Holaaw. No puedo creer que escribí esto en tres horas xD No van a entender nada, pero me gusta hacer un drama medio psicológico(?) kajsda no, fuera de chiste xD hay un salto de tiempo muy obvio así que nadie se va a confundir n.n Adoro escribir este fic, todavía faltan tantas cosas que tienen que pasar. Le dedico el cap a ShinigamiJazzDark89 e.e así deja su huelga jajajaj. Agradezco mucho sus reviews, gracias por seguir mi historia n.n cada review me inspira, asi que no seas timidos (? y ayudenme dando su opinión. Les dejo el cap.
-¿Crees en el destino?-
Era la quinta vez que se salteaba las clases con Tweek. Antes, lo hacía todo el tiempo con alguna chica luego de los encuentros que tenía con ellas en las fiestas o en otros lugares. Se podría decir que estaba acostumbrado a recibir los castigos luego, que sus padres lo encerraran por desobedecer sus indicaciones era algo muy habitual. Craig Tucker era un rebelde bajo los profundos y cristalinos ojos de Tweek Tweak.
Desafiaba a las autoridades, a sus padres, a cualquier mayor o a cualquier persona que se atreviera a desafiarlo. No le tenía miedo a nada, no parecía tener una debilidad por más que trataba de rebuscar y rememorar sus acciones en el pasado. En toda la primaria y secundaria, no había ningún acto o escena que haya logrado conmover o quebrar a Craig. Tweek podía afirmarlo porque siempre lo observaba a escondidas como un perfecto acosador obsesionado, como sea, había admitido serlo. Si, había admitido admirarlo de tal apasionada forma que sin planearlo, ese sentimiento se había transformado en una peculiar forma de amar.
Tweek no podía entender aún que esa forma de amar era algo enfermiza.
El rubio parpadea un par de veces, y abraza sus rodillas sin tener el valor suficiente de ver de reojo a Craig o enfrentar sus ojos azules. Estaba sentado a su lado, el pelinegro fumaba un cigarrillo tras otro, tampoco le dirigía la mirada a su acompañante.
Ese parque era desolado a esas horas de la tarde. Todos estaban en clases y el lugar era comparable con un jodido desierto. Pero sus encuentros debían ser en ese lugar, nadie debía verlos nunca jamás. Craig era lo suficientemente inteligente como para entender la gravedad de su decisión y lo que significaba realmente tener una relación con un hombre. Algo así como muerte social.
-Ngh… el destino… nunca había pensado en eso.-
Tucker suelta el humo hacia arriba y entrecierra sus ojos, estaba cruzado de piernas sobre el suelo. Abre su paquete de cigarrillos y los cuenta uno por uno para saber la cantidad exacta que todavía conservaba.
Tweek no dice nada. La frialdad de Craig y su cruel indiferencia eran sus rasgos más comunes. No lo piensa mucho, girar su rostro hacia él es casi un reflejo instintivo. Descubre que el pelinegro seguía contando los cigarrillos sin prestarle atención. Quizás ese era el rasgo que más le gustaba de él, que todo le importe una mierda. No sabía si fingía ser así o si realmente lo era, ya que era muy difícil que a un ser humano todo le valga un carajo, pero le daba igual. Envidiaba su forma de ser, envidiaba que fuera tan fuerte y que pudiera contestarle a todo el mundo, pelearse con cualquiera y salir ganando. Admiraba que no estuviera nervioso como lo estaba él en ese preciso instante ante su presencia, quería que le transmitiera un poco de su calma y absoluta serenidad ante cualquier situación.
-Pienso que el destino no existe. Que nosotros podemos forjarlo y que se puede cambiar.-
El rubio siente un escalofrío recorrer su espalda, se estremece cuando de la nada, Craig fija sus ojos en los suyos y no aparta su taciturna mirada de su rostro. Volvía a analizarle el alma y a clavarle unas heladas dagas de hielo en el corazón. Pero ese dolor era placentero y satisfactorio para Tweek, todo valía la pena si Craig le regalaba cualquier tipo de oración. Ya sea insulto, amenaza, o grito. Su voz profunda y grave le hacía sentir sus propias palpitaciones con fuerza.
-Quiero preguntarte algo. ¿Sabías que fuiste muy imprudente al confesarte hace dos meses en esa fiesta de mala muerte?-
El chico nervioso no tenía que reflexionarlo. Le asiente y baja la cabeza, cierra un poco sus ojos con un semblante particularmente serio. Esperaba las siguientes palabras de Tucker.
