17 de Septiembre. Dia actual

Miré boquiabierta hacia Sasuke.

—¿Me estás amenazando con matar a mi hermano sólo para que puedas dormir conmigo?

El hombre con el cabello en pico caminó casualmente hacia Sasuke, poniendo un brazo alrededor de sus hombros.

—Es linda, pero no muy brillante, hermano —dijo, mirando hacia mí con una sonrisa—. ¿Por qué no me dejas que la lleve a dar un paseo? ¿Entrenarla para ti?

Giró sugestivamente sus caderas y el resto de los chicos rieron por lo bajo. Sasuke se giró rápido, dándole un puñetazo en el estómago. El hombre con la cresta se dobló, pero logró mantenerse en pie mientras Sasuke me tomaba del brazo y tiraba de mí hacia la puerta. Me hizo caminar lejos del remolque en el huerto hasta que nos alejamos a una buena distancia, entonces me empujó contra uno de los árboles, inclinándose hacia mi rostro y sosteniendo mis hombros.

—No quiero dormir contigo —dijo, diciendo cada palabra lentamente y con cuidado, sacudiéndome un poco para darle énfasis—. Quiero follarte. Dormir,caricias, toda esa mierda es para las novias y las esposas. Has dejado malditamente claro que no estás interesada en nada de eso, así que vamos a poner las cartas sobre la mesa. Estoy amenazando a tu hermano porque le robó al club, cosa que no tenía nada que ver contigo. Robas del club, lo pagas con sangre. Tú eres su sangre. Te tomo, él paga. Follarte sólo es un extra.

—¿Así que me estás tomando para demostrarles a esa gente que no deben robarle al club?

—Es un jodido milagro, lo has entendido —murmuró para nadie en especial, alzando sus manos—. Tu hermano tiene suerte, porque quiero meter mi polla en ti más de lo que quiero matarlo. De otro modo, no valdría la pena. Si Kiba consigue juntar su mierda y pagarle al club, tal vez podría dejarte ir—después de terminar contigo. Si no lo hace, entonces encontraré otro uso para ti. ¿Entiendes?

Asentí de nuevo.

—Nada de juegos, nada de mierdas —dijo. Luego, dio un paso atrás, pasando su mano por su cabello áspero, caminando lejos de mí. Comencé a seguirlo, pero se dio la vuelta—. Haces esto, es tu elección. No te voy a violar. Estás tomando la decisión de pagar por el error de tu hermano. ¿Me entiendes?

No era exactamente una elección, considerando el arma apuntando a la cabeza mi hermano. Sin embargo, no lo dije en voz alta. Si las Parcas estaban dispuestos a darnos una salida, la tomaría y la llamaría como él quisiera.

—Lo digo en serio —dijo Sasuke, mirándome—. Puedes cancelarlo en cualquier momento que desees. No te voy a encerrar y vigilarte cada minuto. Haces este trato, te toca a ti mantenerlo. Y tú no tienes que hacer el maldito trato. Tu hermano es un idiota y sabía en lo que se metía. Este no es tu desastre y no es tu trabajo pagar su fianza.

—¿Tratas de convencerme? —pregunté—. Bueno, no puedes. Quise decir lo que dije. Haría cualquier cosa por Kiba. Lo que sea.

Apretó su mandíbula mientras se daba la vuelta, gruñó y pateó uno de los árboles tan fuerte que fue un milagro que no se rompiera un dedo. Luego, me encaminó de vuelta al tráiler.

Entramos para encontrar a los otros chicos sentados alrededor, bebiendo cerveza y charlando. Kiba yacía de costado en la mitad de la habitación, llorando silenciosamente, los moretones cubriendo lo que podía ver se volvían más feos a cada minuto. Sasuke los ignoró a todos, empujándome hacia mi habitación y cerrando la puerta que él había quebrado detrás de nosotros. Abrió bruscamente la puerta de mi armario, encontró una mochila y me la lanzó.

