A/N: Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas, de la cuál esta colección de Omakes forma parte. En específico, este Omake se ubica en algún espacio temporal entre 'Imago Mundi' y 'Eiusdem Farinae', siendo el primero de dos mini Omakes que narran la boda de Camus y Alsacia. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, dejen un mail de contacto para que pueda responder sus comentarios con más agilidad.
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.
ADVERTENCIA.
Del Manual de la Malvada Conquista de la Galaxia, Principio 42: Cuando capture al héroe, asegúrese de capturar también a su perro, mono, hurón o cualquier animal asquerosamente listo capaz de desatar cuerdas y coger llaves.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
"Colección de los Omakes Perdidos."
(Omakes de las Bodas Perdidas: Camus y Alsacia.)
Omake B:
Santos con Jaqueca.
Santuario de Athena. Frente a la estatua de la diosa.
Noche.
"Entonces. ¿Aceptas ser mi linda esposa?" Las fuertes manos de Camus aferraron las de Alsacia, al tiempo que ambos juntaban sus frentes. Tenían los ojos cerrados y se rozaban la punta de sus narices con coquetería.
"Ya es demasiado tarde para pedirme eso. Ya te dije que sí."
"Lo sé, pero es que adoro escucharte decir eso."
Listo. Ya no había vuelta atrás. Hacía no más de 3 horas que Camus y Alsacia podían llamarse a sí mismos un matrimonio. Ya habían cumplido con los trámites de la ceremonia civil y luego con los religiosos, de acuerdo al antiguo rito griego, que el nuevo matrimonio había decidido seguir. Los santos de Athena tenían completa libertad de elegir por medio de qué rito querían consagrar sus lazos matrimoniales. Por eso es que todos eran tan diferentes entre sí. No obstante, el más común, era una variación del antiguo rito griego.
Antes de comenzar el rito, y por separado, habían pedido la protección de Zeus y Hera; Alsacia había tomado un baño purificador de agua muy fría, la misma que había sido recolectada por las aprendices más niñas del Santuario desde fuentes especiales, luego del cual, se cortó un mechón de cabello que enrolló en un huso y que dejó en uno de los altares de Hera que había en el Santuario.
Entonces habían comenzado los banquetes, también por separado, celebrando a la novia y al novio. Al cabo de un rato, Camus fue a buscar a su nueva esposa, a quien llevó al templo de Acuario en brazos. Allí, Alsacia fue recibida por su suegra y por su mamá, quienes llevaban antorchas en sus manos y le dieron la bienvenida. Entonces saludaron a Camus e invitándolo, condujeron a la pareja hacia el interior del templo, hasta donde se había improvisado un pequeño fogón que hacía las veces de altar y en donde esperaban Athena y Shion. Allí la pareja se arrodilló, permaneciendo unos momentos en silencio de cara al suelo. Al cabo de unos minutos se les hizo pronunciar sus votos matrimoniales y se les consagró como marido y mujer. Cuando se irguieron, los demás santos e invitados rompieron en aplausos y les lanzaron nueces y frutas garapiñadas en señal de buena fortuna.
Finalizada esta ceremonia, que poco había mutado a lo largo de los siglos, y que sólo se mantenía viva al interior de los Santuarios de los diferentes dioses, se dio paso al tercer banquete del día, el más contundente y que aún duraba.
Sin embargo Camus y Alsacia se habían fugado por entre la gente y ahora estaban allí, de pie, uno frente al otro, en una burbuja que parecía a prueba de balas.
"¿Qué tanto te gusta oírme decir eso, Camuchis?"
"Montones. Tus ojitos brillan cada vez que me lo dices."
"Y pones una sonrisa adorable."
"Sin ti no sonrío. No tendría motivos." Sin duda alguna, escuchar a Camus diciendo estas cosas, no es algo de todos los días. El santo de Acuario abrazó a Alsacia con ternura. "¿Me lo dices de nuevo?"
