Disclaimer: Avatar no me pertenece. Todo es de Bryke. Lo único que es de mi autoría son los OC's y la trama.
N/A: Lamento si el capítulo no está bien narrado. Definitivamente, no soy buena escribiendo acción, guerras, ataques, etc. La parte que está narrada en primera persona está bajo el punto de vista de Oma. Aviso desde aquí ya que no me gusta poner los carteles de POV.
Avatar: La leyenda de June
Libro 1: Fuego
Estado Avatar
"—No es asunto mío, Asami..."
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En su oído zumbaban cosas sin sentido, como si se tratase de gritos fuera de la taberna-restaurante. Un nudo creció en su pecho, y ni el té verde con jarabe dulzón podía quitarlo. Era una intuición de que algo malo estaba sucediendo, muy malo. Su cuerpo comenzó a expulsar sudor frío y su vista a fallarle ligeramente.
Oma notaba desde hace rato la incomodidad de su amiga. Pero hace unos segundos su piel se había notado pálida, y ya se había extrañado lo suficiente. Dejó su crema de puerros y se apoyó hacia ella.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, tocando la frente de June para sentir su temperatura, cual fue su sorpresa al hallarla fría como un témpano de hielo—. Espíritus, June. Pareces un muerto.
La peli-verde pestañeó un par de veces, saliendo de sus ensoñaciones. Tragando en seco, se levantó de la cómoda silla de madera y haló a su amigo con ella por la camiseta. Dejó un par de yuanes en la mesa y salió de la taberna rápidamente.
—Hey, no terminé mi sopa.
Oma decidió callar cuando su amiga le dirigió aquella amenazante mirada.
—Ven, salgamos de...—
Pero sus palabras se vieron interrumpidas por un par de gritos provenientes de una venta de hierbas, y lo que ambos vieron los dejó fríos y quietos como una estatua.
Eran Maestros Sangre en mitad de la Isla Kyoshi.
Las Guerreras Kyoshi saltaron sobre el tumulto de los maestros provenientes de las tribus agua. Se diferenciaban, ya que a pesar de que los ropajes de los isleños eran azules, eran de un color más oscuro que los de aquellos invasores que atacaban a la gente sin piedad. Muchos se hallaban en el aire sin dominio propio de su cuerpo.
Lya, la líder del grupo, con una seña dio luz verde al ataque. June desearía estar luchando con ellas, más su uniforme en sí estaba en casa y ni siquiera sabía que hacer. Sólo corría, siendo halada por Oma hacia su propia casa.
—Debo buscar a mamá, Oma. ¡Sueltame!
—Ella debe estar allí segura. Tú vienes conmigo —ordenó el muchacho con una voz autoritaria, poco común en él.
Mientras la aldea se veía más lejos, la culpabilidad de June crecía poco a poco. Se detuvo de ipso facto con fuerza, y el muchacho de largos cabellos tuvo que detenerse y dar media vuelta.
—¿Qué crees que haces? Vamos a casa... O al bosque, creo que sería más seguro...
Los labios de June se fruncieron.
—Escucha, soy el Avatar a pesar de que seamos los únicos que lo sabemos —gruñó—. Mi deber es salvar al mundo y dar paz.
—Salva al mundo corriendo. Sí algo te sucediera, créeme, el mundo deberá esperar mínimo dieciséis años más para obtener paz —bufó el muchacho—. Aunque si quieres hacerle un bien al mundo, esterilizarse no sería mala idea...
—¡Oma!
Dándole un pisotón a su compañero, June dio la vuelta y comenzó a correr hacia el bullicio de gente. Muchos luchaban con su tierra control y ella haría lo mismo. Desmotivaba que hace unos minutos todo era tan tranquilo, y ahora presenciaba una masacre en la Isla más segura del mundo entero.
Con un movimiento de piernas, levantó el suelo, haciendo volar a algunos maestros agua por los aires —y uno que otro de la Isla, pero no era nada grave.
Yū y las guerreras se movían con elegancia, amarrando de manos y pies a algunos maestros sangre, pero la mayoría podía hacer sangre control sin moverse y eso no les gustaba. Ya había un total de cinco muertos por las posiciones anormales en las que eran obligados a estar, y sólo por diversión.
June, llena de indignación, siguió moviéndose como los pergaminos dictaban, lanzando rocas y levantando el suelo. Por suerte ningún maestro se había encarnizado con ella en especial, aunque por un lado lo lamentaba.
Las esperanzas de la isla morían poco a poco. Todo se tornaba a un desastre irremediable, que incluso las Centinelas del Loto Blanco estaban peleando. Su deber era proteger al Avatar, pensó sarcásticamente.
—Son demasiados... —gorjeó un isleño en el suelo con una cortada en su mejilla.
La joven se agachó a su altura, sosteniendo la cabeza del hombre sobre sus piernas. Su mandíbula se tensó de manera dolorosa, el sólo pensar que si lo hubiese hablado con la Orden muchas matanzas se habrían evitado.
