Sonrisas (con garras)
IV
Tetsuya no está muy seguro de cómo termina haciendo el papeleo de la recién formada Club de Disciplina de Namimori. De hecho, él ni siquiera lo recuerda. Hay una especie de bache en su mente, que empieza un viernes por la noche –o eso cree- con un niño esponjoso y sonrisa demasiado dulce al que se ofreció a llevar la montaña de papeles que traía –o algo así-.
Después de eso… nada.
Tampoco entiende porque aun así sigue ordenando y sellando las abundantes facturas de destrozo traídas por el chico de grandes ojos marrones.
Ah, piensa, mirando hacia la pared donde un hueco todavía se ve, espera, eso sí lo sé.
El presidente oficial del Club, Hibari Kyoya, es muy convincente.
Y, sus ojos se deslizan a la figura más pequeña, sentada como él frente a un escritorio con una única agenda negra entre sus manos. Dándose cuenta de esto, el niño le sonríe, tan suave e inocente como las nubes, y hace a Kusakabe estremecerse interiormente, destellos de metal brillando en el fondo de su mente.
(Algunas cosas son mejor olvidar. Sin duda alguna.)
Kyoya odia el hacinamiento de herbívoros.
Namimori entero lo sabe ya.
Desconocen la razón, sin embargo, ya que el propio Kyoya es tan tentado a compartir su privacidad como a compartir espacio con alguien que no sea pequeño y con garras, dientes o aspecto esponjoso en general. (Lo que explica mucho, ciertamente.)
Esta razón está entrelazada con un odio profundo al manejo de la seguridad y control de su amada ciudad, ergo, a la policía.
Tratándose de un pueblo chico es obvio que no hay un gran cuerpo pero los pocos que todavía quedan son apenas pasables. Son débiles y patéticos ejemplares de criaturas cortadoras de césped que piensan que están en el primer lugar de la cadena alimenticia.
Sí, Hibari los detesta con todo el acero de sus tonfas y sus ojos.
Por eso mismo está en el campo de entrenamiento con varios pares de –desafortunados- ex-yakuza que decidieron tomar la mano del animalito sin el debido cuidado. Ellos están asustados, por supuesto, ya que perciben el peligro en su piel. La sonrisa de Kyoya es franca –y terriblemente auspiciosa de lo que les espera.
— Como orden del presidente, el Club de Disciplina de Namimori se encargará a partir de ahora de la seguridad de las calles de Namimori, y como parte fundamental, él mismo los capacitará—voz tranquila del pequeño animal suena en el campo como una especie de antífona religiosa, el oro miel derramado en sus ojos—. No fallen.
Debe ser alguna clase de magia, muy posiblemente, ya que los miembros del club se enderezan y el silencio es más cargado de seguridad y respeto que el miedo y el nerviosismo. El animalito les sonríe, alentador, y Kyoya sabe que es el único capaz de vislumbrar el asomo de dientes.
(Le hace sentir orgulloso por alguna razón.)
Entonces su única posible barrera abandona el lugar y Kyoya ensancha su sonrisa, tonfas en alza.
— Primera lección: Resistencia.
Los gritos no tardan en sonar a su espalda y Tsuna se ríe, un sonido maravilloso en contraste con los alaridos.
— Senpai seguro que lo está pasando bien.
Sacando su agenda, garabatea una nota y mira hacia el cielo.
Cuando vuelve hacia la hoja, hay una última frase en escritura diferente que le hace sonreír de verdad.
Bien hecho, Tsuna-kun.
Estoy terriblemente lo siento por la demora!
Un gran abrazo y agradecimiento a todos los que agregaron a favoritos. Son realmente fantásticos, gente! :D :D :D
Y muchas gracias y besos afrutados a Dark Sennin, lillium, Lily jackson 1313, OtakuLife121, y brenda1810018.
Gracias por tomarse el tiempo de escribir! :D :D
Ojalá sus dudas se resuelvan con el paso de los capítulos :)
Saludos!
