Kiyoshi no paraba de reírse después de escuchar el progreso de Aomine.

El incubo moreno no paraba de maldecir por lo bajo cuando su superior le dijo que el tal Kagami era un cabeza hueca a niveles insospechados, y no había mejor manera de confirmarlo que mostrarle un día cotidiano en la práctica del club de básquet.

- Maldita sea, es peor que malo….

Aomine veía como Kuroko solo tenía su vista puesta en Kagami, solo prestaba atención a las palabras de Kagami, solo hacia pases para Kagami y lo peor de todo, solo descansaba cuando Kagami descansaba y hasta le compartía la toalla. Todos en el equipo lo notaban, incluso los nuevos, el único que parecía no darse cuenta era el mismísimo Kagami.

- ¡Tienes que estar bromeándome! ¡¿Aún con todas esas señales el muy idiota no se ha dado cuenta?! ¡¿Tan serio es su problema?!

- Sí. Al parecer él es más del tipo que tiene mucho músculo y poco cerebro. La única materia en la que es apenas bueno es en inglés por su infancia en LA, y por supuesto en básquet. ¿No leíste el perfil que se te dio al aceptar la misión?

- Yo jamás he leído esa cosa.

- Pues, te recomiendo que lo leas si quieres tener algún progreso el día de hoy – Kiyoshi hizo aparecer el perfil de Kagami frente a Aomine junto con el de Kuroko con un movimiento de manos – Te dejo eso como tarea hasta que regrese, revísalo bien.

Una vez que su superior desapareció en una nube de humo para regresar a la práctica del club, Aomine agarró los perfiles y se recostó e la rama de un árbol para leerlos.

Kagami Taiga:

Comida Favorita: Hamburguesa con queso

Pasatiempo: Surf

Defecto: Es demasiado lento para entender algunas cosas, torpe para tratar con sentimientos como el amor, e inútil si se trata de estudiar. Está aprendiendo a ser más caballeroso con la gente, siendo Kuroko su profesor.

El típico perfil de un deportista idiota.

Aomine chequeó cada punto que se le presentaba en el perfil, tratando de adivinar qué le sería de ayuda y que no, aunque la mayor parte de los datos parecían dificultarle las cosas. Su mirada se quedó quieta en la zona de "gustos", sonriendo de lado al notar también un rasgo en su personalidad.

Personalidad: Posee un instinto animal al momento de jugar y actuar. Fácilmente se deja llevar por sus emociones.

Gustos: Le gustan las personas con actitud elegante y discreta.

Si recordaba bien, Kuroko era una persona lo suficiente elegante y discreta como para poder encantarlo, y eso sumando el instinto animal que tenía Kagami en su personalidad, lo único que tenía que hacer era volverlo más atractivo a los ojos del deportista y precisamente ahí era donde residía el problema. Kuroko de por sí solo ya era bastante atractivo, y Kagami lo conocía el tiempo suficiente para condenarlo a la zona de amigos, ¿qué podría hacer para que el chico de cabellos rojos notara al pequeño fantasma?

El equipo de Seirin salió en su descanso y Aomine hecho in vistazo al comportamiento de Tetsu. Tal como pensaba, era alguien silencioso y casi imperceptible, pero por alguna razón, Kagami podía captarlo lo suficiente para saber de su existencia.

- ¡Ah! ¡Maldita sea Kuroko! ¡Ya te dije que no aparezcas así de la nada!

Al menos hasta cierto punto.

- Siempre estuvo ahí, Bakagami… - Kuroko se acercó a los grifos que habían cerca al gimnasio para mojarse la cara, dándole una buena idea a Aomine, haciéndolo sonreír - Hora de trabajar….

Con un chasquido de dedos, Aomine provocó la ruptura del grifo que usaba Kuroko. El agua salió disparada como si fuera una fuente y lo dejó completamente empapado. Como un plus, Aomine se encargó de quitar todas las toallas cercanas, excepto la de Kagami, y dejarlas caer sobre la tierra, volviéndolas completamente inútiles para ayudar a su víctima.

- Veamos que tal reaccionas esta vez.

