Capitulo 3

Draco despertó de sus recuerdos al oír la voz de su padre interesándose por como había terminado el curso. El respondió con un simple bien. No deseaba hablar con él. Después de todo, sus problemas en los últimos días en Hogwarts eran culpa suya.

La noticia de que había sido encerrado en Azkaban había corrido como la pólvora. Desde aquél día en que apareció en todos los diarios, nadie lo había vuelto a mirar igual. Y todo había empeorado cuando el ministro lo había puesto en libertad sin ninguna prueba aparente.

Ya nadie confiaba en los Malfoy. Aunque el dinero todavía podía comprar la confianza y la amistad de mucha gente. Y él dinero era lo último que le faltaba a aquella familia.

Y, por si ya no tenía suficientes preocupaciones con todo aquello, encima se quedaba embarazado. Parecía que su suerte se había vuelto en su contra.

Dejando el plato tal como lo encontró al principio, el joven se levantó de la mesa y, excusándose, pidió permiso para volver a su habitación. Narcisa le preguntó si se encontraba mal, preocupada, pero el se marchó sin siquiera responderle.

Corrió a su habitación. Tenía ganas de ir a ver a Severus. Necesitaba hablar con él, desahogarse y contarle su secreto. Pero antes, tenía que preparar las cosas para marcharse. Llamó a un elfo y le pidió que nadie le molestase, incluidos sus padres.

Antes de marcharse, puso un hechizo en la puerta para que nadie pudiese entrar. No quería arriesgarse a que su padre descubriese que se había marchado sin permiso. Sacó del cajón de su mesita de noche un broche de oro y lo apretó entre sus manos.

Draco estaba tumbado en la cama tapado únicamente por una fina sabana. A su lado, abrazado a él, Severus lo observaba fijamente con sus penetrantes ojos negros. Draco le sonrió tristemente y Severus respondió atrayéndolo más hacía él.

-¿Qué vamos a hacer ahora? Yo no se si aguantaré todo el verano sin verte.- le dijo el chico.

-Solo son dos meses, Draco. Después volverá a empezar el curso y podremos volver a estar juntos.

-Pero yo quiero verte.- insistió.

-No te comportes como un niño pequeño.- le reprendió el hombre.- Sabes que eso no puede ser. Tu padre podría descubrirlo.

-No lo hará. Está encerrado en Azkaban. ¿Cómo quieres que se entere?

-Dumbledore me ha dicho que Fudge está poniendo en marcha un proceso para ponerlo en libertad. Dentro de unos días volverá a estar en tu casa como si nada.

Draco, en aquel momento, odió a su padre más que nunca. No solamente le hacía la vida imposible pidiéndole cosas imposibles, si no que encima, por su culpa, no podía estar cerca de Severus.

-Tranquilizare, solo son dos meses. Pasarán rápido. Ya lo verás.

-NO, maldita sea. Se van a hacer eternos. Estaré todo el día encerrado sin poder hacer nada ni ver a la gente que me interesa.- explotó el chico rubio.- No quiero estar con mis padre. Yo quiero ir contigo.

-Basta ya, Draco. Te he dicho que no te comportes como un crió malcriado. Hay muchas cosas que no nos gustan, pero nos tenemos que aguantar.- y diciendo eso, se levantó y salió de la sala.

El chico se quedó solo, maldiciéndose por haber hecho enfadar a Severus. Todo lo hacía mal. Estaba seguro que algún día el hombre se cansaría de él y lo dejaría. Él solo era un crió malcriado y Severus merecía mucho más que eso.

Draco sintió ganas de llorar. Últimamente estaba muy susceptible. Por cualquier cosa le entraban ganas de llorar. No lo soportaba. Tan pronto estaba feliz, como se ponía a gritar, como se sumergía en un mar de lágrimas como en ese momento. Estaba fuera de control.

A los pocos minutos, Severus volvió a la sala y se acercó a Draco, poniendo una mano sobre él para calmarlo.

-¿Por qué lloras?

-No lo se.- contestó confundido.

-¿Es por lo qué te dije antes?- preguntó algo arrepentido.

