¡Hola!^^

Regrese un poco más rápido de lo que esperaba xD. el cap fue atrasado un dia por qe ayer viaje y no toque computadora en todo el dia xD

Gracias por los reviews C: y gracias a las personas que leen este fic ^^

¡ Disfrútenlo!


Secret Love Black

By B. Poot

Capítulo IV

&.

La observaba desde la ventana, a través de las cortinas en encaje blanco y seda. Solo en la oscuridad de la habitación que le pertenecía.

Ahí estaba ella junto a su "prometido" en el jardín. Ambos se encontraban sentados en una mesita de exterior mientras él le enseñaba a jugar ajedrez.

"Mi madre dice que tengo que pasar más tiempo con él"

Le respondió la chica cuando él le pregunto el por qué tenía que salir y dejarlo solo en la habitación, cosa que el detestaba. Eso no era mentira, él en verdad odiaba quedarse solo, pero lo que más odiaba era que ella pasara tiempo con el hijo del comerciante Ikune.

Según lo poco que había escuchando de las criadas Ren era hijo de un rico comerciante. Su padre había forjado un pequeño monopolio en la exportación de algunas especias y telas preciosas, además de que se decía que era buen jinete y cazador. El castaño no parecía mala persona, pero eso no significaba que le agradara que estuviera junto a ella.

Qué situación más irónica viva en ese momento, ahora que estaba junto a la joven de sus sueños y suspiros había algo que le impedía acercarse a su corazón.

Un sonido lo saco de sus pensamientos, era el ruido de unos pasos acercándose, los cuales no pertenecían a la dueña de aquel lecho.

La puerta se abrió dejando pasar a una joven de cabellos negros, quien estaba tarareando una canción estilo Mozart. En sus manos traía un cesto de ropa limpia recién lavada, la cual desprendía un aroma parecido a las rosas.

Len se escondió en el armario, observando por la ranura cada movimiento de la chica, evitando hacer ruido para que la intrusa no lo descubriera.

—Rin-sama siempre deja hecho un desorden su habitación —se quejo la chica mientras meneaba la cabeza con desaprobación, sin más remedio comenzó a hacer la cama y a recoger la ropa que estaba regada en toda la habitación.

Efectivamente el sitio no estaba en buenas condiciones, aunque tampoco estaba tan desordenado. La mayor parte de las cosas se encontraban en su sitio a excepción de los artículos de uso frecuente.

Len estaba nervioso, la criada se estaba a punto de guardar los vestidos de Rin cuando una voz la llamo desde la planta baja. Era la voz inconfundible de Miki, quien parecía molesta, tal vez alguien le había hecho alguna travesura.

—Ya voy —respondió mientras dejaba todo sobre la cama. Los pasos de la joven estaban a punto de desaparecer del cuarto cuando se detuvieron por un par de segundos—, buenos días Rin-sama

—Buenos días —saludó la voz de la joven rubia con alegría.

Al oír cerrar la puerta Len salió de su escondite dejando escapar un sonoro suspiro de alivio. Aquellas mañanas de limpieza eran momentos de miedo, puesto que el ángel temía que algún día desafortunado lo encontraran.

—Te he traído un poco de comida —dijo Rin con una sonrisa mientras le enseñaba una bandeja llena de comida.

Era un desayuno esplendido, jugo de naranja, pan a la francesa y una copa de frutas de la temporada acompañadas de un poco de yogurt.

—Gracias —contestó el ángel mientras se disponía a tomar el presente de su amiga.

Rin tomo asiento en la cama.

Tener a Len junto a ella la hacía muy feliz, pero también la hacía sentir egoísta.

—Ahora que llevas un par de semanas de vivir aquí —dijo la rubia—, ¿podrías decirme que sucede?

La mirada del ángel se ensombreció mientras el tenedor caía al plato haciendo un leve sonido. Rin se arrepintió de haber preguntado cuando noto como el ángel se tensaba en su lugar.

Un silencio incomodo se hizo presente en la habitación hasta que fue roto

—Y-Yo...

—Lo siento —exclamó rápidamente Rin—, no fue mi intención molestarte

El ángel negó. Ella nunca podría llegar a molestarlo

—No, no lo hiciste —dijo el ángel—, es solo que...

