Aclaración: esta es una adaptación de Lori Foster, con los personajes H.P de nuestra amada J. K.R, espero que lo disfruten…

CAPITULO IV

-COITUS INTERRUPTUS-

Draco entró en su habitación y cerró la puerta con cuidado, Hermione levantó la vista y sus miradas se encontraron: ella sorprendida, él suspicaz. El rubio se cruzó de brazos.

—No creo que seas alguien que se esconde, así que, ¿qué estás haciendo? —le preguntó él en voz baja.

La castaña se puso en pie, sintiéndose como una tonta, pero se negó a sentirse intimidada por él.

—He pedido un taxi. Creo que ya es hora de que me vaya a casa.

Él no dijo nada, sólo apoyó la espalda contra la puerta. Luego cerró los ojos y gruñó.

—Vas a hacerme esperar otro día, ¿verdad?

A ella le dio un vuelco el corazón ante el tono insinuante y hambriento de él. —

Éste no es el momento más adecuado y lo sabes. Me siento ridícula y avergonzada a partes iguales.

El la fulminó con una mirada ardiente.

—Podría hacerte olvidar tus dudas en un momento, preciosa.

«Estoy segura de que sí», pensó. No le resultó fácil, pero negó con la cabeza.

—Si me marcho ahora, tal vez no sospechen nada…

—Para ser una bruja brillante, se te escapan algunos detalles con facilidad, me han visto inclinado sobre tus senos. Creo que tienen razones para sospechar.

Esta sintió que se encendía de deseo, pero no apartó la mirada.

—No estabas inclinado sobre mis senos —replicó.

—Pero deseaba estarlo.

La leona apretó los puños e intentó respirar con normalidad.

—Si me marcho ahora, quizá crean que eso fue sólo una pérdida de control momentánea. Si me quedo hasta que todos se hayan marchado, supondrán que vamos a pasar la noche juntos. Y eso era justamente lo que queríamos evitar — explicó — Nada de especulaciones, nada de chismes, nada de escándalos, ¿recuerdas?

—Sí, pero…

Llamaron a la puerta y la voz de Theo les llegó desde el pasillo. — ¿Todo va bien ahí dentro? Pansy va a cortar la tarta.

Malfoy cerró los ojos terriblemente molesto.

—Voy a matarlo —murmuró—. Enseguida salimos, Nott. Y como te atrevas a volver a llamar a la maldita puerta, te aseguro que tú y yo vamos a tener más que palabras.

— ¡Oye! Que yo sólo quería decirte que estamos esperándote para cortar la tarta.

—Eso ya me lo habías dicho. Y ahora piérdete, ¿de acuerdo?

Hermione se masajeó las sienes, sólo había empeorado las cosas. ¡Theo Nott había ido a sacarlos de la habitación!

—No sé cómo un hombre así ha creado un bebé tan adorable —comentó la gryffindor

.

Para sorpresa suya, Malfoy soltó una carcajada.

—Theo es buena persona. Créeme, si él supiera cuál es la situación, no estaría fastidiándome.

— ¿No?

Negó lentamente con la cabeza, luego se acercó y la apretó contra su pecho.

—No. Se solidarizaría con nosotros —le aseguró, e hizo que lo mirara a los ojos—.

—Te deseo, Hermione.

Ella se estremeció.

— ¿Mañana?

La besó en las mejillas y el cuello y luego rozó sus labios con la lengua. — Mañana temprano. No me tendrás esperando hasta la noche, ¿verdad? —

Estaba dispuesta a hacer lo que él le dijera si seguía besándola y acariciándola así.

— ¿Dónde?

—No lo sé. Pero pensaré en algo antes de mañana, ¿de acuerdo? Pasaré a buscarte. ¿Qué te parece a las diez?

—Perfecto.

Se obligó a no pensar en lo sensual y romántico que todo parecía al lado del Slytherin y a concentrarse en su objetivo. No podía olvidar que su aventura era algo temporal y que no la deseaba realmente, al menos no para siempre. Él sólo quería utilizarla en algo muy concreto, igual que ella iba a utilizarlo a él.

—No quiero que te preocupes. Aún tenemos tiempo. Se supone que estoy en mi período más fértil hasta dentro de dos días.