—Tienes treinta minutos —dijo—. Luego, estarás en mi moto y nos dirigiremos a casa. Toma lo que sea que quieras conservar.

—Está bien —respondí, esperando que me dejara para empacar en paz. En su lugar, se apoyó en mi aun desquebrajada puerta, observando mientras excavaba en mi armario. Decidí ir ligera con la ropa. Siempre podía conseguir más cosas para usar, pero quería mis fotografías y algunos de los recuerdos que pude llevar conmigo de la casa de Hidan. Era deprimente darme cuenta de lo poco que tenía.

Saqué mi caja de zapatos de papeles, arrojándola sobre la cama. La caja se volcó, derramando fotos. Lo ignoré, volviendo a hurgar en el armario. Mi mamá tenía un bonito par de botas de cuero en alguna parte, y si bien yo nunca sería una persona con arranques, parecía que llevar algo para proteger mis piernas podría ser importante en una motocicleta.

Sasuke se sentó en mi cama, echándole un vistazo a las fotos. Lo ignoré, empujando mis pantalones cortos cuando cayeron, mostrando mi tanga. ¿Por qué decidí ponérmela hoy?

—¿Te pones esa mierda para él? —preguntó Sasuke, su voz como el hielo.

Me giré y levanté mi mirada para encontrarlo sosteniendo una foto de boda manchada con sangre seca. Yo y Hidan. Tan jodidamente jóvenes.

—¿Usar qué? —pregunté.

—Ese hilo —espetó—. ¿Por qué mierda llevas una tanga para ir a trabajar en una guardería? ¿Lo estás viendo de nuevo?

—¡No! —estallé, horrorizada—. No lo he visto desde que me golpeó, deberías saber eso. No me ha llamado, nada. Cuando consiga todos los papeles listos, el esposo de Kurenai dijo que se los daría por mí.

—¿Vas a guardar esto

—Sí —dije, estudiando la imagen. Tenía tantas esperanzas y sueños en ese entonces, y dejé que un hombre los destruyera—. No quiero olvidar. Al menos no todavía.

Sasuke dejó caer la foto sin una palabra y seguí empacando, mirando hacia mi teléfono periódicamente para comprobar el tiempo. Finalmente, examiné la creciente pila en mi cama, triste de que mi vida asumiera un espacio tan pequeño.

Todo lo que quedaba por tomar eran sujetadores y bragas, en lo que realmente no quería hurgar con él observándome.

Sin embargo, no tenía exactamente una opción.

Me puse de pie y abrí mi cajón de ropa interior. No era mucho, pero si iba a ser la... um... lo que sea... de Sasuke, algunas bragas bonitas podrían ser útiles. Se caminó detrás de mí, acercándose abajo y ahuecando mis caderas en sus grandes manos, empujándome de nuevo hacia su cuerpo mientras se inclinaba sobre mí.

Tomó una profunda respiración.

—Me encanta como huele tu cabello —dijo con voz ronca mientras su dura polla se presionaba contra mi trasero. Escuché a Obito y a los otros hablando en la sala de estar. Kiba estaba por ahí, esperando para ver si lo iban a matar.

—Me quedan diez minutos —murmuré, mi voz tensa—. Por favor.

Sasuke dejó ir mi cadera, agarrando rudamente mi cabello y girando mi cabeza hacia un lado. Sus labios cubrieron los míos, tomándome fuerte, empujando su lengua adentro y afuera. Gemí, desplomándome contra él. Su otra mano se acercó a la parte de enfrente, abriendo los botones de mis pantalones cortos, y escuché un repiqueteo contra el suelo. Sus dedos se hundieron en mis bragas, deslizándose rudamente a lo largo de mi clítoris antes de hundirse en mí. Gemí, despreciándome porque me encendiera tanto.

