CAPÍTULO 3: El grito de tu memoria
...Te miré un día
injusticia y violación eran cometidos
y nos desconectamos
Te sostuve fuertemente, y te dije que nunca te dejaría
fuertemente fuertemente, grabé tu nombre en mi mente
—GIRUGÄMESH, USO
Incluso en la radio, a esas horas de la madruga la noticia principal era la misma.
—Las familias se han rendido con la policía. Ahora están haciendo las cosas ellos solos. —Habló una mujer con aires de profecionalidad. Su voz era tan calmada, casi desinteresada. Bueno, siempre podían haber excepciones.
—Eso puede ser lo más indicado —alguien más tomó la palabra, llenando el espacio con su agresiva y grave voz—. Digo, de todas formas saben que no obtendrán nada.
—O es que eres demasiado egoísta como para pensar en otra persona que no seas tú. —Otro hombre dio su opinión, dando la parte más humanista al asunto. Sí, había ocasiones extraordinarias en la que los papeles se invertían.
—Bien —otra locutora intentó calmar las cosas, cambiando el rumbo de la discusión—. No hay que olvidar que ya han pasado más de veinticuatro horas y no hay repercuciones en el extranjero. Además...
Apagó la radio. Ese no era el momento indicado para escuchar esas cosas. Si seguía, no podría evitar sentirse mal por lo que había hecho e iba a hacer.
Después frenó el auto, teniendo especial cuidado. Sabía que por más movimiento que hiciera, uno de los pasajeros ya no despertaría. Sin embargo, había otro que sí podría hacerlo.
...
Sango abrió los ojos y recordó. Después de que él le tendiera la mano, la sorprendió con otra dosis de elixir del sueño. Pero, a diferencia de la última vez, no se sentía tan noqueada. Lo que le confundía era estar en otro lugar desconocido. Esta no era la jaula de cemento del niño Lucifer. Esta era una habitación aparentemente normal. Estaba oscuro y sólo una pequeña luz diluida de una lámpara evitaba que se encontrara viviendo entre el color negro.
Kuwashima levantó el rostro, encontrándose con un muchacho que la observaba desde una silla.
Tú...
«Hola»
Se levantó lentamente, dándose cuenta de que estaba un poco mareada, y luego habló: —¿Dónde están las demás? —Fue lo primero que preguntó. Ella quería ver los rostros aliviados de Ayame, Koyuki y Sara al encontrarse liberadas.
Les dije que todo estaría bien.
Sango tuvo el deseo repentido de sonreír al imaginar la escena. Sin embargo, el rostro confundido del muchacho borró todos sus ánimos.
—¿Demás? No, Sango. Yo te dije... —Entonces, él sólo la había sacado a ella, sólo a ella. ¡¿Cómo se había atrevido?! Ni siquiera se lo había pedido, sólo había aparecido y ya. ¿Ahora cómo se suponía que iba a protegerlas estando ahí? Su promesa se había roto y todo era por su culpa.
—¡Eres un maldito! —no dejó que se explicara. Cualquier palabra suya sería una simple excusa. Ni siquera había aprovechado su oportunidad de redimirse—. ¡Roku! —Le llamó por su nombre. ¿Por qué no hacerlo? Ella lo conocía.
—Yo no soy Roku. —Dijo, mientras movía la cabeza. Después de parecer sorpendido por su grito, recuperó su calma.
—Claro que lo eres. —Lo era, lo era. No podía engañarla.
—No lo soy. —Siguió negándolo con tanta facilidad. Él se levantó de su silla y se dirigió hacia la puerta.
—¡Lo eres! —Y, más que molesta, le arrojó la lámpara. Sin embargo, él había alcanzado escapar de su ataque. El vidrio y la cerámica barata habían chocado contra la madera. La ira de Sango y su sentimiento de inutilidad le hicieron gritar.
Del otro lado de la habitación, estando sano y salvo, pasó su mano entre el cabello negro. Impactado, preocupado, sorprendido.
Entonces, ella lo recordaba.
...
El día transcurría como todos. Era receso y se encontraba comiendo con sus amigas. Rin relataba algo que le había ocurrido el día anterior, una anécdota que involucraba a un hombre pequeño y a su adorado protector, Sesshoumaru-sama. Una historia graciosa donde sus expresiones tanto corporales como faciales eran más emocionantes que las propias palabras.
—Sango —una compañera se acercó a ella, interrumpiendo la actuación—. Te llaman en la dirección.
Inmediatamente, Kuwashima se discupó con sus amigas y fue hacia donde le requerrían.
—Espera aquí, la directora hablará contigo en un momento. —La secretaria le dijo, mientras le señalaba una silla. Después desapareció dentro de la oficina del subdirector.
