Bueno, lo prometido es deuda. Prometí un par de tortazos y aquí están _

Me dabatí si esperar algunos días más mientras preparo algo de material para la próxima entrega, pero mi ansiedad me superó. Antes de empezar, mi gratitud a pepsipez por ser mi beta-reader y toda la paciencia que eso conlleva... especialmente conmigo xD

Sólo una cosa más donde esté la marca (1) pueden (o no :P) poner este tema de fondo, para intensificar un poco el ambiente

youtube(punto)com/watch?v=OVqkf9bjxMo

Ahora sí, sin más preámbulos... el capitulo


Capítulo 3:

Reinaba el más absoluto de los silencios, más silencioso aún que el apartamento de Nagato. Pero ahora estaba al aire libre y no percibí sonido alguno. Aves, ni siquiera el movimiento de las ramas de los árboles por el viento, que era apenas una ligera brisa. Todo había tomado una tonalidad blancuzca dándole al lugar una extraña aura de paz. Ese joven estaba sentado en una banca del otro lado del andén, mirándome. Como era la única persona allí, me debatí unos momentos si debería ir a su encuentro, y saber de esa manera que pasaba. Estaba un poco desconcertado por el hecho de que Nagato, que estaba junto a mí hace un momento, no este aquí ahora; pero también supuse que si lo que él quería era atacarme, bien ya podría haberlo hecho. Por una razón que desconozco, su presencia no me pareció amenazadora, lo cual daba pie a ese pensamiento. Hasta ahora mi instinto no me ha fallado, así que no tengo motivos para descreer de él. Con una gran naturalidad me acerqué, y me senté a su lado.

— ¿Y bien? ¿Tú quién eres? — una media sonrisa se dibujó en su rostro a la par de una suave expiración.

— Antes de llegar a eso, dime, ¿Cuál sería para ti el mundo ideal? — ¿Eh? En ese momento la imagen de la Nagato del mundo alterado vino a mi mente. Mundo ideal… Que pregunta tan rara… Lo pensé durante unos segundos, pero en realidad ya sabía la respuesta, porque era una pregunta que había respondido hace tiempo.

— Quizás no sea el ideal, pero este es el mundo al que pertenezco. — finalmente le respondí, a lo que él largó una ligera risilla por lo bajo. — ¿Qué es lo gracioso?

— Nada, lo siento. Es que hace mucho no escuchaba contestación semejante — ¿Hace mucho? — Esa es la respuesta correcta.

— ¿Respuesta correcta para qué?

— Lo sabrás a su tiempo. — Estoy hasta las narices de que me digan eso… — Sabes… De la misma manera que se habla de la luz y la oscuridad, en el mundo hay dos grandes fuerzas en constante conflicto. El cambio y la estabilidad, como me gusta llamarles, y la interacción de estas dos fuerzas es la que mantiene en su lugar la delicada balanza del equilibrio. O al menos así era en mi mundo; todo esto es sólo una de las posibles explicaciones.

— ¿Tu mundo? — No me digas que…

— Exacto, yo no pertenezco aquí. Podría decirse que provengo de un universo paralelo.

— Vaya… — expresé sin demasiado entusiasmo.

— No pareces sorprendido. — me dijo mientras se cruzaba de brazos y recostaba su espalda en el asiento. Parecía tener aproximadamente mi edad.

— Sólo digamos que ya pasé por muchas cosas. ¿Entonces? — Y aquí esta el personaje que faltaba… con que una persona de otra dimensión...

— En mi mundo, una de esas personas se cansó de la rutina del vivir. Tomó el poder de su contraparte por la fuerza, para forzar el cambio. Su nombre es Kaworu Hatake. Él cambió el mundo a su antojo, basado en su visión del mundo ideal. Él pensaba que ese mundo originario era muy aburrido, que todo en él era ordinario y vulgar. — explicaba a la vez que se acompañaba de distintos gestos con sus manos. — Pero con el tiempo acabó también por aburrirse de su mundo ideal, y como esta vez ya no había barreras que lo detuvieran, simplemente hizo lo que le vino en gana. Finalmente, ya no estaba conforme con nuestro mundo, y buscó nuevos límites, y así es que ha viajado entre realidades, tomando los poderes de aquellas personas para si mismo y fortalecer su ambición; intentando convertirse en la realidad en si misma, en Dios. Pero él no siempre fue así, solía ser un joven despreocupado y soñador. El día en que inevitablemente descubrió su identidad, fue que todo se puso de cabeza.