-¿Y por qué piensas que fuiste imprudente? ¿Cuál es la razón por la que consideras que lo fuiste?-
-Agh… porque… estabas en pareja con Annie en ese entonces. Y porque estábamos muy cerca de todos nuestros compañeros, pudieron habernos visto cuando me besaste. De todas formas, le fuiste infiel a tu novia en esa noche y no solo conmigo.-
Los ojos de Craig se agudizan, provocando que Tweek tuerza sus labios con algo de incomodidad. Pero no estaba temblando, no sujetaba su camisa ni tenía tics. A pesar de toda la presión que experimentaba, el aura de Craig lo relajaba inconscientemente. Y la sensación de tensión mezclada con ese sentimiento de paz, causaba un equilibrio de sensaciones.
-No mencionaste el tercer riesgo. Que soy heterosexual y que había grandes, enormes posibilidades de que no te corresponda, también de que te diera una paliza y que te escupiera por ser un marica de mierda. ¿Por qué te arriesgaste?-
Silencio. Sonidos de pájaros cantando, de seguro volando de un lado a otro.
La brisa de la estación revuelve los cabellos de Tweek, quien pasa sus manos por sus oídos y se los acomoda por detrás de estos. Estaba eligiendo las palabras correctas para formular una respuesta convincente. Su rostro estaba serio y pasa a mirar al frente, su vista se pierde en un lugar indeterminado del verde y natural pasto de aquel parque.
-Porque cuando se trata de ti, en realidad no me importa nada, Craig.-
No había una verdad más honesta que esa. Era obvio que el miedo prevalecía a cada segundo, pero eso ya no era relevante. En esos meses, ellos habían estado saliendo. Tweek no sabía si eran pareja o si Craig simplemente estaba aburrido y pasaba tiempo con él porque no tenía nada mejor que hacer. Todo era a escondidas y se sentía tan incorrecto y emocionante. No sabía si sus besos eran falsos o si las marcas que le dejaba en la piel no significaban nada relacionado con el cariño, afecto, o excitación. No podía determinar si en las pocas veces que charlaban reflexivamente, como lo hacían en ese momento, Craig buscaba una respuesta incuestionable para seguir con esa locura.
Conocía a Tucker por estarlo observando día tras días en la escuela, pero si tenía que analizar sus pensamientos y predecirlos, no podía hacerlo. Admirar su rostro, sus expresiones, sus movimientos y sus costumbres rutinarias era lo único que había aprendido a hacer. Su forma de pensar concreta le era un misterio, pero no preguntaría al respecto porque no quería arruinar el paraíso en el que estaba viviendo desde hace meses.
No quería despertar de ese sueño perfecto, de la realidad que había soñado desde hace tantos años.
Si, aunque Craig estuviera usándolo para pasar el rato y no lo quisiera ni la décima parte de lo que él lo amaba, no importaba. Seguiría con su juego y haría su voluntad, le cumpliría el capricho más absurdo y se rebajaría de cualquier manera posible con tal de seguir a su lado. Era necesario para saciar su obsesión por él.
-Entiendo.- Craig apaga el cigarrillo contra el pasto verde. No se contiene, una débil sonrisa se forma en sus labios. Le daba tanta satisfacción escuchar la honestidad brutal de Tweek, le daba placer. Algo diferente se manifestaba en su interior al oírlo hablar así, no quería soltarlo y no lo haría. Le hacía feliz saber que alguien en este horrendo mundo quebrado, lo amaba de verdad por lo que era y no por lo que aparentaba ser.
-Tú cambiaste mi destino.-
Los ojos de Tweek se abren a más no poder. Craig era un insensible de mierda, se comportaba como una basura y no te escuchaba cuando le hablabas de algo importante, se la pasaba quejando por asuntos sin importancia, era terco, obstinado y cuando se fijaba una meta en la cabeza, nadie en el universo podía hacerlo cambiar de parecer, nadie podía impedir que la cumpliese.
Pero… a pesar de todos sus defectos, en ese minuto, en ese segundo de constante felicidad, en ese parque en el cual ambos podían ser quienes eran sin saber lo despiadado que podía ser el mundo con ellos…
Craig le ofrecía la simpleza de una flor de pétalos amarillos a ese chico que parecía no poder reaccionar debido al asombro. Con manos temblorosas y débiles, Tweek acerca sus dedos hacia la flor silvestre que no era diferente a las demás que crecían en el fresco pasto de ese parque. La toma y antes de apartar su temblorosa mano, Tucker envuelve sus dedos sobre su puño y no despega sus brillantes ojos azules oscuros del mirar cristalino y conmovido de su rubio.
