de convencerlos de no luchar. Espero que pronto volvamos a encontrarnos con ellos.

—Supongo entonces que tendremos que nombrarlos mientras tanto.

—Ellos ya lo hicieron. Se nombraron a sí mismos como Horror Sans y Horror Papyrus.

—¿Oh? —Stretch alzó una ceja—. Deben lucir aterradores.

—No tienes idea de cuánto.

—¿Más que ellos? —Honey señaló a los esqueletos de porte amenazante.

—Mucho más —afirmó Sans después de darle un vistazo a sus demás contrapartes. No le gustaba juzgar de vista a los monstruos pero podría permitirse el capricho de hacerlo por esta ocasión—. Pero dejando esos detalles de lado, tenemos cosas de qué ocuparnos antes que nada. ¿Tienen conocimiento por el cual hemos sido reunidos en este lugar?

Stretch estuvo cerca de responder enseguida de alzarse de hombros pero la profunda voz de Raspberry se involucró en la conversación bruscamente, alertando a los dos pacíficos hermanos mayores quienes se giraron para recibir al fiero guerrero de armadura negra y bufanda escarlata. Sans observó de forma inquisitiva a este nuevo doppelganger, en especial cuando se dio cuenta de las condiciones del Papyrus que aferraba a su ritmo; Sans se tomó un momento para cruzar miradas con Slim, cuya pesada respiración inevitablemente lo incomodó. Classic Sans no estaba intimidado por ellos pero tomó sus precauciones una vez reconoció aquella mirada y postura que adoptaba Raspberry, apesar de lo tranquilo que pretendía comportarse no cabía duda que era un hueso cortante.

—Lo estuvimos discutiendo todo el camino pero ninguno sabe más, ¿acaso tú tienes información relevante? —retó—. ¿Encontraste el glitch?

—No, pero... —aunque no fue su intención, la mirada de Sans se desvió un breve momento de vuelta al Papyrus amarrado antes de notar cómo una expresión burlesca se formaba en el rostro de Raspberry, gesto que lo tensó.

—¿Tienes asuntos que atender con mi mascota?

—¿Mascota... ? —Sans no supo cómo responder aunque rápidamente se sintió ofendido en el momento que Raspberry haló de la cuerda que sujetaba posesivamente para obligar a su hermano inclinarse hacia abajo y al fin sujetar el collar de picos sobre la tela de la capucha que vestía a Slim entre sus esqueléticos dedos. Volvió a sonreír, esta vez malicioso.

—Baja la cabeza, Mutt —ordenó siendo obedecido al instante—. Adelante —invitó con descarada mofa—, acaricialo. No te preocupes, no te morderá a menos que se lo pida.

—No —replicó Sans incapaz de disimular su enojo. ¿Cómo osaba tratarlo así? ¿No era su hermano? Stretch suspiró, tratando de contenerse, después de todo no era su asunto y no le convenía intervenir en la vida personal de otros universos. Edge sonrió desde su posición, pues -aunque diferían mucho de opinión y manifestaron su poca compatibilidad desde el principio- de algún modo le agradaba el estilo de aquel enano engreído.

—Es evidente que nosotros llegamos a la misma conclusión —intervino Stretch, de vuelta al tema importante, consiguiendo satisfactoriamente que la conversación anterior pasara desapercibida—. Sin embargo, aunque planeamos buscar ese glitch mientras nos enfocábamos en encontrar a otros posibles prisioneros... lamentablemente no lo vimos. No podía ser tan fácil.

—Bien, por lo menos todos estamos de acuerdo en esa posibilidad —Sans asintió.

—Esperen —Blueberry habló—, hace un momento mencionaron que acababan de separarse de otros como nosotros y que estos, a su vez, fueron a reencontrarse con otros dos más. Exactamente, ¿cuántos "nosotros" hay todavía rondando por ahí?

—Si esta dimensión es inmensa debe de haber muchos más en nuestra situación —meditó Papyrus adoptando una postura reflexiva—, hace poco vimos a un Sans muy extraño —Las cuencas de Sans oscurecieron mirando en dirección a Papyrus, el pánico comenzando a invadir su esqueleto—. Estaba solo y lo rodeaba una densa nube de polv-

—Paps. —Sans le interrumpió, más no había reaccionado lo suficiente rápido.

—¿Oh? Ahora si estamos hablando mi idioma —Edge, quien había permanecido en silencio por un buen rato, finalmente se unió a la conversación, y acercándose aclaró su voz. En ese momento Sans supo que debió hablar con su hermano sobre mantener oculto su encuentro con aquel doble, pues desconocían su origen o naturaleza—. ¿Qué clase de "Sans" va solo por ahí desprendiendo tanto polvo de su ropa sino es un monstruo sin gracia o un engreído sobreestimado? Por todo lo que he visto aquí quiero decir, ejem.