Apenas había terminado de hablar cuando él volvió a besarla de verdad, con toda su pasión. Era un beso para que lo recordara durante toda la noche.

Granger seguía con las mejillas encendidas cuando regresó al comedor y agradeció que hubieran apagado casi todas las luces para que las velas de la tarta brillaran más.

La castaña vio a Theo junto al interruptor de la luz y supo que era el responsable de la semioscuridad. Nott le guiñó un ojo y decidió que quizás no era tan malo como ella creía.

Los amigos de el le cantaron el cumpleaños feliz y cortaron la tarta. Cuando Daphne se disponía a cortar la tarta, explicó que tenía que marcharse, pero todos insistieron en que antes tomara un trozo de tarta con helado. No recordaba la última vez que había asistido a una fiesta de cumpleaños. La hubiera disfrutado más si hubiera formado parte de ella en lugar de ser una intrusa, pensó.

No quería que nadie supiera que había pedido un taxi, prefería que creyeran que se marchaba en su propio coche, así que en cuanto vio acercarse las luces del taxi, se puso el abrigo y agarró su bolso. Para sorpresa suya, todos los niños quisieron despedirse con abrazos y besos, los adultos le dijeron que estaban deseando volver a verla y Pansy la invito al baby shower de su futuro primogénito.

—Te agradezco mucho la invitación Pansy, pero no sé si podré ir —murmuro, aduciendo que tenía una agenda muy ocupada, y luego salió a toda prisa, deseando escapar de tantas emociones.

Draco la alcanzó cuando bajaba el último escalón del porche.

—Lo siento mucho. Sé que esto no ha sido fácil para ti —le dijo, y al ver el taxi, maldijo en voz baja—. Debería ser yo quien te llevara a casa.

—No me importa volver en taxi y está claro que tú no puedes abandonar tu propia fiesta de cumpleaños.

El sacó la cartera de su bolsillo y ella lo miró indignada.

— ¿Qué crees que estás haciendo?

—Al menos déjame pagarte el taxi…

—Por supuesto que no, y no quiero oír una palabra más sobre el tema —dijo inflexible—. No soy responsabilidad tuya.

Él dejó escapar un suspiro de irritación.

— ¿Puedes hacerme un favor entonces y llamarme cuando hayas llegado a casa? Ella se lo quedó mirando.

— ¿Por qué?

—Para que sepa que has llegado bien.

— Malfoy, no empieces a sentirte responsable de mí. Si lo haces, romperás una de las reglas, ¿recuerdas? Soy adulta y sé cómo cuidarme. Así que no te preocupes.

—Llámame —insistió, y supo que no podía con él.

—De acuerdo. Pero sólo esta vez —accedió.

—Gracias —respondió él con una amplia sonrisa. —No eres nada elegante cuando ganas, Huron.

—Aún no he ganado. Todavía tengo una casa llena de parientes que, en cuanto regrese ahí dentro, van a freírme a preguntas. Ahora que te vas y que saben que no te van a ofender, volverán a ser ellos mismos.

Ella sabía que él hablaba en broma, pero también sabía que él tenía una relación muy estrecha con sus amigos y por eso no le daba ningún cargo de conciencia dejarlo a solas con ellos. Se metió en el taxi y el se acercó y la besó brevemente.

—Mañana, Hermione. Mañana ganaré.

Él quería provocarla, pero ella sólo esbozó una sonrisa y, cuando él comenzó a separarse, la leona lo agarró por la nuca y lo atrajo hacia sí para darle otro beso mucho más largo y apasionado que el anterior.

Mientras él recuperaba el aliento, la castaña le susurró:

—Mañana ganaremos los dos.

Soltó una carcajada y se separó del coche, y de pronto él y la gryffindor vieron, a una de las ventanas de la casa, donde estaban agolpados y apretujados los amigos de el. Y aunque sólo estaban iluminados por la luna, Hermione vio resplandecer sus sonrisas. Mas tarde recordaría la escena tan fuera de lugar con ese grupo de Slytherin, que en el pasado le hubiera sido imposible, pero después de lo vivido esa noche. Dejo caer la ultima barrera, reconociendo lo que ya había supuesto eran todos excelentes personas, una gran familia. Y de verdad se alegraba mucho por ellos, después de todo se lo merecían.

