Capítulo 4

En su mente practicaba como saludar y aparentar que la presencia de ciertas personas no la afectaban en lo absoluto. Se miró en el espejo unas cuantas veces más. Al paso que iba terminaría en un manicomio y solo llevaba un día en Japón. Suspiro agotada

Ayame- llamo a su asistente.- ¿en verdad tenemos que ir?- pregunto.

Si- dijo la chica de cabellos rojizos. – se bien que no quieres ir, y si pudiera ir yo sola lo haría. Pero tu ex suegro me dejo muy claro por teléfono que te esperaba a ti y a nadie más.- torció la boca- animo Kagome. Solo serán un par de horas y después nos regresamos.- Ayame la miro con un poco de pena. Sabia mejor que nadie que Kagome no quería estar ahí y ver a ningún miembro de esa familia, y motivos para sentirse así no le hacían falta. Pero también sabía que uno no debía dejar que sus problemas interfirieran con los negocios.

Kagome se miró de nuevo al espejo. Pensó en la invitación que ya hacía en la mesa de noche y se sintió como si estuviera condenada a muerte. No quería ir a esa tonta fiesta de negocios dada por los Taisho, no tanto porque detestaba ese tipo de eventos, pero en especial porque no quería verlos, a ninguno de los tres. Ni al viejo, ni a su ex prometido… ni a él, Sesshomaru. Se llevó las manos a los labios y sintió un cosquilleo pasarle por la nuca que hizo que sus cabellos se pusiera de punta… sobre todo a él.

Bueno- dijo Ayame sacándola de sus pensamientos. - ¿lista?- le pregunto

Si- dijo Kagome sonriéndole – vamos y acabemos con este mal trago de una vez. Y tomándola del brazo salieron juntas del cuarto.

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Inutaisho miro a sus dos hijos por el rabillo del ojo y arrugo su frente. Sabía perfectamente que las cosas podrían terminar o muy bien… o como un desastre y el esperaba que la noche pasara sin dramas, ni problemas. Quería ver de nuevo a lo único que quedaba de los Higurashi en el mundo. Quería ver a esa chica que se llevó todo un futuro de la familia Taisho entre sus piernas… arrugo más el entrecejo, y todo por culpa de las indiscreciones de Inuyasha. Después que los Higurashi decidieran que la unión entre las familias no pasaría, se llevaron gran parte de sus empresas a otros lados del mundo y le cerraron las puertas a los Taisho en muchos aspectos. Obviamente se necesitaba más que eso para dejarlos en la quiebra y a pesar de todos los problemas que pasaron ellos seguían siendo la familia más poderosa en Japón. Pero de nuevo, Inuyasha tenía que arruinarlo todo.

¿Pasa algo?- le pregunto Inuyasha al ver la expresión de enojo de su padre

Inutaisho aclaro su garganta – no pasa nada- le dijo a los dos al darse cuenta que la pregunta de Inuyasha había atraído la atención de Sesshomaru – solo quiero dejarles un par de cosas claras a los dos.- vio como Inuyasha se movió inquieto. Todos sabían a donde iba esa conversación.

Ustedes ya saben que he invitado a Kagome a esta fiesta- hizo una pausa y pudo notar el brillo en los ojos de Inuyasha. – no la invite para que ustedes me echen el negocio a perder. No repitamos lo de un tiempo atrás, ¿te quedo claro?- le pregunto a Inuyasha.

Antes que el chico pudiera responder, Inutaisho continuo- sé que las cosas no terminaron bien entre las dos familia y que gran parte de nuestros males vinieron a causa de que Inuyasha no pudo dejar su pantalones puestos hasta que se casaran.- carraspeo un poco, la memoria del fiasco de esa noche aun lo atormentaba. – Y tu Sesshomaru- dijo mirando al joven que lo desafío con la mirada – sé que tú, no moviste un dedo para evitar que Kagome cancelara las uniones. –

No iba a alcahuetearle las aventuras a Inuyasha- aclaro el joven aun desafiante- no entiendo tanta palabrería tampoco. No sé qué tanto le tienes que rendir ni porque tanto interés con esa empresa y esa familia.

Algún día entenderás- dijo Inutaisho- no quiero problemas esta noche. Inuyasha más te vale estar al lado de Kikyo y de Hojo. Y tu Sesshomaru, he puesto seguridad para que Kagura no entre a esta casa. Ya que decidiste estar sin acompañante esta noche, espero que hagas buen uso de tu tiempo con los empresarios de Dubái.- y con esto salió del salón.