—¿ Es algo difícil de explicar? —completo Rin presintiendo lo que su compañero le diría.

Todos tenían sus secretos y los ángeles tampoco tenían excepción. Len asintió llevando un trozo de fruta a sus labios.

Más bien era algo muy difícil de recordar...


—¿¡ Qué!? —grito Rin asustada parándose de golpe de su asiento.

Frente a la chica se encontraba su madre, con sus cabellos rubios recogidos en una coleta.

Ambas se encontraban en el estudio de la casa, su madre sentada en la silla de su difunto padre y Rin del otro lado del escritorio.

—Baja un poco la voz querida —pidió su madre con calma, hizo un ademan a Rin para que se volviera a sentar pero la primogénita no obedeció

—¿ P-Pero? ¿¡Cómo pudiste hacerme esto!? —la voz de Rin temblaba cada vez más.

Su mundo se estaba cayendo a pedazos por causa de su madre. Todo su futuro ya había sido decidido sin su permiso, toda su vida se había ido al caño en cuestión de segundos.

—Rin es por el bien de la familia —justifico la señora Kagamine en un suspiro.

No le agradaba ver a su hija así de afectada por su decisión, pero era lo mejor para todos. Rin se dejo caer de sentón en su asiento. Su mirada se encontraba perdida y su cuerpo estaba tenso

—Lo sé madre, pero...

—Pero es demasiado pronto —la apoyo Miki, quien aun estaba en estado de shock. La joven nodriza estaba junto a Rin, igual de desconcertada por la decisión de la señora de la casa.

—Lo sé, lo sé —se apresuró a decir la mayor de las Kagamine.

Rin llevo sus manos a su rostro en un intento por tranquilizarse, pero no surtió efecto.

—Pero apenas lo conozco, solo llevamos un par de semanas saliendo —dijo la princesa Kagamine desesperada.

No deseaba apresurar las cosas, ya había sido demasiado haber conocido a su prometido tan prematuramente y ¡ahora esto!

—Tendrán más tiempo para conocerse después de la boda

Rin ahogo un gemido de desesperación y frustración

—Pero... —replicaron Rin y Miki al mismo tiempo, pero la madre de la primera las ignoro

—Será en un mes, ni más ni menos —dijo la señora dando por terminada la conversación.

Ya era un hecho, la boda se iba a llevaría a cabo en un mes aun cuando Rin se negara.

Rin grito de rabia, enojo, frustración y miedo al entrar a sus aposentos. Len solo la miro con curiosidad nunca había visto a alguien con la cara tan roja de furia.

—¿¡ Como me pudo hacer esto!? —repetía una y otra vez mientras ocultaba su rostro entre las almohadas.

Las ganas de llorar la invadieron, pero no de tristeza sino de rabia. Se sentía tan impotente, tan vulnerable

Len se acerco lentamente a ella para acariciar su cabello en un acto de querer calmarla. Rin no levanto la vista, no deseaba que el ángel presenciara sus problemas triviales.

—¿ Puedo preguntar qué es lo que sucede?

—No es nada de lo que tengas que preocuparte —respondió la chica con una sonrisa fingida.

Len la miro triste, claro que le preocupaba. El más que nadie quería evitarle todo dolor o sufrimiento. Rin levanto la vista, el joven le sonrió

—¿ Como no preocuparme? Después de todo tu me has dado un lugar donde quedarme —continuó Len con un sonrojo notable, sus alas se enroscaron detrás de él haciéndolo ver más adorable, lo cual Rin no pudo evitar notar. Aquella imagen le resultaba familiar, pero no podía recordar de donde.

—Un ángel... —musito para sí misma al ser cautivada por la hermosura del ser que se encontraba junto a ella

—Si lo soy... ¿acaso no es evidente? —bromeó el joven mientras movía las alas graciosamente

—Muy gracioso —dijo sarcásticamente Rin antes de darle un golpe leve en el brazo.

Siempre que hablaba con Len todo lo demás parecía esfumarse. Solo existía él y solo él.

—¡ Auch! No pensé que los humanos fueran así de agresivos —comento con dolor fingido.

—Yo no soy agresiva —trato de defenderse la rubia mientras su rostro era adornado por un puchero.