Era una flor simple, pero la más hermosa que había visto en su vida bajo los ojos de Tweek. Antes de darse cuenta, sonreía agradecido de estar vivo para poder experimentar tan preciosas emociones, la felicidad inundaba su corazón como nunca antes lo había hecho. Todos sus riegos habían valido la pena, todo su pesar, todos sus sueños con Craig por las noches no eran nada a comparación de la perfecta y adorada realidad que le tocaba vivir. No podía ser más feliz, nada podría arruinar su vida porque lo tenía todo.
Craig pasa su otra mano por la mejilla de Tweek y le seca un par de lágrimas. Ni siquiera el rubio se había dado cuenta de que estaba llorando. No dejaba de sonreír, para el pelinegro esa imagen era adorable, pero no lo diría porque era un asco al hablar de sentimientos.
-No creo en el "Por siempre".- Termina de acariciar la suave mejilla de Tweek, le sostiene el rostro y enfrenta su mirada con la seriedad que lo caracterizaba. Pensaba que darle a entender que el vínculo que los unía era extremadamente frágil y que todo podía terminar en cualquier momento, destruiría la fuerte ilusión que tenía el rubio. Pero en realidad sucede todo lo contrario, Tweek no le deja de sonreír y pasa a negarle con la cabeza un par de veces.
-No importa. El presente… nuestro presente es maravilloso y eso es todo lo que necesito.-
Craig siente que su corazón se encoge otra vez. Dolía mucho.
¿Qué estaba haciendo? ¿Sería lo suficientemente basura como para lastimar a esa persona tan pura?
No, no podía pensar así, no ahora. Quería permitirse ser feliz, darse una oportunidad, solo una. Decide querer intentarlo seriamente, podría enfrentar al mundo. Enfrentaría al mundo solo, sin importar las consecuencias. Posa sus manos en las mejillas de Tweek, lo acerca a su boca y besa sus sonrojados labios húmedos. Cierra sus ojos y disfruta del sabor dulce de su boca, al igual que Tweek saborea el tabaco en los firmes labios del pelinegro.
Querían que… el presente… fuese eterno.
…
…
…
"No importa que no lo entiendas. De alguna manera, llevaré tu dolor sobre mis hombros. Repudiaré las miradas acusadoras sobre nosotros y dejaré de existir como lo hacía antes. Si de esa forma puedo alcanzar tu felicidad, si eso me acerca un poco más a ti, lo haré."
"Por ahora, las consecuencias no me importan."
…
…
…
Token termina de beber su taza de café puro, sin una gota de azúcar. Era ideal para el amargo momento. A su lado, Clyde juega nerviosamente con sus dedos y no despega sus atentos ojos de su irrelevante manera de no estar ansioso. Sobraba en esa mesa, pero era su hogar así que debía estar presente para aunque sea oír la discusión que se aproximaba. La verdad, Craig ya no parecía el de antes. Parecía exhausto todo el tiempo y no lo culpaba de ninguna manera ya que su estilo de vida lo estaba desgastando en el mal sentido. Token había insistido en hablar con él para ofrecerle su ayuda, y el hogar de Donovan era el más neutral y cercano.
Tucker mantiene su cabeza baja, su ojo izquierdo entrecerrado y opaco estaba observando la madera de la mesa. No parecía tener ningún interés en tener esa charla con sus dos amigos, con las únicas dos personas que eran sus amigos verdaderos. Los demás gusanos que se hacían llamar compañeros formaban parte de la masa ignorante de gente que lo odiaba y le hacía la existencia miserable día tras día.
Craig tenía una venda que le cubría la cabeza, tapaba su ojo derecho en totalidad y la parte superior de su mejilla. Pero fuera de eso, su rostro no mostraba ninguna otra herida o corte superficial en su rostro. Por suerte, sus heridas sanaban más rápido de lo que esperaba. Sus cabellos negros estaban dispersos sobre su frente, apenas haciendo visible su opaco ojo azul. Su gorro seguía sobre su cabeza y cubría bastante la venda que envolvía su herida.
-Craig. Iré al grano. Debes dejar esto.- Las autoritarias palabras de Token hacen que Clyde se muerda los labios y cierre los ojos, parecía estar adolorido al escucharlo hablar de esa manera.