-No, si tienes razón.- se apresuró a decir rápidamente.

-¿Entonces?

-Es que no quiero que te enfades conmigo. Te prometo que no te molestaré más con mis tonterías, pero no me dejes.

Severus miró al rubio con los ojos bien abiertos sin entender que le pasaba al chico. Normalmente era más seguro y fuerte.

-No estoy enfadado ni te voy a dejar así como así.

-¿De verdad?- preguntó más tranquilo.

-De verdad. Ten, antes he ido a buscar esto para ti.- le dijo tendiéndole un objeto brillante.

-¿Un broche?- exclamó sorprendido.

-Sí, pero no es uno cualquiera, este broche es un transportador que te llevará a mi casa cuando quieras.

-¿Podré ir a verte¿Lo prometes?

-Lo prometo, pero solo cuando lo creas necesario. No abuses de él. Tenemos que ser discretos, Draco.

-Lo seré. Gracias.- susurró abrazándolo sin poder evitar derramar unas lágrimas.

-Draco.- lo llamó separándolo un poco de él y observando sus ojos llorosos.- ¿Seguro que estás bien? Estás muy raro últimamente.

Draco recordó con una sonrisa aquél momento. Ahora, por lo menos, ya sabía a que se debía aquel exceso de sentimentalismo. Desde ese día siempre llevaba el broche consigo. Nunca se apartaba de él excepto cuando dormía, se duchaba o tenía que estar muy cerca de su padre.

Cogió el broche y susurró las palabras que ponían en marcha el transportador. Cerró los ojos cuando sintió como algo tiraba de él. Nunca le había gustado esta manera de viajar. Y, cuando los volvió a abrir, se encontraba en un lugar totalmente diferente a su mansión.

Nunca había estado en la casa de Severus y sentía cierta curiosidad por saber como era el lugar donde vivía. Se encontraba en el porche de entrada. Era una casa de dos pisos de piedra blanca, muy al estilo muggle. Llamó al timbre y Severus apareció tras la puerta.

-¿Draco¿Qué haces aquí?- preguntó sorprendido el hombre.

-Vine a verte. Necesitaba hablar contigo.

-Quedamos que solo vendrías si era importante.

-Pero es que lo que he de decirte es muy importante.

Severus observó el rostro del chico. Realmente parecía preocupado. Finalmente hizo que pasara a la casa. Le mostró la entrada y la sala de estar y le invitó a sentarse en uno de los amplios sofás que había al rededor de una pequeña mesa.

-No imaginaba que vivieras en un lugar así.

-Cuando mi padre murió y yo me fui de casa, mi madre decidió vender la mansión donde vivíamos y comprarse una casa más pequeña. Al verla tan sola, decidí venirme a vivir con ella para hacernos compañía mutuamente.

Draco miró a su alrededor. Era una casa totalmente blanca y muy iluminada. Tenía grandes ventanales que permitían la entrada de la luz del sol. La simplicidad en la decoración hacía que pareciese más grande de lo que realmente era. Los muebles eran de madera clara o de cristal. Y encima de la chimenea había fotos de caras sonrientes.

A Draco le pareció un lugar cálido y acogedor.

-¿Este eres tú?- preguntó el rubio observando una foto donde apareció un niño moreno de ojos negros con una amplia sonrisa siendo abrazado por una mujer.

-Sí, a mi madre le encantaba hacerse fotos conmigo. Decía que eran el mejor recuerdo. Aquí debía tener unos ocho años. Es de cuando fuimos a París a ver a su hermana.

-En ninguna sale tu padre.

-No solía hacerse fotos con nosotros. Las pocas que había de él, mi madre las quemó tras su muerte. Siempre la trató muy mal y ella prefirió olvidarlo.

-¡OH! Lo siento.

-No pasa nada. Mi padre nunca logro robarle a mi madre su alegría y vitalidad por mucho que le pegase y le insultase. Ella era más fuerte que él.

-Veo que admiras mucho a tu madre.

-Sí, es la mejor mujer que he conocido.- contestó con una amplia sonrisa.

-¿Donde está ahora?