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El corazón estaba por salírsele del pecho. Llevaba sentada en el carro más del tiempo necesario y aun no reunía las fuerzas necesarias para abrir la puerta y salir. – Será mejor irnos- escucho a Ayame decir- le daré una llamada a los Taisho mañana y les diré que estabas indispuesta.

No- dijo Kagome entrando en pánico- tengo que poder verles la cara de nuevo.

No creo que estés así por lo que tú me quieres hacer creer- dijo Ayame – sabes bien que Sesshomaru estará ahí, y sabes bien que al momento que te quedes sola él te ira a buscar- le recordó-

Es por eso que te quiero siempre a mi lado- dijo Kagome. No quería ni pensar en qué pasaría si ella se quedaba sola con Sesshomaru como esa noche en Barcelona. En realidad si lo quería pensar, quería volver a sentir su roce en la piel y la forma tan deliciosa de besar. Pero debía controlarse un poco, no podía dejar que viera lo que le hacía y menos cuando ella debería odiarlos a todos por lo ocurrido. Abrió la puerta del carro y se paró derecha – aquí voy- y empezó a caminar junto con Ayame.

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Buenas noches- escucho Inutaisho a sus espaldas. El sabía perfectamente quien era. Esa voz era inconfundible. Se dio la vuelta con prisa apoyándose un poco el su bastón y le sonrió ampliamente.

Kagome Higurashi- dijo el – después de tanto años mi niña, al fin te puedo ver de nuevo – y le ofreció un abrazo cálido. Como el que le daría un padre a un hijo después de llevar años sin verlo.

Inutaisho- dijo ella regresándole el abrazo- veo que a pesar de los años, sigues sabiendo cómo dar una fiesta- y los dos rieron un poco.

Sabes que se cómo mantener contentos a mis conocidos y futuros socios.- le recordó – es un placer tenerte aquí Kagome. Ha pasado tanto tiempo desde ese entonces- hizo una pausa y vio como la mirada de Kagome se ensombrecía- pero no hay que pensar en eso mi niña- dijo tomándole la mano y dándole unas palmadas- ven, quiero presentarte a unas cuantas personas- envolvió su brazo con el de ella y empezaron a caminar.

Kagome sabía que ese viejo solo la quería para negocios, para más nada. Ella conocía a las personas que estaban ahí, mucho mejor que él. Estaban los que tenía fama de estafadores que nunca hacían falta a la hora de un negocio y los que eran un poco más honestos y éticos. Sonrió lo más que pudo y cuando podía buscaba a Ayame con la mirada. Estaba a unos pasos de ella hablando con un muchacho de cabellos negros y ojos azules. Decir que Ayame lo miraba como tarada era decir poco. No podía negarlo, el joven estaba muy apuesto. – Kagome- escucho que la llamaba y sintió que el mundo se congelo por completo.

No se dio la vuelta porque sabía lo que le esperaba detrás de ella y no quería verlo. – Kagome – la llamo de nuevo. –Maldición- se dijo a su misma. Se volteo con tanta elegancia como le habían enseñado en esas clases de etiqueta cuando era chica. Y ahí estaba. – Hola Inuyasha- dijo ella sin moverse, sin ofrecerle su mano y sin expresión alguna.

Al lado de él estaba la mujer responsable de la tristeza más grande que había sufrido antes de la muerte de sus padres, y a su lado obviamente el fruto de la aventura de Inuyasha. Un chiquito de cabellos azabaches y ojos miel. – es igual a el- pensó.

Buenas noches Kagome- dijo Kikyo mirándola con pesadez. No era una pesadez de estar fastidiada de verla. Era algo como si le doliera verla ahí. – Buenas noches- respondió. Miro al hombrecito y le sonrió – buenas noches a ti también- dijo ella y el chiquito le sonrió avergonzado.

Se llama Hojo- dijo Inuyasha. - ¿Cómo has estado?- le pregunto acercándose un poco más. Ella retrocedió. – Ocupada- respondió de inmediato. Desvió su mirada de nuevo al hijo de Inuyasha- ¿te llamas Hojo?- le pregunto

Si- contesto- y usted se llama Kagome- le dijo. Miro a su mama que le ofreció una sonrisa y miro a Kagome de nuevo – se parece a mami- dijo, y se llevó las manos a la carita sonriendo. Kagome sintió que el corazón se le encogía al tamaño de hormiga y solo pudo sonreír forzadamente.