Draco comprobó la hora: sólo eran las siete de la mañana y no tenía ninguna motivación para levantarse de la cama porque a la castaña no la vería hasta las diez. Así que se quedó tumbado pensando en ella y en todo lo que había sucedido la noche anterior. La vulnerabilidad que había demostrado con su familia despertaba en él sentimientos que no quería reconocer, sobre todo porque era más satisfactorio concentrarse en la lujuria que le provocaba.

En toda la noche no había podido dejar de pensar en Granger. La deseaba más de lo que había deseado nunca a una mujer. Era tan distinta a las mujeres que él acostumbraba a conocer… exigía, pero también se entregaba sin restricciones. Era un auténtico tiburón en los negocios, pero regentaba su negocio con rectitud y era generosa con sus trabajadores. Era una idea que compartían los dos: trata a tus empleados honestamente y te devolverán honestidad y lealtad.

Ciertamente, tenían mucho en común, aun así, había multitud de razones por las que él no podía tener una relación seria con ella. Justo las cosas por las cuales la admiraba la convertían en una persona poco adecuada para eso.

Él quería un hijo, alguien que lo amara y a quien él pudiera amar sin límite, así de simple.

Granger, sin embargo, quería un negocio boyante. Había reconocido que no tenía ni ganas ni tiempo para tener una familia, pero había accedido a gestar al bebé de él como parte de un trato de negocios. Se recordó que no debía olvidar eso.

Cuando por fin se levantó para preparar café, la casa estaba helada, no llevaba más que unos boxers y se estremeció de frío, pero le pareció que no le iría mal enfriarse un poco si quería tratar a Hermione de forma racional.

Fue al cuarto de baño y se lavó la cara y los dientes mientras el café se hacia.

«Hoy voy a recuperar el equilibrio de este negocio con Hermione», se dijo mientras se contemplaba en el espejo. Se acabó el mezclarse con sus amigos, se acabó el verla con un bebé en brazos y una expresión en el rostro que había hecho que el corazón le diera un vuelco. Volvería a verla con cierta distancia, recordándose que era un medio para alcanzar su objetivo. Tenían un acuerdo y no iba a haber nada más entre ellos. No, si él no quería terminar con el corazón roto y loco por ella.

Acababa de servirse una taza de café cuando llamaron al timbre, se acercó a la puerta y miró por la mirilla.

La dueña de sus pensamientos, estaba en el porche.

Miró su reloj: sólo eran las ocho menos cuarto. Su primer pensamiento fue que había acudido para cancelar su cita, que le había surgido algo y tenía que marcharse de la ciudad; era algo normal en su vida. Sólo de pensarlo, sintió que todo su cuerpo protestaba.

Abrió la puerta sin darse cuenta de que estaba casi desnudo. La castaña recorrió su cuerpo con la mirada antes de concentrarse en su rostro.

—Tienes bastante barba, ¿lo sabías?

—Me afeitaré. — Esbozó una sonrisa.

Si eso evitaba que cancelara su cita, lo haría, se encogió de hombros.

Esta alargó la mano tímidamente y la colocó sobre el pecho de él, a la altura de su corazón. Lo acarició suavemente y jugueteó con su mano.

—Me gusta —susurró.

No respondió, no estaba seguro de poder hacerlo. Entonces ella fijó en él sus ojos grandes y brillantes.

—No podía esperar.

Sintió que el deseo se apoderaba de él. Dejó la taza de café en la mesa de la entrada con manos temblorosas y la hizo pasar. Necesitaba asegurarse de que la había comprendido.

—Sé que dijiste a las diez —añadió, nerviosa—, pero los dos tenemos el día libre, ¿no es cierto? Y no estoy acostumbrada a esto, a estar excitada y tener que esperar, es terriblemente difícil. No he podido dormir en toda la noche…

—Yo tampoco. — no podía creer que estuviera allí, tímida y decidida a la vez. La deseaba más de lo que nunca había deseado nada en su vida. Todo lo que se había dicho a sí mismo de que debía mantener una distancia emocional, se desvaneció. No podía quitarle las manos de encima, no podía obligarse a sí mismo a dar un paso atrás en sus emociones. Sentía la suavidad de sus movimientos, la forma en que cuadraba los hombros para hablar con él. Qué atractiva era esa actitud…

El aire fresco que entraba por la puerta no logró apaciguarlo. Mientras él sentía que se iba endureciendo y se le aceleraba el pulso, La gryffindor cerró la puerta y dejó una pequeña maleta en el suelo.