Kagami, al ver a Kuroko, tuvo por instinto acercarse a ayudarlo. Pero estando frente a él, pudo notar como la camisa blanca se transparentaba junto con su short, dejando expuesta parte de su blanca piel. Se quedó allí admirando la fina línea de su pecho, el rastro de sus pezones y parte de su vientre, mientras que el pobre de Kuroko, ajeno a lo que pasaba, trataba de secar su vista inútilmente con sus manos.

- ¿Kagami – kun?

La voz de su compañero lo sacó de su trance y le dio su toalla para que se secara la cara.

- ¿Qué fue lo que paso? Yo solo estaba mojándome la cara cuando de repente….

- S-Seguro se rompió la llave por tanto uso que le damos en medio de las prácticas. – Kagami desvió la mirada del cuerpo de Tetsu en un intento por controlarse – Más importante, creo que lo mejor será que te cambies de ropa.

- Pero no tengo nada más aparte de mi uniforme, y la práctica aún no acaba.

- A lo mejor alguien puede prestarte ropa. Pregúntale a Furihata, ustedes dos tienen casi la misma talla.

Kuroko se alejó de Kagami y este soltó un suspiro mientras gruñía, frustrado.

- Maldición, ¿qué está pasando?...

Aomine, después de ver todo ese espectáculo, sonrió de forma soberbia. Ahora sabía que Kagami no era del todo inmune a Kuroko.


Kise llegó al gimnasio donde se efectuaba la práctica y buscó a Kuroko. Al no encontrarlo, buscó con la mirada a Hyuga, quien notó su presencia y se excusó de Riko diciendo que tenía que ir al baño.

Una vez fuera de la vista de la entrenadora, Hyuga y Kise pudieron conversar de forma tranquila en el pasillo cerca a los vestidores.

- ¿Dónde rayos estabas metido? Sabes que no puedo cuidar a Kuroko en tu ausencia.

- Perdón Hyuga-senpai, es que tenía que dar mi reporte diario a Chamuel sobre el progreso de mi misión.

- ¿Le dijiste del íncubo al que mandaron para Kuroko?

- Sí, y no parecía sorprendido al respecto. Es más, dijo que ya se lo esperaba.

Hyuga miró a Kise con rostro confundido. Si Chamuel sabía que mandarían a Aomine para vigilar a Kuroko, ¿por qué entonces mandaba a Kise a vigilarlo siendo él solo un principiante? Decidió descartar la duda en su cabeza por el momento, no tenía sentido preguntarse eso ahora, más tarde le preguntaría a Wakamatsu o a Kasamatsu, a lo mejor sabían.

- Bueno, en todo caso, Kuroko está en los vestidores cambiándose la ropa mojada. Te recomiendo que vayas ahora mismo.

- ¿Ropa mojada? ¿Cómo pasó?

- Artimañas de Aomine, pero eso no importa ahora, tienes que irte.

- ¿Pero por qué la prisa?

- ¡Porque Kagami está con él ahora! ¡Vete de una vez!

Kise analizó las palabras dichas por su senpai y reaccionó corriendo a todo lo que le daban sus piernas hasta llegar a los vestidores. Si Kuroko estaba a solas con Kagami, quitándose la ropa, Aomine no desaprovecharía la oportunidad de hacer alguna travesura para que esos dos terminen compartiendo la cama haciendo actos impuros.


A petición de Kiyoshi, Kagami fue con Kuroko a los vestidores para ayudarlo con su ropa mojada.

"Si una de nuestras estrellas sufre una lesión por culpa de un accidente tan absurdo como resbalarse con un charco de agua, seríamos el hazmerreír de las escuelas rivales. Ve con él y ayúdalo a guardar su ropa mojada"

De alguna forma, esa excusa tenía sentido. Kagami no quería que Kuroko se lastimara, no estando tan cerca del campamento de práctica que las escuelas realizaban a mitad de año. Quería ir a ese campamento con su mejor amigo y sombra, incluso si eso implicaba ser su guardaespaldas por algunos días.

Kuroko le dio la ropa mojada, quedando solamente en calzoncillos, que para sorpresa de Kagami, eran de color azul ajustados a la piel.

- Gracias por ayudarme a cambiarme Kagami-kun.

- No hay… problema… - Kagami guardaba la ropa de Kuroko en una bolsa de plástico para que este pudiera guardarla en su mochila después, sin dejar de mirar el cuerpo bien tonificado de su amigo.

