Capítulo IV
Nota: una disculpa por no haber actualizado antes y por los problemas de edición del capítulo tres; ya ambas cosas han sido resueltas. Espero que las personas que se tomaron el tiempo de leer lo que va de la historia se queden para saber qué rumbos toma.
XO
Venus
Ahora sí que la había liado. Sabía que ese pequeño acto de rebeldía me traería grandes consecuencias, pero no lo pude evitar al verlo ahí de pie, tan insolente, tan sobrado de sí, tan imponente tan, tan... ¿apuesto? ¡No, qué va! Él era , por mucho, la persona más irritante que había conocido hasta ahora. Mi único consuelo era que le había ganado una batalla -que no la guerra- en su propio juego de intimidación, porque, aunque trató de temperarse, pude darme cuenta que, por un instante, mi observación sobre su tesis lo desequilibró. Valdrá la pena si me castigan por eso, el valor de ese momento superaba su costo.
Tenía que dejar de pensar en términos económicos. Pero cómo hacerlo si durante semanas básicamente comí, bebí y respiré los datos con los que el resto de mis compañeros de carrera habían convivido desde pequeños. Oh sí, la universidad es para todos pero no cabe duda que el hogar donde te criaste determina qué tan lejos llegarás. Yo departía a diario con hijos de banqueros, empresarios y políticos que ya tenían una nota alta asegurada con sólo decir su apellido. El hecho de que eso no pasara en la clase del Dr. Grey era, quizá, la única cualidad que le había notado hasta ahora. Por su "origen humilde" -lo más cercano a una biografía suya que pude encontrar-, no se deslumbraba con cualquier nombre o título, para él lo importante era la persona, su entrega al trabajo. Punto a favor contra cien en contra.
En fin, yo soy un ser de hábitos. Lo que tocaba hoy, viernes por la tarde, era limpiar el apartamento, hacer la colada, planificar la semana y después de eso darme un baño y mirar series hasta que se me salieran los ojos. Casi terminaba con mi día cuando, justo cuando estaba por ponerme la pijama, timbró mi teléfono.
-¿Hola?
-¿Ana? ¡Soy Kate! Años sin saber de ti, pequeña. ¿Cómo estás?
-¡Kate! Todo bien, ya sabes, las cosas se han acomodado poco a poco. ¿Y tú, qué tal París?
-Estás muy atrasada de noticias. Regresé de allá hace semanas. El viaje fue perfecto... creo que me enamoré.
-¿En serio? ¿Como te enamoraste de Marco...y de su hermano?
-¡Basta con eso, eran mellizos!
Me reía tan fuerte que dolía. Kate siempre sabía como hacerme reír, lo supo desde que nos conocimos en preparatoria e incluso lo logró en el peor día de mi vida. Ella era la vida en persona.
-En fin, te llamaba porque mientras estaba en París conocí a una chica de lo más genial. Su nombre es Mía, es diseñadora y una pequeña discoteca ambulante. Me llamó hace unas horas para decirme que había logrado meternos en un evento muy exclusivo, creo que su papá es amigo del anfitrión o algo así. El caso es que es el evento del año y mucha gente importante estará ahí. Pensé que te gustaría acompañarme, ¿qué dices?
-No lo sé... yo estaba a punto de...
-¿Meterte en la cama y ver Downton Abbey?
-Ah...algo así.
-¡Vamos, Ana! Tu serie no se irá a ninguna parte, pero esta oportunidad es única. Quién sabe, podrías conocer al indicado esta noche.
-El indicado. Sí. No.
-Bueno, hazlo por mí, entonces. Mía seguramente se irá por ahí y yo no quiero estar sola.
-No lo sé.
-Ana, no quería hacer esto, pero, ¿recuerdas cuando le dije al profesor de educación física que tenías una enfermedad crónica que te impedía específicamente correr los cien metros? ¿y que luego robé una prescripción del recetario de mi padre para convencerlo? ¿y que dijiste "estaré en deuda contigo para siempre"?
-Ya te has cobrado ese favor varias veces.
-¿"En deuda contigo para siempre"?
-Agh, está bien. Pero será la última vez que te funcione. Y no me vestiré formal.
-Ya veremos. Llego a tu casa en diez minutos.
Después de media hora yo ya era otra persona. Cabello estilizado, maquillaje sutil pero significativo, vestido negro entallado -obviamente no mío- y zapatos de bailarina, la única pelea que gané ese día. Bueno, ésa y la de Grey.
-¿Lista?
-Supongo.
-Bien. Mía ya está abajo esperándonos en su auto.
-Qué felicidad- dije sarcásticamente.
En parte era cierto, me sentía feliz de salir de nuevo con Kate, de alejar mi mente de los problemas de la universidad y de todo lo que pasó el año anterior y, ¿quién sabe? quizá si conozca a alguien interesante hoy. Después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasar?