"Sí. Quiero."
Alsacia se refugió en los brazos de su dorado con una sonrisa de oreja a oreja. Camus la abrazó sintiendo el pecho lleno de alegría. Ambos bailaron al son de a lejana música del salón.
"Ya nos tienen que estar echando de menos." Susurró Alsacia.
"Que nos extrañen un poco más. No quiero ir para allá."
"¿Quedaste demasiado harto con la música de anoche?" Le preguntó Alsacia divertida. Es que los dorados tenían la costumbre, o al menos eso les dijo Docko (aunque bien podía ser una broma) de celebrar las despedidas de soltero la noche antes de la boda… y digamos que Alsacia sabía que habían ido a un lugar ruidoso. Camus sonrió travieso.
"No, para nada. Anoche la música estuvo bien. Lo que no estuvo tan bien fue convencer a un montón de ebrios a regresar." Añadió con una sonrisa. Camus la aferró más contra sí. "No quiero ir a la fiesta porque seguro te separarán de mi."
"Y a mi de ti. Pero eso es solo temporal: tenemos que aguantar un par de horas más y tendremos mucho tiempo para los dos."
"Ah, chérie¡No me hagas comer ansias!"
"Esa es la idea." Alsacia se separó de Camus y con una sonrisa coqueta emprendió el regreso hacia la fiesta, contoneando su andar y silueta casi a propósito. El santo de Acuario, al cabo de un rato, se dispuso a seguirla.
Dentro del Salón Principal, la fiesta estaba bastante animada. Saori estaba muy entretenida conversando con los papás de Camus, Alsacia y con Shion, mientras los demás asistentes disfrutaban de la comida y la música. Los dorados estaban pasando un buen rato, aunque excepto por Docko, Shaka y Camus, ninguno estaba al 100 por ciento. Ocurre que la noche anterior, de la despedida de soltero, los había dejado bastante cansados, aunque no derrotados.
Dicen las malas lenguas que las despedidas de soltero son más aburridas de lo que se supone, y las que sí son divertidísimas, es la versión femenina. En honor a la verdad, no estoy segura acerca de qué tan cierto es tal aseveración, sólo he ido a despedidas de solteras de las que poco recuerdo, y no soy muy ducha sobre cómo celebran los hombres a quienes se despiden de la vida de soltero. De lo que sí estoy segura, es que los machos sólo tienen en mente dos cosas al momento de organizar y asistir a una celebración de tal tipo: emborrachar al novio y de hacerle un buen regalo.
Sip. Por alguna universal razón, siempre se quiere emborrachar al novio. Eso lo sé porque en una despedida de soltera también se busca emborrachar a la novia. Además tengo amigos que me han dicho que eso también pasa en sus despedidas. Y aunque no siempre pasa, los hombres suelen hacer buenos regalos al amigo que se les casa, ya sea dinero en efectivo o algún bien que pueden aprovechar. De lo demás, sobre todo lo que ocurre en esas fiestas, no sé mucho más…
… y no precisamente porque los hombres hayan hecho un juramento de silencio. ¡JA! Eso lo dicen para no quedar en vergüenza. No cuentan nada de lo que ocurre en una despedida de soltero no por un afán de misterio o porque pasen cosas demasiado sórdidas para ser contadas y que seguramente arruinarían la relación del novio con su novia… es que en su afán de embriagar al novio, los demás quedan TAN EBRIOS que con dificultad se acuerdan que fueron a una fiesta.
Cabe mencionar que no siempre cumplen con su objetivo primario.
Eso es lo que precisamente les había pasado a los dorados que se llevaron a Camus a su despedida de soltero. Todos terminaron con diferentes grados de ebriedad, excepto por 3 dorados: el novio, y no porque no bebiese nada, sino porque se cuidó y terminó cuidando a los demás; Shaka, porque se declaró abstemio esa noche, y Docko, que no fue a la despedida, pues debía cuidar de uno de sus bonsáis que había sufrido un pequeño percance durante la tarde.