—Esta mañana me he sentido atrevida —explicó, señalando la maleta—. Y todo indica que tu casa hoy será un lugar seguro. No creo que tus amigos vuelvan a presentarse hoy, ¿verdad?

No contestó, embobado por el deseo que veía en los ojos de ella.

—No quiero que creas que voy a quedarme toda la noche, pero tenía que traer algo para ponerme después… si vamos a pasar todo el día juntos —dijo y respiró hondo—. Recuerda que el libro decía que deberíamos esperar unas horas y luego intentarlo de nuevo, así que he pensado…

—Shh —la interrumpió, haciéndole un gesto de que se callara.

Estaba teniendo serias dificultades para no subirla en brazos y llevarla a su dormitorio.

—Déjame que me dé una ducha rápida y…

—No —le cortó—. Ya he esperado suficiente. No quiero esperar ni un segundo más.

Contempló el cuerpo de él y su evidente erección, apenas cubierta por sus boxers. Deseaba tocarla, deseaba…

—Al menos deja que me afeite, cariño. No quiero irritarte la piel —dijo casi con desesperación.

Por toda respuesta, ella comenzó a desabrocharse el abrigo. El Slytherin sintió que se le aceleraba el pulso con cada botón. Primero vio su pálida piel: su cuello, el escote y la parte superior de sus senos. Luego cuando comenzó a separarse las solapas, se dio cuenta de que ella no llevaba más ropa que un body negro con encajes y transparencias estratégicas con un ligero a juego, completados por unos tacones del mismo color.

Tenía que haber sabido que ella usaba esas prendas, pensó mientras la contemplaba, nunca lo tuvo que poner en duda. Hermione tenía una gracia y una elegancia perfectas para llevar esas delicias.

De pronto, no pudo controlarse más. Agarró las solapas del abrigo y se lo quitó, dejándolo caer al suelo. Movido por la estampa que ella ofrecía, con las mejillas encendidas y los ojos ardiendo de deseo, la subió en brazos. Sintió los muslos torneados de ella en su brazo, sus senos en su pecho, sus labios en el cuello de él y gimió de placer. El dormitorio estaba demasiado lejos, así que se dirigió al sofá del salón y se acomodó sin despegarse de la castaña. Cubrió su boca con la suya antes de que pudiera decir nada y sus manos comenzaron a explorar sus colinas y valles.

Sabía que estaba yendo rápido, pero no podía detenerse.

Esta se estremeció cuando él le acarició los glúteos, los apartó ligeramente y la exploró desde detrás. Los pliegues de ella se abrieron como una flor y Draco accedió fácilmente a su piel más sensible y húmeda. Él creyó que iba a explotar de placer.

Sentía sus jadeos en su oído y sus dedos clavados en sus hombros.

El rubio gimió y recorrió su cuerpo con la boca, quería saborear su piel, aspirar su aroma. Era pura suavidad, desde su pelo suelto, los brazos con los que se agarraba a él, sus muslos torneados que se entreabrían mientras él continuaba explorándola, excitándola, preparándola para él…

El body dejaba traslucir los pezones rosados y erectos, acercó su boca a uno de ellos y lo mordisqueó a través de la tela. Granger arqueó la espalda, jadeante, animándolo a que continuara, succionó uno de ellos y ella ahogó un grito. El seguía con su mano entre sus muslos e imitó allí abajo lo que hacía con la lengua sobre el pezón y volvió a oírla gemir de placer. Entonces él introdujo un dedo en su interior y siguió acariciándola por dentro. Estaba tan húmeda y caliente, que supo que estaba preparada.

Entonces se quitó los boxers y se colocó entre sus muslos. Durante un momento sus miradas se cruzaron y la expresión de ella, de vulnerabilidad, deseo y exigencia a la vez, disparó su deseo al infinito.