— ¿Por qué me cuentas esto? — le pregunté cortando sus palabras, aquello ya se estaba volviendo algo denso de entender.

— Porque, para poder salvar tu mundo y el mío, necesito de tu ayuda.

— ¿Por qué yo? Si no tengo ningún poder especial, sólo una gran paciencia y cierta tendencia al masoquismo. — Dicho esto soltó un pequeño "hum" desde el fondo de la garganta y giró hacía mí.

— Tú eres la única persona que ha interactuado con ambas de forma directa. — ¡Espera! No será…

— ¿Te refieres a Haruhi y Sasaki?

— ¿Esos son sus nombres? Ya pues, sí, supongo. Si este mundo es similar al mío, entonces deberían existir esas personas con habilidades extraordinarias, capaces de hacer y deshacer como si se tratara de dioses. — me dijo aquél extraño, a la vez que dibujaba un circulo en el aire con su dedo índice. — De todas formas, "cambio" y "estabilidad" son términos a los que me he acostumbrado. Aunque más que "cambio", me parece mejor llamarle "entropía" ¿Sabes lo que significa cierto? Aún así, no deja de ser sólo una teoría más…

— Entonces tampoco sabes a ciencia cierta qué o quiénes son los que ocupan estos poderes.

— Lo que sé es que… — interrumpió esa oración para mirar al cielo, alzando la vista en silencio durante unos segundos, y me devolvió la mirada unos momentos después. — Lo siento… Tendremos que continuar esto en otra ocasión. — Se levantó haciendo un ademán con su mano derecha a modo de saludo y se alejaba caminando lentamente con las manos en sus bolsillos.

— Aún no me has dicho siquiera quién eres. — Le dije mientras se retiraba.

— Shiro, y es todo lo que diré por ahora. ¡Ah! Una cosa más, ten cuidado, hay más sobre ti de lo que crees… Nos volveremos a ver — me respondió sin voltear y se perdió en las instalaciones de la estación.

Me tumbé en el asiento y llevé la mano hasta mi frente. Comencé a masajearla, intentado asimilar que fue lo que pasó, y tal como si alguien hubiera desactivado el botón "mudo" de un televisor, el bullicio de las personas en la estación regresó. Cuando saqué la mano de mi cara me encontré a Asahina frente a mí, quién suspiro aliviada. ¿Por qué estoy acostado?

— ¿Estas bien? — me preguntó aquel ángel venido del futuro. Nagato estaba sentada a mi lado, y Koizumi parado frente a mí.

— ¿Qué sucedió? — pregunté a quién podría responderme.

— Síncope. — Soltó Nagato escuetamente.

— Te desmayaste, pero fueron apenas unos segundos ¿Pasó algo? — inquirió Koizumi con un dejo de preocupación genuina.


Y así unos minutos después, nos encaminábamos hacía el apartamento de Nagato, que hacía a su vez de sala de reuniones. Pero cómo ya por esas calles no había gente, decidí que podría empezar con mi relato de lo sucedido. Mientras buscaba en mi mente las palabras justas e intentaba reproducir textualmente lo que aquel joven me había dicho, empecé a repasar lo que fue este día tan particular.