-Si sintieras algo por él, pensaría que tu sacrificio vale la pena. Pero tú y yo sabemos que no es así, porque si lo quisieras no harías lo que has estado haciendo estos meses.-
El pelinegro no mueve ni un musculo de su rostro. Hasta parecía no respirar, era semejante a un cuerpo totalmente inerte sin intenciones de articular palabra.
El afro americano frunce el ceño, pero no quiere perder los estribos. Odiaba que Craig entrara en esos trances de silencio absoluto que lo dejaban hablando solo por minutos. Necesitaba hacerlo reaccionar, era su amigo y no quería seguir presenciando que se destruyera a sí mismo. En la escuela podían darle una mano, pero no podían seguirlo a todas partes como sus guardaespaldas personales, él debía entender que era necesario parar porque el asunto se volvía cada vez más peligroso.
-Si no te gustan los hombres… ¿Por qué aceptaste?-
Craig sigue sin responder y sin dar señales de vida. Clyde no tiene intenciones de ser paciente como Token, le dirige la palabra con clara desesperación.
-¿Cuántas veces fueron, eh Craig? ¡Aunque sea deberías ser honesto con él, como él lo fue contigo! No es justo para ninguno de los dos. Si no lo amas, ¡Déjalo! ¡Lo estás destruyendo!-
-Es por su culpa.-
Sus dos amigos se quedan callados por unos segundos, no pudiendo salir del asombro. No se tragaban que Tucker fuera la basura que estaba demostrando ser, no querían asumir que su amigo era un bastardo de principio a fin. Pero al comprender que le estaba echando la culpa de sus errores a Tweek… ya no saben qué hacer. No saben que aconsejarle, como ayudarlo o como orientarlo.
-Ustedes nunca lo entenderían. Nunca.- El rencor se refleja en cada palabra articulada por Craig, era evidente por la forma en que aprieta sus dientes y su mirada se vuelve hostil al borde de la locura. Ese ya no era el Craig que sus dos amigos conocían de antes. Todo le estaba afectando de una manera monumentalmente negativa. Y él no se daba cuenta de eso.
-Si me diera lo que quiero, si tan solo pudiera probarlo. Es su culpa.- Se levanta sin agregar ni una palabra más. Repleto de ira, arroja la silla en la que estaba sentado hacia el suelo con gran violencia. Les regala una mirada indiferente y neutra, gesto que lo hace parecer un auténtico bipolar teniendo en cuenta su reciente furia descomunal.
-De todas maneras, él ya lo sabe y lo acepta.- Se da media vuelta y camina hacia la salida, no quería seguir perdiendo su tiempo en reflexiones que terminarían en una discusión. Token recriminaría sus actos y Clyde reprobaría la manera en que hacía sufrir a Tweek. ¿Qué sentido tenía hablar con ellos? Sus concejos y sus pensamientos no lo harían cambiar de parecer. Estaba metido hasta el cuello en el problema, cortar la relación con Tweek no cambiaría su realidad ni la de nadie. Estaba condenado a vivir un infierno y lo peor de todo era que ahora era consciente de que no valía la pena.
-¡Craig! ¡Espera!- Token se levanta de su lugar, apenas reaccionando. Pero ya era tarde, Craig estaba dejando la casa. Cierra la puerta causando un fuerte estruendo. Seguido de esto, Clyde se cubre el rostro con ambas manos y niega con la cabeza un par de veces.
-No podemos ayudarlo. Él no quiere cambiar los hechos, seguirá siendo un hijo de puta.- Estaba dolido por no poder hacer nada, realmente muy dolido por ser un inútil. Black se sienta otra vez en la silla y suspira amargamente, cerrando sus ojos.
-Lo peor de todo es que… dijo que Tweek lo sabe.- Reflexiona en voz alta, se lamenta mucho por el rubio. No podía imaginarse el dolor que de seguro estaba atravesando, una angustia terrible que lo lastimaba constantemente. Tweek nunca tuvo malas intenciones desde el principio, era ignorante de lo que podría llegar a pasar. A pesar de lo que Craig decía, no era su culpa. Él solo había actuado con la ingenua inocencia de una persona invadida por la felicidad.
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- No me falles.-
- Jamás te fallaría.-
- Ya lo hiciste un vez, Craig ¿Por qué no lo harías nuevamente?-
- Porque esa vez, no pensaba lo que hacía.-
- ¿Siempre te justificarás con eso?-
- No es una justificación, es la verdad.-
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