Mientras permanecía sentada, buscó en qué entretenerse: Arreglar su coleta, despeinada después de una hora de deportes; sacudir una pelusa de su falda, soplándola para que viajara en el horizonte; jugar con sus dedos, observando y formando triángulos con ellos... Pero el sonido de una puerta abriéndose la distrajo.
—Este es el horario y la carga de materias. Abajo de esas están varias opciones para las optativas. —La directora acompañaba a un muchacho que ella jamás había visto. Debía ser nuevo. Bueno, era obvio teniendo en cuenta que no portaba el uniforme. La curiosidad de Sango despertó, aun cuando sólo podía observar su espalda y un poco de su perfil.
—Diablos —el chicó se quejó. La carpeta y sus respectivos papeles se desparramaron en el piso. Ella fue en su ayuda ¿Por qué?—. No te preocupes, yo puedo —pero ella siguió recogiendo las hojas perdidas. Entonces, él dejó que ella le ayudara—. Gracias.
Sango le tendió los pepeles y se topó con una sonrisa de lado que venía de un muchacho asiático de cabello castaño claro y ojos oscuros, con un destello que le recordaba a aquellas personas que usaban lentes de contacto. Entonces, ¿cómo se vería con anteojos? ¡Pero qué estaba pensando!
—De nada —mientras regresaba al mundo real y el desconocido tomaba sus hojas, alcanzó a leer una palabra: "ROKU"—. Eres nuevo. —Le dijo, mostrando lo evidente.
—Así es. —Ambos se pusieron de pie tras la corta respuesta.
—Yo soy Sango. Sango Kuwashima. Estoy en último año. —Por alguna razón, le dio por presentarse.
—Igual. —Otra vez una respuesta corta. Aun sí, Sango se sintió un poco incómoda. De alguna forma, parecía como si él quisiera decir algo más, pero se suprimía, sellando los labios. Además, esos ojos... parecían ver dentro de ella.
—Qué bien. —Después se mantuvieron en un corto silencio que fue roto por la directora que había sido olvidada.
—Sango —Le llamó, abriendo de nuevo la puerta—. Pasa, por favor.
—Sí. —la mujer entró. Sango se despidió, viéndolo por última vez: —Nos vemos.
—Nos vemos. —Él repitió, otra vez observándola detalladamente.
Y las palabras se hicieron realidad, como un deseo que se cumple. Pero esto no había sido provocado por la mágia de unas velas de cumpleaños, o parecido. Esto era algo que debía ocurrir. Es decir, estaban en la misma escuela.
—Ah, qué mal Sango. Te has quedado sin natilla. —Kagome se lamentó por ella quien, desde la mañana había dicho que tenía ese antojo. Sin embargo, habían llegado tarde y ambas no tuvieron otra opción que tomar unos tristes flanes.
—Toma. —Roku, el nuevo miembro del club de los becados, apareció de repente, tendiéndole el alimento mencionado.
—No. Es tuya. —Sango se negó, moviendo su cabeza, meciendo su largo cabello castaño.
—No importa —el muchacho levantó los hombros, despreocupado—. De todas formas no la quería. Se equivocaron y me la dieron en lugar de un flan.
—Aún así. —Ella no tomaría lo que no le pertenecía.
—¿Y por qué no intercambian? —Kagome dio su punto de vista, después de escuchar la conversación en la que no había sido involucrada—. Sango, tú tienes lo que él quiere, y él tiene lo que tú quieres.
—Es verdad. Entonces será un trueque —la castaña estaba de acuerdo con ello. Así las cosas se mantendrían en equilibrio. El trato estaba hecho—. Gracias, Roku.
—Gracias, Sango. —Ambos parecían satisfechos. Después de un movimiento con la cabeza, él se fue.
—¿Conoces al nuevo, Sango? —Kagome le preguntó cuando él ya se encontraba lo suficientemente lejos como para escucharla.
—Sólo hablamos un poco hace como... como dos semanas o algo así —intentó recordar—. Lo único que sé es su nombre. No estamos en su grupo.
—Pero Rin sí —la morena fue hasta donde la menor las esperaba, casi corriendo. Así que estaba interesada—. Rin, ¿qué sabes sobre el estudiante nuevo?
—¿Roku? —la pequeña Rin le dio un sorbo a su jugo, después continuó—. Pues él se sienta en los lugares de atrás, suele ser muy callado y casi no se junta con otros compañeros. ¿Me creerás si te digo que no me había dado cuenta de que estaba en la clase? Siempre me preguntaba, ¿quién es ese Roku a quien menciona el profesor? Pero hace como cinco días teníamos que trabajar en binas y me tocó con él.
—¿Entonces? —Kagome preguntó. Sango también quería saberlo, de la misma forma que quería conocer el secreto de Rin para decir tantas palabras y que no se le fuera el aliento.