La besó e introdujo su lengua en su boca, a la vez que entraba en su cuerpo. Sintió una resistencia inicial, pero luego su cuerpo se relajó y fue aceptando su tamaño. Y entonces, con un empujón, la penetró profundamente; comenzó a moverse, entrando y saliendo. La oía jadear y sentía cómo intentaba acoplarse a su movimiento todo lo que le permitía el sofá. El deslizó una mano debajo de sus caderas y le hizo elevarlas, haciendo que lo acogiera por completo. La oyó gemir y temió estar haciéndole daño, pero entonces ella se agarró más fuertemente a él con su sexo y sus brazos; estaba caliente y húmeda y lo deseaba. El orgasmo fue tan poderoso que Draco no pudo seguir pensando.

Fue consciente de que gritó como un salvaje y de que Hermione lo observó fascinada. El echó la cabeza hacia atrás mientras las sensaciones seguían inundándolo y lo dejaban temblando hasta que, después de unos segundos eternos, se derrumbó sobre ella sin aliento.

La castaña lo abrazó dulcemente por el cuello y le acarició el pelo con las manos, luego lo besó en la sien con una dulzura y una inocencia tales, que él se dio cuenta de que acababa de usarla miserablemente y que había ignorado las condiciones que habían acordado. Se había olvidado del maldito trato, no le había dado el placer que le había pedido.

Lo único que le había dado había sido su lujuria.

Hermione sintió que Draco se ponía tenso, supo lo que estaba pensando y lo abrazó con fuerza, el se tranquilizó un poco y la miró a los ojos. Sintió una enorme timidez de conectar con su mirada, pero se obligó a hacerlo aunque sólo fuera para darle seguridad a él. Lo que no pudo evitar fue sonreír levemente.

El suspiró, disgustado. —Lo siento —dijo.

Ella le tapó la boca con dos dedos. Él los besó y sintió una ternura infinita. Acercó su rostro al de él y lo besó en la boca.

—No estropees esto con disculpas innecesarias, Draco, por favor —dijo sobre la boca de él.

Antes de que hubiera terminado de hablar, estaba besándola de nuevo y acercando su pelvis a ella. Se estremeció de deseo renovado.

—Ya he estropeado las cosas, cariño. Y te mereces mucho más que una disculpa.

Era la segunda vez que la llamaba «cariño», y para que mentir le encantó. Desde la muerte de sus padres, no había tenido ninguna relación en su vida que le diera el afecto que necesitaba. No se había dado cuenta de cuánto lo echaba de menos. Pero al oír a Malfoy tratarla tan cariñosamente, decidió que le gustaba.

— ¿Exactamente por qué te disculpas?

—Porque he perdido la cabeza. No te he dado nada.

—Eso no es cierto —le replicó.

Cómo le gustaba sentir el cuerpo firme de él junto al suyo… Lo abrazó más fuerte y le acarició el pecho con la nariz. Le encantaba el aroma de su cuerpo.

—Nunca le había hecho perder la cabeza a nadie, Draco. Es una sensación muy agradable. Él rió nervioso y le hizo mirarlo.

—Asumo la culpa, sobre todo porque nunca antes había hecho el amor sin preservativo. Sentirte ha sido una experiencia inigualable.

— ¿Nunca lo habías hecho sin protección? —preguntó, sorprendida.

—No. Siempre he sido precavido, incluso cuando era un adolescente. Pero tú también tienes tu parte de culpa presentándote aquí así vestida — le dijo acariciándole el cuerpo y el body enrollado en su cintura—. Casi me muero cuando te has abierto el abrigo. Sabía que no sería capaz de llegar al dormitorio, necesitaba tomarte enseguida.

¿Y él creía que no le había dado nada?, pensó, emocionada. Lo besó de nuevo. Se estaba acostumbrando rápidamente a la sensación de la boca de él sobre la suya.

Esa vez, cuando él separó su rostro del de ella, fue muy consciente de su renovada erección y de cómo él se controlaba para no abalanzarse encima de nuevo.

Malfoy la miraba con tanta intensidad, que le costaba hablar, pero se obligó a hacerlo; quería que él supiera lo que pensaba.

—Tenía algo de miedo de que te rieras, de parecer ridícula. Aunque me encanta llevar prendas sexy, nadie me ve como una mujer sexy.