Len comenzó a reír, era la primera vez que veía a Rin tan infantil. Aun con un puchero en el rostro se veía...

—Linda...

—¿ Que dijiste?

—¡ No, nada! —rió nerviosamente Len mientras agitaba las manos en forma de negación

—Eres muy divertido —dijo Rin con una sonrisa— ¿acaso todos los ángeles son así?

Len no tardo ni un segundo en contestarle, si todos fueran iguales todo sería un caos en el cielo, ni siquiera se lo podía imaginar

—No todos. Algunos son más alegres, otros serios y algunos muy irritables —comento recordando a Dell el ángel del dolor y a Meiko el ángel de la ira.

Los escalofríos recorrieron el cuerpo del joven al recordar a aquellos dos, ninguno de sus encuentros con ellos dos era digno de ser recordado.

Rin lo miro curiosa.

—¿ Irritables? ¿Existen ángeles así?

—Claro que sí. Dell es un poco irritable y los hermanos Kasane son muy bromistas, Gumi es un sol andante, siempre con una sonrisa —comento Len recordando a cada uno de sus hermanos y hermanas

Rin escuchaba extasiada cada palabra de Len. Para ella los ángeles, duendes y hadas eran seres imaginarios, pero ahí frente a ella había una prueba de que eran reales.

—¿ Rin? —llamó Nami a la puerta de la habitación. Ambos jóvenes volvieron a ver rápidamente el acceso a la alcoba—, ¿puedo pasar?

—N-Nami —dijo la joven con voz asustada, rápidamente empujo a Len hacia el gran armario ocasionando en el ángel sorpresa.

—¡ Hey! Pero... —se quejo Len, pero fue callado por la chica al cerrar las puertas del armario frente de sus narices.

Len refunfuño desde el interior, pero se calmo tan pronto Rin hizo un ¡Shhh!

—P-Pasa —dijo Rin

"Cálmate, nadie sabe que ocultas un ángel en tu habitación" pensó con cierto miedo.

Nami entre abrió la puerta. Rin se encontraba sentada en su cama

—Ya me he enterado —dijo Nami al cerrar la puerta, no deseaba que nadie se enterara del secreto—, ¿estás bien? —preguntó la morena mientras se sentaba a un lado de Rin.

Sus ojos café miraban a su amiga preocupada

—Sí, estoy perfectamente —contestó la rubia con una sonrisa pequeña

Nami dudo un momento acerca de aquellas palabras, dio un pequeño suspiro y se atrevió a decir lo que pensaba

—Yo no creo que estés bien, tú y yo sabemos que aun no estás preparada para esto —dijo seriamente la joven.

Rin no dijo nada, ni siquiera se tomo la molestia de negar las palabras de su amiga, en cambio su rostro que antes tenía una sonrisa cambio a uno de tristeza. La joven Kagamine abrazo fuerte a la pelinegra, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin control alguno.

—Yo... yo no me quiero casar con él —dijo entre sollozos la rubia mientras su amiga le devolvía el abrazo con cariño—. Aun no quiero casarme, él es una buena persona, pero, yo no lo amo

—Ya, ya —dijo Nami tratando de aliviar el dolor de su amiga como solo una mejor amiga podía hacerlo—, todo estará bien.

En el interior del armario Len escuchaba todo, el solo imaginarla llorando le rompía el corazón

—¿ Cuándo será la boda? —preguntó Nami

—En un mes —susurró Rin con tristeza impregnada en la voz

"¡ E-En un mes!" el rostro de Len se ensombreció ¿en serio la perdería así?

"Tú eres mi ángel"

Recordó aquellas palabras que ella le había dedicado una vez hace mucho tiempo...

Una idea cruzo su mente ¿y si le hacía saber sus sentimientos hacia ella? ¿Qué diría? ¿Qué pensaría? Todas esas dudas bombardearon su cabeza, bueno solo había algo que hacer... intentarlo.


Bien, estoy segura que se preguntarán que tiene Len entre manos, aunque es demasiado obvio.

Yo igual muero por saber como se desenvolverá la continuación, así que me voy para terminarla. Solo espero que Rin no sea tan cabeza hueca para no haberse dado cuenta xD

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