-Ha salido a dar una vuelta con sus amigas. No puede estarse quieta ni un segundo.

-Mejor, porque no creo que quieras que se entere de lo que tengo que contarte. Es más, no creo que quieras que se entere nadie.

-Espera, voy a buscar algún refresco y hablamos.

Severus salió del salón y Draco empezó a sentir pánico. Empezaba a ser consciente de lo que había ido a hacer y su confianza había ido desapareciendo. Quizá era mejor no decir nada. Pero ahora que estaba allí, no podía echarse atrás.

-Siento el retraso. Pero como aquí no tenemos elfos, lo tenemos que hacer todo nosotros.- dijo el hombre trayendo una bandeja con limonada.- Bueno y ¿qué es eso que quieres decirme tan urgentemente?

-Bueno... yo... Es...

-Draco, al grano.-dijo el hombre perdiendo la paciencia.

-Es que... no se como decirlo. No creo que te guste lo que te voy a decir.

-Me estás asustando, Draco. Habla ya.

-Es que... Bueno, allá va. Estoy... estoy embarazado.- soltó finalmente.

-¿Qué tu que?- gritó Severus fuera de si.

-Lo siento.- dijo el chico sintiendo que las lágrimas se asomaban a sus ojos ante la reacción de su pareja.- No es culpa mía. Yo tampoco quería que pasase.

Severus iba a seguir gritando pero se calmo al ver a la reacción de Draco. No podía echarle toda la culpa a él. Él también había puesto de su parte.

-Tranquilo, Draco. No es culpa tuya. Tendría que haber sido más responsable. Pero es tan extraño que pase esto...

-¿Qué voy a hacer ahora?

-¿Lo sabe alguien más?

-Solo el doctor Bradshaw. El fue el que me dijo que estaba embarazado.

-¿Ese? Pero si es un bocazas ese hombre.

-Le he pagado dinero para que no diga nada. Además, no sabe nada de ti.

-¿De cuanto estás?

-De poco más de dos meses.

-A ver. ¿Tú qué quieres hacer?- preguntó tras pensar un rato.

-Lo que tú quieras.

-No, lo que yo quiera no.

-Pero tú también eres su padre. Tienes derecho a decidir.

-Escucha Draco. Esto es algo que tienes que decidir tú. Tú eres el que va a llevar al niño los siete meses que quedan. Tú eres el que va a tener que hacer frente a sus compañeros y a sus padres. Y, después, tendrás que cuidarlo.

-Yo...

-¿Crees que podrás hacerlo?

-No lo se. Yo quiero tenerlo, es mi hijo y tuyo. Pero... Todo es tan complicado.

-Lo se. Por eso tienes que decidir tú. Va a ser, posiblemente, la decisión más difícil que tengas que tomar nunca. Y es solo tuya. Pero confía en que hagas lo que hagas al final, yo te apoyare. ¿De acuerdo?

-Gracias, Sev.- dijo depositando un suave beso en sus labios.- ¿Crees que puedo mantenerlo en secreto?

-Podría intentarse, pero será bastante difícil. Tendríamos que hablar con Dumbledore. Pero tendrás que decírselo a tus padres.

-Lo tendré.- dijo decidido.- No le diremos a nadie que es tuyo. Tuve un desliz con un compañero en Hogwarts. Esa será la versión oficial.

-¿Estás seguro de que es lo que quieres?

-Nunca he estado tan seguro de nada como lo estoy ahora.

-Si es lo que quieres, así será.

Draco se abrazó a Severus agradecido. Con cada acción del moreno, se enamoraba más de él. Este lo abrazó acercándolo a él.

-Te quiero, Severus.

-Y yo a ti, pequeño. Y yo a ti.- susurró observando como una sonrisa aparecía en el rostro del joven.

El chico finalmente se quedó dormido entre los brazos del profesor. El hombre colocó una mano sobre la barriga del chico donde dentro de poco se empezaría a notar el bebe y sintió un escalofrío agradable.

-Un hijo, quien me lo iba a decir.- dijo para si con una amplia y sincera sonrisa.-En vaya problema nos hemos metido, dragón.

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