Primero mi encuentro furtivo –que de furtivo tuvo poco y nada- con Haruhi del cual aún siento algunos efectos en mi cuerpo. Si tengo que ser totalmente honesto, debo decir que "tal vez" haya pensado en tal escenario con antelación, pero antes de que me tachen de obsceno o indecente, mírenme directamente a los ojos y díganme que nunca han tenido esa clase de pensamientos. Aquél que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Después de eso, la advertencia de Tachibana y su grupo bajo aquel cerezo en flor, donde nos hacen saber de ese "concordato" o como se hagan llamar. Y finalmente, la repentina aparición de un tipejo de un mundo paralelo, que me cuenta la historia de otro sujeto que vendrá tras estas "fuerzas". Sencillamente mi cerebro no esta diseñado para recibir tanta información tan de golpe. Me imagino a mi mismo diciendo "error" en un tono robótico, una y otra vez…

Nagato caminaba delante de nosotros, marcando el ritmo, ya que ninguno de nosotros se atrevía a ir más rápido. A paso lento íbamos llegando a destino. Cuando de repente se detuvo, al igual que hicimos nosotros en respuesta.

— ¿Qué sucede? — le pregunté ante tan extraña actitud. A lo que como sabrán, no respondió. Cuando quise acercarme a ella, vi como cambió su postura, abriendo sus pies y formando una ele con ellos. Esa es una postura para mantener el equilibrio cuando se va a…

Mis pensamientos fueron acallados por un sonido que sólo puedo describir como una explosión sorda. Nagato posicionó su mano derecha frente a mí, mientras aún me daba la espalda. Entonces vi que dejó caer algo de su mano al momento de abrirla. ¿Eso era una bala? Sí, lo era… Levanté mi vista al frente y me encontré con un hombre de mediana edad, con una basta cabellera de un color negro azabache y diría que de unos treinta años. Vestido de traje y corbata, con unos lentes de cristales amarillos bastante extravagantes, pero eso no era lo importante. El sujeto tenía una pistola en sus manos mientras nos miraba uno por uno, la cual levantó y apuntó contra mí. No pude evitar el tener algo de miedo, pero vamos, si me estaban apuntando con un arma. Mientras veía como si fuera en cámara lenta como jalaba el gatillo, la silueta de Nagato se desdibujó, y con una velocidad semejante a la de la luz, tomó aquella arma por el cañón.

— Con que tú eres Nagato… Encantado. — dijo aquel hombre, esbozando una sonrisa aún más falsa que la de nuestro esper. Nagato no respondió, sólo lo miró fijamente, y después de unos segundos de observación dobló el cañón del arma, dejándola inútil. Él retrocedió unos cinco o seis metros sólo de un salto, dejando caer la pistola, la cual hizo bastante ruido cuando impactó con el suelo; las armas de verdad son pesadas, lejos de las porquerías plásticas con las que rodamos nuestra absurda película.

— ¿Y tú quién eres y qué quieres? — pregunté casi como un acto reflejo, mirando aquella silueta enmarcada en el anaranjado horizonte.

— Llámame como quieras. Si quieres que responda a tus preguntas… — dijo sin borrar su fingida sonrisa, cuando un fulgor oscuro emanaba de sus manos, y rápidamente fue tomando forma. No se necesitaba ser un perito en armas para saber que eran un par de MP5 ¡Maldición, eran metralletas!

Las levantó exhibiéndolas junto a una mirada tétrica y sin más comenzó a disparar una ráfaga interminable. ¡Madre santa! Las manos de Nagato parecían invisibles a la velocidad en que se movían. Podía ver las balas caer sin cesar frente a ella y desaparecer poco después de impactar contra el suelo, pareciera que este tipo no necesitara recargar munición. Podía escucharlo reír, como si de verdad lo disfrutara. Hasta entonces había estado en todo tipo de situaciones disparatadas, pero nunca me habían disparado, y estaba algo aturdido por el estruendoso sonar de los disparos, combinado a los cartuchos vacíos cayendo de la recamara y las municiones que encontraban la acera, neutralizadas por Nagato.

— Me hubiera gustado probarlo con antelación, pero parece que no tengo alternativa… contra una interfaz… — escuché decir a Koizumi, quien tomó una de aquellas extrañas esferas azules en sus manos y se convirtió en una bola rojiza, apenas mayor a su estatura original.