—Entonces le dije: ¿Y tú quién eres? Y todos se comenzaron a reír. Espero que fuera de mí, no de él —se detuvo, dio otro sorbo al jugo, y prosiguió—. Pero es muy listo. Aprendí más en dos horas con él, que en todo un semestre con el profesor. También, aunque parece no querer llamar la atención, muchas chicas quieren ser sus amigas.
—Amigas. —Mencionaron Sango y Kagome al mismo tiempo.
—Sí. Escuché a Koharu decir que le pediría que salieran juntos. E inclusó oí cómo unas de las otras niñas decían que era muy atractivo.
—Rin, entonces no querían ser sólo sus amigas. —Kagome le explicó a la más inocente.
—Oh. Ahora todo tiene sentido. —Y después sonrió. Higurashi se limitó a suspirar y luego reír.
Sango no sabía qué pensar sobre el atractivo o no del nuevo estudiante, ese que había sido capaz de llamar la atención de la clase privilegiada. Sin embargo, su inteligencia no era cuestionable.
—Muy buenas notas como para haber entrado tarde. —Sango le había dicho unos días después, mientras ambos observaban la lista de resultados de los últimos exámenes. Le encontró solo, así que se vio tentada a acercársele. Con esa distancia, ella se percató de que su cabello tenía unas raíces oscuras. También, ambos oídos estaban horadados. ¿O lo estaba imaginado?
—Tal vez sólo fue suerte. —Roku volteó a verla, así que ella olvidó por el momento esos descubrimientos.
—Suerte sería estar en los primero veinte, quizá diez. Tú eres el primero. —Sango no explicaba la razón de su modestia. No estaba mal al menos festejar con un ¡Yupi!, o parecido.
—Y tú la segunda. —Volvió a pasar la atención en ella. ¿Por qué no quería dar una opinión sobre sí mismo? En verdad, su secreto debía ser grave.
—Antes era la primera. —Rin comentó inocentemente, apareciendo sin que nadie se lo esperara. Su intromisión logró hacerlos saltar.
—Entonces lo lamento —comentó al momento en que se iba—. La próxima vez, puede que tú obtengas el primero y yo el segundo lugar.
Pero la mágia del tipo de velas de cumpleaños o hasta la de estrellas fugaces parecía haberse acabado. Ya no hubo una próxima vez.
Al día siguiente, él no fue a clases. Y ocurrió lo mismo los días posteriores. La señal definitiva fue cuando le dieron de baja. Después de eso, las personas dejaron de comentar sobre el alumno becado que había dejado el Instituto Aurum por razones desconocidas; y Sango Kuwashima regresó al primer lugar. Todo siguió como si nada hubiera pasado. Entonces, ella se dio cuenta de la facilidad con que la gente olvidaba. Pero dentro de sí misma, no sentía como si todo siguiera igual.
Después de todo, aún esperaba que alguien más obtuviera el segundo puesto en esa lista en la pared.
...
Era él. Ella apostaba su vida en ello. Sólo había cambiado de color de cabello y tenía piercings en ambos oídos —ahí estaba el origen de las raíces negras y las horadaciones. Además... sus ojos ya no eran cafés, ahora eran de un intenso azul. El Roku que había conocido no era nada más que una personificación. Y eso era lo que le enfadaba. Más que el encontrarse otra vez en un lugar desconocido, que el ser apartada de las personas que ella estimaba... ¡Ese maldito había fingido ser alguien más!
Si sólo quería tener información para su sucio trato o lo que fuera, debió de ignorarla y evitar actuar de forma agradable con ella, aparentar ser una buena persona, jugar con sus sentimientos.
Sin importar cuántas veces supuestamente la salvara, nunca le perdonaría eso.
—¡Sácame de aquí! —continuó gritando y golpeando la puerta aún después de unas horas—. Si no ayudaste a las demás, ¡Regrésame! ¡Roku!
No esperaba que él entrara diciéndole palabras de arrepentimiento y accediera a su petición. Eso era demasiado estúpido de creer. Aun así, él abrió la puerta, y las luces la cegaron por un momento. Sango retrocedió al ver que su nuevo raptor tenía algo en sus manos, pero no podía distinguir qué era. Sólo seguía en silencio.
Roku o como quiera que se llamara, cerró la puerta y ella siguió caminando hacia atrás.
—Ven —extendió una de sus manos... y ella la rechazó. Ya no quería nada más de él. El muchacho suspiró y la atrajo hacia él, sentándola en la cama.
—Déjame —le dijo, con una mirada asesina que pareció no hacer efecto alguno en él.
—Tengo que curarte —mencionó, mostrando una bolsa de súper mercado que contenía vendas, algodón, alcohol... Así que ni siquiera estaba ahí.
Qué mala suerte, no escuchaste algunas palabras que había dedicado exclusivamente para ti.
—¿Me escuchas, Sango? —El impostor tomo su rostro con las manos y ella lo empujó.