Ayame giro un poco su mirada aun estando atenta a lo que su jefa hacía. Y la escena que vio hizo que perdiera el color de su piel. El joven que estaba con ella también giro su vista y vio lo que pasaba. -¿la conoces?- le pregunto

Es mi jefa- le dijo Ayame, moviéndose un poco- vamos te la quiero presentar.

¿Y que edad tienes Hojo?- le pregunto. Era una completa tonta. ¿Cómo se le ocurría preguntarle eso cuando ella sabía perfectamente la edad del niño? – Ya sabía quién eras antes de que nacieras- se dijo a sí misma.

Yo tengo- el niño paro de hablar cuando vio a la mujer que se paró al lado de Kagome.

Buenas- dijo Ayame un poco aliviada- Kagome- dijo haciendo una pausa- te presento a Kouga Itaki- dijo mirando al joven.

Mucho gusto, Kagome Higurashi- dijo ella sonriendo. -¿higurashi?- pregunto el joven sonriendo de medio lado. – Cómo pasa el tiempo- comento

Kagome lo miro fijamente, esos ojos y sonrisa se le hacían familiar pero no sabía de dónde. –Itaki- repitió. – ¡KOUGA!- exclamo riendo- claro ahora lo recordaba. Cursaron juntos desde muy chicos y habían perdido contacto después que Kagome se hubiera marchado del país.

Kouga le dio un abrazo y Ayame pudo ver como Inuyasha lo miraba con recelo. Inuyasha intento dar un paso pero sintió un peso leve en su hombro. Giro y vio la delicada mano de Kikyo y su mirada de desaprobación. – Por Hojo- le dijo con un poco de tristeza. Ella no le pedía mucho a Inuyasha. Ya bastante había sacado con tener un matrimonio obligado donde no existía una pizca de amor. – nos retiramos- dijo Inuyasha con voz áspera tomando la mano de su esposa se alejaron rápidamente.

El trio pudo disfrutar un momento de tranquilidad. Kouga y Kagome le contaron muchas historias de cuando eran chicos a Ayame y le extendieron una invitación a Paris con ellas. Claramente Kagome quería que Ayame disfrutara de la compañía de Kouga un poco más. Ya la hora de irse se acercaba.

Muy a su pesar Inutaisho se las arregló para encontrarla y envolverla en una conversación poco instructiva sobre negocios y beneficios. – Si lo que desea es una unión- dijo ella sonriéndole forzadamente – lo puedo considerar. – Confeso- envíeme su propuesta mañana a primera hora y la evaluare. Obviamente tendré mis condiciones- dijo viendo como el sinvergüenza sonreía complacido.

Creo que ha sido la mejor noticia que han escuchado estos viejos oídos en mucho tiempo- y le beso la mano.

¿Sabes que te ves como un viejo ridículo y pervertido?- Kagome retiro la mano de prisa y miro a Sesshomaru como si un demonio se le hubiera aparecido enfrente.

Más respeto- dijo el viejo

¿No te da vergüenza estar detrás de esta joven como buitre toda la noche?- mientras regañaba a su padre la miraba a ella. Estaba impecable, deliciosa, delicada y preciosa. El escote que le daba el vestido le permitía ver el vaivén de los pechos de Kagome. Se relamió un poco lo labios y le sonrió con descaro.

Kagome- dijo el acercando su rostro a la mejilla de la joven y aspiro su aroma fuertemente mientras le posaba un beso en la mejilla. La pudo sentir estremecerse con el toque.

Lo miro y no pudo decir nada. Ese sabía perfectamente lo que hacía y lo odiaba por eso. Se enderezo un poco y sintió el corazón revolotearle al verlo enfrente de ella. Eran tan varonil, de amplios hombros, alto, bien formado, con su peinado de unos cuantos cabellos revueltos y esos ojos que la derretían. – Qué bueno tenerte de regreso en Japón- le dijo el joven.

Sesshomaru, ¿no deberías estar en otro lugar?- le pregunto Inutaisho irritado.

Con permiso- dijo Kagome apurada y se alejó casi corriendo de su compañía.

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Pensó que de lo rápido que iba se terminaría partiendo un pie. Como no se cayó con los zapatos que llevaba aún no se lo explicaba, pero al menos ahora no se sentía acorralada. Soltó un suspiro y se apoyó en el borde de la fuente que había en el jardín. Miro su reflejo en el agua y sonrió como una tonta. La sensación de Sesshomaru depositando ese beso en su mejilla le hizo arder hasta partes que ella pensaba no existían en su cuerpo. Con un simple beso le había bastado a ese desgraciado para ponerla en estado de pánico. Como lo odiaba.