Se elevó torpemente y empezó a acercarse en forma de zigzag. A medida que se aproximaba mejoraba su estabilidad y finalmente cambió su curso dispuesto a embestirlo por un costado. Pero su avanzada fue un completo fracaso e impactó con un campo de fuerza o algo parecido, rebotando y alejándose a gran velocidad.

Unos instantes después, la esfera roja regresó a toda máquina lista para un segundo intento, pero esta vez quedó incrustada en ese campo, casi como si la primera vez lo hubiese tomado por sorpresa. Pero él no pareció inmutarse por Koizumi, que sin mirarlo siquiera, apuntó una de sus dos armas en dirección al esper, listo para disparar a quemarropa…

¡PLAC! ¡PLAC! ¡PLAC!

(1)

Nagato había aprovechado ese pequeño cese del fuego, y extendiendo sus dedos mostrando la palma de sus manos, unos pequeños destellos como agujas salieron disparados emitiendo un sonido similar al de un cuchillo cortando el aire. Él apenas y logró interceptarlos cubriéndose con sus armas, las cuales ahora parecían alfileteros.

— Tch… Que va… — exclamó lanzando sus estropeadas armas, con un claro gesto de fastidio. — Dejémonos de tonterías.

Cerró su mano, formando un puño; la cual después de hacer un poco de presión, se abrió creando una chispa. Esa chispa daría vida a una llama en la palma de su mano, aproximadamente del tamaño de una cabeza. Entonces infló su pecho tomando aire… esto no puede ser bueno…

Al tiempo que soplaba, la llama se expandía y se dirigía hacía nosotros como si fuera el aliento de un dragón. Esa llamarada chocaba de lleno contra el escudo de Nagato, quién movía sus manos, elevando sus palmas perpendicularmente al piso formando grandes círculos. Asahina estaba aferrada a mí, mientras veíamos como el fuego rodeaba poco a poco nuestro campo, como si estuviéramos dentro de un domo. Nagato trastabillaba, e incapaz de cualquier contraofensiva, sus pies empezaban a hundirse en el concreto.

En esto reparé en Koizumi, quién era el único fuera de aquel infierno, que arrojó varias esferas de energía pero ninguna dio en el blanco. Todas sin excepción, impactaron en el aire, antes de llegar al objetivo. Entonces fue que el esper comenzó a moverse diferente de cómo había estado haciéndolo. Se balanceaba de lado a lado y entonces lanzó dos nuevos ataques, los cuales tomaron una trayectoria curva, y esta vez logrando dar de lleno contra nuestro enemigo, quien cayó ante el impacto. La gran bola rojiza se acercó al hombre caído y comenzó su verborragia.

— Tu barrera te protege de ataques por la espalda y por los flancos, pero estás descubierto en el frente, puesto que necesitas ese espacio abierto para poder lanzar las ofensivas. Ahora que conozco tu debilidad…

— ¿Debilidad? — dijo cortando el discurso de Koizumi, al tiempo que reía desquiciadamente. — ¿Por qué hablas como si ya hubieses ganado? ¡Apenas estoy calentando!

Aún en el suelo cerró sus manos y ojos, para convertirse a si mismo en una gran llamarada, como si se tratará de un Ifrit. Aquella figura antropomorfa se levantó como si la hubieran empujado desde bajo la tierra, y pude ver sus facciones. Sus ojos y su boca brillaban con otra intensidad y podía ver que el muy bastardo estaba sonriendo.

Koizumi retrocedió unos metros en el aire lanzando un ataque tras otro, pero fue completamente inútil. Ni siquiera tuvo necesidad de esquivarlos, ya que las bolas directamente atravesaron su cuerpo como si fuera un fantasma.

— Eso hace cosquillas… — se burló, su voz sonaba con eco. Estiró uno de sus brazos, formando un látigo, con el cual golpeó al esper en el aire, haciéndolo impactar contra una farola. Se acercaba lentamente a Koizumi… — Sabes, tengo ordenes de llevarlos vivos... Pero los accidentes pasan. — decía a la vez que preparaba un segundo golpe.