—Eres más sexy de lo que ninguna mujer tiene derecho a ser.

Se ruborizó. Las palabras de él la abrumaban.

—Será nuestro secreto, ¿de acuerdo? —dijo, recorriendo con un dedo las pequeñas marcas que le había dejado con su incipiente barba.

Luego siguió recorriendo su cuello, sus senos. Se detuvo en los pezones y los pellizcó suavemente hasta que la hizo gemir de deseo. Se moría de ganas de hacer el amor de nuevo, pero él se levantó del sofá.

—Tengo que darme una ducha y afeitarme —dijo con voz ronca—. A pesar de lo que digas, no me gusta irritarte la piel.

—No te vayas —protestó, intentando que se tumbara de nuevo.

La hizo levantarse y la abrazó. A eso también podía acostumbrarse, pensó ella.

—Puede usted ducharse conmigo si quiere, señorita Granger. Luego le aseguro que la atenderé de forma adecuada.

—Me ha gustado mucho lo que has hecho.

—No has alcanzado el orgasmo.

El deseo se apoderó de la leona. El hablaba de las cosas de forma tan directa que la excitaba a pesar de la vergüenza que le daba. —Me he divertido —dijo, un poco a la defensiva.

—Te prometo que te divertirás más cuando haga las cosas bien.

Parecía decidido a cumplir con sus exigencias, pensó Hermione que en aquel momento se sentía muy mal por haberlas hecho. No quería que aquello persiguiera la mera satisfacción física sin ninguna emoción detrás. Lo que anhelaba desde hacía tiempo eran las emociones, y por eso se sentía tan bien en aquel momento. Pero eso no podía decírselo al Slytherin, no después de haberle dicho que quería experimentar su «excelente técnica amatoria».

Mientras se metían en la ducha recordó algo.

— ¿No se supone que debemos esperar dos horas antes de hacerlo de nuevo, para que tengas tiempo de… recuperarte?

Draco comenzó a quitarle el body y, cuando lo lanzó fuera de la ducha y la contempló completamente desnuda, entonces supo que la deseaba de nuevo. La estudió durante un largo rato y esta aprovechó para hacer lo mismo. Aquel hombre era bellísimo. Se preguntó si él estaría disfrutando tanto mirándola, como a ella le sucedía con él. Justo entonces sus miradas se encontraron; había tal deseo y tanta emoción en los ojos de él, que se olvidó todas sus dudas.

Se acercó de forma que sus cuerpos se tocaran de cintura para abajo y sintió su poderosa erección contra su vientre y se quedó sin aliento. Él acercó sus manos a sus senos.

—No estés pendiente del reloj, cariño. Créeme, necesito al menos ese tiempo para recrearme mirándote y acariciándote, por que no lo necesito para recuperarme y menos contigo aquí.

Creyó que el corazón se le desbocaba.

—Vamos a jugar un poco, Granger —añadió—. Tengo intención de resarcirte por el orgasmo que no has tenido antes y provocarte algunos más. Tenemos todo el tiempo del mundo.

Treinta minutos después, recién salidos de la ducha y de nuevo en la cama,

Supo que no podría sobrevivir a dos horas así. El rubio jugueteaba con su pezón con la boca mientras le acariciaba el vientre con una mano, bajando hasta el punto álgido entre sus piernas y retirándose de nuevo mientras ella gemía y rogaba que la aliviara.

Él rió ante sus ruegos mientras continuaba introduciendo y sacando sus dedos, jugando en su interior y en los alrededores.

—Tranquila, cariño. Créeme, apreciarás haber sido paciente. —No, Draco, no puedo soportarlo más —suplicó.

Él sabía que era nueva en aquel terreno, que no conocía lo que le esperaba al final. La besó en los labios.

—Confía en mí, ¿de acuerdo? —le susurró.

Cuando sintió la mejilla suave de él sobre su vientre, lo único en lo que pensó fue en encontrar alivio. Todo su cuerpo estaba en tensión de tanto placer. Ya no había lugar para modestia ni timidez.

Él apoyó sus manos en sus rodillas y le hizo entreabrir las piernas, dejándola totalmente expuesta a su mirada. Sintió el aliento cálido de él y las caricias húmedas de su lengua. Y entonces él comenzó su festín.