Entre las sombras, Aomine miraba expectante el comportamiento de Kagami. Era más que obvio que el chico de cabellos rojos no podía apartar la mirada del espectáculo que el fantasma le daba. Recorría cada curva de su cuerpo como si de un mapa se tratara, y las gotas que caían de su cabello y se deslizaban por su pecho de alguna forma le daban un toque erótico a la escena. Kuroko se tomaba su tiempo para secarse correctamente cada parte de su cuerpo, pasando la toalla lentamente por sus brazos y luego por pecho, pasando al final por las piernas. En un intento de acelerar un poco las cosas, Aomine cerró sus ojos y trató de meditar lo suficiente para usar su voz siniestra y hacer que Kuroko dijera alguna que otra línea seductora.

Primero hizo que Kuroko se volviera consciente de la mirada atenta de Kagami.

"Cúbrete el pecho con la toalla Kuroko y mira a Kagami como siempre lo haces"

Kuroko hizo lo que Aomine le ordenaba y puso la toalla sobre su pecho con una mano como si de una chica se tratara. Luego le sonrió ligeramente a Kagami con rubor en sus mejillas, haciendo que el susodicho lo mirara con sorpresa.

Una vez captada su atención, Aomine susurro algunas palabras que Kuroko repetía.

- Mirar atentamente el cuerpo de una persona es descortés, Kagami-kun

Kagami se giró completamente con su rostro completamente rojo.

- ¡Lo siento!

Aomine sonrió al ver como Kagami comenzaba a temblar un poco por los nervios. Ahora que el chico era consciente del encanto de Kuroko, quería explotarlo un poco más.

Con un movimiento de manos, Kuroko comenzó a caminar hasta llegar a la espalda de Kagami. Rodeo a Kagami con ambas manos por la cintura, sin llegar a encerrarlo completamente.

- ¿Kuroko?

- Perdón, es que tengo algo de frío. Tú eres grande y leí en un libro de anatomía que podría calentarme si compartíamos calor corporal.

Al ver que Kagami no reaccionaba de forma violenta para apartar a Kuroko, Aomine comenzó a reírse de él por tragarse aquella historia. En el aire podía sentir como los instintos de Kagami le decían que se dejara llevar por las emociones que lo llenaban en ese momento.

"Kuroko es muy hermoso"

"Él está muy cerca"

"¿Es esta una invitación a que le haga cosas malas?"

Antes de que Kagami perdiera la cordura, Kise entró volando por la puerta de los vestidores. Vio la escena frente a él, y buscó por el cuarto una forma de pararlo. Encontró el casillero de Kagami medianamente abierto y aprovechó para abrirlo completamente, dejando caer todas sus cosas.

El ruido hizo que Kagami y Kuroko se separaran, y al ver que sus cosas estaban por todo el piso, Kagami se apresuró a recogerlas, dejando a Kuroko con su ropa en mano y la toalla sobre sus hombros.

- ¡Hey! ¿Cuánto tiempo más van a tardar en cambiarse? – Hyuga entró en los vestidores con cara de enojo y fulminó a ambos chicos con la mirada – Riko dice que si no se aparecen en 2 minutos, los hará quedarse más tiempo dando 30 vueltas a todo el campo. ¡Apúrense!

Ante la amenaza de su entrenadora, ambos chicos hicieron todo de forma apresurada: Kagami acomodó sus cosas en su casillero a su máxima velocidad mientras que Kuroko se apresuraba a vestirse con las ropas prestadas de Furihata. Una vez listos, los tres fueron rápidamente a retomar la práctica, dejando a Kise y Aomine completamente solos.

Kise se dejó caer sobre el banco que había en medio de la habitación, buscando retomar el aire perdido por apresurarse a "salvar" a Kuroko de hacer una travesura que seguro lamentaría, mientras que Aomine chasqueó la lengua, irritado por todo su progreso perdido del día.

- ¡Maldita sea! ¡Estaba tan cerca! – Aomine comenzó a morder una de las garras de sus manos en señal de frustración - ¡Un poco más y esos dos habrían avanzado!