Por razones obvias, al día siguiente, todos los dorados estaban con diversos grados de jaqueca. Saga estaba pálido como ratón de molino y tuvo una fuerte indigestión. Milo, Máscara y Shura manejaron bastante bien la resaca, aunque tuvieron que ayudarse con aspirinas y duchas heladas par poder asistir a los banquetes… y considerando que los dorados sencillamente no toman medicinas alópatas, eso quiere decir que tuvieron jaquecas bien fuertes con las que lidiar. A Mu, Alde y a Aioros se los vio bastante bien, pero eso que no más porque son buenos actores: el hachazo, chuchaqui, la cruda, o como gusten ustedes llamarle a la resaca post borrachera, les atacó inmisericorde, pero se negaron a tomar aspirinas. Finalmente Aioria, Afro, y Kanon fueron los que menos problemas tuvieron.
De todos, el peor que lo pasó al regreso fue Milo: Alisa lo regañó por casi 3 horas por irresponsable una vez que Camus y Shaka pasaron a dejarle a su casa. Sin embargo cualquier rencilla y pelea entre ambos quedó relegada a segundo plano cuando les llamó Sofía y les ofreció cuidar a Kyrus hasta el día siguiente, para que pudieran ir a la fiesta sin preocuparse. Aceptaron en menos de un pestañeo y así ambos tuvieron la oportunidad de relajarse por primera vez. Fueron quienes más disfrutaron de la fiesta, pese a que no dejaron el teléfono tranquilo de tantas veces que llamaron para saber de su retoño.
Es que estos dos resultaron ser un buen par de papás.
Al menos entre todos le dieron un buen regalo a Camus, aunque se lamentaban no haber podido embriagarle y tener que sufrir ellos las consecuencias de la borrachera. Hubiera sido divertido ver al recio santo de Acuario con los ojos delatando la resaca el día de su boda, pero no les resultó.
Alsacia y Camus volvieron a hacer ingreso a la fiesta por una de as ventanas laterales, para no llamar la atención, pero ni bien se deslizaron por entre las cortinas fueron descubiertos. Es que alguien más estaba oculto entre el cortinaje de aquellos ventanales, justo por a misma abertura que la pareja había escogido para entrar.
"¡Uf! Son ustedes." Dijo Shaka de pronto, y con mucho alivio. "¿Dónde estaban metidos? Se les ha echado en falta." Bromeó algo tenso, sin dejar de mirar alrededor suyo. No fuera a ser que Alsacia y Camus llamasen mucho la atención, es delataría su ubicación. Ya se había llevado un buen susto al verlos.
Era como si temiera que alguien lo encontrase.
"Estaba con MI esposa, Shaka. ¿Tienes algún problema?" Preguntó Camus sin dejar de sonreír, sin saber si estar alerta o no por algún doble sentido. Alsacia se aferró al brazo de su marido.
"¿Nos han echado en falta? Qué lástima. Pero ya llegamos." Alsacia alzó ambas cejas. "¿Qué haces aquí escondido?"
"Err… Alsacia¿Te comenté que eres una novia preciosa?"
"Muchas gracias Shaka: te lo agradezco."
"Oye, no me la mires tanto que se gasta." Rió Camus, aunque pronto se llenó de curiosidad. "¿Se puede saber desde cuando estás tan así? No eres de los que llenan a las mujeres con piropos."
"Camuchis tiene razón: más bien eres del tipo tímido." Razonó Alsacia. Shaka se vio algo incómodo.
"¿Qué¿Acaso no puedo decir un piropo en mi vida?" Se defendió el santo de Virgo, tratando de parecer indignado y serio.
Camus se sopló el flequillo y observó hacia el interior de la fiesta, recorriendo con su vista a los diferentes grupos de invitados. Entonces Alsacia le jaló un poco de la manga y le señaló con los ojos en determinada dirección. Fue en ese momento que lo entendió.