No sobreviviría a eso, se dijo la gryffindor. Arqueó la espalda y gritó la ola de sensaciones que le provocaba, con cada toque de su lengua.

Él sujetó con más fuerza por los glúteos para que no se moviera y continuó con su dulce tormento.

Y entonces sucedió y sólo fue consciente del placer más increíble. Draco continuó hasta que sintió que el orgasmo remitía, entonces la soltó y a acarició hasta que se tranquilizó.

Cuando abrió los ojos de nuevo, exhausta, el estaba a su lado, con una mano sobre uno de sus senos y una expresión de profundo interés en su rostro. Parpadeó sin comprender por qué la miraba así.

—Nunca habías tenido un orgasmo, ¿verdad? —le pregunto él sin reparos.

Cerró los ojos de nuevo. Malfoy soltó una carcajada y la besó en la nariz.

—No te escondas de mí, Hermione. Háblame.

—No estamos aquí para hablar.

— ¿Ah, no? Bueno, no te preocupes. Enseguida volvemos a hacer el amor. Pero respóndeme primero.

Molesta por la pregunta y por la insistencia de él, contestó:

—Nunca me había parecido particularmente importante. Además, ya te he contado que mis dos intentos anteriores fueron un fracaso.

—Tus dos intentos con otra persona —apuntó él suavemente—. Eso no significa que tú sola no puedas…

Abrió mucho los ojos según se dio cuenta de lo que le estaba preguntando decidió desviar su atención a otro tema.

— ¿No se supone que tú tienes que estar… excitado ahora mismo?

La sonrisa de él indicaba que no había logrado engañarlo. Pero para contestar a su pregunta le tomó la mano, besó la palma y la colocó rodeando su erección. Por un instante, él se quedó inmóvil mientras ella lo exploraba con la mano. Y luego sonrió burlón.

—Estoy muy excitado. Pero también estoy disfrutando muchísimo contigo.

—Lo que estás haciendo es avergonzarme —le reprendió con severidad.

El soltó una carcajada.

— ¿Por qué? ¿Porque me siento un amante experto? Has gritado, Granger —dijo él, y le hizo volver la cara—. Mírame, cariño, por favor.

De nuevo la llamaba cariño, de nuevo la trataba afectuosamente. Abrió los ojos y lo miró, la ternura que vio en sus ojos la hizo derretirse.

—Me alegro mucho de haberte dado algo que nunca habías experimentado.

Convierte todo esto en algo muy… especial.

— Draco… —gimió, apretándose contra él, deseándolo de nuevo, en aquel mismo momento.

Entonces llamaron al timbre. Malfoy lo ignoró al principio, pero cuando además de llamar al timbre golpearon la puerta, maldijo y se levantó. Se puso los vaqueros y se detuvo un momento contemplándola desnuda en la cama, en su cama.

Soltó otro improperio.

—No te muevas, vuelvo enseguida.

Hermione esperó a que él hubiera salido de la habitación, entonces saltó de la cama y se enrolló la sábana alrededor del cuerpo. Se acercó a la puerta de la habitación, la abrió ligeramente y se aventuró al pasillo para ver quién llamaba tan temprano. Theo Nott, el amigo de su rubio tormento, estaba en la entrada con su bebé en brazos y una expresión de preocupación.

Aunque hablaban en voz baja, captó la conversación.

—Sé que es el peor momento para esto, Draco…

—No tienes ni idea.

—Sí que la tengo. He visto el coche ahí fuera. Granger está aquí, ¿verdad?

Malfoy se cruzó de brazos.

— ¿Qué quieres, Theo?

—Lo siento mucho, de veras. Y te juro que no estaría aquí si hubiera encontrado otra solución. Astoria y Pansy se marcharon de compras esta mañana y estarán fuera durante horas, y tengo que llevar a Daphne al hospital. Si lo recuerdas, ayer no se encontraba muy bien, por eso nos marchamos temprano. Los tres niños le dan tanto trabajo que está agotada. Anoche empezó a tener fiebre alta, a toser y a respirar con dificultad y se ha ido poniendo cada vez peor. Nunca la había visto así —explicó Theo con desesperación—. En el hospital no puedo estar pendiente de ella y de los niños al mismo tiempo. El rubio se irguió al momento y tomó al bebé en sus brazos.