- ¡Entonces que suerte que llegué aquí a detenerlos! – Kise lo miraba con enojo mientras secaba el sudor de su frente con el dorso de su mano.

- Vaya, pero si es el estúpido cupido que me estropeo ayer – Aomine se acercó lentamente a Kise hasta tenerlo frente suyo - ¿Cómo te ha ido?

- Seguro mejor que a ti, idiota – Kise se tensó al tenerlo tan cerca y mantuvo su guardia en alto.

Aomine se sentó a su lado en el banquillo y pasó un brazo por su hombro, acortando la distancia que había entre los dos.

- No seas tan frío Kise, ¿es que acaso no recuerdas lo cercanos que somos ya?

- No sé de qué me hablas – Kise apartó el brazo de Aomine y se cruzó de brazos, dándole la espalda.

En respuesta, Aomine se acercó a su oído y susurró:

- Recuerda que la noche anterior, yo te di tu primera eyaculación, Kise.

Al escucharlo, los recuerdos de la noche anterior se presentaron en su mente, provocándole vergüenza. Se apartó lo más que pudo de Aomine y se apoyó en una pared. El íncubo no tardó en aprisionarlo contra la misma teniendo ambos brazos alrededor de su cabeza.

- ¡M-Mantén tu distancia!

- ¿O qué? – Aomine acercó su rostro hasta casi tocar la frente de Kise con la suya - ¿Realmente crees que me apartaré solo porque tú lo dices?

- ¡¿Es que solo piensas hacer cosas raras?!

- ¿Yo? Solo iba a intimidarte un poco Kise, pero si quieres que haga "cosas raras" contigo, estoy feliz de complacer…

Aomine le dio un beso fugaz en los labios y acerco la lengua a su oído. Kise trató de apartarlo, pero eso solo provocaba que el espacio que separaba ambos cuerpos se volviera más y más pequeño. Bajó de la oreja hasta el cuello, dejando una hilera de besos en el camino, haciendo que Kise comenzara a temblar y soltar suspiros ahogados de molestia.

- A-Apártate….

- Obligame, Kise.

Kise estaba desesperado, si no encontraba una forma de liberarse de Aomine, se repetiría la experiencia del día anterior. Con la poca resistencia que aún le quedaba, buscó de un lado a otro alguna forma de escapar de las garras de aquel ser infernal que lo llevaba a cometer el pecado de la lujuria. Cerca a sus pies, encontró un balón de básquet viejo que aún se veía duro, no era lo mejor pero seguro le iba a servir.

Atrajo el balón hasta su mano con sus poderes y comenzó a golpear a Aomine en la cabeza.

- ¡Estúpido Eromine! ¡Ya déjame en paz!

Una vez que este apartó los brazos que lo aprisionaban contra la pared, Kise aprovechó para lanzarle el balón a la cara y escapar.

Aomine, con el dolor latente en su cabeza, maldijo por lo bajo. Si antes estaba frustrado, ahora estaba realmente enojado.

- Maldito cupido de mierda….

A duras penas logró sentarse en el banquillo con el balón en una mano. Lo apretó hasta reventarlo y luego lo tiró al suelo.

- Ya verás, estúpido Kise….


Kise llegó jadeante a la práctica del club.

- Estúpido Eromine… Un poco más y no la contaba….

Kise se sentía asqueado por las acciones de Aomine. Primero hacía ver a Kuroko como una bestia en pleno celo y ahora volvía a tocarlo con indecorosas intenciones. El pobre cupido se preguntaba si acaso todos los demonios eran seres así de despreciables.

Recorrió la hilera de marcas que Aomine le había dejado en el cuello y se sonrojó al pensar por un momento que eso era placentero.

- Kise, ¿qué te pasó en el cuello?

La voz de Hyuga lo sacó de sus pensamientos.

- Nada importante, ¿por qué?

- Tienes un montón de marcas en el cuello y parte del pecho. ¿Estás bien?

Kise sonrojó mucho más que antes y maldijo por lo bajo. Nunca admitiría que "eso" era algo placentero.

- Me picó un mosquito infernal. Déjalo, ya pasará.

Hyuga entendió la indirecta y regresó a la práctica con un rostro preocupado. Tenía que hablar con Kasamatsu ni bien llegara a casa.