"Me estabas cambiando el tema¿verdad?"
"¿Cambiar el tema?" Shaka asumió una pose grave. "¿Por qué debería cambiar el tema? NO tengo motivos para…"
"Nos cambiaste el tema. No nos respondiste qué hacías aquí escondido." Le interrumpió Alsacia divertida. "¿De quien te escondes?"
"¡DE NADIE!"
"Sí, te escondes de alguien." Afirmó Camus. "De mi hermana Chantal¿Me equivoco?"
"¡SHHHHHH! Cállate que me va a encontrar."
Camus puso cara de papel mientras observaba al santo de Virgo mirar en todas direcciones, en busca de la susodicha amazona, hermana menor del santo de Acuario y de un nuevo escondite, por si llegaba a necesitarlo. Alsacia suspiró cansada: su marido algo le había comentado que Chantal tenía cierta fijación por Shaka desde que se había dado cuenta que el tipo era guapo. El problema es que la chica era un poco… melosa y torpe en las artes de la seducción, ya saben, insistente y cargante sin ser lanzada, lo que ponía MUY nervioso al dorado.
Chantal no era una mala chica, y de lo poco que la conocía, Alsacia podía decir que era una de las mejores y más letales amazonas, de las más fuertes que conocía, pero algo torpe con sus sentimientos y su forma de expresarlos. Además parecía no medir sus fuerzas o el alcance de sus brazos y solía provocar los más inverosímiles accidentes. Hasta parecía raro que la chica pudiera administrar el campo de entrenamiento de Campos de Hielo tan bien como lo hacía. También era acuario, y de la rama más artística del signo, lo cuál hacía de ella el ser más desordenado y sensible de la tierra. Desde que había llegado al Santuario que no dejaba de perseguir a Shaka hasta el sofocamiento.
Si tan solo le diera un poco de espacio al santo de Virgo quizás lograría que Shaka pensara así tantito mejor que ella.
"Oye, hablas de Chantal como si fuera una plaga." Gruñó Camus.
"Con todo respeto, lo es: no me deja tranquilo y desde que llegó no he podido meditar." Gruñó Shaka, quien entrecerró los ojos. "Debiste ser mejor amigo y avisarme que venía: así me hubiera ido a la India y ahorrado tanto disgusto." Añadió molesto.
"Si te hubieras ido a la India, no habrías podido venir a nuestra boda." Protestó Alsacia.
"Habría regresado hoy, para irme en cuanto terminase la fiesta." Aseguró Shaka. "No me gusta estar en el mismo país que ella: es un desastre." Camus volvió a bufar.
"Deberías darle una oportunidad: Chantal no es tan mala. Un poco torpe, es cierto, pero no es mala." Una gota orbitó la cabeza de Camus. "Además ni siquiera marea. No es de las que habla sin parar."
"Mejor no diré nada al respecto, no más porque tú eres su hermano." Bufó Shaka con impaciencia. "Nunca dije que tu hermana fuera mala, dije que era una plaga que no deja respirar. Igual que una lapa."
Alsacia encogió los hombros en señal de duelo ni bien Shaka terminó de decir tal cosa. Una sombra pasó por el rostro de Camus tras oír esto y el santo de Virgo se dio cuenta de su error en ese momento. El santo de Acuario le dio la espalda y tomando sorpresivamente a su compañero por el brazo y lo arrastró hasta la mitad de la pista de baile. Alsacia no se tardó en ir detrás de su marido.
"¡Camus¿Qué Pretendes¡Suéltame Que No Te Quiero Dejar Sin Sentidos Justo Esta Noche!" Amenazó Shaka con un peligroso tono de voz.
"Vale la pena el riesgo." Gruñó Camus por lo bajo, con esa frialdad que tanto le caracteriza. Los demás invitados que se percataron de esta escena, se dispusieron a prestar atención.