La próxima vez que quieras correr- dijo una voz a sus espaladas- procura quitarte los zapatos.- dijo riendo.

Cállate- dijo ella enojada aun sin mirarlo- si no fueras tan indiscreto no me hubiera tocado salir así del salón- confeso.

No tengo la culpa- dijo el quitándose el abrigo- por los cielos Kagome, el aire esta helado esta noche y tu así.- dijo posándole el abrigo encima.

Esto me ayuda a bajarme la calentura que me…- estúpida. Como se le ocurría decir eso. No tenía que darse la vuelta para saber que Sesshomaru tenía una sonrisa pintada de oreja a oreja en su rostro.

Vaya, al menos sé que no soy el único que tiene calor aquí- dijo él. Se acercó lo suficiente para poderla abrazar por completo. Se sentía tan bien tenerla en sus brazos de nuevo después de tanto tiempo. Bajo su rostro un poco hasta que quedo a la altura de ella y le dio otro beso cerca de su oreja. – ¿Te dije que eres lo más hermoso que pueda existir?- le pregunto. Kagome podía sentir la respiración cálida de Sesshomaru en su cuello haciéndole cosquillas. El olor trago que emanaba de su boca la estaba volviendo loca, le encantaba, la excitaba.

Sesshomaru- dijo ella en un hilillo de voz – por favor. Después de lo que paso en Barcelona pensé que las cosas y las distancias entre nosotros quedarían claras. – y claro obviamente sus ganas de estar con él también le habían quedado claras.

Sesshomaru se separó un poco- ¿sigues con eso?- lo irrito- no entiendo porque no quieres darme una oportunidad.- estaba frustrado- no soy Inuyasha y quiero estar contigo porque me encantas. No tienes idea de lo que me costó no hacer esto desde que entraste por las puertas de la casa. Tuve que pegarme los pies al suelo y soportar la conversación que tenía con los ejecutivos de Dubái. –

Sesshomaru yo no voy a estar contigo- dijo ella.

¿Y cómo por qué no?- le pregunto separándose por completo llevándose las manos a los bolsillos. Esa mujer le estaba regresando las ganas de fumar.

Porque tú eres el hermano de Inuyasha y yo no quiero nada contigo.- dijo dándose la vuelta finalmente.

Mentira- dijo el.- mientes

No miento- le dijo levantando la voz.- te pido que guardes tu distancia. No quiero nada contigo porque me recuerdas a Inuyasha y de solo verte la cara me da repulsión- mentirosa. Mil veces mentirosa.

Sesshomaru la miro dolido. – Muérdete la lengua- le dijo tirándola fuertemente a su pecho. Poso su mano en la nuca de la joven y le apretó fuerte- escúchame bien – las aletas de la nariz se le ensancharon. – no me importa quien seas, ni los planes que puedas llegar a tener con mi padre ahora que regresaste. Me has rechazado y has herido mi orgullo. Te quiero conmigo, siempre- dijo tomando aire- en mi vida, en mi casa, en mi cama.

Kagome lo miro aterrada- suéltame- le ordeno

Yo no tomo ordenes tuyas- le dijo con furia en su mirada. – marca mis palabras Kagome. Ya no se jugare a ser el bueno y delicado Sesshomaru. Antes del año nuevo serás mi mujer y te veré con un anillo en tus dedos.- y con esto se alejó.

Genial. Año nuevo era un mes.

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No entendía que hacia leyendo esos documentos por enésima vez. Al muy dentro de ella le decía que tomara sus cosas y se fuera tan rápido como pudiera. Pero no, ella estaba con una taza de té al lado, un contrato en la mano, los cabellos en la cara y sin ánimos de nada.

Aquí esta- dijo Ayame entrando al cuarto – si te vieran los demás, pensaría que te fuiste a la quiebra y te recogí de la calle.- se burló.

No me digas eso- Kagome la miro con tristeza. Ya le había contado a Ayame lo que había ocurrido en el jardín. Y Ayame vio un poco de esperanza en la vida de su jefa. Si, entendía que Kagome quisiera muy poco con los Taisho. Pero el amor de ella estaba con Sesshomaru y no podía permitir que su terquedad no la dejara ver eso. También estaba Bankotsu… pero ese que iba a saber de hacer feliz a otra persona cuando solo le importaba el mismo.

Ya te llamara Sesshomaru- dijo ella. Kagome respingo un poco – no estoy así por el- mintió.