—¿Acaso quieres ser hecho polvo ahora, bastardo? —Raspberry no tardó en reaccionar.

—Inténtalo si tienes las agallas —retó.

—¡Alto! —sin siquiera pensarlo Blue y Papyrus se interpusieron entre aquellos esqueletos, inquietando a los hermanos directos—. ¡No es necesario pelear! —declaró Papyrus.

—Recuerden que todavía ignoramos las consecuencias de lastimarnos unos a otros —recapituló Blueberry—. Además, usar la magia para generar violencia no tiene sentido.

Red frunció las cuencas al evidenciar el gran parecido en la personalidad de aquellos dos pero no comentó nada al respecto, abogando por la coexistencia del grupo entero, pues no le convenía que su jefe resultara herido en una batalla sin sentido que podría evitarse. Por otro lado -aunque ligeramente preocupados-, Stretch y Sans liberaron un suspiro, orgullosos de sus hermanos menores, pues habían logrado que sus otros yo disolvieran sus huesos en la atmósfera, completamente rendidos ante sus argumentos. Y al ver su objetivo realizado, el Gran Papyrus y el Magnifico Sans sonrieron con simpatía a los dos malhumorados.

.

Siguiendo el rastro que aún se percibía en el aire, Purple y Money avanzaban sin novedad por el largo sendero de nieve rumbo a la entrada de la nueva arboleda, mas ninguno esperó impactar con la nueva esencia a sangre entrando por sus orificios nasales, así que se detuvieron una vez lograron visualizar a las dos figuras que bloquearon el camino, cuyas sonrisas rápidamente consideraron peligrosas. Horror Sans y Horror Papyrus les devolvieron la mirada, aparentando control total y regocijándose con el gusto a agresividad que aquellos dos emitían fuera de sus contaminadas almas.

—¿Oh? ¿Estoy viendo nuevos trofeos? —cuestionó Purple retóricamente—. ¡Son monstruos de nuestra especie! ¡Jamás pensé que viviría para ver a otros con estas pupilas mías!

—Lo único que veo es una alta suma de oro —declaró Money con actitud relajada, casi aburrida—, una jugosa recompensa disponible para satisfacer mis inclinaciones.

—Usualmente no sentimos ningún interés por ejercer esta clase de actividades —comentó Horror Sans desganado—, pero... —Las cuencas se tornaron abismales—. No queremos decepcionar a nuestros "amigos". Ustedes vendrán con nosotros.

—Si se quedan quietos, prometemos no cobrar por sus huesos—dijo Horror Papyrus.

—He. —Money gestó una mueca apenas cercana a una sonrisa—. Buena —elogió.

—¿Vinieron a brindarnos tributo? Si van a hacerlo, háganlo de la manera correcta: ¡Luchen hasta la muerte y luego dobleguense ante mi grandeza una vez decida que no vale la pena matarlos! —espetó Purple extasiado.

—En realidad vinimos aquí para hablar con ustedes, no nos malinterpreten —aclaró Horror Sans—. Mi hermano está dispuesto inclusive a prepararles espagueti, aunque... en realidad, no haya muchos ingredientes convenientes explorando la dimensión.

—¿Qué harán si nos negamos a ir con ustedes? —retó Purple.

—Créeme —las cuencas de Horror Sans volvieron a oscurecerse—, no quieres hacer eso.

—¡Oh, si! ¡Si quiero! —exclamó Purple comenzando a conjurar huesos mágicos masivamente alrededor suyo y de Money, alzando ambos brazos químicamente mientras emitía una potente risa malevola a través de su dentadura cerrada.

Horror Sans observó con ojo critico las estadísticas del esqueleto que había iniciado el combate. Aquella sería una buena batalla. Los primeros huesos mágicos fueron enviados. Horror Sans y Horror Papyrus se encontraron esquivándolos como mejor podían debido al escenario formado por los brillantes huesos violeta, cortando una serie de los huesos blancos con ayuda de sus pesadas hachas conjuradas. Pero cuando Horror Sans devolvió la mirada a sus contrincantes se percató de que hacía falta uno en aquel espacio de huesos largos y filosos. Sin embargo, no tuvo tiempo de sospechar su ubicación, pues -de entre los fragmentos de hueso recién destruidos por sus contraataques- la silueta de Money se delató a si misma saltando en su dirección con las manos dentro de sus bolsillos y aún así delatando una imponente postura de batalla que logró hacerlo abrir las cuencas con desconcierto.

—Sorpresa —canturreó Money con una sonrisa sedienta de sangre.