Para entonces, Nagato ya se había recuperado y avanzaba rápidamente contra él. Al verla, giró e intentó golpearla con el látigo. Ella lo esquivó de un salto, pero lo que no calculó, fue cuando convirtió su otra mano en un segundo látigo, y –en el aire- la tomó por el tobillo azotándola contra la pared; dejando unas grietas de al menos unos cuatro o cinco metros de longitud.

Se reincorporó velozmente e intentó un nuevo acercamiento. Pero esta vez interceptó los látigos cuando intentó golpearle, atrapándolos en sus manos. "¡Bien hecho!" pensé, pero nada más lejos de la realidad. Se encendieron ferozmente, cubriendo por completo las manos de Nagato, quién los soltó inmediatamente y por eso fue capturada por ellos, sosteniéndola por las muñecas y elevándola en el aire…

Al momento que esa gran llamarada se extinguió, sentí un muy fuerte olor a quemado… eran las manos de Nagato… ¡Demonios, eso me dolió con sólo verlo! Sus quemaduras eran terribles. Asahina miró primero a Koizumi que yacía de rodillas donde había caído, luego a las humeantes palmas de Nagato, y entre lágrimas se cubrió los ojos…

Esto es muy malo… No podemos acercarnos, y los ataques a distancia tampoco funcionan… Yo empezaba a sentir que los ojos me pesaban ¿Qué vamos a hacer?

— ¿Qué pasa? ¿Esto es todo? — este tipo canturreaba de manera soberbia.

¡Vamos! ¡Piensa! ¡Maldita sea!

— Fuego. — soltó Nagato en voz muy baja. Apenas pude escucharlo. ¿Pero que quería decir con eso? ¿Fuego…? ¡Fuego!

— ¡Koizumi! ¡Oxigeno! — le grité para que reaccione.

El esper abatido me dirigió una mirada confundida y luego miró a aquella antorcha humana. Abrió bien sus ojos cuando captó la idea y sin más se incorporó con nuevas fuerzas que no se de donde habrá sacado.

— ¡Entendido! — me respondió, y empezó a girar alrededor del intento de Ifrit a una velocidad de vértigo, cada vez haciendo mas pequeñas las vueltas y encerrándolo en el centro. Sin oxígeno, no hay combustión; no podía asegurar que funcionase, pero valía la pena intentarlo.

— ¿Con qué quieres jugar tiro al blanco? Pues me vale. — dijo, al tiempo que una nueva bola de fuego empezaba a formarse en su boca, lista para ser disparada… la cual se apagó en seco… — ¿Qué…?

Entre toses y quejidos comenzó a hincarse y tomar su pecho… ¡Es ahora o nunca! Nagato se liberó fácilmente de sus ataduras y se acercó al tiempo que sus manos recobraban color. Cuando alzó la vista ella lo tomó del cuello con bastante violencia y las llamas de su cuerpo se disiparon por completo, volviendo nuevamente a su apariencia humana.

— Entrégate. — ordenó ella secamente, con una mirada que no daba lugar a negociación alguna. Él se sacudía todo lo que podía intentando zafarse, a lo que Nagato iba aumentando la presión en su cuello. — Entrégate. — repitió como un ultimátum, mientras levantaba su mano derecha lista para dar el golpe de gracia.

¡Hijo de la… desgracia! ¡Ese maldito bastardo la escupió! Aún si Nagato no piensa hacer nada, es algo que no puedo tolerar.

Mientras me acercaba dispuesto a darle unos buenos golpes –sí, ya sé que es un poco cobarde de mi parte hacerlo una vez derrotado. Pero que va, su último numerito me sacó de mis casillas- vi como Nagato entrecerró ligeramente sus ojos y le clavó la mano entera en el pecho, con una facilidad que parecía que estuviera hecho de crema. Soltó un lamento tan fuerte, y a una frecuencia tan alta, que me hizo doler los oídos y para cuando Nagato retiró su mano, el dejó de moverse por completo. A pesar de no haber una sola gota de sangre, la escena fue demasiado chocante como para no pensar que lo había…

— ¡Nagato! — iba a recriminarle lo que acababa de hacer…

— Sólo lo he inmovilizado. — Dijo como si quisiera excusarse. Tienes permitido enfadarte de vez en cuando sabes… sólo no exageres. — Abriendo puente a la Entidad de Integración de Datos. Rompiendo enlace de datos. Enviando información. — musitaba suavemente.