— ¿Crees que Daphne va a ponerse bien?

—No sé lo que le ocurre. Espero que sólo sea gripe, pero… —contestó Theo, aterrado.

—No te preocupes, claro que me quedo con los niños. ¿Dónde están los otros dos?

—Esperando en el coche con su madre. No quería dejar sola a Daphne y no estaba seguro de si estarías en casa —dijo Nott e hizo una seña a sus hijos para que se acercaran—. Te lo agradezco muchísimo, Draco. Seguro que desearías que desapareciéramos todos…

—No digas tonterías, Theo. Tú cuida de Daphne y mantenme informado, ¿de acuerdo?

Mientras Nott regresaba al coche a por los pañales y el breve equipaje de los niños, Malfoy se dirigió a su habitación y casi se dio de bruces con la castaña en el pasillo.

No la reprendió por haber estado curioseando, simplemente le indicó que fuera al dormitorio.

— ¿Lo has oído? —le preguntó.

Percibió su preocupación; él tenía una relación muy estrecha con sus amigos.

—Sí. ¿Cómo puedo ayudar?

Él sacudió con la cabeza.

—Lo siento, nena. Toma —dijo, y le tendió la maleta que ella había llevado consigo—. ¿Puedes vestirte rápidamente?

En cuanto le dio la maleta, regresó a la entrada para hacerse cargo de los niños y su equipaje. Hermione cerró la puerta del dormitorio y suspiró. Todo indicaba que iba a decirle que se marchara, lo cual tenía sentido ya que él no quería que se relacionara con su familia. Pero aun así le dolía. Cuando habían hecho el amor, ella se había olvidado del resto del mundo, incluyendo su maldito acuerdo y las razones por las que no debía sentir lo que estaba sintiendo.

A pesar de que no debía involucrarse con él, quería quedarse allí y ayudar.

Con el cuerpo aún temblando del placer que Draco le había dado, lentamente logró vestirse antes de que él regresara. Cuando él entró en la habitación, seguía sosteniendo al bebé con un brazo. Se acercó a ella y la atrajo hacia sí con el que le quedaba libre.

—No puedo creer mi mala suerte —susurró él casi a su oído.

—Parece que hay una conspiración contra nosotros.

La besó brevemente en la boca.

— ¿Puedes quedarte? —le preguntó.

Parpadeó, sorprendida. No sabía qué decir. —Sé que nuestros planes han cambiado. Quizás incluso los niños tengan que dormir aquí. Pero esto me preocupa.

No es normal que Daphne enferme de esa forma.

Tomó el rostro de él entre sus manos, conmovida por verlo tan preocupado y emocionada de que la hubiera incluido en sus planes.

— ¿No prefieres quedarte solo?

Él apretó la mandíbula y estudió su rostro. Parecía no querer admitírselo ni siquiera a sí mismo.

—Supongo que es eso —reconoció por fin.

—Somos amigos, Draco, independientemente de los acuerdos que tengamos; o eso me gusta pensar. Y los amigos se ayudan unos a otros. No te preocupes, no voy a ver en esto más de lo que hay.

— ¿Significa eso que te quedas, Hermione? Por favor…

En ese momento ella hubiera hecho cualquier cosa por él, pero eso no podía decírselo. Lo miró y sonrió.

—Sí, me quedo. Me quedo todo el tiempo que necesites…


Hola! Lo prometido es deuda, aquí les traigo un nuevo capitulo dedicado a Susee, biannis13, Nuria16 y Keniie Masen, espero que tengan una excelente navidad.

Dado los saludos correspondiente. lo subi por adelantado, no me pude contener, se lo que es estar del otro lado esperando un nuevo capitulo, asi que aqui lo tienen espero les este agradandando la historia.

¿Quien más quiere matar a Theo? ¿O solo soy yo? Dios, tiene el don de la oportunidad jajaja

Por otro lado, tanto Hermione, como Draco hablan de dejar los sentimientos de lado, pero a la hora de la verdad; van complicadísimos.

¿Que piensan que pasara el próximo capitulo?

Me despido, un beso grande.