"¡Ni Se Te Ocurra Hacer, Ojitos, Que Me Voy A Enfadar Como Nunca!" Advirtió Alsacia, que apenas podía mantenerles el ritmo.
"¡Chantal!" Llamó Camus de pronto. "Shaka Te Estaba Buscando, Así Que Aquí Te Lo Dejo."
Silencio general, sobre todo entre los dorados, que conocían la situación más que bien. Kanon comenzó algunas apuestas en voz baja.
"¡Te Atreviste!" Le recriminó el santo de Virgo, sin colores en el rostro y a punto de abrir los ojos. Camus le quedó mirando como si nada.
"Ahí te ves." Dicho esto, le tomó la mano a su esposa y se alejó del santo de Virgo. Una gran venota comenzó a pulsar en la frente de Shaka.
"¡Tú Lo Pediste! Te Quedas Sin Sentidos En Este…"
Un bólido se estrelló a sus espaldas, que casi le bota al suelo. Antes que se diera cuenta, Chantal, de 20 años, con su preciosa y larga cabellera azul turquesa, y su 1.55 de altura, estaba aferrada con toda su fuerza a su brazo, y aunque estaba usando su máscara, sencillamente decorada por ella misma, era evidente que tenía una enamorada sonrisa.
"¡Shaka! Te estaba buscando. ¿Dónde te habías metido?" Le preguntó con su amielada voz e infantil entusiasmo.
"Chantal, ya me iba. ¡Te pido que me sueltes!" Gruñó muy molesto y tentado de privarla de sentidos.
"¿Bailarás conmigo?" Insistió, como inmune a los dichos del santo de Virgo. "¡Anda! Di que sí. Solo un baile y te dejo de molestar."
"¡Que No!"
"¡Porfis!"
"NO."
"No Seas Malo: Nunca Quieres Bailar Conmigo."
"Es Porque No Quiero Bailar Contigo."
"¡Entonces No Te Soltaré Hasta Que Bailes Conmigo!"
Shaka sintió como si atravesase por la peor de las desgracias. Chantal se veía y percibía decidida a bailar con él y por Athena que no lo dejaría tranquilo… cosa con la que no estaba dispuesto a lidiar. Hay que ver quién era más terco.
Mientras Shaka lidiaba con Chantal, Camus les observaba desde el otro lado del salón, con la preocupación que puede tener un hermano mayor. Alsacia le abrazó por la cintura.
"No pongas esa cara que no te pega." Le dijo la chica. "Y no te preocupes por tu hermanita, que ella sabe cuidarse muy bien."
"Lo sé, pero si va a gastar energía en alguien, que al menos sea en alguien que la quiera y no en quien no la quiere ver ni en pintura."
"Tienes razón: además como que Shaka es muy amargo para ella. Chantal ya se dará cuenta de eso, no es para nada tonta."
"Pero sí muy torpe. De mientras sufre. Bah. Debería tener más tacto." Camus bufó y sacudió levemente la cabeza. Miró a Alsacia con ternura. "Creo que me preocupo demasiado por ella."
"Chantal es muy divertida así tal cual como está. No quieras cambiarla que eso es lo que la hace especial: por eso digo que Shaka es muy amargo para ella." Alsacia le sonrió de regreso. "El que te preocupes por ella te hace ver muy tierno."
"¡Soy un Santo Dorado! No soy tierno."
"Sí lo eres, tierno como un Osito Polar."
"Esos son cualquier cosa, menos tierno." Retrucó con una sonrisa coqueta. "¿Te parece que nos vayamos ya?"
Roja como un tomate, Alsacia asintió, dejándose abrazar por Camus, quien hizo el intento de alzarla en sus brazos… pero…
"¿A DÓNDE CREEN QUE VAN?" Preguntó Milo a viva voz, impidiendo que Camus alzase a Alsacia.