Entonces el agresor, que yacía en el piso "inconsciente", empezó a dispersarse en pequeñas partículas de luz, como si fueran montones de renacuajos voladores fluorescentes. Apenas se vio evaporado por completo, Koizumi se dejó caer, completamente agotado. Su caída fue detenida por Asahina, que si bien, tampoco estaba en buenas condiciones –no físicas, sino psicológicas- le ayudó a caminar y se acercó a nosotros.

Asahina parecía estar agobiada por tantos problemas, y cabe destacar que siendo en cierta forma la más vulnerable debería de pedir algo a sus superiores para defenderse; aunque también es cierto que un arma en sus manos puede ser más peligrosa para si misma que para su enemigo.

— Esa era claramente una interfaz. Ahora, la pregunta seria, ¿Es de las de ustedes? — la pregunta de Koizumi fue obviamente dirigida a Nagato.

— No. — Respondió con su usual tono de voz —La he enviado a la EID para realizar el análisis de datos correspondiente.

— Entonces le has tomado prisionero. — acoté.

— Podría decirse. — Nagato cerró sus ojos unos instantes y luego nos miró nuevamente — El proceso puede demorar algunos minutos ya que hay datos encriptados, por lo pronto, lo primordial es restaurar este espacio. — y cerró sus ojos nuevamente.

Las marcas en el concreto y las paredes desaparecieron rápidamente al compás de un sonido similar a una suave brisa sacudiendo la copa de los árboles y el chirrido metálico proveniente de la doblada farola al enderezarse.

Mientras todo esto pasaba, yo escrutaba atontado las ventanas de los edificios… ¿Acaso nadie ha visto nuestro enfrentamiento? Aún si de repente todos hayan sufrido de ceguera temporal, creo que habíamos hecho ruido suficiente para que nos clasifiquen al nivel de atentado terrorista, pero aún así no se escuchaba nada. Tal vez no un helicóptero del que descienda un grupo de agentes especiales, pero si al menos debería sonar alguna patrulla, acercándose a averiguar que había sido semejante escándalo. ¿Será que…? Cuando pregunté a Nagato, esta me respondió sólo asintiendo. Vaya… con que estábamos en un área de su jurisdicción, tal como Asakura me había emboscado durante nuestro primer año en secundaria alta. Nagato realmente piensa y actúa muy rápidamente. Otra que Haruhi… Ella debería ser quién recibiera el estatus de "Diosa". Al menos yo, la votaría.


Y así, abandonamos la escena de los hechos, para dirigirnos a nuestra improvisada sala de operaciones. Koizumi andaba lentamente y apoyándose en mí. ¿Eres demasiado orgulloso para aceptar el tratamiento de Nagato?

— Tranquilo, sólo estoy cansado. Tal vez sea que no deba usar mis poderes fuera de un aislamiento, o que esa esencia no me sea ciento por ciento compatible, pero sentía que me cansaba al doble o triple de rápido de lo normal. Sólo necesito descansar, es todo. — Vale, si tú lo dices. — Gracias. — Me expresó cuando le ayude a sentarse, una vez dentro.

Nagato desapareció de la habitación como si se deslizase sobre el suelo, y con el mismo sigilo, reapareció sosteniendo elegantemente cuatro tazas entre sus dedos, con una simetría perfecta y nos ofrecía un té. La Nagato hospitalaria había regresado, y si bien no estoy seguro, me pareció que todo este acto, fue a modo de celebración por la reciente victoria.

Ella bajó su cabeza durante unos segundos, cerrando sus ojos. Habrán sido unos diez segundos durante los cuales nosotros nos miramos las caras los unos a los otros. Parecía que se hubiera dormido sentada.

— ¿Nagato…? — pregunté ladeando ligeramente la cabeza, y entrecerrando los ojos para prestar mejor atención.