Lo que nadie se esperaba era que algunos guardias de la Nación de Fuego peleaban junto a los maestros sangre,
June notó la piel del hombre se tornaba pálida, y supo que estaba desangrándose. Apretó los ojos y, cuando la luz desapareció de los ojos del hombre, todo se tornó negro para ella.
June era una cabezota irremediable. Pero eso me hacía quererla. Cuando fue corriendo hacia el peligro mi corazón se oprimió, y tuve que ir tras ella luego sé asegurarme que mi abuela y mis dos hermanos menores se encontrarán fuera de peligro.
Mis técnicas de tierra control eran buenas, y eso me hacía sentir seguro. Pero la sensación de estar en peligro en pleno desastre todo ese ego se va al suelo. Hice lo que pude, pero sin duda, los maestros sangre —y maestros fuego— estaban arrasando con las dos aldeas que estaban cerca de la bahía.
La estatua de Kyoshi que había sido reestructurada hace sesenta años ahora yacía hecha trizas en el suelo gracias al fuego.
Suspiré. Todo era un desastre frente a mis ojos. Pero todo cambió con un brillo profundo que hizo que muchos desaviaran la mirada. Gracias a eso, algunos maestros tierra aprovecharon para contraatacar. Pero mi mirada no se desviaba de aquel brillo.
Eran los ojos de June, brillando fuertemente en la oscuridad. Ni siquiera parecía la misma.
—Es el estado Avatar... —oí murmurar a una de las Centinelas.
Mi mirada se posó en mi amiga, y segundos después se tornó en una máquina de elementos. Fuego y tierra por todas partes, el suelo vibrando. June con su agresivo tierra control y su técnico fuego control estaba llevando a la Isla al bando ganador, si así podía decirse.
—¡Ataquen al Avatar! —rugió uno de los guardias de la Nación de Fuego.
Solté una risa irónica. Ella era el Avatar, y en su estado a Avatar eran imparable. Decidí alejar mi mirada de ella y atacar con tierra control, ya que muchos solamente veían a June moverse de lado a lado.
Minutos después, cuando las Guerreras Kyoshi y las Centinelas —gracias a June, cabe decir— habían controlado la situación, los ojos de June dejaron de brillar y ella cayó al suelo. Corrí hacia ella para ayudarla a incorporarse, pero las Centinelas se adelantaron.
Y ahora es cuando me pregunto, ¿June estará en problemas por ocultarlo?
Después de volver a la consciencia, no se sentía completamente consciente. Caminaba sin caminar, asentía sin asentir, respiraba sin respirar. No se sentía ella misma, y su cabeza dolía. Según una de las enfermeras era por el golpe al caer. Por lo poco que escuchó, su Estado Avatar fue continuo, y al no manejar todos los elementos pudo ser peligroso para su salud.
Más no le importaba. No fue su intención.
No había podido hablar con nadie conocido desde que la llevaron al cuartel de la Orden del Loto Blanco que habían construido en la Isla hace unos años. Los miembros de alto rango hablaban sin cesar, pero ella no les prestaba atención.
—¿Alguien lo sabía? —preguntó uno de los líderes.
Se hallaba sentada en una silla de caoba fina, algo que no era común en la Isla. Asintió cabizbaja, jugando con sus dedos.
—Un amigo.
Parecieron decirse cosas entre ellos en susurros.
—¿Cuál amigo?
—Es secreto —respondió con una sonrisilla en labios.
—No importa —musitó uno de los hombres. Por fin alguien lucía amigable allí. Le recordaba a su tío Uriah—. Lo importante es que ya estas aquí y podrás ir con el Concejal Tenzin.
Su rostro se distorsionó en una mueca de confusión. Sus manos sudorosas sé frotaron entre sí, y sus labios se arrugaron.
—¿Concejal... Tenzin? —murmuró en voz baja. Juraba haber escuchado su nombre en alguna parte.
El hombre amigable de pequeña estatura asintió como si se tratase de un niño pequeño.
—Será tu maestro aire. Vive en el Templo Aire de la Isla, así que irás a Ciudad República —informó el hombre que la había interrogado minutos atrás—. Podrás llevar un acompañante si quieres.
Bien, eso no era algo de lo que quisiese preocuparse en ese momento. Sólo atinó a asentir robóticamente y a aceptar lo que le deparaba.
Que capítulo más desastroso, por Dios. Es lo más horrible que he escrito, pero si lo volviese a hacer quedaría mal o peor, así que decidí subir éste. Soy pésima escribiendo escenas de acción y todo fue tan... Argh. Mal planteado.
El siguiente capítulo, si es como lo tengo en mente, estará lleno de OC's así que espero que no les moleste. Veremos como June llega al Templo Aire y conoce al viejito de Tenzin que ahora debe tener canas por doquier. Aunque ni tanto, sólo pasaron 16 años o un poquito más.
También conoceremos a tres OC's que me han fascinado como quedaron. Que son Mei, Korroh y Feicheng. Ya verán quienes son (Aunque Korroh, por el nombre, queda claro quién es.)
Lamento no haber respondido los reviews. Escribí este capítulo algo apresurada ya que estoy enferma (crisis de gastritis) así que fue hecho con sudor y vómito. Nos leemos :)