"ESTO NO SE ACABA HASTA QUE SE ACABA." Aseguró Aioria al tiempo que los dorados sujetaban a Camus por los brazos, llevándoselo lo más lejos que pudieron de su nueva esposa.
"NO SE VAN A PODER IR ASÍ TAN FÁCIL DE AQUÍ." Rió Alisa, mientras ella y varias amazonas, sujetaban a Alsacia, y hacían algo parecido.
Y fue así como la fiesta continuó y para largo. Entre risas, lamentos, bailes, bromas, comida y carcajadas, Camus y Alsacia se las vieron negras y no pudieron tener ni un minuto de paz en toda la celebración, que se extendió hasta altas horas de la madrugada.
Pero al menos lo pasaron muy bien. Fue una boda memorable.
Fin del Omake B.
Por
Manquehuito (Misao–CG)
PS: No es mi fuerte escribir bodas. No sé ni como lo hice cuando escribí la de Milo y Alisa en Littera Minima, y conste que esos dos tuvieron dos bodas. Creo que mi resistencia a escribir sobre esta boda y la siguiente que les debo (la de Aioria y Marin), se debe principalmente a eso. Partes de la descripción de la boda que hice corresponde a como era el antiguo rito de matrimonio. Obviamente, le hice algunos cambios sólo por el bien de la trama. Es más, tengo una idea más clara acerca de aquella tercera boda que pondré en algún momento y que supongo ya tienen una idea de quienes son los afortunados. Espero que esta les haya gustado, o que al menos les haya dado un bonito latido. De nuevo con mi mala manía de no pedir por una lectora de pruebas, y una vez más, el omake está recién salido del horno. Faltas de ortografía, de gramática y redacción no son intencionales y si descubren alguna, por favor, sean buena leche y avísenme para poder corregirla, lo mismo si tienen quejas o críticas respecto de la historia, para poder ver como lo soluciono (en tanto sean educadas y civilizadas) ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO EL OMAKE!
Brújula Cultural.
Bodas: Las bodas en la antigua Grecia eran del siguiente modo. Las niñas ya estaban en edad casadera justo después de su menarquía o primera menstruación. Eran sus padres quienes les elegían a sus maridos, por lo general hombres que muchas veces les doblaban su edad, y no necesariamente del gusto de la chiquilla. El día antes de la boda, la niña en cuestión iba con todos sus juguetes al templo de la diosa Artemisa más cercano a su casa y los ofrendaba a la diosa, en señal de que ya había dejado de ser una niña, para convertirse en una mujer. Esta ceremonia era un rito de pasaje entre la niñez y la pubertad, y por lo general, aunque no era una obligación, se concretaba el día antes de su boda. En todas las bodas, debía invocarse la protección de Zeus y Hera, la novia debía tomar un baño de purificación, cuya agua recolectaban los niños de la casa, desde fuentes especiales y señaladas de antemano. Aquél día, la novia debía cortarse un mechón de cabello y ponerlo en un Huso, que depositaría sobre el altar familiar, lo cuál era seguido de un sacrificio a los dioses familiares y un banquete en honor de ellos, tanto en la casa del novio como de la novia. Después de estos banquetes, que se celebraban en forma separada, el novio iba a buscar a la novia, a quien llevaba a su casa, conducida en carros tirados por mulas o caballos. Allí, la novia era recibida por su suegra, que llevaba una antorcha en sus manos, con la cuál guiaba a ella y al novio hasta el fogón de la cocina, en donde ambos se arrodillaban, y los familiares presentes les arrojaban nueces y frutas garapiñadas en señal de buena fortuna, prosperidad y fertilidad (hoy se lanza arroz a los novios). Como ven, lo que puse para describir la boda de Camus y Alsacia es bastante parecido a esto, aunque los cambios que le hice son evidentes. Espero haberles despejado dudas.
Esta información fue extraída del libro "Hábitos y Costumbres del Pasado" de editorial Reader's Digest, edición de 1992, página 80.