— El análisis de datos del sujeto se ha completado. — suspiré aliviado, pensé que algo le pasaba…

Dio un pequeño sorbo a su té de Oolong antes de empezar.

— El sujeto pertenece a un ente similar a la EID, pero es originario de un plano dimensional diferente al nuestro. — Predecible… — Forma parte de una facción sin nombre, la cual ha llegado a nuestro plano hace aproximadamente 72hs. Este grupo ha tomado ventaja de la divergencia entre facciones, y los ha instado a unificarse para lograr el objetivo propuesto, formando "El concordato" — Nagato hizo una pequeña pausa en este punto, para dar otro sorbo. — El nombre de la persona al mando de dicha organización es...

— Kaworu Hatake. — dije mirándola. Ella sólo asintió pero pude ver por su mirada, que se preguntaba como podía saber eso.

Entonces relaté al grupo el episodio de la estación, cosa que había quedado pospuesta debido al enfrentamiento.

— Ya veo. — dijo Koizumi levemente, mientras tocaba la punta de su nariz con el índice. ¿Qué has entendido? Como me molesta cuando se pone en plan de misterioso. — Por lo que parece, basándonos en esta nueva información, estamos en una situación con dos posibilidades. Puede que el enemigo nos subestimara, y nos hicimos de esta información. O puede que contará con nuestro éxito y nos la haya facilitado a propósito.

— ¿Y tú qué crees? — le pregunté.

— Qué las batallas no se ganan siempre por la fuerza bruta, sino por desarrollar la mejor estrategia — ¿Esto viene a cuento? — Tal como en una partida de Daihinmin, donde el objetivo es deshacerte de todas tus cartas, puede que dependiendo del desarrollo del juego, sea más benéfico el impedir que tu contrincante se deshaga de sus cartas, que tú de las tuyas. Lo que yo creo, es que estamos frente a un adversario, que disfruta de todo este entramado, como si fuera un peleador en busca de un buen reto. Lo que me gustaría saber es quién es ese Shiro… — Pues somos dos. En esto miré a Nagato para saber si tenía alguna respuesta.

— No está en los datos. — respondió secamente a mi miraba interrogativa.

— Asumiendo que esta información sea confiable... —continuó Koizumi tocandose las comisuras de los labios— Aún así es demasiado vaga e incompleta, lo que me hace pensar que no es un miembro de la más alta estirpe en su grupo. Esto refuerza mi teoría. Nunca juegas tu mejor carta, sin saber las verdaderas habilidades de tu enemigo.

— Entonces, ¿están jugando con nosotros? —suspiré y giré hacía Koizumi.

— Yo no lo diría de esa forma, pero parece ser la hipótesis más probable. De ser ese el caso, deberíamos contar con toda la ayuda que nos sea posible. — me replicó mostrando la palma de sus manos y alzando los hombros.

Después de unos escasos segundos de silencio, el celular de Koizumi empezó a sonar con una melodía muy cutre. Él respondió la llamada, pero se quedó callado con el móvil sobre la oreja, a lo que posteriormente sólo dijo "De acuerdo" y cortó la comunicación

— ¿Podrían acompañarme? — nos consultó en un tono demasiado formal aún para él.

— ¿A dónde? — preguntó Asahina, mientras miraba su reloj pulsera, con una mirada un tanto preocupada.

— Lo sabrán al llegar.

Y así acabamos todos yendo con él. Los cuatro nos subimos al ascensor, cosa que siempre me hizo dudar si era seguro; pero si bien tal vez hayamos pasado el límite recomendable de personas, considerando lo menuda que es Asahina y el casi inexistente peso de Nagato, aún estábamos muy por debajo del límite de peso.

Ahí afuera nos esperaba un taxi negro… Ya se imaginaran que el señor Arakawa era nuestro chofer. Un momento… ¿Cuándo había retomado el contacto con la Agencia?