Claro- dijo Ayame. – cuando la familia Taisho vea tus condiciones, créeme que Sesshomaru llamara. Más rápido de lo que canta un gallo.

Kagome achico los ojos. - ¿Qué condiciones?-

Bueno iré a entregarles esto personalmente. Termina de leer y nos vemos en el almuerzo- dijo sintiéndose ella la jefa de Kagome y no al revés.

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La puerta de su cuarto se abrió con brusquedad y la hizo tirar los papeles por los aires. Por un momento pensó que una bestia la había abierto y cuando pudo enfocar su vista, supo que si había sido una bestia. Sesshomaru estaba ahí, como un ser poseído, con los ojos brilloso y la cara roja.

¿Te crees muy graciosa?- le pregunto enojado.

¿De qué hablas?- pregunto ella mientras se ponía de pie para acomodarse su bata. - ¿Cómo demonios te dejaron entrar?-

Vas a necesitar más de un guardia para evitar que yo llegue a ti- dijo el pasándose la mano por la cabeza. Irritación. Eso era lo que ella lo hacía sentir. - ¿Qué pretendes al unirte con mi familia?

No sé de qué hablas- respondió ella sinceramente perdida. Sesshomaru le tiro un sobre con papeles a los pies. – pagina diez, primera línea. Para que te unas a la empresa de mi padre, yo tengo que ser tu empleado. – con razón.

Le toco morderse los labios para no reír. – ah, era eso. Aunque no me creas la que escribió eso fue Ayame. No tuve nada que ver. – era la verdad.

Se le acerco de manera peligrosa. – no soy estúpido. Sabes bien que no aceptare esa condición.

¿Qué pasa?- le pregunto- ¿no quieres recibir órdenes mías?- se burló.

Ahora si le había colmado la paciencia. Y solo se le ocurro hacer una cosa… una cosa que le borraría esa sonrisa de la cara. La beso. La beso como nunca había besado a alguien antes. La beso de tal manera que al primer quejido que ella pudo emitir, él lo aprovecho para invadirle la boca con su jugosa lengua. Y gruño. Podía sentir el corazón de Kagome latir fuertemente y eso lo hacía tener más hambre de besarla. Calmo un poco su enojo y abrió los ojos y ahí estaba ella. Con los ojos cerrado y las mejillas rojas. Se separó para dejarla tomar aire y vio que no sabía qué hacer para evitar mirarlo.

No espero más y la volvió a besar. De manera delicada, suave con calma. Saboreando sus labios, necesitaba saciar el hambre que tenia de ella y hoy lo haría. Subió sus manos por las caderas de Kagome y las bajo de nuevo. Subiéndolas lentamente pudo posarlas debajo de la fina seda de la bata de Kagome. Le pudo sobar las piernas tan suaves. Subió lentamente y paso sus manos por el glúteo de Kagome y los acaricio. Toco la fina prenda interior que Kagome llevaba puesta apretó más fuerte haciéndola soltar un suspiro. La quería frente a él, sin ropa.

Como un animal le saco todo, el dejo con los pechos descubiertos y un interior diminuto.

Kagome estaba congelada. No se podía mover, no podía reprochar, porque ella también quería que Sesshomaru la tocara y la mirara. Se sentía bien ser deseada. Se intentó cubrir los pechos con las manos pero el agarre firme de Sesshomaru se lo evito. La miro con tanta intensidad que pensó que se la podía comer con la mirada. Le detallo el cuerpo y se le hizo agua la boca.

Subió sus ásperas manos hasta los pecho de Kagome y los acaricio levemente antes de escuchar como tiritaba de placer la azabache. Poso su dedo sobre un pezón e hizo un poco de presión y la escucho suspirar un sí de placer. Los masajeo y bajo su labios y lo lamio.

Despacio, apenas usando la punta de su lengua y la sintió temblar aún más fuerte. Entonces lo introdujo en su boca y ella grito de placer. Si le encantaba escucharla así, le encantaba ver lo que su toque podía hacerle y eso que aún no había empezado lo divertido.

Se separó muy a su pesar y la vio hambrienta por más pero ahí la iba a dejar. Le beso los labios una vez más sonriendo – me encanta verte así- le dijo y la vio sonrojarse más. – creo que no es tan mala idea ser tu empleado. Imagínate las cosas que podríamos hacer en tu oficina.- y con esto salió del cuarto dejando a Kagome sin ropa, sin orgullo y con muchas ganas de más.