Sacó su boca de la mía, sujetándome con su mirada. No podía respirar, sus ojos eran tan intensos—llenos de deseo y lujuria y enojo, todo dirigido a mí.

—Este coño —dijo, acariciándome. Gemí en respuesta, avergonzada por lo fácil que lograra que me mojara—, este coño es mío. Tú eres mía. Te follaré cuando y donde yo quiera, y puedes tomarlo o largarte. ¿Estamos claros?

Asentí, temblando. Quería odiarlo, pero mi cuerpo no estaba de acuerdo.

Mantuvo su mano en mi cabello, sosteniéndome fuerte mientras me acariciaba repetidamente. Mis piernas se debilitaron y gemí, desesperada por alivio. Fue entonces cuando tomó mi boca de nuevo.

Ahora, su lengua empujaba al mismo tiempo con sus dedos. La carne entre mis piernas se apretó, los músculos flexionándose en todo mi cuerpo. Sasuke me acarició más duro y temblé en el borde. Quitó su boca de la mía, dejando caer sus labios en mi cuello, lamiendo y chupando mientras empujaba mis caderas contra él, desesperada por llegar. Entonces, mordió mi cuello y gemí.

Lo suficientemente alto como para ser escuchada en la otra habitación, estoy segura.

Sasuke sacó su mano de mi pantalón y dio un paso atrás. Me quedé inmóvil en incredulidad, mi fuerte respiración jadeante en la habitación. Cuando me giré hacia él, temblorosa, me dio una sonrisa que no le llegó a los ojos. Luego, lenta y deliberadamente levantó sus dedos, lamiendo mis jugos.

—No importa lo bien que sepas, no tienes la última palabra —susurró—.¿Estamos claros?

—Tus reglas —susurré—, o me voy. ¿Y qué pasa si lo hago?

—¿A ti? —preguntó—. Nada. Estás conmigo por tu propia voluntad. Pero el club tiene que ser pagado con sangre, Sakura, ni siquiera yo puedo controlar eso. No lo olvides.

Asentí rápidamente.

Me empujó suavemente hacia un lado y abrió el cajón de mi ropa interior, hurgando en él. Sacó varias tangas y un peluche, tirándolos al suelo.

—No necesitarás estos —dijo. Asentí mientras se giraba de nuevo al cajón, tratando de no pensar en qué otra cosa encontraría ahí. Hice una mueca cuando se detuvo de pronto, pensando en que tenía la peor jodida suerte en la tierra porque esto no sería lindo.

Sacó la camiseta negra doblada de las Parcas que dejó arrugada en mi piso después de esa desastrosa noche que pasó en mi cama, sopesaba eso mientras miro hacia mí con una pregunta en los ojos. Negué con la cabeza, sonrojándome furiosamente, extendiendo mi mano para tomarla.

Sasuke no me la entregó. En su lugar, la desdobló, sus ojos ampliándose al encontrar el vibrador rosa brillante con las cabezas dobles, una para mi clítoris y otra para mi punto G. Los dos nos quedamos en silencio, mirándolo. Luego, la dobló de nuevo y me la entregó, sus ojos llenos de satisfacción.

—Empaca la camisa y el juguete —dijo, observando mientras lo metía en el fondo de mi mochila. No creo haber estado más avergonzada en mi vida. No me encontré con sus ojos mientras metía el resto de mis cosas, cerrando la cremallera y poniendo la mochila sobre mi hombro.

—¿Eso es todo? —preguntó—. ¿Quieres algo más de la sala de estar o de la cocina? No estará aquí si intentas volver.

Negué con la cabeza, incapaz de hablar. Estúpida, estúpida, estúpida...

Se inclinó cerca y susurró en mi oído.

—La próxima vez que quieras jugar con tu bonito juguete rosa, lo harás cuando esté viendo. Si eres una buena chica, te dejaré usar la camiseta. ¿Entiendes?

Asentí. Caminamos por la sala, pasando a Kiba y a Las Parcas, y saliendo