—¡No me toques! —le gritó. Después bajo su vista. Ni siquiera quería verlo a los ojos. Incluso sus ojos le habían mentido.
—Sango, mírame —volvió a tomar su rostro, haciendo que observara. El azul contra el café—. Yo no podía salvarlas. Se darían cuenta en seguida. Ellas estarán bien. —Él parecía ser sincero. Pero ella ya lo había dicho. Jamás volvería a creer en él.
Mientras tanto, él no sabía qué hacer con la muchacha del seño fruncido y mirada ardiente. Lo odiaba, eso estaba claro. Sería extraño si no lo hacía. Le había engañado y metido en problemas. También... no podía dejar de ver el rasguño que tenía en una de sus mejillas. De alguna forma, él había sido el causante de esa herida. Entonces, con el dedo pulgar, acarició suavemente el área dañada. Kuwashima hizo una mueca de dolor, pero después cerró los ojos, dejando salir el aire de sus pulmones.
También él sintió que el oxígeno abandonaba su cuerpo.
¡Dios! ¿Cómo es tan fuerte?
Sango le había golpeado en el estómago y ahora corría directo hacia la puerta, intentando abrirla. Mientras él se recuperaba, ella seguía moviendo el pomo, sin algún resultado. Incapaz de hacer otra cosa, comenzó a golpear la madera, desesperada. Debió ser un sorpresa el sentir sus pies separados del suelo. Ahora él la cargaba.
—¡Déjame! Si tú eres demasiado cobarde como para hacerlo, yo lo haré. ¡Así que suéltame! —Comenzó a remolinarse y golpeándole la espalda. Pero él no la bajó.
—Si así van a ser las cosas. —El muchacho la arrojó a la cama para después cubrirla con su cuerpo. Estaba tan cerca y era tan fuerte, que los golpes de Sango y sus intentos por liberarse eran en vano. Después, las manos del chico se movieron hasta llegar al inicio de su arrugada y sucia camisa escolar, desatando su corbata.
—¡No, qué haces! —Ella quería sonar segura y molesta, pero su voz tembló por el contacto.
¿Q-qué está haciendo?
—Lo hago por tu bien —Sango no podía entender sus palabras, era como si hablara un idioma alienígena. Ahora él estaba tocando libremente sus brazos y piernas. Él, él... la estaba atando—. Es la única forma de mantenerte a salvo. —Fue su intento de explicación.
—M-muérete. No sabes nada —después, con una de las vendas, cubrió su boca. No era necesario analizar detalladamente sus palabras obstruidas por la tela, para saber que le estaba insultando.
—Dime cuando quieras hablar con tranquilidad. —Le dijo y Sango le dedicó su última mirada enfurecida.
Él se levantó, dejándola sobre la cama. Sola, con sus movimientos torpes y gritos ahogados. Podría parecer gracioso o hasta... pero esto no tenía que ver con él. Esto era sobre protegerla y después, ¿qué? La pregunta era: ¿por qué había hecho eso desde un principio? Habría sido muy fácil ignorar el problema y seguir adelante. No. Él no era tan monstruoso. Se había tratado de una diosa en peligro.
Sango, la diosa de los golpes al estómago, la precipitación y, claro, de las piernas bonitas.
Ahora le tocaba descubrir cuál era su papel en esa obra.
...Te estoy observando ahora.
la injusticia aumenta y te vuelves deslumbrante
Te sostengo con un movimiento de mi mano y fuertemente, fuertemente, grabo tu nombre.
...
Una chica caminaba sin rumbo en la pequeña ciudad de Rémini. No sabía qué camino seguir. De alguna forma, había perdido un poco de su cordura después de escuchar las noticias de esa mañana. La esperanza se le estaba llendo entre los dedos.
¿Se vería como una loca pidiendo información? ¿Repartiendo volantes? Ella debía hacer algo.
—Por favor Sango, si estás ahí...
CORTE INFORMATIVO: Hoy, a las primeras horas de la mañana, se ha encontrado un cuerpo. Una muchacha de diecisiete años, aproximadamente, que portaba el uniforme del Instituto Aurum.
Después de varios sacrificios, el tercer capítulo está publicado.
Agradecimientos especiale SangoSarait por su review. Esta es la evidencia de que no es una obligación escribir chorrocientas mil palabras. Una sola línea es capaz de acelerar la ardilla que tengo por corazón (?).
Y gracias a mi hermana, alias Wikipedia (Porque lo que no sabe, se lo inventa), que quería que le tomara en cuenta por aquellas ocasiones en que le pido sinónimos o palabras que olvido, también por su propuesta del "flan o arroz con leche". ¡Esta ronda de yakules es para ti, Leonidas! (Sólo tú y yo comprederemos XD).
Escribiendo el cuarto capítulo, se despide Loops Magpe (Uf).