El viaje no duró mucho, quizás unos veinte minutos, Como las calles estaban prácticamente despobladas, llegaríamos rápido a nuestro destino; y por alguna extraña razón nadie dijo ni una palabra durante nuestro traslado. Bajamos frente a una casa al estilo occidental.

— Pasaremos la noche aquí — dijo el esper con total soltura. — Esa de allá ¿La ven? Esa es la casa de Suzumiya.

— ¿Pasar la noche aquí? — le pregunté…

— Sí, vamos a montar guardia. Sólo para estar seguros. ¿Les parece?

A mí no me parece mal aunque si es un poco molesto… podrías haber avisado antes, luego tendré que llamar a casa e inventar alguna buena excusa. Por otra parte mañana deberíamos ir al instituto… Suerte que con todo el rollo de la fiesta, he dejado mi morral en el casillero. No tenía sentido arrastrarlo conmigo cuando bien podría dejarlo ahí, y me conozco lo suficiente para asegurar que la tarea que debería hacer el fin de semana quedaría en blanco de todas formas, así que tampoco iba a extrañarlo mucho que digamos. Además estoy seguro que mis acompañantes tendrán los medios necesarios para tener sus cosas listas para la clase, así que por ellos no supone ningún problema.

El taxi negro se marchó a la vez que nosotros entrábamos a la residencia.

En la planta baja sólo había un par de habitaciones, el resto estaban en la planta alta. Nagato sólo hecho un vistazo simple a la casa, eligió una habitación y desapareció. Descansa todo lo que puedas…

Hice un pequeño turismo del lugar. Un pequeño baño en cada piso, la cocina tampoco era muy espaciosa que digamos. Era más bien regularcillo comparado a las extravagancias a las que Koizumi nos tenía acostumbrados. Me asomé al balcón y busqué la casa de Haruhi desde ese nuevo ángulo.

— ¿Todo bien aquí? — preguntó Koizumi detrás de mí… ¡Aléjate!

*suspiro* Eso parece…

— ¿Te importaría tomar el primer turno? — Dijo a la vez que me extendió un par de binoculares… — Estoy molido.

Y así fue que terminé de vigía en el balcón del segundo piso. No es que yo tuviera energías de sobra, pero tanto Nagato como Koizumi se habían ganado su descanso, y por cruel que suene, esta no es una tarea que dejaría a Asahina. Debería estar agradecido por estos sándwiches y este té que me preparó antes de irse a la cama.

Estaba recostado en la silla tumbona plegable que encontré en el armario, con los binoculares al cuello. Mi postura no me ayudaba mucho en mi lucha contra Morfeo, mientras demostraba ser el peor centinela en la historia de la humanidad. Aún peor que los idiotas que dejaron entrar el caballo a Troya.

Para entonces una luz se encendió en la segunda planta del domicilio de Haruhi. Tomé los binoculares y la vi entrar a su habitación. Acomodó un poco sus sabanas, que estaban algo revueltas y lanzó una muda de ropa interior sobre su colchón. Pensé que ese sería lo que se pondría para dormir, y en efecto empezó a desvestirse…

¡Juro por lo más sagrado que no espíe! Seguí observando pero esta vez sin los binoculares. Sólo quería tener una vista general de los alrededores, no sea cosa que pase algo mientras tonteo… Bueno, si no me creen me da igual.

Finalmente la luz se apagó y yo volví a mi posición en la tumbona. Pero apenas terminé de acomodarme vi que una nueva luz se prendió en su recamara. Esta vez era una luz menos intensa, como si fuera un velador. Pude ver como Haruhi se sentó aún dentro de la cama y se sacudía el cabello salvajemente. Entonces estiró su brazo para alcanzar algo que no llegué a distinguir, pero que descubriría segundos después.

Llamada entrante: Haruhi


A partir de aquí se distorsiona un poco la regularidad de las próximas subidas, mientras lidio con algunos temas, al mismo tiempo que me replanteo algunos puntos de esta historia y quizás trabaje en otro corto que tengo en mente.

¿Un review? ¿Un punto de vista? ¿Una queja? ¿Una puteada? xD

¡Saludos, mis queridos compañeros en esta aventura!